11 de abril

Como dice el refrán, “vox populi, vox Dei”: la voz del pueblo es la voz de Dios.

 

En estas semanas turbulentas hemos visto aflorar los más variados detritos contra diversos candidatos. No es algo raro. Son tiempos tensos, agravados por la peor crisis que atraviesa el país desde la guerra con Chile y los años de la violencia terrorista (tanto la de los grupos subversivos como la del estado). Nos estamos jugando, pues, en estas elecciones cinco años más de esa continuidad neoliberal que se ha impuesto desde hace décadas o la posibilidad de un cambio que atienda las necesidades urgentes de la mayoría, no solo en términos de la pandemia y sus más de 150 mil muertos debido a la precariedad de los servicios de salud abandonados por el estado, sino también de otros servicios como la educación, la alimentación, el agua, el desagüe, la electricidad, la conservación del medio ambiente. Es decir, todas aquellas necesidades básicas cuya atención llevaría a nuestro país asalir de su condición subdesarrollada.

 

La postergación de la mayoría no pudo ser paliada por el relativo crecimiento económico que disminuyó la pobreza durante el segundo gobierno de Alan García (2006-2011). Nuestra dependencia de los precios de las materias primas en el mercado internacional nos tiene sujetos a esas fluctuaciones que de la noche a la mañana vuelven a empujar a cientos de miles de peruanos a la pobreza de la que apenas empezaron a salir. En otras palabras, el mentado “chorreo” neoliberal no funciona si el país sigue siendo profundamente dependiente de los intereses extranjeros y del robo y la corrupción generalizados dentro del mismo estado.

 

Traigo estas reflexiones porque me preocupa que haya sectores que han expresado su rechazo visceral a algunas candidaturas, tildándolas de irracionales, terrucas, resentidas y otras joyas. Es decir, amenazando con desconocer los resultados de las elecciones si estos no favorecen a sus candidatos, especialmente los que representan la continuidad neoliberal.

 

Hago, pues, un llamado profundo a todos mis compatriotas a respetar los resultados de las elecciones. Ganen quienes ganen en esta primera vuelta, serán resultado de la opinión y el apoyo libres que la mayoría expresa. En esto consiste la democracia representativa. Pero también hay que considerar que ese voto mayoritario tiene la aspiración de que la democracia formal se transforme en una verdadera democracia participativa, en que los programas sociales y la organización desde el pueblo ayuden a alcanzar una vida digna para todos los peruanos.

 

¿De dónde saldría la plata para financiar los programas sociales? ¿No caeríamos en el viejo estatismo de probada falencia? Uno de los candidatos ya ha expresado claramente su estrategia para mantener mayores capitales dentro del país y financiar así el bienestar de la ciudadanía en su conjunto, no solo la de los más ricos. Que su plan sea viable o no a simple vista es otra cosa. Ese candidato (el profesor Pedro Castillo, a quien ya he expresado mi apoyo anteriormente) tendrá que demostrar su sentido de la realidad y su capacidad de concertación si resulta ser, como parece, uno de los finalistas en las jornadas de hoy. Tendrá que demostrar también que su arraigo en provincias y en los conos urbanos se exprese de manera constructiva, reivindicando la historia del campesinado y los demás sectores trabajadores sin llegar a un revanchismo antilimeño.

 

Sé que escribo esto en un medio periodístico bastante allegado al modelo neoliberal y al consuetudinario centralismoperuano. Por eso agradezco la amplitud de Sudaca.pe para reflejar opiniones desde distintas trayectorias étnicas y políticas. Lo más importante de todo es que respetemos, tirios y troyanos, los resultados del voto popular, que es la voz de Dios.

 

Es nuestra única esperanza de construir un país moderno y cada vez más justo.

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11 de abril, Candidatos, Elecciones 2021

Hoy perderemos las elecciones, o, de algún modo, las ganaremos. El punto es, en el fondo, el mismo. Este proceso electoral comenzó sin una clase política que sustentase las candidaturas presidenciales y a las pseudo organizaciones que las secundan. Bajo esa premisa ¿qué resultado podríamos esperar?

 

Es por eso que a los candidatos se les ha complicado tanto pasar el 10% en las encuestas. Antes teníamos caudillos que encandilaban a las multitudes y que simulaban llenar el enorme vacío institucional de una república de papel; hoy esos caudillos no están más. Y en el fango de la impresentable catadura moral de sus émulos, cada quien decidió mostrarse como es y con absoluto desenfado ¿podría entonces esperarse otra reacción ciudadana?

 

Sin embargo, dentro de este esquema hay quienes jugaron sus cartas con inteligencia. Los tres candidatos alrededor del fujimorismo fueron una magnífica estrategia electoral, juntos aglutinarán alrededor del 30% de las preferencias y es posible que al 40% de la representación congresal o un poco más, nada mal. La idea es llevar a Keiko Fujimori a segunda vuelta, pero no importa tanto si quien la alcanza es Jhonny Lescano de Acción Popular, independientemente de las intenciones del semi-carismático político puneño. Lo cierto es que su bancada será sinérgica a sus tres análogas fujimoristas y, de esta manera, obtendrán la mayoría congresal y, muy probablemente, la presidencia del Perú. Era cuestión de marketing político, no de tumbarse presidentes, aprendieron en el camino.

 

Del otro lado de la vereda, la izquierda se ha convertido en dos izquierdas; la convencional y limeña, a pesar de su candidata cusqueña, y la antisistémica, contestataria e invertebrada. La más genuina en el fondo, y no por izquierda, sino por expresar el visceral rechazo a todo lo que hemos visto los últimos cinco años, a congresistas y políticos defender y blindar la corrupción, y sin mascarilla, a pesar del Covid. Pedro Castillo es cuestión del azar, no la indignación tras él.

 

Al medio no sabemos qué pasará, de momento prefiero hablar de los extremos y sus significados. Parece que finalmente quienes tanto han buscado la “estabilidad de la corrupción” están a un paso de obtener el preciado botín estatal y esta vez sin disparar una bala, ni cegarle la vida a ningún joven al que le sobraban los principios. La alternativa es que, para la segunda vuelta, la indignación sea tal que supere en número a los que mañana saldrán gritando acalorados que “si gana Castillo me voy del país” y acabemos con él en Palacio el 28 de Julio, con una bancada importante con el apoyo de Juntos por el Perú, y eventualmente el de otras centristas, pero muy probablemente sin alcanzar la mayoría.

 

Y entonces de nuevo la danza del “corre que te vaco” pero con ribetes de guerra civil, o a lo mejor hoy voten menos del 50% y posterguemos todo para más adelante, e inclusive posterguemos el Bicentenario. Mejor el 9 de diciembre de 2024, 200 años de Ayacucho. Tal vez y entonces finalmente habremos parido una república o algo que mediamente se le parezca; o sencillamente, habremos aplazado para más tarde el mismo desenlace.

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11 de abril, Daniel Parodi, Elecciones 2021

“Apostar en estos momentos por experimentos populistas o radicales estatistas es asomarnos a un abismo del que nos demoraremos décadas en salir”.

Hay diversas variables contrapuestas que se cruzan en la elección de hoy. Conservadurismo versus liberalismo; democracia versus autoritarismo; estatismo versus libremercadismo; corrupción versus anticorrupción (esta dicotomía está cada vez más devaluada luego de conocer el destino de quienes se erigieron en paladines de la moralidad). Por alguna de ellas o su sumatoria, muchos ciudadanos decidiremos nuestro voto.

 

Haciendo expresión manifiesta de mis filtros, considero que en estos momentos es el tema económico el fundamental. No es el único, pero es el principal junto con el talante democrático del candidato. La pandemia ha destrozado la economía y ha sumido a millones de peruanos que ya habían logrado ascender a la clase media nuevamente en la pobreza. Y la pandemia no tiene cuándo acabar, siendo lo más probable que la crisis dure todo este año.

 

Se va a necesitar de modo urgente, para librarnos de las consecuencias funestas de la pobreza (delincuencia, anomia, autoritarismo, corrupción, violencia familiar, etc.), que quien nos gobierne despliegue un shock de inversiones privadas, capaz de movilizar el aparato productivo nacional y echarlo a andar.

 

Por cierto, hay que aprender de las lecciones del pasado. No basta con crecer. Lo hemos hecho en veinte años: a despecho de gobernantes mediocres o corruptos, se ha logrado reducir la pobreza como nunca antes en nuestra historia republicana.

 

Pero a tales gobiernos no les importó el desastre de nuestra salud pública (y su superlativa incidencia en la capacidad de inserción ciudadana al sistema), lo paupérrimo de nuestra educación universal y gratuita, la desgracia lacerante de la inseguridad ciudadana sobre todo en las zonas más humildes del país, y la corrupción endémica de nuestro sistema judicial (que también golpea, más que a nadie, a los pobres).

 

Esas reformas hay que hacerlas con sentido de urgencia. Pero ninguna de ellas será viable si no se sustentan en una economía en crecimiento que alimente las alicaídas arcas fiscales. La economía es hoy en día la madre de todas las batallas.

 

Por eso cabe la invocación de votar por aquellos candidatos que garanticen ello. Manteniendo alertas las salvaguardas de los otros criterios de decisión, lo indudable es que apostar en estos momentos por experimentos populistas o radicales estatistas es asomarnos a un abismo del que nos demoraremos décadas en salir.

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11 de abril, Elecciones 2021, Juan Carlos Tafur

Todos los días, de lunes a viernes, Alexandra Ames, David Rivera y Paolo Benza discuten los temas más importantes del día por Debate. En nuestro episodio número 107: Hoy 12/04/2021. ¿Cómo explicar los resultados de ayer sin caer en el cliché? ¿Es Pedro Castillo un ultraconservador fanático o puede moderarse para encontrar consensos? ¿Keiko seducirá al antifujimorismo?

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11 de abril, Alexandra Ames, David Rivera, Debate

 

Electorado
Informe – Sudaca.Pe

 

La composición del padrón electoral ha cambiado en la última década. Una modificación importante, y poco percibida, ha ocurrido en la edad de la población apta para votar. Si echamos un vistazo diez años atrás, a las elecciones generales del 2011, los jóvenes menores de 30 años solo han aumentado alrededor de medio millón. Sin embargo, la población de entre 30 y 59 años, donde está la mayoría de peruanos, se ha incrementado en casi tres millones y la de adultos mayores de 60 años se ha casi duplicado.

 

En cuanto a la distribución por ubicación geográfica, tomando las cinco provincias con mayor y menor cantidad de electores se halla que estas solo han variado unas pocas milésimas en diez años. Aún así, su crecimiento se ha dado junto al aumento del electorado total. Lima resulta la provincia con mayor población electoral de lejos con un 34% del total, seguida por La Libertad con casi un 6%.

 

En tanto, a pesar de haber crecido de 16,494,906 a 25,287,954 personas, en comparación con el año 2006, la distribución entre hombres y mujeres se ha mantenido bordeando el 50%.

La gran incógnita que queda es: ¿cuántas de estas personas, cada vez con más años encima, irán a votar el día de hoy?

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11 de abril, Elecciones 2021, Voto