[EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS] Hoy, 7 de junio de 2026, millones de peruanos acudirán a las urnas para elegir a su nuevo presidente en segunda vuelta. También un día como hoy, hace 146 años, se libró la infausta batalla de Arica, en la que aproximadamente mil quinientos combatientes peruanos defendieron el austral puerto de la República frente a una fuerza invasora de cerca de seis mil soldados chilenos que avanzaba desde el norte, el sur y el mar.

La batalla de Arica encuentra una de sus principales explicaciones en la derrota naval sufrida por el Perú en Angamos, el 8 de octubre de 1879. Aquel día cayeron el almirante Miguel Grau y buena parte de la tripulación del célebre monitor Huáscar, embarcación que durante cinco meses logró inmovilizar estratégicamente a la escuadra chilena y retrasar los planes de invasión terrestre del enemigo.

En 1872, Chile dispuso la construcción de dos poderosos blindados en astilleros británicos. Cada una de estas naves poseía una capacidad de combate capaz de superar a la fragata Independencia, el buque más importante de la Marina peruana. Apenas se conoció la noticia, el gobierno del coronel José Balta inició gestiones para encargar unidades similares en Inglaterra. Miguel Grau, entonces comandante del Huáscar, respaldó decididamente aquella iniciativa.

Aunque resulta imposible establecer con absoluta certeza las motivaciones que impulsaron las  adquisiciones navales de Chile, es evidente que la construcción de aquellos blindados modificaba sustancialmente el equilibrio estratégico en el Pacífico sur. Conviene recordar que también en 1872 se constituyó la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta, consolidándose así una poderosa presencia chileno-británica en la explotación y comercialización del salitre. Ello incrementó la competencia con la producción procedente de la entonces provincia peruana de Tarapacá y de su principal puerto exportador, Iquique.

Tras el cambio de gobierno producido ese mismo año, el presidente Manuel Pardo optó por abandonar el proyecto naval heredado de Balta y concentrar los recursos disponibles en la culminación de los ferrocarriles Central y del Sur, emprendimientos iniciados en 1870. Su propósito era encontrar una alternativa económica capaz de sustituir al guano, cuya explotación mostraba claros signos de agotamiento y cuyos beneficios se hallaban, en gran medida, comprometidos por el contrato suscrito con la casa Dreyfus en 1869.

Otro factor decisivo para la paralización del programa naval fue la crítica situación fiscal que atravesaba el país, consecuencia de una administración deficiente de las finanzas públicas, agravada por prácticas de corrupción ampliamente extendidas. En su Memoria de 1878, presentada como Comandante General de Marina, Miguel Grau volvió a advertir sobre el deterioro material de la escuadra peruana y la necesidad de fortalecerla ante la incorporación de los blindados chilenos construidos en Inglaterra. Una vez más, sus advertencias no encontraron eco suficiente en las más altas instancias del Estado.

He querido reflexionar sobre la batalla de Arica desde esta perspectiva porque resulta legítimo preguntarse si, bajo una conducción estatal más previsora, responsable y consciente de los desafíos geopolíticos de su tiempo, aquel combate habría llegado siquiera a producirse. Probablemente tampoco se habría suscrito un tratado de alianza que comprometía al Perú a intervenir en una eventual guerra entre Bolivia y Chile, conflicto que finalmente estalló y terminó arrastrando a nuestro país a una conflagración de enormes proporciones. Del mismo modo, resulta discutible el envío de una misión mediadora a Santiago cuando el Perú no estaba dispuesto a asumir una posición de neutralidad, circunstancia que proporcionó a Chile un argumento —o, si se prefiere, un pretexto— para declarar la guerra.

Por supuesto, honra a la nación contar con héroes de la talla de Francisco Bolognesi, Alfonso Ugarte y Miguel Grau: el primero defendiendo la plaza “hasta quemar el último cartucho”; el segundo inmolándose en el Morro antes que permitir la captura del pabellón nacional; y el tercero enfrentando en el Huáscar a fuerzas navales muy superiores. Sin embargo, por admirable que resulte su sacrificio, siempre habría sido preferible que hubiesen envejecido rodeados de sus familias y fallecido en tiempos de paz.

Hoy no es un día cualquiera. Es 7 de junio, aniversario de la batalla de Arica, nuestra propia Termópilas: la lucha por el terruño, por el honor y por una idea de nación profundamente sentida. Pero también es la jornada en que elegimos a un nuevo presidente de la República.

Resulta absurdo exigir a los ciudadanos que “voten bien”. ¿Qué significa exactamente votar bien? La cuestión fundamental es otra: quien resulte elegido debe estar a la altura de la enorme responsabilidad que la ciudadanía deposita en sus manos. Gobernar implica conducir el Estado de manera eficaz para generar bienestar, reducir desigualdades y ampliar oportunidades.

El abandono histórico de amplias zonas rurales andinas y amazónicas, las persistentes brechas educativas y las deficiencias del sistema de salud son realidades inocultables. Sin educación de calidad no existe desarrollo sostenible. Quizá por ello, aunque todos admiramos a Bolognesi, Ugarte y Grau, todavía no hemos logrado consolidarnos plenamente como esa comunidad imaginada, diversa y cohesionada a la vez, llamada Perú. Con demasiada frecuencia seguimos percibiéndonos como grupos separados antes que como integrantes de un proyecto nacional compartido.

Mi único llamado, en este nuevo aniversario del Día de la Bandera, es el de un ciudadano a sus gobernantes presentes y futuros: responsabilidad, capacidad de gestión y una mejora sustancial de los servicios públicos. Pensemos en una patria moderna, desarrollada y dotada de infraestructura de primer nivel. Recordemos que países como China y Corea del Sur se encontraban, hace apenas seis décadas, en condiciones comparables o incluso inferiores a las nuestras. Ha llegado la hora de construir la república que durante tanto tiempo hemos postergado. Porque, en muchos sentidos, todavía estamos comenzando.

Cómo citarnos:

Parodi Revoredo, Daniel (2026, 7 de junio). El otro 7 de junio. Colocar aquí el link de la nota
Imagen: Lienzo de Agostino Marazani (1905)

 

 

[EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS] Cuando Pablo Guede asumió la dirección técnica, su llegada era un absoluto misterio. Con pergaminos apenas regulares, su debut ante Dos de Mayo de Uruguay fue un fracaso rotundo. Sin embargo, el equipo aún no estaba listo; era lo sano y justo concederle el beneficio de la duda a un hombre que merecía la oportunidad de demostrar su valía.

El exentrenador de Colo-Colo tuvo un acierto colosal: fichar a Esteban Pávez. Su contratación reavivó la incertidumbre, e incluso, desde Chile, los hinchas albos agradecían que los libraran de un jugador supuestamente «salado». No sé si en el club hermano se habrán liberado de una mala racha, pero lo cierto es que a Matute llegó un auténtico crack: el ancla, la balanza, el equilibrio y, en ocasiones decisivas, el autor de goles fundamentales.

Guede logró lo que sus antecesores no pudieron: consolidar un once base. Cuando un técnico estructura un equipo sólido, solidario y bien respaldado por una buena banca, las posibilidades son infinitas. El estratega aprovechó cada recurso; Alianza mantuvo siempre una identidad clara, pero con variantes tácticas que confundieron a sus rivales, tal como ocurrió ayer ante Los Chankas de Andahuaylas.

Parecía una regla de oro que Paolo Guerrero jugara siempre como referente de área —puesto que domina desde hace un cuarto de siglo—, pero anoche el guion cambió. Guede lo recostó por una banda y dejó en punta a Erick Castillo, un absoluto bólido. Los Chankas no descifraron el movimiento, Alianza golpeó primero, y la pizarra funcionó a la perfección. Este impecable manejo táctico ha sido la constante fecha tras fecha.

Escribo estas líneas como analista, pero también como hincha, y es justo reconocerlo. Al no ser periodista deportivo, mi enfoque prescinde de los moldes tradicionales. Siempre he detestado la informalidad farandulera que rodea al futbolista local; conductas que se alejan por completo del verdadero profesionalismo.

Sin condenar sin pruebas, considero que lo sucedido en Montevideo exige una sentencia firme por parte de las autoridades competentes. En todo caso, Alianza Lima hizo lo correcto al limpiar la casa y apartar a quienes dañaban el prestigio de la institución y que, formando parte de ella, la referían como “puterío”. Tras la salida de esos pseudodeportistas, se priorizó el orden. A partir de esa purga se construyó la disciplina; de la disciplina nació la solidaridad, y de la solidaridad se ensambló el equipo actual: un plantel que sabe a lo que juega y que tiene claro el objetivo final de fin de año.

En el Perú, pocas veces triunfa la seriedad sobre la informalidad. Este campeonato es la excepción a la regla. Corresponde ahora a los dirigentes mantener esta línea de conducta hacia el futuro, actuando como celosos guardianes de una institución tradicional cuyos millones de hinchas, repartidos por todo el mundo, merecen un club a la altura de su historia.

 

[EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS] Voy a tratar un tema de cuya vigencia dudo. Y dudo porque desde hace menos de una década ha irrumpido en el mundo la derecha global libertaria para la cual los derechos humanos significan poco menos que nada. Lo hemos visto recientemente en Estados Unidos con el trato inhumano brindado por los agentes de migraciones del gobierno a cualquier persona que pudiese “parecer inmigrante” y a cualquiera otra que, no pareciéndolo, se atreviese a defenderla o, sencillamente, por cerrarle el paso, sin siquiera proponérselo, a los temibles ICE.

Esto le sucedió el 7 de enero de 2026 a Renée Nicole Good una ciudadana estadounidense de 37 años que, sin querer, bloqueó el camino de los susodichos agentes, y que, luego de ser conminada a sacar su vehículo no fue lo suficientemente perita en la maniobra. El resultado: un agente la ultimó de tres balazos en la cabeza.

Los intelectuales del entorno libertario ya han comenzado a teorizar sobre el tema. Hablan de una Real Politik, en otras palabras, de la ley del más fuerte, o de la jungla, como nuevo paradigma que suplantará a todo el sistema de leyes y constituciones que se han elaborado en Occidente desde el advenimiento de la modernidad política, con la Revolución Francesa de 1789.

En este punto, el cambio paradigmático es absoluto: lo abarca todo. Toda la vida, toda la manera de relacionarnos entre los seres humanos estará regida directamente por las relaciones de poder entre ellos, y prevalecerán siempre los más poderosos . Este marco general es báscio pero recordemos que la Constitución de los Estados Unidos de América, aunque liberal, es también básica. Pareciera que a las bondades del derecho anglosajón les estuviésemos dando la vuelta para justificar el poder ilimitado del tirano.

No caigamos en la ingenuidad, el poderoso ha prevalecido siempre, desde los primeros tiempos de la sedentarización, desde que el hombre supo acumular alimentos y ganadería. Entonces surgieron los poderosos, los que capitalizaron las ganancias en nombre de deidades con las que se comunicaban para controlar lo que todos requerían urgentemente: a la naturaleza, para así asegurar la subsistencia colectiva.

Los marcos legales, las constituciones, la evolución de los derechos fundamentales desde el siglo XVIII en adelante no suprimieron el poder, ni todas las ventajes que otorga ostentarlo. No obstante, mitigaron hasta donde pudieron algunos abusos. Los derechos franceses contuvieron un poco al gigantesco Leviatán cuando intentaba  arrasar con el individuo y con su propiedad; la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 se constituyó en una segunda barrera frente a ese Estado: el ser humano, y su derecho a la vida se colocaron en la cima de la civilización precisamente porque Hitler nos deshumanizó como no se han deshumanizado jamás los animales, ninguna especie que se conozca. ¿Qué pasa si hacemos tabla rasa de todo aquello?

Y luego la izquierda cree, como siempre, que el problema es todo de la derecha. Pero esta vez el problema lo comenzó la izquierda. ¿Universalidad o diferencia? Dijeron: la igualdad discrimina. Dijeron: nosotros no queremos ser iguales, queremos un código para cada uno, queremos legislar la diferencia y proteger al vulnerable desde la ley. Se abre, claro, un largo debate que atañe la multiculturalidad, la interculturalidad, los modelos de convivencia democrática de Norbert Bilbeny y un largo etc.

Sin embargo, el progresismo no se quedó allí, sus planteamientos adoptaron pronto tono de denuncia y su praxis política ribetes de una intolerancia y jacobinismo político nunca vistos. Entonces los mismos derechos que hoy pisotea el libertarismo los pisoteó primero el progresismo wokista y los derechos que fueron conculcados por él pueden enumerarse: el derecho a la libertad de opinión, el derecho a la igualdad, el derecho a la defensa, el derecho a la presunción de la inocencia, el derecho al honor y a la reputación y un bastante largo etc. En pocas palabras, a la nueva generación de las redes sociales le valió madres todo. ¿Qué respuesta esperaban encontrar? ¿la de un mundo que dócilmente se entregaba a sus brazos? Así suelen ser los errores de juventud; en este caso, los de un movimiento jacobino que nunca verá la madurez: no se toparon con un mundo dócil,  se toparon con Donald Trump.

Y ahora, a quienes nos mantuvimos en el sentido común, nos queda, en medio de una guerra sin cuartel, que ya se sabe quien ganará, esperar encontrar los adeptos necesarios para colocar de nuevo a los derechos en la agenda mundial, aunque sea un poco. Hace 130 años, González Prada dijo que los viejos debían temblar ante los niños, ¿suscribiría sus palabras al contemplar el mundo contemporáneo?

[EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS] El jueves de la presente semana, el periodista Augusto Thorndike difundió en su programa de canal Willax, imágenes del líder de Ahora Nación Alfonso López Chau junto a dos jóvenes dirigentes del partido, Yulisa Prado y Yesmi Ortega, departiendo en el restaurant de un hotel miraflorino. El periodista no dudó en sexualizar el encuentro y denunciar al veterano dirigente político por sostener encuentros íntimos con jóvenes representantes de su movimiento.

En realidad, algunas fuentes cercanas nos han informado que ese restaurant se ubica cerca a la casa de López Chau y que lo usa frecuentemente para despachar con dirigentes de su partido, posibles aliados, periodistas, o, en general, personas con las que hubiere alguna motivación o interés recíproco en las movidas aguas de la política peruana.

Yulisa Prado, joven dirigente nacional de Ahora Nación, andahuaylina, que está de paso por Lima, no perdió el tiempo y envió una carta notarial a un periodista que tuvo mejores tiempos, pero que ha ido perdiendo paulatinamente el sentido de la ética profesional para adoptar el estilo que hoy se conoce como brutal o brutalista. Pero una cosa son las lisuras y la informalidad verbal, otra es manchar honras.

Las rectificaciones de Thorndike fueron peores que sus ofensas. Señaló que él no había estado en “la habitación del hotel” y que, por lo tanto, no le constaba lo que hubiese hecho dentro López Chau con las dos señoritas. De esta manera, la aparente disculpa afirmaba que los tres mencionados ocuparon una habitación del hotel, lo cual resulta falso y aún más ofensivo que el propio “destape”. El resultado: Yulisa Prado le ha enviado otra carta notarial a Thorndike y el lunes tendremos una rectificación más cabal del hombre de prensa o una denuncia penal en su contra.

El Perú ha vivido peores pero también mejores tiempos: peores porque en la década de los ochenta la demencia terrorista nos destrozó a bombazos casi todos los días en varias regiones del país, tiñendo de sangre a la nación peruana. Además, vivimos la quiebra económica del estado, la crisis económica más severa de la segunda mitad del siglo XX, y la más prolongada de todo el siglo. Mejores, porque nuestra sociedad poseía un pozo de valores que hemos perdido, entonces existía una valla muy alta para que alguien, ora desde la prensa, ora desde la política, pudiese dirigirse a nosotros.

Me late que prácticamente en todas las fuerzas políticas de nuestro nuevo congreso habrá representantes con más nivel que en el que ya se va y al que nadie va a extrañar. Ojalá la prensa, en este caso la de derecha, nos ofrezca más personajes valiosos -que ya los tiene- pues a la propia derecha le interesa procurarnos algo más que una cultura brutalista y soez si quiere hacer del Perú algo más que un país brutalista y soez. Cada uno, desde su esquina política o ideológica, puede hacer docencia política y periodística en un país que la necesita a gritos, no se la neguemos.

[EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS] Ayer, en Barcelona, España, durante la IV reunión de Defensa de la Democracia, que reúne a los principales líderes progresistas del mundo, el mandatario brasilero, Ignacio Lula da Silva se ha preguntado ¿Yo quiero saber dónde hemos fallado como demócratas, cuándo las instituciones democráticas dejaron de funcionar?

Sin duda, esa es la pregunta de fondo, pero llega demasiado tarde y está mal planteada.  La verdadera pregunta hasta qué punto la izquierda contemporánea está dispuesta a ceder en sus pretensiones progresistas para recuperar sus banderas sociales y democráticas, y así recuperar a buena parte del público que ha perdido los últimos veinte años.

Todo comenzó en los años 70 y 80, no con protestas ruidosas, sino con teorías académicas. En los departamentos de humanidades  se introdujo la teoría crítica y se impuso la premisa de  que el conocimiento no es neutral, sino una herramienta de poder utilizada por los grupos dominantes para oprimir a todos los demás.

En la década del diez, la idea saltó de los libros a la vida diaria a través de las redes sociales y desde una nueva sensibilidad generacional. El concepto de interseccionalidad se convirtió en carta de navegación, Al mismo tiempo, se popularizó la idea de que una persona puede estar sujeta a múltiples capas de opresión (raza, género, orientación sexual).

Lo que antes era un debate intelectual se convirtió en imperativo moral. Las universidades dejaron de comprenderse como centros de investigación y productoras de conocimiento, y se vieron a sí mismas como instituciones cuya misión era reparar injusticias sociohistóricas.

Para materializar el cambio, se implementaron políticas que las transformaron: se fundaron departamentos y asignaron grandes presupuestos para que cada aspecto de la vida universitaria reflejara estas teorías. Inclusive, se intervino en el lenguaje y se creó  el concepto de microagresiones. Pronto se difundieron guías y catálogos de lenguaje inclusivo y microagresiones ¡cuidado con equivocarse! una microagresión es un comentario cotidiano que, sin mala fe, “agrede” a grupos marginados.

De la teoría se pasó a la lucha política. La manifestación más visible de este fenómeno fue la cultura de la cancelación: si un profesor expresaba ideas contrarias al dogma hegemónico (por ejemplo una crítica a la identidad de género), se organizaban boicots masivos para impedir su charla y forzar su despido. De hecho, las cancelaciones se extendieron a cualquier personaje público a través de las redes sociales ocasionando, en ciertos casos, su muerto social e, inclusive, su suicidio.

Un caso muy sonado fue el del actor Johnny Depp, acusado de violencia de género por su esposa Amber Heard. Durante el largo y penoso proceso, no solo el actor fue cancelado, sino una serie de colegas y amigos que se atrevieron a defenderlo en las redes, entre ellos su exesposa Lori Allison. Muchos fueron obligados a retractarse por la turba digital. Al final, Depp pasó al ataque, denunció a Heard y, en un procedimiento que todo el planeta presenció, demostró claramente que la víctima de violencia doméstica fue él: Heard resultó condenada.

En otro orden de cosas, para conseguir trabajo o mantener el que ya tenían, muchos académicos fueron obligados a escribir ensayos acerca de diversos aspectos de la teoría wokista, aplicado a diversas áreas del conocimiento. Al mismo tiempo,  fue obligatoria la matrícula a talleres donde se enseña a estudiantes y empleados que todos son intrínsecamente racistas debido a su crianza en una sociedad injusta. Desde José Stalin, no se conoció nada parecido.

Respecto del feminismo

Dentro de la cosmovisión woke, el feminismo ha mutado hacia posturas que van mucho más allá de la igualdad legal tan anhelada en las luchas que libraron durante  los años sesenta. En cambio, las corrientes actuales buscan desmantelar las estructuras de la civilización occidental, las que consideran intrínsecamente patriarcales.

Al respecto, proponen el fin del “binarismo de género” y el de la mujer como sujeto biológico. El concepto mujer pasaría a ser exclusivamente un constructo social elaborado para asegurar su opresión. De acuerdo con estas tesis, no existen ni hombres, ni mujeres, lo que existen son identidades líquidas, fluidas o flexibles, a veces pasajeras.

Por otro lado, la familia tradicional, papá, mamá e hijos, constituye la  unidad básica de reproducción del capitalismo patriarcal, así como una herramienta de dominio sobre el cuerpo de la mujer. Inclusive, la maternidad resulta objeto de  crítica pues supone la perpetuación de la dominación sobre las mujeres.

La crítica feminista ha llegado a la justicia, en universidades de todo el planeta es normal que se apliquen reglamentos de género en los cuáles a una supuesta víctima de violencia de género se le cree de antemano y se le provee de abogado y psicólogo, frente al procedimiento interno por iniciarse. Al contrario, el acusado es separado preventivamente de su cargo, estigmatizado, y encontrado responsable hasta que demuestre que no lo es. Luego, si lograse demostrarlo, igual el daño ocasionado en su contra es irreversible.

En algunos países estos procedimientos han alcanzado a la justicia. Es el caso de España y su ley en contra de la violencia de género, aprobada en 2004, en cuyos efectos funciona exactamente igual que los reglamentos universitarios que acabamos de referir: una mujer denuncia a su cónyuge por violencia, este es encarcelado tres días de manera preventiva, es expulsado de su domicilio preventivamente, como daño colateral -estigmatización- la más de las veces es despedido de su trabajo. En suma, su vida resulta arruinada, de nada le vale que dos años después un tribunal de género, que aplica justicia a base de todos los criterios que aquí hemos resumido, lo encuentre inocente. Su vida terminó desde el momento en el que fue denunciado. Alguien se olvidó, en el camino, que la presunción de la inocencia es un derecho fundamental.

Puesta en común

Podría decir muchas cosas más, podría hablar de la teoría poscolonial, del derribo de las estatuas de Cristobal Colón y un largo etc. pero es la hora de los matices. Sí creo que hay violencia contra la mujer, desde luego, y también creo que existe racismo y que, además, es sistémico. El error basal cometido por el  movimiento wokista, cuya ideología acabo de describir, es haberse planteado como meta socavar las bases mismas de la civilización occidental pues entre esas bases se encuentran, o se encontraban, la propia democracia y los derechos fundamentales.

No soy un conservador radical, no creo que la única familia deba ser la familia tradicional, pero los planteamientos de destruirla o de tomarla como el enemigo me resultan absolutamente aberrantes, tanto como el intento de descartar la biología de la ecuación para definir a un hombre, una mujer y a una persona LGTBI+, es que no se puede. Luego, también entran en juego los factores sociales y culturales, es obvio, y está bien, ya nos lo dijeron los primeros sociólogos y antropólogos hace poco más de un siglo, también nos lo dijo Freud, ciertamente.

La caída del muro de Berlín, en 1989, abrió para occidente la era de los derechos y sus vanguardias académicas y universitarias no hicieron otra cosa que convertirla  en su propio oxímoron: un jacobinismo de los derechos, principalmente, el de las minorías, un jacobinismo que olvidó que aquel varón al que le destrozaron la vida en redes sociales tenía finalmente derecho a defenderse, y también tenía derecho a ser hallado inocente mientras no se le demostrase lo contrario, y también tenía derecho a que se preserve su honor ante la sociedad, y que, ante la universalidad de los derechos humanos, sin la cual no puede haber democracia, no cabía decapitarlo en la Place de la Concorde virtual.

Ud. conoce la respuesta a su pregunta amigo Ignacio Lula da Silva, la conoce perfectamente bien, y, en todo caso, aquí se la he recordado. La pregunta ahora es otra: tiene Ud. razón, el wokismo fue tan radical que aterrorizó a la mayor parte del mundo occidental el que buscó cobijo en posiciones conservadoras que -como natural reacción- también se extremaron. Y resulta que ahora están prevaleciendo en el mundo.

Tal vez el progresismo debiera comenzar por esa enorme autocrítica que se debe a sí mismo y que nos debe a todos los que esperábamos de él un desempeño medianamente racional. Tras ello, es posible que puedan ver más claro el panorama y comenzar a ser más razonables. Occidente necesita un balance, necesita una izquierda pero democrática, y necesita una derecha democrática también, cómo no.

Foto, Ignacio Lula da Silva y Pedro Sánchez, mandatarios de Brasil y España respectivamente, en reciente cumbre de líderes progresistas realizada en Barcelona.

[EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS] No sé de qué escribir esta mañana. Obviamente la campaña electoral me da vueltas a la cabeza desde que abro los ojos, bien temprano, como me gusta. Lo primero que veo en mi computadora son las redes, las tendencias, las encuestas, truchas, o más o menos sinceras. Las opiniones de los candidatos, de la gente, los insultos de los troles. Y otras novedades más, como la inteligencia artificial en campaña, con diversos personajes convertidos en animalitos, héroes de la ciencia ficción, diversas mascotas, y un largo etc.

También está, cómo no el insulto descarnado, la guerra de los troles, o la rebelión en la granja de los troles. La diatriba de improperios carece de la mínima censura. Son del más grueso calibre y aunque algunos intentan ser imaginativos, pocas veces coronan sus esfuerzos con el éxito.

También están el tema del sistema electoral, creado para que los mismos de siempre se queden, como siempre, en el poder. La fórmula es fácil: desagregar el voto entre la inverosímil suma de 36 partidos postulantes y colocar una valla electoral bien alta. De esta manera, ante tanta dispersión, alrededor de 30 de los 36 postulantes quedarán fuera, pero el tema no queda allí.

Los que quedan, que suelen ser los más fuertes, los que tienen más poder, los que ya están en el Congreso, se reparten todo lo que pierden quienes quedaron debajo de la valla. De esta manera, su representación parlamentaria engorda y engorda, se empodera y se empodera, y podría expresarse muy mayoritariamente en el próximo todopoderoso Senado, que ni el Presidente tendrá facultad de cerrar. Será la institución omnipotente, el verdadero lugar desde el cual se gobernará el Perú desde el 28 de julio venidero hasta que se modifique la Constitución y volvamos a un esquema más equilibrado entre los poderes  Ejecutivo y Legislativo.

El show de las encuestadoras es tema aparte: IPSOS y DATUM parecen conformar una dupla que apunta en cierto sentido, y siempre se trata de  la misma dirección, CPI e IEP apuntan hacia otro lugar. Los resultados entre estos dos bloques de encuestadoras no son “taan” diferentes pero sí al punto de que IPSOS nos presenta un congreso cuasi monoideológico y con apenas cuatro fuerzas representadas, mientras que con la muestra de CPI podría esperarse un parlamento con posibilidades de abarcar todo el espectro ideológico, en otras palabras, más representativo.

Esto último molestará a algunos. Hace rato que no estamos en tiempos de democracia, sino de imposición. El cambio de reglas electorales así nos lo muestra y se hace más palpable cuando estamos a punto de aplicar sus múltiples modificaciones a la medida de ciertos grupos de interés muy precisos.

No, no estoy apoyando a la izquierda al escribir estas líneas. Lo que pasa es que en estos tiempos de polarización no se le entiende a alguien que habla con criterios y valores del siglo XX. Hace poco escuché una conferencia de Luis Bedoya de hace 40 años, referente ineludible de la derecha peruana durante más de medio siglo. Si le haces escuchar las palabras del “Tucán” a un desprevenido de la derecha contemporánea lo trataría de caviar, rojete, rábano, entre otros mil epítetos. No era nada de eso: era demócrata y bien liberal, y expresó en su discurso que todos los sectores de la sociedad, y que todas las ideologías, debían tener representación parlamentaria y aprender a alcanzar acuerdos en beneficio del país.

En esa línea apuntamos, esta es la utopía en la que creemos en pleno siglo XXI de Donald Trump e Irene Montero, para mí igual de radicales. Soy, pues, un demócrata vintage, pero además un utopista de la Nación, de la República, de la Democracia, del servicio público bien entendido y del rol del Estado como la conquista del bien común, a través de sus servicios, a favor de la sociedad. No sé si suene boomer, pero a mí me sigue sonando bien.

[EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS]

  1. A pesar de que Chile tenga derecho de reforzar su frontera, ¿crees que este tipo de acciones resienten la relación entre Chile y Perú y reviven tensiones del pasado que nunca sanaron del todo?

Lo primero que quiero señalar es que no creo que José Antonio Kast haya adoptado estas medidas con la deliberada intención de agredir u ofender, de alguna manera, a las naciones peruana y boliviana. Su campaña electoral tuvo entre sus ejes centrales solucionar el tema de la migración venezolana que, con justicia o no, incomoda a la mayoría de chilenos. De hecho, este podría ser el gran diferencial que explica su victoria electoral del 14 de diciembre pasado.

Por otro lado, las políticas de los estados presentan consecuencias colaterales y la construcción de muros para, finalmente, separarse o alejarse del Perú y Bolivia no coadyuva a una política del acercamiento y la integración. La razón de un muro siempre ha sido separar algún compartimento de otro, y esta no es la excepción. Este es el mensaje que transmite Chile sea o no la intención de su flamante presidente José Antonio Kast.

  1. ¿La colocación de vallas puede generar problemas con respecto a la demarcación de límites en zonas como el denominado «triángulo terrestre»?

Podría, dependerá de la buena intención y el sentido común del gobierno chileno. Desde que quedó pendiente la cuestión del Triángulo Terrestre ambos gobiernos han optado por dejar el tema reposar. Estas políticas también constituyen parte de la diplomacia, se trata de un territorio menor pero que podría abrir un frente de confrontación bilateral entre dos países que todavía ponderan sus diferencias desde miradas muy nacionalistas y que, de hecho, remiten también a algunas voces que nos vienes del pasado como diría Philippe Joutard.

Si el gobierno chileno optase por cercar para sí dicho triángulo se abriría un frente de conflicto internacional entre los dos países. Sin embargo, existe una solución a la mano, pues tanto el  Perú como Chile pueden solicitar a la Corte Internacional de Justicia de la Haya que defina o explique ese aspecto de su fallo. De este modo cerraríamos el tema definitivamente. Es absurdo tener un pendiente territorial entre el Perú y Chile a estas alturas, estamos para mejores cosas.

  1. En varias ocasiones has dicho que Perú y Chile necesitan «una reconciliación». ¿Crees que eso aún está pendiente? ¿Estamos más lejos que en otras épocas de que esa reconciliación pueda hacerse efectiva?

Estamos lejísimos. Permíteme explicarte un poco las cosas. Los nacionalismos chileno y peruano son distintos. El chileno está muy bien articulado, responde al orden de su Estado y a la calidad de su clase política. El peruano es más espontáneo, pero también más primario y adjetivo. Desde esas premisas, esperar que las partes ingresen a un proceso de reconciliación binacional –que no implica que Chile le pida perdón al Perú y punto, como muchos creen- es casi imposible.

Luego, si gobiernos progresistas como el de Gabriel Boric no se lo han planteado, menos lo hará un gobierno conservador con toques nacionalistas como el de José Antonio Kast. Y el lado peruano no está mejor: su clase política no tiene la consistencia suficiente para siquiera plantearse el tema: gritarían “que devuelvan el Huáscar”, en el mejor o el peor de los casos.

Así que tras 20 años de trabajar la posibilidad de efectuar un proceso formal de reconciliación histórica entre el Perú y Chile, relativa a la Guerra del Pacífico (1879-188) debo confesar que solo me he llenado de escepticismo.

  1. El presidente de Perú, José María Balcázar, ha advertido que las vallas en la frontera no sean «un nuevo muro de Berlín». ¿Crees que este tipo de acciones pueden generar tensiones o divisiones entre la población de Tacna y Arica? ¿Sería mejor que ambas ciudades tuvieran alguna especie de régimen «binacional» como sucede en algunas otras fronteras del mundo?

En este caso suscribo al presidente José María Balcázar. Es curioso, cuando cayó el muro de Berlín en 1989 pensábamos que la época de los muros y de los telones de acero que separaban a los seres humanos había terminado. Sin embargo, tres décadas después Donald Trump inició la construcción de un muro al borde de río Grande para detener la migración mexicana y la idea de Kast me aterra porque podría implicar que cunda el ejemplo y volver a un mundo lleno de muros que nos separen.

En la Edad Media, eran los muros y torres de los castillos; durante la Guerra Fría, además del muro de Berlín, fueron las fronteras castrensemente custodiadas para evitar que personas que buscaban cambiar su situación, elijan donde vivir, creo que la idea de separarnos por muros la deberíamos superar definitivamente.

Cierro con esta idea, veo a José Antonio Kast más interesado en acercarse a Donald Trump y resolver sus temas migratorios que en indisponerse con el Perú y Chile. Pero entre países con tanta sensibilidad histórica vinculada al pasado común, lo segundo es casi inevitable. Queda por ver, sin embargo, con qué políticas Kast piensa acercarse a Perú y Bolivia por otras vías. Si queremos algo de reconciliación, no interrumpamos el diálogo, más de lo que podría interrumpirlo el susodicho muro.

El Link de la nota en Sputnik

https://noticiaslatam.lat/20260319/un-muro-de-chile-en-la-frontera-con-peru-podria-reabrir-viejas-disputas-advierten-analistas-1172625417.html

 

[EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS] Pocos libros me inspiraron tanto como Más Allá del Estado Nacional, de Jürgen Habermas, publicado en 1998. La democracia, los derechos del hombre, los fundamentales, por fin habían triunfado en el planeta. Por fin los nacionalismos y las ideologías totalitarias no reclamarían más su cuota de sangre al ciudadano, por la patria, por el centímetro de territorio que se defiende con la vida, por la lucha contra el adversario  nacional o ideológico.

Más allá del Estado Nación fue una interpretación del nuevo paradigma emergente, menos superficial, más filosófica y, básicamente, más humanista que la de Francis Fukuyama en su El fin de la Historia (1992), estridente y fantasiosa apología neoliberal.

Inevitablemente, el elemento utópico estaba presente en la obra de Habermas, como lo está en toda obra que analiza, no solo el presente sino un periodo de transición. Lo cierto es que el mundo de la igualdad, y de los derechos fundamentales, anunciado en 1948 por la Declaración Universal de los Derechos Humanos nunca llegó.

La década milenio fue de absoluta incertidumbre, la de los diez marcó otro tránsito, de polos ideológicos signados por una mirada estructural, comunismo vs. capitalismo, por otra con énfasis en la impronta cultural, magas vs wokes, y en este escenario nos encontramos hasta hoy.

La segunda gestión presidencial de Donald Trump complica aún más las cosas.  Si el orden jurídico internacional instaurado en 1945, léase la ONU y adláteres, pocas veces se impuso a las apetencias de las grandes potencias, el mandatario americano ha decretado, en los hechos, el fin de dicho orden, y el inicio de otro caracterizado por la Real Politik, por el poder del más fuerte, de otro análogo a los que antecedieron, en el siglo XX, a las dos grandes guerras mundiales.

Pero por todo lo dicho, la utopía incumplida de Habermas parece comenzar a abrirse paso en nuestro indecible presente que tanto nos acongoja con incertidumbres de guerra, con violencia, con la prevalencia sin atenuantes del más fuerte. La república, la democracia, ya no constituyen más el régimen dominante a nivel global, el orden político que regula, en su interior, la lucha por el poder, pero retorna convertido  en Tercera Vía. Y comienza a hacerlo desde izquierdas democráticas que vuelven a percibir el compromiso social, ante las grandes carencias materiales ciudadanas, como la primera de las agendas en una lucha por reinstaurar la vigencia de los derechos fundamentales.

Veamos un momento al Perú, finalmente. Menos de un mes nos separa de las justas electorales del 12 de abril. Existen, enhorabuena y en medio del infernal zumbido de la corrupción, apuestas por la recuperación del Estado, arrebatándoselo a las coaliciones de mafias que se han apoderado de él, lo que limita sensiblemente su capacidad de servicio al ciudadano.

Pero el Perú es también identitario: lo demostró el inesperado triunfo de Pedro Castillo en 2021, de pésima gestión y debemos señalarlo, muy aparte de muchas otras consideraciones. Pero Pedro Castillo fue presidente porque representó el grito secular de los desposeídos, un grito que entona notas étnicas y socioculturales, porque, mal que a algunos les pese que esto se diga, en el Perú aún existen millones de ciudadanos que estarían en una situación igual o muy parecida si diésemos un salto en el tiempo y nos situásemos a fines del siglo XIX, y aún si diésemos otro salto y nos situásemos en la era colonial.

Miremos pues al Perú serrano rural y al Perú amazónico, y exijamos del Estado peruano, en primer lugar, el perdón por su secular abandono, y que implica inclusión y reconocimiento, así como sus servicios, en el más alto nivel, en el que se merecen todos los ciudadanos nacidos en el país.

Jürgen Habermas sobrevivió la Alemania Nazi, vio alzarse y derrumbarse el muro de Berlín, fue espectador privilegiado del principio y el fin de la Guerra Fría. Lo que no vivió Habermas fue al Perú y sus complejidades. En el Perú, la democracia no se entiende sin reconocimiento, inclusión y justicia social. Téngalo presente quienes sueñan con la Promesa Peruana de Basadre y la Utopía Republicana de Carmen Mc Evoy.

En la imagen, IA de Jürgen Habermas en los andes peruanos junto a mujer andina.

[EL CORAZON DE LAS TINIEBLAS] La segunda vuelta en nuestras próximas elecciones parece de pronóstico reservado en virtud del excesivo número de candidatos a la presidencia de la República, 36 en total, y unas encuestas que nos dicen que a estos les resultará muy complicado pasar el 5% de las preferencias ciudadanas, es decir, la valla electoral.

En un mundo paralelo, o escenario distópico, podría inclusive suceder que ningún candidato pase la valla con lo cual ¿las justas tendrían que repetirse? o podría ser que solo uno lo haga, de suerte que este ganaría en primera vuelta, no por obtener la mitad + 1 de los votos, sino por falta de otro contrincante capaz de obtener más del 5%. Y en el Congreso, si solo dos o uno pasaran la valla electoral, ingresaríamos a un esquema bipartidista o, lo que es peor,  a una telúrica dictadura de partido único.

Pero imaginémonos que estos escenarios, que no son ni tan fantasiosos, ni tan inverosímiles, no se produzcan y que dos o más candidatos pasen la valla, con lo cual accederíamos a una segunda vuelta tradicional. Es decir, el primero vs el segundo bajo formas similares a las de los últimos procesos electorales. En este caso, se nos presentan solo 3 escenarios posibles:

  1. Una segunda vuelta entre dos candidatos de derecha, como podrían serlo Rafael López Aliaga y Keiko Fujimori:

Esta situación dejaría en ascuas a la ¿mayoría? de peruanos alineados con el HT Por estos no, y que quisiera un cambio radical, léase de clase política, en el gobierno del Estado. La figura señalada, supondría la continuidad de la actual alianza gobernante que se gesta más desde el Congreso que desde el poder Ejecutivo.

  1. Una segunda vuelta entre candidatos que no son de derecha y que abarcan desde la extrema-izquierda hasta el centro:

Conforme a las encuestas,  esta posibilidad se nos muestra bastante más remota que la primera. En realidad, solo un candidato de este espectro del electorado ha asomado en los muestreos de opinión y es Alfonso López Chau, y su novedosa Ahora Nación. Su partido está realizando  mítines en diversas plazas del Perú, donde ha podido apreciarse un entusiasta apoyo ciudadano a su candidatura, aunque sin alcanzar las multitudes de las campañas electorales de antaño. Pero en el Perú nada está dicho, la meteórica aparición de un contrincante para López Chau, que yo vislumbraría más en la izquierda radical que en el centro, podría cambiar el panorama.

  1. Una segunda vuelta entre un candidato de derecha frente a otro de centro o centro-izquierda:

En este caso, la candidatura de derecha buscará llevar la discusión a la batalla cultural: contra el aborto, el matrimonio LGTBI+, reivindicar las consignas de “con mis hijos no te metas” y la libertad de los padres a escoger qué educación sexual elegir para sus vástagos. La apuesta derechista-conservadora por esta agenda se explica en la percepción de que la mayoría de peruanos, inclusive entre muchos de los que se auto perciben como izquierdistas, responde a un histórico pensamiento conservador y que, es probable, no apruebe ninguna de estas políticas progresistas, las que intentará achacarle al contrario.

Cuestiones como el aborto libre o el matrimonio LGTBI+ definirán el voto de millones de peruanos en la segunda vuelta. En 2021 pudimos apreciar claramente una corrida electoral desde Verónica Mendoza hacia Pedro Castillo debido a que la primera hizo suyas las agendas culturales del progresismo. Una opción de izquierda que pretenda seriamente llegar al poder debe tener en cuenta estas variables.

Por su parte, la candidatura de Centro Izquierda buscará llevar la discusión hacia la dicotomía honestidad vs corrupción, y acusará a su contrincante derechista de formar parte, en el actual Congreso, del denominado pacto mafioso que gran parte de los peruanos identifica como responsable de nuestras crisis política, económica, social y de seguridad. De hecho, los responsabilizará de las leyes cuyos detractores denominan procrimen por recortar facultades a la lucha contra la delincuencia y la corrupción. Este parecería ser el caso de la ley 32108 que excluye de las organizaciones criminales a la extorción, la corrupción y la trata de personas.

Además, los últimos años, varios líderes de izquierda como el actual alcalde de New York, Zohran Mamdani, han volteado de nuevo la mirada hacia la agenda social -el acceso a los servicios públicos del ciudadano de a pie- y han logrado éxitos notables, marcando así una línea que la izquierda puede  retomar si lo que busca es reposicionarse y plantarle cara a este mundo conservador en el que campea Donald Trump.

Palabras finales

Por supuesto que nada es tan simple, ni tan complejo tampoco. En todos los casos, la discusión de cómo los partidos y sus candidatos piensan solucionar los problemas más urgentes de la vida cotidiana, se suman a las agendas que hemos señalado. Conectar con la gente supone conectar y conocer primero cuáles son sus verdaderas y más básicas necesidades, más allá de lo que se discute en la superficie ideológica del debate electoral.

Veremos entonces que pasará, pero el panorama parece más claro de lo que se parecía a simple vista. Tenemos tres opciones para la segunda vuelta. La tercera parece ser la más probable. De ser el caso, cada uno de los dos candidatos contrincantes buscará llevar el debate hacia temáticas que favorezcan sus aspiraciones. Será una guerra de narrativas: el triunfo del Perú conservador frente a la agenda progresista o el triunfo de la agenda  anticorrupción que ofrece recuperar el Estado y ponerlo al servicio de las grandes mayorías ¿cuál será?

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