muerte de Abimael Guzmán

Abimael o Guzmán debían ser más consensuales, pero desde el modo de llamarlos ya constituyen dos sujetos distintos. Debían ser consensuales porque agredieron a nuestra sociedad como nadie lo había hecho antes, e iniciaron, ellos solos, una guerra que duró más de una década y que nos costó 70 mil vidas humanas. 

Es cierto que hay causas estructurales como reza la CVR para que estos dos sujetos, que en sustancia son uno solo, armasen la grande en el Perú, pero pongamos las cosas en contexto. En 1980 recuperamos la democracia luego de 12 años de dictadura militar, y salimos de un fallido proceso de reformas radicales. A ello hay que añadirle la herencia de una inmensa e impagable deuda externa, esto es crisis económica, que toda América Latina había adquirido la década anterior desde que a los países de la OPEP, en 1973, se les ocurrió embargar el petróleo multiplicando cuatro veces su valor en pocas semanas. Por si fuera poco, el Perú atravesaba un vertiginoso cambio demográfico y una masiva migración del campo a la ciudad que el Estado, así, empobrecido como se encontraba, no estaba en capacidad de atender. 

El dato, en el que nadie repara, Constitución del 79 en mano, es que por primera vez en nuestra historia republicana teníamos algo parecido a una democracia gobernando el país, solo que a ese par de señores, que en realidad conforman una sola sustancia, no se les vino en gana regalarnos la oportunidad de construirla y lo petardearon todo, comenzando por la esperanza. ¿Y después vienen mis colegas a llamarla década pérdida?, podrá ser latinoamericano el mote, pero en el Perú se trata de una década petardeada por el terrorismo ¿por qué no llamar las cosas por su nombre?  

Y hablando de eso, los que me conocen saben lo lejos que estoy de la DBA, pero ¿por qué no puedo llamarle terrorismo al terrorismo? ¿cómo? ¿porque no incluye a las fuerzas armadas? ¿y porque tendría que ponerlas al mismo nivel que las bandas subversivas? Sé que las FFAA violaron derechos humanos, no hablo de errores o excesos, designo las cosas por su nombre, pero no por eso voy a caer en el maniqueísmo de plantear una guerra entre dos bandos en condiciones de igualdad, cuando de lo que debo hablar es de una sociedad atacada por bandas terroristas; a su turno, las FFAA deberán responder por sus crímenes, eso nadie lo discute, en todo caso, yo no lo discuto. 

Así veo las cosas y no voy a plantearlas de otra manera.  Y por favor que no me aplaudan las cruces de Borgoña, cuya mirada racialista del país, ya cumplido el Bicentenario de esta paradoja que llamamos república, contraviene, una vez más, el reloj de nuestro telúrico proceso histórico. ¿Velasco no les hizo comprender la sustancia del Perú? ¿Haría falta más o ya podemos sentarnos a construir un proyecto inclusivo para el país?

Termino hablando de la reconciliación que debe darse entre dos bandos, sí: las Fuerzas Armadas y los sectores sociales que fueron dañados por ellas. A este nivel, los voceros de aquellas deben tener la humildad (que hasta ahora no asoma) para reconocer que allí hay un gran trabajo por delante, desde dentro de las instituciones castrenses y proyectado hacia la sociedad. Pero ni Sendero, ni el MRTA tienen asiento en esta cena de paz.

Los dos sujetos, Abimael y Guzmán, han partido, junto a su única sustancia, la que debe esparcirse en sus cenizas, por los confines más remotos del planeta. Dudar en este punto es acuchillar, una vez más, la vieja herida que tanto le duele a nuestra sociedad y que aún no cicatriza.  

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Abimael Guzmán, fuerzas armadas, MRTA, muerte de Abimael Guzmán, sendero luminoso

Si la captura de Guzmán por parte del GEIN supuso el desmoronamiento del PCP-SL y el final de su guerra cruenta, la muerte debería significar la extinción definitiva de SL como actor de la política peruana,

La noche quedó atrás

La historia de terror y violencia política, como tal, quedó en siglo XX. Lo que hubo luego, fueron actividades de su remanente, frente generado MOVADEF, continuidad política cierto, pero claramente limitado a la memoria selectiva, la apología insensata y, en sus términos, a “resolver los problemas derivados de la guerra”, es decir a la liberación de sus presos vía una amnistía general. Algo que ningún actor político y la sociedad estaría dispuesto a aceptar.  Aquí obviamente excluimos al Sendero narcotizado que opera en el VRAEM que, como se sabe, rompió con Guzmán a fines de los 90, que por su naturaleza merece otro tratamiento.

Memoria histérica

Recientemente, en el marco de una disputa electoral hiperpolarizada, atizada además por la pandemia y de la mano del guión trumpista, se generó una histeria colectiva de dimensiones inéditas en nuestra historia. Ni en la época cuando existía una poderosa Izquierda Unida, el MRTA, Sindicatos fuertes, la URSS y Sendero Luminoso (quien odiaba con profundo odio de clase a todos los anteriores), hubo tamaño anticomunismo. Ni el cruzado Mario Vargas LLosa del 87-90 llego a tanto. 

Este clima, como señalaba Lilian Hellman en “tiempos de canallas” -cuando denunciaba “la caza de brujas Hollywood de los años 50-, busca producir una cultura paranoica de la sospecha, autocensura e inhibición política, además de proteger determinados intereses económicos específicos (en el caso norteamericano se trataba de “arrasar el new deal de Roosvelt”). 

Es por ahí donde encontramos la explicación de un fenómeno que ha marcado y distorsionado la política en nuestra democracia del siglo XXI: agitar la anti subversión cuando no hay subversión, el terruqueo cuando no hay terrorismo y, añadiría, el anticomunismo cuando no hay comunismo (comunismo el de mis tiempos!). De este paquete, el terruqueo es el que ha funcionado de manera más sistemática y sistémica para desactivar movilizaciones sociales, bloquear una agenda distributiva y liderazgos sociales y políticos. Fue un mecanismo casi perfecto para blindar un régimen político-económico incapaz de reformarse y de abrirse a legitimas demandas sociales. Pero como se sabe, lo reprimido emerge de maneras inesperadas y no precisamente en su mejor versión, y eso lo podemos ver hoy.

Creepshow. 

En ese marco, no causa mucha sorpresa que casi todos los medios limeños y sectores políticos -y no solo la llamada DBA- partan de un supuesto donde, actualmente y en las dos últimas décadas, hubieran actos, hechos políticos violentistas o terroristas. También esa es la base desde donde sale el tratamiento –con el forzado tono grave de la música de los programas dominicales- de atribuirle simpatías, alianzas, o incluso filiación senderista, sin contrastarlo con  orientaciones o políticas que puedan siquiera ser cercanas al prosenderismo. Todo ello, por supuesto, al margen que el actual ministro en cuestión tenga que aclarar sobre su pasado.

Tal vez el caso más extremo de la instrumentaliza paradójica de SL que hacen estos sectores, fue el titular de un diario limeño (Expreso), donde dice que “Sendero sigue vivo”,  algo que fácilmente podría ser suscrito por cualquier senderista. Acabamos de ver también como pasan del relato conspiranoico del fraude a la sospecha de conspiración del  gobierno, la INPE, la Fiscalía, y la propia Marina de Guerra!, exigiéndoles mostrar el cadáver de Guzmán, cuando es justamente esa  imagen la que buscan sus seguidores para que sea objeto de culto.

La mano derecha de la oscuridad

Digámoslo con claridad, el principal interesado en mantener la supuesta amenaza senderista,  ha sido y es una derecha que hoy no quiere reconocer su derrota y/o que  no acepta que las condiciones para gobernar el país han cambiado de manera sustancial. 

Ciertamente, no se debe permitir que los restos de Guzmán se conviertan en centros de peregrinación y homenaje, más aun considerando la naturaleza mesiánica de su liderazgo para sus seguidores. Pero para eso el Estado cuenta con amplios recursos legales y políticos que garanticen que no haya afrentas a la memoria de las víctimas del terror. No se necesita para ello coquetear con la barbarie. El Presidente, arrinconado en este, como en otros temas, decidió no decidir y terminó firmando la ley que permite la cremación de sus restos. Pero el tema aquí no es que Guzmán siga preso en una urna, ya que su culto a la personalidad post mortem puede expresarse de varias otras formas. El tema es que, el show morboso que se montó, expresaba una inseguridad y un miedo que no guarda relación ni con el tiempo histórico ni con los peligros reales del senderismo actual. 

Por ello, si hay un peligro real para la democracia no está en los fantasmas derridianos, ni en algún retorno senderista. Con un gobierno entrampado, sin consistencia táctica y estratégica para avanzar en lo que se ha propuesto (0 comunismo), está latente una salida autoritaria, amenaza real de la ultraderecha que ya ensayó usurpar el poder en noviembre del año pasado. Su soporte es una creciente agresiva narrativa Trumpista, Bolsonarista (Mileinarista?), con apoyo mediático y empresarial, que activa resortes que vienen de lo más reaccionario y oscuro de la sociedad peruana, algo que –otra paradoja- también hacía el senderismo. 

 

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muerte de Abimael Guzmán, prosenderismo, Terrorismo

Todos los días, de lunes a viernes, Alexandra Ames, David Rivera y Paolo Benza discuten los temas más importantes del día por Debate. En nuestro episodio número 220: El gabinete no quiere decidir qué hacer con restos de Abimael Guzmán. La Resistencia amedrenta periodistas. Y un fallecido en Oeschle.

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Avelino Guillén, Gabinete Bellido, Guido bellido, muerte de Abimael Guzmán

Tomo prestado el título de la perturbadora novela de Enrique Congrains para referir que la muerte del peor asesino y criminal que ha nacido en nuestras tierras, Abimael Guzmán Reynoso, significa la oportunidad de recordar a todos aquellos peruanos, que por causa suya, no tuvieron la oportunidad de una muerte signada por la longevidad y apacibilidad como la de él. La vida de más de 70 mil peruanos fue cegada de las maneras más crueles que se puedan concebir. Miles de huérfanos, viudas y viudos, de padres que perdieron a sus hijos, destrucción y horror son el legado que nos ha dejado Guzmán.

Sendero Luminoso, la organización criminal más nefasta de nuestra historia, fue, a lo más, el remedo de un partido político. Se constituyó más bien, en un arma de muerte y destrucción insana con el pretexto de prometer u cambio revolucionario. No puede llamarse política a ninguna agrupación que renuncie al diálogo, el convencimiento, el debate y el consenso en medio de nuestras diferencias. Sendero Luminoso ha sido el causante del envilecimiento material y espiritual que hoy vivimos. Fujimori y Montesinos son su más palpable herencia, ellos no podrían explicarse sin la tragedia que significó para el país la década del horror. Son, como Jano, las dos caras de la misma moneda.

Recuerdo bien cuando en el 2006 me tocó acompañar a las audiencias del juicio que se siguió a Guzmán e la base naval a la valiente, honesta y muy correcta fiscal Luz del Carmen Ibáñez Carranza, quien logró que se lo condene a cadena perpetua, mientras algunos jueces timoratos declaraban que no creían en la pena máxima viéndose presionados a condenarlo de manera perpetua por el ímpetu de una mujer que no le tenía miedo a la amenaza destemplada de las huestes del terror. 

Yo pensé encontrarme con un monstruo y lo que vi fue a un anciano anodino, tembloroso, preocupado por sus beneficios carcelarios. Es decir, al cobarde que siempre fue. Entonces me pregunté cómo alguien de tan poca monta fue capaz de hacernos tanto daño. La respuesta que hasta ahora me ronda es que ayer como hoy nuestro principal enemigo es la pobreza, la ignorancia y la profunda desigualdad que vivimos. Ese es el caldo de cultivo que dio origen a uno de los grupos criminales más salvajes del mundo. Esta muerte debería llevarnos a pensar en que esas condiciones aún no han sido remontadas y por tanto debemos estar prevenidos para que la historia no se vuelva a repetir.

Pero, la muerte del asesino también significa el triunfo de la democracia y la ley. Abimael Guzmán tuvo lo que le negó a tantos miles de peruanos. Un juicio justo, el respeto irrestricto de sus derechos y hasta una captura absolutamente limpia y legal. Es justo reconocer que en las postrimerías del primer gobierno aprista, Agustín Mantilla, comprendió que sólo la inteligencia vencería a la barbarie y tuvo la visión de conformar el GEIN, al mando de Benedito Jiménez y Marco Miyashiro, que dos años después lograron lo que parecía imposible, la captura del peor enemigo del Perú.

Ahora que ha muerto vuelven los fantasmas del odio. Es perfectamente entendible por todo el daño y dolor que causó. Los que pasamos nuestra infancia en medio de las bombas y apagones, escuchando como un mantra que no debíamos pasar cerca de un banco, comisaria o un auto viejo, aquellos que jugábamos a policías y terroristas. Los que crecimos en medio de una guerra irracional como todas las guerras, pero con la diferencia que está era entre nosotros. Digo, los de mi generación vivimos el horror, que de ninguna manera se compara con lo que pudieron sufrir nuestros hermanos de Lucanamarca, Soros, Cayara y la larga lista de masacres que se sucedieron, y por eso se hace tan difícil procesar todo ese dolor que aún está a flor de piel en nuestro país.

Por eso, se comprenden todas las manifestaciones de frustración, odio, furia y desazón que nos causa la muerte de un irredento. Pero, a su vez, nos toca, una vez más, ponernos por encima de todo ello. A la ideología del odio nos toca contraponer el mensaje del amor, a la muerte enfrentarnos con la vida, a la división con la unión. Que en la hora de su muerte Guzmán no nos gane la guerra que perdió en vida. Por ello, debemos hacer el esfuerzo supremo del perdón.

Hanna Arendt nos enseña que “el perdón (ciertamente una de las más grandes capacidades humanas y quizás la más audaz de las acciones en la medida en que intenta lo aparentemente imposible, deshacer lo que ha sido hecho, y logra dar lugar a un nuevo comienzo allí donde todo parecía haber concluido) es una acción única que culmina en un acto único.” Este es el sentido político que cumple el perdón, la posibilidad de dejar atrás lo que nos dañó para así poder seguir construyendo juntos en medio de nuestra pluralidad. Es un remedio contra la irreversibilidad e impredecibilidad del actuar humano.

Pero, el perdón no puede ni debe ser identificado con el olvido debido a que el perdón, en la medida en que pretende hacer reversible las consecuencias de nuestras acciones, deshacer, corregir lo que ha salido mal, precisa de la memoria y de la justicia. Que esta muerte nos recuerde el sacrificio de tantos miles de hombres y mujeres a quienes el Estado aún debe reparaciones, que nos sirva para iniciar el camino de reconciliación y misericordia. El amor nos exige sacrificio y ese es el llamado al perdón, a no ser como aquellos a los que criticamos, a colocarnos por encima de nuestras emociones para juntos construir el país que todos queremos. Se trata de la exigencia última de decirle al asesino que a pesar que él no quiso compartir el mundo con nosotros, nosotros si fuimos capaces de juzgarlo, condenarlo, respetar su vida y mostrar nuestra magnanimidad en su muerte. Esa es nuestra mayor victoria, la de la civilización sobre la barbarie.

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Todos los días de lunes a viernes «Si el Río suena» con Patricia del Río, entrevistas exclusivas. Este es nuestro episodio número 8.  El abogado César Azabache aseguró que el gobierno peruano debe tener una respuesta sólida antes que una apresurada para definir qué pasará con los restos de Abimael Guzmán, ya que debe contemplar que este caso llegue a instancias internacionales. Además indicó que debido a que el cuerpo aún se encuentra en la morgue no es necesario pedir que la norma sea retroactiva.

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