[CIUDADANO DE A PIE] En una reciente entrevista, Beatriz Mejía Mori —abogada constitucionalista, exdirectora de la Academia de la Magistratura y hoy candidata al Senado— se refirió de manera inusualmente directa y crítica al derecho al voto de los militares en actividad y a su posibilidad de postular a cargos electivos tras el pase al retiro (Ley N° 28480). Un “craso error”, según la jurista, pues los militares no han sido educados para vivir en democracia sino para obedecer órdenes, lo que explica los “gestos dictatoriales” que exhiben en el actual Congreso. Elegir un militar a la presidencia en el 2026, concluye Mejía Mori, sería “llevar los cuarteles a palacio de gobierno”.

Por su parte, Carla Granados Moya —teniente EP en situación de retiro e investigadora de la cultura política castrense— sostiene que, a diferencia de las épocas de golpes de Estado, los militares utilizan hoy las urnas para socavar la democracia desde dentro:

“Los nuevos ‘soldados políticos’ hacen uso de las reglas de la democracia para imponer paradójicamente su agenda antidemocrática. Y, al introducir una concepción bélica de la política, no solo estimulan y naturalizan la violencia simbólica, sino también la violencia física en contra de las y los ciudadanos” (“Una guerra política: la avanzada militar y la destrucción de la democracia peruana”. Trama Crítica, 20 junio 2024).

Si estas advertencias son atendibles, la pregunta evidente es: ¿qué estamos eligiendo cuando votamos por militares?

Soldados políticos: la amenaza uniformada

La figura del “soldado político”, estudiada por Dirk Kruijt, emerge en la política como uno de los principales obstáculos para la consolidación democrática latinoamericana. Por lo general se trata de militares en situación de retiro que compiten electoralmente sin desprenderse de la lógica, los reflejos y la cultura del mundo castrense. Su agenda es esencialmente autoritaria y antipolítica. Para alcanzar sus fines, pervierten las reglas formales de la democracia con la intención de debilitar los controles civiles y judiciales. Justifican soluciones de fuerza frente a conflictos que, en esencia, son políticos y sociales, naturalizando una visión bélica de la política (amigo/enemigo), donde el disenso y la protesta —expresiones legítimas de pluralismo democrático— son tratados como amenazas al orden que deben ser eliminadas. Estos políticos en uniforme (Grabendorff), que operan bajo una lógica de cuartel aplicada al Estado, pueden tanto presentarse como figuras progresistas (Hugo Chávez) como ultraconservadoras (Jair Bolsonaro), pero en ambos casos constituyen la antítesis de un verdadero demócrata.

Del cuartel al Congreso

En Democracia asaltada (2024), Alberto Vergara y Rodrigo Barrenechea nos ofrecen un lúcido análisis del colapso de la política peruana y del vaciamiento de nuestra democracia representativa, pero el diagnóstico de esta crisis democrática quedaría incompleto si no se examinara el rol de los soldados políticos en nuestra actual coyuntura.

Tras las elecciones generales del 2021, la falsa narrativa de un supuesto “fraude en mesa” —impulsada por la derecha radical— contó con el respaldo de importantes miembros de la Asociación de Oficiales Generales y Almirantes del Perú (ADOGEN) y de otros colectivos de militares en retiro, varios de los cuales exhortaron al Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas a desconocer a Pedro Castillo como presidente electo. Algunos de estos actores participaron activamente en intentos de internacionalizar dicha narrativa, y aunque estas acciones no lograron sus objetivos antidemocráticos, constituyeron un evidente atentado contra el Estado de derecho y la legitimidad democrática fundamentada en la voluntad popular expresada en las urnas.

La experiencia parlamentaria de estos últimos cinco años nos ha proporcionado una clara evidencia de cómo operan los soldados políticos electos. Uno de sus rasgos más visibles ha sido el respaldo sistemático a salidas políticas impositivas, en particular la banalización de la vacancia presidencial por “incapacidad moral”, un mecanismo excepcional cuya transformación en instrumento rutinario de presión política, ha erosionado gravemente el equilibrio entre poderes.

La concepción bélica de la política, en la que el adversario es un enemigo que debe ser abatido, se comprobó con ocasión de las protestas sociales de 2022/23 que exigían la convocatoria a nuevas elecciones. Los militares congresistas, lejos de actuar como defensores del Estado de derecho, validaron y justificaron el “uso excesivo y arbitrario de la fuerza letal” (Amnistía Internacional, CIDH) que costó la vida a 49 compatriotas. La intervención militar en tareas de orden interno, la minimización de las denuncias por graves violaciones de derechos humanos y la ausencia de rendición de cuentas son prácticas habitualmente promovidas por los soldados políticos latinoamericanos, y el caso peruano no ha sido la excepción.

La democracia exige una reconciliación crítica con un pasado de violencia, basada en la verdad, la justicia y la reparación (Jelin, Collins, Martínez, Reátegui). Sin embargo, estos mismos soldados políticos actuaron en la dirección opuesta, bloqueando avances en justicia para las víctimas mediante amnistías y prescripciones que garantizan la impunidad (Ley 32107). A ello se suma una actitud persistente de hostilidad hacia los mecanismos de control jurídico, tanto nacionales como internacionales, que se ha traducido en propuestas para abandonar el sistema interamericano de derechos humanos. Estas posiciones revelan una resistencia a toda forma de supervisión y una concepción del poder estatal como un espacio carente de límites cuando se actúa en nombre de la “Seguridad y Defensa Nacional”.

Ninguna de estas acciones es atribuible a la casualidad ni a iniciativas personales anecdóticas; responden a un patrón psicológico y cultural presente en ciertos sectores de nuestras Fuerzas Armadas. Pero la responsabilidad de la militarización de la política peruana, no es únicamente de los soldados políticos.  

La alianza perversa

La creciente presencia de militares retirados en la política peruana no puede entenderse como una iniciativa autónoma proveniente de las Fuerzas Armadas (Granados Moya). Por el contrario, ha sido impulsada por agrupaciones políticas de ultraderecha, algunos de cuyos dirigentes —siendo civiles— adoptan voluntariamente la lógica militar como forma de hacer política. Estos “políticos militarizados” no solo respaldan la participación de militares en retiro, sino que mimetizan su mentalidad. Renuncian deliberadamente a ejercer un liderazgo democrático como contrapeso civil al poder armado y, en su búsqueda de respaldo popular ofrecen “mano dura” como solución infalible para los conflictos sociales y problemas de seguridad.

El caso de Avanza País es un ejemplo revelador, pero por desgracia no el único, de esta deriva: en su retórica, la contienda electoral se ha transformado en una operación militar, dirigida no solo contra los delincuentes que campan a sus anchas en nuestras ciudades, sino igualmente contra «caviares» y «progres», vale decir, contra cualquier ciudadano que se oponga democráticamente a su agenda autoritaria y conservadora. Sus postulantes civiles a las vicepresidencias —ambos pertenecientes a las élites privilegiadas del país— se exhiben saludando militarmente a su candidato presidencial de origen castrense. Más allá de lo patético del gesto, el mensaje político que transmite es inquietante: a diferencia de lo que ocurre en democracias consolidadas, el poder civil peruano no se afirma frente a lo militar, sino que se subordina a él. Representa una subordinación simbólica que no es otra cosa que la renuncia vergonzante a la supremacía civil sobre la militar, un pilar básico de cualquier democracia republicana digna de ese nombre. No estamos, pues, solo ante soldados políticos que trasladan la lógica del cuartel al Estado, sino también ante políticos civiles que, por cálculo o convicción autoritaria, adoptan esa lógica y la legitiman. Esta alianza perversa no fortalece la democracia peruana, la socava desde dentro, normalizando el autoritarismo y la represión en espacios que deberían regirse por la deliberación y el pluralismo democráticos.

Sí, un craso error

En un país como el Perú, con una historia jalonada de dictaduras militares, violencia e impunidad, votar por militares en retiro y sus aliados civiles, no es una apuesta prudente, sino un riesgo innecesario, un craso error de consecuencias nefastas para la democracia y la convivencia plural. La crónica reciente de su accionar como congresistas constituye la mejor prueba de lo que nos espera si son elegidos como diputados, senadores o alcanzan la presidencia de la república. Honestamente, nuestro sufrido país merece mucho mejor que eso.

[INFORME] El corazón de José Jerí no deja de latir por Somos Perú, o por lo menos por algunos de sus integrantes con los que se reúne hasta altas horas de la noche. Sudaca encontró numerosas visitas de miembros activos de este partido al despacho presidencial.

El gobierno de José Jerí sigue en el ojo de la tormenta. Tras un inicio con un más que aceptable respaldo por parte de la opinión pública, las recientes encuestas empiezan a evidenciar que la mayoría de peruanos dejó de confiar en el gobierno que dirige el joven abogado. La falta de resultados contundentes en la lucha contra la delincuencia sumada a las sospechosas reuniones del mandatario con un cuestionado empresario chino que fueron seguidas de excusas pocos creíbles han mermado considerablemente el porcentaje de aprobación de Jerí Oré.

Pero, como si eso no fuese un golpe duro a la imagen del gobierno de transición, en los últimos días salieron a la luz casos de mujeres cercanas a José Jerí que obtuvieron órdenes de servicio tras visitas al despacho presidencial. El informe de Cuarto Poder reveló que estas amigas del presidente recibieron pagos que alcanzaban hasta los once mil soles.

Sin embargo, las visitas sospechosas no se han detenido. Sudaca pudo conocer que el despacho de José Jerí hoy es una oficina de puertas abiertas y no precisamente porque atiende a todo ciudadano que quiera aportar ideas o exponer alguna problemática. En esta oportunidad, personas estrechamente vinculadas con Somos Perú, el partido que lo llevó al Congreso, son detectadas en la lista de visitantes.

¿DESPACHO PRESIDENCIAL U LOCAL PARTIDARIO?

Con las elecciones cada vez más cerca y las serias acusaciones que empiezan a repercutir en la imagen del presidente, en Somos Perú optaron por emitir diversos comentarios críticos hacia José Jerí. Sin embargo, no todos los integrantes de este partido estarían interesados en marcar distancia con el hasta hace poco integrante de su bancada y, por el contrario, se han convertido en visitantes frecuentes de su despacho.

El martes 6 de enero, mientras la mayoría de peruanos volvía a sus jornadas laborales tras las fiestas de fin de año, la secretaría general del despacho de José Jerí recibía, por casi una hora, la visita de Claudia Rosa Tineo Caycho. La semana siguiente, Tineo Caycho visitaría nuevamente Palacio de Gobierno y, tan sólo un día después, volvería a presentarse a la secretaría general para extender su visita por casi tres horas.

En un contexto crítico para el país, se podría suponer que las reuniones en esta oficina están estrechamente relacionadas con temas críticos. Sin embargo, al revisar la historia de Claudia Rosa Tineo Caycho se pudo encontrar que quien en enero visitó en tres oportunidades el despacho presidencial era una odontóloga.

Esta información podría resultar desconcertante. No obstante, Sudaca encontró un dato extra sobre Tineo Caycho que podrían explicar estas visitas. La joven odontóloga, al igual que el presidente Jerí, pertenece a las filas de Somos Perú. Tineo, además, no es una simple militante sino que ocupa el cargo de secretaria regional de juventudes de Lima provincias.

Este tipo de visitas sospechosas continuarían. El viernes 16 de enero, un días después que Tineo acudiera al despacho de Jerí, Carlos Iván Gonzáles Nalvarte se hizo presente en la secretaría general y permaneció por más de dos horas. Tres días después, Gonzáles apareció nuevamente y se quedó hasta la medianoche.

Según la información que pudo obtener Sudaca, Gonzáles es un ingeniero ambiental. Pero, casualmente, también proviene de las filas del Somos Perú. En la siguiente publicación con motivo de su cumpleaños, que deja en evidencia su importancia dentro del partido, incluso se le puede ver en los pasillos del Legislativo.

EL ÚLTIMO EN SALIR

Pero Gonzáles Nalvarte no acudió sólo a las visitas al despacho presidencial. Los registros muestran que, esos mismos días y durante el mismo lapso de tiempo, Víctor Manuel Pizarro Villanueva también estuvo presente en estas reuniones que se extendieron hasta altas horas de la noche.

Por supuesto, al igual que Tineo Caycho y Gonzáles Nalvarte, Pizarro tiene algo que lo vincula al actual presidente. Como lo deja en evidencia la propia publicación del partido en sus redes sociales, se dio la casualidad que Víctor Pizarro Villanueva también pertenece a las filas de Somos Perú.

Este desfile de militantes de Somos Perú continuó a la semana siguiente. En esta oportunidad, Cristian Alejandro Mendoza Jara se acercó a las oficinas de Palacio de Gobierno. Pero, a diferencia de sus compañeros de partido, fue enviado a la secretaría de comunicación estratégica y prensa.

El despacho de José Jerí incluso ha estado abierto para excandidatos de Somos Perú. El martes 6 de enero, además de recibir la visita de la secretaria regional de juventudes de Lima provincias de Somos Perú, Prisila Jackeline Mormontoy Medina tuvo una reunión de trabajo por más de una hora. Mormontoy fue candidata a regidora del distrito de Santiago de Surco en las elecciones del 2022.

Aunque en las últimas semanas, la bancada de Somos Perú, mediante su vocero Héctor Valer, anunció que se iniciaría un proceso disciplinario contra el actual mandatario. Pero estas reuniones con miembros activos de este partido demuestran que si hay una ruptura entre Jerí y el partido de Patricia Li esta no es tal como la quieren contar.

[Música Maestro] Esta semana, la cultura popular rioplatense celebró importantes centenarios relacionados al tango. Con una diferencia de apenas cinco días nacieron, en 1926, dos de las más importantes voces de la canción ciudadana, cultores de un género que gozó de inmensa popularidad, capaz de trascender su área de influencia directa, a pesar de las particularidades rítmicas y líricas que se alejaban bruscamente de otros ritmos contemporáneos muy de moda en la música latina.

Efectivamente, el tango y su marcado 2/4 -dos por cuatro, como leen los músicos- difiere muchísimo de los compases de estilos mexicanos -corridos (2/4), rancheras (3/4), boleros (4/4)- y de la comodidad de la amplia familia de ritmos caribeños -Cuba, Puerto Rico- asociada al 4/4 tradicional, basado en instrumentos de percusión. Incluso se desmarca de nuestro vals criollo, también en tres por cuatro, a pesar de que, en sus épocas de gloria -la Guardia Vieja, los años cuarenta y cincuenta-, como bien saben los conocedores del folklore costeño del Perú, tuvo como principales influencias las interpretaciones de artistas como Carlos Gardel y Libertad Lamarque.

Y, si hablamos de las letras, muchas de ellas contienen vocablos y conjugaciones verbales que no formaron nunca parte del habla coloquial de ningún otro país que no fuese Argentina o Uruguay. Un porcentaje extremadamente pequeño del enorme glosario del lunfardo se incorporó al habla cotidiana del Perú -con palabras como “bacán”, “estar en cana”, “pituco”, entre otras de amplio uso- ya sea en sus formas originales o variaciones que terminaron peruanizándolas.

Los argentinismos más populares como “ché”, “pibe”, “boludo/pelotudo” y otros solo se usan en contextos de parodia o imitación, sin mencionar a los huachafos que creen que hablar “en argentino” sin serlo los hace especiales (algo que también pasa con los dejos colombiano, portorriqueño y cubano, en diferentes contextos).

Aun así, el tango impuso su personalidad única, forjada desde mediados del siglo XIX en los fragores del desengaño y las luchas por salir delante de los habitantes de zonas porteñas en Montevideo y Buenos Aires, hasta convertirse en una de las formas musicales cantadas en castellano favoritas por su dramatismo, su conexión con las comunidades populares y sus intérpretes, que fueron admirados en toda Hispanoamérica durante la primera mitad del siglo XX.

Roberto Goyeneche: El nexo entre el tango y el rock

En un caso raro de la música latinoamericana, todos saben más o menos qué es el tango, de qué país es, cómo suena, cómo lucen sus bailarines -por su uso desmedido en Hollywood, por las adaptaciones electrónicas surgidas durante la primera mitad del siglo XXI, por el carácter que hoy posee, reducido a sofisticación y sensualidad para turistas, el “tango for dummies”- pero actualmente, a sus principales exponentes no los reconoce nadie que no sea argentino o uruguayo, ni por nombre ni por foto. Sin embargo, Roberto Goyeneche fue, en su momento, el más grande cantante de tango y sus grabaciones son hoy clásicos del género.

Dicen que lo apodaron “El Polaco” -como al bajista de Los Violadores, Roberto Zelazek- por su cabello castaño, aunque en las fotos de época apenas se ve un poco más claro que el de su gran amigo y director de la orquesta con la que se hizo famoso, el bandoneonista Aníbal Troilo (1914-1975), con quien trabajó entre 1956 y 1962. Su voz de barítono era clara y reconocible, con un estilo propio que tenía muy poco que ver con la gruesa nasalidad del paradigma de cómo debía sonar un tanguero, Carlos Gardel, “El Zorzal Criollo”.

Los fanáticos del rock argentino habrán escuchado una poética canción llamada Naranjo en flor. Este icónico tango fue escrito a mediados de los años cuarenta, pero la versión que grabara Goyeneche, tres décadas después, para el LP Personalidad y tango (1974) es la definitiva para este dramático y dolorido testimonio de ruptura, compuesto por los hermanos Homero y Virgilio Expósito. Naranjo en flor ha sido interpretado por astros del folklore argentino como Mercedes Sosa, así como por personajes famosos del rock gaucho como Juan Carlos Baglietto, Andrés Calamaro, Fito Páez, entre otros.

Un artista influyente

Precisamente, el rosarino fue uno de los rockeros que más devoción demostró por “El Polaco”, desde que se conocieron, durante el rodaje de la película Sur (Fernando Solanas, 1988). Goyeneche sentía mucho aprecio por la primera generación de músicos argentinos dedicados al rock, lo cual fue retribuido con un profundo respeto por parte de varios representantes de la escena joven. Litto Nebbia, uno de los padres fundadores del rock argentino, fundó el sello Melopea con el cual editó, en los ochenta, varios álbumes en vivo del venerado cantante.

Entre sus grabaciones más recordadas, además de Naranjo en flor, podemos mencionar sus versiones de Uno (Barrio de tango, 1969), La última curda (1963) o En esta tarde gris, composición de Mariano Mores, incluida en su reencuentro con Troilo, titulado ¿Te acordás, Polaco? (RCA Victor, 1971). A finales de los sesenta, Goyeneche dio un atrevido paso en su carrera cuando decidió grabar Balada para un loco, junto al quinteto de Astor Piazzolla (1921-1992), para espanto de los más puristas. Piazzolla, que había sido alumno de Troilo, revolucionó el tango cruzándolo con la música sinfónica y este tema es uno de los más emblemáticos de su repertorio.

Nacido en Buenos Aires, en el barrio bonaerense de Coghlan, un 29 de enero de 1926, “El Polaco” falleció en 1994, a causa de la neumonía, a los 68 años. La capital argentina tiene estatuas y bustos de Goyeneche en diversas plazas y avenidas, así como lleva su nombre la tribuna popular del estadio del Atlético Platense, club del que fue hincha. El 2024 se estrenó el documental Las formas de la noche, dirigido por Marcelo Goyeneche, sobrino nieto del cantante. En Uruguay, donde tuvo también mucha fama, artistas como No Te Va Gustar y Leo Maslíah, grabaron sus propias versiones de Naranjo en flor, los primeros en un álbum en vivo del 2005 y el segundo con letra y melodías alteradas a su irreverente estilo humorístico, en el disco Zanguango (1996).

Julio Sosa: Orgullo del Uruguay

Cuatro días después que Roberto Goyeneche, el 2 de febrero de 1926, nacía en la localidad de Las Piedras, al costadito de Montevideo, Julio María Sosa Venturini, “El Varón del Tango”. A diferencia de “El Polaco”, tuvo una vida muy corta. Un accidente de tránsito, mientras manejaba un automóvil de lujo, le quitó la vida antes de llegar a los cuarenta, en 1964. Para cuando aquel siniestro ocurrió, en Buenos Aires, ciudad a la que había llegado a los 23 años, Sosa ya era una superestrella del lunfardo y el malevaje.

En sus casi 15 años de trayectoria tanguera, Sosa se entregó a la interpretación tradicional del género y sus grabaciones con prestigiosas orquestas típicas -dirigidas por Armando Pontier (bandoneón) y Enrique Francini (violín)- le aseguraron un lugar de privilegio entre los amantes de la canción ciudadana, como llaman los argentinos a su estilo citadino más popular. Canciones como La gayola (1957), Pa’ que sepan cómo soy (1959), La cumparsita (1961) o Guapo y varón (1958) -solo por mencionar algunas- lo catapultaron al estrellato en Argentina y Uruguay.

Para la primera mitad de los años sesenta, Julio Sosa era considerado el único cantor de tango capaz de convocar a multitudes en sus recitales, “el Gardel de nuestra generación” a decir de Pontier, en la contracarátula de la primera recopilación editada un año después del choque. En 1962 lanzó una de sus mejores grabaciones, el disco Milonga triste, con un conjunto de guitarras dirigidas por Héctor Arbelo (1921-2003), que contiene temas como Guitarra, guitarra mía, Criollita de mis amores o la despechada Por un cariño.

Poco después, inició su sociedad con la orquesta típica del director, compositor y bandoneonista Leopoldo Federico (1927-2014), con la cual permanecería hasta el momento de su trágica y prematura muerte, después de grabar cinco LP con el sello internacional Columbia Records, entre los que destacan El varón del tango (1961), Reciedumbre y ternura (1963) y El firulete (1964), su último disco.

Cambalache, una canción profética

En los ochenta, durante los peores años del primer gobierno de Alan García, el locutor y empresario radial Juan Ramírez Lazo (1927-2003) iniciaba a diario la emisión de su sintonizado noticiero en la recordada Radio Cora con un tango que parecía casi un editorial, un resumen de las noticias del día anterior, cantado por una voz ronca y nasal muy parecida a la de Carlos Gardel.

Nosotros, entonces unos adolescentes, nos aprendimos de memoria esa letra -mi padre encendía religiosamente la radio de su cuarto a las 6 de la mañana todos los días- y, como ocurre con el vals Parlamanías escrito por doña Serafina Quinteras, periodista y poeta limeña, en 1938, sigue tan vigente hoy como entonces, a pesar de tener más de noventa años de antigüedad.

Pero, si el valsecito que Los Troveros Criollos grabaron en los años cincuenta era festivo y chacotero, el tango ese sonaba amargo e indignado, trascendía la sátira para convertirse en denuncia seria, cachetada directa a quienes se sintieran aludidos, en cualquier época y cualquier país. Cambalache, como decía el catalán Joan Manuel Serrat antes de interpretarla en vivo -versión inmortalizada en su álbum En directo, de 1984- “describe este siglo difícil, complicado y marrullero que, queramos o no queramos, nos toca transitar a todos nosotros”.

Julio Sosa cantaba esa versión, la más conocida de Cambalache -la que ponía Ramírez Lazo en su programa- en el año 1955 con la orquesta de Armando Pontier. Pero, para cuando lo hizo, la canción ya tenía dos décadas de existencia. La letra la había escrito, en 1934, otro titán de la música porteña argentina, Enrique Santos Discépolo (1901-1951), “Discepolín” para los amigos, porque era menor y más flaco que su hermano Armando, escritor de teatro.

El autor de Uno, otro clásico del folklore bonaerense -con música de Mariano Mores (1918-2016)-reaccionó con esa canción a los desmadres que azotaban a Argentina durante la llamada “Década Infame”, iniciada cuatro años antes, en 1930, por el golpe militar que derrocó al presidente Juan Hipólito Yrigoyen. Incluso estuvo prohibida por los diferentes gobiernos asociados a aquella junta militar que se sucedieron hasta 1943. En 1949, Juan Domingo Perón, en su primer mandato, levantó la censura y Cambalache volvió a las radios.

“Lo mismo un burro que un gran profesor…”

Cada verso de Cambalache nos hace pensar en una situación peruana actual. Reemplace usted “burro” por el político de su preferencia y la ecuación será perfecta, en esta campaña que insulta tanto nuestra inteligencia. Otra, por ejemplo, que parece escrita pensando en el actual Congreso de la República es esta: “Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor / ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador…” (el vocablo “chorro” se transformó en “choro” entre nosotros, por lo que ya saben qué significa exactamente). Y así podríamos seguir, línea por línea, sorprendiéndonos frente a la claridad visionaria de esta excelente canción argentina.

Sosa hace una versión potente y realiza ligeras modificaciones, especialmente en la mención de personajes, un tema del que se han ocupado muchos en internet. Por eso, prefiero comentar el uso de pronunciaciones típicas del habla popular gaucha, que también fueron parte del repertorio del ilustrador y humorista Roberto “El Negro” Fontanarrosa (1944-2007) y su entrañable personaje Inodoro Pereyra. En frases como “vivimos revolcaos en un merengue / y en el mismo lodo todos manoseaos” tenemos un claro ejemplo de eso. O en esta otra línea en la que el autor nos da un consejo de oro para evitarnos malos ratos frente a los políticos corruptos: “no pienses más, sentáte a un lao / que a nadie importa si naciste honrao”. Nada más cierto.

Otras voces que entonaron Cambalache

Carlos Gardel la había popularizado, poco antes de morir. Y después de Sosa, la interpretaron todos los grandes del tango, desde Tita Merello (1904-2002) hasta, cómo no, Roberto Goyeneche, quien la grabó varias veces, aunque una de sus mejores interpretaciones es esta, en vivo, junto a Astor Piazzolla, de 1982. Casi en paralelo a la versión de “El Varón del Tango”, Cambalache se lució en la voz del tenor venezolano Alfredo Sadel (1930-1989) en su LP Fiesta latinoamericana (1956).

Dos legendarios artistas brasileños, Caetano Veloso y Raúl Seixas, también hicieron sus propias rendiciones de Cambalache. La máxima figura del tropicalismo, aun activo a sus 83 años, la grabó en su tercer LP, titulado simplemente Caetano Veloso (1969), mientras que el irreverente guitarrista y compositor de pop-rock psicodélico fallecido en 1989 le dio vuelta en una de sus últimas producciones discográficas, Uah-bap-lu-bap-lah-béin-bum!, del año 1987.

En Argentina, artistas de otros géneros también han rendido honores a este clásico de su folklore. Por ejemplo, Andrés Calamaro hizo su versión en Las otras caras de Alta suciedad, uno de los tres discos que conforman el boxset Inéditos + rarezas + canciones (1998). Otro ídolo del rock gaucho, León Gieco, aunque nunca la grabó oficialmente, la interpretó en televisión y luego incluyó el audio en su colección de rarezas La historia esta Vol. 2, del mismo año. mientras tanto, los metaleros de Hermética le metieron velocidad en su disco de covers Intérpretes (1990).

En España, baladistas como Dyango y Raphael han interpretado Cambalache, dejando versiones memorables. En cambio, el recientemente desenmascarado Julio Iglesias la destruyó en un disco comercialmente muy exitoso, Tango (1996). En cuanto a trovadores, además de la mencionada versión de Joan Manuel Serrat, podemos mencionar a Ismael Serrano, a quien podemos verlo en el DVD en vivo Un lugar soñado (2008), cerrando su recital con el tema.

Por su parte, el cantautor español-filipino Luis Eduardo Aute (1943-2020) compuso Siglo XXI para su décimo sexto disco Ufff! (1990), excelente canción que funciona como una continuación y que inicia con una de las frases centrales del tema de Santos Discépolo: “Siglo XX, cambalache problemático y febril…”

Los inmorales nos han igualao

Escuchando canciones como Balada para un loco (Goyeneche/Piazzolla) o Cambalache (Sosa/Discépolo) uno se reengancha con el poder sociopolítico del tango y, en especial, de esas formas de hacer música en Latinoamérica que invitaban a la reflexión, a partir de la crónica fantasiosa o la furibunda crítica. Cuánta falta nos hacen ahora canciones como estas ahora que, como dice el coro de Cambalache, “los inmorales nos han igualao”.

[EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS] «El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos» Antonio Gramsci

Recién la política progresista española Irene Montero ha exclamado que el medio millón de migrantes que serán legalizados en su país deben servir para aplicar la teoría del reemplazo étnico o cultural y limpiar la península de tantos fachas y racistas. A su turno, Cayetana Álvarez de Toledo, en el Congreso de los diputados español, le ha dicho a su colega Juan Gabriel Rufián, de la Esquerra Republicana de Catalunya, que antes de criticar las credenciales morales de María Corina Machado, debe mirarse largo tiempo en el espejo y lavarse la boca.

Desde otro ángulo, La eurodiputada Afroditi Latinopoulou ha  denunciado a la bancada socialista del Parlamento Europeo: «Han inundado las ciudades europeas con islámicos; estamos llenos de Mohammed’s. Ustedes, los socialistas, quieren islamizar Europa; son los mayores racistas con los europeos. ¡Detengan las subvenciones ya y depórtenlos a todos en masa!». Georgio Meloni se ha sumado a la protesta: “si se sienten ofendidos por un crucifijo, no es aquí donde deben vivir”. Y el islamismo no se ha quedado atrás, en tiempos de absoluto griterío no faltan líderes islámicos que llaman a la islamización de Occidente y se multiplican las manifestaciones de intolerancia de los propios musulmanes en contra de los rituales cristianos dentro de Europa.

Irene Montero y Cayetana Álvarez de Toledo. Representan dos extremos irreconciliables en la política española

Cierro esta introducción, con una referencia al escritor Arturo Pérez Reverte quien se ha confesado republicano que, en el caso de España, significa creer en la república como modelo político y no en la monarquía constitucional. Pérez Reverte cree en el gobierno de un presidente que encarna el Estado y que viene provisto de una serie de virtudes como la serenidad, la sensatez, el civismo. Sin embargo, ante la más absoluta crisis de la clase política española, admite su simpatía con Su Majestad Felipe VI, el actual monarca hispano, porque encarna al país, porque lo ve bueno, porque quiere a España y la prioriza por sobre cualquier otra consideración.

Viví en España entre 2001 y 2003, la viví intensamente. Me pareció que algo había cambiado cuando hice dos trasvases en el aeropuerto de Madrid al dirigirme a Roma, y realicé el viaje de Lima a Madrid en Iberia a finales de 2024. Es que sucedieron demasiadas cosas. Dos aeromozas que comentaban en voz baja “ojala que todos estos no vengan a delinquir”, y luego en el aeropuerto de Barajas, otra funcionaria  de Iberia, con un gran megáfono separaba a los gritos a los pobrecillos europeos de la “sarta de bandidos y truhanes” con quienes tuvieron que viajar apretujados por más de 14 horas en el aire, sin que haya forma de evitarlo. Los gritos de la señora, obviamente, separaban a los comunitarios de quienes no lo eran, pero sus maneras recordaban a los esbirros del Tercer Reich separando a judíos de cualquier otro ser humano que tuviese en suertes no serlo: “Juden links, Europäer rechts”, esa sensación me dio vueltas por la cabeza.

Yo saqué de inmediato mi pasaporte antes de ser detenido por la policía antiinmigración o lo que fuere y me acerqué al lado de los no europeos. La funcionaria levantó la mirada, me vio y me dijo muy gentilmente: “no hace falta señor, Ud. siga por favor, adelante” sin siquiera ver mi pasaporte. Entonces entendí que no solo era la nacionalidad, sino que la cara también entraba en la ecuación.

Luego recordé que ya en el caunter de Lima, sí, de Lima, una funcionaria española de Iberia gritaba a su gusto a los futuros pasajeros que llegaban para sacar su ticket de vuelo y embarcar su equipaje. Los acomodaba con total desdén e irrespeto al punto que quise presentar una queja y pregunté donde podía realizarla. Y entonces pasé de un pasadizo al otro, de una oficina a la otra del viejo aeropuerto Jorge Chávez hasta que me vi como a Josef K. de El Proceso de Kafka, inmerso en el indescifrable laberinto judicial de un país de Europa del este, por lo que desistí en mi empeño, so riesgo de perder mi vuelvo.

Al punto, este mix que combina intervenciones recientes de políticos europeos y las lamentables anécdotas de un viaje a Europa a finales de 2024, busca ofrecer algunas conclusiones coherentes. En primer lugar, la España de hoy, y la Europa de hoy, no son más las de inicios del siglo XXI: el mundo no lo es. Entre 2001 y 2003 España no había aprobado la ley contra la violencia de género, ni el feminismo había eclosionado como lo ha hecho. Igual, la derecha: no existía Vox. El esquema de la política era aún el tradicional: PP, PSOE y la Izquierda Unida diminuta, casi un bipartidismo, más las fuerzas políticas regionales, PNV, entre otras. Aún regía la democracia, bien entendu.

Los debates parlamentarios eran fieros: recuerdo cada mes, en las Cortes españolas, cómo se presentaba José María Aznar, como lo atacaba José Luis Rodríguez Zapatero y los grandes contrapuntos entre ellos dos, durísimos, pero ni una lisura, ni una descalificación, ni un epíteto, todo política pura. A su turno, el debate respecto de la migración musulmana se limitaba al uso de la burka en los colegios, sé que la discusión continúa, pero los islámicos en Europa parecían comprender que se encontraban en otro continente y que no se trataba de modificar las costumbres locales.

Al mismo tiempo, como migrante peruano, conocí a otros migrantes peruanos y, en general, tenían una buena relación con los españoles y los españoles con ellos. Ya existía el feo mote de sudaca pero, en general, la relación fluía, esto no quita que los peruanos que conocí tendían más a vincularse con otros peruanos, pero no implicaba actitudes excluyentes. Lo que vi fue más armonía y aceptación que conflicto.

Unas horas, de ida y de vuelta en el aeropuerto de Barajas, y otras más en un vuelo de Iberia de Lima a Madrid cambiaron completamente mi percepción aunque reconozco generalizar a partir de una experiencia particular. Sin embargo estoy enterado, la derecha española está escandalizada por la normalización de la situación de los inmigrantes en su país, evocan la ya referida teoría del reemplazo, Irene Montero le echa más leña al fuego y la evoca también como argumento para acabar con los “fachas”.

Un gran y estridente griterío. Hace 23 años, cuando dejé Europa, esta no era un gran griterío. Hoy día lo es. Buscar o señalar culpables sería tomar partido y convertirme en cómplice. A quien señalo como culpable es a la batalla cultural pues su intención no es transar, llegar a un acuerdo, dividir territorios. Su intención es la destrucción del otro, no desde la violencia de las armas, pero sí la del fanatismo ideológico.

Me quedo con Arturo Pérez Reverte, quien mencionó a Felipe VI como hombre de sentido común, que hace las cosas buscando el bien general y del país, hasta donde se puede en el marco de la política, entendida como la búsqueda del consenso entre las partes. Esa política que ayer tuvo un lugar entre nosotros y que hoy se nos ha perdido. Ojalá que no para siempre, ojalá concluya pronto la era de los monstruos.

Foto:  lavanguardia.com

[Migrante al paso] Cinco y media de la mañana. De nuevo, después de meses. El sonido de los dos ventiladores es arrullador, pero no lo suficiente como para ceder al sueño. Uno de ellos apunta directo a mí desde la mesa de noche; el otro, a mis pies, que se escapan de mi frazada. El calor es intenso; aun así, necesito de una sábana o manta. Supongo que el peso ligero del polar es reconfortante. Ayer, hace unas horas, tenía planeado levantarme a las 6 de la madrugada; mi mente no quiso, pues falta menos de media hora. Por épocas me ocurre seguido; en los últimos años, mis noches sin sueño están más dispersas. Mis ojos pesan y arden sin llegar a fastidiar. Tal vez sea la luz de la pantalla. Es raro estar cansado y no poder dormir; nunca lo entendí y aprendí que mejor es no hacerlo. Ahorita ya suenan algunos pájaros; sigue estando oscuro. Por más que el día será un poco pesado, ya disfruté de una noche en silencio. Entre vueltas, música y comidas ansiosas, la noche va avanzando. A uno de cada diez les pasa en el mundo, por lo menos eso dicen. Insomnio crónico.

Esta vez demoré en aceptarlo. Tenía un plan, uno que ya hace unas horas debí notar que iba a ser fallido. No voy a tener la energía para hacerlo perfecto; me refiero a mi día. Igual, lo necesario lo haré. Mi reunión de las 11, que me estaba torturando hace un rato; algo de trabajo ligero y, definitivamente, comprarme mi melatonina en gomitas. Hoy me di cuenta muy tarde de que se me habían acabado. Entonces, no es un plan fallido del todo. Lo que demoré en aceptar fue que mi noche iba a ser larga y que no pude disfrutar esos momentos esporádicos en los que se puede pasar un buen rato. Cuando te pasa seguido, lo que alguna vez odiabas se vuelve entretenido. El cielo ya se está aclarando. Un antojo de chicharrón dominguero ha entrado como un flechazo. , el chinito no abre los lunes; recién me entero. Desayunar desvelado es una sensación extraña. El día comienza a avanzar y tú te sientes desfasado. Es lunes; sin embargo, mi mente está en el domingo.

Estoy atrapado, pensaba, en estas horas de poca luz. Tengo miedo de a lo que me estoy metiendo. Tengo miedo de volverme aburrido por el trabajo. Suena tonto e inmaduro, pero qué puedo decir. Es disonante con la motivación que tengo en esta nueva etapa, por decirlo así. Solo tengo que encontrar la manera de que no sean excluyentes. Mis aventuras tienen que continuar: los viajes. Mis últimas crónicas han sido sobre Trump y ahora, por suerte, tuve insomnio. Se me acaban los temas. Un fin de semana a Cusco se me cruza por la cabeza. No tengo plata, me respondo. Igual, no es mala idea pensar en viajes cortos y cercanos.

Así es el insomnio. Es un espacio donde no se toman decisiones y los pensamientos importantes tienen la misma jerarquía que las trivialidades. En la madrugada todo es menos serio e importante. Así van girando mis ideas como las hélices de mis ventiladores. El calor sería insoportable sin ellos. Tal vez la única amenaza, en este momento de paz, es el día inminente. Se siente eterno. Las contradicciones afloran por todos lados. Mi cuerpo está cansado, pero mi mente quiere escribir. Quiero dormir, pero también quiero esperar a que abran algún lugar donde comprar desayuno. Lo mejor es pensar que, si aprovechaste la noche, el día puede ser menos atolondrado. Las enredaderas y flores que se ven desde mi ventana ya reflejan color. Las sombras van desapareciendo junto con mis ganas de mantenerme despierto.

En este espacio donde no duermes, en cierto sentido también hay descanso. Te liberas de expectativas; a estas horas tardías, a nadie le importas. No hay nada que resolver; intentar hacerlo solo empeora las cosas. Tu identidad diurna desaparece, es casi como dejar de ser alguien. Sin respuestas, sin mensajes y sin juicios. Es casi como tomarse un respiro de la lógica en sí. No es un descanso reparador, pero sí uno que interrumpe lo común. Un descanso donde algo se detiene y se siente bien. Como a estas horas ya no pienso muy bien, puede ser que haya confundido todo y que, en realidad, solo sea una pausa mal hecha.

Algunos perros ya están ladrando. Las combis de Pedro de Osma comienzan a escucharse. No estoy cerca, pero el sonido llega cada vez más claro. Es fácil olvidar que el sonido del día es un bullicio, sobre todo si nunca estás despierto tan tarde. Pasos de gatos hacen retumbar mi techo de madera. Los ventiladores ya no se escuchan tanto. Ya hay gente despertándose para trabajar; en este preciso instante, me gustaría ser uno de ellos. Por mucho que romantice la situación, estar cansado se cobra pequeñas cosas. Nunca te das cuenta cuáles.

Un riguroso seguimiento de SUDACA a recientes atropellos en el sistema de justicia ha permitido identificar el caso de la Universidad Alas Peruanas (UAP) como un ejemplo extremo de ilegalidad e inconstitucionalidad sostenida en el tiempo. Pese a que dos resoluciones firmes de la Segunda Sala Penal de Apelaciones Nacional declararon nula la incautación de sus bienes, el Estado continúa reteniéndolos sin mandato judicial vigente, en abierta vulneración del derecho constitucional a la propiedad y al debido proceso.

“Se trata de un proceso que se arrastra desde hace casi doce años, sin que hasta la fecha se haya acreditado la hipótesis fiscal que pretendía vincular a la UAP con un supuesto lavado de activos. Por el contrario, las propias pericias del Ministerio Público concluyeron que la universidad no presenta desbalance patrimonial alguno, confirmando que no existió beneficio ilícito. Aun así, la institución fue tratada como culpable y despojada de su patrimonio”, señala una fuente fiscal.

El origen de una arbitrariedad

El 11 de abril de 2023, el Cuarto Juzgado de Investigación Preparatoria Nacional, a pedido de la Fiscalía de Lavado de Activos, ejecutó un megaoperativo de allanamiento e incautación contra la UAP. La medida fue dirigida por el fiscal Salazar Reque y autorizada por el juez Zúñiga Urday, y terminó con el despojo de más de 30 inmuebles, 50 vehículos, siete aeronaves y un simulador de vuelo, valorizados en aproximadamente S/ 500 millones.

Los bienes fueron entregados al Programa Nacional de Bienes Incautados (Pronabi) y rápidamente cedidos a entidades públicas como la Policía Nacional, Migraciones y gobiernos regionales. Algunos inmuebles, como el ubicado en Jesús María entregado a Migraciones, se encontraban bajo fideicomiso, por lo que eran legalmente inembargables, hecho que fue ignorado.

La incautación se ejecutó, además, con una orden judicial vencida, lo que agrava aún más la ilegalidad del procedimiento.

Dos nulidades judiciales que el Estado se niega a cumplir

La Universidad Alas Peruanas apeló la medida. La Segunda Sala Penal de Apelaciones Nacional declaró nula la incautación por graves irregularidades, entre ellas la ausencia de motivación, la falta de proporcionalidad y la omisión de analizar, bien por bien, si existía algún vínculo con actividad ilícita.

Pese a ello, el juzgado de primera instancia volvió a disponer la incautación. La UAP apeló nuevamente y, el 10 de noviembre de 2025, la misma Sala Penal anuló por segunda vez la medida, reiterando que no existían elementos legales ni probatorios que justificaran el despojo de los bienes.

Una ilegalidad que persiste sin respaldo judicial

Lo más grave es que, pese a estas dos nulidades, los bienes no han sido restituidos. Desde el 11 de abril de 2023 hasta enero de 2026 han transcurrido 1,034 días sin que exista una orden judicial válida que ampare la retención.

“Hoy, los inmuebles continúan ocupados por entidades públicas sin título legal alguno, bajo administración del Pronabi, en una situación abiertamente inconstitucional. La incautación ya no existe jurídicamente, pero el despojo continúa en los hechos”, agrega la fuente.

La situación es comparable a que a una persona se le anule dos veces la prisión preventiva y, aun así, permanezca detenida. En este caso, el castigo es patrimonial: lucro cesante, deterioro de activos, pérdida financiera acumulada y daño institucional severo.

Una crisis de legalidad que exige intervención inmediata

“La magnitud de este abuso —una incautación inexistente que sigue produciendo efectos reales— ha dejado de ser un problema judicial aislado y se ha convertido en una crisis de legalidad institucional. Frente a un escenario tan evidente de ilegalidad e inconstitucionalidad sostenida en el tiempo, resulta inevitable preguntarse si el Fiscal de la Nación y la Junta Nacional de Justicia (JNJ). ¿No deberían actuar de oficio? para evaluar la conducta de los fiscales y magistrados involucrados, así como la persistente resistencia del aparato estatal a cumplir fallos judiciales firmes”, aseveró.

La permanencia de una medida anulada, la afectación continuada de derechos fundamentales y la notoriedad pública del caso configuran un escenario que no admite más dilaciones.

Actualmente, el expediente se encuentra bajo responsabilidad de la jueza Margarita Salcedo Guevara, del Cuarto Juzgado de Investigación Preparatoria Nacional, quien tiene la obligación legal y constitucional de poner fin a este atropello y disponer la restitución inmediata de los bienes, conforme a lo ya resuelto por la Sala Penal.

“Mientras ello no ocurra, el caso de la Universidad Alas Peruanas quedará registrado como una prueba de que, en el Perú, ni siquiera dos fallos judiciales bastan para frenar un abuso cuando el propio Estado decide incumplir la ley”, concluyó.

 

[OPINIÓN] Durante años se repite, casi como un mantra moderno, que la televisión abierta está muriendo. Que el entretenimiento migró a Netflix, HBO, YouTube y otras plataformas digitales. Y es cierto: series, novelas y películas ya no se consumen mayoritariamente por señal abierta. Esa batalla está perdida.

El error es creer que con eso se extinguió el valor de una señal abierta.

En América Latina, la televisión abierta ya no vale por el entretenimiento. Vale por el poder. Por la noticia. Por la opinión. Por la política. Ese es hoy el verdadero negocio. Las señales VHF y UHF, amplificadas por el cable, siguen siendo el espacio donde se construye agenda, se destruyen reputaciones y, en época electoral, se empujan candidaturas.

En el Perú, América TV, Latina, ATV y, en UHF, Willax, lo han entendido y lo ejercen con notable éxito.

Panamericana Televisión, que durante décadas fue la columna vertebral de la televisión peruana, evidentemente no.

Hoy, salvo por Panorama —programa que sobrevive más por inercia histórica que por contenido—, el canal lleva casi veinte años navegando plácidamente entre el cuarto y quinto lugar en credibilidad y sintonía.

Hace unos meses, el canal fue adquirido por Jimmy Pflucker, empresario exitoso y minero polémico, con el doble propósito de reflotar la señal y, de paso, reforzar su posición, sus ideas y defender su imagen frente a sus injustos detractores. Pero a tres meses de iniciada la aventura, el balance es cristalino: el proyecto avanza con admirable determinación… hacia el fracaso.

Sin dirección ni propósito evidente, Pantel no solo no mejora: retrocede. Sin estrategia para recuperar credibilidad, sin lectura del activo más valioso del canal —su memoria emocional— y sin comprensión real del juego político-mediático, Panamericana pretende disputar un poder de opinión que no sabe ni siquiera dónde lo guardó.

Y lo hace incluso contando con figuras como Phillip Butters, una víctima contratada para el bloque estelar de opinión.

El contraste es brutal. Allí está Willax, una señal UHF infinitamente más pequeña, que en los horarios nocturnos donde 24 Horas y Butters compiten con Beto Ortiz y Christian Hudtwalker, los humilla en rating con la elegancia de quien pisa un charco.

No es casualidad. Es dirección.

Porque hoy, Panamericana está, además, sin director periodístico. La renuncia de Renato Canales —el único que sabía cómo encender la luz y hacer funcionar el ascensor— dejó al canal irrevocablemente sin timón. Y ese no es un puesto que se cubra con entusiasmo ni con improvisación. Es un cargo que exige experiencia, espalda política y visión estratégica.

Todos lo saben. Todos, menos el trío de avezados entusiastas hoy a cargo, por encargo del minero, de la conducción del canal.

Pretender que ese vacío pueda ser llenado por  ejecutivos sin trayectoria real en dirección editorial ni manejo político de una señal abierta es desconocer cómo funciona la televisión. Productores, vendedores o administradores no reemplazan conducción periodística. No al menos en este universo tercermundista.

Más aún: en la coyuntura actual, bajo estas condiciones y con estas expectativas, difícilmente aparecerá en el mercado alguien del nivel de Renato dispuesto a asumir la responsabilidad de un proceso de reconstrucción serio, largo y costoso de la mano de “Los 3 Chiflados” Y aunque existiera ese valiente, sus resultados no serían inmediatos. Y la paciencia, al parecer, no figura entre las virtudes del buen señor Pflucker.

En resumen, hoy Panamericana no está en transición… está en desarme.

El canal sin conducción sigue cayendo.

Y esta vez, sin paracaídas.​​​​​​​​​​​​​​​​

x