[OPINIÓN] Rubio no debe venir por rechazo al pueblo de EEUU , sino porque es una visita imprudente, sorpresiva y políticamente inoportuna. Un posible bumerang , organizado por un Canciller y un Embajador USA que no son diplomáticos profesionales.

La investigación publicada por La República el 28 de agosto de 2026 dejó al descubierto una conexión incómoda: Carlos Díaz-Rosillo, asesor personal y amigo de Keiko Fujimori, aparece en una fotografía de marzo de 2023 junto a Cerimedo, a quien definió como contacto para «cosas muy buenas» en los años venideros. Díaz-Rosillo, cubano-estadounidense y exasesor del Secretario de Defensa en el gobierno de Donald Trump, no solo contrató a Fujimori como profesora en el Centro Adam Smith de la Universidad Internacional de Florida, sino que se erigió en consejero de su campaña presidencial.

Cerimedo no es un personaje menor. Ha admitido públicamente dirigir «miles de trolls» y poseer granjas de bots, además una investigación de lavado de dinero lo ha vinculado también a Perú. En Brasil, la justicia lo señaló como parte del núcleo de desinformación que alimentó el intento de golpe de Estado contra Lula da Silva. En Bolivia, las autoridades hallaron en sus propiedades una «mini granja de bots» y han encontrado que 200 millones de dólares han circulado en cuentas de sus empresas. En las elecciones peruanas de 2026, se registraron campañas sistemáticas de fake news contra el candidato progresista Roberto Sánchez, mientras Keiko Fujimori lograba una victoria mínima, y muy discutida, en el extranjero por apenas 44 mil votos. La pregunta que resuena en las calles es inevitable: ¿hasta dónde llegó la injerencia digital en la soberanía del voto peruano?

Marco Rubio, por su parte, ha declarado que su propósito es «destruir a la izquierda y el progresismo en América Latina». En este contexto, su visita no se lee como diplomacia, sino como respaldo a una administración local cuestionada por sus vínculos con una red continental de manipulación informativa. El Perú no necesita visitas que legitimen la sospecha. Necesita respuestas para saber cuan legítimo es el gobierno en el poder.

Crisis de la soberanía peruana con EEUU

El próximo 9 de septiembre, el Secretario de Estado estadounidense Marco Rubio llegará al Perú invitado por el gobierno de Keiko Fujimori. Lo hará en un momento de máxima tensión política, cuando una investigación periodística acaba de destapar los vínculos entre el entorno presidencial y Fernando Cerimedo, el consultor argentino que ha convertido la desinformación en una industria transnacional. Para amplios sectores de la sociedad peruana y latinoamericana, la visita no es una celebración de los 200 años de relaciones diplomáticas: es un acto de distracción frente a un escándalo de proporciones continentales. Que puede tener impactos sismicos en el mandato de una Presidenta recién elegida, al cuestionar su legitimidad de origen.

La conexión documentada

El 28 de agosto de 2026, el diario La República publicó una investigación que deja poco margen para la duda. Carlos Díaz-Rosillo, asesor personal y amigo de la presidenta Keiko Fujimori, aparece vinculado directamente con Fernando Cerimedo. En marzo de 2023, Cerimedo publicó en sus redes una fotografía junto a Díaz-Rosillo —entonces principal asesor del Secretario de Defensa de Donald Trump— con un mensaje elocuente: «Se vienen cosas muy buenas estos próximos años». Díaz-Rosillo, fundador del Centro Adam Smith para la Libertad Económica en la Universidad Internacional de Florida, no solo contrató a Fujimori como expositora y luego como profesora frecuente junto a otros líderes de la derecha latinoamericana; se convirtió en su consejero personal.
Cuando estalló el caso Cerimedo, ni la presidenta ni su asesor portorriqueño emitieron una sola palabra de explicación . Que pasa si el caso Cerimedo y de Días Rosio terminan vinculados al financista Valenzuela que se entrevisto en privado en el Spa Tomyko con la Sra Presidenta? Eso explicaria ese incomodo silencio.

Cerimedo no es un operador anónimo. Es un consultor político que ha trabajado en las campañas de Javier Milei en Argentina, Jair Bolsonaro en Brasil, Rodrigo Paz en Bolivia y Nasry Asfura en Honduras. Ha admitido públicamente poseer «miles de trolls» y granjas de bots para posicionar mensajes en redes sociales. En Brasil, la justicia lo identificó como parte del «núcleo de desinformación» que cuestionó el sistema electoral tras la victoria de Lula, contribuyendo al clima que desembocó en los ataques del 8 de enero. En Bolivia, donde fue detenido en agosto de 2026, las autoridades hallaron una «mini granja de bots» y miles de dólares en efectivo. Su pareja, la abogada Nadia Beller, declaró a la prensa que la mayor granja de bots de Cerimedo opera desde Buenos Aires, pero que hay otras que maneja «para Latinoamérica» .

La sombra sobre el voto peruano

En las elecciones generales peruanas de 2026, Keiko Fujimori obtuvo una victoria ajustadísima en el extranjero por apenas 44 mil votos, mientras que el 49% del electorado respaldó opciones progresistas encabezadas por Roberto Sánchez. Durante la campaña, se registraron oleadas de fake news y campañas de desprestigio sistemáticas contra el candidato de izquierda. La pregunta que hoy indigna a la ciudadanía es legítima: si Cerimedo demostró capacidad para operar en Brasil, Bolivia, Argentina y Honduras, ¿qué grado de injerencia tuvo su red en la soberanía del voto peruano? El hecho de que un asesor íntimo de la presidenta —Díaz-Rosillo— aparezca fotografiado y declarado amigo del operador digital más polémico de la región no es un dato menor: es una pista que exige una investigación que la prensa gobiernista parece empeñada en silenciar.

Más allá de la interferencia electoral

La agenda de Rubio, sin embargo, no se limita al terreno digital. La administración Trump, con Rubio como uno de sus operadores en América Latina, impulsa una política de apropiación de recursos estratégicos: cobre, litio, uranio, tierras raras, oro y petróleo. En Venezuela ya se denuncia una expropiación colonial de 65 millones de barriles de crudo sin contrato transparente. En el norte peruano, los yacimientos de hidrocarburos explorados por Chevron —la misma empresa que extrae petróleo venezolano hacia EE.UU.— encienden alertas de una posible repetición del modelo. La «doctrina Trump», materializada en memorandos del Departamento de Estado, amenaza con convertir la autodeterminación económica del Perú en una variable negociable.

La soberanía militar tampoco ha quedado intacta. La adquisición de aviones F-16 estuvo marcada por presiones inaceptables del embajador estadounidense y del propio Marco Rubio, con la ilegal intervención de un presidente del Congreso. Este patrón de injerencia demuestra que la actual administración estadounidense no reconoce límites en su afán de condicionar decisiones soberanas.

Las relaciones de dos siglos entre el Perú y Estados Unidos merecen una transformación radical. Deben basarse en el respeto a la autodeterminación, la independencia y una cooperación genuina entre pueblos. La visita de Rubio el 9 de septiembre, lejos de ser un gesto de amistad, representa para muchos peruanos la materialización de una política que no respeta la soberanía electoral, que amenaza la autonomía sobre recursos naturales y que vulnera la independencia militar del país. En las calles de Lima, la protesta de la opinión publica y de politicos del Congreso (verdadero recibimiento a quien promueve la destrucción del progresismo latinoamericano mientras su red de asesores locales aparece entrelazada con la maquinaria de desinformación que socava la democracia.

La visita, en este contexto, puede ser un bumerang politico de consecuencias para las relaciones entre Perú y EEUU.

[INFORME] Aunque la presidenta Fujimori le ha dado una segunda oportunidad, el ministro Alberto Beingolea sigue entregando puestos de trabajo a personas vinculadas con el PPC, su antiguo partido, y hasta recibe en su despacho al nieto del fundador del Partido Popular Cristiano.

En el ambiente del fútbol nunca faltan aquellos jugadores que, ante la frustración por un resultado adverso o la ausencia de habilidad para competir con el rival, recurren a agresivas faltas contra su adversario y, más temprano que tarde, terminan recibiendo una tarjeta roja que deja diezmados a sus respectivos equipos.

Alberto Beingolea, debido a sus varias décadas como periodista deportivo, ha visto este tipo de situaciones en numerosas oportunidades. Sin embargo, quien hoy está al frente del Ministerio de Cultura parece no haber aprendido mucho de ello y su gestión ha entrado en una inexplicable sucesión de faltas que lo podrían estar conduciendo a su expulsión del gabinete.

El presente no podría ser más convulsionado para el Ministerio de Cultura. El trabajo de Beingolea Delgado está, desde un inicio, bajo la lupa de críticos y también de aliados del fujimorismo. Pero, contrario a lo que se podría esperar de un ministro cuestionado, Alberto Beingolea parece determinado a dar más motivos para que estos señalamientos continúen.

¿VISITANTES VIP?

Cuando el 28 de julio se conoció que Alberto Beingolea ocuparía el cargo de ministro de Cultura, hasta el más experimentado analista político terminó desconcertado por la designación de una persona que no sólo carecía de experiencia en el sector, sino que también había sido un severo crítico del fujimorismo.

Una primera reacción invitaba a preguntarse si acaso había tenido algo que ver su pasado como candidato presidencial y su vínculo con el Partido Popular Cristiano (PPC). Pero, ese mismo 28 de julio, voces autorizadas de la histórica agrupación se pronunciaron y marcaron distancia con el nuevo titular del Ministerio de Cultura.

Sin embargo, este discurso no iría acorde con la realidad y, tal como expuso Sudaca en un informe publicado el pasado 5 de agosto, a menos de una semana de haber llegado al despacho ministerial, Beingolea había visto su agenda acaparada por candidatos y excandidatos del PPC.

Uno de estos nombres era el de Sofía Aguayo Morales, quien posteriormente sería nombrada por Beingolea como gerente general de la Bibliotea Nacional y hasta su madre, las dos militantes del PPC, terminaría encontrando trabajo gracias a la gestión del periodista deportivo.

Pese al escándalo y los rumores que señalan a Alberto Beingolea como uno de los nombres más débiles en el gabinete de Luis Galarreta, el ministro de Cultura parece seguir dándole un trato privilegiado a los conocidos del PPC. En los últimos días, Beingolea incluso ha recibido para una reunión de trabajo a Alonso Bedoya Denegri, uno de los descendientes del fundador del Partido Popular Cristiano.

Pero Bedoya Denegri no acudió sólo a esta reunión de trabajo con Beingolea. Este encuentro en el despacho ministerial que tuvo lugar el día miércoles de esta semana incluyó a dos personas más y una de ella, José Ernesto Linares Gallo, también tiene un pasado como afiliado al PPC.

ALGO MÁS QUE VISITAS

Pero los personajes vinculados con el Partido Popular Cristiano no sólo tienen el privilegio de ser atendidos por el ministro, también pueden ser contratados. Este parece ser el caso de Fernando Félix Huayhua Aguirre, quien acaba de ser designado por el ministro Beingolea como el nuevo director para la Dirección Desconcentrada de Cultura de Ayacucho.

Huayhua no sólo ha sido militante del PPC. Este nuevo funcionario del Ministerio de Cultura también fue candidato al Congreso por el Partido Popular Cristiano en las elecciones del 2021, cuando Alberto Beingolea postulaba a la presidencia, y fue miembro del comité departamental del partido en Ayacucho.

Otra de estas polémicas designaciones se produjo el viernes de la semana pasada cuando el ministro Beingolea nombró al nuevo director de la Dirección Desconcentrada de Cultura de Piura y el elegido por esta nueva gestión para llevar a cabo esta tarea fue Juval Martín Córdova Palacios.

En la resolución publicada se pudo ver una coincidencia. Una vez más, la persona elegida para desempeñar esta función tenía provenía del Partido Popular Cristiano y no solamente por una candidatura antigua, Córdova, como muestra en sus redes, es un miembro muy activo del partido en Piura.

En las últimas horas, al ser consultada por una posible salida de Alberto Beingolea de su puesto como ministro de Cultura, la presidenta Keiko Fujimori optó por apoyar su continuidad y señaló que, aunque hay cosas que corregir, las explicaciones que brindó en el Consejo de Ministros los ha dejado satisfechos. Sin embargo, estas visitas y designaciones en favor de personas vinculadas al partido con el que postuló a la presidencia invitan a pensar que el ministro Beingolea parece estar buscando que la presidenta le saque una tarjeta roja.

 

[INFORME] Las sospechosas coincidencias entre el asesinato de Santiago Guardamino y la posibilidad de un acuerdo que podía ayudar a que su comunidad campesina recupere el terreno que les arrebató de manera fraudulenta una importante empresa.

En un informe publicado esta semana, Sudaca pudo hacer un recuento de los cuestionables hechos que rodearon la venta de un terreno de diez mil hectáreas que le pertenecía a la Comunidad Campesina de Quipán y terminó en manos de la empresa Industrias Argüelles que tenía la intención de convertirlo en un relleno sanitario.

Como se detalló en la mencionada publicación periodística, esta importante adquisición se llevó a cabo debido a que el entonces presidente de la comunidad campesina fue parte de un fraude que incluyó la manipulación de firmas y este hecho fue seguido de una elaborada estrategia para un pago de sobornos a la magistrada que debía investigar.

Sin embargo, el momento de esta historia que causó tanta conmoción como indignación fue el violento asesinato de Santiago Guardamino en 2024. Guardamino, quien había asumido como presidente de la Comunidad Campesina de Quipán, perdió la vida en medio de circunstancias muy particulares.

LAS HORAS PREVIAS

El asesinato de Santiago Guardamino sigue dando que hablar. Pero esto no es sólo por la violenta manera en que acabaron con su vida, con nueve disparos a pocos metros de su vivienda, también ha llamado la atención lo revelado por este líder comunal a pocas horas del fatídico desenlace.

Recientemente, el diario La República tuvo acceso a información de un acta de la comunidad de Quipán que tuvo lugar el mismo día en que Guardamino perdería la vida. Acorde a esta información, Guardamino Gonzáles reveló que estaba próximo a firmar un acuerdo que sería muy beneficioso para la comunidad.

La información que se dio a conocer en la mencionada reunión se relacionaba con la recuperación de las diez mil hectáreas que fueron vendidas de forma fraudulenta. Según se pudo conocer, Santiago Guardamino estaba próximo a oficializar un acuerdo con la empresa Petramás para que sus especialistas legales se encarguen del proceso civil.

El acuerdo con la Comunidad de Quipán, además, iba a permitir que, en caso el proceso legal llegue a un resultado favorable, Petramás compre las diez mil hectáreas por el precio de 8,5 millones de soles, una cifra acorde a lo que está valuado un terreno de esta extensión y que dista mucho de los seiscientos mil que obtuvieron por la venta fraudulenta.

SOSPECHOSO DESINTERÉS

Que el asesinato de Santiago Guardamino se haya producido en ese contexto podría haber llevado a que la justicia realice una exhaustiva investigación. No obstante, la realidad fue radicalmente opuesta. Hasta la fecha, no sólo no hay respuestas, sino que la justicia parece más preocupada por archivar el caso.

Al menos esto es lo que se podría concluir al saber que el fiscal Renato Lavy Cora considera que el caso debería ser archivado por falta de pruebas. Una decisión insólita si se tiene en cuenta que, como ellos mismos lo han expuesto, la familia de Santiago Guardamino tiene en su poder teléfonos celulares que era usados por Guardamino Gonzáles y en los cuales quedaron registradas las amenazas que venía recibiendo.

La versión de la familia Guardamino indica que la justificación para dejar de lado material que podría marcar un rumbo para este caso es que las autoridades no cuentan con las herramientas para realizar las pericias necesarias en  estos dispositivos. Esto incluso ha llevado a que la vida de Guardamino Gonzáles apunte contra la justicia peruana y señale que  “estamos muy decepcionados, porque prácticamente la justicia se dejó comprar. La más beneficiada con su muerte es Industrias Argüelles”.

 

[INFORME] Alberto Beingolea intentó apaciguar las críticas por su designación al frente del Ministerio de Cultura prometiendo cambios. Sin embargo, la Biblioteca Nacional del Perú, una de las instituciones a cargo de su ministerio, parece destinada a mantener a cuestionados personajes que permanecen desde el gobierno de Dina Boluarte.

“Se acabaron los privilegios”, declaró Alberto Beingolea en una de sus primeras entrevistas tras ser designado por Keiko Fujimori como el nuevo ministro de Cultura. La nula experiencia del conocido periodista deportivo en un cargo de esta magnitud llevó a que tanto las miradas de los opositores del gobierno fujimorista como las de sus aliados se centren en el accionar de este inesperado ministro.

Sin embargo, pese a que Beingolea Delgado intentó transmitir con sus palabras que tenía la convicción y el conocimiento para llevar a cabo una gestión idónea en el Ministerio de Cultura, sus primeras semanas en el despacho ministerial están dejando más dudas que certezas sobre el futuro de este sector.

En esta oportunidad, Sudaca pudo conocer mediante fuentes confiables que, por ejemplo, en la histórica Biblioteca Nacional del Perú, institución dependiente del Ministerio de Cultura, la llegada de esta nueva gestión no ha significado un verdadero cambio, sino una rotación de funcionarios que venían arrastrando serios cuestionamientos.

LA HERENCIA DE DINA

Durante el año 2024, Sudaca informó sobre la existencia de un personaje muy cercano a la entonces presidenta Dina Boluarte y su hermano Nicanor que empezaba a verse beneficiado con diversos cargos. Su nombre es Juan Yangali Quintanilla y, tras empezar como asesor en el Ministerio de Cultura, dio un inesperado salto al puesto de director de la Casa de la Literatura gracias a Morgan Quero, el exministro de Educación que casualmente era uno de los hombres de confianza de la presidenta Boluarte.

Verse involucrado en polémicos episodios, como la censura al historietista Juan Acevedo por su postura crítica con el gobierno de Boluarte, lo llevaron a renunciar a este cargo. Sin embargo, sus poderosas amistades ayudaban a que Yangali no demore en ser contratado nuevamente para brindar alguna asesoría.

Pero el objetivo de Yangali era otro. Acorde a fuentes confiables consultadas por Sudaca, a donde realmente apuntaba este amigo de los hermanos Boluarte era a la Biblioteca nacional y habría influido en varias de las designaciones que involucraban a esta institución. Por ello, a pocos meses del inesperado final de su mandato, la presidenta Dina Boluarte le entregó a Yangali Quintanilla, oficialmente, el puesto de jefe institucional de la Biblioteca Nacional.

SE REPITE LA HISTORIA

Con la llegada de un nuevo gobierno se esperaban grandes cambios y, por supuesto, el sector cultura era parte de esta expectativa. Sin embargo, tras las primeras semanas, todo parece indicar que, al menos en lo que respecta a la Biblioteca Nacional, estamos ante una continuidad de las deficientes y cuestionadas gestiones del pasado.

Un ejemplo de ello es lo que ocurrió con el antiguo gerente general. Tras la designación de Alberto Beingolea como ministro de Cultura y la intención de este de cambiar a algunos de los altos mandos, Manuel Martín Sánchez Aponte, quien se convirtió en gerente general de la Biblioteca Nacional por elección de Juan Yangali, debió renunciar a su puesto.

Pero Yangali Quintanilla, en una actitud similar a la que tenía el gobierno de Boluarte con él, no permitió que esta persona de su círculo de confianza pase ni un día sin trabajo. Por ello, inmediatamente después de hacer pública su renuncia, Yangali aprovechó su poder como jefe institucional para nombrar a Sánchez Aponte como su nuevo asesor y de esa manera mantenerlo en la Biblioteca Nacional.

En esta rotación de funcionarios cercanos a Juan Yangali también entraría en escena Ana Victoria Gonzáles Ccopa. Fuentes consultadas por este medio señalan a Gonzáles Ccopa como otras de las personas muy cercanas al amigo de los hermanos Boluarte y sus órdenes de servicio entre los años 2023 y 2025, que superan los doscientos cincuenta mil soles, demuestran la consideración que le tenían quienes controlan la Biblioteca Nacional.

Desde la llegada de Yangali a la jefatura institucional en agosto del año pasado,  Gonzáles Ccopa estuvo ocupando el cargo de asesora de la gerencia general. Pero, con el cambio en la gerencia general que escapó del poder de Yangali, Ana Gonzáles debió renunciar a su puesto de asesora.

Sin embargo, al igual que en el caso de Sánchez Aponte, el jefe institucional de la Biblioteca Nacional del Perú no estaba dispuesto a perder a una de sus aliadas. Por ello, a los pocos días de oficializarse su renuncia, Juan Yangalí designó a Gonzáles Ccopa como la nueva coordinadora de gestión cultural, investigaciones y ediciones de la Dirección del Acceso y Promoción de la Información.

Si bien apenas está por cumplirse el primer mes del gobierno de Keiko Fujimori y la gestión de Alberto Beingolea en el Ministerio de Cultura, resulta difícil creer que, como dijo el nuevo ministro, los privilegios se han terminado si los responsables de deficientes gestiones pasadas no sólo permanecen, sino que hasta que se permiten reubicar a sus amistades.

«A los lectores: Pueden acceder al video de cada canción o artista mencionados en los artículos para verlos en YouTube»

[Música Maestro] De la infinidad de videoclips que vio mi generación durante los ochenta, probablemente los de ZZ Top estén entre los más recordados. La mitología que se creó en torno a estos tres extravagantes músicos -los poderes mágicos de los autos y sus llaves, el revoleo de guitarras, las barbas largas, los lentes oscuros, la transformación de personas apocadas en personajes seguros- a través de esos videos quedó inscrita en nuestras incipientes mentes rockeras como un tatuaje. Y, por encima de todas esas imágenes, destacaba el sonido rugoso de este power trío que se convirtió de inmediato en el eslabón que unió a la era MTV con la década anterior.

La semana pasada nos enteramos del fallecimiento de Frank Beard, a los 77 años. El baterista era el motor y corazón de esta “pequeña bandita de Texas” -parafraseando el título de un documental sobre ellos  lanzado por Netflix en el año de su 50 aniversario-, ejecutando sus metronómicos ritmos desde el fondo mientras que Billy F. Gibbons y Dusty Hill, al frente, desplegaban sus graciosas coreografías y energéticos ataques de guitarra y bajo, con esas descargas de blues, rock y boogie que los distinguió desde finales de los sesenta.

Con la muerte de Beard -que, curiosamente, significa “barba”, aunque era el único que no la usaba-, ocurrida cinco años después del lamentable fallecimiento del bajista Dusty Hill a los 72, Billy F. Gibbons (76) queda como único integrante vivo de ZZ Top. En una de sus primeras declaraciones públicas tras difundirse la noticia, “El Reverendo” Gibbons hizo elogiosos comentarios a la memoria de su compañero y amigo: “Hoy el mundo ha perdido a uno de los bateristas más innovadores. Su dominio del ritmo fue clave para mantenernos en la cima”.

Talentos de televisión

Los videos de Sharp dressed man, Legs y Gimme all your lovin’, tres canciones de su octavo álbum Eliminator (1983), convirtieron a Gibbons, Hill y Beard en inmediatas estrellas de la generación MTV, como ocurrió también con bandas como Twisted Sister o Dire Straits. La estética cinematográfica y los personajes de fantasía, combinación de Back to the future (1984) y Happy days (la serie de 1974-1984 sobre la vida familiar en los años cincuenta) sirvió para contar historias de reivindicación de los más débiles, donde tres risueñas y carismáticas estrellas de rock eran capaces de transformar la monocromática vida de sus antihéroes en una colorida montaña rusa donde no faltaban motocicletas, diversión y chicas bonitas, sin perder el aura infantil de sano entretenimiento.

Para ese momento, la banda ya era una leyenda del blues-rock, al mismo nivel de Cream, Mountain, Lynyrd Skynyrd, Led Zeppelin o The Jeff Beck Group -escuchar temas como la balada claptonesca Sure got cold after the rain fell o Whiskey ‘n mama, que precedió un año al Dirty love de Zappa (ambas del LP Rio Grande mud, 1972), aunque para nosotros esa larga historia previa era totalmente desconocida. Ese disco ochentero hizo que el trío, extremadamente trajinado en escenarios recorridos sin descanso entre 1973 y 1977, se enganchara con los nuevos públicos, más orientados al consumo audiovisual de la música.

Cuando entramos en contacto con ZZ Top, las nociones sobre “el sueño americano” y “la tierra de las oportunidades” ya venían siendo cuestionadas en los Estados Unidos, en casi veinte años de hippismo y todos los productos culturales de lo que hoy se conoce como “generación baby boomer”. Mientras, en nuestros países vivíamos inundados por las series de televisión y los anhelos consumistas de todo lo que llegara de allá. En ese sentido, el sarcasmo de los barbudos tejanos se insinuaba como la punta del iceberg de una contracultura efervescente, capaz de mostrar la otra cara de Norteamérica, pero de forma divertida y relajada.

ZZ Top: Los primeros años

Billy F. Gibbons -la F. es de su segundo nombre, Frederick- es un excelente guitarrista de blues, capaz de convocar a los espíritus de Robert Johnson (1911-1938) y Elmore James (1918-1963) con dos o tres acordes y electrizantes solos lanzados desde su colección de Fender, Dean y Gibson, que se formó musicalmente de la mano de Jimi Hendrix, nada menos. Poco antes de cumplir los veinte años, su banda The Moving Sidewalks (1966-1969) llegó a telonear al chamán negro de la guitarra eléctrica quien, como cuenta el mismo Gibbons, “me enseñó a tocar el inicio de Foxy lady y, desde entonces, supe cómo sonaba la libertad”.

Para 1970 ya se había encontrado con Dusty Hill y Frank Beard, bajo y batería de American Blues, un grupo influenciado por la onda psicodélica de los primeros Grateful Dead y 13th Floor Elevators. El trío, que completaba el guitarrista Rocky Hill, hermano mayor de Dusty, se había separado un par de años antes, dejando libres a ambos. Fue Beard quien presentó a Hill y Gibbons, en plena búsqueda de nuevos acompañantes. El baterista contó alguna vez que, para audicionar, obligó a Billy a escucharlo durante treinta minutos. El guitarrista lo corrige: “Fueron solo treinta segundos, suficientes para saber que tenía lo que buscaba”.

La sociedad de estos jóvenes se plasmó en tres excelentes álbumes de rock sureño y blues, en línea con todo lo que venía pasando en esos años, desde The Allman Brothers Band hasta The Rolling Stones. Canciones como Francine (Rio Grande mud, 1972), Squank (ZZ Top’s first album, 1971) o Jesus has left Chicago (Tres hombres, 1973) son buenos ejemplos de ese tiempo.

Al último de los mencionados pertenecen también dos de sus primeros temas considerados “éxitos”, Beer drinkers & hell raisers -que fuera grabada en 1977 por otro trío, los ingleses Motörhead, durante las sesiones de su álbum debut, lanzada como single en 1980- y La Grange, dedicada a un burdel del condado de Fayette, en Texas, una canción que nunca dejaron de incluir en sus conciertos el resto de su carrera.

1977: Un pequeño descanso

Conocidos por su incansable agenda de conciertos, los ZZ Top siguieron adelante con un par de álbumes cargados de blues eléctrico, guitarras slide y la poderosa combinación del susurro rasposo de Gibbons y la potente voz alta de Hill, con el pulso imparable y preciso de Beard como base sólida para sus desarrollos instrumentales. El primero de ellos, Fandango! (1975), combina canciones en vivo con grabaciones de estudio.

En la parte que está en directo -el Lado A del vinilo original- podemos ubicar al ZZ Top más agresivo y rockero, con una potente versión de Jailhouse rock, composición de Jerry Leiber, Mike Stoller que hiciera popular “El Rey del Rock”, Elvis Presley (1935-1977) en el año 1957. En el tema Backdoor medley, también en vivo, la batería de Beard -elegante en ese clásico del rocanrol cincuentero- se transforma en casi un antecedente del thrash metal. Entre el material de estudio destacan Balinese, Tush -ambas cantadas por Hill- y el romántico Blue jean blues.

La siguiente producción, Tejas (1976), continúa la senda de sus anteriores placas, con brillantes solos de Gibbons, la correctísima batería de Beard -una especie de híbrido entre Charlie Watts y Ringo Starr, por su exactitud y manejo de redobles- y el contundente trabajo vocal de Dusty Hill en Avalon headaway y Ten dollar man. La viñeta instrumental Asleep in the desert muestra un lado poco explorado hasta ese momento, con guitarras acústicas y golpes de percusión que se asemejan al cajón peruano, una verdadera rareza en el catálogo de ZZ Top.

Entre 1976 y 1977, el trío se embarcó en una extensa gira de la que salieron exhaustos y con una sequía de ideas nuevas. Eso, sumado a los problemas de adicción a drogas duras de Frank Beard, motivaron la decisión de tomarse un descanso que, inicialmente, solo iba a durar el tiempo que le costara al baterista rehabilitarse. Sin embargo, el hiato se extendió hasta 1979, en que lanzaron su sexto larga duración, Degüello -una de sus mejores carátulas-, del que salieron un par de temas con cierta difusión radial en los Estados Unidos, Cheap sunglasses y I’m bad I’m nationwide -la última parte aquí es un buen ejemplo de lo buenos que eran- y otra excéntrica muestra de versatilidad, con los tres convertidos en sección de metales -Gibbons, saxo barítono; Hill, saxo tenor; Beard, saxo alto- para Hi fi mama.

El inicio de los éxitos masivos

Hasta ese momento, ZZ Top era una de esas bandas de culto reservadas para conocedores. Sin muchos temas en los rankings, el trío se animó a incorporar teclados, tocados por Dusty Hill, para el primer álbum que lanzaron en la nueva década, El loco (1981). Sin embargo, las canciones más rockeras como Pearl necklace, Party at the patio y Tube snake boogie fueron las que tuvieron mayor resonancia. Además, este fue el primer momento en que Gibbons y Hill aparecieron en una portada con sus nuevas barbas de 35 centímetros de largo, apariencia que se convirtió en su marca registrada para los años siguientes.

Eliminator (1983), como decíamos al principio, fue el disco que los catapultó a la fama internacional y masiva. Aquí se une a la mitología ZZ Top un fabuloso auto clásico, parte de la colección personal de Gibbons, un Ford rojo coupé de 1933. Aunque al principio hubo algunas controversias respecto de la unidad en el grupo, por la participación del productor Linden Hudson en la composición y arreglos de varias canciones, los tres grabaron el disco de manera regular y, para promocionarlo, iniciaron una enorme gira por Estados Unidos y Europa.

Eliminator y el final de una era para ZZ Top

Los videoclips de Gimme all your lovin’, Legs y Sharp dressed man, además de las tramas comunes y los personajes paradigmáticos -la chica tímida, el muchacho buleado- que superan sus problemas con el apoyo del trío mágico que les cambia la vida con un simple movimiento de las llaves de un auto rojo capaz de transformarse en una nave espacial, nos presentan por completo la nueva imagen pública de ZZ Top.

Siempre con sus enormes sombreros tejanos, lentes oscuros y características barbas, Gibbons y Hill comenzaron a realizar sencillos pero muy bien coordinados movimientos de baile, perfectamente sincronizados, mientras tocaban y hacían malabares con sus instrumentos. En el video de Legs se les ve con guitarra y bajo diseñadas especialmente para ellos, recubiertas de una tela blanca que les da apariencia de nubes, hoy exhibidos en el museo del Hard Rock Café de la ciudad tejana de Dallas.

En este disco se comienza a sentir mayor presencia de sintetizadores y baterías electrónicas, consecuencia de la fascinación que había desarrollado Gibbons, rockero por excelencia, por bandas británicas de electropop ochentero como O.M.D. y Depeche Mode, de las cuales se declaró ferviente seguidor. La influencia de ese sonido nuevo se manifestó de forma más dura en los siguientes dos discos, Afterburner (1985) y Recycler (1990), con canciones como Sleeping bag, Stages o Doubleback, de moderado éxito en radios y programas televisivos. Los elementos fantasiosos y futuristas continuaron, pero ya no con el impacto de Eliminator, álbum que llegó a vender más de 11 de millones de copias solo en Estados Unidos.

1995-2025: Entre la devoción y el olvido

Para ZZ Top que, en el año 2018 fue denominada por los récord Guinness como la alienación más estable de la historia del rock -50 años, juntos desde 1968- fue muy difícil o, en todo caso, agridulce, adaptarse a los cambios de la industria discográfica y los gustos de las masas. Considerados por los públicos más jóvenes como unas piezas de museo, Gibbons, Hill y Beard contaron todo el tiempo con el apoyo de sus fanáticos, quienes los siguieron por todas partes.

Aunque no repitieron los números millonarios de décadas anteriores, sus álbumes Antenna (1994), Rhythmeen (1996), XXX (1999) y Mescalero (2003) concitaron siempre la atención de los amantes del blues y el rock guitarrero, pues fueron un gradual retorno a sus raíces. Como tantas otras bandas del pasado, los barbudos lograron acondicionar su sonido durante los ochenta pero, en la época del grunge y el rap, sus canciones y videos fueron solo placer de minorías. Sin embargo, sus conciertos y recopilaciones, como el CD/DVD Greatest hits (1992) -que incluyó un par de temas nuevos, Gun love y otro cover de Elvis, la sesentera Viva Las Vegas-, tuvieron impacto por condensar en un solo producto sus momentos más memorables.

En el año 2004, ZZ Top fue inducido al Rock And Roll Hall Of Fame y su presentación estuvo a cargo del guitarrista de los Rolling Stones, Keith Richards. En esa gala, el trío tocó La Grange y Tush, dos de los temas más aclamados de su primera época. También desde ese año fueron invitados por otro de sus célebres colegas, Eric Clapton, al Crossroads Guitar Festival, un cartel de legendarios guitarristas y estrellas nuevas del blues y el rock.

Gibbons se convirtió, además, en una personalidad recurrente en la televisión por su extravagante personalidad, casando parejas en Las Vegas e incluso uniéndose al elenco de Bones (2005-2017), haciendo de sí mismo, como el misterioso padre de una de las protagonistas, Angela Montenegro. El dato curioso: el segundo nombre de su hija en esa recordada serie policial era Pearly Gates, nombre de su emblemática Gibson Les Paul de 1959, a la que le compuso el instrumental Apologies to Pearly (Rio Grande mud, 1972).

Muchos guitarristas modernos de blues, como Derek Trucks, John Mayer, Keb’ Mo’ o Joe Bonamassa mencionan a Billy Gibbons como una de sus principales influencias y consideran un honor cada vez que tienen la oportunidad de tocar con él. Mientras que las masas apenas lo recuerdan, la comunidad musical reconoce en él a una auténtica leyenda del rock norteamericano y mundial.

ZZ Top seguirá adelante

Cuando falleció Dusty Hill en el año 2021, Gibbons y Beard siguieron adelante con Elwood Francis como su reemplazante. Francis, viejo amigo y colaborador de la banda, conocido por tocar bajos de hasta 17 cuerdas y también portador de una enorme barba, había recibido la posta directamente de Hill, como cuenta Billy Gibbons: “En su lecho final, me tomó firmemente del brazo y me pidió que le diera su instrumento a Elwood”. Aquí podemos verlos, tocando Sharp dressed man.

Al parecer, la muerte de Frank Beard tampoco detendrá a esta locomotora bluesera que comenzó a rodar hace ya casi seis décadas. Hace pocas semanas, la página web oficial de ZZ Top había anunciado la cancelación de algunas fechas, debido a los tratamientos médicos del baterista, aunque no se precisaron detalles sobre su enfermedad. Tras su muerte, rodeado de sus familiares en su casa rancho de Richmond, Texas, se ha informado que su lugar lo ocupará Michael Monahan, quien ya había alternado previamente con Gibbons y Francis.

ZZ Top no ha grabado ningún disco nuevo desde el energético La Futura (2012, donde destacó el single I gotsta get paid, que nos recuerda al ochentero West L.A. fadeaway del álbum de 1987 de los Grateful Dead, In the dark), décimo quinto de su larga trayectoria, producido por otro legendario barbudo, Rick Rubin. Pero continuará brindándonos lo mejor del blues-rock gracias a la tenacidad y buena salud de Billy F. Gibbons quien, a sus 76 años, no está dispuesto a retirarse y lleva en sus manos el legado de este género que continúa vigente por encima de modas pasajeras y encanallamientos farandulescos. Para disfrutar de su música, poner este concierto del 2008 a todo volumen basta y sobra.

[INFORME] Luego de dos años del asesinato de Santiago Guardamino, su familia y la Comunidad de Quipán siguen padeciendo el desinterés por parte de la justicia para encontrar a los responsables de un crimen que, sospechosamente, ocurrió en medio de una batalla legal que involucra a una poderosa empresa.

Han pasado más de dos años desde aquella noche del  1 de abril del 2024 en la que Santiago Guardamino Gonzáles fue brutalmente asesinado a manos de sicarios e, increíblemente, sus familiares y la gente de la Comunidad Campesina de Quipán, donde era presidente, siguen sin obtener justicia.

Durante los últimos meses, este medio difundió la larga lista de hechos y escándalos que rodearon este repudiable crimen, y que hoy invitan a que la familia de Guardamino Gonzáles se pregunte si existen poderosas influencias que obstaculizan y persuaden a la justicia para que la muerte de Santiago siga sin tener responsables.

LA VENTA QUE EMPEZÓ TODO

Para entender mejor las circunstancias en que se produjo el asesinato de Santiago Guardamino es preciso remontarse a los hechos que tuvieron lugar a finales del año 2016. Por aquella fecha, la Comunidad Campesina de Quipán había concretado a la importante venta de un terreno a una importante empresa.

No habría anda extraño en ello de no ser porque los integrantes de esta comunidad desconocían que se estaba gestionando dicha venta. Abel Mosquera Ortiz, quien por aquel entonces se desempeñaba como presidente de la comunidad, había utilizado documentación falsificada para venderle a la empresa Industrias Argüelles diez mil hectáreas de tierras comunales.

El escándalo sobre esta venta fraudulenta también se centró en la insólita cifra que recibió Mosquera Ortiz. Según se pudo conocer, Industrias Argüelles, empresa que se encontraba interesada en estas tierras comunales para la creación de un relleno sanitario, acordó pagar apenas seiscientos mil soles por un terreno cuyo precio estimado rondaba los cinco millones de soles.

CONDENAS Y SOBORNOS

Las irregularidades detrás de esta venta fraudulenta terminarían siendo expuestas y fue en ese momento cuando se evidenció el verdadero poder de los involucrados. Este caso había terminado en manos de la magistrada Roxana Becerra Urbina y, por lo tanto, el futuro de la adquisición hecha por Industrias Argüelles estaría en sus manos.

Pero el fundador de Industrias Argüelles no estaba dispuesto a perder y puso todo su poder económico para intentar torcer la justicia en su favor. El propio Aniceto Argüelles y una persona de su círculo de confianza identificado como Silvio Muñoz se encargarían de gestionar un importante soborno de más de medio millón de soles a Becerra Urbina a cambio de obtener una sentencia favorable.

La labor de seguimiento de la División de Investigación de Delitos de Alta Complejidad (DIVIAC) descubrió que Argüelles había hecho las gestiones para, mediante intermediarios, comprar terrenos propiedad de la magistrada y su familia a precios inflados, y con ello asegurar que la justicia esté de su lado en el caso de la Comunidad Campesina de Quipán.

Aunque Abel Mosquera, expresidente de la Comunidad Campesina de Quipán, terminaría siendo condenado a cinco años de prisión efectiva, Aniceto Argüelles encontró, como única salida para evitar un desenlace similar, la alternativa del acuerdo de terminación anticipada con el cual reconocía el pago de un soborno y su condena fue de cuatro años y dos meses de prisión suspendida.

Estos antecedentes que involucran influencias en la justicia y mucho dinero en juego han llevado a que las personas cercanas a Guardamino miren con recelo el accionar de la justicia en lo que respecta a la investigación del asesinato de Santiago que lleva más de dos años sin culpables y una familia sin respuestas.

[EL DEDO EN LA LLAGA] El 17 de agosto de 2026, la Asociación Civil San Juan Bautista (ACSJB) presentó ante la Fiscalía de la Nación una querella por difamación agravada continua contra la periodista Paola Ugaz. La acción llega después de que la Fiscalía archivara, en junio, una investigación de más de tres años por presunto lavado de activos, tráfico de tierras y fraude tributario. La asociación pide un sol de reparación simbólica y sostiene que busca que un juez “determine la verdad”.

Su vocero, el abogado penalista Percy García Cavero, explicó la demanda el 19 de agosto, en una entrevista emitida a través de Origen Xtream y conducida por Giuliana Caccia, directora del medio. Caccia ha sido señalada en diversos reportes periodísticos por sus vínculos con el entorno del Sodalicio de Vida Cristiana. Junto con Sebastián Blanco, presentó una denuncia contra monseñor Jordi Bertomeu, integrante de la misión especial enviada por el papa Francisco para investigar los abusos y las irregularidades en esa organización. Además, esta casada con el hermano de Sebastián, Ignacio Blanco, quien durante mucho tiempo fue secretario personal de Luis Fernando Figari, superior general del Sodalicio de 1975 a 2010.

El escándalo del Sodalicio y el trabajo de Paola Ugaz

El Sodalicio de Vida Cristiana fue fundado en el Perú en la década de 1970. Durante años funcionó bajo una estricta disciplina espiritual, hasta que en 2015 quedó en el centro de un escándalo de abusos sexuales, físicos y psicológicos.

El libro “Mitad monjes, mitad soldados”, coescrito por Paola Ugaz y Pedro Salinas, reunió testimonios de víctimas y contribuyó a sacar a la luz las prácticas abusivas de Figari y otros miembros de la cúpula. El Vaticano intervino posteriormente, ordenó investigaciones canónicas y, con el tiempo, el Sodalicio enfrentó un proceso de disolución bajo supervisión eclesiástica.

Paola Ugaz continuó investigando las estructuras económicas relacionadas con la organización: cementerios, inmobiliarias, sociedades empresariales y movimientos de dinero. Ese trabajo desembocó en una larga disputa judicial y pública con personas e instituciones vinculadas al antiguo entorno sodálite.

La Asociación Civil San Juan Bautista y José Antonio Eguren

En ese contexto aparece la Asociación Civil San Juan Bautista. Fundada en junio de 1991, la ACSJB es una persona jurídica de derecho civil, sin fines de lucro. Su actividad no se limita a la administración de cementerios bajo la marca “Parque del Recuerdo”: también ha desarrollado actividades económicas vinculadas a la adquisición y desarrollo de terrenos, proyectos de infraestructura y otras operaciones relacionadas con sus activos.

La propia asociación sostiene que entre sus fines está generar recursos para apoyar obras de la Iglesia católica y que los ingresos obtenidos mediante sus actividades son reinvertidos o destinados a donaciones conforme a sus objetivos. Precisamente por la dimensión económica de sus actividades, la ACSJB se convirtió en objeto de investigaciones periodísticas sobre sus relaciones con el entorno del Sodalicio.

Existe un dato fundamental para reconstruir su historia: José Antonio Eguren Anselmi, entonces sacerdote y miembro del Sodalicio, fue uno de los fundadores de la ACSJB y su presidente inicial. Eguren mantuvo responsabilidades directivas en la asociación hasta que renunció formalmente como asociado en abril de 2001. La información periodística disponible señala además que buena parte de los asociados iniciales de la ACSJB eran miembros del Sodalicio.

Eguren no fue el único miembro del Sodalicio que intervino en las estructuras relacionadas con la asociación. Miembros del Sodalicio con distintos tipos de vinculación ocuparon responsabilidades y participaron en operaciones realizadas a través de ella. En una operación documentada del año 2000, por ejemplo, la ACSJB estuvo representada por José Ambrozic Velezmoro y Raúl Guinea Larco, mientras que José Antonio Eguren Anselmi y Eduardo Regal Villa actuaron en representación del Sodalicio. No es un dato menor. Eguren, Regal y Ambrozic eran sodálites consagrados; Guinea era un sodálite adherente, es decir, un leal miembro con vocación a la vida matrimonial.

En esa misma operación, los excedentes generados por las actividades funerarias de los cementerios estaban destinados, entre otros fines, al fomento de vocaciones y a actividades educativas, vocacionales y pastorales vinculadas al Sodalicio. Ese tipo de conexión económica e institucional es precisamente lo que permite entender por qué la relación entre ambas entidades fue objeto de investigación periodística. La independencia jurídica de una y otra no elimina los vínculos personales, institucionales y económicos que existieron entre ambas.

La cuestión periodística, por tanto, consiste en investigar qué relaciones existieron entre ellas, quiénes participaron, qué funciones desempeñaron y qué destino tuvieron los recursos generados por las actividades de la asociación.

Obediencia, bienes y disciplina sodálite

El asunto adquiere mayor relevancia al examinar la disciplina interna del Sodalicio. Los sodálites consagrados hacían promesas de obediencia y celibato. Aunque la pobreza no constituía un voto formal, existía un llamado al “espíritu de pobreza” y a la comunicación de bienes. Las actividades e iniciativas de los miembros, tanto como los bienes que poseían, estaban sometidos a la obediencia debida a los superiores, según normas institucionales vinculantes. Por eso, cuando miembros consagrados participaron en la creación o administración de iniciativas económicas, se puede legítimamente cuestionar que pudieran actuar exclusivamente a título individual, sin ninguna relación con la comunidad sodálite. Pues todo sodálite estaba obligado a subordinar sus intereses personales al Sodalicio como institución.

Con eso se derrumba el argumento de García Cavero en la entrevista con Giuliana Caccia, cuando sostiene que vincular a la ACSJB con el Sodalicio es “absurdo”, basándose en que ambas son, efectivamente, entidades jurídicamente distintas. Esa separación no elimina los vínculos históricos y disciplinarios, que pueden ser objeto de investigación.

El antecedente judicial de José Antonio Eguren

La conexión de Eguren con el caso adquiere otra dimensión porque el actual abogado de la ACSJB ya había intervenido judicialmente en un conflicto entre el arzobispo y Paola Ugaz. En 2018, Eguren presentó querellas por difamación contra Ugaz y Pedro Salinas. García Cavero fungió de abogado del obispo sodálite. El proceso contra Salinas terminó inicialmente en primera instancia con una condena por difamación agravada, en un juicio rocambolesco que no cumplía con las garantías debidas, mientras que Eguren posteriormente desistió de las acciones contra ambos periodistas gracias una intervención del Vaticano, que consideraba como un escándalo perjudicial para la Iglesia que un obispo miembro de una organización acusada de abusos, debidamente documentados, denunciara a los periodistas que habían dado a conocer a la opinión pública esos abusos.

Los argumentos de García Cavero

Uno de los argumentos centrales de García Cavero es que existirían básicamente “tres mentiras” de Ugaz que sustentan la querella.

La primera se refiere al reportaje de Al Jazeera de 2016, The Sodalitium Scandal, en el que Ugaz participó como periodista, aunque García Cavero insista en que fue “productora”, no obstante que la propia cadena árabe ha desmentido oficialmente este supuesto. Según el abogado, el reportaje afirmó que la ACSJB —y por extensión el Sodalicio— había usurpado tierras de comuneros de Castilla, en Piura, con el apoyo de una organización criminal llamada “La Gran Cruz del Norte”.

El abogado sostiene que el reportaje se basó en cuatro testigos cuyas declaraciones resultarían falsas, siendo que varios fueron condenados por difamación, y que al menos uno reconoció distorsiones. Algunos de esos testigos enfrentaron efectivamente procesos por sus declaraciones y existieron conflictos de tierras documentados en Piura. Pero convertir esas circunstancias en una “ficción novelística” inventada por Ugaz supone una conclusión más amplia que los hechos acreditados. El periodismo de investigación trabaja con documentos, testimonios e indicios; su validez no depende de que cada afirmación haya sido previamente establecida por una sentencia judicial, sino de que reproduzca fielmente la información documental y aquella suministrada por sus fuentes.

Las otras dos acusaciones se refieren a una supuesta defraudación tributaria mediante el uso del Concordato y a presunto lavado de activos en el marco de una organización criminal. La Fiscalía archivó en junio de 2026 la investigación por estos hechos después de más de tres años de diligencias. El resultado favorece a la ACSJB en esos procedimientos concretos. Pero el archivo fiscal no determina por sí mismo que todas las investigaciones periodísticas anteriores fueran falsas ni establece la inexistencia de cualquier irregularidad histórica. Son cuestiones distintas. Una decisión judicial no constituye necesariamente el criterio último para determinar qué hechos son reales y cuáles no.

Investigar el poder

El caso de Paola Ugaz plantea una cuestión que trasciende a la periodista y a la ACSJB: hasta dónde puede llegar el periodismo cuando investiga el poder —político, económico o religioso— sin cruzar la frontera de la difamación.

Los errores periodísticos deben ser examinados y, cuando corresponda, corregidos. Pero una investigación no se convierte automáticamente en una “mentira” porque una institución rechace sus conclusiones o porque una investigación penal termine archivada.

La respuesta a las investigaciones periodísticas puede ser una solicitud de rectificación, una demanda civil o una acción penal, pero solo cuando realmente se ha cometido un delito, es decir cuando hay dolo e intención deliberada de manipular los hechos. Pero cuando las querellas se convierten en una respuesta recurrente frente al periodismo solo porque es incómodo, existe un riesgo evidente: que el costo de investigar termine siendo tan alto que la prensa prefiera no hacerlo. Y se estaría perpetrando un atentado contra la libertad de expresión.

Cuando lo que está en juego es la investigación de una organización religiosa que durante décadas acumuló poder, influencia y recursos, ese riesgo no debería tomarse a la ligera.

[Migrante al paso]  Estaba en la redacción. Entra una llamada: había muerto mi abuelo. Sentí tristeza, pero no una devastadora. No fuimos muy cercanos, pero no dejaba de ser mi abuelo. Pero mi preocupación inmediata fue cómo estaba mi padre. Hablé con mi jefa y salí de inmediato. Manejé tranquilo, sin música; solo recuerdo haber hecho eso intencionalmente cuando murió mi psicólogo entrañable hace unos años. El cielo no estaba gris del todo, se podía ver atisbos de luz, no predominaba la oscuridad. Llegué a las pequeñas calles de Cajamarca en Barranco, todas pintorescas, chatas y antiguas. La luz se traslucía por los árboles de crestas bajas. Me cuadré al frente de esta casa amarilla. Unas rejas resguardaban, sin darle espacio, a una puerta blanca; parecía milenaria. Podía imaginarme un sello maldito amarrando las dos manijas redondas. Como si se tratara de abrir la caja de Pandora. La imaginación se apodera de ti en los momentos más precisos. Los pocos pasos hacia la casa se sintieron como caminar en un mundo transparente. Mis cuatro abuelos vivieron en esa casa en distintos momentos. Ahí crecieron mi madre y mi tío. Mi Mamamora y Papito Juan los criaron ahí. Este otro abuelo es un símbolo curioso e indescifrable; solo sé que su presencia fue fuerte porque siento como si lo hubiera conocido. En mi cosmovisión familiar, creo que hasta mis antepasados nacieron ahí. Una casa familiar estaba frente a mí, como si hubiera absorbido los recuerdos y pensamientos de todo lo que habrá ocurrido adentro. Ni yo lo sé.

Toqué la puerta, me abrió mi hermano. Ingresé como un arqueólogo explorando su propia historia. Dos pequeños cuartos adjuntos, muebles viejos y luz tenue; la única ventana estaba semicubierta por una cortina. Dos pequeños niños corrían riéndose sobre una alfombra azulezca, uno más grande que el otro; se acercaban con la cabeza rapada y se tiraban sobre el sillón. Después de todo, mis dos primeros años también viví ahí. Los dos pequeños crecieron, se transformaron en siluetas grandes y ensombrecidas. Ambas del mismo tamaño, una parada y otra recostada. Era mi padre mirando el cuerpo del suyo. Él estaba bien. La mente es audaz. No recuerdo ni cuánto tiempo pasó ni, exactamente, qué se conversó en el momento.

Entraron cuatro personas, se veían pequeñas. Movieron el pesado cuerpo de esta persona que en vida fue brillante; noté cómo les costó el corto traslado. Tanto él como mi padre, ambos de más de un metro ochenta, imponentes, compartían una voz profunda y retumbante, un físico casi idéntico y un intelecto tan brillante como terrible. Yo encajo en todas; para la última aún soy muy joven para saberlo. Sentí mi presencia dentro de mi papá y mi abuelo. Es muy probable, por lo que me dicen muchos conocidos de mi apariencia, que yo sea muy parecido en mi vejez. Espero que en mejor forma, por lo menos. Las semanas siguientes estaba disociado, como un espejo agrietado. Se abrieron los gigantescos portones, se liberó el pandemonio. Meses después llegó la pandemia. Fue en ese momento que empecé el viaje de una aventura que ya había comenzado hace mucho.

Un niño encima de un podio, oro colgando. Un salón con carpetas compartidas, todos mis amigos de la infancia ahí, celebrando mis notas puestas en un rectángulo verde y opaco. Pastores alemanes durmiendo a mis pies. Un lobo de ojos azules que me miraba emanando aura legendaria y un pequeño rechoncho peleón. Manos sudorosas sobre las teclas de un piano. Sangre cayendo. ¿Aún no eres nadie? ¿Todavía no sabes ni quién eres? —interrumpe una voz sombría. Me sacudo y abro los ojos bruscamente, viendo un techo conocido, pero hostil. Lo odiaba. Lo miraba un rato mientras las gotas de sudor caían por el calor infernal de Buenos Aires en verano. Al sentarme, mis pies chocaban con botellas de plástico acumuladas y veía, detrás de un sillón amarillo, una sala y una cocina que también me desagradaban. Un pequeño peluche de Naruto, que me regaló mi madre cuando me acompañó al mudarme de ciudad, y dos cuadros pequeños, que hizo mi hermano en la universidad, me daban nostalgia. Pero lograban hacerme sonreír; me convencían de que mi hogar estaba lejos, pero aún existía. Podía escuchar a la pequeña figura de anime diciéndome que no me rindiera. Ahí estaba, solo, buscando algo imposible de conseguir en algo que, en ese momento, sentía como un infierno. Como Dante buscando a Beatriz. Yo no tenía a Virgilio, pero sí buenos recuerdos que sirvieron de guía.

Estudiaba filosofía en la UBA, llevaba ahí ya varios meses y dos mudanzas. Iba a la universidad, sentía que una bestia salvaje me acechaba, como acercándose cautelosamente a su presa. Solo mis audífonos a todo volumen podían espantarla momentáneamente. Llegaba a la facultad y entraba; llegaba frente al salón de mi clase y la música desaparecía. La criatura hambrienta estaba adentro y me amenazaba. Solo podía dar vuelta atrás en ese momento. De vuelta, escapando con música, subía al segundo piso, donde un pasadizo de piso rojo me guiaba a una puerta cuyo número ya olvidé. Me sentaba en mi cama, detrás de las cortinas que tapaban la luz; unas plantas que compré hacía tiempo apenas permanecían vivas. Podía sentir unos jadeos incesantes en mi oreja mientras unas gigantescas manos se apoyaban sobre mis hombros. El peso no se podía medir en kilos. Tenía terapia, pero echarme me parecía mejor opción.

Más de tres días sin dormir, la locura se apoderaba de mí. Subía al último piso en la madrugada, con lluvia. Ya no sabía qué hacer. Solo quería sentir algo. Felizmente, las lágrimas tienen un límite y esa laguna ya se había secado; todos los rincones de aquel cuarto insoportable habían sido regados por estas. Pasaron dos años, la terapia fue siendo cada vez más frecuente, regresé a Lima varias veces. Conversaba en momentos de emergencia con Eduardo, el psicólogo que mencioné antes; también tomó el papel de guía casi mágico, incluso hasta sus últimos días. Siempre estuvo ahí y lo echo de menos. Pude salir de ahí. Me fui de esa ciudad teniendo unos últimos meses peculiares y gratificantes. Las colosales puertas seguían abiertas, pero entendí que dentro de todo ese caos liberado no había demonios malos. La bestia que me acechaba, de alguna manera, siempre está a mi costado, esta vez como uno más de mis queridos perros. Solo una etapa de mi odisea en la que descubriría que nada justifica vivir el infierno de Dante, pero sí infinitos cascarones y niveles que romper.

En Lima, luego de un par de meses en mi casa viviendo tranquilo, surgió una inquietud. No era tristeza, todo lo contrario. Contrario a lo que sentía, alquilé un departamento por un año y solo lo usé 3 meses. Recordé que no todo fue apocalíptico en Argentina. Vi icebergs y glaciares de cerca, paisajes que ya me parecen difíciles de imaginar; euforia colectiva en la Bombonera y cuando campeonaron el mundial; aprendí a hacer snowboard; extrañaba esos momentos que habían sucedido, según mi perspectiva en esa situación, durante un periodo de oscuridad. La bestia amiga exigía seguir corriendo.

¡Kanpai! —gritaba con unos cuantos desconocidos que me sonreían enrojecidos, en un bar pequeño con pocas sillas. Un laberinto de bares similares rodeaba el lugar. Yo estaba feliz y borracho. 3 meses en Japón. Me movía con libertad en tren bala y un sistema de transporte sacado del futuro. Recorrí gran parte de ese país. En las estaciones, estar sentado al costado de máquinas dispensadoras tomando Coca-Cola se había vuelto algo cotidiano. Improvisar rezos en templos milenarios también. Creo que ese lugar le cambia la vida a quien sea que vaya y sepa apreciarlo.

Pasé dos días en Hiroshima. Caminaba por el parque de un castillo reconstruido entre árboles de sakura. Cada cierto tiempo me encontraba con algunos viejos señalados con algo ilegible para mí. Toda la modernidad y prosperanza que veía a mi alrededor habían sido devastación masiva; muy pocas cosas quedaron en pie. Esos árboles eran los que resistieron. No entendía cómo, en tan poco tiempo, la ciudad que vio al cielo prenderse en llamas, basándome en un testimonio del museo de la memoria, logró superarlo y llegar a niveles que superan lo que llamamos tercer mundo. Al salir de ese museo sentía náuseas y ansiedad, me temblaban las piernas. Sentía el cuerpo frío a pesar del sol. Llamé un taxi y me encaminé a un templo alejado que ya tenía mapeado. Subí cientos de escaleras y pude respirar. Estaba rodeado de pequeñas figuras Jizo; algunas de estas personitas de piedra llevaban gorritos o baberos de color rojo. Sirven para espantar todo mal y acompañan a los viajeros según el folklore. Cruzaba pequeños puentes de madera entre riachuelos; el camino seguía en ascenso, los pequeños no desaparecían. Llegué muy alto. Mientras descansaba, vi a una pareja de ancianos, uno de ellos con muletas. Se apoyaban mutuamente mientras bajaban. Hubo una pequeña reverencia, no podía lograr captar qué sentían. Tenían por lo menos 90 años. En esos lugares, familias locales dejan ofrendas para familiares fallecidos. Fue como descubrir una nueva emoción. A pesar de todos los augurios que espantan demonios, el gigantesco lobo caminó tranquilo y parecía recoger un fragmento de ese espejo que lleva mucho tiempo roto.

Por más de un año recorrí el mundo, es mi sueño y aún me falta conocer demasiado. Ahora ha pasado un año y mi situación es totalmente distinta. En todas esas experiencias se recogieron muchas esquirlas, pero al final completarlo es imposible; siempre seremos un espejo roto. Me parece algo bueno. Responder la pregunta «¿Quién soy?» sería muy aburrido. El mundo nunca estará vacío. Y, como ya dije, aún soy muy joven para terminar una historia tan propia; siendo sincero, no planeo escribirla.

[EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS] Víctor Raúl Haya de la Torre solía sostener que los países de América Latina debían unirse para negociar de igual a igual con Estados Unidos y obtener de este país los capitales y la tecnología necesarios para impulsar el desarrollo de la región en su conjunto. La afirmación de Haya, certera y visionaria, constituye una utopía política a la que nuestros países se han negado sistemáticamente desde que Simón Bolívar convocase el Congreso Anfictiónico de Panamá de 1826.

Optamos, entonces, por avanzar por separado en un mundo que ya se encontraba organizado de antemano y perdimos —y seguimos perdiendo— largamente en la confrontación. Nuestra autonomía económica ha estado condicionada, de manera recurrente, por los intereses de las grandes potencias: primero los de Inglaterra, hasta la Primera Guerra Mundial; después, los de Estados Unidos, cuya hegemonía en la región es hoy desafiada por China en el terreno comercial y económico.

El escenario contemporáneo convierte a América Latina en una preciada pieza para ambas potencias. Nuestra región posee recursos estratégicos fundamentales para la economía del siglo XXI, entre ellos el litio y las llamadas tierras raras que ofrecen importantes reservas de uranio, cuya energía resulta esencial para sostener buena parte de la infraestructura tecnológica que hace posible la informática, la computación avanzada y la inteligencia artificial. A ello se suman nuestros mercados, las rutas comerciales, los alimentos, los hidrocarburos y otras materias primas tradicionales, todos ellos incorporados a una disputa geoeconómica de creciente intensidad.

En este contexto, Estados Unidos ha propuesto a los países de la región la creación del denominado Escudo de las Américas, una suerte de mecanismo panamericano de cooperación destinado a combatir el narcotráfico y las organizaciones criminales, acompañado de un llamado a incrementar en un 1 % los presupuestos nacionales destinados a defensa. La iniciativa, sin embargo, difícilmente puede comprenderse al margen de la creciente rivalidad sino-estadounidense. A Washington le preocupa que China se haya convertido en el principal socio comercial de varios países latinoamericanos, entre ellos el Perú, donde sus empresas poseen una presencia predominante en sectores estratégicos y donde el megapuerto de Chancay le ofrece una ruta corta y competitiva para articular los mercados del Pacífico sudamericano con Asia.

Parecía que dieciocho países se incorporaban, sin mayores objeciones, al proyecto interamericanista de Donald Trump cuando Chile hizo sonar las alarmas. Su ministro de Defensa respondió a la propuesta con contundencia y serenidad, en un tono que hoy resulta poco frecuente cuando se abordan las relaciones con Estados Unidos: de país soberano a país soberano.

El ministro Fernando Barros señaló que Chile evaluará la propuesta y que recién responderá formalmente en noviembre, un plazo considerablemente amplio para un mandatario como Trump acostumbrado a exigir respuestas rápidas. Barros añadió que «primero se respeta la soberanía, la legislación, tanto la Constitución como las leyes de cada país», y recordó que la lucha contra el narcotráfico corresponde a las autoridades y a la policía chilenas.

El funcionario agregó que «nos vienen muy bien las ayudas en ciertas áreas, como inteligencia, información y tecnología. Pero no necesitamos más que eso». Con esta afirmación estableció con claridad la agenda chilena de cooperación y delimitó, al mismo tiempo, los ámbitos en los que su país está dispuesto a colaborar.

Finalmente, frente a las referencias del secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, al eventual retorno de la Doctrina Monroe —proclamada en 1823 por el presidente James Monroe—, Barros respondió de manera tajante: «Chile no es el patio trasero de nadie; somos un país muy orgulloso de nuestra realidad».

No son derechas e izquierdas

La réplica de Fernando Barros a su homólogo estadounidense ha llamado particularmente la atención porque no proviene de un gobierno de izquierda ni de un Ejecutivo que levante las tradicionales banderas del antimperialismo. Proviene, por el contrario, de un gobierno situado claramente a la derecha del espectro político chileno.

Por ello, cabía esperar que, así como los gobiernos de Javier Milei en Argentina, Nayib Bukele en El Salvador y Daniel Noboa en Ecuador se han mostrado receptivos a la propuesta de la Casa Blanca, José Antonio Kast hiciera lo propio. No ha ocurrido así.

El gobierno chileno parece entender que una política económica de orientación neoliberal, una posición conservadora frente a la migración y frente a determinadas posturas progresistas en otros ámbitos no obligan a renunciar a una geopolítica propia. La orientación ideológica de un gobierno no debería traducirse automáticamente en subordinación estratégica. Chile reivindica, en este caso, una política exterior soberana y proactiva, asentada en la conciencia del lugar que ocupa en el sistema internacional y de sus propios intereses nacionales.

¿Qué significa, entonces, ser de derecha para el gobernante de un país latinoamericano? Esta es la pregunta que queda flotando. Desde cierta perspectiva, podría significar aceptar que las políticas exteriores propias se subordinen a las agendas de Estados Unidos. Pero también puede significar —como parece interpretarlo Chile— asumir la propuesta de Trump y Hegseth como el inicio de una negociación de intereses que, precisamente por serlo, debe preservar la capacidad de decisión de cada Estado.

Chile vuelve a presentarse, de este modo, como lo ha hecho a lo largo de buena parte de su historia: un país consciente de sí mismo, celoso de su soberanía pero que tiende a actuar en solitario. Lo deseable, sin embargo, sería que otros países de la región adoptaran posiciones semejantes, no para enfrentarse al hegemón, sino para negociar con él en mejores condiciones.

Porque quizá nos encontremos ante una coyuntura excepcional. A pesar de la enorme ventaja económica, militar y tecnológica que Estados Unidos y China mantienen sobre nuestros países, ambas potencias necesitan de América Latina tanto como América Latina puede beneficiarse con ellas. ¿Por qué no negociar, entonces?

Unas palabras sobre la cuestión china.  Siempre he pensado que América Latina no debería verse obligada a escoger entre uno u otro de los dos grandes poderes que hoy disputan nuestra región como espacio de influencia. Por el contrario, deberíamos aprovechar su interés y, sobre todo, su rivalidad, para obtener beneficios concretos para nuestros pueblos.

Margaret Thatcher dijo alguna vez que “Inglaterra no tienen amigos, sino intereses”. La idea resulta pertinente para nuestra circunstancia. Si dos grandes potencias compiten por ampliar su influencia sobre nuestra región, América Latina debería ser capaz de transformar esa competencia en una oportunidad para su propio desarrollo.

No se trata, por tanto, de elegir entre Washington y Beijing, sino de negociar con ambos. Y hacerlo desde una posición que nos permita convertirnos, progresivamente, en un tercer polo de poder e interlocución. Esa posibilidad parece mucho más cercana si nuestros países actúan coordinadamente, pues los intereses de ambas potencias no se concentran exclusivamente en Chile, Argentina o el Perú, sino en toda América Latina.

Tal vez esta vez podamos comprender la lección que Haya de la Torre planteó hace casi un siglo: no se trata de enfrentarnos al poder, sino de reunir suficiente poder para negociar con él. Y quizá esta sea la oportunidad de comenzar, finalmente, a actuar en consecuencia.

 

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