Por todas partes

Por todas partes

Existe por lo menos la mitad del mundo que no puedo ni imaginar. Mi objeto de deseo no es fijo y cae perfecto con conocer las infinitas calles que puedo añadir a mi inventario mental. Soltar el timón y ver qué pasa un rato, claramente no hablo de un carro esta vez.

[Migrante al paso]
—No pagué mi suscripción de ChatGPT —me comentó mi amigo de Londres—. Ya hasta estaba preguntándole cómo hago para solucionar yo solo el problema.

—Ya llegó el momento en que vamos a tener que pagar para ser inteligentes —le respondo riéndome—. ¿Imagínate haber nacido con IA?

—Me cagaste, conchesumare —dijo sorprendido—. No, ahí sí ya tienes el cerebro frito —se ríe a carcajadas por las calles londinenses.

—¿Le cederías la justicia y administración a una IA autónoma?

—Creo que sí, parece que eso de ser inteligente quedó en el siglo anterior —responde.

Hemos demostrado tener una capacidad extraordinaria para formular principios morales, también una incapacidad extraordinaria para respetarlos, así que ¿por qué no?, pensé dubitativamente.

Dentro de todo esto, me quedé con la duda: ¿dónde entro yo?, me preguntaba. ¿Qué tengo que hacer? No estoy triste ni deprimido, por momentos la paso muy bien, pero algo adentro está aburrido.

Unos días después, sentado frente al mar, veía cómo el mar se iluminaba solo por el cielo. Podías distinguir espumas y, de vez en cuando, la silueta de una que otra ola. Algo me llamaba. Había estado caminando por la orilla conversando con un amigo por un buen rato. Sentí que quería regresar a mi casa, pero como una emergencia. No entendía por qué. Eran las 12 de la noche y, aparentemente, estaba lejos. Pero no es verano, aunque parezca, y tampoco tráfico. Incluso busqué en Google Maps cuánto me demoraba, solo eran 40 minutos. El mar avanzaba y retrocedía junto con esta urgencia de irme. Se lo conté a mi amigo. Nos quedamos un rato hablando, subimos unas escaleras, recogí mis cosas, me subí al carro y me fui. Tranquilo. Ya no estaba alterado. Podía hacer lo que quería.

La inquietud de regresar se fue una vez estaba en la oscuridad de la carretera, no se veía nada. Aproveché para jugar un rato con la velocidad, no demasiado, pero en algún momento de mi vida hacía eso y soltaba las manos del timón. Llegué muy rápido, los pensamientos avanzaron igual de rápido que las líneas en los carriles de la pista. Me estacioné y entré, agarré una Coca-Cola y fui a mi cuarto. Recibí las cuatro de la madrugada despierto, no era mi casa mi verdadero objetivo. Solo sé que esa noche, tanto en el mar, en la carretera y en mi cuarto, me pregunté: ¿qué estoy haciendo acá?

De niño, cuando me preguntaban qué quería ser de grande, decía millonario, pero mis sueños estaban plagados de tumbas y santuarios excavados. Caminaba con la cabeza rapada en alto y el mundo era mío. Hace poco, tuve que raparme también, la calvicie ya no me permite explorar nuevos looks. Cuando camino puedo imaginar cientos de calles desperdigadas por diferentes ciudades del mundo. Cuando comenzó fuerte la caída de pelo este año, revivió aquel niño, creo que por eso estoy calmado últimamente, bueno, en comparación a lo que era, por lo menos. Todas esas ciudades que comento arrancaron una parte mía y se la quedaron, yo hice lo mismo.

No es que no pertenezca a Lima, ya que esta no es el problema —me digo seguido.

No hay ningún problema, pero sí sé que dentro de poco ya habré cumplido mis deudas y por ahora mi labor acá. Lo que quiero no está en Shanghái, Tokio o Londres. ¿Qué pasa si está en todos lados? Ambicioso y engañoso. ¿Por qué no convertir el pesimismo que hay en ir siempre detrás de algo en algo tentador y bonito de vivir? ¿Por qué ir detrás de eso, de ciudad en ciudad? Ir en búsqueda de esas tumbas y santuarios.

Existe por lo menos la mitad del mundo que no puedo ni imaginar. Mi objeto de deseo no es fijo y cae perfecto con conocer las infinitas calles que puedo añadir a mi inventario mental. Soltar el timón y ver qué pasa un rato, claramente no hablo de un carro esta vez. Ojalá no conlleve con decepciones ni enojos, pero me iré a explorar, regresaré de vez en cuando y hablaremos por teléfono. Menos de un año para que las cosas estén en orden. Lo haré un buen tiempo sin responder a nadie, metafóricamente porque si no mi abuela y mi madre van y me matan. Finalmente, podré hacerlo. Quedarme sería un suicidio filosóficamente, así que mucha opción no hay. Tengo un año para poner todo en orden, prepararme emocionalmente para luego volar hasta quemarme. Viendolo escrito no es tan flexible mi objetivo después de todo. Si se lo que tengo que hacer.

 

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