[INFORME] Una asociación sin fines de lucro que perdió el negocio de los brevetes sin rendir cuentas ha decidido vender su sede histórica en 11 millones de dólares. La directiva es la misma.

Conviene empezar por lo básico. El Touring y Automóvil Club del Perú es una asociación civil sin fines de lucro: no tiene accionistas ni reparte utilidades. Lo que recauda y lo que posee pertenece a la institución y debe servir a sus fines estatutarios. De ahí parte todo lo demás.

Durante casi cuatro décadas, el club administró los exámenes para obtener el brevete en Lima. Ese ciclo terminó: tras reiteradas sanciones de la Sutran y un revés en el Tribunal Constitucional, el servicio pasó a la Municipalidad de Lima.

Lo que no terminó fue la duda. El negocio se cerró sin liquidación pública, sin balance final, sin un informe que diga cuánto se recaudó y en qué se gastó. Expertos estiman un excedente superior a 150 millones de soles. Nadie ha confirmado ni desmentido la cifra.

Ahora, agotada esa fuente de ingresos, la directiva ha decidido vender el edificio emblemático del club en once millones de dólares.

¿Quiénes toman la decisión? Los mismos de siempre. Desde 1979, el Touring ha tenido apenas tres presidentes; el actual, Iván Dibós Mier, lleva quince años en el cargo. La dirigencia que administró la bonanza es la que guardó silencio al cerrarla y la que hoy quiere convertir ladrillos en dólares.

Porque sin fines de lucro no significa sin fines. Y alguien debería explicar cuáles son.

¿Por qué vender ahora? Si es una urgencia de caja, ¿qué pasó con lo acumulado durante décadas? ¿Adónde irá el dinero: a un proyecto concreto o a una cuenta bancaria más gorda y una explicación más delgada?

No son solo preguntas de este medio. Un grupo no menor de asociados y el sindicato de trabajadores vienen presentando reclamos ante las autoridades, ante la propia institución y en los tribunales. Exigen saber qué se hizo con el dinero supuestamente ahorrado y rechazan una venta sin justificación clara ni más motivo aparente que la falta de liquidez. Y nadie sabe para qué. Recientemente, el Poder Judicial admitió la demanda para levantar el velo societario del centenario Touring, lo que seguramente abrirá a los más de doce mil socios, a sus trabajadores y a la ciudadanía una información hasta hoy reservada: adónde fueron los cientos de millones que manejó el club y quiénes se beneficiaron de ellos.

El estatuto exige que toda venta de inmuebles sea autorizada por una Asamblea Extraordinaria. Y el patrimonio no pertenece a quienes dirigen la asociación, sino a la institución.

No se afirma aquí una irregularidad demostrada. Pero quien manejó recursos millonarios bajo un liderazgo casi vitalicio debe rendir cuentas antes de desprenderse de su bien más preciado.

Lo mínimo exigible: la liquidación auditada de la operación de brevetes, los estados financieros históricos, una tasación independiente y un plan detallado para los 11 millones. Antes de la Asamblea. No después.

Primero se fueron los huevos. Ahora se va el gallinero. Habrá que preguntar qué viene después.

(Continuará)

[MIGRANTE AL PASO]  En el estacionamiento de Letras, dentro de la Universidad Católica. El humo salía por la ventana. Estaba prohibido, pero no castigado. Recién a los 21 o 22 años leí Demian, de Hermann Hesse. Fue allí, con mi cigarro y desparramado en mi carro, donde lo terminé mientras esperaba a que un amigo terminara sus clases. Recuerdo haber llegado a casa y decirle a mi padre: «Creo que tengo el estigma de Caín». «Yo pensaba lo mismo hasta que conocí a tu mamá», me respondió.

Las últimas escenas me vinieron a la mente estos últimos días. Demian y su madre tenían sueños premonitorios: Europa y el Viejo Mundo en llamas. Emil Sinclair, el protagonista, también imaginaba un ave enorme sobrevolando las calles, la misma que aparecía en los sueños de Demian, quien no quiso contarle cómo terminó aquella pesadilla. Hacia el final de la novela se anuncia que ha estallado una guerra: la Primera Guerra Mundial.

Ahora me pasa a mí. No puedo evitar sentir que algo va a ocurrir, como si todo estuviera a punto de destruirse para renacer. Nuevamente, el fin del mundo antiguo.

¿Qué pasó con Emil? ¿Con Demian? ¿Qué hay de su madre? No recordaba bien el final, así que lo revisé hace unos momentos, después de escribir los primeros párrafos. Curiosamente, la novela no termina con el anuncio de la guerra, sino con ambos personajes en ella. Emil está hospitalizado por una herida de guerra. A su lado se reencuentra con su gran amigo Demian. Este le da un beso en nombre de su madre y le dice que, en un día como aquel, ya no podría defenderlo como cuando eran niños; que, si alguna vez lo necesita, tendrá que buscarlo dentro de sí mismo. Al despertar, el enfermo de al lado es otra persona. El mundo sigue destruyéndose, pero Emil termina de transformarse por dentro.

Demian, nicotina y el fin del mundo

No es raro que los mensajes de este libro deambulen por mi cabeza de vez en cuando; de hecho, es bastante común. No sé si será una especie de Chernóbil de IA, una guerra nuclear o una catástrofe climática. Tal vez no pase nada, pero mi instinto siente un cambio abrupto y uno violento. Ojalá mi instinto esté equivocado. Al final, venga lo que venga, si el mundo opta por la destrucción, yo iré por transformarme por dentro; me niego a hundirme junto con todos. Y si llaman a la toma de armas, no lucharé por ninguno de los bandos visibles. No soy tan tonto como para morir por el bien de unos cuantos que manejan el mundo. Por otro lado, veo a muchos que aparentan estar felices con que algo como eso suceda. En fin, desde ese día que terminé aquella obra maestra no he cambiado mucho. Tal vez sea un poco menos rebelde, menos pelo, menos valor y ya no me acompaña aquel humeante amigo.

Ya pasaron casi tres meses. A veces, tanteo con mis manos los lados del sillón, buscando algo que me acompañe. Pero ya no hay cigarros. Tal vez mis pensamientos tan descabellados se deben a la abstinencia. En fin, supongo que es justamente un ejemplo de transformación sin catástrofe. Tal vez, con la falta de nicotina se fue también un poco de Demian, Emil y su madre. Un poco de rebeldía se diluyó. ¿Qué otras cosas han desaparecido desde ese entonces? No tengo idea. Pero probablemente muchas. En estas últimas semanas dejé atrás la ansiedad que siempre caminaba a mi costado. De pronto, desapareció. Cuando sucedía antes, era por algún tipo de hipomanía y de ahí regresaba. Por ahora se ha mantenido constante y no creo que sea completamente por dejar de fumar. Pero algo tiene que ver.

En el libro, el significado de la marca de Caín es distinto al de la bíblica. Es la marca que tienen ciertas personas extraordinariamente diferentes a los demás, tanto que incluso inspiran temor. La verdad es que no creo que exista algo como eso o, en todo caso, todos la tienen, pero a algunos se les borra con el tiempo. No somos tan diferentes; justamente eso es lo que a muchos les cuesta darse cuenta. La mayoría de gente va perdiendo la individualidad y se une a una especie de secta multitudinaria. Otra forma, bastante más sana, de borrar la marca es ponerse en el zapato del otro y darte cuenta de que somos prácticamente lo mismo. No tiene lógica, pero funciona igual. Supongo que, porque de esa manera la empatía no elimina la individualidad, solo la necesidad de sentirte excepcional.

[OPINIÓN] El incidente registrado a fines de septiembre de 2026 en Bolivia expuso de manera contundente los límites éticos y operacionales de la coalición. Apenas 72 horas pasaron entre la inclusión en la lista negra de Washington del Fiscal General boliviano, Roger Mariaca, y su posterior detención y traslado mediante un operativo ejecutado por la Policía local en coordinación con la DEA. La posterior felicitación unánime de los países miembros —incluida la facilitación logística en el Aeropuerto de Lima por parte del gobierno peruano liderado por Keiko Fujimori— puso en evidencia la naturaleza punitiva y alineada del bloque.

​El elemento crítico de esta operación radicaba en que el fiscal destituido investigaba a Fernando Cerimedo, estratega político afín al movimiento MAGA y asesor del presidente Rodrigo Paz, procesado por cargos graves y con cuentas vinculadas a redes opacas. Al proyectarse la percepción de que los mecanismos del Escudo fueron utilizados para desactivar un expediente incómodo para figuras afines a Washington, el relato de neutralidad e integridad en la lucha contra el crimen organizado sufrió un impacto devastador.

​Mapeo de Impactos Sistémicos: Soberanía, Recursos y Democracia
​El diseño institucional del Escudo de Las Américas genera tensiones permanentes entre las demandas de soberanía nacional y las exigencias estratégicas de la coalición:

A.​Soberanía Militar e Inteligencia
La subordinación de las doctrinas de defensa nacionales a los lineamientos tácticos del Departamento de Defensa de EE. UU. limita drásticamente la autonomía operativa local. El despliegue de personal militar y de inteligencia extranjero bajo prerrogativas diplomáticas restringe la toma de decisiones soberanas en las Fuerzas Armadas de los países firmantes.

B.​Soberanía sobre Recursos Naturales
A través de cláusulas relativas a la «protección de cadenas de suministro de minerales críticos» (litio, cobre, tierras raras y gas), la coalición ejerce una facultad de veto implícito sobre inversiones extracontinentales, desplazando a competidores asiáticos y supeditando la política energética regional al equilibrio geopolítico de Washington.

C.​Territorio y Control Fronterizo:
Se consolida una securitización extrema que prioriza el control migratorio y la vigilancia táctica aérea y marítima sobre el libre tránsito interregional y la gestión fronteriza integrada.

D.​Calidad de la Democracia y Estado de Derecho:
La utilización de la presión internacional y los comunicados del bloque para influir sobre fiscalías y poderes judiciales locales erosiona el principio de separación de poderes y acentúa la polarización en los países miembros.

E.​Fractura Regional y Ausencias Estratégicas
​Un elemento determinante en el análisis de sostenibilidad del tratado es la exclusión —y explícito distanciamiento— de los actores económicos y geográficos más relevantes de la región: Brasil, México, Colombia y Canadá.
​La negativa de estos Estados a integrarse a la coalición no responde a una discrepancia en la lucha contra el crimen organizado, sino al rechazo a un modelo de cooperación percibido como un retorno a doctrinas de subordinación unilateral o «Trumproe».

Como ha señalado el economista Jeffrey Sachs, ‘la estructura del acuerdo responde primordialmente a un esquema de recuperación del control hemisférico” antes que a una arquitectura multilateral de seguridad efectiva. Le interesa al Perú un acuerdo que puede caerse solo, por ejemplo si EEUU insiste en una caduca doctrina propia de colonias y no para Republicas independientes?

[INFORME] Congresistas continúan utilizando recursos públicos para contratar a personas vinculadas con sus aportes de campaña. Un diputado de Renovación Popular contrató al hijo de un matrimonio que aportó diez mil soles para su candidatura, mientras que un senador le dio trabajo a casi todos los que aportaron en su campaña.

Aunque apenas han transcurrido menos de tres meses desde el inicio del actual periodo parlamentario, el porcentaje de peruanos que desaprueba la labor de los senadores y diputados empieza a incrementarse de manera contundente, tal como lo reflejó una medición realizada por Datum Internacional en el mes de septiembre.

Si bien quienes ocuparon el hemiciclo durante los últimos cinco años lograron que la imagen del Legislativo sufra un daño difícil de reparar en el corto plazo, los nuevos padres de la patria no parecen ser víctimas de esta desagradable herencia y, por el contrario, están contribuyendo para que la opinión pública continúe mirando con desconfianza a sus representantes.

Prueba de ello es lo que se ha visto durante las últimas semanas con diversos informes periodísticos que expusieron los nombres de numerosos integrantes de las cámaras de senadores y diputados que contrataron a quienes fueron aportantes en sus campañas para que trabajen en sus despachos y reciban elevados sueldos que salen de los recursos públicos.

En esta oportunidad, Sudaca descubrió lo que podría interpretarse como una estrategia que habría servido para despistar y que le permitió a un miembro de la cámara de diputados contratar a una persona que estuvo estrechamente vinculada con un generoso aporte a su candidatura sin que su nombre figure en el documentos presentados a la ONPE.

ESFUERZO EN FAMILIA

Diego Alonso Fernando Bazán Calderón es uno de los parlamentarios que lograron convencer al electorado que merecían una nueva oportunidad en el Congreso de la República. Su perfil bajo durante los últimos cinco años sumado a su juventud le permitieron ganarse el respaldo en las urnas para representar a la región La Libertad.

Sin embargo, aunque sus treinta y cinco años pueden invitar a creer que representa una renovación política, el diputado Bazán parece haber sido contagiado por aquellas viejas costumbres de aquellos que ven la política como una puerta para beneficiar a sus conocidos o devolver favores.

Para afrontar la campaña que le permitió asegurarse un lugar en el Congreso, el diputado de Renovación Popular logró acumular cerca de cincuenta y cuatro mil soles en aportes, tal como él mismo se lo reveló a la Oficina Nacional de Procesos Electorales en su primera entrega de información financiera correspondiente a la campaña electoral.

Como se pudo apreciar en la imagen anterior, el propio Bazán Calderón, con más de treinta mil soles, fue su principal aportante. Pero en esta corta lista también resaltan dos aportes por la misma cantidad. Se trata del matrimonio Arteaga Varas, compuesto por Luis Arteaga Sánchez y Rosa Varas, quienes aportaron un total de diez mil soles para que Diego Bazán pueda dar a conocer su candidatura en la región.

A diferencia de lo ocurrido con los aportantes de otros senadores y diputados, esta pareja no encontró trabajo en el despacho del candidato al que apoyaron con diez mil soles. Pero la suerte fue distinta para un integrante de esta familia, más precisamente para el hijo de este matrimonio.

Tras el esfuerzo económico hecho por esta familia para aportarle un total de diez mil soles a la candidatura de Diego Bazán Calderón, el diputado de Renovación Popular no tardó en contratar a Luis Arteaga Varas, hijo del matrimonio responsable de este generoso aporte, para que trabaje como técnico en su despacho con un sueldo que supera los ocho mil soles.

TODO A BORDO

Pero así como algunos integrantes del Congreso aprovechan los puestos disponibles para contratar a familiares de sus aportantes, otros parecen ser menos discretos y contratan a casi todos los que aportaron para sus campañas. Este sería el caso de Miguel Ángel Velásquez García, senador que representa a los peruanos en el extranjero.

Según la información que el entonces candidato de Renovación Popular entregó a la ONPE a finales del mes de marzo, su candidatura contó con apenas cinco aportantes entre los cuales se encontraban él mismo y un familiar. Pero la atención en este caso se centra en los otros tres nombres.

Acorde a lo declarado por el propio senador que representa a los peruanos en el extranjero, uno de sus aportantes fue Kevin Escobar Yaques y dicho aporte ayudó a difundir la candidatura de Velásquez en redes sociales. El resultado de este apoyo terminó con Escobar Yaques contratado para desempeñarse como técnico en el despacho de Velásquez.

Una historia similar es la de Rodrigo Taipe Paredes. En los documentos que tiene en su poder la ONPE se señala que el aporte de Taipe a la campaña del senador Velásquez ayudó a la elaboración y edición de sus videos de campaña. Como en el caso anterior, Rodrigo Taipe terminó siendo contratado como técnico en el despacho de Velásquez García.

Pero Miguel Velásquez no iba a dejar apartado a nadie. Por ello Luis Serpa Tone, quien ayudó a volantear durante la época de campaña, fue contratado para que trabaje como auxiliar en la oficina del senador de Renovación Popular con un salario de casi cuatro mil soles mensuales que serán pagados con fondos públicos.

Mientras algunos congresistas continúan culpando a la prensa por la mala imagen del Legislativo y otros incluso alegan que la desaprobación se debe a que la ciudadanía desconoce su labor, estos casos en los que parece haber sido prioridad devolver favores a sus aportantes de campaña demuestran que son las acciones de los propios senadores y diputados las que incrementan ese porcentaje de desaprobación.

[OPINIÓN] El de la ordenanza municipal —que abunda y, al parecer, es obligatorio exhibir— que prohíbe el acoso sexual y la discriminación en los locales del distrito pertenece a esta última categoría.

El epítome de semejante estupidez está en un club privado. Allí, donde para ingresar hay que presentar recomendaciones, superar un proceso de admisión, aceptar estatutos y acreditar conducta y decencia, ahora nos colocan un cartel que advierte que está prohibido el acoso sexual. Y no uno: lo ponen a la entrada de cada local, restaurante o tienda dentro del recinto.

Pero ahí no termina la genialidad.

El cartel precisa que está prohibido acosar a las personas, «en especial mujeres, niñas, niños y adolescentes».

He ahí el clímax de la imbecilidad. Porque el cartel no se conforma con prohibir lo obvio: lo jerarquiza. Hay personas a las que, en especial, no se debe acosar.

¿Y las demás? ¿El varón adulto, la señora de setenta años, el jubilado que toma su café? ¿Pertenecen a la categoría general, la del acoso con descuento?

Naturalmente, proteger a los más vulnerables es indispensable. Pero redactar una prohibición universal como si tuviera categorías preferenciales exige un talento especial para el disparate.

Tampoco se queda corto en geografía. El cartel delimita el territorio del delito: prohíbe acosar «en este local». Es decir, en la vereda, en el estacionamiento o en la tienda de al lado, la prohibición ya no rige. Semejante precisión deja en claro el nivel de imbécil que redactó la ordenanza. Y del que la firmó.

Y todavía falta lo mejor: le ponen tarifa. «Bajo sanción de multa de 1 a 2 UIT».

Es decir, el acoso sexual, que puede constituir delito, queda reducido en el cartel a una infracción con precio de lista. ¡Una maravilla de pedagogía municipal!

Y, volviendo al club, seguramente algún directivo explicará, con esa solemnidad que suele acompañar a la falta de criterio, que la municipalidad obliga a exhibirlo.

¿Y para qué diablos existe una directiva? ¿Para representar a los asociados o para obedecer cualquier estupidez sin siquiera cuestionarla?

Una institución que presume de respetable debería ser la primera en exigir sensatez, cuestionar los disparates administrativos y defender la dignidad de sus socios por las vías legales. No en tratarlos como sospechosos de indecencia.

Yo propongo completar la obra:

«Prohibido estafar a un socio, bajo pena de multa».

«Prohibido orinar detrás del mostrador, bajo pena de multa».

«Prohibido agarrar a patadas al imbécil que colgó el letrero, bajo pena de multa».

Y así, hasta empapelar el club de obviedades.

Finalmente, propongo sancionar al iluminado que redactó semejante cartel y a quienes decidieron exhibirlo sin protestar. Multa por ofender la inteligencia y la decencia colectivas.

Porque la estupidez de quien redacta una norma puede ser preocupante. Pero la obediencia servil de quien debería cuestionarla resulta todavía más lamentable.

Bajo pena de multa, claro.

[EL DEDO EN LA LLAGA] El papa León XIV visitará el Perú entre el 11 y el 16 de noviembre de 2026, en el marco de su viaje apostólico por Sudamérica, que incluye Uruguay y Argentina. Su llegada reactivará la previsible maquinaria de la devoción popular: carteles, consignas solemnes y una exaltación que roza el fanatismo. Expresiones como «el Vicario de Cristo» o «el papa elegido por el Espíritu Santo» pretenden convertir al ocupante de la silla de Pedro en una figura intocable.

Sin embargo, la idea de que «el Espíritu Santo elige al papa» carece de rigor. El propio cardenal Joseph Ratzinger, futuro papa Benedicto XIV, lo aclaró en 1997 al señalar que el Espíritu Santo no escoge directamente al pontífice, sino que deja un amplio margen a la libertad humana. Ratzinger fue tajante: la historia demuestra que existen demasiados ejemplos de papas que el Espíritu Santo evidentemente jamás habría elegido. La elección papal es, y ha sido siempre, una decisión humana y ha respondido frecuentemente a intereses políticos.

Cuando el papado dependía del poder y el dinero

En el siglo X, el sistema del cónclave ni siquiera existía. El solio pontificio caía en manos de las oligarquías romanas mediante la imposición y el dinero. Juan XII (955-964) llegó al poder a los dieciocho años por el control absoluto que ejercía su padre, Alberico II de Spoleto. Las crónicas medievales describen su pontificado como un catálogo de violencia y desenfreno sexual: convirtió el palacio de Letrán en un burdel público y se le acusó directamente de adulterios, incesto, asesinatos y sacrilegios.

Un siglo después, Benedicto IX (1032-1048) llevó la degradación al límite. Ocupó el papado en tres períodos distintos y, en 1045, protagonizó el episodio más controvertido de la historia vaticana al poner en venta el cargo pontificio a cambio de una enorme suma de dinero, cediéndole el trono directamente a su padrino. Escritores eclesiásticos de la época, como Pedro Damián y el papa Víctor III, documentaron su conducta atribuyéndole un historial de delitos sexuales y criminales en un entorno de corrupción y comercio espiritual absoluto.

En el Renacimiento, Alejandro VI (1492-1503) utilizó el aparato pontificio para el enriquecimiento y promoción de la familia Borgia, consolidando un mandato marcado por el nepotismo radical y una vida privada plagada de escándalos públicos.

El marco legal del silencio y el encubrimiento institucional

En el siglo XX, el problema mutó del escándalo personal a la complicidad estructural protegida por la propia ley de la Iglesia. Esta política de opacidad sistemática nació formalmente bajo el pontificado de Pío XI (1922-1939) mediante una primera directiva secreta. Bajo esa estricta lógica de autoprotección se entiende lo ocurrido en marzo de 1938, coincidiendo exactamente con la anexión de Austria por la Alemania nazi. Los archivos desclasificados confirman que la Santa Sede ordenó explícitamente «quemar todo» el material confidencial de abusos sexuales en la nunciatura de Viena. En esta operación estuvo implicado directamente Eugenio Pacelli, entonces secretario de Estado y futuro Pío XII.

El Vaticano mandó destruir las pruebas para impedir que la Gestapo y el régimen de Adolf Hitler confiscaran las evidencias criminales. Los nazis utilizaban activamente las denuncias de pederastia clerical como una feroz herramienta de propaganda para justificar la persecución del clero y desmantelar las escuelas católicas. Ante la amenaza totalitaria, la prioridad absoluta de Roma no fue proteger a las víctimas ni colaborar con la justicia civil, sino eliminar la evidencia física para blindar los secretos de la Iglesia frente al enemigo nazi, sepultando los crímenes en la impunidad absoluta.

Décadas más tarde, en 1962 durante el pontificado de Juan XXIII, esta política de opacidad fue ratificada y actualizada jurídicamente en la instrucción Crimen sollicitationis. Este documento —de carácter estrictamente secreto e interno, enviado a los obispos con la orden de ser guardado bajo llave en los archivos confidenciales de las diócesis— imponía un silencio absoluto bajo pena de excomunión sobre los procesos de abusos cometidos por sacerdotes contra menores. La ley eclesiástica priorizó el secreto institucional por encima de la justicia y la atención de las víctimas.

La red de protección papal a Marcial Maciel

El caso de Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, evidencia la opacidad y los mecanismos de protección interna de la Santa Sede, sostenidos sistemáticamente por una sucesión de pontífices:

  • Pío XII (1939-1958): Bajo su mandato se recibieron las primeras denuncias explícitas. Aunque Maciel fue apartado temporalmente en 1956 debido a los abusos y a su adicción a la morfina, el entorno del papa intervino para modificar las sanciones penales y archivar el expediente gracias a las presiones de altos jerarcas eclesiásticos.
  • Juan XXIII (1958-1963) y Pablo VI (1963-1978): Durante sus pontificados se permitió el retorno pleno de Maciel a la dirección de la orden y se ignoraron las reiteradas alertas de las víctimas bajo el blindaje del secreto institucional.
  • Juan Pablo II (1978-2005): El papa polaco protegió activamente a Maciel de forma directa, ensalzándolo públicamente como un «guía eficaz de la juventud» e ignorando informes de abusos a decenas de menores y la doble vida del sacerdote, quien utilizaba identidades falsas para ocultar a sus parejas e hijos biológicos. El Vaticano blindó al depredador priorizando la masiva captación de fondos y vocaciones que la orden inyectaba a la Santa Sede.

La respuesta institucional de Ratzinger

Cuando la presión social y las evidencias se hicieron insostenibles, la respuesta de Joseph Ratzinger —tanto como cardenal en la Congregación para la Doctrina de la Fe como en su rol de papa Benedicto XVI (2005-2013)— fue insuficiente. Y lo fue de manera alarmante. En lugar de someter a Maciel a un juicio canónico formal, degradarlo o excomulgarlo por sus crímenes, la Santa Sede dictó en 2006 una resolución indulgente: le ordenó retirarse a una «vida reservada de oración y penitencia». Ratzinger evitó el castigo penal público y la rendición de cuentas ante la justicia ordinaria, permitiendo que Maciel muriera en la impunidad civil.

Esta inacción sistémica ya la arrastraba Ratzinger desde su época como arzobispo de Múnich. En 1980, recibió en su diócesis al sacerdote Peter Hullermann, trasladado desde la diócesis de Essen tras haber abusado de menores. Debido a la negligencia de la administración de Ratzinger, Hullermann fue reincorporado de inmediato a labores pastorales ordinarias y continuó abusando de más niños.

Juan Pablo II: McCarrick y la falibilidad de las decisiones papales

En noviembre de 2000, Juan Pablo II nombró arzobispo de Washington a Theodore McCarrick. El informe oficial del Vaticano publicado en 2020 confirmó que Roma ya tenía alertas e informaciones explícitas sobre la conducta depredadora de McCarrick con seminaristas y menores. Bastó con que McCarrick negara las acusaciones en una carta personal para que el papa aceptara sus explicaciones, ignorara las advertencias y oficializara el ascenso de un abusador. Fue un error manifiesto, una decisión que carecía de cualquier amparo sobrenatural.

Francisco: del error en Chile a la intervención en el caso Sodalicio

Por su parte, Francisco (2013-2025) protagonizó uno de los episodios de ceguera institucional más graves en Chile. En enero de 2018, defendió públicamente al obispo Juan Barros, acusando de «calumnia» a las víctimas que denunciaban el encubrimiento de los abusos de Fernando Karadima. Tras el escándalo global, Francisco envió una delegación liderada por el arzobispo de Malta, Charles Scicluna —máximo experto del Vaticano en delitos sexuales— y el oficial español Jordi Bertomeu. Tras recibir el demoledor informe de más de 2.300 páginas elaborado por ambos enviados, el papa tuvo que admitir que cometió «graves errores» en la valoración y percepción de la situación debido a la falta de información fiable, obligado a pedir perdón directamente a las víctimas, y a aceptar posteriormente la renuncia de Barros.

No obstante, su pontificado también marcó el inicio de avances innegables en la rendición de cuentas eclesiástica respecto al Sodalicio de Vida Cristiana. Tras décadas de inacción, Francisco rompió el cerco de la impunidad al enviar nuevamente a la Misión Especial Scicluna-Bertomeu, un equipo encargado de investigar las denuncias de abusos en dicha organización que ya habían sido destapadas años atrás por el periodismo de investigación. Con firmeza histórica, decretó primero la expulsión de su fundador, el laico Luis Fernando Figari, y de catorce de sus miembros clave, culminando el proceso con la disolución jurídica y total de la sociedad apostólica en 2025. Estas medidas sentaron un precedente drástico en el castigo interno de esta organización conformada tanto por laicos consagrados como por clérigos.

El reto ineludible de León XIV ante el caso Sodalicio

La visita de León XIV a Lima en noviembre de 2026 no puede limitarse a actos multitudinarios y bonitos discursos de paz y misericordia. Su principal examen de coherencia moral radicará en tomar al toro por las astas en el caso del Sodalicio de Vida Cristiana, una organización que el papa Francisco disolvió en 2025 tras demostrarse sus brutales abusos físicos, psicológicos, espirituales y sexuales, por mencionar algunos. Sin embargo, esta disolución ha llegado tarde y expone la total impotencia del Vaticano frente a la trampa económica de los abusadores.

El papa no tiene superpoderes frente a las leyes peruanas. Durante años, la cúpula del Sodalicio sacó su millonario patrimonio de la órbita de control de la Iglesia y lo escondió en empresas fachada, negocios privados y fideicomisos civiles mediante una estructura jurídica diseñada para ser impenetrable. Al hacerlo, los antiguos directivos vaciaron los fondos institucionales líquidos. Aunque en su momento la organización ejecutó un proceso de reparaciones económicas, este resultó arbitrario e injusto, entregando montos insuficientes bajo contratos condicionados y dejando a una gran cantidad de víctimas completamente desamparadas.

El panorama judicial es igual de estéril: el papa no puede meter a nadie a la cárcel ni obligar a la Fiscalía peruana a reabrir los casos de abusos y lavado de dinero que ya archivó sistemáticamente. León XIV no puede recuperar el dinero escondido ni suplantar a la justicia del Estado.

Ante este expolio económico y judicial donde los antiguos miembros habrían ganado la batalla legal, el verdadero deber de León XIV se traslada al terreno ético y penal canónico. Si el dinero está oculto y la vía penal civil bloqueada, lo más importante pasa a ser la reparación simbólica, el dignificar a las víctimas y el esfuerzo institucional por mantener viva la memoria de lo ocurrido. En aras de las transparencia, el pontífice debería romper la opacidad vaticana y ordenar la publicación de un informe ejecutivo desclasificado de la Misión Especial Scicluna-Bertomeu, un documento que resguarde el necesario anonimato de las víctimas, pero que exponga con transparencia absoluta las conclusiones, los patrones de abuso y las responsabilidades institucionales que hoy siguen bajo estricta reserva en los archivos de la Santa Sede. Asimismo, su deber moral le exige impulsar la investigación rigurosa de las responsabilidades individuales, sancionando de forma proporcional a los miembros del clero y jerarcas locales que actuaron como cómplices o guardaron un silencio encubridor. Cualquier discurso que ignore esta exigencia de verdad, memoria y justicia interna será complicidad continuada.

La fe adulta no necesita mitos

El entusiasmo popular ante la llegada de León XIV no justifica la suspensión del pensamiento crítico. Cuestionar las decisiones, los nombramientos o los errores de un papa no es un ataque a la fe; es una exigencia de honestidad histórica.

Cuando los cardenales votan en un cónclave, operan bajo presiones, preferencias personales e información incompleta. Cuando un papa gobierna, comete errores. La supuesta asistencia de Dios no automatiza las decisiones humanas ni convierte a los hombres en seres infalibles. Se puede recibir al papa con respeto y afecto sin convertirlo en un ídolo. La fe madura no necesita mitos, y el respeto al pontífice no exige dejar de lado la verdad ni renunciar a pensar.

Frente a la impunidad de la que aún gozan varios de los exmiembros y cómplices del disuelto Sodalicio, el paso de León XIV por el Perú se juzgará primordialmente, entre otras cosas, por su valentía para dignificar a las víctimas y romper el silencio culpable de la jerarquía local y de ciertas élites peruanas.

[OPINIÓN] Anabel Hernández no muestra las pruebas por una razón muy simple: no existen. Lo que ha contado sobre Alan García es una patraña, una mentira con apariencia de investigación.

Hay acusaciones que se construyen con documentos y otras que se construyen con muertos. Esta es de las segundas.

Al presentar Narcocracia, la periodista eligió señalar a Alan García, fallecido en 2019 y, por tanto, imposibilitado de responder, como supuesto participante en una operación mediante la cual armas compradas por el Estado peruano a China habrían terminado en manos del Cártel de Sinaloa.

La acusación es enorme. Las pruebas, ninguna.

La historia tiene todos los ingredientes de un thriller: fusiles chinos, reuniones clandestinas, funcionarios peruanos, “millones y millones de dólares” y hasta un apodo de película: “Caballo Loco”. Falta solamente aquello que transforma una historia en una investigación periodística: la evidencia.

¿Dónde están los documentos? ¿Las transferencias? ¿Las guías de embarque? ¿Los nombres de los funcionarios peruanos involucrados? ¿El número de serie de un solo fusil comprado por el Perú y decomisado luego al Cártel de Sinaloa? Nada de eso ha sido mostrado.

Lo que existe es el testimonio de Sergio Villarreal Barragán, “El Grande”, antiguo narcotraficante convertido en testigo colaborador. La palabra de un delincuente puede iniciar una investigación, pero jamás sustituirla. El periodismo empieza precisamente allí: comprobando lo que la fuente afirma.

No hay contrato que exhibir, ni transferencia que seguir, ni un solo fusil que haya hecho el viaje de Lima a Sinaloa, porque la historia no resiste el contacto con un archivo. Y a la autora no le conviene admitirlo: un libro necesita titulares, y un expresidente muerto vende más en la portada que la palabra de un narcotraficante sin un papel que la respalde.

Hernández escribe desde México, el país que mejor conoce lo que cuesta creerle a un narcotraficante. Si alguien sabe el peligro de convertir esa palabra en verdad periodística, es ella.

Hay además un hecho incómodo para su relato: en 2008, el propio García denunció públicamente los vínculos entre los cárteles mexicanos y los grupos armados que operaban en el Perú. Curioso comportamiento para quien ahora es presentado como proveedor clandestino de aquellos a quienes denunciaba.

Alan García murió hace siete años. No puede confrontar al testigo, exigirle pruebas ni demandar a quien formula la acusación. Esa imposibilidad debería elevar, no disminuir, la exigencia de rigor.

Anabel Hernández ha construido su prestigio exigiendo evidencias al poder. Ahora le corresponde aplicarse la misma regla.

Porque los muertos no hablan.

Los documentos, sí.

Que los muestre.

«A los lectores: Pueden acceder al video de cada canción o artista mencionados en los artículos para verlos en YouTube»

[Música Maestro] Para la mayoría de jóvenes del siglo XXI, la palabra “Venom” es sinónimo del personaje antagónico del Hombre Araña, una viscosa forma de vida extraterrestre capaz de adherirse a cualquier ser humano y poseerlo hasta convertirlo en un monstruo negro de diabólica sonrisa, atemorizantes colmillos y fuerza incontenible.

Para nosotros, viejos metaleros, el gracioso dibujito llegó en segundo lugar a nuestro ranking pues ya existía algo llamado Venom, más real y tangible. Un trío que, desde Newcastle, cambió por completo el juego del heavy metal, subiendo aun más el ya atronador volumen de Motörhead y lanzando desembozadas loas al diablo de una manera que Black Sabbath jamás se atrevió en sus días de gloria.

Venom es probablemente el grupo que inventó el concepto “black metal” -de hecho, uno de sus icónicos álbumes y canciones llevan ese título-, aunque ciertamente no suena como todo lo que vino después para apoderarse del término, comenzando por los suecos Bathory o Celtic Frost, cuyos álbumes debut, Bathory y Morbid tales respectivamente, aparecieron en 1984.

Con una presencia en escena agresiva y demoledora, el trío atrajo a sus audiencias hacia el lado más ocultista de la música popular hasta entonces conocido, con imaginería satánica, letras infernales y sus sobrenombres tomados de distintas fuentes históricas-mitológicas, prácticas ahora comunes en bandas de metal extremo provenientes de la zona nórdica de Europa, que tuvieron en Venom su inspiración primigenia. El principal compositor, vocalista y bajista de Venom, Cronos, falleció el 1 de octubre, a los 63 años.

La leyenda de Cronos

En la mitología griega, Cronos es el más joven de los Titanes, hijos varones de Urano y Gea. Según la leyenda, Cronos libera a su madre de la tiranía de su padre castrándolo con una hoz y lanzando al mar los genitales del poderoso rey de la edad dorada. Al caer, la sangre y testículos de Urano dieron origen a varias deidades del tiempo preolímpico, entre ellas una de las más famosas, Afrodita. Urano maldijo entonces a su hijo Cronos, vaticinando que sus hijos terminarían matándolo.

Para evitar que se cumpla la profecía, Cronos se comía a cada hijo que tenía con Rea, al nacer. En total, fueron cinco. Su mujer, sin embargo, planificó una estratagema para salvar a su hijo más pequeño, Zeus, pariéndolo a escondidas y llevándolo a una cueva en Creta, donde fue criado por una cabra. Cuando Zeus creció, Cronos fue obligado a regurgitar a sus cinco hijos -y a la piedra que Rea le había dado en lugar de Zeus- y a liberar a los Cíclopes. Entre todos, depusieron a Cronos, desterrándolo e iniciándose así la era olímpica con Zeus como principal divinidad.

Ese episodio de la mitología helénica, de Cronos devorando a sus hijos, quedó inmortalizado en dos obras de la pintura clásica. La primera es de 1636, del holandés Pedro Pablo Rubens (1577-1640) y la segunda, inspirada en esta, del español Francisco de Goya (1746-1828), de 1820 aproximadamente. Los dos cuadros se titulan Saturno, nombre de Cronos en la mitología romana, y están actualmente en el Museo del Prado, en Madrid. Cronos, representado con una guadaña -la misma que usó para castrar a su padre Urano, es además reconocido como el dios del tiempo, pero originalmente era de las estaciones y las cosechas.

La leyenda de Cronos, el bajista de Venom

Para aquellas personas no iniciadas en esto de la música agresiva, más que escuchar uno de los poderosos seis discos que grabó Venom entre 1981 y 1987 -antes de su primera salida del grupo- les recomendaría buscar en YouTube alguno de los conciertos de la banda original -Conrad “Cronos” Lant (voz, bajo), Jeffrey “Mantas” Dunn (guitarra), Anthony “Abaddon” Bray (batería)- en ese periodo, especialmente la versión restaurada del último show de la gira 7th Dates In Hell, realizado en el teatro Hammersmith Odeon de Londres, en 1984.

Más o menos al final del primer tercio del concierto, pueden ver tres minutos que resumen la brutal presencia escénica de Cronos, la misma que en 1989 me dejó boquiabierto cuando era un quinceañero y la vi, más de una vez, a través de la pésima señal cargada de estática de uno de esos canales de UHF -no recuerdo si era 27 o 33- que se colaban en el dial sin control remoto, manipulando la antena de conejo para mejorar un poco la imagen.

Con un polo negro rasgado, pantalones de cuero, gruesos collares de púas en cuello y brazos, Cronos le arrebata angustiantes rugidos a su bajo distorsionado y hace fraseos a imposible velocidad, tocando con uña de plástico. Eran tiempos en que la televisión programaba clásicos de terror diabólico como La Profecía (1976) o El Exorcista (1973) y la voz de Conrad Lant, su verdadero nombre, se asemejaba a los chillidos de sus diabólicos personajes.

Más que las letras que, en esos años, no entendía muy bien, fueron la fuerza, la personalidad, la contundencia de su inconformismo con el mundo y la decisión de hacer algo que nadie había hecho antes lo que me llamó la atención. Sus canciones no eran como las que Gerardo Manuel ponía de Iron Maiden, Kiss o Van Halen. Esto era más agresivo, más subterráneo, más prohibido.

Un verdadero defensor del metal

Cronos mantuvo siempre en alto la bandera del metal extremo, subgénero que ayudó a construir con pura creatividad, talento y, sobre todo, atrevimiento. Y lo manifestó en más de una ocasión. “¿Desde cuándo Ozzy es “el príncipe de la oscuridad”? -le dijo en una ocasión a la revista Metal Hammer, en los primeros dos miles, criticando el sonido glam del ex Black Sabbath durante los ochenta y noventa. “Ese apodo es de hace diez años, en sus canciones le pedía ayuda a Dios -en alusión al clásico primer álbum de Black Sabbath (1970)-, pero no era parte del infierno. ¡Yo soy el infierno!”

Sobre los nuevos fans de lo que actualmente se conoce como black metal -el de los países nórdicos-, que consideran el sonido de Venom demasiado pegado al hard-rock tradicional, comentaba. “Claro, se apoderan de mi creación y deciden qué es “black metal” y qué no”. Para él, todos los subgéneros y rótulos no eran más que estrategias de comercialización de la música metálica. No le faltaba razón.

Tras un breve periodo fuera del grupo -en que fue reemplazado por Tony «Demolition Man» Dolan-, Cronos volvió a liderar Venom, hasta poco antes de su muerte, junto a dos nuevos soldados -Stuart «LaRage» Dixon (guitarra) y Danny «Dante» Needham (batería), con quienes incluso toco en Lima, en el año 2017. Esa formación de Venom llegó a lanzar cuatro discos: Fallen angels (2011), From the very depths (2015), Storm the gates (2018) y el último Into oblivion (2026) y fue la que, en 2022, regresó triunfalmente al festival alemán de Wacken.

Rock y satanismo: Un debate de larga data

Entre otras cosas, lo que bandas como Venom y muchas más que surgieron después de ellos, desde Slayer hasta Impaled Nazarene, pasando por cientos de nombres mucho más oscuros y blasfemos, fue abrir una nueva veta de entretenimiento, ciertamente no convencional, pero menos nocivo que los políticos y empresarios facinerosos de sus respectivas épocas y países. Por otro lado, grupos como Coven o Black Sabbath ya habían explorado estos temas ligados al ocultismo de manera frontal, echando por la borda a quienes desde una postura conservadora acusaban al rock de lanzar “mensajes cifrados” en sus grabaciones.

En la década de los ochenta comenzaron a aparecer diversos “análisis” a canciones de reconocidas bandas de rock como Queen, Led Zeppelin, Eagles, The Beatles, entre otras. Sus conclusiones apuntaban a una situación alucinante: si eran escuchadas al revés -para lo cual había que manipular exprofesamente el tornamesa para variar el sentido de la aguja que leía la información contenida en cada vinilo-, se revelaban frases ocultas, incitaciones a cometer atrocidades y hasta alabanzas al mismísimo Satán.

Estas frases ingresaban al cerebro de manera subliminal, motivando que los fanáticos del rock terminaran entregando su alma al diablo, sometidos por el influjo de estos músicos malditos que solo buscaban su perdición. Fueron grupos extremistas religiosos quienes iniciaron dichos rumores en esa época, amparados en su deseo de reprimir el rock, pero sin ninguna justificación científica ni asidero real. Desde siempre la relación entre el rock y el ocultismo satánico ha sido muy estrecha. Historias como la del bluesero Robert Johnson o de Jimmy Page, guitarrista líder de Led Zeppelin, abundan y son por demás interesantes, pero en ningún modo verosímiles.

De hecho, gran cantidad de los nombres de canciones y grupos de todos los géneros de metal extremo que actualmente existen podrían generar, de solo leerlos, una parálisis facial en los sectores más puritanos y generar iras santas entre fanáticos religiosos al estilo “con mis hijos no te metas”, seguidores limeños de cierto candidato -seguramente alcalde electo al momento en que usted revisa estas líneas-, que se escandalizarían si entendieran sus canciones pero no sienten ni un solo remordimiento al ver cómo su líder se salta con garrocha las leyes o amenaza públicamente violar al presidente del JNE porque sus resultados adversos no le gustan.

Bienvenidos al infierno musical de Venom

Lo primero que lanzó Venom al mundo de la música, como aviso de lo que venía, fue un disco de 45rpm -lo que en la terminología de entonces era un single- editado por el sello independiente Neat Records en 1981, asociado a bandas de la naciente movida metalera británica, con dos canciones, Live like an angel (Die like a devil) e In the league of Satan. Como comprenderán, estos títulos iban en dirección opuesta a todo lo que sonaba en las radios -Spandau Ballet, Duran Duran, The Police-, inclusive en los predios del rock duro.

A fines de ese mismo año apareció su LP debut, Welcome to hell (1981) con títulos como Sons of Satan, One thousand days in Sodom y cosas por el estilo. Cronos, en entrevistas de la época, aseguraba que a diferencia de Black Sabbath, a quienes consideró siempre su inspiración, a ellos no les faltaba identificación con lo maligno y que, en lugar de describir lo oculto desde afuera, lo hacía desde las mismas entrañas del averno, porque no había demonios rondándolo sino que “él era el demonio”. Ante las acusaciones de apología al satanismo, contestaba que solo lo hacía para generar impacto, para entretener a un público que buscaba ir más allá de lo convencional.

Su segundo disco, Black metal (1982), es considerado una de las bases de todo lo que salió después en términos de metal extremo. Clásicos como Buried alive, To hell and back o Countess Bathory -acerca de la legendaria asesina serial húngara del siglo XVI- o el tema-título, confirmaron las intenciones sonoras de Venom. En el primer tema de este segundo LP, Cronos, Abaddon y Mantas llevaron una sierra eléctrica para cortar metal en el estudio de grabación, fuente original del chirrido espeluznante con el que comienza este disco.

Simbología ocultista directa

A la distancia, Welcome to hell (1981) y Black metal (1982) no suenan tan escalofriantes. Hay influencias obvias de Motörhead, Judas Priest –sus principales referentes-, e incluso de Iron Maiden y bandas punk de la primera oleada -Discharge, Sex Pistols-, pero lo que permanece como vínculo directo con aquello no accesible para los públicos convencionales son las carátulas de ambos discos, usando la simbología más tradicional del satanismo como expresión (anti)religiosa que acompaña al desarrollo del credo católico desde hace centurias.

El primero tiene a un macho cabrío, con tenebrosa mirada lanzada desde minúsculos ojillos, cuya cabeza, cuernos, orejas caídas e hirsuta barbilla conforman una estrella de cinco puntas, un pentáculo o sello de Baphomet, la insignia de la “Iglesia de Satanás”. Y el segundo, muestra el rostro semi sonriente de un demonio clásico, con el título del álbum en tipografía antigua de la era gótica. Símbolos hebreos de diversos significados demoníacos y demás añadidos -fondo negro, el logo de la banda- hacen de estas carátulas de las más abiertamente oscuras de su época.

Por supuesto, todas estas prácticas fueron adoptadas por las siguientes generaciones de bandas de black metal, con un sonido mucho más abrasivo y difícil de digerir para oyentes no acostumbrados a ráfagas de ruido y voces que más parecen salidas de monstruos que de seres humanos. Con los años, Venom recibió ampliamente el crédito que merecen como pioneros de esta forma de hacer música, cargada de sensaciones catárticas que finalmente constituyen un rechazo al mundo real y sus líderes, capaces de maldades mucho peores que un dibujo impreso en la carátula de un long-play o canciones que hablan de brujas, infiernos y ángeles caídos.

La influencia de Venom

La discografía de Venom incluye otras piezas notables como la suite de 20 minutos At war with Satan -del tercer álbum, del mismo título, de 1984– en cuya carátula destaca una cruz invertida, como las que popularizara el guitarrista de Black Sabbath, Tony Iommi, década y media antes. Los álbumes Possessed (1985) y Calm before the storm (1987) fueron los últimos con la formación clásica -el guitarrista Mantas se había ido un disco antes- y luego vinieron tres discos más, sin Cronos.

El bajista se concentró en su propia banda, lanzando dos discos, Dancing in the fire (1990) y Rock n’ roll disease (1991)- sin mucha resonancia debido al auge del grunge, aunque bien recibidos por las comunidades metaleras mundiales. Para su regreso a Venom, con el disco Cast in stone (1997) se reunió con sus antiguos compañeros Mantas y Abaddon, pero posteriormente el último se retiró. Cronos trajo a la banda a su hermano menor Antony, que tocó con el pseudónimo “Antton”. Luego vinieron otros cambios de personal, hasta la versión más o menos estable con Stuart «LaRage» Dixon (guitarra) y Danny «Dante» Needham (batería).

Witching hour, del álbum debut, es una de sus canciones más versionadas, por bandas como Slayer, Machine Head y Mayhem, los noruegos más conocidos de la segunda ola de black metal, quienes habrían escogido ese nombre a partir de Mayhem with mercy, un breve instrumental de plácidas guitarras también del Welcome in hell. Mientras que Tony «Demolition Man» Dolan –el cantante y bajista que reemplazó a Cronos en Venom a inicios de los noventa- armó Venom Inc., con autorización de los integrantes originales -incluso Mantas y Abaddon participaron en sus inicios el 2015. Esta versión alterna de Venom también tocó en Lima, hace un par de años.

La naturaleza pionera de Venom y Cronos, su principal compositor e ideólogo en cuanto al concepto oscurantista de sus presentaciones públicas y mensajes, para crear las bases de otros subgéneros como el death, thrash y black metal -y todos sus demás derivados- es innegable. Puede que te guste o no su propuesta, que no sea la más apropiada para comenzar a escuchar música. Pero, con la formación y estabilidad emocional y mental adecuadas, es posible introducirse en este universo de referencias a aquello que más temores nos causa y encontrar, en sus laberintos, una vía de escape a la frustración que producen, por ejemplo, gobiernos inútiles que salen vestidos de blanco, sonrientes, pero que en el fondo son capaces de planificar las peores maldades sin que se les mueva un músculo de la cara.

[Migrante al paso] De pequeño, junto con mi hermano, a veces visitábamos a mi padre en la redacción. No pasó muchas veces, pero sí pasaba. Desencajábamos ahí. Era un sitio alborotado: humo de cigarro por todos lados, las alfombras abombadas de nicotina. De niño sentía que era un espacio violento. Una melodía caótica de tecleos fuertes acaparaba casi todo lo que se podía escuchar.

Ya de grande me enteré de cómo era el submundo de este oficio, donde la brutalidad no era algo esporádico. Siempre me llamó la atención y, por más que solo lo vi de reojo, pude presenciar indirectamente los últimos momentos de un mundo prácticamente extinto.

Todo lo que llamamos cuarto poder fue dejado atrás por el mercado. Dejó de ser rentable y, en el proceso de adaptación, se volvió farandulero. Se puede sentir la desesperación de muchos periodistas, sedientos de aprobación mediática. Siendo esa mi lectura, hoy me desperté, me fumé un cigarro mientras escuchaba a estas personas decir lo que todo el mundo quiere escuchar, ya sea por morbo o por compatibilidad. Cuando el cigarro aún seguía botando humo, yo ya había dejado esas voces atrás y seguí con mi día; después de todo, ya no me aportan nada.

Nadie conocía los nombres de cientos de redactores. Solo se podía leer, al día siguiente, lo que en su momento había sido una tormenta de tecleos. Desde el anonimato, la mayoría de periodistas combatía la corrupción y las injusticias a base de investigaciones y verificaciones para luego comunicarlas; después de todo, esa es la labor de su oficio, por lo menos en definición. Había una que otra estrella de opinión porque, efectivamente, eran brillantes. Ahora basta con pagar por un sticker azul al costado de tu nombre; es como si ser alguien costara dinero.

Yo, como ciudadano, me sentiría más tranquilo sabiendo que puedo contar con estas personas para que saquen a la luz lo que sea que tengamos que saber.

Yo no soy una de estas personas, solo un mero observador. Me gusta escribir inclinado hacia la literatura de ficción; casi todos mis textos tienen una connotación política, pero no merecen ser tomados en cuenta más allá de su contexto literario. Si soy honesto, si yo fuera político no sería uno bueno: creo en el caos y, en ese contexto, apuntaría a ser el rey. Con esa naturaleza, prefiero mantenerme alejado del poder. Por lo menos eso lo tengo claro. Supongo que toda persona ha fantaseado alguna vez con tomar el control de todo por la fuerza. Siento rechazo por la rigidez ideológica, tanto si está arrimada hacia la derecha como hacia la izquierda. Tibio, me dirían.

Por eso estas personas, hoy en crisis demográfica, cuya obsesión debería ser investigar e interpretar, es tan importante: son ellos quienes deberían cuidarnos las espaldas. Actualmente nos enfrentamos a un Leviatán corrompido y no creo que las lágrimas de unos líderes de opinión vayan a hacer mucho. No puedo recordar un gran golpe contra la corrupción en los últimos años.

No sé ustedes, pero cuando he estado en una pelea, ataco e intento que no me peguen. Poniendo la otra mejilla no se logrará nada. Si yo fuera uno de esos sujetos corruptos que atropellan y machacan al país entero, estaría feliz de tener una oposición tan blanda y pusilánime como la que hay.


Alemania, 1933. Fueron apareciendo carteles en las puertas de bares, farmacias, hospitales, colegios, buses y más: «Prohibido el ingreso a judíos». «Prohibidos los homosexuales». Más de 1,300 periodistas perdieron sus trabajos entre despidos, persecuciones, torturas y asesinatos, el mismo año. La austeridad emocional y los abusos primaban dentro de familias e instituciones. En 1939, después de procesos similares a algunos que están ocurriendo actualmente, ya todos sabemos lo que sucedió.

Hoy son las elecciones municipales. Casi lo olvido. Quien encabeza las encuestas es un sujeto que manifiesta abiertamente su rechazo hacia la comunidad LGTB+. Peor aún: atrae votos con eso. Por no mencionar más cosas como que se autoflagela. En menos de un año, cinco periodistas han sido asesinados y varios han sido amenazados. En el mismo periodo ocurrieron más de dos mil casos de abuso sexual dentro de escuelas en el país; no solo la aberración ocurrida en el Liceo Naval. El fenómeno de El Niño más grande desde que existen registros es inminente. Mafias y extorsionadores llegan hasta el Poder Ejecutivo.

Sin embargo, todos están hablando de César Hildebrandt. No sé ustedes, pero a mí no me puede importar menos si estaba evadiendo impuestos o tenía problemas con la Sunat. Es ridículo que una nimiedad como esa alborote a todo el mundo periodístico. Todas las atrocidades que enumeré al inicio del párrafo ya fueron olvidadas y, esta vez, fueron los propios periodistas quienes se unieron al circo y nos hicieron desviar la mirada. Quién sabe, de repente es más importante la situación financiera de César Hildebrandt. Ahora me cuesta entender las prioridades de las personas.

Ahora todas las miradas están puestas en el pleito entre periodistas: La República y otros contra Willax. Viéndolo desde afuera, siento que son niñitos haciendo pataleta. «Él fue». «No, pero ellos comenzaron». Qué pena.

Ahora todo parece Esto es guerra y Combate, pero más aburrido. Así, entre likes y comentarios de TikTok e Instagram, el periodismo se unió al circo que juró derrumbar y los periodistas se convirtieron en actores de telenovela. Entre celebraciones y unas cuantas migajas desparramadas en redes sociales el periodismo va volviéndose cómplices del declive.

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