[OPINIÓN] El Mundial era, antes que nada, una competencia para definir al mejor del mundo. Punto. Durante años bastaban dieciséis selecciones: las mejores. Cada cuatro años, y después de una ardua clasificación que duraba más de dos, se juntaban en un país, jugaban entre sí y salía un campeón de verdad. No un sobreviviente de una maratón televisiva patrocinada por aerolíneas, casas de apuestas y bebidas energéticas.

El de 2026 tendrá cuarenta y ocho selecciones. En tres países. Con Haití, Curazao, Nueva Zelanda y, siguiendo la lógica, pronto Andorra, las Islas Reunión y algún archipiélago del Pacífico Sur con menos habitantes que jugadores convocados. Todavía no clasifican, pero calma: ya encontrarán un cupo humanitario.

Uruguay 1930 tuvo trece selecciones y quedó en la historia. De 1934 a 1978 fueron dieciséis. Ahí estaban Pele Eusébio, Beckenbauer, los Charlton, y Cruyffny. España 82 subió a veinticuatro y ya hubo críticas. Francia 98 llegó a treinta y dos, formato que todavía conservaba cierta dignidad competitiva. Pero la FIFA descubrió que más partidos equivalen a más televisión, y más televisión equivale a más dinero. El fútbol quedó como excusa; el negocio pasó a ser el protagonista.

Porque, sinceramente, ¿alguien quiere ver Haití contra Argentina? No es desprecio a Haití, que bastante tiene encima. Es simple sentido común: eso no es un partido, es un trámite migratorio con pelota. Lo mismo con Irán contra Estados Unidos, vendido como “duelo geopolítico”, para terminar en noventa minutos donde todos rezan para que nadie lance nada más peligroso que un córner.

Y Nueva Zelanda… bueno. Clasifica desde una confederación donde la competencia real suele ser contra islas que usan el fútbol como actividad recreativa entre semana

El campeón saldrá de donde siempre sale: Brasil, Argentina, Francia, Alemania o España. Eso no cambia con cuarenta y ocho equipos. Lo único que cambia es el tamaño del decorado, la cantidad de vuelos internacionales y el agotamiento de jugadores que llegarán fundidos a las fases decisivas después de recorrer medio continente.

El resto será relleno: grupos extraños, partidos previsibles y primeras fases donde ya sabemos quién gana antes de que el árbitro revise el VAR.

Y encima no estará Italia. Cuatro títulos mundiales. Parte esencial de la historia del fútbol. Una mesa elegante sin vino ni postre. Pero en su lugar aparece Curazao. La FIFA ya no distingue entre patrimonio y relleno mientras ambos vendan derechos de televisión.

En fin. Este año quizá me dedique al hockey sobre hielo. Al menos ahí todavía se disfruta el para qué sirve clasificar.

 

P.D.

y siempre con el perdón de algunos amigos quienes creen que este Mundial no es una payasada… y que probablemente también votaron por Porky. Buon Giorno 🇮🇪

[PUNTO CRÍTICO] Las irregularidades del 12 de abril le dieron una excusa más a RLA para hacer su escandalete, pero en absoluto fueron la causa principal. Semanas antes de las elecciones, cuando las encuestas lo daban a la baja, RLA decía que las encuestadoras estaban compradas porque sus encuestas privadas le daban 25% o más. Después del 12 dijo, sin ninguna evidencia, que las irregularidades fueron intencionales, que le hicieron perder 1 millón y medio de votos, y que le “habían robado el voto” a miles de peruanos. Pero cuando esto no prendió, pasó a criticar las mesas rurales de la serie 900 mil porque las personas que viven en pueblos aislados no saben votar, que una ONG había manipulado a esas personas para que voten por Sánchez, y que por lo tanto todos los votos de esas mesas debían anularse. La gente de RLA ha llegado a decir que lo de las mesas rurales es una farsa porque la ONPE las ha creado incluso en Lima Metropolitana (claro, confundieron ‘Lurigancho’ con ‘San Juan de Lurigancho’, pero en fin). ¿Qué tiene diablos tiene que ver esto con las irregularidades del 12 de abril? No tiene nada que ver, obviamente. RLA tenía planeado gritar ‘fraude’ desde antes de las elecciones, buscando cualquier pretexto. Con o sin irregularidades habría hecho su escandalete igual, por lo tanto, las irregularidades no son la causa, y consecuentemente Corvetto y la ONPE no son los culpables.

Claro, alguien podría objetar que la incompetencia de la ONPE contribuyó al escandalete, justamente porque se dejaron usar como excusa, y en ese sentido son al menos parcialmente culpables. No estoy de acuerdo. Primero, aquí hay un claro tema de énfasis y sensacionalismo, porque los comentaristas no dicen que la culpa principal sea de RLA y solo parcialmente de la ONPE. Lo que dicen, bien molestos, es que la culpa es de la ONPE (sin mencionar a RLA). Lo segundo es que asignar culpas de esa manera es un poco ridículo. Pongamos un ejemplo un poco dramático, pero lamentablemente muy cercano a la realidad: Llega el esposo borracho en la noche. La esposa se había comprometido a cocinar tallarines rojos, pero se quedó dormida y no lo hizo. El esposo se pone violento (como siempre) y arma un tremendo escándalo. Gritos, vasos rotos, golpes. Llega la suegra, mira a la esposa y le dice: ¡Por qué te quedas dormida pues! ¿No sabes que mi hijito se pone violento? ¿No sabes que mi Porkyto se pone violento si las elecciones no son perfectas? Y así se la pasa culpando a la esposa, sin mencionar el hecho de que al Porkyto le da absolutamente igual si había o no tallarines para las elecciones pues como ya sabía que iba a perder, había planeado hacer su escandalete de todas formas porque lo único que quiere es hacerse presidente a gritos y patadas.

* Manuel Barrantes es profesor de filosofía en California State University Sacramento. Su área de especialización es la filosofía de la ciencia, y sus áreas de competencia incluyen la ética de la tecnología y la filosofía de las matemáticas.
Fuente de la foto: https://www.babycenter.com/toddler/behavior/your-18-month-olds-behavior-tantrum-triggers_1213796

[INFORME] Óscar Zea y Paul Jaimes duraron menos de cuatro meses en el Ministerio de Agricultura, pero hasta ahora, aprovechando el derecho a defensa legal, le han costado al país más de 250 mil soles que, además, le ha sido pagados al personero legal del partido que ambos integran.

Acorde a la Ley del Servicio Civil, quienes son o han sido servidores civiles cuentan con el derecho de recibir asesoría y defensa legal en caso estén afrontando procesos judiciales, administrativos, constitucionales o investigaciones congresales que se vinculen con actos, omisiones o decisiones ejecutadas durante el ejercicio de sus funciones.

Si bien cuenta con respaldo legal, también es una realidad innegable que las cuestionables designaciones y acciones de presidentes, congresistas, ministros y otros funcionarios públicos en los últimos años han consumido una buena parte del erario público dado que estos no han desperdiciado la oportunidad de exigir que sea el Estado quien pague a sus abogados.

Pero, como si el poder tener un defensor pagado con fondos públicos no fuese suficiente, también se pueden encontrar casos de exfuncionarios que han salido de sus cargos en medio de serios cuestionamientos y, además, aprovechan este derecho para beneficiar con generosos pagos a abogados que, casualmente, también son sus socios políticos.

CAOS EN CUATRO MESES

En febrero del año 2022, el gobierno de Pedro Castillo anunció uno de sus tantos cambios de ministros. En esta oportunidad, Óscar Zea Choquechambi, quien también era miembro de la bancada de Perú Libre, había sido el elegido por el mandatario para estar al frente del Ministerio de Agricultura.

A las pocas semanas de su designación empezaron los cuestionamientos a su idoneidad para ocupar este cargo. El programa Panorama expuso que Zea Choquechambi había estado involucrado en una denuncia por homicidio y una investigación del periodista Bruno Amoretti reveló que, tras solicitar un adelanto de viáticos, el nuevo ministro se negaba a rendir cuentas sobre el uso de los más de veinte mil soles que recibió.

Pero entre estos datos alarmantes hubo uno que llamó la atención. Casi inmediatamente después de llegar al Ministerio de Agricultura, Óscar Zea designó como secretario general a Paul Jaimes Blanco. Este nombre quizá resulte conocido porque, efectivamente, se trata de quien en las últimas elecciones intentó llegar a la presidencia como candidato por el partido Progresemos.

Pero, como la propia Contraloría señalaría en un informe que se dio a conocer, Paul Jaimes Blanco no cumplía con los requisitos mínimos para desempeñar las funciones de secretario general de este ministerio. Sin embargo, y pese a que en un inicio el entonces ministro Zea dijo que no tenía problemas en retirarlo del cargo, terminaría blindándolo y la salida de Jaimes del Ministerio de Agricultura recién se concretó cuando Zea dejó de ser ministro.

La gestión de Zea Choquechambi terminaría poco antes de cumplir cuatro meses al frente del Ministerio de Agricultura. Pero esto también significaría el inicio de un nuevo capítulo debido a que tanto el exministro como su cuestionado secretario general terminarían involucrados en numerosas investigaciones por sus acciones durante un periodo que, si bien fue breve, también sería muy convulsionado y costoso para el sector agricultura.

UNOS EX MUY INSISTENTES

En los primeros días de junio del 2023, casi un año después del final de la gestión Zea, el Ministerio de Agricultura recibió numerosas cartas a nombre de Paul Jaimes Blanco. En una de ellas, el exsecretario general de Óscar Zea solicitaba que el Estado le pague un abogado debido a que estaba siendo investigado por la presunta comisión de delito contra la administración pública y alegaba que estos hechos habían ocurrido durante su paso por el ministerio.

Si bien, como se señaló al inicio de este informe, los servidores civiles cuentan con el derecho a solicitar defensa legal, esto aplica cuando los hechos por los que están siendo investigados están relacionados con las funciones del cargo público que venían desempeñando. Como Jaimes Blanco era investigado por haber sido designado como secretario general pese a no cumplir con los requisitos del puesto, su pedido fue declarado improcedente.

Pero, casi en simultáneo, Jaimes Blanco presentaba otra solicitud. También en junio del año 2023, Jaimes pidió que se le brinde defensa legal debido a que era investigado por la presunta comisión de delito contra la administración pública luego que un reportaje de Panorama expusiera chats en los cuales le enviaba currículos a una directora del ministerio para que contraten a las personas que él elegía.

Debido a que en esta oportunidad la investigación que lo involucraba estaba relacionada con hechos cometidos haciendo uso de su cargo de secretario general, el pedido de Paul Jaimes sí procedió y el Ministerio de Agricultura debió acceder a brindarle defensa legal para el caso en cuestión.

Sin embargo, para Jaimes Blanco esto no era suficiente y seguiría buscando que el ministerio se haga cargo de su defensa legal en todas las investigaciones en las que estaba involucrado. A finales de junio del 2023, Paul Jaimes pidió una reconsideración por el pedido que fue declarado improcedente a inicios de ese mismo mes.

Aunque el Ministerio de Agricultura le había explicado que esta solicitud no correspondía debido a que haber sido designado en un cargo no era una decisión tomada por él como secretario general, Jaimes alegaba que, como había aceptado el puesto y no renunció, entonces ello se debía interpretar como una acción suya como secretario general y, por lo tanto, correspondía habilitar el derecho a defensa legal. No obstante, el ministerio volvería a desestimar su pedido.

Las solicitudes de Jaimes continuarían durante el mes de junio. En otra de las cartas presentadas al Ministerio de Agricultura, el exsecretario general contaba que estaba siendo investigado por otro delito contra la administración pública al haber negociado directamente la compra de fertilizantes con Bolivia pese a no estar facultado para ello ni contar con opinión técnica. Nuevamente, Jaimes lograría el beneficio de defensa legal.

Luego de dos años, más precisamente en julio del 2025, Jaimes Blanco volvería a lograr que el Ministerio de Agricultura pague por su defensa legal. Esta vez, el secretario general que llevó Óscar Zea explicaba que una de sus investigaciones se encontraba en etapa intermedia y requería de este beneficio. Para ese momento, la defensa de Paul Jaimes le había costado un total de S/. 147,000 al Ministerio de Agricultura.

No obstante, el exsecretario general no era el único que se mostraba interesado en que su antiguo centro de trabajo le pague a su abogado. Óscar Zea, el responsable de llevarlo al Ministerio de Agricultura, también le estaba exigiendo a este ministerio que se haga cargo de sus gastos legales y, hasta la fecha, estos gastos relacionados con la defensa del exministro han acumulado un total de S/. 71,500.

En el caso de Óscar Zea es preciso señalar que sus solicitudes para que se usen fondos públicos para pagar su defensa por las investigaciones relacionadas con su etapa de ministro no sólo se presentaron al Ministerio de Agricultura sino que, aprovechando su cargo como parlamentario, Zea Choquechambi logró que el Congreso desembolse casi cuarenta mil soles extra para su abogado.

EL ABOGADO DEL PARTIDO

Pero Zea Choquechambi y Jaimes  Blanco no sólo lograron que el Ministerio de Agricultura y el Congreso asuman los costos de su defensa legal en los casos que terminaron involucrados por sus lamentables acciones en un ministerio, también consiguieron que estos más de doscientos mil soles vayan al bolsillo de un socio político que comparten estos dos personajes.

Según pudo corroborar Sudaca, Carlos Alberto Príncipe Gonzáles fue el abogado que tanto Paul Jaimes como Óscar Zea presentaron al Ministerio de Agricultura y Congreso de la República para que reciban estos generosos honorarios que superan los S/. 257,500 por el concepto de defensa legal.

Por supuesto, que ambos opten por los servicios de este letrado está lejos de ser una coincidencia. En 2023, un año después del final de la aventura de Zea y Jaimes en el Ministerio de Agricultura, el exsecretario general decidió incursionar en política y fundó la organización política Progresemos.

Jaimes Blanco no dejaría fuera de este intento de llegar al poder a quien, pese a no contar con los antecedentes necesarios, le obsequió un puesto en un ministerio. Como se puede ver en la siguiente imagen, Óscar Zea intentó prolongar su etapa como congresista y fue candidato a diputado con el partido de su amigo.

Pero al hurgar un poco más en la historia de esta agrupación se puede encontrar que Carlos Alberto Príncipe Gonzáles también es el personero legal del partido que lidera Paul Jaimes e integra Óscar Zea. No sólo eso, en el documento de fundación al que pudo acceder Sudaca, Príncipe Gonzáles también figura como uno de los asambleístas de dicho partido.

Un dato extra en esta historia es que cuando Paul Jaimes fue puesto en el cargo de secretario general por Óscar Zea, Carlos Alberto Príncipe Gonzáles fue contratado por Jaimes para hacerse cargo de la Oficina de Integridad y Lucha contra la Corrupción del Ministerio de Agricultura. Paradójicamente, las acciones del propio Paul Jaimes y Óscar Zea estarían muy lejos de la palabra integridad.

Aunque existe el derecho a recibir defensa legal, casos como el de Paul Jaimesbuscando interpretaciones forzadas para que se utilice dinero del tesoro público para pagarle al abogado de su partido u Óscar Zea que logró que le pague su ministerio y también el Congreso demuestran que, lejos de tener autocrítica por sus deficientes gestiones, algunos exfuncionarios parecen más interesados en exprimir tanto como sea posible la posibilidad de aprovecharse del dinero de los peruanos.

 

 

 

 

[ENTRE BRUJAS] En un país donde durante décadas el asesinato de mujeres fue reducido a “crímenes pasionales” o “arranques de celos”, nombrar jurídicamente el feminicidio significó mucho más que incorporar una nueva figura al Código Penal: significó reconocer que la violencia contra las mujeres no pertenece al ámbito de lo privado, sino que constituye una grave violación de derechos humanos y una responsabilidad ineludible del Estado.

En el Perú, el feminicidio apareció por primera vez como tipo penal en 2011 y fue fortalecido en 2013, marcando un punto de inflexión en nuestra arquitectura jurídica. Por primera vez, las mujeres comenzaron a ser reconocidas en el ámbito penal como sujetas de derechos de manera individual, y no únicamente en relación con la familia, la maternidad o la vida conyugal. Este cambio no fue meramente técnico. Fue político, simbólico e institucional.

La tipificación del feminicidio permitió comprender que estos crímenes no responden a hechos aislados ni a impulsos individuales descontextualizados, sino a relaciones históricas de poder sostenidas por la desigualdad de género, la discriminación y la normalización social de distintas formas de violencia contra las mujeres. También permitió que las investigaciones incorporaran elementos antes invisibilizados: violencia previa, control coercitivo, persecución, violencia sexual, amenazas, acoso, hostigamiento o contextos de subordinación. En otras palabras, permitió investigar no solo el hecho, sino también las estructuras que lo hacen posible.

El feminicidio no describe únicamente una muerte; nombra la expresión más extrema de un continuum de violencia que limita la autonomía, erosiona la ciudadanía de las mujeres y, en su forma más brutal, les arrebata la vida.

Las cifras actuales confirman la urgencia de fortalecer —y no debilitar— esta respuesta estatal. Solo en 2025 se registraron 134 feminicidios en el país, y en lo que va de 2026 ya se contabilizan 29 mujeres asesinadas.

Por ello resulta profundamente preocupante que, en este contexto, desde el Congreso se impulsen iniciativas orientadas a eliminar esta tipificación. No se trata de un simple debate técnico ni de una modificación simbólica. Estas propuestas se inscriben en una secuencia más amplia de discursos y decisiones públicas que, en los últimos años, han relativizado la violencia de género, cuestionado avances normativos y debilitado instituciones creadas para garantizar el acceso de las mujeres a la justicia.

Suprimir el feminicidio del ordenamiento penal implicaría desmontar una categoría jurídica construida precisamente para investigar la violencia letal contra las mujeres con enfoque de género y debida diligencia reforzada.

Sus efectos serían concretos: debilitamiento de criterios especializados de investigación, mayores dificultades para acreditar contextos de violencia previa, pérdida de estándares acumulados por fiscalías y juzgados especializados, y una lectura nuevamente neutra de crímenes que, en realidad, responden a patrones estructurales de discriminación. En términos prácticos, ello podría traducirse en mayores espacios de impunidad y nuevas barreras para el acceso a la justicia.

La pregunta no debería ser por qué el feminicidio sigue existiendo pese a su tipificación. La pregunta correcta es qué más está dejando de hacer el Estado para impedir que la violencia contra las mujeres siga escalando hasta su forma más cruel e irreversible. En una democracia que se pretende igualitaria, proteger la vida de las mujeres no es una concesión ideológica ni una agenda sectorial: es una obligación jurídica, ética y civilizatoria. Porque el feminicidio no es el origen del problema. Es su consecuencia final. Y renunciar a nombrarlo sería, también, renunciar a transformarlo.

 

[Música Maestro] En el desarrollo del rock clásico como fenómeno cultural existen, al igual que en otras disciplinas artísticas, deportivas o académicas, lo que en inglés se denomina “unsung heroes” que vendrían a ser, en nuestro castellano, los “héroes anónimos”, aquellas personalidades que, a pesar de haber realizado contribuciones notables, muchas incluso reconocidas en su momento como excelentes, hoy pasan inadvertidos por todos los recuentos y rankings que van de lo obvio a lo repetitivo a pesar de su influencia e importancia, en este caso, musical.

Traffic, la banda inglesa activa entre 1967 y 1974 -con ciertos espasmos en el medio de esa trayectoria de siete años- es uno de esos casos. A pesar de haber sido uno de los conjuntos más importantes de la “Invasión Británica” con impresionantes álbumes que combinaron destreza, creatividad y talento en diversos subgéneros, además de dejar por lo menos cuatro clásicos del rock que no deberían faltar en ningún listado de las mejores canciones de su época, el nombre de Traffic es siempre pasado por alto y su sonido, sofisticado e irreverente a la vez, se ha perdido en un injusto olvido.

Steve Winwood, uno de los cantantes, compositores y multi-instrumentistas más importantes del periodo iniciático del blues-rock producido en Gran Bretaña, cumple hoy 12 de mayo, 78 años. Y Dave Mason, guitarrista, compositor y cantante, habría llegado a los 80 el último domingo de no ser porque la muerte lo alcanzó tres semanas antes, el pasado 19 de abril. Ambos, junto con el saxofonista/flautista Chris Wood y el baterista/cantante Jim Capaldi -ambos fallecidos en 1983 y 2005 respectivamente- fueron la formación original de Traffic. Aquí algo de su historia y legado.

1967: La psicodelia

Entre 1963 y 1967, Steve Winwood se hizo conocido como un adolescente prodigio, tocando guitarra y teclados en The Spencer Davis Group, al que ingresó cuando apenas tenía 14 años. Además, el muchacho era el cantante principal, colocando su potente y maduro tono vocal en tres álbumes y varios exitosos singles, entre ellos dos canciones compuestas por él mismo, I’m a man y Gimme some lovin’, que en años posteriores se convirtieron en genuinos standards del rock clásico, versionados por Chicago y The Blues Brothers, en 1969 y 1980, respectivamente.

Para cuando Steve se separó del grupo dirigido por Spencer Davis, un guitarrista y arreglista que le llevaba diez años -en el que además tocaba el bajo su hermano mayor, Muff Winwood- sus inquietudes musicales lo llevaron a juntarse con gente más contemporáneos con él. Así fue como conoció, en su natal Birmingham, a Dave Mason, Jim Capaldi y Chris Wood, en esas tocadas cargadas de improvisación y otras sustancias. Los cuatro conectaron de inmediato y, cuando llegó la hora de ponerle nombre al grupo, este se les apareció en medio de un problema cotidiano, las demoras para cruzar la esquina hacia la sala de ensayo que se encontraban por culpa del tráfico.

Las primeras canciones de Traffic se inscriben en la onda del rock psicodélico que también comenzaban a hacer, en otras latitudes, los Grateful Dead y los Beatles. Las flautas de Wood y las cítaras de Mason le dan a Paper sun un sonido enigmático y etéreo a este tema grabado en los históricos estudios Olympic de Londres. En el mismo camino fueron Hole in my shoe, Smiling phases y Here we go round the Mulberry Bush. Aunque ninguna de las tres fue incluida en su LP debut, son hasta ahora de las más reconocidas de su catálogo.

1968-1969: El blues-rock

A finales de 1967 apareció Mr. Fantasy (Island Records), el primer disco oficial de Traffic, en el que extienden las ideas desarrolladas en sus primeras grabaciones, con temas de sonido volátil y misterioso como Coloured rain, Heaven is in your mind o No face, no name, no number, mientras que el instrumental Giving to you y, especialmente, la bluesera Dear Mr. Fantasy dan señales de un ligero cambio en la propuesta musical, abriéndose paso dentro de la escena del naciente blues-rock británico, que tenía en los Yardbirds y la escuelita de John Mayall a sus puntas de lanza.

Todo esto ocurría en un ambiente musical anglosajón extremadamente diverso y creativo. El periodo 1967-1968 estuvo marcado por lanzamientos que tenían tanto de esoterismo musical como de luminosidad rockera, entre los que podríamos mencionar álbumes como Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (The Beatles), Anthem of the sun (Grateful Dead), Absolutely free, We’re only in it for the money (The Mothers Of Invention) o Their Satanic Majesties request (The Rolling Stones), solo por mencionar unos cuantos. Por eso, cuando Traffic lanzó su segundo disco epónimo, en 1968, las cosas comenzaron a caer por su propio peso.

El álbum muestra una evolución musical interesante que coloca a Traffic a la altura de otros grandes nombres del blues-rock como Cream o Fleetwood Mac. La profunda eficiencia de Winwood en guitarra, bajo y teclados da a las canciones un sonido experto y emocionante. Temas como Pearly queen -cuyo intermedio recuerda a otros hijos pródigos de Birmingham, Black Sabbath- o Means to an end tienen la personalidad de Winwood por todos lados. Sin embargo, dos temas semiacústicos, compuestos y cantados por Mason, se impusieron como principales éxitos de esta etapa del cuarteto. You can all join in y, especialmente, Feelin’ alright? -que Joe Cocker llevó a otro nivel de popularidad con su versión de 1969- es Traffic en estado puro. Hasta Mongo Santamaría, el gigante percusionista de latin-jazz, la grabó en 1970 para su disco del mismo nombre.

1969: Primer paréntesis

Dave Mason mostró desde el principio una forma de ser un tanto autoritaria, algo que se reflejó inmediatamente en la dinámica de Traffic. Si bien el 90% de las canciones se desarrollaban en conjunto a partir de ideas que cada uno aportaba, cuando era su turno Mason llegaba al estudio, según recuerda Winwood, “con canciones completas y nos indicaba a cada uno qué hacer, como si nosotros trabajáramos para él”. Eso llevó a su inevitable despido, en buenos términos por supuesto, tras el lanzamiento del segundo LP.

Con la primera disolución de Traffic, Winwood se involucró en otro capítulo importante del rock inglés. Junto con Eric Clapton (guitarra), Ginger Baker (batería) y Ric Grech (bajo), pasó todo el año 1969 ensayando, grabando y presentando uno de los primeros supergrupos de la historia del rock. Blind Faith y su único álbum epónimo -el de la famosa y, en su momento, controversial carátula que muestra a una niña de 11 años- registró temas alucinantemente buenos como Presence of the lord -escrita por Clapton- o Sea of joy y Can’t find my way home, ambas de Winwood.

Ese mismo año, una selección de singles que no habían alcanzado a ingresar al disco Traffic del año anterior, se recopilaron para Last exit, que incluye dos temas más de Dave Mason quien, entre otras cosas, se fue a realizar trabajos en sesiones para The Jimi Hendrix Experience -la guitarra acústica de doce cuerdas de All along the watchtower la toca él- y Delaney and Bonnie. Just for you, uno de los dos títulos de Mason, es una de las mejores del grupo, con un trabajo impresionante de Winwood en el bajo que se replica en dos temas indispensables de la banda, Shanghai noodle factory y Medicated goo, con su contagioso ritmo y esa letra chamánica que simboliza la onda de la época.

En el lado B del LP original, aparecen dos temas de la banda en vivo en el legendario auditorio Fillmore de San Francisco, un blues de la década de los cuarenta, Blind man, y el standard de jazz Feeling good, escrito originalmente en 1964 para un musical británico. Este tema ha sido grabado por todos, desde Nina Simone y John Coltrane hasta George Michael, aunque quizás la versión más conocida por públicos modernos sea la del crooner canadiense Michael Bublé, incluida en su álbum It’s time (2005). El tratamiento que le dan Winwood, Mason, Wood y Capaldi a este tema es simplemente alucinógeno.

1970-1974: El jazz y el prog-rock

En 1970, Steve Winwood pensó lanzarse como solista pero, pero ante la dificultad de encontrar músicos adecuados para las sesiones de grabación, terminó convocando a dos de los tres miembros originales de Traffic -Jim Capaldi y Chris Wood- y se dio forma a la reunión de la banda, a través del que se convirtió en su cuarto LP oficial, John Barleycorn must die, título tomado de una melodía tradicional del siglo XVIII. John Barleycorn es la personificación de un tipo de cereal (maíz Barley) a partir del cual se fabricaban diversas bebidas alcohólicas como cerveza y whisky. En la canción, un clásico del folk británico, se narran las penurias que atraviesa John durante los procesos de siembra, cultivo, cosecha y transformación en licor, utilizando como fondo una evocadora melodía juglaresca que juega con las guitarras acústicas, los vientos y las armonías vocales.

Pero si esta viñeta acústica los acerca a bandas como Thin Lizzy, Jethro Tull y Fairport Convention, también se da una evolución hacia el jazz y el prog-rock, con temas como el instrumental Glad, que abre el disco o Empty pages y Freedom rider, ambas muy frescas y dinámicas, con órganos Hammond, bases rítmicas definidas y la voz de Winwood peligrosamente parecida a la de Peter Gabriel (Genesis). Un año después llegó un extraordinario álbum en vivo, Welcome to the canteen (1971), con un breve retorno de Dave Mason y la ampliación del grupo que pasó de cuarteto a septeto con la inclusión de Ric Grech (bajo), Jim Gordon (batería) y el ganés Rebop Kwaku Baah (percusión).

La etapa final de Traffic, antes de su segunda separación -hasta el regreso veinte años después, en el festival de Woodstock 1994- está conformada por tres álbumes de buena factura. The low spark of high heeled boys (1971) -donde brilla el tema-título, una de las canciones emblemáticas del grupo, a la distancia-, Shoot out at the fantasy factory (1973) y When the eagle flies (1974). Mientras que los dos primeros repiten la alineación del Welcome to the canteen, con excepción de Dave Mason quien ya no volvería a reunirse con sus compañeros, en el último la sección rítmica Grech-Gordon fue reemplazada por David Hood/Rosko Gee (bajo) y Roger Hawkins (batería).

A este periodo pertenece la única grabación en concierto en video del grupo en sus mejores tiempos, un concierto de 1972 en el auditorio de Santa Monica (California), donde vemos a Winwood y Capaldi compartiendo roles vocales y Rebop Kwaku Baah puesto al frente con su arsenal de percusiones. En 1973 apareció otro disco en vivo, On the road, con esta formación, la última del Traffic histórico.

1994: Traffic vuelve al ruedo

En 1977, luego de dedicarse tres años a sesiones de grabación con otros artistas, Steve Winwood inició una exitosa carrera en solitario que lo mantuvo vigente durante toda la década siguiente, con álbumes de excelente recordación como Steve Winwood (1977), Arc of a diver (1980), Talking back to the night (1982), Back in the high life (1986) y Roll with it (1988), con canciones muy populares a nivel mundial -incluso en nuestras radios locales, aun se pueden escuchar temas como Higher love -con los coros de Chaka Khan-, Valerie, Roll with it o While you see a chance– que los nuevos públicos no asociaban al legendario músico que había sido protagonista del pasado.

Jim Capaldi y Dave Mason, por su lado, también tuvieron extensas discografías individuales, aunque nunca con el éxito de su compañero, y Chris Wood se dedicó a sesiones y trabajos como productor hasta su prematura muerte en 1983. En cuanto a los demás colaboradores de la alineación final, Rosko Gee y Rebop Kwaku Baah se integraron, entre 1977 y 1979, a la banda de música experimental Can, aportando mucho más ritmo a la maquinal sonoridad de esta banda que fuera punta de lanza del krautrock, la electrónica y el rock progresivo alemán.

Para 1994, veinte años después de su segunda separación, apareció el álbum Far from home (Virgin Records) bajo el nombre de Traffic, una selección de diez temas nuevos escritos por Steve Winwood y Jim Capaldi, con Winwood haciéndose cargo de todos los instrumentos y voces principales, mientras que Capaldi grabó baterías, percusiones y coros. El disco contiene excelentes temas como Here comes a man, Mozambique o Riding high que se inscriben fácilmente el catálogo de Traffic como un cierre de lujo para una carrera caracterizada por la excelencia musical.

El último respiro de Traffic

La gira promocional de Far from home quedó registrada en el DVD The last great traffic jam, con la alineación de Traffic integrada por Steve Winwood (voz, guitarra, teclados), Jim Capaldi (voz, batería, percusión), un viejo conocido, Rosko Gee (bajo), el cubano-americano Walfredo Reyes Jr., famoso por su trabajo con Santana en esa década (batería) y dos colaboradores frecuentes del camino en solitario de Winwood, Randall Bramblett (vientos, teclados) y Michael J McEvoy (teclados, guitarra, armónica). Jerry García, líder de los Grateful Dead, incorpora su guitarra en una alucinante versión de Dear Mr. Fantasy.

Esta misma formación participó de la edición especial de 25 aniversario del Festival de Woodstock, con uno de los conciertos estelares del tercer día (14 de agosto de 1994) compartiendo escenario con otros pesados como Country Joe McDonald o The Allman Brothers Band. Anunciada como el gran retorno de Traffic, la presentación sirvió para ver a Winwood y Capaldi, entonces de 46 y 50 años, aplicando toda su experiencia y recorrido a himnos de su repertorio como Pearly queen, The low spark of high heeled boys, Empty pages, Rock and roll stew, Dear Mr. Fantasy, Medicated goo, entre otros.

Smiling phases, un CD doble lanzado en el año 1991, es hasta el día de hoy la mejor recopilación de temas de este conjunto de extraordinarios y creativos músicos, héroes anónimos del rock, que cubre toda su actividad entre 1967 y 1974 y permite apreciar en orden cronológico la evolución de su sonido, desde los aires psicodélicos de Paper sun o Withering tree hasta los roces progresivos de Freedom rider pasando por clásicos que no deben faltar en ninguna colección rocanrolera como Rock and roll stew, Medicated goo, Dear Mr. Fantasy o Feeling alright?

 

 

[OPINIÓN] La psiquiatría moderna acaba de recibir un nuevo aporte latinoamericano al conocimiento universal. Después del síndrome de Estocolmo, el síndrome de Peter Pan y el síndrome del impostor, el Perú presenta orgullosamente al mundo el flamante “Síndrome de Porky”.

Se trata de un cuadro clínico-político particularmente complejo, donde el paciente participa voluntariamente en una elección, acepta las reglas, firma los documentos, recorre los canales de televisión, exige debates, reclama garantías democráticas… pero, apenas descubre que otro candidato sacó más votos que él, concluye que el sistema entero fue tomado desde siempre por una conspiración internacional de caviares, marcianos y operadores del Foro de São Paulo.

El fenómeno tiene características muy precisas.

Primero aparece la etapa mesiánica. El paciente pasa meses convencido de que es el elegido. Vive rodeado de aplausos, TikTokers fanáticos y encuestas elaboradas prácticamente en la sala de su casa. La realidad desaparece. Todo confirma su grandeza.

Luego llega el escrutinio.

Y ahí comienza el colapso.

El problema no es perder. El problema es que el universo no haya entendido que él debía ganar.

Entonces aparecen los síntomas: gritos, insultos, amenazas, teorías conspirativas, ataques a la ONPE, sospechas sobre el JNE, denuncias sin respaldo, videos de WhatsApp narrados por un señor con eco de sótano, y largas cadenas escritas íntegramente en mayúsculas, como corresponde a toda evidencia científica seria.

El detalle más interesante del síndrome es su incoherencia estructural.

El paciente denuncia que “la izquierda controla todo”… justo en una elección donde la derecha obtiene la mayor votación nacional. Es decir: el sistema estaría tan perfectamente manipulado que igual ganó la derecha. Pero no la derecha correcta. La derecha correcta era él.

Y ahí está el corazón del trastorno.

No estamos frente a una defensa del voto. Estamos frente a una crisis narcisista de proporciones industriales.

El afectado no cuestiona la legitimidad del sistema porque existan pruebas sólidas de fraude. La cuestiona porque los electores tuvieron la insolencia estadística de no votar por él.

La ciencia avanza. Y el Perú, una vez más, aporta su granito de arena a la historia universal de la infamia.

[Migrante al paso] Iba por la Vía Expresa, pensando en qué regalarle a mi madre, entre el alboroto de abrir un negocio se me pasan fechas, conversaciones quedan inconclusas, cumpleaños pasan inadvertidos; estoy perdiendo mi humanidad pensaba. Antes de la subida para 28 de Julio en Miraflores, en un jardín rectangular, una persona hablaba sola. El atracón de carros, me permitió ver sus gestos, emociones y cómo movía las manos dirigiéndose al espacio vacío. No era una mirada perdida estaba fija en algo que yo no podía ver. Real o no, para él había alguien ahí. No parecía molestar a nadie, era casi tan invisible como con quien estaba interactuando. No tenía más de 40 años, se reía con las piernas cruzadas al costado de su amigo fantasma. Me sentía rodeado de animales, donde cada carro era una jaula y, dentro, cada humano actuaba de manera impulsiva y agresiva. La radio, donde quién habrá estado hablando, soltaba discursos raros, por momentos hablaba de Dios y por otros menospreciaba a otros. Cada claxon, parecía una bestia rugiendo desde adentro de las rejas. Sentía paz al ver a esta persona que no se inmutaba del caótico ambiente, perdido en su conversación. Lo perdí de vista y me sentí conmovido. ¿Qué me diferencia de esa persona? Solo encontraba similitudes entre alguien el loco y yo. Entre la mente de un buscador de libertad y la de un loco solo hay una delgada línea.

Yo que pensaba escribir mi crónica sobre el Día de la Madre, pero al igual que un loco mi realidad alterna según lo que quiero y no según lo que se espera. Yo estoy bendecido de tener una madre y abuela especial. Agradezco y celebro todos los días haber tenido figuras maternas de alto calibre. Me perdonarán muchas madres, pero solo por tener hijos no son especiales, es tu desempeño en el rol lo que te hace especial. No sé, si alguien comparta esta opinión conmigo, después de todo comparto más la realidad con un loco que con la gente normal.

Recuerden que quien puede llegar a ser nuestra futura presidenta dijo que no permitiría el aborto de su hija en caso de violación. Lo más preocupante es que gran parte de la población también está de acuerdo con eso. Me vuelvo a preguntar, dónde radica la locura en nuestra sociedad. Veo mayor cordura en un loco que habla solo, que en una madre que hace afirmaciones como la mencionada. Veo mayor cordura en divertirse con el vacío, que en defender este proceso electoral. De hecho, por qué no me voy yo también a sentarme solo a conversar con el aire, pienso desde hace unos días. Ni el aire ni yo estaríamos hablando de que tú eres facho o tú eres rojo. Últimamente solo escucho esos adjetivos, solo me doy cuenta que como niños, los adultos también entran en pánico ante cualquier adversidad.

De un día para otro, el país completo se convierte en una isla inexplorada y despojados de toda autoridad, varios grupos escogen a su señor de las moscas y bailan alrededor embriagados de falsas verdades. En algunos, como yo, que nos gusta vivir desencajados, habitan Ralph y Piggy. Tenían una amistad donde el honor y la lealtad valía más que las promesas de estos símbolos. Moriré rescatado por alguien externo o aplastado por las moscas, algún día lo sabré. En el libro (El señor de las moscas para quien no lo ha leído) la cabeza de un jabalí clavada en una estaca era el señor de las moscas porque cientos de ellas revoloteaban alrededor y los niños imitaban este comportamiento. En nuestro país, cambia el formato y vienen los símbolos con nombre y apellido en una enorme lista donde todos nosotros tenemos que marcar un aspa y como moscas escoger alrededor de qué cabeza de jabalí muerto revolotear.

En los años que estudié filosofía, carrera que no terminé, recuerda mi fase nihilista, al igual que yo muchos caen. Entendía, bajo ese pensamiento, que la verdadera libertad se encuentra en los límites de la sociedad. Cada vez ese cuestionamiento aumenta en mi mente, intentando encontrarle significado. Tomando palabras de Nietzsche, no es mi deber ser matamoscas; algo me dice que el loco del jardín también pensaba igual. Tal vez, es necesario perder un poco de cordura para ser libre, moldear un poco más la realidad para no incomodar las ajenas. Lamentablemente, el conflicto entre ser totalmente indiferente por mi paz o intervenir para generar cambio se mantiene sin inclinarse hacia uno de los lados.

 

[NOTA] El reciente colapso de 13 horas en la autopista Ramiro Prialé no es solo un accidente de tránsito; es el síntoma de una gestión metropolitana que construye puentes monumentales pero ignora la realidad industrial del siglo XXI.

Parece una ironía del destino. En el último año, Lima ha visto la culminación de obras críticas que dormían el sueño de los justos: un puente de 600 metros que conecta la antigua Prialé con la nueva zona hacia Chaclacayo, y la habilitación de los puentes Santa Clara, Morón y Ñaña. Sin embargo, hace apenas unos días, la vía quedó paralizada por más de diez horas. ¿Cómo es posible que con más infraestructura tengamos el mismo caos? La respuesta es tan simple como escasa en la administración pública: sentido común.

El tramo de Huachipa ha dejado de ser la zona campestre de los años 80 para convertirse en el epicentro industrial más grande del país. Gigantes como la Refinería de Cajamarquilla, Gloria, Brahma o Shalom operan allí, movilizando miles de unidades de carga pesada diariamente. Pero la infraestructura no ha evolucionado con la economía.

EL DIAGNÓSTICO: Obligar a un tráiler de 30 toneladas a dar una vuelta en «U» en una vía de alta velocidad para ingresar a avenidas principales como Los Tucanes o Los Laureles es, técnicamente, un suicidio logístico.

Hoy, la Prialé en este sector no funciona como una vía rápida, sino como una arteria de tráfico industrial pesado. La falta de accesos directos y de carriles de desaceleración técnicos convierte cada intento de ingreso en una ruleta rusa.

La solución no requiere de presupuestos astronómicos, sino de ingeniería de gestión. Se necesitan inversiones quirúrgicas: accesos directos a las avenidas principales con semaforización inteligente y sincronizada, y una fiscalización electrónica rigurosa que controle a los «correlones», emulando el orden de la Av. Gambetta en el Callao.

Finalmente, el proyecto debe ser ambicioso en su capacidad. Mantener solo dos carriles por sentido es condenar al Cono Este al embotellamiento perpetuo. La urgencia de un tercer carril es matemática, no estética. El alcalde que logre entender que la logística urbana se resuelve con fluidez y no solo con metros cúbicos de cemento, será quien realmente pase a la historia.

[EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS] Voy a tratar un tema de cuya vigencia dudo. Y dudo porque desde hace menos de una década ha irrumpido en el mundo la derecha global libertaria para la cual los derechos humanos significan poco menos que nada. Lo hemos visto recientemente en Estados Unidos con el trato inhumano brindado por los agentes de migraciones del gobierno a cualquier persona que pudiese “parecer inmigrante” y a cualquiera otra que, no pareciéndolo, se atreviese a defenderla o, sencillamente, por cerrarle el paso, sin siquiera proponérselo, a los temibles ICE.

Esto le sucedió el 7 de enero de 2026 a Renée Nicole Good una ciudadana estadounidense de 37 años que, sin querer, bloqueó el camino de los susodichos agentes, y que, luego de ser conminada a sacar su vehículo no fue lo suficientemente perita en la maniobra. El resultado: un agente la ultimó de tres balazos en la cabeza.

Los intelectuales del entorno libertario ya han comenzado a teorizar sobre el tema. Hablan de una Real Politik, en otras palabras, de la ley del más fuerte, o de la jungla, como nuevo paradigma que suplantará a todo el sistema de leyes y constituciones que se han elaborado en Occidente desde el advenimiento de la modernidad política, con la Revolución Francesa de 1789.

En este punto, el cambio paradigmático es absoluto: lo abarca todo. Toda la vida, toda la manera de relacionarnos entre los seres humanos estará regida directamente por las relaciones de poder entre ellos, y prevalecerán siempre los más poderosos . Este marco general es báscio pero recordemos que la Constitución de los Estados Unidos de América, aunque liberal, es también básica. Pareciera que a las bondades del derecho anglosajón les estuviésemos dando la vuelta para justificar el poder ilimitado del tirano.

No caigamos en la ingenuidad, el poderoso ha prevalecido siempre, desde los primeros tiempos de la sedentarización, desde que el hombre supo acumular alimentos y ganadería. Entonces surgieron los poderosos, los que capitalizaron las ganancias en nombre de deidades con las que se comunicaban para controlar lo que todos requerían urgentemente: a la naturaleza, para así asegurar la subsistencia colectiva.

Los marcos legales, las constituciones, la evolución de los derechos fundamentales desde el siglo XVIII en adelante no suprimieron el poder, ni todas las ventajes que otorga ostentarlo. No obstante, mitigaron hasta donde pudieron algunos abusos. Los derechos franceses contuvieron un poco al gigantesco Leviatán cuando intentaba  arrasar con el individuo y con su propiedad; la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 se constituyó en una segunda barrera frente a ese Estado: el ser humano, y su derecho a la vida se colocaron en la cima de la civilización precisamente porque Hitler nos deshumanizó como no se han deshumanizado jamás los animales, ninguna especie que se conozca. ¿Qué pasa si hacemos tabla rasa de todo aquello?

Y luego la izquierda cree, como siempre, que el problema es todo de la derecha. Pero esta vez el problema lo comenzó la izquierda. ¿Universalidad o diferencia? Dijeron: la igualdad discrimina. Dijeron: nosotros no queremos ser iguales, queremos un código para cada uno, queremos legislar la diferencia y proteger al vulnerable desde la ley. Se abre, claro, un largo debate que atañe la multiculturalidad, la interculturalidad, los modelos de convivencia democrática de Norbert Bilbeny y un largo etc.

Sin embargo, el progresismo no se quedó allí, sus planteamientos adoptaron pronto tono de denuncia y su praxis política ribetes de una intolerancia y jacobinismo político nunca vistos. Entonces los mismos derechos que hoy pisotea el libertarismo los pisoteó primero el progresismo wokista y los derechos que fueron conculcados por él pueden enumerarse: el derecho a la libertad de opinión, el derecho a la igualdad, el derecho a la defensa, el derecho a la presunción de la inocencia, el derecho al honor y a la reputación y un bastante largo etc. En pocas palabras, a la nueva generación de las redes sociales le valió madres todo. ¿Qué respuesta esperaban encontrar? ¿la de un mundo que dócilmente se entregaba a sus brazos? Así suelen ser los errores de juventud; en este caso, los de un movimiento jacobino que nunca verá la madurez: no se toparon con un mundo dócil,  se toparon con Donald Trump.

Y ahora, a quienes nos mantuvimos en el sentido común, nos queda, en medio de una guerra sin cuartel, que ya se sabe quien ganará, esperar encontrar los adeptos necesarios para colocar de nuevo a los derechos en la agenda mundial, aunque sea un poco. Hace 130 años, González Prada dijo que los viejos debían temblar ante los niños, ¿suscribiría sus palabras al contemplar el mundo contemporáneo?

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