cumbia

Por su parte, Historia de la cumbia peruana: De la música tropical a la chicha (Instituto de Estudios Peruanos, 2022) es, probablemente, el primer acercamiento que un investigador académico serio hace al proceso de gestación de la cumbia peruana. Si bien es cierto existe una bibliografía muy extensa de artículos, ensayículos y ensayos sobre estas temáticas, dispersos en publicaciones multiautorales, revistas de sociología o medios de comunicación -que el mismo autor se encarga de citar apropiadamente-, este libro de Jesús Cosamalón traza una línea evolutiva que, también en tres décadas, encuentra vasos comunicantes entre sí, con la salsa y hasta con el rock de sus respectivas épocas.

La meticulosidad del historiador para enlazar acontecimientos políticos y económicos con el desarrollo de los hábitos de consumo y gustos populares es muy ilustrativa, aun cuando por momentos se intuye cierta idealización respecto de la influencia, en términos sociales y de construcción de autoestima, de movimientos como los encabezados por las orquestas de Freddy Roland, Carlos Pickling, Rulli Rendo (años sesenta), Los Destellos, Los Pakines, Juaneco y su Combo (años setenta), Los Shapis, Chacalón y la Nueva Crema (años ochenta). Es cierto que estos y otros artistas mencionados en sus páginas tuvieron, en muchos casos, gran éxito masivo en el Perú -y algunos también lo lograron fuera- en cuanto a venta de discos y asistencia multitudinaria a conciertos. Pero, a la luz de lo que vino después del auge de la chicha -que Cosamalón ubica, correctamente, como resultado de un proceso previo y no como creación original de migrantes del campo a la ciudad- es evidente que ese éxito comercial no sirvió para construir una ética de trabajo, con productos de calidad que ofrezcan algo más que el escapismo vacío, de infértil irreverencia y desacato permanente al buen gusto que hoy vemos y oímos.

Los excesos de sublimación en ambas obras no constituyen, en modo alguno, una característica negativa. Por el contrario, esa visión romántica que es, a un tiempo, objetiva y realista pues proviene de datos concretos, vivencias, materiales publicados, hace atractivas a estas publicaciones pues pone ante ojos y oídos de los lectores, un pasado que merece ser reconocido como fundacional de aquellos fallidos intentos por construir una identidad musical nacional, en la que se integraron, en desorden, múltiples fuentes de información, con la finalidad de recuperar esos bríos y, por qué no, reiniciar esa búsqueda a contramano del sistema que busca homogeneizarlo todo.

Si al escuchar canciones como 1ero. de Noviembre, del segundo álbum de Héroe Inocente (El campeón de los campeones, 2005), La sociedad me enferma, del álbum debut; o cumbias como Don José (Los Ribereños, 1969), Viento (Grupo Celeste, 1975), Colegiala (Los Ilusionistas, 1977) o El aguajal (Los Shapis, 1981) -todas incluidas en un listado de QR al final del libro de Cosamalón, para escucharlas en YouTube- no se activa en tu cerebro esa nostalgia capaz de emocionarte con recuerdos entrañables de tu infancia, adolescencia o eterna juventud, significa que la modernidad y sus distracciones te han dejado vacío.

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Ya quedaron atrás los tiempos en que se miraba a la cumbia peruana, en todas sus formas, por encima del hombro. Gesto clasista y vertical que desconocía una tradición emergente y hoy plenamente consolidada, que traía consigo no solo su(s) lenguaje(s) musical(es) sino también el peso de sus relatos sociales, que iban desde la experiencia del migrante hasta la necesidad de construir elementos identitarios (el origen, la tierra, las costumbres).

Dentro del amplio universo que conforma la cumbia peruana, la producida en la región amazónica ocupa un lugar especial. Un primer elemento que puede uno advertir es su sonoridad inconfundible, con ese singular rumor de sicodelia contagiado de trópico. Algunos recordarán a bandas como Los Mirlos, de Moyobamba; o a Juaneco y su Combo, ídolos indiscutibles en Pucallpa. 

La música, que sigue siendo la gran marginada de muchos relatos históricos, tiene felizmente quién le escriba. Y en el caso de la cumbia amazónica, el tesón y la nostalgia de dos periodistas de San Martín, Luis Alberto Vásquez y Alberto Ríos Ramírez (🕆) hizo posible la aparición de Lluvia con sol. Cumbia amazónica, una serie de crónicas que abordan historias y anécdotas de un nutrido grupo de exponentes regionales del género. 

Combinando datos históricos precisos y anécdotas que dan color, Vásquez y Ríos Ramírez tejen, capítulo a capítulo, la biografía de las bandas más destacadas de la región: Siglo XX y Los Triónix, de Rioja; Los Mirlos y Sonido Verde, de Moyobamba; Sonido 2000 y la arrolladora Fresa Juvenil, de Tarapoto; Los Dexters, de Uchiza; Los Yennis, de Sión; Los Invasores, de Progreso, los músicos pioneros de Juaneco y su Combo, de Pucallpa y, finalmente, dos hitos: Los Wemblers y Pax, de Iquitos. 

Un libro gestado en la amistad y en la música; nostalgia y memoria, afirmación de la identidad, tributo a un grupo de artistas que acabaron por forjar una tradición que hoy se ha extendido prácticamente por todo el continente y también un poco más allá. La contratapa del libro tiene código QR, que le permitirá acceder a una lista de canciones mencionadas en los textos a través de Youtube. Mejor imposible. 

Lluvia con sol. Cumbia amazónica. San Martín: Trazos Consultores-Editores, 2021.

 

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Jaime Vásquez, pugnaz editor de Iquitos ha dado vida, en el seno de su editorial Tierra Nueva, a la Serie Río Marañón, colección que tiene como objeto poner en la mesa la obra narrativa de diversos escritores de la región amazónica. La colección, recientemente presentada en la Feria del Libro Ricardo Palma, es una oportunidad para romper el cerco capitalino y mostrar parte de la producción literaria de la región.

La colección lleva ya más de diez títulos, entre ellos algunos muy destacables, como El eterno, volumen de cuentos del poeta pucallpino Jorge Nájar, narraciones exuberantes que dan cuenta de experiencias disímiles: la cotidianidad, la condición migrante, la violencia, la intimidad. Está también Obituario de Melissa Mendieta, una inteligente combinación de elementos provenientes de la crónica y el relato de ficción para abordar el horizonte de la muerte, la pérdida y el proceso del duelo, desde múltiples perspectivas.

Obsesión por Ofelia, del poeta Percy Vílchez, es también parte de esta colección. Se trata de una novela hiperbólica y satírica, llena de personajes desbordados por sus pasiones y marcados por la exageración y ciento tinte melodramático. El fondo de la trama no es menos desopilante: una huelga de espectadores cinematográficos en Iquitos, que terminó con varias salas en llamas. A eso se suma el enamoramiento hasta el delirio de Orestes Bardales, quien convierte a la actriz Ofelia Montesco (nombre artístico de Ofelia Grabowski Edery, loretana radicada en México, donde hizo carrera en el cine) en la primera y última de sus obsesiones.

Hay muchos títulos más, entre ellos Especies secretas, de Gerald Rodríguez Noriega; El escritor infame, de Werner Bartra Padilla¸ Tierra de orates, de Patrick Pareja Flores o Relatos de caucho y oscuridad, del conocido escritor y gestor cultural Paco Bardales. Ojalá otras propuestas editoriales se sumen al esfuerzo de Tierra Nueva y su Serie Río Marañón. Vale la pena. 

 

Vilchez - Melissa

 

Lluvia con el sol

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amazonía, cumbia
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