[INFORME] Un impactante informe de la Contraloría, al que tuvo acceso Sudaca, expuso las preocupantes condiciones en que se encuentra la histórica Gran Biblioteca Pública de Lima. El documento advierte que existe un riesgo alto de colapso e incendio, pero también señala que el lugar continuó recibiendo al público pese a no contar con la certificación adecuada.

Durante décadas, el patrimonio cultural de la historia peruana permaneció resguardado tras los muros de lo que actualmente se conoce como la Gran Biblioteca Pública de Lima. La edificación ubicada en la avenida Abancay albergó piezas fundamentales para conocer el pasado del Perú.

Con la llegada del nuevo milenio, la Biblioteca Nacional del Perú encontró una nueva casa en un moderno local ubicado en el distrito de San Borja. Pero, por supuesto, esta mudanza no debía significar que la antigua sede quede olvidada y por ello fue declarada como monumento histórico para que continúe formando parte de la vida cultural de los peruanos.

Sin embargo, el presente de este emblemático lugar dista mucho de lo que se esperaría para un edificio cargado de historia. Sudaca pudo acceder a un revelador documento de la Contraloría General de la República que expone alarmantes detalles sobre el presente de la Gran Biblioteca Pública de Lima.

RECETA PARA EL DESASTRE

Durante las últimas semanas, la Gran Biblioteca Pública de Lima recibió una serie de visitas con el objetivo de inspeccionar el estado de esta histórica sede y lo que se encontró fue un panorama por demás preocupante que no sólo pone en riesgo la preservación del lugar sino que supone un grave peligro para quienes trabajan y asisten a eventos en este inmueble.

Cuando se llevó a cabo la visita de los integrantes del Órgano de Control Institucional, unidad dependiente de la Contraloría, quedaron en evidencia numerosos descuidos por parte de quienes debían preservar una edificación considerada monumento histórico. Uno de los hallazgos más impactantes estaba relacionado con las instalaciones eléctricas.

Acorde a la información que pudo revisar este medio, la inspección que tuvo lugar a inicios del mes de septiembre encontró circuitos con cableado con instalación precaria y que tampoco contaban con la protección adecuada. A ello se le sumó que, tal como lo exponen en el siguiente párrafo extraído del informe presentado a Contraloría, “no se estaría realizando el mantenimiento oportuno y apropiado”.

El panorama es todavía más desalentador si se tiene en cuenta que, además una evidente precariedad en las instalaciones eléctricas, la Gran Biblioteca Pública de Lima no estaría correctamente preparada para afrontar un incendio. Según la inspección del local, este histórico edificio no cuenta con un sistema de protección contra incendios en la totalidad del lugar.

Pero esta receta para el desastre siguió sumando ingredientes debido a que el Órgano de Control Institucional también pudo evidenciar que, a excepción de uno de los edificios que componen la Gran Biblioteca Pública, los otros ambientes no cuentan con un sistema que permita advertir a tiempo el riesgo de un incendio.

Otros de los impactantes hallazgos dan cuenta de rajaduras en la infraestructura, ausencia de rutas de evacuación y luces de emergencia que no funcionan. La suma de estas deplorables condiciones, que advierten un riesgo alto de colapso y muy alto en el caso de incendios, han llevado a que, como se lee en el siguiente texto, la Gran Biblioteca Pública de Lima no cuente con el certificado de Inspección Técnica de Seguridad de Edificaciones (ITSE), aunque esto no le importó a quienes están encargados de su administración y continuaron realizando eventos en este lugar.

¿QUIÉN SE HACE CARGO?

Por supuesto, este preocupante presente que amenaza el legado cultural del país y expone a un riesgo innecesario a trabajadores y visitantes tiene un responsable. Quien aparece en la siguiente imagen es Juan Yangali Quintanilla, el actual jefe institucional de la Biblioteca Nacional del Perú y sobre quien cae la responsabilidad de administrar la Gran Biblioteca Pública de Lima.

Cabe señalar que Yangali Quintanilla no es un personaje ajeno a las polémicas. Durante el gobierno de Dina Boluarte, el actual jefe institucional de la Biblioteca Nacional recibió diferentes designaciones que fueron criticadas y vinculadas a su cercanía con la expresidenta y su hermano Nicanor Boluarte.

Su llegada a la Biblioteca Nacional estuvo acompañada de un fuerte repudio, como el de la Asociación de Bibliotecólogos del Perú, debido a su inexperiencia en el rubro y falta de credenciales para dicho puesto. No obstante, pese a los cambios de gobierno, Yangali ha logrado, inexplicablemente, mantenerse inamovible.

Las nuevas autoridades, más precisamente el ministro Alberto Beingolea, tienen en sus manos la responsabilidad de cambiar el destino de la Gran Biblioteca Pública y también de la propia Biblioteca Nacional del Perú que, hasta la fecha, parece haber sido vista como un botín para repartir entre los políticos de turno.

«A los lectores: Pueden acceder al video de cada canción o artista mencionados en los artículos para verlos en YouTube»

[Música Maestro] Como siempre decimos y es necesario repetir hasta el cansancio, en nuestro país las expresiones sonoras regionales han estado marcadas por el aislamiento y la discriminación, en un permanente segundo plano frente a la música criolla producida básicamente en Lima y, por extensión, en la costa norte -marineras, tonderos en Trujillo, Piura- y una porción de la costa sur -festejos y demás variantes afroperuanas en el sur de Lima e Ica. Esta situación ayudó a forjar escenas locales de música folklórica robustas y brillantes en sus calles, plazas y festividades pero desconocidas, invisibles e incluso despreciadas por el público capitalino.

Entre ellas, la música producida en Arequipa se mostró siempre como una de las principales portadoras de ese mensaje de orgullo, patriotismo e identidad que solo hoy, con el auge de la llamada “inclusión social”, encuentran muy reducidos espacios de reconocimiento por los cuales deben seguir batallando para no caer en el olvido de una oficialidad oportunista e inculta, pero además insensible y discriminadora.

Mariano Melgar: Poesía, yaravíes y heroísmo

Como ocurrió en toda la costa y sierra durante la época colonial, la música que se componía y tocaba en Arequipa también tuvo influencia del barroco español. Por otro lado, en las zonas altoandinas de la tierra del Misti resonaban los harawis (palabra quechua que significa “poemas”), tonadas melancólicas y románticas derivadas de la combinación de elementos de música inca y española que fueron extendiéndose por toda la sierra hasta el Ecuador.

Mariano Melgar Valdivieso (1790-1815), un joven instruido en múltiples lenguas, amante de la literatura clásica europea e idealista con la mirada puesta en la libertad de nuestro país, se convirtió en una importante figura de la poesía peruana, escribiendo fervientes versos de amor y desconsuelo que dedicó a su amada Silvia, que en realidad se llamaba María Santos Corrales, de quien se enamoró a los 13 años.

Melgar es considerado el padre del yaraví arequipeño, a pesar de que él mismo llamaba “canciones” a sus poesías sin música. Sin embargo, como la estructura métrica de los versos melgarinos estaba inspirada en aquellos yaravíes que había escuchado en su adolescencia, terminaron adoptando ese nombre. Aun cuando no hay registro de que el mismo Mariano Melgar haya cantado alguna de sus composiciones, estas comenzaron a grabarse en los albores del siglo XX, gracias a las recopilaciones y adaptaciones de diversos músicos como Benigno Ballón Farfán (1892-1957) y Luis Duncker Lavalle (1874-1922).

La vida de Mariano Melgar fue corta e intensa. Su fusilamiento, ocurrido un 12 de marzo de 1815, en la batalla de Umachiri (Puno), lo hizo trascender a la categoría de héroe nacional, apenas a los 24 años. Actualmente, el apellido Melgar es sinónimo de Arequipa y sirve para identificar colegios, calles y avenidas, plazas, estadios, hoteles y hasta un equipo de fútbol, el más popular de la ciudad y uno de los más importantes del balompié peruano, el FBC Melgar.

Benigno Ballón, ícono de la región

El compositor y pianista Benigno Ballón Farfán es la figura más importante del folklore musical arequipeño. Nació en el tradicional barrio de San Lázaro, el más antiguo de la región. Inquieto y hábil para los instrumentos -tocaba guitarra, violín, flauta y piano-, Benigno comenzó a actuar en público a los 13 años, junto a sus hermanas Aurora y Rosa, bajo el nombre de Trío Arequipa. Posteriormente, se adueñó de la bohemia local, animando las fiestas familiares con sus orquestas y grupos. Las jaranas que armaba en La Josefa, una de las picanterías más conocidas a principios del siglo XX, lo convirtieron en el “primer músico profesional” de Arequipa.

Su obra abarcó una gran cantidad de géneros musicales, desde composiciones sinfónicas y corales hasta himnos para colegios y actividades deportivas, desde valses y yaravíes hasta marineras y pampeñas (huaynos). Sin embargo, sus dos aportes fundamentales son el vals Melgar (“Blanca ciudad de eterno cielo azul, puro sol…”) y la recopilación del Carnaval arequipeño, probablemente la melodía que más identifica a la ciudad, interpretada por íconos como Yma Súmac, con arreglos de su esposo Moisés Vivanco (1950); o el recordado guitarrista ayacuchano Raúl García Zárate (1931-2017), quien la grabó por primera vez en 1970.

En cuanto al vals dedicado al autor de Carta a Silvia -aquí en versión de la cantante ayacuchana Consuelo Jerí-, cuya letra pertenece al poeta arequipeño Percy Gibson, padre de la periodista y fundadora de la revista Caretas, Doris Gibson, es uno de los temas que mejor describen el sentido patriótico y romántico de Arequipa, y ha sido también grabado e interpretado por famosos artistas criollos como Alicia Maguiña, Los Kipus, Carmencita Lara y un largo etcétera.

En julio del 2019, el gobierno de Martín Vizcarra declaró la obra de don Benigno Ballón Farfán como Patrimonio Cultural de la Nación, en reconocimiento a su trabajo artístico que unió la música popular con la académica y a la creación de composiciones que hoy son emblemas de la ciudad del sillar, el rocoto relleno y el Misti.

Arequipa y la música criolla

A fines de los años cuarenta e inicios de los cincuenta, apareció una brillante generación de conjuntos criollos y andinos. El auge del vals criollo, la marinera y el huayno concitó la atención del público, que disfrutaba de las danzas y canciones del Perú en las transmisiones radiales en vivo y la naciente televisión. Algunos artistas de Arequipa conquistaron la capital con su talento, entre ellos un conocido dúo de hermanos.

Víctor y José Dávalos Salazar solían cantar en radios y picanterías desde muy jovencitos, acompañando a veces don Benigno Ballón, a quien llamaban “tío”. Los Dávalos se convirtieron en las voces oficiales de la música arequipeña -uno de sus más grandes éxitos es el vals Ciudad blanca, compuesto por el piurano Rafael Otero López (1921-1997)-, y alternaron con los grandes conjuntos criollos de la época. La voz alta y engolada de José hacía armonías con el timbre grueso de su hermano Víctor, y sus guitarras vestían de elegantes bordones composiciones como Melgar, La Benita, Arrullo, entre otros yaravíes, huaynos y valses.

En Lima unieron fuerzas con el guitarrista criollo Óscar Avilés (1924-2014), con quien grabaron el LP Los Dávalos con Óscar Avilés (Sono Radio, 1967), en el que incluyeron la conocida marinera Montonero arequipeño. La música de este tema pertenece al compositor puneño Jorge Huirse mientras que la letra fue escrita por Enrique Portugal, periodista arequipeño. La carrera de Los Dávalos continuó hasta la muerte de José, a los 79 años, en el 2002. Víctor falleció en el 2023, a los 93 años, en su querida tierra natal.

Otro nombre notable es el de Juan Isidoro Berrocal Coronado, más conocido y recordado como “El Cholo” Berrocal. Nacido en 1936 en Caravelí, provincia arequipeña que limita al norte con Ayacucho y al sur con el Océano Pacífico, el joven Isidoro tuvo que luchar arduamente para hacerse un espacio entre los artistas de la época debido a una ceguera parcial que lo ponía en desventaja, en tiempos en que las discapacidades visuales no eran de fácil tratamiento.

Su estilo quejumbroso y melancólico, que lo acercaba a los intérpretes de mulizas y pasillos, le hizo ganar popularidad en la escena criolla, y se convirtió en la contraparte natural de Luis Abanto Morales. Sus valses más conocidos, Payaso (1967) y Nunca podrán (1968), hasta hoy se escuchan en radios locales. Sus grabaciones para los sellos MAG y El Virrey, acompañado por Braulio Hito, Modesto Pastor (guitarras) y José Carlos Serván (acordeón), han sido recopiladas en varios CD. Berrocal falleció a la temprana edad de 48 años, en 1984, en Puerto Rico.

Junto a ellos, destacaron otros conjuntos de Arequipa como el Trío Yanahuara -Daniel Cerpa, Pedro Pablo Llosa (voces, guitarras) y Ángel “Torito” Muñoz (charango), fallecido el 2018-; Los Errantes -Gilberto Cueva Fernández (voz, guitarra), Antonio Alarcón (guitarra líder) y Plinio Mogrovejo (guitarra, voz)-; Los Hermanos Azpilcueta; entre otros.

Mario Cavagnaro: El más famoso

Mario Cavagnaro Llerena (1926-1998) es el compositor arequipeño con mayores reconocimientos y pergaminos a nivel nacional e internacional. Como director de orquesta, instrumentista o cantante, Cavagnaro destacó por su creatividad, don de gentes e ingenio para el manejo del idioma. En el Perú se hizo conocido escribiendo valses en replana, lenguaje popular y gracioso que en ese tiempo se asociaba a la delincuencia. Títulos como Yo la quería patita, Desembólate chontril, Carretas aquí es el tono, se hicieron famosos cantados por Jorge “El Carreta” Pérez, voz y segunda guitarra de Los Troveros Criollos, entre 1953 y 1958.

A nivel internacional, varias de sus composiciones fueron grabadas por reconocidos artistas. Osito de felpa y Emborráchame de amor, ambos boleros, fueron éxitos en toda Latinoamérica en las versiones de Los Panchos -con el boliviano Raúl Shaw Moreno (1923-2003) como vocalista, en la primera mitad de los años cincuenta- y el salsero portorriqueño Héctor Lavoe (1946-1993) -en su primer LP como solista, La voz (1975)-, respectivamente.

En cuanto a la música criolla, don Mario Cavagnaro enriqueció el cancionero local con sofisticados valses de letras poéticas y acordes que combinaban el toque de la Guardia Vieja con ritmos foráneos como el bolero y la bossa nova, como La historia de mi vida, El rosario de mi madre, La noche de tu ausencia, Barranco en el ayer, que forman parte del repertorio de estrellas criollas de todas las épocas como Los Embajadores Criollos, Eva Ayllón, Bartola, Jorge Luis Jasso y muchísimos otros.

Cavagnaro escribió, en 1969, una canción que se convirtió en el himno no oficial de Arequipa: El regreso. No hay arequipeño que no se conmueva hasta las lágrimas cada vez que escucha estos versos que alcanzaron su máxima expresividad en la versión de Los Dávalos: “Cuando yo muera que me entierren en tu suelo y algún día bajo el cielo unas flores crecerán… Será mi alma asomándose a la vida, desde mi tierra querida, para ver a mi volcán”. Pura poesía cargada de amor y añoranza por su terruño. Mario Cavagnaro falleció en Lima, en 1998, a los 72 años.

Música clásica y lírica de la Ciudad Blanca

Pedro Ximénez Abril Tirado (1784-1856) compuso decenas de sinfonías, misas, conciertos y más de trescientas piezas para guitarra. Fue además guitarrista, violinista, pianista, organista, violoncelista y maestro de capilla. Su vasta obra de música académica, influenciada por el clasicismo italiano, fue redescubierta el año 2018 durante un evento especial, organizado por el 478 aniversario de la región. En esa ocasión, el guitarrista alemán de padres peruanos Alexander Sergei Ramírez interpretó varias de las composiciones de este músico considerado “el Rossini de América”, acompañado por la Orquesta Sinfónica de Arequipa.

Otro personaje destacado fue Luis Duncker Lavalle (1874-1922), pianista y compositor autodidacta, que escribió partituras para valses, yaravíes y huaynos, entre los que destacan las obras Quenas, Cholita, entre otras. Actualmente, el Conservatorio Regional de Arequipa lleva su nombre.

Finalmente, es importante mencionar que el canto lírico gozó de gran popularidad en la región en décadas pasadas gracias al trabajo en Perú del reconocido tenor y actor mexicano José Mojica (1896-1974), más conocido como Fray José Francisco de Guadalupe Mojica, pues decidió vestir los hábitos franciscanos, tras recibirse de sacerdote en el Perú, en 1947. Sus discos se escucharon en Lima, Cusco y Arequipa, ciudad en la que realizó donaciones para establecer un seminario. El Padre Mojica inspiró a cantantes líricos arequipeños como Luis Santander Villavicencio, Leoncio Gonzáles y Danilo Valencia Zeballos, fallecido en el 2010.

Rock arequipeño

Aunque normalmente se les asocia con una personalidad más conservadora y tradicionalista, Arequipa ha desarrollado también una escena rockera estimable. Entre 1968 y 1971 destacó una banda llamada Los Texao, conocida por grabar covers de bandas de la época como Steppenwolf o The Guess Who, además de componer sus propios temas en inglés. En el 2025, el sello español Munster Records editó sus singles en el álbum El sonido niebla de Los Texao.

Otras agrupaciones de ese periodo fueron Los Incógnitos, Free Sound System, Opus o Madera Fresca quienes, junto a Los Texao, fueron recopilados por el sello independiente Repsychled Records, activo desde los primeros años del siglo XXI por rescatar grabaciones de bandas aurorales del rock y la cumbia nacionales. El disco, Rock en Arequipa, 1969-1974, es un excelente muestrario de cómo sonaban las juventudes arequipeñas en ese tiempo, en que la música criolla y andina conseguían mucha más atención masiva que la foránea.

En años posteriores, aparecieron dos nombres que lideraron las preferencias de la Ciudad Blanca con sonidos más contemporáneos. A fines de los noventa, el grupo de pop-rock y ska X Dinero, llamó la atención con un sonido divertido y extravagante. En el año 2024 uno de sus principales integrantes, el guitarrista británico Chris “El Gringo” Little, falleció a los 63 años. Por su parte, Los Chapillacs -combinación de Los Shapis y Los Fabulosos Cadillacs- se integraron a la movida de la “cumbia psicodélica” liderada por Bareto u Olaya Sound System, participando en eventos masivos como el festival ecológico y artístico Selvámonos, que se lleva a cabo en la ciudad de Oxapampa desde el año 2009. Llevan tres discos en el mercado.

Otro aporte reciente, esta vez desde el pop-rock con aires electrónicos, fue el de la joven cantante Luz María Catacora Durán, conocida en el ambiente artístico como Killary –“luz de luna” en quechua-, con su tercer CD titulado Luna arequipeña (2018), en el que interpreta yaravíes, pampeñas, marineras y huaynos de su tierra. Killary participó representando al Perú en el famoso Festival de Viña del Mar, el año 2014.

Al rescate de la historia musical arequipeña

A pesar de las dificultades para recopilar materiales de épocas pasadas, el legado y la historia del acervo musical arequipeño viene siendo rescatado por investigadores que dedican tiempo y esfuerzo para crear una bibliografía con abundantes datos sobre su desarrollo. Entre ellos podemos mencionar títulos como Apuntes para la historia de la música en Arequipa (Carlos Zuzunaga, 1940), Arequipa, música y pueblo (Juan Guillermo Carpio Muñoz, 1984), Arequipa y su música: 100 años de discografía, 1913-2013 (Luis Octavio Pareja Rivero, 2013) o El pendón musical de Arequipa (Juan Guillermo Carpio Muñoz, 2014).

Por otro lado, artistas contemporáneos como Percy Murguía o El Conjunto Queñual, dirigido por Pedro Rodríguez Chirinos, retoman el repertorio clásico del cancionero arequipeño dotándolo de elementos nuevos, ya sea desde la guitarra acústica clásica, en el primer caso; o desde la fusión y música electrónica, en el segundo.

Arequipa, la Ciudad Blanca, que celebró hace dos meses el 486 aniversario de su fundación española, es una de las regiones más hermosas del sur de nuestro país. Orgullosa e indomable, la idiosincrasia arequipeña ha permeado todas sus manifestaciones culturales, convirtiéndose en un elemento destacado de nuestra diversidad, como se refleja en su historia, sus artes plásticas, su literatura, su gastronomía y, por supuesto, su música.

[INFORME] Una asociación sin fines de lucro que perdió el negocio de los brevetes sin rendir cuentas ha decidido vender su sede histórica en 11 millones de dólares. La directiva es la misma.

Conviene empezar por lo básico. El Touring y Automóvil Club del Perú es una asociación civil sin fines de lucro: no tiene accionistas ni reparte utilidades. Lo que recauda y lo que posee pertenece a la institución y debe servir a sus fines estatutarios. De ahí parte todo lo demás.

Durante casi cuatro décadas, el club administró los exámenes para obtener el brevete en Lima. Ese ciclo terminó: tras reiteradas sanciones de la Sutran y un revés en el Tribunal Constitucional, el servicio pasó a la Municipalidad de Lima.

Lo que no terminó fue la duda. El negocio se cerró sin liquidación pública, sin balance final, sin un informe que diga cuánto se recaudó y en qué se gastó. Expertos estiman un excedente superior a 150 millones de soles. Nadie ha confirmado ni desmentido la cifra.

Ahora, agotada esa fuente de ingresos, la directiva ha decidido vender el edificio emblemático del club en once millones de dólares.

¿Quiénes toman la decisión? Los mismos de siempre. Desde 1979, el Touring ha tenido apenas tres presidentes; el actual, Iván Dibós Mier, lleva quince años en el cargo. La dirigencia que administró la bonanza es la que guardó silencio al cerrarla y la que hoy quiere convertir ladrillos en dólares.

Porque sin fines de lucro no significa sin fines. Y alguien debería explicar cuáles son.

¿Por qué vender ahora? Si es una urgencia de caja, ¿qué pasó con lo acumulado durante décadas? ¿Adónde irá el dinero: a un proyecto concreto o a una cuenta bancaria más gorda y una explicación más delgada?

No son solo preguntas de este medio. Un grupo no menor de asociados y el sindicato de trabajadores vienen presentando reclamos ante las autoridades, ante la propia institución y en los tribunales. Exigen saber qué se hizo con el dinero supuestamente ahorrado y rechazan una venta sin justificación clara ni más motivo aparente que la falta de liquidez. Y nadie sabe para qué. Recientemente, el Poder Judicial admitió la demanda para levantar el velo societario del centenario Touring, lo que seguramente abrirá a los más de doce mil socios, a sus trabajadores y a la ciudadanía una información hasta hoy reservada: adónde fueron los cientos de millones que manejó el club y quiénes se beneficiaron de ellos.

El estatuto exige que toda venta de inmuebles sea autorizada por una Asamblea Extraordinaria. Y el patrimonio no pertenece a quienes dirigen la asociación, sino a la institución.

No se afirma aquí una irregularidad demostrada. Pero quien manejó recursos millonarios bajo un liderazgo casi vitalicio debe rendir cuentas antes de desprenderse de su bien más preciado.

Lo mínimo exigible: la liquidación auditada de la operación de brevetes, los estados financieros históricos, una tasación independiente y un plan detallado para los 11 millones. Antes de la Asamblea. No después.

Primero se fueron los huevos. Ahora se va el gallinero. Habrá que preguntar qué viene después.

(Continuará)

[MIGRANTE AL PASO]  En el estacionamiento de Letras, dentro de la Universidad Católica. El humo salía por la ventana. Estaba prohibido, pero no castigado. Recién a los 21 o 22 años leí Demian, de Hermann Hesse. Fue allí, con mi cigarro y desparramado en mi carro, donde lo terminé mientras esperaba a que un amigo terminara sus clases. Recuerdo haber llegado a casa y decirle a mi padre: «Creo que tengo el estigma de Caín». «Yo pensaba lo mismo hasta que conocí a tu mamá», me respondió.

Las últimas escenas me vinieron a la mente estos últimos días. Demian y su madre tenían sueños premonitorios: Europa y el Viejo Mundo en llamas. Emil Sinclair, el protagonista, también imaginaba un ave enorme sobrevolando las calles, la misma que aparecía en los sueños de Demian, quien no quiso contarle cómo terminó aquella pesadilla. Hacia el final de la novela se anuncia que ha estallado una guerra: la Primera Guerra Mundial.

Ahora me pasa a mí. No puedo evitar sentir que algo va a ocurrir, como si todo estuviera a punto de destruirse para renacer. Nuevamente, el fin del mundo antiguo.

¿Qué pasó con Emil? ¿Con Demian? ¿Qué hay de su madre? No recordaba bien el final, así que lo revisé hace unos momentos, después de escribir los primeros párrafos. Curiosamente, la novela no termina con el anuncio de la guerra, sino con ambos personajes en ella. Emil está hospitalizado por una herida de guerra. A su lado se reencuentra con su gran amigo Demian. Este le da un beso en nombre de su madre y le dice que, en un día como aquel, ya no podría defenderlo como cuando eran niños; que, si alguna vez lo necesita, tendrá que buscarlo dentro de sí mismo. Al despertar, el enfermo de al lado es otra persona. El mundo sigue destruyéndose, pero Emil termina de transformarse por dentro.

Demian, nicotina y el fin del mundo

No es raro que los mensajes de este libro deambulen por mi cabeza de vez en cuando; de hecho, es bastante común. No sé si será una especie de Chernóbil de IA, una guerra nuclear o una catástrofe climática. Tal vez no pase nada, pero mi instinto siente un cambio abrupto y uno violento. Ojalá mi instinto esté equivocado. Al final, venga lo que venga, si el mundo opta por la destrucción, yo iré por transformarme por dentro; me niego a hundirme junto con todos. Y si llaman a la toma de armas, no lucharé por ninguno de los bandos visibles. No soy tan tonto como para morir por el bien de unos cuantos que manejan el mundo. Por otro lado, veo a muchos que aparentan estar felices con que algo como eso suceda. En fin, desde ese día que terminé aquella obra maestra no he cambiado mucho. Tal vez sea un poco menos rebelde, menos pelo, menos valor y ya no me acompaña aquel humeante amigo.

Ya pasaron casi tres meses. A veces, tanteo con mis manos los lados del sillón, buscando algo que me acompañe. Pero ya no hay cigarros. Tal vez mis pensamientos tan descabellados se deben a la abstinencia. En fin, supongo que es justamente un ejemplo de transformación sin catástrofe. Tal vez, con la falta de nicotina se fue también un poco de Demian, Emil y su madre. Un poco de rebeldía se diluyó. ¿Qué otras cosas han desaparecido desde ese entonces? No tengo idea. Pero probablemente muchas. En estas últimas semanas dejé atrás la ansiedad que siempre caminaba a mi costado. De pronto, desapareció. Cuando sucedía antes, era por algún tipo de hipomanía y de ahí regresaba. Por ahora se ha mantenido constante y no creo que sea completamente por dejar de fumar. Pero algo tiene que ver.

En el libro, el significado de la marca de Caín es distinto al de la bíblica. Es la marca que tienen ciertas personas extraordinariamente diferentes a los demás, tanto que incluso inspiran temor. La verdad es que no creo que exista algo como eso o, en todo caso, todos la tienen, pero a algunos se les borra con el tiempo. No somos tan diferentes; justamente eso es lo que a muchos les cuesta darse cuenta. La mayoría de gente va perdiendo la individualidad y se une a una especie de secta multitudinaria. Otra forma, bastante más sana, de borrar la marca es ponerse en el zapato del otro y darte cuenta de que somos prácticamente lo mismo. No tiene lógica, pero funciona igual. Supongo que, porque de esa manera la empatía no elimina la individualidad, solo la necesidad de sentirte excepcional.

[OPINIÓN] El incidente registrado a fines de septiembre de 2026 en Bolivia expuso de manera contundente los límites éticos y operacionales de la coalición. Apenas 72 horas pasaron entre la inclusión en la lista negra de Washington del Fiscal General boliviano, Roger Mariaca, y su posterior detención y traslado mediante un operativo ejecutado por la Policía local en coordinación con la DEA. La posterior felicitación unánime de los países miembros —incluida la facilitación logística en el Aeropuerto de Lima por parte del gobierno peruano liderado por Keiko Fujimori— puso en evidencia la naturaleza punitiva y alineada del bloque.

​El elemento crítico de esta operación radicaba en que el fiscal destituido investigaba a Fernando Cerimedo, estratega político afín al movimiento MAGA y asesor del presidente Rodrigo Paz, procesado por cargos graves y con cuentas vinculadas a redes opacas. Al proyectarse la percepción de que los mecanismos del Escudo fueron utilizados para desactivar un expediente incómodo para figuras afines a Washington, el relato de neutralidad e integridad en la lucha contra el crimen organizado sufrió un impacto devastador.

​Mapeo de Impactos Sistémicos: Soberanía, Recursos y Democracia
​El diseño institucional del Escudo de Las Américas genera tensiones permanentes entre las demandas de soberanía nacional y las exigencias estratégicas de la coalición:

A.​Soberanía Militar e Inteligencia
La subordinación de las doctrinas de defensa nacionales a los lineamientos tácticos del Departamento de Defensa de EE. UU. limita drásticamente la autonomía operativa local. El despliegue de personal militar y de inteligencia extranjero bajo prerrogativas diplomáticas restringe la toma de decisiones soberanas en las Fuerzas Armadas de los países firmantes.

B.​Soberanía sobre Recursos Naturales
A través de cláusulas relativas a la «protección de cadenas de suministro de minerales críticos» (litio, cobre, tierras raras y gas), la coalición ejerce una facultad de veto implícito sobre inversiones extracontinentales, desplazando a competidores asiáticos y supeditando la política energética regional al equilibrio geopolítico de Washington.

C.​Territorio y Control Fronterizo:
Se consolida una securitización extrema que prioriza el control migratorio y la vigilancia táctica aérea y marítima sobre el libre tránsito interregional y la gestión fronteriza integrada.

D.​Calidad de la Democracia y Estado de Derecho:
La utilización de la presión internacional y los comunicados del bloque para influir sobre fiscalías y poderes judiciales locales erosiona el principio de separación de poderes y acentúa la polarización en los países miembros.

E.​Fractura Regional y Ausencias Estratégicas
​Un elemento determinante en el análisis de sostenibilidad del tratado es la exclusión —y explícito distanciamiento— de los actores económicos y geográficos más relevantes de la región: Brasil, México, Colombia y Canadá.
​La negativa de estos Estados a integrarse a la coalición no responde a una discrepancia en la lucha contra el crimen organizado, sino al rechazo a un modelo de cooperación percibido como un retorno a doctrinas de subordinación unilateral o «Trumproe».

Como ha señalado el economista Jeffrey Sachs, ‘la estructura del acuerdo responde primordialmente a un esquema de recuperación del control hemisférico” antes que a una arquitectura multilateral de seguridad efectiva. Le interesa al Perú un acuerdo que puede caerse solo, por ejemplo si EEUU insiste en una caduca doctrina propia de colonias y no para Republicas independientes?

[INFORME] Congresistas continúan utilizando recursos públicos para contratar a personas vinculadas con sus aportes de campaña. Un diputado de Renovación Popular contrató al hijo de un matrimonio que aportó diez mil soles para su candidatura, mientras que un senador le dio trabajo a casi todos los que aportaron en su campaña.

Aunque apenas han transcurrido menos de tres meses desde el inicio del actual periodo parlamentario, el porcentaje de peruanos que desaprueba la labor de los senadores y diputados empieza a incrementarse de manera contundente, tal como lo reflejó una medición realizada por Datum Internacional en el mes de septiembre.

Si bien quienes ocuparon el hemiciclo durante los últimos cinco años lograron que la imagen del Legislativo sufra un daño difícil de reparar en el corto plazo, los nuevos padres de la patria no parecen ser víctimas de esta desagradable herencia y, por el contrario, están contribuyendo para que la opinión pública continúe mirando con desconfianza a sus representantes.

Prueba de ello es lo que se ha visto durante las últimas semanas con diversos informes periodísticos que expusieron los nombres de numerosos integrantes de las cámaras de senadores y diputados que contrataron a quienes fueron aportantes en sus campañas para que trabajen en sus despachos y reciban elevados sueldos que salen de los recursos públicos.

En esta oportunidad, Sudaca descubrió lo que podría interpretarse como una estrategia que habría servido para despistar y que le permitió a un miembro de la cámara de diputados contratar a una persona que estuvo estrechamente vinculada con un generoso aporte a su candidatura sin que su nombre figure en el documentos presentados a la ONPE.

ESFUERZO EN FAMILIA

Diego Alonso Fernando Bazán Calderón es uno de los parlamentarios que lograron convencer al electorado que merecían una nueva oportunidad en el Congreso de la República. Su perfil bajo durante los últimos cinco años sumado a su juventud le permitieron ganarse el respaldo en las urnas para representar a la región La Libertad.

Sin embargo, aunque sus treinta y cinco años pueden invitar a creer que representa una renovación política, el diputado Bazán parece haber sido contagiado por aquellas viejas costumbres de aquellos que ven la política como una puerta para beneficiar a sus conocidos o devolver favores.

Para afrontar la campaña que le permitió asegurarse un lugar en el Congreso, el diputado de Renovación Popular logró acumular cerca de cincuenta y cuatro mil soles en aportes, tal como él mismo se lo reveló a la Oficina Nacional de Procesos Electorales en su primera entrega de información financiera correspondiente a la campaña electoral.

Como se pudo apreciar en la imagen anterior, el propio Bazán Calderón, con más de treinta mil soles, fue su principal aportante. Pero en esta corta lista también resaltan dos aportes por la misma cantidad. Se trata del matrimonio Arteaga Varas, compuesto por Luis Arteaga Sánchez y Rosa Varas, quienes aportaron un total de diez mil soles para que Diego Bazán pueda dar a conocer su candidatura en la región.

A diferencia de lo ocurrido con los aportantes de otros senadores y diputados, esta pareja no encontró trabajo en el despacho del candidato al que apoyaron con diez mil soles. Pero la suerte fue distinta para un integrante de esta familia, más precisamente para el hijo de este matrimonio.

Tras el esfuerzo económico hecho por esta familia para aportarle un total de diez mil soles a la candidatura de Diego Bazán Calderón, el diputado de Renovación Popular no tardó en contratar a Luis Arteaga Varas, hijo del matrimonio responsable de este generoso aporte, para que trabaje como técnico en su despacho con un sueldo que supera los ocho mil soles.

TODO A BORDO

Pero así como algunos integrantes del Congreso aprovechan los puestos disponibles para contratar a familiares de sus aportantes, otros parecen ser menos discretos y contratan a casi todos los que aportaron para sus campañas. Este sería el caso de Miguel Ángel Velásquez García, senador que representa a los peruanos en el extranjero.

Según la información que el entonces candidato de Renovación Popular entregó a la ONPE a finales del mes de marzo, su candidatura contó con apenas cinco aportantes entre los cuales se encontraban él mismo y un familiar. Pero la atención en este caso se centra en los otros tres nombres.

Acorde a lo declarado por el propio senador que representa a los peruanos en el extranjero, uno de sus aportantes fue Kevin Escobar Yaques y dicho aporte ayudó a difundir la candidatura de Velásquez en redes sociales. El resultado de este apoyo terminó con Escobar Yaques contratado para desempeñarse como técnico en el despacho de Velásquez.

Una historia similar es la de Rodrigo Taipe Paredes. En los documentos que tiene en su poder la ONPE se señala que el aporte de Taipe a la campaña del senador Velásquez ayudó a la elaboración y edición de sus videos de campaña. Como en el caso anterior, Rodrigo Taipe terminó siendo contratado como técnico en el despacho de Velásquez García.

Pero Miguel Velásquez no iba a dejar apartado a nadie. Por ello Luis Serpa Tone, quien ayudó a volantear durante la época de campaña, fue contratado para que trabaje como auxiliar en la oficina del senador de Renovación Popular con un salario de casi cuatro mil soles mensuales que serán pagados con fondos públicos.

Mientras algunos congresistas continúan culpando a la prensa por la mala imagen del Legislativo y otros incluso alegan que la desaprobación se debe a que la ciudadanía desconoce su labor, estos casos en los que parece haber sido prioridad devolver favores a sus aportantes de campaña demuestran que son las acciones de los propios senadores y diputados las que incrementan ese porcentaje de desaprobación.

[OPINIÓN] El de la ordenanza municipal —que abunda y, al parecer, es obligatorio exhibir— que prohíbe el acoso sexual y la discriminación en los locales del distrito pertenece a esta última categoría.

El epítome de semejante estupidez está en un club privado. Allí, donde para ingresar hay que presentar recomendaciones, superar un proceso de admisión, aceptar estatutos y acreditar conducta y decencia, ahora nos colocan un cartel que advierte que está prohibido el acoso sexual. Y no uno: lo ponen a la entrada de cada local, restaurante o tienda dentro del recinto.

Pero ahí no termina la genialidad.

El cartel precisa que está prohibido acosar a las personas, «en especial mujeres, niñas, niños y adolescentes».

He ahí el clímax de la imbecilidad. Porque el cartel no se conforma con prohibir lo obvio: lo jerarquiza. Hay personas a las que, en especial, no se debe acosar.

¿Y las demás? ¿El varón adulto, la señora de setenta años, el jubilado que toma su café? ¿Pertenecen a la categoría general, la del acoso con descuento?

Naturalmente, proteger a los más vulnerables es indispensable. Pero redactar una prohibición universal como si tuviera categorías preferenciales exige un talento especial para el disparate.

Tampoco se queda corto en geografía. El cartel delimita el territorio del delito: prohíbe acosar «en este local». Es decir, en la vereda, en el estacionamiento o en la tienda de al lado, la prohibición ya no rige. Semejante precisión deja en claro el nivel de imbécil que redactó la ordenanza. Y del que la firmó.

Y todavía falta lo mejor: le ponen tarifa. «Bajo sanción de multa de 1 a 2 UIT».

Es decir, el acoso sexual, que puede constituir delito, queda reducido en el cartel a una infracción con precio de lista. ¡Una maravilla de pedagogía municipal!

Y, volviendo al club, seguramente algún directivo explicará, con esa solemnidad que suele acompañar a la falta de criterio, que la municipalidad obliga a exhibirlo.

¿Y para qué diablos existe una directiva? ¿Para representar a los asociados o para obedecer cualquier estupidez sin siquiera cuestionarla?

Una institución que presume de respetable debería ser la primera en exigir sensatez, cuestionar los disparates administrativos y defender la dignidad de sus socios por las vías legales. No en tratarlos como sospechosos de indecencia.

Yo propongo completar la obra:

«Prohibido estafar a un socio, bajo pena de multa».

«Prohibido orinar detrás del mostrador, bajo pena de multa».

«Prohibido agarrar a patadas al imbécil que colgó el letrero, bajo pena de multa».

Y así, hasta empapelar el club de obviedades.

Finalmente, propongo sancionar al iluminado que redactó semejante cartel y a quienes decidieron exhibirlo sin protestar. Multa por ofender la inteligencia y la decencia colectivas.

Porque la estupidez de quien redacta una norma puede ser preocupante. Pero la obediencia servil de quien debería cuestionarla resulta todavía más lamentable.

Bajo pena de multa, claro.

[EL DEDO EN LA LLAGA] El papa León XIV visitará el Perú entre el 11 y el 16 de noviembre de 2026, en el marco de su viaje apostólico por Sudamérica, que incluye Uruguay y Argentina. Su llegada reactivará la previsible maquinaria de la devoción popular: carteles, consignas solemnes y una exaltación que roza el fanatismo. Expresiones como «el Vicario de Cristo» o «el papa elegido por el Espíritu Santo» pretenden convertir al ocupante de la silla de Pedro en una figura intocable.

Sin embargo, la idea de que «el Espíritu Santo elige al papa» carece de rigor. El propio cardenal Joseph Ratzinger, futuro papa Benedicto XIV, lo aclaró en 1997 al señalar que el Espíritu Santo no escoge directamente al pontífice, sino que deja un amplio margen a la libertad humana. Ratzinger fue tajante: la historia demuestra que existen demasiados ejemplos de papas que el Espíritu Santo evidentemente jamás habría elegido. La elección papal es, y ha sido siempre, una decisión humana y ha respondido frecuentemente a intereses políticos.

Cuando el papado dependía del poder y el dinero

En el siglo X, el sistema del cónclave ni siquiera existía. El solio pontificio caía en manos de las oligarquías romanas mediante la imposición y el dinero. Juan XII (955-964) llegó al poder a los dieciocho años por el control absoluto que ejercía su padre, Alberico II de Spoleto. Las crónicas medievales describen su pontificado como un catálogo de violencia y desenfreno sexual: convirtió el palacio de Letrán en un burdel público y se le acusó directamente de adulterios, incesto, asesinatos y sacrilegios.

Un siglo después, Benedicto IX (1032-1048) llevó la degradación al límite. Ocupó el papado en tres períodos distintos y, en 1045, protagonizó el episodio más controvertido de la historia vaticana al poner en venta el cargo pontificio a cambio de una enorme suma de dinero, cediéndole el trono directamente a su padrino. Escritores eclesiásticos de la época, como Pedro Damián y el papa Víctor III, documentaron su conducta atribuyéndole un historial de delitos sexuales y criminales en un entorno de corrupción y comercio espiritual absoluto.

En el Renacimiento, Alejandro VI (1492-1503) utilizó el aparato pontificio para el enriquecimiento y promoción de la familia Borgia, consolidando un mandato marcado por el nepotismo radical y una vida privada plagada de escándalos públicos.

El marco legal del silencio y el encubrimiento institucional

En el siglo XX, el problema mutó del escándalo personal a la complicidad estructural protegida por la propia ley de la Iglesia. Esta política de opacidad sistemática nació formalmente bajo el pontificado de Pío XI (1922-1939) mediante una primera directiva secreta. Bajo esa estricta lógica de autoprotección se entiende lo ocurrido en marzo de 1938, coincidiendo exactamente con la anexión de Austria por la Alemania nazi. Los archivos desclasificados confirman que la Santa Sede ordenó explícitamente «quemar todo» el material confidencial de abusos sexuales en la nunciatura de Viena. En esta operación estuvo implicado directamente Eugenio Pacelli, entonces secretario de Estado y futuro Pío XII.

El Vaticano mandó destruir las pruebas para impedir que la Gestapo y el régimen de Adolf Hitler confiscaran las evidencias criminales. Los nazis utilizaban activamente las denuncias de pederastia clerical como una feroz herramienta de propaganda para justificar la persecución del clero y desmantelar las escuelas católicas. Ante la amenaza totalitaria, la prioridad absoluta de Roma no fue proteger a las víctimas ni colaborar con la justicia civil, sino eliminar la evidencia física para blindar los secretos de la Iglesia frente al enemigo nazi, sepultando los crímenes en la impunidad absoluta.

Décadas más tarde, en 1962 durante el pontificado de Juan XXIII, esta política de opacidad fue ratificada y actualizada jurídicamente en la instrucción Crimen sollicitationis. Este documento —de carácter estrictamente secreto e interno, enviado a los obispos con la orden de ser guardado bajo llave en los archivos confidenciales de las diócesis— imponía un silencio absoluto bajo pena de excomunión sobre los procesos de abusos cometidos por sacerdotes contra menores. La ley eclesiástica priorizó el secreto institucional por encima de la justicia y la atención de las víctimas.

La red de protección papal a Marcial Maciel

El caso de Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, evidencia la opacidad y los mecanismos de protección interna de la Santa Sede, sostenidos sistemáticamente por una sucesión de pontífices:

  • Pío XII (1939-1958): Bajo su mandato se recibieron las primeras denuncias explícitas. Aunque Maciel fue apartado temporalmente en 1956 debido a los abusos y a su adicción a la morfina, el entorno del papa intervino para modificar las sanciones penales y archivar el expediente gracias a las presiones de altos jerarcas eclesiásticos.
  • Juan XXIII (1958-1963) y Pablo VI (1963-1978): Durante sus pontificados se permitió el retorno pleno de Maciel a la dirección de la orden y se ignoraron las reiteradas alertas de las víctimas bajo el blindaje del secreto institucional.
  • Juan Pablo II (1978-2005): El papa polaco protegió activamente a Maciel de forma directa, ensalzándolo públicamente como un «guía eficaz de la juventud» e ignorando informes de abusos a decenas de menores y la doble vida del sacerdote, quien utilizaba identidades falsas para ocultar a sus parejas e hijos biológicos. El Vaticano blindó al depredador priorizando la masiva captación de fondos y vocaciones que la orden inyectaba a la Santa Sede.

La respuesta institucional de Ratzinger

Cuando la presión social y las evidencias se hicieron insostenibles, la respuesta de Joseph Ratzinger —tanto como cardenal en la Congregación para la Doctrina de la Fe como en su rol de papa Benedicto XVI (2005-2013)— fue insuficiente. Y lo fue de manera alarmante. En lugar de someter a Maciel a un juicio canónico formal, degradarlo o excomulgarlo por sus crímenes, la Santa Sede dictó en 2006 una resolución indulgente: le ordenó retirarse a una «vida reservada de oración y penitencia». Ratzinger evitó el castigo penal público y la rendición de cuentas ante la justicia ordinaria, permitiendo que Maciel muriera en la impunidad civil.

Esta inacción sistémica ya la arrastraba Ratzinger desde su época como arzobispo de Múnich. En 1980, recibió en su diócesis al sacerdote Peter Hullermann, trasladado desde la diócesis de Essen tras haber abusado de menores. Debido a la negligencia de la administración de Ratzinger, Hullermann fue reincorporado de inmediato a labores pastorales ordinarias y continuó abusando de más niños.

Juan Pablo II: McCarrick y la falibilidad de las decisiones papales

En noviembre de 2000, Juan Pablo II nombró arzobispo de Washington a Theodore McCarrick. El informe oficial del Vaticano publicado en 2020 confirmó que Roma ya tenía alertas e informaciones explícitas sobre la conducta depredadora de McCarrick con seminaristas y menores. Bastó con que McCarrick negara las acusaciones en una carta personal para que el papa aceptara sus explicaciones, ignorara las advertencias y oficializara el ascenso de un abusador. Fue un error manifiesto, una decisión que carecía de cualquier amparo sobrenatural.

Francisco: del error en Chile a la intervención en el caso Sodalicio

Por su parte, Francisco (2013-2025) protagonizó uno de los episodios de ceguera institucional más graves en Chile. En enero de 2018, defendió públicamente al obispo Juan Barros, acusando de «calumnia» a las víctimas que denunciaban el encubrimiento de los abusos de Fernando Karadima. Tras el escándalo global, Francisco envió una delegación liderada por el arzobispo de Malta, Charles Scicluna —máximo experto del Vaticano en delitos sexuales— y el oficial español Jordi Bertomeu. Tras recibir el demoledor informe de más de 2.300 páginas elaborado por ambos enviados, el papa tuvo que admitir que cometió «graves errores» en la valoración y percepción de la situación debido a la falta de información fiable, obligado a pedir perdón directamente a las víctimas, y a aceptar posteriormente la renuncia de Barros.

No obstante, su pontificado también marcó el inicio de avances innegables en la rendición de cuentas eclesiástica respecto al Sodalicio de Vida Cristiana. Tras décadas de inacción, Francisco rompió el cerco de la impunidad al enviar nuevamente a la Misión Especial Scicluna-Bertomeu, un equipo encargado de investigar las denuncias de abusos en dicha organización que ya habían sido destapadas años atrás por el periodismo de investigación. Con firmeza histórica, decretó primero la expulsión de su fundador, el laico Luis Fernando Figari, y de catorce de sus miembros clave, culminando el proceso con la disolución jurídica y total de la sociedad apostólica en 2025. Estas medidas sentaron un precedente drástico en el castigo interno de esta organización conformada tanto por laicos consagrados como por clérigos.

El reto ineludible de León XIV ante el caso Sodalicio

La visita de León XIV a Lima en noviembre de 2026 no puede limitarse a actos multitudinarios y bonitos discursos de paz y misericordia. Su principal examen de coherencia moral radicará en tomar al toro por las astas en el caso del Sodalicio de Vida Cristiana, una organización que el papa Francisco disolvió en 2025 tras demostrarse sus brutales abusos físicos, psicológicos, espirituales y sexuales, por mencionar algunos. Sin embargo, esta disolución ha llegado tarde y expone la total impotencia del Vaticano frente a la trampa económica de los abusadores.

El papa no tiene superpoderes frente a las leyes peruanas. Durante años, la cúpula del Sodalicio sacó su millonario patrimonio de la órbita de control de la Iglesia y lo escondió en empresas fachada, negocios privados y fideicomisos civiles mediante una estructura jurídica diseñada para ser impenetrable. Al hacerlo, los antiguos directivos vaciaron los fondos institucionales líquidos. Aunque en su momento la organización ejecutó un proceso de reparaciones económicas, este resultó arbitrario e injusto, entregando montos insuficientes bajo contratos condicionados y dejando a una gran cantidad de víctimas completamente desamparadas.

El panorama judicial es igual de estéril: el papa no puede meter a nadie a la cárcel ni obligar a la Fiscalía peruana a reabrir los casos de abusos y lavado de dinero que ya archivó sistemáticamente. León XIV no puede recuperar el dinero escondido ni suplantar a la justicia del Estado.

Ante este expolio económico y judicial donde los antiguos miembros habrían ganado la batalla legal, el verdadero deber de León XIV se traslada al terreno ético y penal canónico. Si el dinero está oculto y la vía penal civil bloqueada, lo más importante pasa a ser la reparación simbólica, el dignificar a las víctimas y el esfuerzo institucional por mantener viva la memoria de lo ocurrido. En aras de las transparencia, el pontífice debería romper la opacidad vaticana y ordenar la publicación de un informe ejecutivo desclasificado de la Misión Especial Scicluna-Bertomeu, un documento que resguarde el necesario anonimato de las víctimas, pero que exponga con transparencia absoluta las conclusiones, los patrones de abuso y las responsabilidades institucionales que hoy siguen bajo estricta reserva en los archivos de la Santa Sede. Asimismo, su deber moral le exige impulsar la investigación rigurosa de las responsabilidades individuales, sancionando de forma proporcional a los miembros del clero y jerarcas locales que actuaron como cómplices o guardaron un silencio encubridor. Cualquier discurso que ignore esta exigencia de verdad, memoria y justicia interna será complicidad continuada.

La fe adulta no necesita mitos

El entusiasmo popular ante la llegada de León XIV no justifica la suspensión del pensamiento crítico. Cuestionar las decisiones, los nombramientos o los errores de un papa no es un ataque a la fe; es una exigencia de honestidad histórica.

Cuando los cardenales votan en un cónclave, operan bajo presiones, preferencias personales e información incompleta. Cuando un papa gobierna, comete errores. La supuesta asistencia de Dios no automatiza las decisiones humanas ni convierte a los hombres en seres infalibles. Se puede recibir al papa con respeto y afecto sin convertirlo en un ídolo. La fe madura no necesita mitos, y el respeto al pontífice no exige dejar de lado la verdad ni renunciar a pensar.

Frente a la impunidad de la que aún gozan varios de los exmiembros y cómplices del disuelto Sodalicio, el paso de León XIV por el Perú se juzgará primordialmente, entre otras cosas, por su valentía para dignificar a las víctimas y romper el silencio culpable de la jerarquía local y de ciertas élites peruanas.

[OPINIÓN] Anabel Hernández no muestra las pruebas por una razón muy simple: no existen. Lo que ha contado sobre Alan García es una patraña, una mentira con apariencia de investigación.

Hay acusaciones que se construyen con documentos y otras que se construyen con muertos. Esta es de las segundas.

Al presentar Narcocracia, la periodista eligió señalar a Alan García, fallecido en 2019 y, por tanto, imposibilitado de responder, como supuesto participante en una operación mediante la cual armas compradas por el Estado peruano a China habrían terminado en manos del Cártel de Sinaloa.

La acusación es enorme. Las pruebas, ninguna.

La historia tiene todos los ingredientes de un thriller: fusiles chinos, reuniones clandestinas, funcionarios peruanos, “millones y millones de dólares” y hasta un apodo de película: “Caballo Loco”. Falta solamente aquello que transforma una historia en una investigación periodística: la evidencia.

¿Dónde están los documentos? ¿Las transferencias? ¿Las guías de embarque? ¿Los nombres de los funcionarios peruanos involucrados? ¿El número de serie de un solo fusil comprado por el Perú y decomisado luego al Cártel de Sinaloa? Nada de eso ha sido mostrado.

Lo que existe es el testimonio de Sergio Villarreal Barragán, “El Grande”, antiguo narcotraficante convertido en testigo colaborador. La palabra de un delincuente puede iniciar una investigación, pero jamás sustituirla. El periodismo empieza precisamente allí: comprobando lo que la fuente afirma.

No hay contrato que exhibir, ni transferencia que seguir, ni un solo fusil que haya hecho el viaje de Lima a Sinaloa, porque la historia no resiste el contacto con un archivo. Y a la autora no le conviene admitirlo: un libro necesita titulares, y un expresidente muerto vende más en la portada que la palabra de un narcotraficante sin un papel que la respalde.

Hernández escribe desde México, el país que mejor conoce lo que cuesta creerle a un narcotraficante. Si alguien sabe el peligro de convertir esa palabra en verdad periodística, es ella.

Hay además un hecho incómodo para su relato: en 2008, el propio García denunció públicamente los vínculos entre los cárteles mexicanos y los grupos armados que operaban en el Perú. Curioso comportamiento para quien ahora es presentado como proveedor clandestino de aquellos a quienes denunciaba.

Alan García murió hace siete años. No puede confrontar al testigo, exigirle pruebas ni demandar a quien formula la acusación. Esa imposibilidad debería elevar, no disminuir, la exigencia de rigor.

Anabel Hernández ha construido su prestigio exigiendo evidencias al poder. Ahora le corresponde aplicarse la misma regla.

Porque los muertos no hablan.

Los documentos, sí.

Que los muestre.

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