[INFORME] Alberto Beingolea intentó apaciguar las críticas por su designación al frente del Ministerio de Cultura prometiendo cambios. Sin embargo, la Biblioteca Nacional del Perú, una de las instituciones a cargo de su ministerio, parece destinada a mantener a cuestionados personajes que permanecen desde el gobierno de Dina Boluarte.
“Se acabaron los privilegios”, declaró Alberto Beingolea en una de sus primeras entrevistas tras ser designado por Keiko Fujimori como el nuevo ministro de Cultura. La nula experiencia del conocido periodista deportivo en un cargo de esta magnitud llevó a que tanto las miradas de los opositores del gobierno fujimorista como las de sus aliados se centren en el accionar de este inesperado ministro.
Sin embargo, pese a que Beingolea Delgado intentó transmitir con sus palabras que tenía la convicción y el conocimiento para llevar a cabo una gestión idónea en el Ministerio de Cultura, sus primeras semanas en el despacho ministerial están dejando más dudas que certezas sobre el futuro de este sector.
En esta oportunidad, Sudaca pudo conocer mediante fuentes confiables que, por ejemplo, en la histórica Biblioteca Nacional del Perú, institución dependiente del Ministerio de Cultura, la llegada de esta nueva gestión no ha significado un verdadero cambio, sino una rotación de funcionarios que venían arrastrando serios cuestionamientos.
LA HERENCIA DE DINA
Durante el año 2024, Sudaca informó sobre la existencia de un personaje muy cercano a la entonces presidenta Dina Boluarte y su hermano Nicanor que empezaba a verse beneficiado con diversos cargos. Su nombre es Juan Yangali Quintanilla y, tras empezar como asesor en el Ministerio de Cultura, dio un inesperado salto al puesto de director de la Casa de la Literatura gracias a Morgan Quero, el exministro de Educación que casualmente era uno de los hombres de confianza de la presidenta Boluarte.
Verse involucrado en polémicos episodios, como la censura al historietista Juan Acevedo por su postura crítica con el gobierno de Boluarte, lo llevaron a renunciar a este cargo. Sin embargo, sus poderosas amistades ayudaban a que Yangali no demore en ser contratado nuevamente para brindar alguna asesoría.
Pero el objetivo de Yangali era otro. Acorde a fuentes confiables consultadas por Sudaca, a donde realmente apuntaba este amigo de los hermanos Boluarte era a la Biblioteca nacional y habría influido en varias de las designaciones que involucraban a esta institución. Por ello, a pocos meses del inesperado final de su mandato, la presidenta Dina Boluarte le entregó a Yangali Quintanilla, oficialmente, el puesto de jefe institucional de la Biblioteca Nacional.
SE REPITE LA HISTORIA
Con la llegada de un nuevo gobierno se esperaban grandes cambios y, por supuesto, el sector cultura era parte de esta expectativa. Sin embargo, tras las primeras semanas, todo parece indicar que, al menos en lo que respecta a la Biblioteca Nacional, estamos ante una continuidad de las deficientes y cuestionadas gestiones del pasado.
Un ejemplo de ello es lo que ocurrió con el antiguo gerente general. Tras la designación de Alberto Beingolea como ministro de Cultura y la intención de este de cambiar a algunos de los altos mandos, Manuel Martín Sánchez Aponte, quien se convirtió en gerente general de la Biblioteca Nacional por elección de Juan Yangali, debió renunciar a su puesto.
Pero Yangali Quintanilla, en una actitud similar a la que tenía el gobierno de Boluarte con él, no permitió que esta persona de su círculo de confianza pase ni un día sin trabajo. Por ello, inmediatamente después de hacer pública su renuncia, Yangali aprovechó su poder como jefe institucional para nombrar a Sánchez Aponte como su nuevo asesor y de esa manera mantenerlo en la Biblioteca Nacional.
En esta rotación de funcionarios cercanos a Juan Yangali también entraría en escena Ana Victoria Gonzáles Ccopa. Fuentes consultadas por este medio señalan a Gonzáles Ccopa como otras de las personas muy cercanas al amigo de los hermanos Boluarte y sus órdenes de servicio entre los años 2023 y 2025, que superan los doscientos cincuenta mil soles, demuestran la consideración que le tenían quienes controlan la Biblioteca Nacional.
Desde la llegada de Yangali a la jefatura institucional en agosto del año pasado, Gonzáles Ccopa estuvo ocupando el cargo de asesora de la gerencia general. Pero, con el cambio en la gerencia general que escapó del poder de Yangali, Ana Gonzáles debió renunciar a su puesto de asesora.
Sin embargo, al igual que en el caso de Sánchez Aponte, el jefe institucional de la Biblioteca Nacional del Perú no estaba dispuesto a perder a una de sus aliadas. Por ello, a los pocos días de oficializarse su renuncia, Juan Yangalí designó a Gonzáles Ccopa como la nueva coordinadora de gestión cultural, investigaciones y ediciones de la Dirección del Acceso y Promoción de la Información.
Si bien apenas está por cumplirse el primer mes del gobierno de Keiko Fujimori y la gestión de Alberto Beingolea en el Ministerio de Cultura, resulta difícil creer que, como dijo el nuevo ministro, los privilegios se han terminado si los responsables de deficientes gestiones pasadas no sólo permanecen, sino que hasta que se permiten reubicar a sus amistades.





























































