[Migrante al paso] Ya van semanas, tal vez meses, en los que mi mente ha sido un remolino de política. Entre el caos electoral acá y el mundo que parece a punto de estallar. Es demasiado estrés comunal, una especie de ruido constante que no se apaga ni siquiera cuando intento desconectarme. Lo peor de la gente sale como si abrieran una represa de emociones y prejuicios acumulados durante años. Sin filtro se libera todo lo reprimido que normalmente se traduce en odio o menosprecio, como si bastara una chispa para que todo explote. No me excluyo. De hecho, caí de lleno y por mucho tiempo, arrastrado por esa corriente que parece inevitable cuando uno está expuesto constantemente a ese entorno. Está bien estar enterado y formar una opinión, pero de ahí a dejar que te afecte emocional y mentalmente es porque hay algo más. Probablemente esté buscando un culpable de todo lo que no me gusta y, de este modo, escapar del verdadero problema, que es interno. Tal vez es más fácil mirar hacia afuera que aceptar lo que uno tiene que ordenar por dentro.

Después de semanas pendiente y viendo cómo se pelea todo el mundo, es inevitable sentir que el ambiente se va cargando cada vez más. Pequeños bandos que entran en modo de desadaptado, defendiendo posiciones como si fueran trincheras personales. Prejuicios y tensión entre amistades y familiares, conversaciones que antes eran ligeras y ahora se vuelven incómodas o terminan en discusiones innecesarias. Todo por la situación política, que termina filtrándose en cada espacio, incluso en los más cotidianos. Es hora de tomar un descanso, después de todo, no puedo hacer mucho por cambiar lo inminente, solo estar atento, pero no preocupado. Hay una diferencia entre informarse y dejarse consumir, y últimamente esa línea se ha vuelto demasiado delgada.

Mis semanas han estado ocupadas, me estoy moviendo de un lado a otro, miles de llamadas, pendientes que no terminan y una sensación constante de estar corriendo contra el tiempo. Pensaría que el momento más calmado es cuando estoy manejando con música, porque en ese instante no puedo estar atento al teléfono ni a nada más. Solo disfruto del camino, a pesar del tráfico, como si fuera una pequeña pausa dentro de todo lo demás. Me había olvidado lo terrible que es manejar en Lima, lo impredecible que puede ser cada trayecto. A pesar de eso, al ser el único momento del día en el que puedo simplemente manejar y relajarme, termina convirtiéndose en un espacio necesario. Soy tímido, así que cuando estoy solo aprovecho para cantar o bailar sin pensar mucho. Es un momento sin juicio, sin expectativas. Más de una vez me ha pasado que volteo y alguien de otro carro me está viendo con mis locuras. Me río y me pongo rojo nomás, como si no hubiera forma de evitar esa reacción. Hay cosas que no cambian, y esta es una de ellas. Desde niño me pongo como un tomate ante cualquier situación rochosa, y aunque pase el tiempo, esa incomodidad sigue apareciendo de la misma manera.

Manejando sin mapa, entre calles rotas, esquivando tramos cerrados y cientos de huecos en la pista, pensaba en lo fácil que es dejarnos moldear por el entorno. No hace falta algo muy grande para que eso pase, basta con estar expuesto constantemente a ciertos estímulos. Más allá de nuestro desarrollo principal e infancia, me refiero al efecto inmediato, al impacto que tiene lo que consumimos todos los días. El año pasado, que estuve menos pendiente del contexto global y local, me mantuve enfocado en el trabajo y en mi salud. Rachas de meses en las que me mantuve constante, con una sensación de avance más clara y sostenida. Este año hubo un cambio abrupto, pero no venía de mí, ya que no me ha pasado nada y tampoco a mi familia ni a personas cercanas. Sin embargo, el entorno cambió, y eso fue suficiente. El simple hecho de estar en un ambiente disruptivo e incómodo tiene la fuerza necesaria para sacarme de mi orden y llevarme a tener la misma percepción negativa que le doy a lo externo hacia mis decisiones. Como si todo se contaminara poco a poco.

Es muy fácil darte cuenta de errores y problemas y muy difícil percatarte de avances y aciertos. La mente parece estar diseñada para enfocarse en lo que falta, en lo que incomoda, en lo que no está bien. Me repetía a mí mismo mientras manejaba: hay que dejar ir las cosas, es hora de mantener la calma y ser pacífico. No todo merece una reacción, no todo requiere una respuesta inmediata. A veces simplemente hay que observar y seguir. De pronto, un claxon ensordecedor de una combi casi me revienta los tímpanos y me olvidé de todas mis propuestas. Ese contraste entre lo que uno quiere ser y lo que termina haciendo en el momento es más común de lo que parece. Antes, me peleaba o evitaba que cojan pasajeros solo para molestarlos y, de alguna manera, que se den cuenta de lo intransigentes que son. Era una forma de descargar esa tensión acumulada, aunque en el fondo no resolviera nada. Ahora me limité a mirarlo mal y decir mil cosas sin que me escuche. Puede parecer poco, pero es un cambio. Tal vez no es la reacción ideal, pero al menos es un paso hacia algo más controlado.

Las calles ya no son como antes y una pelea tonta puede volverse una tragedia. Ese pensamiento se queda rondando, recordándome que no todo vale la pena. Que a veces lo más inteligente no es reaccionar, sino dejar pasar. Y quizás ese mismo principio aplica para todo lo demás que me ha estado cargando estas semanas.

 

[EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS] Ayer, en Barcelona, España, durante la IV reunión de Defensa de la Democracia, que reúne a los principales líderes progresistas del mundo, el mandatario brasilero, Ignacio Lula da Silva se ha preguntado ¿Yo quiero saber dónde hemos fallado como demócratas, cuándo las instituciones democráticas dejaron de funcionar?

Sin duda, esa es la pregunta de fondo, pero llega demasiado tarde y está mal planteada.  La verdadera pregunta hasta qué punto la izquierda contemporánea está dispuesta a ceder en sus pretensiones progresistas para recuperar sus banderas sociales y democráticas, y así recuperar a buena parte del público que ha perdido los últimos veinte años.

Todo comenzó en los años 70 y 80, no con protestas ruidosas, sino con teorías académicas. En los departamentos de humanidades  se introdujo la teoría crítica y se impuso la premisa de  que el conocimiento no es neutral, sino una herramienta de poder utilizada por los grupos dominantes para oprimir a todos los demás.

En la década del diez, la idea saltó de los libros a la vida diaria a través de las redes sociales y desde una nueva sensibilidad generacional. El concepto de interseccionalidad se convirtió en carta de navegación, Al mismo tiempo, se popularizó la idea de que una persona puede estar sujeta a múltiples capas de opresión (raza, género, orientación sexual).

Lo que antes era un debate intelectual se convirtió en imperativo moral. Las universidades dejaron de comprenderse como centros de investigación y productoras de conocimiento, y se vieron a sí mismas como instituciones cuya misión era reparar injusticias sociohistóricas.

Para materializar el cambio, se implementaron políticas que las transformaron: se fundaron departamentos y asignaron grandes presupuestos para que cada aspecto de la vida universitaria reflejara estas teorías. Inclusive, se intervino en el lenguaje y se creó  el concepto de microagresiones. Pronto se difundieron guías y catálogos de lenguaje inclusivo y microagresiones ¡cuidado con equivocarse! una microagresión es un comentario cotidiano que, sin mala fe, “agrede” a grupos marginados.

De la teoría se pasó a la lucha política. La manifestación más visible de este fenómeno fue la cultura de la cancelación: si un profesor expresaba ideas contrarias al dogma hegemónico (por ejemplo una crítica a la identidad de género), se organizaban boicots masivos para impedir su charla y forzar su despido. De hecho, las cancelaciones se extendieron a cualquier personaje público a través de las redes sociales ocasionando, en ciertos casos, su muerto social e, inclusive, su suicidio.

Un caso muy sonado fue el del actor Johnny Depp, acusado de violencia de género por su esposa Amber Heard. Durante el largo y penoso proceso, no solo el actor fue cancelado, sino una serie de colegas y amigos que se atrevieron a defenderlo en las redes, entre ellos su exesposa Lori Allison. Muchos fueron obligados a retractarse por la turba digital. Al final, Depp pasó al ataque, denunció a Heard y, en un procedimiento que todo el planeta presenció, demostró claramente que la víctima de violencia doméstica fue él: Heard resultó condenada.

En otro orden de cosas, para conseguir trabajo o mantener el que ya tenían, muchos académicos fueron obligados a escribir ensayos acerca de diversos aspectos de la teoría wokista, aplicado a diversas áreas del conocimiento. Al mismo tiempo,  fue obligatoria la matrícula a talleres donde se enseña a estudiantes y empleados que todos son intrínsecamente racistas debido a su crianza en una sociedad injusta. Desde José Stalin, no se conoció nada parecido.

Respecto del feminismo

Dentro de la cosmovisión woke, el feminismo ha mutado hacia posturas que van mucho más allá de la igualdad legal tan anhelada en las luchas que libraron durante  los años sesenta. En cambio, las corrientes actuales buscan desmantelar las estructuras de la civilización occidental, las que consideran intrínsecamente patriarcales.

Al respecto, proponen el fin del “binarismo de género” y el de la mujer como sujeto biológico. El concepto mujer pasaría a ser exclusivamente un constructo social elaborado para asegurar su opresión. De acuerdo con estas tesis, no existen ni hombres, ni mujeres, lo que existen son identidades líquidas, fluidas o flexibles, a veces pasajeras.

Por otro lado, la familia tradicional, papá, mamá e hijos, constituye la  unidad básica de reproducción del capitalismo patriarcal, así como una herramienta de dominio sobre el cuerpo de la mujer. Inclusive, la maternidad resulta objeto de  crítica pues supone la perpetuación de la dominación sobre las mujeres.

La crítica feminista ha llegado a la justicia, en universidades de todo el planeta es normal que se apliquen reglamentos de género en los cuáles a una supuesta víctima de violencia de género se le cree de antemano y se le provee de abogado y psicólogo, frente al procedimiento interno por iniciarse. Al contrario, el acusado es separado preventivamente de su cargo, estigmatizado, y encontrado responsable hasta que demuestre que no lo es. Luego, si lograse demostrarlo, igual el daño ocasionado en su contra es irreversible.

En algunos países estos procedimientos han alcanzado a la justicia. Es el caso de España y su ley en contra de la violencia de género, aprobada en 2004, en cuyos efectos funciona exactamente igual que los reglamentos universitarios que acabamos de referir: una mujer denuncia a su cónyuge por violencia, este es encarcelado tres días de manera preventiva, es expulsado de su domicilio preventivamente, como daño colateral -estigmatización- la más de las veces es despedido de su trabajo. En suma, su vida resulta arruinada, de nada le vale que dos años después un tribunal de género, que aplica justicia a base de todos los criterios que aquí hemos resumido, lo encuentre inocente. Su vida terminó desde el momento en el que fue denunciado. Alguien se olvidó, en el camino, que la presunción de la inocencia es un derecho fundamental.

Puesta en común

Podría decir muchas cosas más, podría hablar de la teoría poscolonial, del derribo de las estatuas de Cristobal Colón y un largo etc. pero es la hora de los matices. Sí creo que hay violencia contra la mujer, desde luego, y también creo que existe racismo y que, además, es sistémico. El error basal cometido por el  movimiento wokista, cuya ideología acabo de describir, es haberse planteado como meta socavar las bases mismas de la civilización occidental pues entre esas bases se encuentran, o se encontraban, la propia democracia y los derechos fundamentales.

No soy un conservador radical, no creo que la única familia deba ser la familia tradicional, pero los planteamientos de destruirla o de tomarla como el enemigo me resultan absolutamente aberrantes, tanto como el intento de descartar la biología de la ecuación para definir a un hombre, una mujer y a una persona LGTBI+, es que no se puede. Luego, también entran en juego los factores sociales y culturales, es obvio, y está bien, ya nos lo dijeron los primeros sociólogos y antropólogos hace poco más de un siglo, también nos lo dijo Freud, ciertamente.

La caída del muro de Berlín, en 1989, abrió para occidente la era de los derechos y sus vanguardias académicas y universitarias no hicieron otra cosa que convertirla  en su propio oxímoron: un jacobinismo de los derechos, principalmente, el de las minorías, un jacobinismo que olvidó que aquel varón al que le destrozaron la vida en redes sociales tenía finalmente derecho a defenderse, y también tenía derecho a ser hallado inocente mientras no se le demostrase lo contrario, y también tenía derecho a que se preserve su honor ante la sociedad, y que, ante la universalidad de los derechos humanos, sin la cual no puede haber democracia, no cabía decapitarlo en la Place de la Concorde virtual.

Ud. conoce la respuesta a su pregunta amigo Ignacio Lula da Silva, la conoce perfectamente bien, y, en todo caso, aquí se la he recordado. La pregunta ahora es otra: tiene Ud. razón, el wokismo fue tan radical que aterrorizó a la mayor parte del mundo occidental el que buscó cobijo en posiciones conservadoras que -como natural reacción- también se extremaron. Y resulta que ahora están prevaleciendo en el mundo.

Tal vez el progresismo debiera comenzar por esa enorme autocrítica que se debe a sí mismo y que nos debe a todos los que esperábamos de él un desempeño medianamente racional. Tras ello, es posible que puedan ver más claro el panorama y comenzar a ser más razonables. Occidente necesita un balance, necesita una izquierda pero democrática, y necesita una derecha democrática también, cómo no.

Foto, Ignacio Lula da Silva y Pedro Sánchez, mandatarios de Brasil y España respectivamente, en reciente cumbre de líderes progresistas realizada en Barcelona.

[OPINIÓN] Rafael López Aliaga ha decidido regalarnos una pequeña pieza de teatro electoral. Shakespeare, la habría titulado To be or not to be… según cómo vaya el conteo. Porque de eso se trata: atacar o callar, incendiar o susurrar, denunciar el apocalipsis o hacerse el místico, siempre dependiendo de una sola variable: si él entra o no a la segunda vuelta.

Apenas aparecieron los problemas logísticos del domingo, López Aliaga no habló de fallas ni de desorden. Habló de fraude. No de dudas, no de observaciones, no de prudencia. Fraude. Vinieron los insultos a la ONPE, a sus funcionarios, pedidos de prisión…  cifras lanzadas al aire como confeti y las acusaciones sin prueba, todo con esa delicadeza perturbada que lo caracteriza cuando se siente perjudicado. El problema es que ni la OEA, en su informe preliminar, habló de fraude: habló de retrasos logísticos, simulacros incompletos y en 13 locales de votación afectados en Lima. Desorden, sí. Conspiración, no. Pero para un hombre cuya relación con la evidencia es, digamos, libre, ese detalle es secundario.

Luego llegó la fase heroico-barrial. Amenazó con “insurgencia ciudadana”, pidió anular las elecciones y puso ultimátums, plazos perentorios al JNE como si la democracia fuera un trámite notarial que se corrige levantando la voz. Lo pintoresco vino después: el mismo hombre que denunció el fraude sin mostrar ninguna prueba terminó ofreciendo S/ 20.000 a quien pudiera alcanzarle alguna. Notable epistemología: primero acusar, luego salir a comprar la evidencia. Eso, en cualquier diagnóstico serio, no es método. Es un síntoma.

Porque ahí está el asunto que nadie quiere nombrar con todas sus letras: un candidato que no controla sus impulsos cuando pierde no va a controlarlos cuando gane. Un político que confunde su frustración con prueba jurídica no va a distinguir entre su voluntad y el interés público. Y un líder que mueve entre los exabruptos  y el silencio según dónde apunta el marcador no tiene convicciones: tiene estados de ánimo.

Con la ONPE al 93% de actas procesadas, López Aliaga iba tercero por un margen estrecho. Y, curiosamente, el incendiario de anteayer empezó a administrar sus decibeles. Cuando parecía fuera, fraude. Cuando todavía podría colarse, prudencia. La geometría variable en estado puro. Finalmente se trata de un ingeniero a carta cabal.

En castellano simple: no estamos ante un defensor de la transparencia. Estamos ante un hombre que juega a demócrata con fósforos en una mano y calculadora en la otra. Lo segundo preocupa. Lo primero, en alguien que pretende dirigir un país, debería asustarnos.

 

[INFORME] Sudaca pudo revisar numerosos documentos de Contraloría que exponen las diversas falencias de la ONPE en la preparación de la jornada electoral. Falta de personal, ausencia de material para capacitaciones y hasta injustificados cambios en contratos destacan en estos informes.

Tras cinco años de permanente crisis, las elecciones del pasado domingo se asomaban como la esperanza de alcanzar cierta estabilidad con nuevos integrantes del Ejecutivo y Legislativo que representen un proyecto de país que cuente con un mayor grado de respaldo por parte de la población.

Sin embargo, lo que debía ser el inicio de una nueva etapa entre los peruanos y sus políticos terminó en un escándalo insólito que ha convertido el proceso electoral en una extensión de la crisis política que atraviesa el país. Las injustificables demoras con la entrega del material para instalar las mesas de votación generaron un razonable clima de zozobra en distintos puntos de la capital donde, incluso pasado el mediodía, se reportaban largas colas de espera y, en casos todavía más graves, se le anunciaba a los votantes que sus respectivas mesas nunca serían instaladas.

En un contexto en el cual un sector de la población desconfía de sus autoridades, no era impensado prever que una situación como esta derivaría en la formulación de todo tipo de especulaciones. En este informe, Sudaca pudo revisar las numerosas advertencias hechas por la Contraloría durante las semanas y meses previos al domingo 12 de abril.

DESDE INICIO DE AÑO

Si bien es justo señalar que en todo proceso electoral pueden ocurrir imprevistos, la tolerancia hacia estos cambia cuando se tiene en cuenta que las deficiencias en la preparación para estas elecciones venían registrando advertencias desde hace varios meses incluso para labores que requerían un menor despliegue que el del domingo.

Sudaca pudo acceder a un documento de la Contraloría en el cual se advertía de una situación adversa relacionada con la capacitación del personal que trabajaría en las Oficinas Descentralizadas de Procesos Electorales (ODPE). Según se había programado, el personal de la ODPE de Puno debía llevar a cabo la capacitación de su personal la tercera semana de febrero.

Sin embargo, tal como se puede observar en la siguiente imagen, cuando llegó el día de la capacitación, la persona encargada no contaba con el material necesario. Pese a que se había estipulado una cantidad determinada de elementos, el 16 de febrero apenas contaban con treinta de los más de ochocientos lapiceros requeridos y ninguna de las credenciales que solicitaron.

 

Por supuesto, esta actividad sí estaba contemplada en la asignación de presupuesto para la Oficina Descentralizada de Procesos Electorales de Puno. Según se señala en el propio documento de Contraloría, se dispusieron cerca de cuatrocientos mil soles para la adquisición de materiales que no llegaron.

Pero este no fue un episodio aislado. La Oficina Descentralizada de Procesos Electorales de San Román, también del departamento de Puno, recibió un presupuesto de casi doscientos ochenta mil soles para la capacitación de su personal y también reportó falta de materiales básicos como plumones, cintas de embalaje y cartulinas.

Otro informe de Contraloría sobre la Oficina Descentralizada de Procesos Electorales de Puno pone al descubierto que tampoco contaban con computadoras para sus labores y que, ante el trabajo que tenían pendiente, el personal de esta ODPE tenía que utilizar sus propias computadoras.

Sudaca pudo encontrar por lo menos treinta y siete documentos de Contraloría, que corresponden a los meses de febrero y marzo, en los cuales se reportan problemas a nivel nacional relacionados con la capacitación del personal que estuvo a cargo de la preparación para el proceso electoral. Entre los problemas más recurrentes se encontraba la ausencia de materiales para dichas capacitaciones y la falta de personal que no habían contratado pese a que el cronograma establecía que para esas fechas debían estar disponibles.

CAMBIOS SIN JUSTIFICACIÓN

En otra situación insólita, la Oficina Descentralizada de Procesos Electorales de Ica realizó una extraña modificación en los términos de referencia para la contratación del servicio de transporte que tendría bajo su responsabilidad entregar el material necesario para instalar las mesas de votación.

Pese a que Gerencia de Organización Electoral y Coordinación había estipulado que los vehículos debían tener un máximo de diez años de antigüedad, esta ODPE decidió de forma unilateral extender a quince años de antigüedad el requisito para la contratación de transporte para el material electoral.

Pero la oficina de Ica no sería la única en realizar este tipo de cambios. En la provincia de Mariscal Nieto, la Oficina Descentralizada de Procesos Electorales también tomó la decisión de dejar de lado lo establecido por la Gerencia de Organización Electoral y Coordinación y amplió el requisito de antigüedad de vehículos que contratarían para la jornada electoral.

Estas irregularidades no sólo habrían ocurrido con los vehículos. En otro de los informes revisado por este medio se pudo encontrar que hasta habían contratado a personal que no cumplía con los requisitos establecidos como obligatorios para trabajar en una de las oficinas en Ayacucho.

Si bien no existen argumentos que respalden la narrativa del fraude que algunos políticos intentan instalar en la opinión pública, lo que sí está respaldado por evidencia contundente es que la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) no se preparó de la manera más adecuada de cara a las elecciones pese a que, como se observa en los informes que de Contraloría, existieron numerosas señales de alarma sobre sus deficiencias.

[Migrante al paso] Nuevas elecciones, el mismo caos de siempre, pero peor. Recuerdo mi primera votación presidencial en el 2016. Las de 2011 aún tenía 17 años. Pasaron a segunda vuelta PPK con Keiko Fujimori. Caminaba un poco intimidado desde mi casa, unas cuadras, hacia mi centro de votación. Un colegio con números y sin nombre. Todavía no conocía la realidad peruana y era más ignorante de lo que creía. En el camino, solo iba repasando lo que tenía que marcar y cómo, basándome en lo que me habían dicho mis padres. Entré rápidamente, ubiqué mi mesa de votación, marqué, firmé y salí. Me sentí adulto, como la primera vez que manejé. Supongo que muchos jóvenes hicieron lo mismo en las elecciones del domingo que acaba de pasar. Veo a muchos periodistas y líderes de opinión resaltando los mismos argumentos de siempre. No es un problema solo de los que no están enterados, de los que no han recibido una educación o de los que sí. Es un problema enganchado en todas las áreas, desde las más académicas hasta las más informales. Es muy fácil darse cuenta de que el famoso voto anti Keiko ha disminuido; no es necesario ser politólogo. Sin embargo, siguen con esa idea como si no quisieran aceptar que eso cada vez se vuelve menos certero. La realidad actual es muy diferente a la de las últimas elecciones. Generaciones enteras que no conocen lo sucedido durante el fujimorismo, ni lo que sucedió con el terrorismo y mucho menos las atrocidades cometidas por el Estado en ese momento oscuro de nuestro país. Es normal, porque somos una sociedad que olvida. Por eso las orientaciones radicales están en aumento en todo el mundo. Por eso he reducido drásticamente a quiénes escuchar y a quiénes omitir. No soy un experto, pero a mi parecer el análisis tiene que venir desde esa premisa, una en la que las tendencias cambian con el tiempo.

Esta vez, ya estaba informado y tenía mi propio análisis y opinión. Me levanté temprano, comí, me compré una Red Bull y fui caminando tranquilo; tomé todas las medidas necesarias para no estar de mal humor y funcionó. Claramente, después de enterarme de tantas negligencias y del panorama que se aproxima, comencé a caer de a pocos en el remolino de incertidumbre y estrés. Varias personas que tengo en redes sociales que desacreditaban a Jorge Nieto por una foto con Víctor Polay, les preguntaba si sabían quién era este señor: un rojo antiguo, me comentaban; claramente solo demostraban que no sabían nada. Ni siquiera me tomaba el tiempo para explicarles porque ya había probado mi punto. Decidí seguir la semana como si no hubiera pasado nada; recordaba unas palabras de Jaime Bayly, alguien que no admiro ni le tengo aprecio especial, pero su frase dio en el clavo: lo bonito de la vida no está en la política.

Por otro lado, veo a gente ilusionándose por una potencial segunda vuelta con Jorge Nieto en ella; también veo posts en Instagram que decían “mañana sale el sol”, haciendo referencia al logo del Partido del Buen Gobierno. También, periodistas de renombre alabando a Marisol Pérez Tello. Solo podía pensar: ¿son estos los veteranos que saben de política? Porque no lo parecen. Esos dos eran mis opciones principales y, efectivamente, voté por Nieto, pero de eso a ilusionarme hay un gran paso. Creo que ya todos los peruanos deberíamos saber que celebrar antes de tiempo por la política de nuestro país es un error garrafal. Por más que tengan el beneficio de la duda, eso no los vuelve motivo de celebración; más bien es una advertencia para mantenerse alerta. Me baso puramente en que la persecución del poder suele atraer a las personas más débiles, débiles en el sentido mental de la palabra. Por más que ellos sean mis candidatos, no confío en ninguno de ellos ni un poquito.

Keiko Fujimori, Rafael López Aliaga y Roberto Sánchez no tienen el beneficio de la duda, solo hechos. Por lo tanto, no entiendo cómo estos impresentables lideran hasta el momento los conteos. Me parece repugnante, pero no me puedo quejar. Después de todo, estamos en democracia. Así que tanto el voto estratégico, el consciente y el alpinchista son igual de válidos. Incluso los viciados. De ahí ver podcasts y noticieros que te dicen qué no se debe hacer es una mentira. Es parte de nuestro derecho votar por quien queramos, lo entendamos o no. Y no se confundan, tu preferencia en los votos no te hace superior a nadie, eres simplemente un votante más.

Me parece nefasto ver estas caras que me generan repulsión liderando las encuestas, pero no hay nada que pueda hacer, porque no tengo autoridad moral sobre nadie. Para los que hablan de autoridad intelectual, creo que tienen que ir al psicólogo para que se les bajen los humos. Después de todo, los resultados al final son un reflejo de lo que somos como país y el resultado que salga lo tenemos que aceptar como buenos ciudadanos. De lo contrario, caeríamos en lo mismo que muchos odiamos, como cuando declaran fraude y falacias por el estilo. En este caso, la gota que rebalsó el vaso de irresponsabilidad, negligencia y estupidez es lo sucedido con la ONPE y el retraso en la votación. Ese tipo de cosas deberían ser sancionadas porque alimentan estas teorías conspiratorias y, lo peor, es que dejan de parecer descabelladas. Veremos cuáles son los resultados y mi consejo sigue siendo el mismo de siempre: hay que mantenerse siempre como oposición, salga quien salga, y no celebren ni se ilusionen. Porque la victoria no se canta con el sufragio sino con los buenos hechos que ocurran durante el gobierno, que ya todos sabemos, hemos tenido muy pocos, por no decir ninguno.

[Música Maestro] Desde hace varias semanas me venían apareciendo sus reels en Instagram y Facebook, pero no me animaba a subirles el volumen. La imagen era llamativa, algo absurda, con dos o tres elementos que coincidían con mis búsquedas habituales, entre el metal, el rock progresivo, el jazz y el funk: una guitarra double neck -o sea guitarra y bajo a la vez-, disfraces extravagantes y movimientos que me permitían intuir ritmos no convencionales. Solo dos músicos en un ambiente muy bien iluminado y una escenografía simple que coincidía con sus trajes, interpretando sabe Dios qué. “Otro día…”, pensaba, cada vez que el algoritmo me los sugería.

La semana pasada, navegando por YouTube, me conecté al siempre interesante canal de Rick Beato y, en una de sus últimas miniaturas, aparecía con rostro de desconcierto, flanqueado por las imágenes de aquellos dos extraños personajes y al centro, en grandes caracteres, la pregunta “What is this?” (“¿Qué es esto?”). Debajo de ese texto, una frase en francés que claramente era el nombre del dúo. Mientras, el título del video tenía otra oración sugerente: “Please STOP sending me this” (“Por favor, DEJEN de enviarme esto”). Era momento de darle play.

Beato, experto productor y talentoso músico, una autoridad en todo lo relacionado a la historia y actualidad de la industria discográfica anglosajona, a quien siempre recurro por sus didácticos enfoques y profundas entrevistas a figuras -músicos, compositores, productores- del pop-rock y jazz de distintas épocas, comentó en su video de nueve minutos de duración que sus redes sociales y canales de contacto estaban saturados de mensajes solicitándole -casi rogándole en realidad- su opinión acerca de este nuevo fenómeno que estaba viralizándose por todas partes. Correos electrónicos, superchats, WhatsApps desde diferentes lugares del mundo. Y, bueno, decidió ocuparse del tema. Y yo decidí revisar su video. Lo que vi y escuché me sorprendió tanto como a él.

Un viral diferente

Cuando escuchaba el relato del YouTuber acerca del por qué no atendía el pedido de sus miles de seguidores, me sentí plenamente identificado con esa actitud. Generalmente, no reacciono a los virales porque tengo claro que son golpes de efecto producidos por cuestiones pasajeras, alguna ocurrencia graciosa o extrema pero sin sustancia, un “reto” que nace en un garage o en un jardín y luego es replicado por influencers, estrellas de cine y farándula -local y/o extranjera-, o cualquier otra imagen que, por divertida, grotesca o ridícula, llama la atención de las masas cibernautas.

Sin embargo, esto resultó ser otra cosa. El video matriz, del cual se vienen desprendiendo todos esos reels desde febrero, es una presentación de casi media hora, parte de un festival organizado por la revista musical francesa Les Trans y la escuela de artes ESMA (École Supérieure des Métiers Artistiques), retransmitido por el sintonizado canal de la KEXP, emisora norteamericana asociada a la NPR, la de los Tiny Desk Concerts. La tocada se realizó en un estudio de la ciudad de Rennes, al norte de Francia, sede de uno de los enormes campus de esta institución educativa privada que ofrece programas de lo más atractivos, diversos y tecnológicamente actualizados.

Una digresión coyuntural: una ola de envidia sana recorrió mi organismo al ver esa imponente infraestructura -moderna, sofisticada, funcional- puesta al servicio de la educación creativa, audiovisual y artística de cientos de jóvenes franceses, después de escuchar las “propuestas” balbuceadas por diminutas candidaturas para una educación peruana sumida en el abandono, la mediocridad y la corrupción. El eslogan de ESMA lo dice todo: “El arte es serio”.

Un nuevo capítulo del “shock-rock”

En francés, “angine de poitrine” significa “angina de pecho”, una dolencia que puede ser prólogo de un infarto. Extraño nombre para un grupo musical, sobre todo si tomamos en cuenta que hay muy pocas bandas conocidas con nombres de enfermedades físicas.

Pienso, por ejemplo, en los vascos de Eskorbuto, los peruanos Leusemia -ambos representantes del punk en castellano-, los neoyorquinos indierockers The Strokes o los inclasificables británicos Cardiacs -curiosamente, ambos relacionados a males coronarios- mientras que, en géneros más extremos del metal abundan nombres inspirados en condiciones mentales, referencias bíblicas-satánicas o incluso agentes bacteriológicos y contaminantes.

Angine de Poitrine es el nombre de este dúo de músicos canadienses que, siguiendo una tradición iniciada hace más de cincuenta años por Kiss y Alice Cooper, se presentan al público ocultando sus identidades. Pero, si “la banda más caliente del mundo” o el rey del hard-rock teatral dejaban bastante claro que había seres humanos detrás de sus pinturas faciales, pelucas, disfraces y coreografías, esta pareja opta por crear la ilusión de que son extraterrestres de punta a cabo.

Pero no en el estilo de los norteamericanos Gwar y sus clones fineses Lordi, que representan a monstruos amenazantes y lascivos, sino más en la onda misteriosa y cínica de The Residents, llevando un nivel más allá lo que hemos visto en artistas como el guitarrista Buckethead, los numetal de Slipknot o Les Claypool, bajista y líder de Primus y otros proyectos musicales quien, a menudo, sale al escenario usando máscaras antropomórficas o sombreros extraños, una tradición que también tiene sus orígenes en el rock clásico, como son los casos de Genesis o The Crazy World of Arthur Brown. El “shock rock” es todo un subgénero del que Angine de Poitrine viene a conformar un capítulo nuevo y particularmente fascinante por sus intrincados detalles.

Angine de Poitrine: Generales de ley

Khn de Poitrine (guitarras, bajos, pedales secuenciadores) y Klek de Poitrine (batería) son los ¿nombres? de estos músicos que, según indica su web oficial, tocan juntos desde que son adolescentes. Se comunican a través de enigmáticas señas -un triángulo que arman con las manos, los brazos abiertos haciendo ondas- y un ¿idioma? propio basado en sonidos distorsionados y robóticos imposibles de reproducir con voces humanas. Salvo el nombre del grupo, nada de lo que ¿dicen? se entiende.

Esto tampoco es una novedad, estrictamente hablando, si recordamos el idioma “kobaïan”, creado por el baterista francés Christian Vander (78), factótum de Magma, una de las principales bandas de rock progresivo europeo no británico. O las palabras carentes de sentido que Charly García inventó para cifrar los mensajes antidictadura de varias canciones emblemáticas de Serú Girán (1978-1982), quizás inspiradas en el glíglico cortazariano.

Aunque parece claro que son dos hombres jóvenes -por complexión, por movimientos- nadie está en capacidad de saber las edades reales de Khn y Klek de Poitrine. Tampoco conocemos sus verdaderos nombres, por supuesto. El único dato concreto es que llegaron no desde alguna galaxia desconocida sino  de Quebec, la colorida región francófona que se extiende por todo el oriente canadiense, pegada al Atlántico.

Como dice la sumilla de la página web oficial del dúo: “Angine de Poitrine es un proyecto artístico anónimo. Cualquier especulación acerca de la identidad de sus integrantes no está verificada, no cuenta con el respaldo del grupo y podría constituir una invasión de la privacidad”. En tiempos en que el exhibicionismo descarnado es la norma, este único hecho ya constituye un acto contracultural que merece atención.

Rock progresivo y música microtonal

Las canciones de Angine de Poitrine son fundamentalmente instrumentales, con esporádicas exclamaciones ininteligibles de ambos músicos en distintos momentos de algunas de ellas. Para el oído experto, las influencias son muy claras. Sus riffs recuerdan principalmente a King Crimson -canciones como Frame by frame (1981) o Larks’ tongues in aspic (1973) me vienen a la mente de inmediato – y la dinámica de cada instrumentista tiene características muy marcadas.

La guitarra/bajo posee el vértigo de los mejores momentos de Rush y Primus, sazonado con disonancias y polirritmos muy complejos, “zappaescos” como declaró recientemente Khn en la revista especializada Noize Magazine. Por su parte, la batería muestra el pulso y la potencia de Neu! y Can, estrellas del krautrock alemán, con arranques de funk y jazz fusión.

En general, la música que hacen viene catalogándose como math-rock (rock matemático), rótulo que la crítica especializada atribuye a este estilo por la precisión que requiere su ejecución, cuyos orígenes podemos ubicar también en la década de los años setenta. Sin embargo, todo este bagaje extraído de otras épocas es enriquecido por la forma en que estos canadienses componen y tocan, haciendo de su interpretación una experiencia realmente innovadora y peculiar.

Khn usa un instrumento de doble diapasón, como en el pasado lo han hecho Mike Rutherford (Genesis), Geddy Lee (Rush) o Chris Squire (Yes), un motivo adicional para asociarlo al prog-rock más tradicional. El detalle está en su configuración microtonal, con mayor cantidad de trastes ubicados a muy corta distancia entre sí, diseñada especialmente para él por el luthier Raphaël Le Breton.

Este trasteado convierte las mínimas variaciones ubicadas en los intervalos que todos conocemos -los semitonos de la teoría musical de Occidente- en notas separadas unas de otras, lo cual permite crear líneas disonantes combinando tensión y fluidez. La música microtonal, por cierto, se practica desde hace siglos en civilizaciones del sudeste asiático como Indonesia y en la India. De hecho, Robert Fripp se inspiró en ese estilo para mucho de lo que compuso en King Crimson, durante el periodo 1981-1983 que analizamos en esta nota.

Adicionalmente, maneja con los pies una extensa pedalera de secuenciadores –loops– para generar capas y capas de riffs, melodías y solos que va superponiendo unos sobre otros, mientras que su ¿hermano? Klek le da fondo con una batería de golpes secos -la cubre con una tela para conseguir ese efecto- y de pocos elementos, si la comparamos con las de Neil Peart, Phil Collins o Bill Bruford -solo por mencionar a tres bateristas clásicos de prog-rock-, pero que sorprende por la facilidad con la que desarrolla patrones rítmicos irregulares sin perder el paso.

¿Y de qué están disfrazados?

Aunque es difícil de determinar, una cosa es segura. Es imposible que los Angine de Poitrine pasen desapercibidos. En los videos y reels que andan circulando por el ciberespacio, va descubriéndose que, además de verse extraordinariamente bizarros, tienen la intención de generar misterio respecto de sus costumbres, procedencias y personalidades, desarrollando una historia detrás de la música que tiene el potencial de acercarlos a públicos masivos incapaces de entender lo que tocan, más atraídos por el aspecto visual de su propuesta artística.

En líneas generales, sus atuendos poseen el mismo diseño, pero cada uno funciona como el negativo del otro, en modo que nos recuerda a la oposición gráfica y cromática del yin y el yang, principio fundamental del taoísmo chino. Mientras Khn, el guitarrista/bajista, usa máscara blanca con puntos negros -el yang, elemento masculino-; la del baterista Klek es negra con puntos blancos -el yin, elemento femenino.

Esta dicotomía complementaria, también influenciada por el cubismo y el dadaísmo de posguerra, se repite en todo lo que los rodea, desde las vestimentas hasta los instrumentos y las paredes. Otra característica común son las prominentes narices que parecen inspiradas en cierta especie de simio asiático, aunque también podríamos relacionarlas al dualismo taoísta. Mientras la nariz blanca -masculina- es firme y horizontal, la negra -femenina- es flácida y móvil.

Khn lleva sobre la cabeza un enorme ¿casco? blanco en forma de campana o pirámide trunca puesta al revés. En lugar de ojos definidos vemos signos de dólar. El pelo y la barba, de color naranja, son como sogas y su vestimenta negra lo cubre de cuello a tobillos. Las manos y pies, que necesita libres para tocar y manipular la pedalera, están también pintados de blanco.

En el caso de Klek, la cabeza negra es larga y tubular, con una pequeña ventana en la parte baja -una boca falsa- a través de la cual asoman los verdaderos ojos del baterista y termina en una diminuta pirámide dorada. Los falsos ojos, ubicados en la parte alta, también tienen esa forma piramidal. Su ropa es blanca y suelta, para permitir la movilidad de brazos y piernas, indispensables para tocar. Ambos llevan -Khn en el centro del casco, Klek en el centro del pecho- un triángulo dorado sobre el cual colocan sus manos, replicando esa figura geométrica, para saludarse entre sí y al público.

La música de Angine de Poitrine

“Cuando yo era niño pensaba que así iba a sonar la música en el 2026… ¡y aquí estamos!” escribió Mike Portnoy en sus redes sociales, luego de escucharlos. Rick Beato coincidió casi al milímetro con el baterista de Dream Theater, uno de los mejores músicos de su generación, al escribir que “así es como imagino que debe sonar la música en el futuro”. Como ellos, otras personalidades del rock mundial también han reaccionado con admiración ante este grupo cuya agenda de presentaciones en festivales no hace más que crecer.

En total han grabado doce canciones, distribuidas en dos discos de seis temas cada uno. Su primer álbum, Vol. I, apareció en junio del 2024 y el segundo, titulado simplemente Vol. II, acaba de lanzarse los primeros días de abril, con gran expectativa tras el impacto de su presentación en KEXP que, en solo un mes y medio, ya supera los siete millones de visualizaciones. Ambos están disponibles en formato digital y en vinilo a través de su cuenta en BandCamp.

Tienen fechas de conciertos en Estados Unidos, Canadá y Europa programadas hasta noviembre de este año y sus imágenes siguen llenando las redes sociales, captando cada vez más y más seguidores. Ya sea por curiosidad o por genuino apego a la música virtuosamente tocada y difícil de escuchar, el revuelo que ocasiona Angine de Poitrine a nivel mundial está lanzando un mensaje de resistencia contemporánea frente a la homogeneización de contenidos musicales que propone el pop-rock actual, desde Lady Gaga y Coldplay hasta Beyoncé y Shakira. ¿Se puede ser viral sonando como King Crimson y sin recurrir a la IA en el año 2026? Este dúo canadiense está demostrando que sí.

[OPINIÓN] Lo advertimos. No como profetas, sino como observadores con memoria. Hace unos meses escribimos sobre el libre tránsito de personajes sin historia, sin peso y sin vergüenza por los pasillos de un partido que alguna vez impuso respeto solo con su nombre. Lo que entonces era una advertencia, hoy es una triste realidad.

El APRA acaba de completar su peor actuación electoral en cien años de historia. No como víctima de una conspiración ni aplastada por una dictadura. Sino derrotada por la mezcla más peligrosa que puede existir en política: irresponsabilidad con ambición. Dos combustibles que, juntos, no generan energía. Generan un desastre.

Hubo quienes intentaron evitarlo. Luis González Posada, Jorge Del Castillo, Nidia Vílchez, Ricardo Pinedo y Javier Velázquez, los que aún conservaban la brújula, lo vieron venir. Hablaron. Advirtieron. No fueron escuchados. Y esa es, quizás, la parte más dolorosa: no es que nadie supiera lo que iba a pasar. Es que los que sabían fueron desplazados por los que no sabían nada, pero querían todo.

Porque eso también fue. Ambición sin sustento. La de quienes tomaron el partido por asalto creyendo que la militancia era un trampolín y no una responsabilidad. Y para justificar ese asalto, construyeron una comunicación que en los últimos meses alcanzó niveles de despropósito difíciles de documentar sin ruborizarse. Declaraciones sin sustento, performances sin dignidad, mensajes redactados con la gramática del oportunismo y la profundidad del absurdo. Todo ello en nombre de un partido que alguna vez produjo doctrina, pensamiento y liderazgo continental.

El contraste es brutal. Víctor Raúl Haya de la Torre fundó un movimiento que sobrevivió exilios y dictaduras. Alan García lo llevó dos veces al gobierno. Armando Villanueva, Luis Alberto Sánchez, Ramiro Prialé construyeron una estructura que fue, durante décadas, columna vertebral de la política peruana. Todo ese capital histórico no pudo resistir lo que sí logró destruirlo: la inocencia perversa de creer que el APRA era una plataforma disponible, una marca heredada que cualquiera podía usar para proyectarse sin haber construido nada.

El resultado está a la vista. El partido que “nunca moría” es hoy, en el mejor de los casos, una nota al pie. En el peor, la prueba de que cien años de historia no bastan si en el momento decisivo mandan los que menos merecen mandar.

Hace unos meses escribimos que si algunos seguían jugando al ridículo, y otros seguían permitiéndolo, quizá lograrían desahuciar al partido después de cien años.

No queríamos tener razón.

La tuvimos.​​​​​​​​​​​​​​​​

[OPINIÓN] Si algo podía salir mal, no solo salió mal: lo celebró con mítines de fin de campaña.

Murphy nunca conoció a Rafael López Aliaga, pero de haberlo conocido lo habría convertido en el ejemplo definitivo de su teoría. El hombre elevó la Ley de Murphy a categoría de doctrina de gobierno. Y hoy, mientras el Perú cuenta votos, la teoría se consagra.

Esto no es mala suerte. Esto es un estilo.

Un estilo donde gobernar se confunde con pelear, liderar con imponer, y hacer obra pública con reinaugurar la misma cosa cada seis meses como si fuera otra. La Ramiro Prialé lleva más reaperturas que la Virgen de Chapi en procesión. La Vía Expresa avanzó en el caos hacia ninguna parte. Mucho anuncio, mucha foto, poca ingeniería. Pero el problema de fondo nunca fue de asfalto ni de improvisación. Fue de carácter.

Desde el primer día, López Aliaga eligió la estrategia más eficiente para quedarse solito: pelearse con todo el mundo. Prensa, empresarios, autoridades, ministros, instituciones. Corruptos y gente de mierda le brotaban como saludo cordial, y ojo, soy muy millonario como advertencia. Puerta que se le abría, él la cerraba de un portazo. Alianza que se le ofrecía, él la convertía en guerra santa.

Resultado: aislamiento total. Sin aliados. Sin equipo técnico del que alguien pueda presumir algo.

Ahí están los trenes impuestos a la brava, que probablemente terminen decorando un estacionamiento como monumento a la improvisación populista. Ahí está el circo de Rutas de Lima: un conflicto manejado con la delicadeza de un rinoceronte en cristalería que terminó en tribunales internacionales. La cuenta no la paga el ex alcalde. La paga Lima. Miles de millones que saldrán del bolsillo de todos los que lo aplauden con los pies porque ahora no pagan peaje.

Y con ese currículum, quiso ser presidente.

Pasó meses liderando encuestas. Fue el favorito, el inevitable, el que iba a barrer. Y entonces empezó a hacer lo que mejor sabe hacer: destruirse solo, con una constancia que merece algún tipo de reconocimiento académico.

Los boca de urna de hoy lo ubican entre el 11% y el 12,8% — dependiendo de a quién le creas —, en empate técnico con Jorge Nieto y otros. Si los números de Ipsos se confirman, ni siquiera pasa a segunda vuelta. Si se confirman los de Datum, pasa con lo justo, sin mandato ni momentum. En cualquier caso: un hombre que lideró las encuestas durante meses termina el día de la elección mirando los resultados con lupa para saber si sobrevivió.

Nadar y nadar para morir en la orilla.

Porque esto no es tragedia griega ni épica de resistencia. Esto es consistencia en el desastre. Un hombre que convirtió el error en método, la confrontación en estrategia y la terquedad en religión. Se veía venir. Y ahora que la factura llegó — en forma de votos que no fueron — que no digan que en esta columna no los advertimos.

Murphy debe estar riéndose en su tumba. López Aliaga consagró su teoría sin querer queriendo.

  • Solicitan a la PCM y Contraloría investigar al presidente del Indecopi por presuntas irregularidades en caso del alambrón
  • Plantean falta grave del presidente del Indecopi en proceso clave del sector metalmecánico
  • El pedido se sustenta en una serie de hechos que, comprometerían los deberes de neutralidad, transparencia e imparcialidad que rigen la función pública, particularmente en procedimiento antidumping sobre las importaciones de alambrón de acero provenientes de China.

Lima, 8 de abril de 2026.- La empresa Productos de Acero Cassado S.A. (PRODAC) solicitó formalmente a la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM) el inicio de una investigación sobre la conducta del presidente del Consejo Directivo del Indecopi, Alberto Villanueva Eslava, a fin de determinar si ha incurrido en una falta grave que amerite su remoción del cargo.

El pedido se sustenta en una serie de hechos que, según la empresa, comprometerían los deberes de neutralidad, transparencia e imparcialidad que rigen la función pública, particularmente en el marco del procedimiento antidumping sobre las importaciones de alambrón de acero provenientes de China, actualmente en trámite ante la Comisión de Dumping del Indecopi.

De acuerdo con el documento presentado ante la PCM y Contraloría, PRODAC advierte una “secuencia de contactos, reuniones y espacios institucionales” en los que habrían participado actores vinculados a una de las partes del proceso. A juicio de la empresa, esta reiteración de interacciones genera una apariencia razonable de cercanía indebida y pone en riesgo la confianza pública en la independencia con la que debe conducirse la máxima autoridad de la entidad.

Entre los hechos señalados destaca una reunión sostenida el 29 de abril de 2024 entre el titular del Indecopi y el fundador de un estudio de abogados que posteriormente asumiría la defensa de la empresa solicitante de las medidas antidumping. Según PRODAC, la falta de claridad sobre el contenido, alcance y finalidad de dicho encuentro —calificado como “protocolar” por la entidad, pese a registros oficiales que lo consignan como reunión de trabajo— impide descartar su relevancia institucional y amerita un esclarecimiento documentado.

Asimismo, la empresa cuestiona una reunión realizada el 16 de septiembre de 2025 entre el presidente del Indecopi y representantes de la Asociación Latinoamericana del Acero (ALACERO), en la que habría participado un abogado vinculado a la parte solicitante, en plena tramitación del procedimiento. PRODAC sostiene que no existe evidencia pública suficiente sobre el registro detallado de dicha reunión, incluyendo su contenido, agenda, participantes completos y condiciones de realización, lo que podría contravenir las normas sobre transparencia y gestión de intereses en la administración pública.

Un tercer aspecto observado es la organización de una mesa redonda institucional en marzo de 2026, denominada “Claves Jurisprudenciales de Competencia”, en la que participó el mismo abogado vinculado al proceso en curso. La empresa señala que, pese a haber advertido previamente sobre los riesgos que este tipo de espacios podría generar en términos de imparcialidad, el evento se llevó a cabo sin que se adoptaran medidas correctivas visibles, lo que —según indica— refuerza la percepción de falta de distancia institucional.

PRODAC enfatiza que el problema no radica únicamente en la eventual existencia de una influencia directa sobre una decisión administrativa, sino en la generación de una apariencia de cercanía o trato privilegiado incompatible con los estándares exigidos a la función pública. En ese sentido, subraya que la sola afectación de la confianza pública en la imparcialidad del Indecopi constituye un elemento suficiente para justificar una investigación.

La empresa también advierte que el caso del alambrón tiene un impacto económico significativo, al involucrar una cadena productiva que abarca sectores como la construcción, agroindustria, manufactura e infraestructura, y que sostiene miles de empleos a nivel nacional. Según indica, la eventual imposición de derechos antidumping podría encarecer una materia prima clave y afectar la competitividad del sector metalmecánico.

En su solicitud, PRODAC pide a la PCM requerir información detallada sobre las reuniones mencionadas, incluyendo su contenido específico, los mecanismos de coordinación, los criterios institucionales aplicados y la identidad de todos los participantes, así como verificar si se han respetado los estándares legales y éticos aplicables.

Finalmente, la empresa sostiene que los hechos expuestos no deben analizarse de manera aislada, sino como un conjunto de actuaciones que, en su conjunto, podrían configurar un incumplimiento grave de los deberes funcionales del cargo. Por ello, solicita que se disponga una investigación exhaustiva, objetiva y documentada, a fin de determinar eventuales responsabilidades y garantizar la integridad institucional en un caso de alta relevancia económica y regulatoria para el país.

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