[Música Maestro] Entusiasmado por el triunfal retorno del trío canadiense Rush a los escenarios, recuperé de mis archivos un antiguo artículo que publiqué en la fenecida revista Freak Out!, titulado Santísimas trinidades: El ensamble perfecto (edición #8, diciembre 2005), en el que hice una aproximación a la evolución del formato de trío a través de los años en la escena pop-rock.

Hoy, corregido y (ligeramente) aumentado, lo reedito mientras me lamento una y mil veces de que Geddy Lee, Alex Lifeson y la extraordinaria baterista Anika Nilles -convertidos en cuarteto con la inclusión del tecladista Loren Gold- no hayan incluido al Perú en su paso por Sudamérica, programado para enero y febrero del próximo año (solo harán Argentina, Brasil y Chile).

Un poco de historia

Con el rock and roll, nacieron durante los años cincuenta del siglo pasado diversos conjuntos que crearon una nueva estética dentro de la música popular. Pero no fueron Eddie Cochran, Bill Haley o Elvis Presley, apoyados en grupos que iban desde un cuarteto hasta una orquesta completa, quienes hicieron que el formato de trío, aun sin ser una estructura definida, se desvinculara del jazz y del country (géneros en los que siempre existieron tríos de configuraciones variables, que pueden ser materia de otro estudio).

Desde 1961, año del cenit de ritmos como el soul, el doo-wop y los primeros destellos del Philly Sound y Motown Records, surgieron algunos tríos vocales, generalmente femeninos. Los más representativos: The Ronettes -bajo la batuta de Phil Spector (1939-2021), Martha & The Vandellas y The Supremes, alma máter de Diana Ross. Esta conformación ha mantenido vigencia con distintos niveles de calidad a través del tiempo, desde las talentosas The Pointer Sisters hasta las prefabricadas Destiny’s Child.

Paralelamente, en la escena rockera de esos años -en USA la música surf, la psicodelia; en UK, la invasión británica, el blues eléctrico- aparecían minuto a minuto bandas con un mínimo de cuatro integrantes: The Beatles, The Rolling Stones, The Byrds, The Beach Boys, The Turtles, The Doors…

Cream y el nacimiento del “power trio”

El rock sesentero se movía entre parámetros bastante cerrados. Un cantante, una o dos guitarras y una sección rítmica repetitiva y estática. Las excepciones llegaron a través de músicos más avezados, que forzaban las limitaciones expresivas de sus instrumentos expandiendo de paso un género que, a pesar de su origen rebelde y transgresor, fue incapaz de alcanzar en sus primeros años de vida la libertad creativa que ofrecían las largas y complejas improvisaciones del bebop y el free-jazz.

Pero, en 1966, algo cambió. Tres músicos, relativamente desconocidos, provenientes de la escuela de blues británica, desconcertaron al público con sus inagotables recursos técnicos y su actitud eminentemente rockera, estableciendo un punto de quiebre que iniciaría casi sin percibirlo una nueva forma de concebir el rock and roll. Cream, formado por Jack Bruce (voz, bajo), Ginger Baker (batería) -ambos ex integrantes de las bandas de Alexis Korner y Graham Bond, respectivamente-; y Eric Clapton (voz, guitarra), anteriormente con The Yardbirds y los Bluesbreakers de John Mayall; se constituyó en el primer power trio de la historia del rock.

El término -power trio- denota la fuerza interpretativa que cada uno de los músicos desplegaba sobre el escenario, con extensos contrapuntos, intercambios instrumentales y una perfecta combinación del purismo del blues, la naturaleza aventurera del jazz y un atronador volumen. Estos elementos convirtieron a Cream en el grupo en vivo más sorprendente de ese momento.

The Jimi Hendrix Experience y otros tríos

A pesar de su corta vida (1966-1969), Cream sentó las bases para la aparición no solo de otros tríos, sino también de nuevos estilos, desde el hard-rock de Led Zeppelin hasta las jam sessions de The Allman Brothers Band. Seis meses después del lanzamiento de su álbum debut Fresh cream (1966), apareció The Jimi Hendrix Experience. Aquella terna estaba liderada por un extravagante guitarrista zurdo que, luego de iniciar su carrera como músico de apoyo de Little Richard, sorprendió al público con una descarga de furibundos latigazos distorsionados en el LP Are you experienced?, uno de los estrenos discográficos más importantes de todos los tiempos.

The Experience -Jimi Hendrix (voz, guitarra), junto a los ingleses Noel Redding (bajo) y Mitch Mitchell (batería)- hizo eco a Clapton y compañía con su fusión de psicodelia, funk y blues, y en poco tiempo se estableció como la entente máxima del rock, con discos decisivos como Axis: Bold as love (1967) y Electric ladyland (1968). Tras el debande, Hendrix armó otro trío, The Band of Gypsies, esta vez junto a Buddy Miles (batería) y Billy Cox (bajo), con quienes fue protagonista del Festival de Woodstock, en agosto de 1969.

El éxito comercial de Cream y The Jimi Hendrix Experience consolidó al trío como una unidad rockera de alto nivel, ya que la reducida cantidad de instrumentistas dejaba poco espacio para la falta de preparación. Asimismo, el concepto de “power trio” fue explotado por otras bandas cuyas características eran un sonido rudo, fuertes bases blueseras y tendencia al virtuosismo. Como ejemplos podemos mencionar a Blue Cheer, Glass Harp, Budgie y The James Gang, liderada por Joe Walsh, quien luego se hizo mundialmente conocido como guitarrista de Eagles.

También aparecieron uniones esporádicas de músicos de otras bandas, originando otro concepto de esa época, “el supergrupo”. Ejemplos de ello son Beck, Bogert & Appice, el guitarrista Jeff Beck junto a la sección rítmica de Cactus, Tim Bogert (bajo) y Carmine Appice (batería) que, en solo un año (1973), lanzaron un disco en estudio y uno en vivo, ambos alucinantemente buenos; o West, Bruce & Laing -Jack Bruce de Cream y los fundadores de Mountain, Leslie West y Corky Laing- que se juntaron apenas tres años para producir dos discos en estudio y uno en concierto, el electrizante Live ‘n’ kickin’ (1974).

Tríos vocales: CS&N y los Bee Gees

Por otro lado, en California, tres cantantes, ex integrantes de celebrados grupos como The Byrds, Buffalo Springfield y The Hollies, fundaron uno de los tríos más influyentes de la época, Crosby, Stills & Nash. Armados de guitarras, voces y poética hippie, (David) Crosby, (Stephen) Stills y (Graham) Nash resumieron los postulados del anti belicismo sesentero, con su epónimo primer LP (1969) antes a volverse cuarteto un año después con el ingreso del canadiense Neil Young, conocido por su actitud errática y personalidad combativa. Aunque no encajaban en el concepto de “power trio” por ser los tres vocalistas y dejarle las tareas del bajo y batería a otros, estos músicos adicionales no eran percibidos como integrantes fijos.

Un caso parecido es el de los hermanos Barry, Robin y Maurice Gibb, los famosísimos Bee Gees, un fenómeno cultural que impactó en la vida de millones de personas desde sus primeras apariciones en programas de televisión siendo todavía niños. Tanto en su etapa como baladistas de pop y R&B con fuertes influencias beatlescas (1965-1974) hasta su reinvención con álbumes como Children of the world (1976) y la banda sonora de Saturday night fever (1977), que los transformó en dioses del disco y más allá, los Bee Gees fueron siempre reconocidos como un trío, aunque hubiera más personas tocando con ellos, respaldando su extraordinario talento para construir finas armonías vocales.

Tríos de prog-rock y rock instrumental

Emerson Lake & Palmer, pilares del rock progresivo, le quitó protagonismo a la guitarra para dárselo a la artillería pesada de teclados y sintetizadores de Keith Emerson quien, junto a Greg Lake (guitarra/bajo, voz) y Carl Palmer (batería, percusiones) redefinió el naciente rock progresivo combinando sus raíces psicodélicas con música clásica en serio, una movida que convirtió a ELP a una de las bandas más admiradas/odiadas del género.

Genesis, tradicionalmente un quinteto, tituló su noveno álbum … And then there were three… (1978) -que significa “y entonces solo fueron tres”- en referencia a que, tras las salidas de Peter Gabriel y Steve Hackett, quedaban convertidos en trío, algo que se cumplió únicamente en los estudios de grabación. En concierto -como en los casos de Bee Gees y CS&N- Phil Collins, Mike Rutherford y Tony Banks se acompañaron siempre de dos integrantes más.

Por su parte, King Crimson editó el último disco de su primera etapa, el emblemático Red (1974), en formato de trío: Robert Fripp (guitarras, mellotrones), Bill Bruford (batería) y John Wetton (bajo, voz). Otros miembros de la familia crimsoniana también optaron por esta configuración instrumental comprimida. Por un lado, Adrian Belew formó junto a los hermanos Eric y Julie Slick (batería y bajo), The Adrian Belew Power Trio -nombre poco original- con quienes produjo varios álbumes entre 2006 y 2009. Tony Levin, bajista, ha integrado varios tríos. Entre los más célebres están su proyecto personal Stick Men -junto a Mark Reuter y Pat Mastelotto- y Bozzio Levin Stevens, con Terry Bozzio (batería) y Steve Stevens (guitarra).

Un caso aparte es el de Rush, terna canadiense que, luego de establecerse como uno de los conjuntos más respetados de la escena hard-rock con sus primeros álbumes, asumió un estilo más cercano al rock progresivo, con amplia presencia de sintetizadores. Triumph -Rik Emmett (voz, guitarras, teclados), Mike Levine (bajo, teclados) y Gil Moore (batería, percusión, voz)- también llegó desde Canadá con un vertiginoso estilo que pasaba del hard-rock/heavy metal al prog-rock, con discos como el epónimo debut Triumph (1976), Allied forces (1981) o el alucinante disco en vivo Stages (1985).

En el rock instrumental destacan dos prominentes bandas del siglo XXI fuertemente influenciadas por artistas virtuosos como Joe Satriani o Steve Vai. Por un lado, tenemos a The Winery Dogs, supergrupo formado por tres pesos pesados: Richie Kotzen (guitarra), Billy Sheehan (bajo) y Mike Portnoy (batería) y, por el otro, The Aristocrats, cuyos integrantes son el británico Guthrie Govan (guitarra), el norteamericano Bryan Beller (bajo) y el alemán Marco Minnemann (batería), de los mejores instrumentistas de su generación.

Punk, hard-rock y heavy metal

En el ámbito del hard-rock y heavy metal, los tríos más famosos son Motörhead, cuya formación clásica, Lemmy (voz, bajo), Eddie “Fast” Clarke (guitarra) y Phil «Philthy Animal» Taylor (batería), sacudió al rock duro entre 1976 y 1982. Posteriormente, Clarke y Taylor fueron cubiertos por Phil Campbell y Mikkey Dee, para eternizar el mito del trío más ruidoso de la historia. Por esa misma época aparecieron Venom (Inglaterra), Coroner (Suecia) o Sodom (Alemania), representantes tripartitos del metal extremo.

No debemos olvidar que la escena clásica del punk nos ha brindado también importantes tríos como The Jam (con Paul Weller a la cabeza), XTC, Violent Femmes, Sleater-Kinney, entre otros quienes inspiraron, dos décadas después, la aparición de Green Day o Blink-182, exponentes de una versión más ligera del punk. Cómo no mencionar aquí a los Beastie Boys, quienes hicieron de las suyas tanto en el hardcore punk como en el rap y hasta el jazz, con una versatilidad alucinantemente buena.

Otros tríos notables de hard-rock y heavy metal: Blue Murder, del guitarrista de Whitesnake y Thin Lizzy, John Sykes; Sleep, herederos de Black Sabbath que aparecieron a fines de los noventa; o los sorprendentes Russian Circles, post-rock instrumental de alto octanaje.

Los setenta y ochenta

En los setenta surgieron muchos tercetos con la llamada “formación básica”: guitarra, bajo y batería, dejando el rol de vocalista a cargo generalmente de uno de los dos primeros, estableciendo el carácter particular del trío dentro del pop-rock, en una época en la cual aumentar el número de integrantes era la principal tendencia. Así, tenemos a Grand Funk Railroad -hasta 1972-, ZZ Top y America, grupos que se abrieron camino en medio del auge del country-rock, cuyas bandas solían ser combos de cinco integrantes como mínimo.

Los ochenta fueron propiedad de The Police. Pese a provenir de la escena inglesa del punk, los dirigidos por Sting (voz, bajo) supieron combinar sus extremadas habilidades musicales con los géneros de moda: pop emparentado con new wave, algo de reggae, ska y ligeros coqueteos con el jazz. Completaban la banda Stewart Copeland (batería) y Andy Summers (guitarra). Desde su definitiva separación en 1986, los rumores acerca de una reunión de The Police, siempre desmentidos por ellos mismos, no dejaron de aparecer cada cierto tiempo hasta que, en el 2007, el sueño de muchos se hizo realidad con una gira que incluso llegó a Latinoamérica, con fechas en México, Costa Rica, Chile, Argentina y Brasil.

Aunque The Cure ha pasado la mayor parte de su carrera con cuatro y cinco integrantes -a veces, hasta seis- hubo un periodo inicial en que funcionaron como trío. Robert Smith (voz, guitarra), Michael Dempsey (bajo) y Lawrence Tolhurst (batería) aparecieron bajo el nombre Easy Cure en plena avalancha post-punk. En 1979, tras el lanzamiento de Three imaginary boys The Cure se transformó en cuarteto con el ingreso de Simon Gallup (bajo) y Matthieu Hartley (teclados), quien se retiró al poco tiempo. The Cure permaneció triangular hasta 1982, año en que lanzó una de sus mejores producciones, Pornography. A partir de entonces, el grupo abandonó el formato de trío, al cual ya no volvería nunca más.

Mención especial para los escoceses Cocteau Twins -Robin Guthrie (guitarra), Simon Raymonde (bajo) y la vocalista Elizabeth Fraser. Aunque es imposible definirlos como un trío “power”, fueron precursores definitivos de tendencias asociadas a la new wave, la música experimental, el shoegazing y demás subgéneros de la vanguardia de entonces, con sus atmosféricos y etéreos sonidos. Álbumes como Garlands (1982), Treasure (1984), Victorialand (1988) o Blue bell knoll (1989) son verdaderos clásicos de los ochenta.

Durante esa década, también aparecieron tríadas de distintas raleas y alcances estilísticos. Stray Cats (rockabilly), Minutemen (punk), The Outfield (pop-rock), The Melvins (hard rock) o los influyentes Hüsker Dü (indie rock) son solo algunos de los nombres más destacados.

Tríos de los años noventa y más allá

A finales de los ochenta comenzó a gestarse la escena del llamado “rock alternativo”, con bandas decididas a cambiarle el rostro, una vez más, al ya variopinto mundo del rock and roll. Tríos como los ya mencionados Hüsker Dü, Dinosaur Jr. y su heredero, Sebadoh, ya entrados los noventa, o Galaxie 500 figuran como los más representativos. En esos años, la asociación del trío con la destreza musical perdió algo de fuerza. Que Nirvana sea el terceto más representativo de esa época es una clara prueba de eso. Aprovechando el filón comercial del grunge, Kurt Cobain (voz, guitarra), Chris Novoselic (bajo) y Dave Grohl (batería) dejaron su huella en el espectro musical con más escándalo que virtuosismo.

Una excepción es Primus -Les Claypool (voz, bajo), Larry LaLonde (guitarra) y Tim “Herb” Alexander (batería), con una discografía sorprendente que cubre un amplio periodo, de 1990 a 2017. En medio de otros proyectos, Claypool armó un supergrupo con Trey Anastasio (Phish) y Stewart Copeland (The Police) llamado Oysterhead que, en la tradición de los primeros power trio setenteros, lanzó un solo disco -The grand pecking order (2001)- para luego reunirse esporádicamente en festivales. En esa misma línea podemos mencionar a otro supergrupo más o menos reciente, Them Crooked Vultures, integrado por Dave Grohl (Nirvana), Josh Homme (Queens of the Stone Age) y John Paul Jones (Led Zeppelin).

Caso aparte es el de los norteamericanos Yo La Tengo -Ira Kaplan (voz, guitarra), su esposa Georgia Hubley (batería, voz) y James McNew (bajo), quienes supieron combinar sus innovadoras ideas con una clarísima obsesión por The Velvet Underground. Si bien es cierto su carrera se inició en la segunda mitad de los ochenta con Ride the tiger (1986), fue durante la siguiente década que se consolidaron como una de las bandas más respetadas del indie rock, con álbumes como Fakebook (1990, disco de covers), Electr-O-Pura (1995), entre otros.

Siguen firmas triangulares…

En 1995, apareció Gov’t Mule, la banda que más ha respetado la tradición de Cream y The Jimi Hendrix Experience, dos ex miembros de la última generación de The Allman Brothers Band, el guitarrista Warren Haynes y el bajista Allen Woody, más Matt Abts como baterista. Entre 1994 y 2000 lanzaron varios álbumes, la gran mayoría de ellos en concierto -con un elenco revolvente de invitados-, de blues eléctrico y funk rock. El repentino fallecimiento de Woody interrumpió un tiempo al grupo que regresó luego, convertido en cuarteto.

Los últimos 30 años ha visto el surgimiento de diversos tríos, algunos de ellos decididamente “power” como The Jon Spencer Blues Explosion o Black Rebel Motorcycle Club y otros no tan identificados con ese concepto pero igual de importantes, como los norteamericanos Low -por la senda de Cocteau Twins- o las hermanas Este, Danielle y Alana Haim, con cuatro luminosos álbumes en el mercado desde su debut en el 2013. También podemos mencionar a los británicos Muse (prog-pop) o Khruangbin -Laura Lee (voz, bajo), Mark Speer (guitarra) y Donald «DJ» Johnson (batería)-, una sorprendente terna norteamericana que reivindica el rock instrumental de forma impecable.

[MIGRANTE AL PASO]  No veré este mundial, afirmé varias crónicas atrás. Hoy quedaron fuera de la Copa del Mundo Alemania y Holanda, lamentablemente, Japón, mi favorito, también. Hasta esta fecha solo había visto un partido y, relativamente, obligado. Había perdido la fe en este deporte y el fanatismo que tenía, aún no lo recupero, pero hoy la pasé bien. Día libre, feriado, un buen día de descanso. Al no tener nada que hacer en el día, hablo con dos amigos, de los más antiguos y de los que más frecuento: Hay que ver los partidos del mundial, quedamos. No hubo cervezas, solo historias de algunos viajes, un poco de PlayStation y mucho fútbol. Algo que probablemente hemos repetido varias veces en mundiales pasados y mucho más jóvenes. Se sentía un aire escolar, como cuando te daban la clase libre para ver un partido importante. Los álbumes, favoritos y una eterna ausencia de Perú, que te hacía hincha de otras naciones. Esa magia sentía que se había perdido un poco, por la sede, escándalos y una patología masiva a la que no le daba la importancia debida.

Neymar se acercó a los japoneses para consolarlos. Eran los favoritos de muchos y lo dieron todo. Aparte de mis quejas por lo innecesarios y más cosas sobre las pausas de hidratación, los infinitos comerciales de plataformas de apuestas y, también de que ya no dejen ver las peleas en vivo. Este deporte sí despierta un poco el instinto violento, en realidad creo que todos, pero la magnitud cultural de ver a la gente patear la pelota es inconmensurable. Hay demasiado alrededor de esto. Recordaba cuando fui al Mundial de Brasil 2014, yo acababa de renunciar a la Universidad de Lima, sin saber que iba a pasar, haciendo una jugada de riesgo que salió bien. Toda esa ansiedad no importaba, ver las celebraciones, la gente de decenas de países en las calles, no tenía ninguna responsabilidad que me frene de simplemente disfrutar. El primer viaje solo con mi padre, aficionado, tanto que sigue viendo los partidos de la U en fútbol nacional. Y los vive.

9 horas de fútbol

Cada uno a sorbos de Red Bull y cigarros, estamos jóvenes pero ya nos alcanza el cansancio más rápido. Les contaba sobre una foto en la que salía con Figo, me molestaban por mi pelo excesivamente largo. Yo rochoso no quería pedirle una foto en el aeropuerto de Río de Janeiro (Iba en el mismo vuelo camino a Salvador de Bahía), mi padre le habló en un portugués rarísimo y se logró un recuerdo grabado en una imagen. Vimos el gol de Van Persie, la palomita que está en el top 5 de la historia, Cristiano Ronaldo a pocos metros, algunas cervezas y mucha carne. Tenía 19 años y nunca había visto a chicas tan bonitas, era un niño aún, me costaba concentrarme. Todo ese mundo que hoy se siente menos potente, tiene un efecto que pasa desapercibido.

El fútbol es político preguntan muchos, yo creo que inevitablemente sí. Cuando Messi le dio la mano a Trump, más allá de si supiera o no tuvo repercusiones. Desde que comenzó el mundial nunca más escuchamos de ICE o los archivos de Epstein. En 2014 conversábamos con un barman que quería que Brasil pierda, su propio país, nos lo contaba molesto. Un. Robo en Pelourinho, lugar donde castigaban esclavos en la colonia. Violencia en hinchadas, abusos que pasaban desapercibidos. Ni me enteré que ganó Keiko al 100% hasta que me llamó mi abuela hace un rato. Recuerdo ya un poco mayor, cuando vivía en Argentina, en la 12, la famosa barra brava de Boca y su trinchera en La Bombonera. Yo callado y saltando por contagio y miedo. Las elecciones eran al día siguiente, pero no importaba. Nunca había sentido algo así, todo temblaba y veías que sucedía todo malo y bueno en una misma tribuna. La euforia era contagiosa e intimidante a la vez. La locura era palpable y se mezclaba con la propia.

En todos esos momentos se puede sentir en la euforia como se está sintiendo el mundo y la simbología es infinita. Parece un campeonato entre colonizadores y colonizados. Pero igual hoy la pasé bien, grité el gol de Japón como simbología fuera Perú; un desahogo es necesario, pero hay que intentar darse cuenta y el fútbol debería ser consciente de eso, no cómplice como parece serlo.

En fin el análisis podría ser infinito y aburrido. Lo único que sé es que hoy 2 amigos y tres partidos me alegraron el día, pude despegarme del trabajo y de preocupaciones por 9 horas. Partido tras partido, goles tras goles. Ver penales después de mucho tiempo. Hoy regreso un poco de lo que había perdido y es esperanzador. La cantidad de recuerdos revividos valen más que suficiente. Pero nunca olvidar que al final, debería ser solo fútbol.

[Papeles Virtuales]
UNO

Francia ha confirmado lo que se pensaba de ellos.

  • Son el equipo más fuerte del Mundial.

Olise, Mbappe y Dembele, no hace falta añadir más. Encima, tiene a Doué como extremo, con responsabilidad de presionar la salida. La historia nos dice que los favoritos, antes del mundial –generalmente– no ganan la Copa. Aplastó a sus rivales, cuando quiso. Es casi imposible, parar a esos cracks. Deschamps un técnico defensivo y poco audaz, trocó.

  • ¿Qué sucedió?

El nivel de jugadores que tiene delante es de calibre mayor. Ni siquiera el team del 98 y menos el 2018, tenía esa calidad. Ante Noruega se destapó Dembele. Eso sí, Upamecano se volvió humano, tuvo dos groseros errores. Ojo, esos errores se pagan caro más adelante. Rabiot no me convence como volante mixto y Koné, su reemplazante, me parece mucho mejor. Se vislumbra unos octavos de final, inolvidable, con Alemania. Así como está jugando Francia es capaz de derrumbar el paradigma, mencionado antes.

España es otra de las grandes favoritas, pero decepcionó en su debut. El ritmo cansino del tiki taka es infumable. Eso munido a la arrogancia de la roja, da como resultado un bodrio. En especial, si el rival es inocuo en la ofensiva. Ante Arabia Saudita mejoró enormemente. Fue la actitud y Lamile Yamal, aun con dolencias, ingreso del inicio. En tanto, ante los charrúas volvió a decepcionar. Tiene a sus delanteros, entre algodones, lo cual es un mal auguri

DOS

Es el momento de Sane y Musiala. Muchos dicen lo lógico.

  • Juegan cómodo en el Bayern, porque es un equipo armado y con cracks extranjeros.

Les llegó la hora de demostrarlo en la Die Mannschaft. Costa de Marfil fue un rival de fuste. Un flojo Wirtz, que no rindió en el Liverpool, es titular. A Havertz, le falta instinto asesino. Fallaron los antes mencionados. Entonces apareció Undav, el suplente, con el espíritu de Uwe Seeler, rescató a los germanos. Fue un partidazo. Sin embargo, ante los sudamericanos volvieron a mostrar ciertas falencias, que le pueden costar en octavos. La edad le está pesando a Neuer, le fallaron los reflejos.

  • #NoToMadueke

Se viralizó en las redes cuando lo contrato el Arsenal. Los hinchas lo odiaban. Más tarde, el delantero demostró que se equivocaron. Tiene una característica que no posee Saka, juega pegado a línea – a la vieja usanza – y desborda. Le sobra quiebre y habilidad. Nunca vi un delantero ingles con esas características y veo futbol desde 1974. Creo que Gordon es una equivocación como titular. Ignoro porque lo contrató el Barza. Tuchel reconsideró y puso a Rashford de titular ante Panamá. Tener a Bellingham, Kane y Eze, te da un plus. Creo que nunca antes los ingleses tuvieron esa calidad de delanteros y mediocampistas. Dícese que el 2002 y 2006 los cracks, de ese entonces, no se soportaban, existía mucha rivalidad.

TRES

Argentina y Brasil se han enfrentado a rivales muy débiles. No obstante, al Scratch le benefició. Empezó pésimo, a medida que pasaron los partidos, tomo más confianza. Bruno Guimaraes es el ancla en el Newcastle, en la selección parecía un manojo de nervios. Perdía duelos y daba pases intrascendentes. Ante Escocia mejoró. Idem, Cunha. Vinicius ha tomado la posta y es el líder. Ojo, el problema de tener rivales débiles, es la falta de exigencia. Ante una potencia, que te pueda tocar en octavos o cuartos, puede ser fatal.

Ecuador fue segundo en la clasificación. No podía terminar así, ante Costa de Marfil no mereció perder. El partido contra Curazao tuvo tintes fantásticos, parecía un cuento de García Márquez. Si bien, el arquero tapó todo, hubo una evidente falta de puntería. El dedo del escarnio se ciñó en Enner Valencia: quien tiene 36 años. Considero que el Tricolor no puede depender de él. Plata, que estaba en deuda, apareció finalmente. Y lo celebró todo el Continente, no solo el País de la Mitad del Mundo.

  • Pedimos que al menos dijera buen día, ni saludaba.

Uno de los motivos por los que Bielsa tuvo éxito en otros clubes o selecciones, es porque los jugadores creyeron en él. Se dejaron guiar. Luis Suarez, posiblemente el delantero más importante de la historia charrúa, jodió el vestuario cuando vio que era dejado de lado. Esto sucede cuando eres crack y piensas que eres más importante que el técnico.

  • ¿Por una nimiedad sentencio a un técnico?
  • ¿Piensas que Guardiola o Luis Enrique son agradables?

Son unos obsesivos que piensan en futbol las 24 horas.

  • ¿Crees que les interesa saludarte o saber que le caes bien?

Posiblemente son unos grandísimos hijos de puta, que no les interesa en absoluto las relaciones públicas. Recordar que la mujer de Pep pidió el divorcio. Todo éxito tiene su costo.

Así era, también, Arrigo Sacchi. Lo cuenta Segurola.

  • Se acercó a Van Basten, mientras este almorzaba, quería hablar de un concepto táctico. Marco se le plantó.
  • Mientras como, no.
  • Ahí se terminó el ciclo maravilloso del Milán.

Cuando los jugadores no creen en el entrenador, no hay vuelta que darle. El Mundial pasado, Uruguay quedó eliminado jugando de la forma que pidieron los jugadores. Solicitarle a Bielsa que se traicione es no conocerlo en absoluto. El fracaso charrúa tiene varios responsables. En 2010 y 2011, consiguieron un cuarto puesto en el Mundial y una Copa América. Tenían un mejor equipo y delanteros de gran nivel: Forlan, Suarez y Cavani en su prime. La presente muestra a Darwin Nuñez, quien me hace recordar a Serginho, el 9 del Brasil 82. No hace falta más explicaciones.

CUATRO

Juanfer Quinteros y James son los únicos volantes creativos del Mundial que caminan y no tienen un gran despliegue. El futbol moderno requiere de mayor esfuerzo, no solo de talento. De ahí que ambos, nunca hayan triunfado en Europa. No obstante, son la cuota de talento de una Colombia, que afrontaba muchas dificultades, antes del Mundial. Ahora, el desempeño de la selección cafetera ha sido sobresaliente. Mereció ganarle a un Portugal, que estaba lleno de estrellas, pero que sufre el mismo problema de España, en muchos pasajes del partido.

  • Ritmo cansino y soporífero.

La selección cafetera tiene grandes posibilidades de avanzar a octavos y luego cuartos de final. Luis Díaz es el estandarte. Me parece que su falencia es un 9 de categoría.

  • El Mayor farsante del futbol mundial

Así lo definió Chilavert al técnico Alfaro. Como siempre que le ponen un micrófono, se esfuerza por dar declaraciones explosivas. Siempre fue así. Después de su retiro, nunca ha dirigido un club o una selección. Me hace recordar a

Hugo Sánchez, otro bocazas. Que si se atrevió a dirigir la selección mexicana y fracasó rotundamente.

El debut pesó. Fueron 16 años de ausencia. A varios les sobrepaso la ilusión acumulada de la gente. Peor cuando EE.UU anotó tan temprano. Ante Turquía y Australia primó el pragmatismo. Hubo muchas críticas por las declaraciones de Alfaro. Eso tiene el futbol, en un momento, pasas del cielo al infierno. Antes ídolo, hoy maldecido. Paraguay siempre jugó a la defensiva y luego a contragolpear. Ese es su ADN.

Los técnicos antes de Alfaro, querían darle al equipo un mayor toque y fracasaron.

  • ¿Entonces en qué quedamos?

COLOFON

Una cosa es ser periodista otra distinta ser hincha. No podés reaccionar o explotar de esa manera, porque justamente no eres fanático. Has estudiado durante 4 años y laburas desde hace un muy buen tiempo. Eso indica que tienes experiencia. Ganas muy bien, a comparación de otros periodistas deportivos que pululan en otros medios más modestos. Entonces, ante la expulsión del jugador paraguayo –que sabía de la norma– explotaste. Furibundo, usando un lenguaje procaz, acusaste a los dirigentes de corrupción. Horas después pediste disculpas. Tarde, la FIFA te expulsó del Mundial. La cantidad de gente que lo apoyo fue mayoritaria. Igual varios compañeros del oficio. Uno que se destaca en el medio televisivo, defenestro a la Entidad.

  • La liberta de expresión no se negocia.

Pero dicha libertad no está munida de procacidad. Si haces una denuncia, debes presentar las pruebas concluyentes de dichos actos corruptos. Ergo, te expones a una demanda judicial. Una de las características de la degradación actual del periodismo. Peor el deportivo. Donde la demagogia y los exabruptos son el pan de cada día. Las nimiedades llenan los espacios deportivos. Discusiones al por mayor. Pareciera que el que más grita, es quien tiene razón. Y justamente, el que mencionábamos, le mostró su apoyo incondicional al Chipi Vera. Él se caracteriza por ese comportamiento anómalo. Gritos e insultos de grueso calibre son la constante. La consulta cae de maduro.

  • ¿Cómo podés ir a dar una charla de periodismo en la Universidad?

[EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS] Pocas tradiciones políticas han sido tan discutidas y, al mismo tiempo, tan decisivas para la historia contemporánea como el liberalismo. Nacido entre las revoluciones atlánticas del siglo XVIII y consolidado a lo largo del XIX, contribuyó a derribar el absolutismo, limitó el poder del Estado, afirmó la igualdad jurídica de los ciudadanos y abrió el camino hacia las democracias constitucionales. Pero su mayor aporte quizá no resida en ninguna de esas conquistas por separado. Consistió, sobre todo, en responder una pregunta que sigue acompañándonos hasta hoy: ¿cómo pueden convivir pacíficamente personas que piensan distinto sin que unas pretendan imponer definitivamente su visión sobre las otras?

La respuesta liberal fue extraordinariamente sencilla y, precisamente por ello, revolucionaria. Ninguna autoridad —ni el Estado, ni una iglesia, ni una mayoría circunstancial, ni una ideología— debía concentrar un poder capaz de anular la libertad de los individuos. Desde John Locke hasta John Stuart Mill, el liberalismo político edificó un conjunto de instituciones destinadas a contener el poder antes que a expandirlo. Mill resumió esa convicción con una frase que continúa interpelándonos más de siglo y medio después: «si toda la humanidad, menos una persona, tuviera una misma opinión, la humanidad no estaría más justificada en silenciar a esa única persona que ella en silenciar a la humanidad». Difícilmente pueda encontrarse una defensa más lúcida de la libertad de conciencia.

No deja de resultar llamativo que una idea nacida hace más de dos siglos conserve semejante actualidad. La razón es sencilla: las sociedades nunca dejaron de ser plurales. Cambian las épocas, los conflictos y los lenguajes políticos, pero permanece la dificultad de aceptar que quienes discrepan no por ello dejan de formar parte de la misma comunidad política. El liberalismo comprendió muy temprano que la diversidad de opiniones no constituye una enfermedad de la democracia, sino su condición más natural. Allí donde todos piensan igual, la libertad deja de tener objeto.

La historia del siglo XX confirmó dramáticamente esa intuición. Fascismo y comunismo, pese a sus profundas diferencias doctrinarias, compartieron una misma aspiración: reorganizar la sociedad alrededor de una verdad considerada absoluta. Ambos identificaron enemigos irreconciliables, ambos prometieron redimir a la humanidad y ambos terminaron subordinando los derechos individuales a un supuesto interés superior. Europa pagó un precio inmenso por esa ilusión. Cuando finalmente las democracias occidentales lograron reconstruirse después de la guerra, parecía haberse consolidado un consenso elemental: ninguna causa política justificaba sacrificar las libertades fundamentales. Durante algún tiempo pareció una lección definitiva. La historia, sin embargo, rara vez concede victorias permanentes.

Hoy asistimos al resurgimiento de formas distintas de intolerancia. Ya no suelen presentarse bajo la forma de partidos únicos o regímenes totalitarios. Se expresan, más bien, mediante discursos que tienden a reducir la complejidad social a una única clave de interpretación. En determinados sectores del progresismo contemporáneo, por ejemplo, el individuo corre el riesgo de diluirse detrás de identidades colectivas cada vez más fragmentadas, mientras el desacuerdo comienza a confundirse con una falta moral antes que con el ejercicio legítimo de la libertad. El término wokismo suele emplearse para describir parte de estas tendencias, aunque su significado continúa siendo objeto de debate. Más allá de las etiquetas, el problema aparece cuando la identidad desplaza al ciudadano como sujeto central de la democracia. En ese punto dejamos de hablar el lenguaje del liberalismo político.

Pero sería un grave error creer que la alternativa consiste en abrazar un conservadurismo igualmente dispuesto a restringir las libertades civiles en nombre de una determinada concepción religiosa, nacional o moral de la sociedad. Resulta paradójico observar cómo algunos defensores de la libertad económica aceptan sin demasiadas dificultades la intervención del Estado cuando se trata de regular la vida privada o imponer determinados patrones culturales. El liberalismo clásico jamás defendió un Estado encargado de custodiar una moral oficial. Su preocupación siempre fue otra: garantizar que cada persona pudiera desarrollar su propio proyecto de vida dentro del marco constitucional y del respeto a los derechos de los demás. Esa diferencia separa a las sociedades abiertas de aquellas que aspiran a disciplinar las conciencias.

Quizá el mayor error de nuestro tiempo consista en haber olvidado que el liberalismo político nunca prometió una sociedad perfecta. Nunca creyó que los conflictos desaparecerían. Su ambición era bastante más modesta y, precisamente por ello, más realista: construir instituciones capaces de procesar pacíficamente las diferencias. Norberto Bobbio recordó que los derechos de libertad constituyen el presupuesto indispensable de toda democracia. John Rawls llegó después a una conclusión semejante cuando sostuvo que las sociedades plurales solo pueden sostenerse sobre un consenso político básico compartido por ciudadanos que discrepan acerca de casi todo lo demás. Ninguno imaginó democracias edificadas sobre la unanimidad. Ambos comprendieron que la estabilidad política nace del reconocimiento recíproco antes que de la imposición.

Conviene detenerse un momento en esta idea porque acaso allí resida una de las mayores confusiones del presente. Hemos comenzado a identificar la firmeza de las convicciones con la incapacidad de escuchar al otro. La discrepancia se interpreta con demasiada frecuencia como una agresión y el adversario termina convertido en un enemigo moral. Sin embargo, las grandes democracias no fueron construidas por ciudadanos que pensaban igual. Fueron edificadas por hombres y mujeres capaces de defender con firmeza sus principios sin dejar de reconocer idéntica legitimidad a quienes sostenían posiciones distintas. El consenso democrático nunca significó uniformidad; significó aceptar que ninguna mayoría puede apropiarse para siempre del espacio público.

Tal vez haya llegado el momento de recuperar esa vieja enseñanza. Hablar menos de enemigos y más de ciudadanos. Menos de identidades irreconciliables y más de personas. Menos de cancelaciones y más de instituciones. Las democracias sobreviven porque aceptan el conflicto, no porque logren eliminarlo. Esa ha sido, probablemente, la mayor contribución histórica del liberalismo político.

En una época dominada por los extremos, volver a esa tradición no constituye un ejercicio de nostalgia ni una invitación a ignorar los problemas del presente. Significa recordar que la libertad individual, la igualdad ante la ley y la dignidad de la persona no son conquistas definitivamente aseguradas, sino principios que cada generación debe defender nuevamente. La historia enseña que las sociedades comienzan a perder su libertad mucho antes de advertirlo. También enseña que recuperarla suele ser una empresa mucho más difícil. Quizá por eso el liberalismo político conserve, todavía hoy, una vigencia que trasciende las modas ideológicas y continúa ofreciendo uno de los fundamentos más sólidos de la convivencia democrática.

[INFORME] La Contraloría reveló un alarmante informe sobre una serie de decisiones irresponsables por parte del Servicio de Parques de Lima, organismo de la Municipalidad de Lima, con respecto al manejo de las piscinas y los peligros sanitarios a los que expusieron a decenas de niños que participaron de sus talleres de natación.

La ciudad de Lima se ha convertido, lamentablemente, en sinónimo de caos. El ruido y las calles saturadas por personas y vehículos llevaron  a que la capital pueda ser considerada, en diversos momentos del día, un lugar agobiante para el limeño promedio que incluso padece las consecuencias en su salud.

Ante este panorama, los espacios de recreación y la práctica de deportes representan un escape necesario para el bienestar de la población. Sin embargo, lo que inicialmente podría ser visto como una sana alternativa, también puede convertirse en un serio riesgo para la población cuando de por medio existen autoridades irresponsables.

Sudaca pudo revisar documentos relacionados con los talleres de veranos que se realizaron en catorce clubes metropolitanos y parques de la ciudad de Lima a cargo de SERPAR (Servicio de Parques de Lima) y encontró graves descuidos en los diferentes cursos que ofrecieron a los limeños que recién salen a la luz.

“NO SALUDABLE”

Los talleres de natación suelen ser lo más populares en el verano limeño. La época de altas temperaturas coincide con las vacaciones y muchos padres optan por inculcar en sus hijos la práctica de este deporte. Para ello, muchos recurren a los talleres que se ofrecen en los diversos clubes a cargo del Servicio de Parques de Lima.

Sin embargo, pese a la alta demanda, no todos estos clubes se esmeran por brindar las condiciones idóneas. Esto es lo que puso al descubierto un recientemente publicado informe de la Contraloría que visitó once clubes metropolitanos y encontró un alarmante descuido que ponía en riesgo a los asistentes a estos talleres de verano.

El Club Metropolitano Huayna Cápac es uno de estos lugares de esparcimiento donde se brindaban clases de natación. Pero, al revisar la calificación sanitaria que les otorgó la Dirección de Redes Integradas de Salud Lima Sur (DIRIS) se pudo encontrar que, en el momento que empezaron las clases, la piscina del club en cuestión tenía la calificación de “no saludable”.

El Servicio de Parques de Lima, quienes manejan el club y sus talleres, no sólo cobraron las inscripciones a los talleres que se llevaron a cabo en el Club Metropolitano Huayna Cápac sin importarles subsanar esta calificación desfavorable, también continuaron con el desarrollo de las clases sin intentar corregir esta situación.

Según el siguiente documento que muestra las observaciones hechas en un acta de vigilancia sanitaria, a finales del mes de febrero se llevó a cabo una nueva evaluación que también dio como resultados que la piscina no era saludable y hasta debieron establecer como medida temporal el cierre temporal.

El parque zonal Flor de Amancaes fue otro de los lugares donde se anunciaron talleres de natación para el verano 2026. Como pasó con el parque zonal Huayna Cápac, se advirtió que la inspección realizada por la Dirección de Redes Integradas de Salud Lima Sur (DIRIS) arrojó como resultado que a esta piscina le correspondía la calificación de “no saludable”, pero esto no evitó que habiliten al público la venta de cupos para sus talleres de natación.

Ante este panorama resulta lógico preguntarse si en algún momento existió interés por parte de SERPAR en conocer el estado de las piscinas en las que decenas de niños tomaban parte de sus talleres y, aunque la respuesta es sí, la fecha en la cual le dieron importancia a este tema resulta todavía más indignante. En los documentos que revisó Sudaca se expone que recién el 18 de febrero, más de un mes y medio después del inicio de los talleres, el Servicio de Parques de Lima tuvo en su manos un informe técnico de monitoreo de la calidad de agua de piscina.

¿QUÉ QUERÍAN OCULTAR?

Pero este informe da cuenta de situaciones todavía más alarmantes. En el caso del Club Metropolitano Cápac Yupanqui se les otorgó la calificación de “no saludable” luego que se les negara el acceso para realizar la inspección correspondiente y, pese a contar con esta calificación negativa, continuaron cobrando matrículas para sus talleres de natación.

Esta misma situación se repitió en el caso del Club Manco Cápac, donde tampoco se permitió realizar el procedimiento de vigilancia sanitaria. Por otro lado, en las piscinas de los clubes Sinchi Roca y Santa Rosa se pudo llevar a cabo la inspección que arrojó como resultado una calificación de “no saludable” y, sin embargo, esto no evitó que continúen matriculando alumnos y realizando talleres.

En este informe también se pudo conocer graves infracciones, como las que tuvieron lugar en los clubes Cahuide y Pascuala Rosado Cornejo. El uso de las piscinas de estos clubes fue suspendido por el periodo de un mes tras las inspecciones que alertaban sobre un riesgo sanitario. No obstante, esta disposición fue ignorada y continuaron con el desarrollo de los talleres de natación.

Cabe señalar que el estado de las piscinas a cargo de SERPAR fue noticia en las primeras semanas de enero. Sin embargo, lo que el Servicio de Parques de Lima intentó explicar como un “programa de mantenimiento periódico” que duró apenas unos días estuvo lejos de corregir las deficiencias de las piscinas, tal como lo revelan los documentos de Contraloría.

Como suelen señalar expertos en salud, las piscinas pueden convertirse en un foco de contagio de virus y bacterias, especialmente, durante la temporada de verano si no existe un mantenimiento idóneo. Pero para el Servicio de Parques de Lima parece que la salud de los limeños, incluyendo la de los más pequeños, no era más importante que seguir cobrando por sus talleres.

[OPINIÓN] Entre 2021 y 2022, el mapa regional parecía teñirse de un rojo homogéneo tras el triunfo del progresismo en seis de siete elecciones presidenciales. Sin embargo, el error de lectura de aquel momento fue creer que las sociedades se habían vuelto masivamente progresistas. Hoy, cuando la balanza parece inclinarse hacia la acera de enfrente, se repite la misma equivocación al diagnosticar una ola de ultraderecha de carácter estructural. No es así.

​El comportamiento del electorado contemporáneo responde a una lógica mucho más pragmática y movediza que la de los alineamientos doctrinarios. Los ciudadanos no sufragan mayoritariamente movilizados por programas de gobierno o afinidades teóricas; lo hacen guiados por el rechazo al oficialismo de turno. Si hace unos años el progresismo capitalizó el deseo de cambio frente al desgaste conservador, hoy la derecha encarna la opción de recambio frente a administraciones de izquierda que han sufrido el desgaste natural del ejercicio del poder en entornos económicos y sociales sumamente críticos.

​El factor diferencial en este tramo de la historia es el terreno de juego tecnológico. La batalla política actual se libra de forma prioritaria en el paradigma comunicativo digital, un espacio donde se disputan las narrativas y se moldea el sentido de las cosas a gran velocidad. Es en este ecosistema donde las corrientes de ultraderecha han tomado una delantera significativa, utilizando la inmediatez y la segmentación de las redes sociales para conectar de forma directa con el descontento, la frustración y la demanda de orden de las mayorías hostigadas por el crimen.

​Pese a esta ventaja comunicativa, las victorias de las opciones conservadoras se caracterizan por una marcada fragilidad. El análisis minucioso de la realidad electoral latinoamericana desmiente la existencia de cheques en blanco para la derecha. Sus triunfos recientes se han materializado por diferencias mínimas, como en Perú o Colombia, o bajo la sombra de crisis de legitimidad y denuncias de fraude, como en Honduras, sumado a la intensa injerencia de Estados Unidos.

​Incluso en la derrota, el progresismo retiene un piso electoral muy alto que bordea el cuarenta por ciento, como ocurre en Chile. 49.7% frente a 50.4% en el Peru, y una diferencia similar del 1% en Colombia. En América Latina no se está consolidando un modelo único; se define como un territorio de disputa constante con ciclos políticos cada vez más breves y una ciudadanía impaciente que castiga con rapidez a quien no ofrece soluciones prontas y eficaces. La pugna por el poder sigue completamente abierta.

[Música Maestro] OTROSÍ: Mientras preparaba este artículo, me enteré del fallecimiento, a los 81 años, del saxofonista y flautista Walter Parazaider, uno de los fundadores de Chicago. Además de dominar todos los instrumentos de viento, tocaba también teclados y guitarra, especialmente en las baladas ochenteras del famoso grupo. El mundo sigue quedándose sin músicos de calidad, a merced de las simplonerías de Shakira y los reggaetoneros de pacotilla.

Peabo: Una voz espectacular

Para nadie es un secreto la capacidad vocal de los artistas afroamericanos, tanto hombres como mujeres, en cualquier época y estilo. Desde Stevie Wonder y Chaka Khan hasta Whitney Houston y D’Angelo, las voces negras han destacado siempre por su potencia, afinación y calidez, motivo de orgullo para los Estados Unidos. En ese amplio ecosistema de voces superdotadas, la de Robert “Peabo” Bryson brilló como ninguna otra durante la primera mitad de los noventa, cuando se hizo mundialmente conocido por colocar su poderoso y alto rango de tenor en dos inolvidables baladas que fueron temas centrales de exitosas películas animadas de los estudios Disney.

En una época en que la humanidad aun no desechaba del todo el romanticismo como fuente de inspiración y donde el entretenimiento para niños servía también para adultos en búsqueda de emociones y sentimientos blancos, estas canciones y filmes lograron convertirse en clásicos modernos, símbolos de todo lo que hoy muere diariamente bajo las aplastantes montañas de bosta reggaetonera y exhibicionismo barato que llegan desde cualquier parte del mundo.

Peabo Bryson falleció el pasado 2 de junio, a los 75 años, pocos días después de sufrir un infarto. Fue muy querido en Chile, pues participó en dos ocasiones en el Festival Viña del Mar, representando a Francia con la canción Let me try again, con la que se llevó la Gaviota de Plata en la competencia internacional el 2001 y luego, al año siguiente, como jurado, ocasión en la que ofreció un concierto donde junto a Andrea Tessa y Rachel, dos cantantes muy conocidas localmente, interpretó emblemáticas canciones de su repertorio.

Del R&B y el funk a las baladas cinematográficas

Entre 1976 y 1991, Peabo Bryson publicó trece álbumes, la mayoría de ellos para el sello Capitol Records, con los que fue abriéndose camino en el competitivo mundo del R&B, el soul y el funk. Bryson se integró a una ola de artistas capaces de conmover por la sensualidad y energía de sus voces, en géneros clásicos de la canción popular afroamericana. Hablamos de una época en que brillaban nombres como Earth Wind & Fire, Barry White, Lou Rawls o Marvin Gaye, muchos de los cuales venían desde más atrás, con un terreno ya conquistado.

En ese sentido, a pesar de la innegable calidad de su voz, Peabo solo logró colocar algunas de sus composiciones en los rankings como, por ejemplo, Feel the fire (Reach out for the sky, 1977), I’m so into you (Crosswinds, 1978) o If ever you’re in my arms again (Straight from the heart, 1984), probablemente su tema más difundido hasta ese momento y que, hasta ahora, puede escucharse en radios norteamericanas de música del recuerdo. Además de escribir baladas “para ayudar a los hombres a ser más sensibles”, Bryson se daba el tiempo para cortes más rítmicos, como Move your body (I am love, 1981), Underground music (Peabo, 1976) o Crosswinds (Crosswinds, 1978), con aires sofisticados que lo acercaban al cool-jazz de George Benson, Ray Parker Jr. o Al Jarreau.

A ese periodo pertenece el dueto Tonight I celebrate my love, otra de sus interpretaciones más destacadas, grabada junto a Roberta Flack para un LP titulado Born to love (1983). Tres años antes, el cantante ya había lanzado con la intérprete de Killing me softly with his song, fallecida el año pasado, el doble en vivo Live & more (1980). Pero después de 1991, el cantante y pianista pasó de ser medianamente conocido a convertirse en una superestrella del pop global gracias a dos temas de película.

Peabo Bryson y los estudios Disney

Cuando los compositores de Beauty and the beast, Alan Menken y Howard Ashman propusieron a Celine Dion para grabar la versión pop del tema central de la película de dibujos animados del mismo nombre lo hicieron pensando que la joven canadiense de 24 años lo haría sola. Sin embargo, en una inteligente movida comercial, los productores decidieron convertir la canción que, en el largometraje, es interpretada por Angela Lansbury (1925-2022) -encargada de la voz de uno de los personajes animados- en un dúo para explotar la naturaleza romántica de aquella icónica escena en que las almas de la bella y la bestia se encuentran por primera vez.

“Fue muy generoso conmigo en todo el proceso y me apoyó mucho pues recién estaba aprendiendo a cantar en inglés” recordó Celine Dion, tras conocerse la noticia de su muerte. La tierna balada -que ganó el Oscar a Mejor Canción Original en 1991- fue incluida en el segundo disco angloparlante de la cantante, titulado simplemente Celine Dion (Epic Records, 1992). También recibió el Grammy a la Mejor Interpretación de Solista o Dúo. Aquí los vemos en vivo, durante la premiación cinematográfica, junto a la famosa actriz británica de la era dorada de Broadway y Hollywood, recordada también por su trabajo en la teleserie ochentera Reportera del crimen. Por su parte, Bryson publicó el tema en su décimo cuarto disco Through the fire (1994), donde también destacó un dúo con el saxofonista Kenny G, By the time this night is over y el tema-título, cover de un éxito de Chaka Khan.

Al año siguiente, el vocalista repitió el plato en los Oscar, esta vez con la versión radial de A whole new world, canción central de Aladdin (1992), a dúo con Regina Belle, excelente cantante de soul y R&B con quien ya había ingresado a las listas gringas con Without you (Positive, 1988). Otra elegante balada pop, escrita por Alan Menken y Tim Rice para la secuencia principal del cuento, entre exóticos castillos medio orientales y fabulosas alfombras mágicas, uno de los momentos que definieron el género del cine animado a comienzos de los años noventa. Entre 1996 y 2026 lanzó cinco discos más, tras superar diversos problemas financieros en los que incluso llegó a perder las estatuillas que había ganado.

Dee Palmer: El arma secreta de Jethro Tull

Un mes antes de cumplir 88 años falleció, el pasado 13 de junio, en su casa en la ciudad inglesa de Shropshire, muy cerca de la frontera con Gales, Dee Palmer (antes David). Entre 1968 y 1980 fue integrante fundamental de Jethro Tull, primero como arreglista y, posteriormente, como miembro estable del grupo, segundo tecladista y director de los ensambles orquestales que usaban constantemente en los estudios de grabación.

Para quienes deseen ubicarlo en fotos y videos, solía aparecer con una enorme pipa en la boca y vestido elegantemente, en la época en que el aspecto de la banda era un cruce entre personajes de Robin Hood, Sherlock Holmes y Monty Python. Ian Anderson, su gran amigo, lo despidió con esta frase: “Mis recuerdos personales favoritos son, en su mayoría, de aquel cómplice creativo, de voz grave y gran fumador, con quien disfruté de muchos curris picantes y buenas charlas bajo nubes ondulantes. Descansa en paz David/Dee, creo que no podrás fumar allá en el cielo… “

En ese tiempo, Palmer escribió todos los arreglos para cuerdas que caracterizaron a las clásicas grabaciones de Jethro Tull, dotándolas de esa aura sinfónica que encajaba siempre a la perfección con las olas electroacústicas del sonido entre lo celta, el blues y el prog-rock que puso a la banda en el centro de atención de una escena rockera altamente exigente.

La increíble historia de Dee Palmer

La historia de Dee Palmer no tiene antecedentes en el mundo del rock anglosajón (en nuestro país su equivalente es, desde luego, la cantante y guitarrista de JAS, Sergio/Fiorella Cava). Cuando se conoció, hace casi tres décadas, fue ignorada por los medios locales a pesar de tener elementos noticiosos de peso: no solo se trataba del miembro de una de los grupos más admirados de los años dorados del prog-rock británico, sino que además había tomado tan trascendental decisión… ¡a los sesenta años!

Aunque algunos sí llegaron a informar sobre su caso. Recuerdo un tímido recuadrito en la sección “C” del diario El Comercio, en tiempos en que todavía valía la pena a pesar de sus siempre zigzagueantes posturas políticas, que decía algo así como “reconocido músico británico cambia de sexo” (y para ilustrar la nota, colocaron erróneamente una foto de John Evan, demostrando la falta de rigor para informar sobre el tema…). Pero, en líneas generales, la sensación era de temor y velado rechazo frente a una situación desconocida.

Nació como David Palmer en Londres, en julio de 1937. Sus estudios los realizó en el prestigioso Royal Conservatory of Music, especializándose en composición, piano y clarinete. Luego de hacer arreglos para Nicola (1967), el cuarto álbum del guitarrista folk Bert Jansch (1943-2011), Palmer fue convocado para trabajar con un naciente combo de blues-rock que tenía una particularidad: su líder era un flautista con pinta de pordiosero que tocaba parado en una sola pierna. Hablamos, por supuesto, de Jethro Tull.

Palmer y los años dorados de Jethro Tull

Su facilidad para escribir refinadas partituras para cuerdas y vientos aseguró su colaboración con el grupo hasta convertirse en “el sexto Jethro Tull”, apareciendo en todos sus álbumes entre 1968 y 1976 como arreglista oficial. Sus primeras incursiones en la discografía oficial del grupo fueron en las canciones Move on alone (This was, 1968) y A Christmas song, grabada ese mismo año pero lanzada como lado B de Love story, otra que quedó fuera de aquel álbum debut. Ambas fueron incluidas en el LP recopilatorio Living in the past (1972).

Una de las canciones preferidas de quienes somos fanáticos de Jethro Tull lleva de fondo una exquisita línea de violines. Me refiero a Reasons for waiting (Stand up, 1969), cuatro minutos de etéreas flautas, guitarras acústicas y poética letra. Entre otros clásicos de Anderson y compañía en los que brillaron los arreglos de Palmer tenemos Sweet dream, The witch’s promise (singles de 1969), Sossity; you’re a woman (Benefit, 1970), Bungle in the jungle (War child, 1974), One white duck / 010 = Nothing at all (Minstrel in the gallery, 1975) o Too old to rock’n roll too young to die (LP del mismo nombre, 1976), así como sus tres obras maestras conceptuales Aqualung (1971), Thick as a brick (1972) y A passion play (1973).

En 1976 se unió a tiempo completo a la banda como segundo tecladista, para una nueva trilogía de discos que mantendrían el prestigio de Jethro Tull: Songs from the wood (1977), Heavy horses (1978) y Stormwatch (1979). Para este último, Palmer escribió dos canciones, King Henry’s madrigal que no entró a la versión final del vinilo y Elegy, delicado instrumental que formaba parte de un proyecto que Palmer escribió junto a Ian Anderson y Martin Barre, titulado The water’s edge, a pedido de una compañía escocesa de ballet clásico. En esta versión en vivo de Velvet green (Songs from the wood, 1977) vemos a Anderson y Palmer interactuar musicalmente de manera brillante.

A este periodo también pertenece el extraordinario álbum doble en vivo Bursting out (1978) en que, además de compartir rol de tecladista con John Evan, toca saxofón en la coda acelerada de Too old to rock’n roll too young to die. Antes de interpretar Skating away on the thin ice of the new day (del LP War child, 1974), al presentarlo al público, podemos escuchar a Ian Anderson decir “directamente desde la Real Escuela de Música de Londres, el señor David Palmer… acaba de irse a orinar, pero regresa en un ratito, no se preocupen…”

Carrera como solista

Aunque su trabajo en Jethro Tull acabó formalmente cuando la alineación clásica setentera -Ian Anderson (voz, flautas, guitarras acústicas), Martin “Lancelot” Barre (guitarras), John Glascock (bajo), John Evan, David Palmer (pianos, teclados) y Barriemore Barlow (batería, percusión)- se desintegró al final de esa década, Palmer se mantuvo siempre en contacto con sus compañeros, con quienes cruzó caminos artísticos en más de una ocasión a lo largo del tiempo.

Mientras Anderson y Barre grababan el disco A (1980), con una versión totalmente renovada del grupo, Palmer y Evan se unieron en un proyecto denominado Tallis -nombre que homenajeaba a un compositor británico del siglo XVI, Thomas Tallis- para trabajar varias composiciones conjuntas que recién fueron publicadas cuarenta años después, en el álbum In alia musica spero (A New Day Records, 2021). En 1985, Palmer dirigió a la Orquesta Sinfónica de Londres para el disco A classic case, una selección de diez clásicos de Jethro Tull con arreglos suyos y participaciones especiales de Ian Anderson, Martin Barre y dos de los nuevos integrantes del grupo, Dave Pegg (bajo) y Peter-John Vettese (teclados).

Durante la década siguiente, David Palmer se dedicó a escribir arreglos instrumentales de canciones de Yes, Genesis, Pink Floyd, Jethro Tull, Queen y los Beatles. Además, su álbum Norske popklassikere (1996) llegó a ser #1 en Noruega con una recopilación de populares melodías folklóricas y contemporáneas de ese país nórdico. El disco incluye una versión del éxito de a-ha, Hunting high and low, tema-título del segundo LP del famoso trío de pop electrónico noruego. Sería su última producción discográfica oficial como David Palmer.

Cambio de sexo: De David a Dee

En 1998, David Palmer sorprendió al mundo convertido en una distinguida mujer de 61 años. Sus primeras declaraciones sirvieron para informar a sus descolocados seguidores: “Soy intersexual -la “I” del famoso acrónimo LGTBI-. Esta disforia de género me acompaña desde muy joven”. Tras la muerte de su esposa Margaret, en 1995, su condición “comenzó a reaparecer” hasta materializarse en el complejo procedimiento quirúrgico que le cambió la vida. Había nacido Dee Palmer.

Elegantemente vestida, Dee retomó su carrera con múltiples proyectos, entre ellos su primer álbum en solitario titulado Through darkened glass (2018), nueve composiciones propias entre las que destacan Forever Albion, Urban apocalypse y Emmanuelle, en las que participa como guitarrista su gran amigo y ex compañero en Jethro Tull, Martin Barre, además de Things we said today, un cover de los Beatles (LP A hard day’s night, 1964). De hecho, Dee Palmer se integró como tecladista a la banda de Barre entre 2019 y 2022.

“Quiero ser juzgada únicamente por mis habilidades musicales”, comentó Dee en una entrevista del 2018, mientras promocionaba ese disco. La transición de Dee Palmer es sorprendente porque, tras años de haber tenido toda una vida como hombre -tocó clarinete en la banda del ejército inglés, tuvo cuatro hijos con Margaret y fue parte de un colectivo rockero 100% orientado al público masculino- cumplió con el sueño que tenía desde niño, sin importar los prejuicios y superando, definitivamente, múltiples conflictos personales internos con valentía y fortaleza emocional. «Me he sentido mujer desde los tres años. No solo los gays quieren hacer esto, ser una mujer es mucho más que eso”, declaró en aquella ocasión.

Con la muerte de Peabo Bryson y Dee Palmer, se apagan, por un lado, una voz espectacular que quedó registrada en los corazones de toda una generación y, por el otro, una estrella del rock progresivo y la orquestación sinfónica. Ambos fueron artistas que brillaron en sus respectivos estilos con humildad, elegancia y alta musicalidad, aspectos que hoy los melómanos del mundo echamos tantísimo de menos en las programaciones radiales y el internet.

[OPINIÓN] No hace mucho, entre 2021 y 2022, el mapa regional parecía teñirse de un rojo homogéneo tras el triunfo del progresismo en seis de siete elecciones presidenciales, abriendo las puertas de las sedes de gobierno a la izquierda incluso en plazas históricamente complejas como Colombia. Sin embargo, el error de lectura de aquel momento fue creer que las sociedades latinoamericanas se habían vuelto masivamente progresistas. Hoy, cuando la balanza parece inclinarse hacia la acera de enfrente, se repite la misma equivocación al diagnosticar una ola de ultraderecha de carácter estructural.

El comportamiento del electorado contemporáneo responde a una lógica mucho más pragmática y movediza que la de los alineamientos doctrinarios. Los ciudadanos no sufragan mayoritariamente movilizados por programas de gobierno o afinidades teóricas; lo hacen guiados por el rechazo al oficialismo de turno. Si hace unos años el progresismo capitalizó el deseo de cambio frente al desgaste conservador, hoy la derecha encarna la opción de recambio frente a administraciones de izquierda que han sufrido el desgaste natural del ejercicio del poder en entornos económicos y sociales sumamente críticos.

El factor diferencial en este tramo de la historia es el terreno de juego tecnológico. La batalla política actual se libra de forma prioritaria en el paradigma comunicativo digital, un espacio donde se disputan las narrativas y se moldea el sentido de las cosas a gran velocidad. Es en este ecosistema donde las corrientes de ultraderecha han tomado una delantera significativa, utilizando la inmediatez y la segmentación de las redes sociales para conectar de forma directa con el descontento, la frustración y la demanda de orden de las mayorías.

Pese a esta ventaja comunicativa, las victorias de las opciones conservadoras se caracterizan por una marcada fragilidad. El análisis minucioso de la realidad electoral latinoamericana desmiente la existencia de cheques en blanco para la derecha. Sus triunfos recientes se han materializado por diferencias mínimas, como se ha visto en los ajustados comicios de Perú y en los escenarios preliminares de Colombia, o bajo la sombra de severas crisis de legitimidad y denuncias de fraude abierto, como en el caso de Honduras. Estos resultados se producen, además, en un contexto de intensa injerencia del gobierno de los Estados Unidos, que busca asegurar su hegemonía en la región.

El dato más revelador de esta resistencia es que, incluso en contextos de derrota y con condiciones políticas adversas, el progresismo retiene un piso electoral muy alto que en el peor de los escenarios bordea el cuarenta por ciento, tal como lo demuestra la realidad política de Chile. América Latina no está consolidando un modelo único ni girando permanentemente hacia un extremo del espectro político. Se define, por el contrario, como un territorio de disputa constante, caracterizado por ciclos políticos cada vez más breves y una ciudadanía impaciente que castiga con rapidez a quien no ofrece soluciones prontas a sus urgencias cotidianas. La pugna por el poder sigue completamente abierta.

[MIGRANTE AL PASO]  Durante mi infancia, mi mundo estaba dividido en dos. Terminaba el colegio, regresaba preocupado a mi casa, no sabía si le había llegado alguna notificación de mal comportamiento o algún aviso de bajo rendimiento, cuando estaba próximo a llegar para almorzar recordaba lo que mi hermano me dijo: no importa si te gritan por no hacer tareas, igual te van a querer. Gracias a esa frase podía permitirme vivir de manera un poco conchuda. Después de devorarme el arroz con pollo, chaufa o hígado con cebolla; un poco de charla y críticas a mis profesores, subía y prendía el televisor expectante de qué ficción me tocaba vivir el resto del día.

Así viví casi toda mi adolescencia, una un poco particular, cuando ya debería haber desarrollado un poco yo me mantenía como un niño. Un niño observador, disidente, irresponsable, de corazón noble, muy culturizado, miedoso y con la ambición de conquistar el mundo. En esas épocas que ibas a polvos rosados y salías con cientos de series y animes en DVD, o miles de juegos piratas antes de que las consolas fueran imposibles de modificar. Cogía mis colecciones de Naruto, Harry Potter o El señor de los anillos, para ese momento aún no habían terminado de ser transmitidas. Comenzaba desde el inicio y en unos días lo terminaba, a veces volvía a comenzar de cero al finalizar, en otras ocasiones cambiaba a otro mundo de fantasía. Cuando llegaba al colegio al día siguiente, no me quedaba muy claro qué realidad estaba viviendo.

Sentía que no tenía nada que aprender en el colegio, era obvio que los problemas matemáticos los iba a poder resolver desde mi bolsillo en el futuro y en cuanto a las otras materias, ya sabía casi todo por la buena educación que recibí en casa. A veces sentía que caminaba rodeado de peces, un grave error y muy típico de un niño que cree ya tener todo resuelto. En ese momento había viajado, pero no había descubierto el mundo por mí mismo. Entre los 12 y los 16, mientras mis amigos se preocupaban por sus primeros tragos, hacer amigos con gente de otros colegios, chicas y peleas; yo me mantenía ajeno y una exploración que se volvió un tanto oscura y perversa para un niño. De todas esas, lo único que no me perdí fueron unas cuantas borracheras y peleas. Siempre que salía, pensaba en el juego o anime que me esperaba en casa. Fue dentro de esta aventura de mundos ficticios que las cosas pudieron tornarse turbias y cambiaron para siempre mi perspectiva del mundo y vida; me gusta pensar que para bien.

Al igual que ahora, me quedaba hasta la madrugada, la diferencia es que en ese momento podía despertarme a la hora sin cansancio. Comencé con el aclamado y más mainstream, Death Note (No explicaré cada uno en detalle, pero sí lo que tal vez no debí cuestionarme a raíz de ellos). Con este entendí que nadie es bueno del todo, ni siquiera yo, que creía ser alguien puro. No lograba descifrar mis comportamientos impulsivos pero llegué a entender que algo había detrás de todo. Me adentré en las perspectivas de justicia y cómo la obsesión hacia eso puede derivar en un complejo de dios megalomaníaco para que al final solo la representación de la muerte se mantiene neutral en la dicotomía del bien y el mal. Con Fullmetal Alchemist, aprendí sobre los alquimistas que existieron, humanos que mezclando ciencia y esoterismo buscaban alcanzar un nivel divino como la inmortalidad, comprendí que la ley de equivalencia de intercambio se aplica a todo y siempre hay que dar algo a cambio para recibir algo. Intentar romper eso puede traer consecuencias trágicas para quienes no comprenden sus límites humanos. Exploré términos ambiguos y ocultistas como la serpiente de uroboros y homúnculos por el deseo infantil de unos niños para revivir a su madre. El concepto de alma y cuerpo fue interiorizándose en mí.

Con un par más como Serial Experiments Lain, Ergo Proxy y Paranoia Agent; pude predecir que eventualmente íbamos a crear una inteligencia artificial que reemplazaría a dios. Cómo la dualidad entre el creador y lo creado se vería alterada y anticipé futuras crisis de identidad que igual me agarraron desprevenido. Entendí cómo muchos antes estas situaciones prefieren escapar de una manera violenta y liberadora. Por mencionar uno más, de varios que estoy dejando pasar, está Neon Genesis Evangelion, rellena de referencias y simbología de las religiones monoteístas. Donde un joven débil y deprimido se va quebrando emocionalmente hasta terminar totalmente vacío. Debido a una instrumentalización excesiva del humano desaparece el individuo y la única salida es el fin de todo. En todo esto pensaba mientras me enseñaban trigonometría o muchos compañeros cantaban canciones cristianas por un lavado de cerebro llamado confirmación.

Nunca encontré las respuestas a todas esas preguntas y, siendo sincero, tampoco creo que existan. Pero mientras el colegio intentaba enseñarme a resolver ecuaciones, aquellos mundos ficticios me obligaban a enfrentar problemas mucho más incómodos: qué es la justicia, qué significa ser humano, por qué existimos y qué ocurre cuando intentamos ocupar el lugar de Dios. Quizá por eso recuerdo tan poco de mis clases y tanto de aquellas madrugadas frente al televisor. Sin darme cuenta, mientras todos creían que estaba perdiendo el tiempo viendo dibujos animados, estaba recibiendo la educación que más me ha acompañado hasta hoy.

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