[EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS] El jueves de la presente semana, el periodista Augusto Thorndike difundió en su programa de canal Willax, imágenes del líder de Ahora Nación Alfonso López Chau junto a dos jóvenes dirigentes del partido, Yulisa Prado y Yesmi Ortega, departiendo en el restaurant de un hotel miraflorino. El periodista no dudó en sexualizar el encuentro y denunciar al veterano dirigente político por sostener encuentros íntimos con jóvenes representantes de su movimiento.

En realidad, algunas fuentes cercanas nos han informado que ese restaurant se ubica cerca a la casa de López Chau y que lo usa frecuentemente para despachar con dirigentes de su partido, posibles aliados, periodistas, o, en general, personas con las que hubiere alguna motivación o interés recíproco en las movidas aguas de la política peruana.

Yulisa Prado, joven dirigente nacional de Ahora Nación, andahuaylina, que está de paso por Lima, no perdió el tiempo y envió una carta notarial a un periodista que tuvo mejores tiempos, pero que ha ido perdiendo paulatinamente el sentido de la ética profesional para adoptar el estilo que hoy se conoce como brutal o brutalista. Pero una cosa son las lisuras y la informalidad verbal, otra es manchar honras.

Las rectificaciones de Thorndike fueron peores que sus ofensas. Señaló que él no había estado en “la habitación del hotel” y que, por lo tanto, no le constaba lo que hubiese hecho dentro López Chau con las dos señoritas. De esta manera, la aparente disculpa afirmaba que los tres mencionados ocuparon una habitación del hotel, lo cual resulta falso y aún más ofensivo que el propio “destape”. El resultado: Yulisa Prado le ha enviado otra carta notarial a Thorndike y el lunes tendremos una rectificación más cabal del hombre de prensa o una denuncia penal en su contra.

El Perú ha vivido peores pero también mejores tiempos: peores porque en la década de los ochenta la demencia terrorista nos destrozó a bombazos casi todos los días en varias regiones del país, tiñendo de sangre a la nación peruana. Además, vivimos la quiebra económica del estado, la crisis económica más severa de la segunda mitad del siglo XX, y la más prolongada de todo el siglo. Mejores, porque nuestra sociedad poseía un pozo de valores que hemos perdido, entonces existía una valla muy alta para que alguien, ora desde la prensa, ora desde la política, pudiese dirigirse a nosotros.

Me late que prácticamente en todas las fuerzas políticas de nuestro nuevo congreso habrá representantes con más nivel que en el que ya se va y al que nadie va a extrañar. Ojalá la prensa, en este caso la de derecha, nos ofrezca más personajes valiosos -que ya los tiene- pues a la propia derecha le interesa procurarnos algo más que una cultura brutalista y soez si quiere hacer del Perú algo más que un país brutalista y soez. Cada uno, desde su esquina política o ideológica, puede hacer docencia política y periodística en un país que la necesita a gritos, no se la neguemos.

[EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS] Ayer, en Barcelona, España, durante la IV reunión de Defensa de la Democracia, que reúne a los principales líderes progresistas del mundo, el mandatario brasilero, Ignacio Lula da Silva se ha preguntado ¿Yo quiero saber dónde hemos fallado como demócratas, cuándo las instituciones democráticas dejaron de funcionar?

Sin duda, esa es la pregunta de fondo, pero llega demasiado tarde y está mal planteada.  La verdadera pregunta hasta qué punto la izquierda contemporánea está dispuesta a ceder en sus pretensiones progresistas para recuperar sus banderas sociales y democráticas, y así recuperar a buena parte del público que ha perdido los últimos veinte años.

Todo comenzó en los años 70 y 80, no con protestas ruidosas, sino con teorías académicas. En los departamentos de humanidades  se introdujo la teoría crítica y se impuso la premisa de  que el conocimiento no es neutral, sino una herramienta de poder utilizada por los grupos dominantes para oprimir a todos los demás.

En la década del diez, la idea saltó de los libros a la vida diaria a través de las redes sociales y desde una nueva sensibilidad generacional. El concepto de interseccionalidad se convirtió en carta de navegación, Al mismo tiempo, se popularizó la idea de que una persona puede estar sujeta a múltiples capas de opresión (raza, género, orientación sexual).

Lo que antes era un debate intelectual se convirtió en imperativo moral. Las universidades dejaron de comprenderse como centros de investigación y productoras de conocimiento, y se vieron a sí mismas como instituciones cuya misión era reparar injusticias sociohistóricas.

Para materializar el cambio, se implementaron políticas que las transformaron: se fundaron departamentos y asignaron grandes presupuestos para que cada aspecto de la vida universitaria reflejara estas teorías. Inclusive, se intervino en el lenguaje y se creó  el concepto de microagresiones. Pronto se difundieron guías y catálogos de lenguaje inclusivo y microagresiones ¡cuidado con equivocarse! una microagresión es un comentario cotidiano que, sin mala fe, “agrede” a grupos marginados.

De la teoría se pasó a la lucha política. La manifestación más visible de este fenómeno fue la cultura de la cancelación: si un profesor expresaba ideas contrarias al dogma hegemónico (por ejemplo una crítica a la identidad de género), se organizaban boicots masivos para impedir su charla y forzar su despido. De hecho, las cancelaciones se extendieron a cualquier personaje público a través de las redes sociales ocasionando, en ciertos casos, su muerto social e, inclusive, su suicidio.

Un caso muy sonado fue el del actor Johnny Depp, acusado de violencia de género por su esposa Amber Heard. Durante el largo y penoso proceso, no solo el actor fue cancelado, sino una serie de colegas y amigos que se atrevieron a defenderlo en las redes, entre ellos su exesposa Lori Allison. Muchos fueron obligados a retractarse por la turba digital. Al final, Depp pasó al ataque, denunció a Heard y, en un procedimiento que todo el planeta presenció, demostró claramente que la víctima de violencia doméstica fue él: Heard resultó condenada.

En otro orden de cosas, para conseguir trabajo o mantener el que ya tenían, muchos académicos fueron obligados a escribir ensayos acerca de diversos aspectos de la teoría wokista, aplicado a diversas áreas del conocimiento. Al mismo tiempo,  fue obligatoria la matrícula a talleres donde se enseña a estudiantes y empleados que todos son intrínsecamente racistas debido a su crianza en una sociedad injusta. Desde José Stalin, no se conoció nada parecido.

Respecto del feminismo

Dentro de la cosmovisión woke, el feminismo ha mutado hacia posturas que van mucho más allá de la igualdad legal tan anhelada en las luchas que libraron durante  los años sesenta. En cambio, las corrientes actuales buscan desmantelar las estructuras de la civilización occidental, las que consideran intrínsecamente patriarcales.

Al respecto, proponen el fin del “binarismo de género” y el de la mujer como sujeto biológico. El concepto mujer pasaría a ser exclusivamente un constructo social elaborado para asegurar su opresión. De acuerdo con estas tesis, no existen ni hombres, ni mujeres, lo que existen son identidades líquidas, fluidas o flexibles, a veces pasajeras.

Por otro lado, la familia tradicional, papá, mamá e hijos, constituye la  unidad básica de reproducción del capitalismo patriarcal, así como una herramienta de dominio sobre el cuerpo de la mujer. Inclusive, la maternidad resulta objeto de  crítica pues supone la perpetuación de la dominación sobre las mujeres.

La crítica feminista ha llegado a la justicia, en universidades de todo el planeta es normal que se apliquen reglamentos de género en los cuáles a una supuesta víctima de violencia de género se le cree de antemano y se le provee de abogado y psicólogo, frente al procedimiento interno por iniciarse. Al contrario, el acusado es separado preventivamente de su cargo, estigmatizado, y encontrado responsable hasta que demuestre que no lo es. Luego, si lograse demostrarlo, igual el daño ocasionado en su contra es irreversible.

En algunos países estos procedimientos han alcanzado a la justicia. Es el caso de España y su ley en contra de la violencia de género, aprobada en 2004, en cuyos efectos funciona exactamente igual que los reglamentos universitarios que acabamos de referir: una mujer denuncia a su cónyuge por violencia, este es encarcelado tres días de manera preventiva, es expulsado de su domicilio preventivamente, como daño colateral -estigmatización- la más de las veces es despedido de su trabajo. En suma, su vida resulta arruinada, de nada le vale que dos años después un tribunal de género, que aplica justicia a base de todos los criterios que aquí hemos resumido, lo encuentre inocente. Su vida terminó desde el momento en el que fue denunciado. Alguien se olvidó, en el camino, que la presunción de la inocencia es un derecho fundamental.

Puesta en común

Podría decir muchas cosas más, podría hablar de la teoría poscolonial, del derribo de las estatuas de Cristobal Colón y un largo etc. pero es la hora de los matices. Sí creo que hay violencia contra la mujer, desde luego, y también creo que existe racismo y que, además, es sistémico. El error basal cometido por el  movimiento wokista, cuya ideología acabo de describir, es haberse planteado como meta socavar las bases mismas de la civilización occidental pues entre esas bases se encuentran, o se encontraban, la propia democracia y los derechos fundamentales.

No soy un conservador radical, no creo que la única familia deba ser la familia tradicional, pero los planteamientos de destruirla o de tomarla como el enemigo me resultan absolutamente aberrantes, tanto como el intento de descartar la biología de la ecuación para definir a un hombre, una mujer y a una persona LGTBI+, es que no se puede. Luego, también entran en juego los factores sociales y culturales, es obvio, y está bien, ya nos lo dijeron los primeros sociólogos y antropólogos hace poco más de un siglo, también nos lo dijo Freud, ciertamente.

La caída del muro de Berlín, en 1989, abrió para occidente la era de los derechos y sus vanguardias académicas y universitarias no hicieron otra cosa que convertirla  en su propio oxímoron: un jacobinismo de los derechos, principalmente, el de las minorías, un jacobinismo que olvidó que aquel varón al que le destrozaron la vida en redes sociales tenía finalmente derecho a defenderse, y también tenía derecho a ser hallado inocente mientras no se le demostrase lo contrario, y también tenía derecho a que se preserve su honor ante la sociedad, y que, ante la universalidad de los derechos humanos, sin la cual no puede haber democracia, no cabía decapitarlo en la Place de la Concorde virtual.

Ud. conoce la respuesta a su pregunta amigo Ignacio Lula da Silva, la conoce perfectamente bien, y, en todo caso, aquí se la he recordado. La pregunta ahora es otra: tiene Ud. razón, el wokismo fue tan radical que aterrorizó a la mayor parte del mundo occidental el que buscó cobijo en posiciones conservadoras que -como natural reacción- también se extremaron. Y resulta que ahora están prevaleciendo en el mundo.

Tal vez el progresismo debiera comenzar por esa enorme autocrítica que se debe a sí mismo y que nos debe a todos los que esperábamos de él un desempeño medianamente racional. Tras ello, es posible que puedan ver más claro el panorama y comenzar a ser más razonables. Occidente necesita un balance, necesita una izquierda pero democrática, y necesita una derecha democrática también, cómo no.

Foto, Ignacio Lula da Silva y Pedro Sánchez, mandatarios de Brasil y España respectivamente, en reciente cumbre de líderes progresistas realizada en Barcelona.

[EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS] No sé de qué escribir esta mañana. Obviamente la campaña electoral me da vueltas a la cabeza desde que abro los ojos, bien temprano, como me gusta. Lo primero que veo en mi computadora son las redes, las tendencias, las encuestas, truchas, o más o menos sinceras. Las opiniones de los candidatos, de la gente, los insultos de los troles. Y otras novedades más, como la inteligencia artificial en campaña, con diversos personajes convertidos en animalitos, héroes de la ciencia ficción, diversas mascotas, y un largo etc.

También está, cómo no el insulto descarnado, la guerra de los troles, o la rebelión en la granja de los troles. La diatriba de improperios carece de la mínima censura. Son del más grueso calibre y aunque algunos intentan ser imaginativos, pocas veces coronan sus esfuerzos con el éxito.

También están el tema del sistema electoral, creado para que los mismos de siempre se queden, como siempre, en el poder. La fórmula es fácil: desagregar el voto entre la inverosímil suma de 36 partidos postulantes y colocar una valla electoral bien alta. De esta manera, ante tanta dispersión, alrededor de 30 de los 36 postulantes quedarán fuera, pero el tema no queda allí.

Los que quedan, que suelen ser los más fuertes, los que tienen más poder, los que ya están en el Congreso, se reparten todo lo que pierden quienes quedaron debajo de la valla. De esta manera, su representación parlamentaria engorda y engorda, se empodera y se empodera, y podría expresarse muy mayoritariamente en el próximo todopoderoso Senado, que ni el Presidente tendrá facultad de cerrar. Será la institución omnipotente, el verdadero lugar desde el cual se gobernará el Perú desde el 28 de julio venidero hasta que se modifique la Constitución y volvamos a un esquema más equilibrado entre los poderes  Ejecutivo y Legislativo.

El show de las encuestadoras es tema aparte: IPSOS y DATUM parecen conformar una dupla que apunta en cierto sentido, y siempre se trata de  la misma dirección, CPI e IEP apuntan hacia otro lugar. Los resultados entre estos dos bloques de encuestadoras no son “taan” diferentes pero sí al punto de que IPSOS nos presenta un congreso cuasi monoideológico y con apenas cuatro fuerzas representadas, mientras que con la muestra de CPI podría esperarse un parlamento con posibilidades de abarcar todo el espectro ideológico, en otras palabras, más representativo.

Esto último molestará a algunos. Hace rato que no estamos en tiempos de democracia, sino de imposición. El cambio de reglas electorales así nos lo muestra y se hace más palpable cuando estamos a punto de aplicar sus múltiples modificaciones a la medida de ciertos grupos de interés muy precisos.

No, no estoy apoyando a la izquierda al escribir estas líneas. Lo que pasa es que en estos tiempos de polarización no se le entiende a alguien que habla con criterios y valores del siglo XX. Hace poco escuché una conferencia de Luis Bedoya de hace 40 años, referente ineludible de la derecha peruana durante más de medio siglo. Si le haces escuchar las palabras del “Tucán” a un desprevenido de la derecha contemporánea lo trataría de caviar, rojete, rábano, entre otros mil epítetos. No era nada de eso: era demócrata y bien liberal, y expresó en su discurso que todos los sectores de la sociedad, y que todas las ideologías, debían tener representación parlamentaria y aprender a alcanzar acuerdos en beneficio del país.

En esa línea apuntamos, esta es la utopía en la que creemos en pleno siglo XXI de Donald Trump e Irene Montero, para mí igual de radicales. Soy, pues, un demócrata vintage, pero además un utopista de la Nación, de la República, de la Democracia, del servicio público bien entendido y del rol del Estado como la conquista del bien común, a través de sus servicios, a favor de la sociedad. No sé si suene boomer, pero a mí me sigue sonando bien.

[EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS]

  1. A pesar de que Chile tenga derecho de reforzar su frontera, ¿crees que este tipo de acciones resienten la relación entre Chile y Perú y reviven tensiones del pasado que nunca sanaron del todo?

Lo primero que quiero señalar es que no creo que José Antonio Kast haya adoptado estas medidas con la deliberada intención de agredir u ofender, de alguna manera, a las naciones peruana y boliviana. Su campaña electoral tuvo entre sus ejes centrales solucionar el tema de la migración venezolana que, con justicia o no, incomoda a la mayoría de chilenos. De hecho, este podría ser el gran diferencial que explica su victoria electoral del 14 de diciembre pasado.

Por otro lado, las políticas de los estados presentan consecuencias colaterales y la construcción de muros para, finalmente, separarse o alejarse del Perú y Bolivia no coadyuva a una política del acercamiento y la integración. La razón de un muro siempre ha sido separar algún compartimento de otro, y esta no es la excepción. Este es el mensaje que transmite Chile sea o no la intención de su flamante presidente José Antonio Kast.

  1. ¿La colocación de vallas puede generar problemas con respecto a la demarcación de límites en zonas como el denominado «triángulo terrestre»?

Podría, dependerá de la buena intención y el sentido común del gobierno chileno. Desde que quedó pendiente la cuestión del Triángulo Terrestre ambos gobiernos han optado por dejar el tema reposar. Estas políticas también constituyen parte de la diplomacia, se trata de un territorio menor pero que podría abrir un frente de confrontación bilateral entre dos países que todavía ponderan sus diferencias desde miradas muy nacionalistas y que, de hecho, remiten también a algunas voces que nos vienes del pasado como diría Philippe Joutard.

Si el gobierno chileno optase por cercar para sí dicho triángulo se abriría un frente de conflicto internacional entre los dos países. Sin embargo, existe una solución a la mano, pues tanto el  Perú como Chile pueden solicitar a la Corte Internacional de Justicia de la Haya que defina o explique ese aspecto de su fallo. De este modo cerraríamos el tema definitivamente. Es absurdo tener un pendiente territorial entre el Perú y Chile a estas alturas, estamos para mejores cosas.

  1. En varias ocasiones has dicho que Perú y Chile necesitan «una reconciliación». ¿Crees que eso aún está pendiente? ¿Estamos más lejos que en otras épocas de que esa reconciliación pueda hacerse efectiva?

Estamos lejísimos. Permíteme explicarte un poco las cosas. Los nacionalismos chileno y peruano son distintos. El chileno está muy bien articulado, responde al orden de su Estado y a la calidad de su clase política. El peruano es más espontáneo, pero también más primario y adjetivo. Desde esas premisas, esperar que las partes ingresen a un proceso de reconciliación binacional –que no implica que Chile le pida perdón al Perú y punto, como muchos creen- es casi imposible.

Luego, si gobiernos progresistas como el de Gabriel Boric no se lo han planteado, menos lo hará un gobierno conservador con toques nacionalistas como el de José Antonio Kast. Y el lado peruano no está mejor: su clase política no tiene la consistencia suficiente para siquiera plantearse el tema: gritarían “que devuelvan el Huáscar”, en el mejor o el peor de los casos.

Así que tras 20 años de trabajar la posibilidad de efectuar un proceso formal de reconciliación histórica entre el Perú y Chile, relativa a la Guerra del Pacífico (1879-188) debo confesar que solo me he llenado de escepticismo.

  1. El presidente de Perú, José María Balcázar, ha advertido que las vallas en la frontera no sean «un nuevo muro de Berlín». ¿Crees que este tipo de acciones pueden generar tensiones o divisiones entre la población de Tacna y Arica? ¿Sería mejor que ambas ciudades tuvieran alguna especie de régimen «binacional» como sucede en algunas otras fronteras del mundo?

En este caso suscribo al presidente José María Balcázar. Es curioso, cuando cayó el muro de Berlín en 1989 pensábamos que la época de los muros y de los telones de acero que separaban a los seres humanos había terminado. Sin embargo, tres décadas después Donald Trump inició la construcción de un muro al borde de río Grande para detener la migración mexicana y la idea de Kast me aterra porque podría implicar que cunda el ejemplo y volver a un mundo lleno de muros que nos separen.

En la Edad Media, eran los muros y torres de los castillos; durante la Guerra Fría, además del muro de Berlín, fueron las fronteras castrensemente custodiadas para evitar que personas que buscaban cambiar su situación, elijan donde vivir, creo que la idea de separarnos por muros la deberíamos superar definitivamente.

Cierro con esta idea, veo a José Antonio Kast más interesado en acercarse a Donald Trump y resolver sus temas migratorios que en indisponerse con el Perú y Chile. Pero entre países con tanta sensibilidad histórica vinculada al pasado común, lo segundo es casi inevitable. Queda por ver, sin embargo, con qué políticas Kast piensa acercarse a Perú y Bolivia por otras vías. Si queremos algo de reconciliación, no interrumpamos el diálogo, más de lo que podría interrumpirlo el susodicho muro.

El Link de la nota en Sputnik

https://noticiaslatam.lat/20260319/un-muro-de-chile-en-la-frontera-con-peru-podria-reabrir-viejas-disputas-advierten-analistas-1172625417.html

 

[EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS] Pocos libros me inspiraron tanto como Más Allá del Estado Nacional, de Jürgen Habermas, publicado en 1998. La democracia, los derechos del hombre, los fundamentales, por fin habían triunfado en el planeta. Por fin los nacionalismos y las ideologías totalitarias no reclamarían más su cuota de sangre al ciudadano, por la patria, por el centímetro de territorio que se defiende con la vida, por la lucha contra el adversario  nacional o ideológico.

Más allá del Estado Nación fue una interpretación del nuevo paradigma emergente, menos superficial, más filosófica y, básicamente, más humanista que la de Francis Fukuyama en su El fin de la Historia (1992), estridente y fantasiosa apología neoliberal.

Inevitablemente, el elemento utópico estaba presente en la obra de Habermas, como lo está en toda obra que analiza, no solo el presente sino un periodo de transición. Lo cierto es que el mundo de la igualdad, y de los derechos fundamentales, anunciado en 1948 por la Declaración Universal de los Derechos Humanos nunca llegó.

La década milenio fue de absoluta incertidumbre, la de los diez marcó otro tránsito, de polos ideológicos signados por una mirada estructural, comunismo vs. capitalismo, por otra con énfasis en la impronta cultural, magas vs wokes, y en este escenario nos encontramos hasta hoy.

La segunda gestión presidencial de Donald Trump complica aún más las cosas.  Si el orden jurídico internacional instaurado en 1945, léase la ONU y adláteres, pocas veces se impuso a las apetencias de las grandes potencias, el mandatario americano ha decretado, en los hechos, el fin de dicho orden, y el inicio de otro caracterizado por la Real Politik, por el poder del más fuerte, de otro análogo a los que antecedieron, en el siglo XX, a las dos grandes guerras mundiales.

Pero por todo lo dicho, la utopía incumplida de Habermas parece comenzar a abrirse paso en nuestro indecible presente que tanto nos acongoja con incertidumbres de guerra, con violencia, con la prevalencia sin atenuantes del más fuerte. La república, la democracia, ya no constituyen más el régimen dominante a nivel global, el orden político que regula, en su interior, la lucha por el poder, pero retorna convertido  en Tercera Vía. Y comienza a hacerlo desde izquierdas democráticas que vuelven a percibir el compromiso social, ante las grandes carencias materiales ciudadanas, como la primera de las agendas en una lucha por reinstaurar la vigencia de los derechos fundamentales.

Veamos un momento al Perú, finalmente. Menos de un mes nos separa de las justas electorales del 12 de abril. Existen, enhorabuena y en medio del infernal zumbido de la corrupción, apuestas por la recuperación del Estado, arrebatándoselo a las coaliciones de mafias que se han apoderado de él, lo que limita sensiblemente su capacidad de servicio al ciudadano.

Pero el Perú es también identitario: lo demostró el inesperado triunfo de Pedro Castillo en 2021, de pésima gestión y debemos señalarlo, muy aparte de muchas otras consideraciones. Pero Pedro Castillo fue presidente porque representó el grito secular de los desposeídos, un grito que entona notas étnicas y socioculturales, porque, mal que a algunos les pese que esto se diga, en el Perú aún existen millones de ciudadanos que estarían en una situación igual o muy parecida si diésemos un salto en el tiempo y nos situásemos a fines del siglo XIX, y aún si diésemos otro salto y nos situásemos en la era colonial.

Miremos pues al Perú serrano rural y al Perú amazónico, y exijamos del Estado peruano, en primer lugar, el perdón por su secular abandono, y que implica inclusión y reconocimiento, así como sus servicios, en el más alto nivel, en el que se merecen todos los ciudadanos nacidos en el país.

Jürgen Habermas sobrevivió la Alemania Nazi, vio alzarse y derrumbarse el muro de Berlín, fue espectador privilegiado del principio y el fin de la Guerra Fría. Lo que no vivió Habermas fue al Perú y sus complejidades. En el Perú, la democracia no se entiende sin reconocimiento, inclusión y justicia social. Téngalo presente quienes sueñan con la Promesa Peruana de Basadre y la Utopía Republicana de Carmen Mc Evoy.

En la imagen, IA de Jürgen Habermas en los andes peruanos junto a mujer andina.

[EL CORAZON DE LAS TINIEBLAS] La segunda vuelta en nuestras próximas elecciones parece de pronóstico reservado en virtud del excesivo número de candidatos a la presidencia de la República, 36 en total, y unas encuestas que nos dicen que a estos les resultará muy complicado pasar el 5% de las preferencias ciudadanas, es decir, la valla electoral.

En un mundo paralelo, o escenario distópico, podría inclusive suceder que ningún candidato pase la valla con lo cual ¿las justas tendrían que repetirse? o podría ser que solo uno lo haga, de suerte que este ganaría en primera vuelta, no por obtener la mitad + 1 de los votos, sino por falta de otro contrincante capaz de obtener más del 5%. Y en el Congreso, si solo dos o uno pasaran la valla electoral, ingresaríamos a un esquema bipartidista o, lo que es peor,  a una telúrica dictadura de partido único.

Pero imaginémonos que estos escenarios, que no son ni tan fantasiosos, ni tan inverosímiles, no se produzcan y que dos o más candidatos pasen la valla, con lo cual accederíamos a una segunda vuelta tradicional. Es decir, el primero vs el segundo bajo formas similares a las de los últimos procesos electorales. En este caso, se nos presentan solo 3 escenarios posibles:

  1. Una segunda vuelta entre dos candidatos de derecha, como podrían serlo Rafael López Aliaga y Keiko Fujimori:

Esta situación dejaría en ascuas a la ¿mayoría? de peruanos alineados con el HT Por estos no, y que quisiera un cambio radical, léase de clase política, en el gobierno del Estado. La figura señalada, supondría la continuidad de la actual alianza gobernante que se gesta más desde el Congreso que desde el poder Ejecutivo.

  1. Una segunda vuelta entre candidatos que no son de derecha y que abarcan desde la extrema-izquierda hasta el centro:

Conforme a las encuestas,  esta posibilidad se nos muestra bastante más remota que la primera. En realidad, solo un candidato de este espectro del electorado ha asomado en los muestreos de opinión y es Alfonso López Chau, y su novedosa Ahora Nación. Su partido está realizando  mítines en diversas plazas del Perú, donde ha podido apreciarse un entusiasta apoyo ciudadano a su candidatura, aunque sin alcanzar las multitudes de las campañas electorales de antaño. Pero en el Perú nada está dicho, la meteórica aparición de un contrincante para López Chau, que yo vislumbraría más en la izquierda radical que en el centro, podría cambiar el panorama.

  1. Una segunda vuelta entre un candidato de derecha frente a otro de centro o centro-izquierda:

En este caso, la candidatura de derecha buscará llevar la discusión a la batalla cultural: contra el aborto, el matrimonio LGTBI+, reivindicar las consignas de “con mis hijos no te metas” y la libertad de los padres a escoger qué educación sexual elegir para sus vástagos. La apuesta derechista-conservadora por esta agenda se explica en la percepción de que la mayoría de peruanos, inclusive entre muchos de los que se auto perciben como izquierdistas, responde a un histórico pensamiento conservador y que, es probable, no apruebe ninguna de estas políticas progresistas, las que intentará achacarle al contrario.

Cuestiones como el aborto libre o el matrimonio LGTBI+ definirán el voto de millones de peruanos en la segunda vuelta. En 2021 pudimos apreciar claramente una corrida electoral desde Verónica Mendoza hacia Pedro Castillo debido a que la primera hizo suyas las agendas culturales del progresismo. Una opción de izquierda que pretenda seriamente llegar al poder debe tener en cuenta estas variables.

Por su parte, la candidatura de Centro Izquierda buscará llevar la discusión hacia la dicotomía honestidad vs corrupción, y acusará a su contrincante derechista de formar parte, en el actual Congreso, del denominado pacto mafioso que gran parte de los peruanos identifica como responsable de nuestras crisis política, económica, social y de seguridad. De hecho, los responsabilizará de las leyes cuyos detractores denominan procrimen por recortar facultades a la lucha contra la delincuencia y la corrupción. Este parecería ser el caso de la ley 32108 que excluye de las organizaciones criminales a la extorción, la corrupción y la trata de personas.

Además, los últimos años, varios líderes de izquierda como el actual alcalde de New York, Zohran Mamdani, han volteado de nuevo la mirada hacia la agenda social -el acceso a los servicios públicos del ciudadano de a pie- y han logrado éxitos notables, marcando así una línea que la izquierda puede  retomar si lo que busca es reposicionarse y plantarle cara a este mundo conservador en el que campea Donald Trump.

Palabras finales

Por supuesto que nada es tan simple, ni tan complejo tampoco. En todos los casos, la discusión de cómo los partidos y sus candidatos piensan solucionar los problemas más urgentes de la vida cotidiana, se suman a las agendas que hemos señalado. Conectar con la gente supone conectar y conocer primero cuáles son sus verdaderas y más básicas necesidades, más allá de lo que se discute en la superficie ideológica del debate electoral.

Veremos entonces que pasará, pero el panorama parece más claro de lo que se parecía a simple vista. Tenemos tres opciones para la segunda vuelta. La tercera parece ser la más probable. De ser el caso, cada uno de los dos candidatos contrincantes buscará llevar el debate hacia temáticas que favorezcan sus aspiraciones. Será una guerra de narrativas: el triunfo del Perú conservador frente a la agenda progresista o el triunfo de la agenda  anticorrupción que ofrece recuperar el Estado y ponerlo al servicio de las grandes mayorías ¿cuál será?

[EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS]  Varios influencers en redes sociales están tomando abierto partido por Irán en la desastrosa guerra que ha estallado, una vez más, en Medio Oriente.

Me queda claro que Israel y Estados Unidos la han iniciado -como casi siempre- me queda también claro que se trata del petróleo de Irán y del estratégico estrecho de Ormuz por donde este pasa y sale hacia el  Océano Indico.

Tengo claro todo: la histórica prepotencia de Israel contra Palestina como la madre de este conflicto, pero también conozco la abyecta dictadura teocrática de los Ayatolas en Irán. Es obvio que por este motivo no voy a justificar el ataque recibido. Además,  no se trata de un match  de cualquier deporte en el cual tenga que optar por un bando y alentar a uno de los contendientes. El tema es mucho más serio que eso, y me queda meridianamente claro, también, que varios países y grupos fundamentalistas islámicos presentan agendas maximalistas absolutamente cuestionables a ojos  occidentales.

La pregunta es por qué todo esto explota ahora. El histórico despojo de los palestinos desde 1947 y los ataques de Hamas de 2023 constituyen una parte de la respuesta. La otra es el 2do mandato de Donald Trump, corregido y aumentado: un niño cuyo juguete para conquistar el mundo es el ejército más poderoso del mundo. Su objetivo final es imposible: frenar el avance económico chino.

Solo me queda decir, aunque suene ingenuo, que resulta que este planeta también es nuestro; es decir, de los que vivimos en América Latina, el Africa y otras regiones del planeta, que no somos protagonistas de este cuento de terror, pero que igual pagaremos las consecuencias si el final resulta trágico e irreversible.

Y me queda recordar a JF Kennedy y Nikita Kruschev que le ofrecieron al planeta un mensaje y una opción racional y humanista, cuando las bombas atómicas casi volaban por encima de nuestras cabezas. El mundo iba rumbo a la catástrofe pero ellos supieron entenderlo y evitarlo, aunque el líder soviético haya estrellado su zapato nada menos que contra su escaño en la sala de sesiones de la Asamblea de las Naciones Unidas.

Hoy extrañamos a ambos personajes. No sé qué nos pasó ¿fue lo que digo siempre? ¿fue la guerra de extremistas progresistas contra extremistas conservadores? No lo creo, casi que no me parece para tanto. Ese, en todo caso, es el cariz ideológico a una guerra que es económica y cuya meta es el dominio sobre el planeta Tierra.

Tras la Primera Guerra Mundial, Inglaterra comprendió que no sería más la potencia dominante del mundo, como lo fue durante el siglo XIX, en la recordada Era Victoriana. ¿Qué hizo al respecto? Se convirtió en la principal aliada de la nueva potencia dominante. Estados Unidos no necesitan líderes como Trump que van en contra de las agujas del reloj, la historia, la historicidad y el tiempo, este es un camino sin retorno.

Ha pasado poco tiempo desde la caída de aquel infame muro berlinés que  abrió las puertas a un Nuevo Orden Mundial Unipolar con Estados Unidos al frente. Pero ese mundo se extinguió deprisa, nadie pudo calcularlo o verlo venir, pero vino de la mano de la China de Deng Xio Ping y sus sucesores. Donald Trump es un hombre del pasado, de una USA patrona del mundo que ya no está más en condiciones de serlo, solo  que él no se ha dado cuenta. Ojalá, cuando despierte a la realidad, no sea demasiado tarde para todos.

[EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS] Hace tres décadas y media, con bombos, platillos, y sobre las ruinas del socialismo real, se advinieron, tomados de la mano, la globalización y el neoliberalismo económico. Pero centrémonos en la primera de entre ellos: la globalización nos planteó a los seres humanos un mundo feliz sobre la base de la interconectividad virtual y financiera. De este modo, todos comercian con todos y todos resultan ganadores en la jugada.

El neoliberalismo ingresa en la ecuación a través del manejo de los mercados mundiales para que fluya la globalización: bajos aranceles o cero aranceles, cero trabas al comercio de mercaderías de un extremo al otro del planeta tierra y la OMC convertida en la gran gendarme global: si te sales de las reglas te ponen tarjeta amarilla, a la segunda se expulsan de sistema.

Tres o cuatro décadas después, el sistema no resultó ni tan perfecto, ni tan bienhechor: reducida al mínimo la participación y fiscalización estatal, las grandes multinacionales tomaron el control del comercio mundial y se convirtieron en las grandes triunfadoras de la globalización. La riqueza se multiplicó n veces pero su redistribución solo convirtió  a dichas empresas en mórbidos obesos de un sistema que solo favorece a unos pocos.

Luego, en medio de estos cambios, la geopolítica mundial tampoco logró asentar un Nuevo Orden Mundial como aquellos que nos otorgaron cierta estabilidad en tiempos de la Guerra Fría: nos amenazaban las bombas atómicas, pero sabíamos cómo se dividía el mundo, quién era quién en el concierto de las naciones.

Fue entonces que, al iniciar la década milenio (2000-2010) Estados Unidos vio súbitamente amenazada su supremacía económica mundial por la vertiginosa emergencia china, a un ritmo que no deja de acelerarse y que, sencillamente, los norteamericanos, ni tienen como detener, ni cuentan con el desarrollo suficiente como para competir.

La batalla por el dominio del mundo está perdida para USA, pero no para su presidente Donald Trump y la imponente US Army, desde lejos, la más poderosa del mundo. Y vinieron las subidas de los aranceles, algo así como tapar con un dedo al sol del ingente comercio asiático en pleno auge de su conquista planetaria. La invasión a Venezuela, básicamente para agenciarse todo el petróleo del país llanero, aumentarlo a su propio caudal, e intentar perjudicar a chinos y rusos, sus habituales compradores, es otro manotazo de ahogado.

Y ahora Chancay. La ola ya se venía venir, pues ninguno de nosotros se cree en verdad a un Trump tan zalamero con el Perú, país que tiene poco que ofrecerle y al que despreciará del mismo modo como desprecia prácticamente a todos los países en vías de desarrollo y, lo que es peor, a su gente. Pero el tema es que aquí está Chancay, el gran puerto chino en el Pacífico sudamericano, que conecta directamente con el inconmensurable puerto de Shanghái. La ecuación no acaba allí, los chinos terminarán construyendo un moderno ferrocarril desde Chancay a algún puerto en el Brasil y, de este modo, la vuelta al mundo del comercio del Imperio del Dragón se habrá completado y la guerra, que ya tiene un ganador, finalmente habrá concluido.

Pero, súbitamente, Estados Unidos, que acaba de invadir Venezuela y enarbolado la doctrina Donroe, se proclama defensor de los países débiles y fiel escudero de los atentados en contra de su soberanía. Este es el cao del puerto de Chancay, precisamente. Para nadie es un secreto, que, con o sin Ositran, este es un puerto chino, que responde a intereses chinos, y todavía no sabemos a ciencia cierta cómo se beneficia el Perú con el atemorizante monstruo de hierro y concreto que observa indiferente el lugar donde, algún remoto día se septiembre de 1880, hundimos a la Covadonga, no en combate, sino con un atentado.

En fin, la globalización consistía, en teoría, en que todos comerciaban con todos y vivían felices para siempre. Después se trató de que las multinacionales podían expandirse por donde quisieran, sin interferencia estatal, inclusive supervisada por la OMC. Estados Unidos promovió ese Nuevo Orden Mundial hasta que China lo aprovechó mejor y los superó ampliamente, entonces no les convino más y le plantean al mundo un esquema como el que llevó a la Primera Guerra Mundial: cada uno cuida y monopoliza sus materias primas, cada uno cuida y monopoliza sus mercados.

Chancay es el símbolo del fin de la Globalización. Los países ya no deben comerciar libremente, deben someterse a imperios económicos, como se sometieron desde el último tercio del siglo XIX. Para Trump el continente americano debe volver a ser el área de influencia natural de expansión del imperialismo yanqui. En ese esquema, el puerto chino, porque chino es, de Chancay, no tiene cabida. La globalización acaba de terminar.

[OPINIÓN] Recientemente, la actriz Jhoanna San Miguel ha conmocionado las redes sociales, al declarar que una persona trans no puede ser una mujer y que la condición de hombre y de mujer la determina la biología, esto es los cromosomas XY y XX. Lo demás vendrían a ser las opciones sexuales de los seres humanos.

Sus declaraciones, luego refrendadas en una declaración escrita tan contundente como amigable, ha provocado gran revuelo pues se pensaba que la actriz estaba alineada con la tendencia progresista-liberal. Los bandos enfrentados en  este debate le han sacado el máximo provecho al asunto: desde el congresista Alejandro Muñante desviviéndose en halagos a San Miguel, hasta colectivos LGTB+ anunciando escraches en el local de trabajo de la susodicha, y activistas acusándola de promover discursos de odio.

Quiero abordar el tema desde tres miradas. La primera es básica pero resulta que la hemos olvidado: la libertad de opinión, derecho fundamental que, en tiempos de guerra ideológica y batalla cultural, ya no es garantía para nadie. Si no te alineas te botan del trabajo, te expulsan del grupo de amigos, del círculo social, entre muchas otras cosas más. En estos tiempos expresar tus ideas no es solamente asunto tuyo y Johanna San Miguel lo está experimentando en carne propia.

Dentro de este enfoque, la actriz ha expresado su opinión desde una mirada biológica: el hombre es XY y la mujer es XX. Lo ha hecho respetuosamente lo que no quita que sus observaciones hayan podido resultar dolorosas e incluisve ofensivas para personas y colectivos que luchan por ser aceptados en sociedad como mujeres y hombres, a pesar de no haber nacido como tales. Pero son las ideas de Jhoanna, como decía Voltaire, “discrepo completamente de tus posturas pero mataría por tu derecho a expresarlas”.

Luego, toda vez que ya he expresado en qué consiste la postura biológica sobre el tema, en la que se basan los movimientos conservadores los que, además, rechazan y, en muchos casos, desprecian a las personas LGTBI+ en virtud de mandatos bíblicos e imperativos religiosos, veamos la última dimensión del problema que quería tratar: la variante legal, judicial y ciudadana.

Desde hace algunas décadas, en el Perú, a las personas trans se les permite cambiarse de sexo y existen en nuestra sociedad algunos miles de personas trans que, habiendo nacido hombres, aparecen como mujeres en sus DNI o viceversa, lo que supone que debamos reconocerlas, admitirlas y tratarlas como a tales, porque se trata de ciudadanos con los mismos derechos y deberes que los demás ciudadanos. Si la carta de ciudadanía señala que eres mujer, habiendo nacido hombre, pues para todo efecto eres mujer, y deberás ser hallada y reconocida como tal también para todo efecto.

Sin embargo, recientemente la ofensiva conservadora mundial, pero también peruana, con su telúrica mayoría parlamentaria, ha limitado la posibilidad de una persona trans de transitar de mujer a hombre o viceversa. Así, a través de la Ley de igualdad de oportunidades de 2025, el Congreso ha eliminado el concepto género de la legislación limitando las posibilidades de cambiarse de sexo de las personas trans.

No obstante, previamente el Tribunal Constitucional amparó el cambio de sexo arguyendo que las cuestiones biológicas no eran las únicas determinantes de la identidad personal y los jueces -pues el cambio de sexo se solicita en el Poder Judicial y Reniec lo admite sólo ante sentencia firme- lo siguen aplicando.  En otras palabras, aún las personas trans pueden cambiarse legalmente de sexo en el Perú.

Para terminar, es atendible la postura de quienes sostienen que, en el plano estrictamente biológico, una mujer trans no es una mujer pues carece de los cromosomas XX, pero sí puede serlo en el plano identitario, psicológico, cultural, social, etc. En todo caso, algunas personas puedan no aceptar estas transiciones o, como en el caso de Jhoanna San Miguel, expresar su respeto hacia ellas, pero priorizar el enfoque biológico. Luego, prevalece siempre la situación legal del ciudadano: no tratar como mujer a quien es reconocida como tal ante la ley constituye un abierto acto de discriminación por motivo de sexo. Recordemos que, conforme a nuestra Constitución Política, nadie puede ser discriminado por motivo de sexo, religión, opinión, raza etc.

En esto consiste el debate democrático que hemos olvidado y, la verdad, no debería levantar tanto polvo, a no ser por la batalla cultural, por la guerra de trincheras ideológicas que se ha activado en el mundo contemporáneo, y que se nos presenta como única alternativa de participación política en la tercera década del siglo XXI. Ojalá encontremos pronto una nueva y fecunda vía de diálogo, de consensos y de disensos republicanos. Ojalá la democracia encuentre finalmente sus ropajes posmodernos, cuando amanece el segundo cuarto del Tercer Milenio.

 

Página 1 de 19 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19
x