[INFORME] Mientras la encuesta de Datum registra una reducción considerable en el porcentaje de votos para Rafael López Aliaga, el candidato de Renovación Popular pone en duda la credibilidad de las encuestadoras. Sin embargo, Sudaca pudo encontrar que, durante su gestión en la Municipalidad de Lima, se invertían más de cien mil soles en encuestas.

A casi un mes de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, las encuestas empiezan a mostrar cambios importantes en lo que hasta ahora había sido una contienda política que no terminaba de convencer a un importante sector del electorado. Mientras algunas figuras empiezan a tomar mayor protagonismo, otras parecen haber perdido la simpatía que generaban en un sector de la población.

Entre estos candidatos que han visto que su porcentaje de intención de voto se reduce está el exalcalde de Lima, Rafael López Aliaga. Según la encuesta realizada por Datum Internacional que se presentó la noche del domingo en el dominical “Cuarto Poder”, el candidato de Renovación Popular ha pasado en pocas semanas del 13,4% al 10% con lo cual ha perdido el primer lugar que ahora está en manos de Keiko Fujimori y Fuerza Popular.

 

López Aliaga no se ha mantenido al margen ante este tipo de resultados y en las últimas horas, durante un mitin en el Callao, le pidió a sus seguidores no confiar en estas encuestas a las cuales catalogó como “mentirosas”.  El candidato conservador continuó con su crítica a las encuestadoras señalando que “no pagamos nada a las encuestadoras. No les creo nada, ni lo que comen. Estamos primeros y lejos”.

Sin embargo, aunque ahora el líder de Renovación Popular pone en duda la credibilidad de los resultados que arrojan estas encuestas, Sudaca pudo encontrar información que dejó su paso por la Municipalidad de Lima que expone una postura radicalmente opuesta sobre el trabajo de las encuestadoras.

CUANDO SÍ LES CREÍA

Si bien hoy las palabras del exburgomaestre limeño denotan un innegable desprecio y desconfianza al trabajo que realizan las empresas que se dedican a estos estudios, durante su paso por la Municipalidad Metropolitana de Lima parecía que tanto él como quienes integraban su gestión tenían una postura muy distinta.

Sudaca pudo encontrar que, en mayo del 2025, la Municipalidad de Lima contrató a Datum Internacional, la misma encuestadora que lo ubica en ese segundo lugar que tanto lo molesta, para que les brinde un “servicio de recopilación, procesamiento y análisis de datos e información estadística” por el cual pagaron más de cuarenta mil soles.

El trabajo realizado por Datum Internacional parece haber sido confiable ante los ojos de López Aliaga y sus funcionarios. Tanto así que, apenas un mes después, la Municipalidad de Lima volvió a emitir una orden de servicio con esta empresa por un “servicio de análisis en generación de información estadística” por el cual pagaron más de veinte mil soles.

NO PAGAMOS NADA A LAS ENCUESTADORAS, PERO…

Durante su reciente mitin en el Callao, Rafael López Aliaga también se jactaba de no haber pagado a encuestadoras. Sin embargo, tal como se pudo ver en el caso de Datum Internacional, la realidad es muy distinta. Mientras fue alcalde de Lima, López Aliaga parecía tener un nivel de confianza en ellas muy diferente al que manifiesta hoy.

En septiembre del año 2023, cuando todavía no llevaba ni un año como alcalde, la gestión que encabezaba el hoy candidato presidencial optó utilizar los recursos de la ciudad para encargarle a CPI (Compañía Peruana de Estudios de Mercados y Opinión Pública S.A.C.) la realización de un “estudio de percepción sobre la gestión municipal”. Esta orden de servicio le costó a Lima treinta y nueve mil soles.

El mismo López Aliaga que hoy llama a desconfiar de las encuestadoras volvió a recurrir a CPI (Compañía Peruana de Estudios de Mercados y Opinión Pública S.A.C.) en mayo del año siguiente. Esta vez, aunque el resultado podría parecer predecible, la Municipalidad de Lima consideró oportuno invertir en un “estudio de percepción de la inseguridad ciudadana”.

Aunque en su faceta de candidato presidencial intenta fomentar la desconfianza hacia el trabajo realizado por diversas encuestadoras y no duda en llamarlas “mentirosas”, Rafael López Aliaga exhibe una innegable contradicción con respecto a la importancia que le daba al trabajo de estas mismas encuestadoras durante su paso por la Municipalidad de Lima y por el cual no tuvo problemas en invertir un cantidad importante que salió del bolsillo de los limeños.

[EL CORAZON DE LAS TINIEBLAS] La segunda vuelta en nuestras próximas elecciones parece de pronóstico reservado en virtud del excesivo número de candidatos a la presidencia de la República, 36 en total, y unas encuestas que nos dicen que a estos les resultará muy complicado pasar el 5% de las preferencias ciudadanas, es decir, la valla electoral.

En un mundo paralelo, o escenario distópico, podría inclusive suceder que ningún candidato pase la valla con lo cual ¿las justas tendrían que repetirse? o podría ser que solo uno lo haga, de suerte que este ganaría en primera vuelta, no por obtener la mitad + 1 de los votos, sino por falta de otro contrincante capaz de obtener más del 5%. Y en el Congreso, si solo dos o uno pasaran la valla electoral, ingresaríamos a un esquema bipartidista o, lo que es peor,  a una telúrica dictadura de partido único.

Pero imaginémonos que estos escenarios, que no son ni tan fantasiosos, ni tan inersímiles, no se produzcan y que dos o más candidatos pasen la valla, con lo cual accederíamos a una segunda vuelta tradicional. Es decir, el primero vs el segundo bajo formas similares a las de los últimos procesos electorales. En este caso, se nos presentan solo 3 escenarios posibles:

  1. Una segunda vuelta entre dos candidatos de derecha, como podrían serlo Rafael López Aliaga y Keiko Fujimori:

Esta situación dejaría en ascuas a la ¿mayoría? de peruanos alineados con el HT Por estos no, y que quisiera un cambio radical, léase de clase política, en el gobierno del Estado. La figura señalada, supondría la continuidad de la actual alianza gobernante que se gesta más desde el Congreso que desde el poder Ejecutivo.

  1. Una segunda vuelta entre candidatos que no son de derecha y que abarcan desde la extrema-izquierda hasta el centro:

Conforme a las encuestas,  esta posibilidad se nos muestra bastante más remota que la primera. En realidad, solo un candidato de este espectro del electorado ha asomado en los muestreos de opinión y es Alfonso López Chau, y su novedosa Ahora Nación. Su partido está realizando  mítines en diversas plazas del Perú, donde ha podido apreciarse un entusiasta apoyo ciudadano a su candidatura, aunque sin alcanzar las multitudes de las campañas electorales de antaño. Pero en el Perú nada está dicho, la meteórica aparición de un contrincante para López Chau, que yo vislumbraría más en la izquierda radical que en el centro, podría cambiar el panorama.

  1. Una segunda vuelta entre un candidato de derecha frente a otro de centro o centro-izquierda:

En este caso, la candidatura de derecha buscará llevar la discusión a la batalla cultural: contra el aborto, el matrimonio LGTBI+, reivindicar las consignas de “con mis hijos no te metas” y la libertad de los padres a escoger qué educación sexual elegir para sus vástagos. La apuesta derechista-conservadora por esta agenda se explica en la percepción de que la mayoría de peruanos, inclusive entre muchos de los que se auto perciben como izquierdistas, responde a un histórico pensamiento conservador y que, es probable, no apruebe ninguna de estas políticas progresistas, las que intentará achacarle al contrario.

Cuestiones como el aborto libre o el matrimonio LGTBI+ definirán el voto de millones de peruanos en la segunda vuelta. En 2021 pudimos apreciar claramente una corrida electoral desde Verónica Mendoza hacia Pedro Castillo debido a que la primera hizo suyas las agendas culturales del progresismo. Una opción de izquierda que pretenda seriamente llegar al poder debe tener en cuenta estas variables.

Por su parte, la candidatura de Centro Izquierda buscará llevar la discusión hacia la dicotomía honestidad vs corrupción, y acusará a su contrincante derechista de formar parte, en el actual Congreso, del denominado pacto mafioso que gran parte de los peruanos identifica como responsable de nuestras crisis política, económica, social y de seguridad. De hecho, los responsabilizará de las leyes cuyos detractores denominan procrimen por recortar facultades a la lucha contra la delincuencia y la corrupción. Este parecería ser el caso de la ley 32108 que excluye de las organizaciones criminales a la extorción, la corrupción y la trata de personas.

Además, los últimos años, varios líderes de izquierda como el actual alcalde de New York, Zohran Mamdani, han volteado de nuevo la mirada hacia la agenda social -el acceso a los servicios públicos del ciudadano de a pie- y han logrado éxitos notables, marcando así un línea que la izquierda puede  retomar si lo que busca es reposicionarse y plantarle cara a este mundo conservador en el que campea Donald Trump.

Palabras finales

Por supuesto que nada es tan simple, ni tan complejo tampoco. En todos los casos, la discusión de cómo los partidos y sus candidatos piensan solucionar los problemas más urgentes de la vida cotidiana, se suman a las agendas que hemos señalado. Conectar con la gente supone conectar y conocer primero cuáles son sus verdaderas y más básicas necesidades, más allá de lo que se discute en la superficie ideológica del debate electoral.

Veremos entonces que pasará, pero el panorama parece más claro de lo que se parecía a simple vista. Tenemos tres opciones para la segunda vuelta. La tercera parece ser la más probable. De ser el caso, cada una de los dos candidatos contrincantes buscará llevar el debate hacia temáticas que favorezcan sus aspiraciones. Será una guerra de narrativas: el triunfo del Perú conservador frente a la agenda progresista o el triunfo de la agenda  anticorrupción que ofrece recuperar el Estado y ponerlo al servicio de las grandes mayorías ¿cuál será?

[MIGRANTE AL PASO] La vida de adulto no es como uno pensaba. No somos como nos percibíamos de niños. No todos somos buenos, responsables y, mucho menos, tenemos las cosas resueltas. Ni qué decir sobre si sabemos qué hacer con nuestras vidas, en mi caso; avanzo, pero por un sendero serpenteante. Dudo que alguna vez sepa qué es lo que quiero realmente. Con las últimas noticias que vienen rondando desde el año pasado, está claro que la adultez está sobrevalorada y ha iniciado una etapa de “matar a tus ídolos”. Nietzsche estará feliz en el más allá. Junto con toda esta nueva etapa, también inicia una para mí y estoy atreviéndome a nuevas cosas. Más allá de mi emprendimiento y escritura.

Un amigo se presentaba en un show de stand up comedy, fue genial, pero, por alguna razón, siempre me agarran de punto. Me sucede desde niño y me di cuenta de que el pánico escénico es algo que mantengo ya grande. Para alguien con esta fobia, tengo la mala suerte de no pasar desapercibido por mi anatomía: soy alto, grande y con voz gruesa. Intento seguir un consejo dado en una serie de fantasía medieval: Si vas a ser alto, actúa como alto. La pasé genial, creo que la risa es cura para todo y no existe un mal momento para ella. Cada vez que me señalaban o me hacían participar me ponía como un tomate, nunca me he visto, pero, siempre que sucede me lo resaltan entre risas. Me parece admirable pararse frente a un público desconocido, expuesto totalmente, y con la duda de si se reirán de tus chistes. Creo que a los pocos minutos me estaría desmayando de la ansiedad. Lo que siento es parecido a las veces que me han tenido que sacar sangre; cierra el puño me dice el enfermero, pero la fuerza de mi cuerpo se desvanece de golpe. También, le tengo miedo a las agujas, soy bastante miedoso al parecer. Por lo menos, eso me da más oportunidades de ser valiente.


Recordé momentos antiguos. Todos los domingos salíamos a comer en familia y al parecer yo tenía 500 cumpleaños. Mis tíos, al conocer mi naturaleza rochosa, avisaban a los restaurantes de que mi santo era ese día. Una mentira para bromear. Me devoraba la comida hasta atragantarme, no tenía control y parecía un troglodita, mi capacidad para comer era infinita. A veces no habían puesto el plato en la mesa y yo ya estaba intentando picar algo con mi tenedor. Luego de cumplir mi mayor placer: alimentarme (algo que tampoco ha cambiado), una pasarela de meseras y meseros se aproximaba a la mesa. Yo ya sabía y aun así me sorprendía. Mientras me cantaban Happy Birthday en coro y me colocaban algún dulce sobrante con una vela yo pensaba: “estos desgraciados”. Ahora ya me doy cuenta de que es mejor celebrar mil inventos que no recibir celebración alguna.

En el colegio, era un problema para evaluarme. En los shows y presentaciones me quedaba paralizado, tanto que siempre hacía de árbol, piedra y hasta de piso. Mi mayor logro fue ser el hombre de hojalata en quinto grado de primaria. Ahí terminó mi carrera actoral. Hay que agradecerles a los padres, soplarte 2 horas de un show infantil debe ser una tortura peor que una ópera de Wagner mal cantada. En ese momento pensaba que lo disfrutaban, encima les cobraban, deberían pagarles. Peor aún mis padres, que tenían que estar horas y su hijo parado, de tronco, sin decir ni una sola palabra. Odiaba esos momentos.

Practicaba piano, mi hermano era mejor que yo, pero debí seguir. Siempre nos presentábamos en el colegio Markham, no sé por qué y nunca lo pregunté. Lo que recuerdo, aparte de su piscina profunda con un trampolín alto, es que era raro. Para empezar que usaban uniforme, para alguien de mi colegio eso era demasiado formal y anticuado; aparte, todos se veían iguales. Su auditorio era chico, por lo menos el de piano, no recuerdo bien el momento en que tocaba, recuerdo la reverencia, sentarme erguido y luego un vacío. Antes de pararme, el sudor de mis manos había dejado empapadas las teclas. Una vez, le tocaba a una chica después que a mí e hizo que lo limpien. Sentía que mi vida iba a terminar. Tal vez, en lo único en que no me afectaba el público era en karate, pero eso es porque me gusta pelear.

Ahora ya no soy tímido, pero si tengo una presentación, todo el tiempo previo se vuelve nefasto. Como si esperara la sentencia de un juicio o algo similar. Así mi adultez no ha sido muy distinta, tengo los mismos miedos que en mi infancia. Pero ahora me toca explorar de nuevo. Comenzaré mis clases de chino en unas semanas para ampliar la mente y perspectiva del mundo. También, haré caída libre con paracaídas para vencer mi miedo supremo, las alturas, y porque a veces es necesario sentir un poco de cercanía a la muerte para seguir avanzando, seguro mi abuela cuando lea el texto me dirá que estoy loco. Mentira, es más fácil morir cayéndote en la ducha que saltando de un avión. En fin, a seguir explorando y hacer locuras evitando que la vergüenza sea impedimento. Igual, a nadie le importa lo que haces.

 

[INFORME] La iglesia evangélica entra por la puerta grande a Palacio de Gobierno. En medio de nueva crisis energética, el presidente José María Balcázar se encuentra con el asesor espiritual de Pedro Castillo y Dina Boluarte en una “reunión de trabajo”.

El paso de José María Balcázar Zelada por el Congreso parecía, hasta hace unas semanas, condenado a la intrascendencia. A excepción de la cuestionable votación en la que el parlamentario de Perú Libre se abstuvo de votar en contra del matrimonio infantil, Balcázar podía ser considerado como un miembro del hemiciclo poco memorable.

Pero, a poco de terminar su periodo como congresista, la caótica y siempre sorpresiva política peruana le allanó el camino a Palacio de Gobierno. Asumir la presidencia luego de los escándalos que ensombrecieron las gestiones de sus predecesores podría invitar a creer que el abogado de ochenta y tres años intentaría evitar las polémicas.

Sin embargo, este no ha sido el caso y el despacho presidencial ha continuado abriéndole sus puertas a todo tipo de personajes. Sudaca pudo conocer las historias detrás de uno de los visitantes atendido por el presidente interino que ponen en alerta sobre las prioridades que podría tener Balcázar durante su paso por Palacio.

PALABRA DIVINA EN PALACIO

Aunque sus gobiernos tuvieron más diferencias que similitudes, entre esos pocos puntos de coincidencia que se podían encontrar entre las gestiones de Dina Boluarte y Pedro Castillo existió un nombre que fue tomando fuerza en los pasillos de Palacio de Gobierno durante la presencia de estos personajes.

Sorprendentemente, no se trataba de un congresista, tampoco era el líder de un partido y mucho menos un operador político. La persona en cuestión es Anthony Jesús Lastra Velarde,  un joven pastor evangélico que apenas tenía veintitrés años  cuando se conoció sobre su cercanía a Pedro Castillo y su familia.

Lastra Velarde se refería al hoy encarcelado expresidente como un «elegido de Dios», pero su influencia parecía exceder lo relacionado a las creencias religiosas de Castillo Terrones y su familia. En declaraciones para el periodista Alessandro Azurín para Sudaca en diciembre del 2021, Lastra hablaba de su interés por conversar con el entonces mandatario para sobre la vacunación.

“Voy a conversar con él sobre la vacunación. Hay muchos hermanos que me lo han pedido. No soy antivacuna, pero no la promuevo. Yo dejo que la gente decida, que sea voluntario”, detallaba el joven pastor sobre su visita al despacho de Castillo. En simultáneo, Lastra también sostenía reuniones con diversos congresistas.

En diciembre del 2022, Pedro Castillo dejaría de ser presidente tras su fallido intento de golpe de Estado. Pero la presencia de Lastra no se vería perjudicada. Dina Boluarte no sólo sería una admiradora de sus prédicas, sino que también terminó por convertirse en una importante aliada y defensora de su movimiento religioso.

Si Lastra había encontrado en Castillo a un presidente que lo escuchaba, Boluarte habría estado dispuesta a darle una ayuda mayor. En junio del año pasado, el dominical Punto Final dio a conocer que la presidenta estaba dispuesta a respaldar la creación de una capellanía evangélica en Palacio y la Iglesia Evangélica Pentecostal del Perú, a la que pertenecía Lastra, incluso había iniciado los trámites para lograr este objetivo.

REGRESO A PALACIO

La relación entre el joven evangélico y Palacio de Gobierno se vería interrumpida durante el mandato de José Jerí. El aparente desinterés de Jerí Oré por vincularse con quien se había convertido en una especia de consejero espiritual. Probablemente por esta razón, mientras que Lastra se refería a Castillo como un «elegido de Dios», a José Jerí le auguraba la censura debido a que le “dio la espalda a Dios”.

Actualmente, el joven pastor Anthony Lastra sigue cercano a la política y está haciendo campaña para convertirse en diputado por Lima de la mano de Unidad Nacional, la alianza entre el PPC, Unidad y Paz y Peruanos Unidos que lleva como candidato presidencial al congresista Roberto Chiabra.

Con la llegada de José María Balcázar al sillón presidencial, las puertas de Palacio de Gobierno se abrieron otra vez para Lastra. En medio de las urgencias que debe atender el nuevo presidente y la extenuante agenda de un candidato, Balcázar y Lastra parecen buscar la oportunidad para encontrarse en lo que queda registrado como una reunión de trabajo en el despacho presidencial.

Otro dato que ha llamado la atención sobre el regreso de Lastra a las altas esferas del gobierno nacional es que habría ocurrido junto a una persona llamada Paul Jacob Isael Jiménez Aredo, quien acorde a sus registros parece ser cercano a tres parlamentarios de Renovación Popular, Milagros Jáuregui, Alejandro Muñante y Javier Padilla, que casualmente tienen una innegable cercanía con las iglesias evangélicas.

Mientras el país sigue sin encontrar una respuesta clara a la crisis de inseguridad y se asoma una crisis energética, resulta válido preguntarse si en Palacio son estas las prioridades o le están dando mayor atención a los intereses de quienes en el pasado ya demostraron que saben cómo convertirse en personajes muy influyentes en las altas esferas políticas.

[OPINIÓN] La candidatura de Rafael López Aliaga vive instalada desde hace meses en una cómoda meseta del 10 %. Ni sube ni baja. Un curioso fenómeno de la política peruana: motor encendido, bocina sonando… pero el vehículo no se mueve. Mientras tanto, su entorno insiste en anunciar épicas multitudinarias y una ruta directa hacia Palacio. El problema es que la realidad suele ser bastante menos entusiasta que los comunicados.

López Aliaga tiene, además, un obstáculo político evidente: su carácter. Agresivo, autosuficiente y poco dispuesto al diálogo. Una mezcla complicada en un país donde gobernar exige exactamente lo contrario. En el Perú —territorio fragmentado por naturaleza— el presidente necesita sumar, negociar y, sobre todo, no espantar a los aliados potenciales.

El personaje, por lo demás, cultiva algunas particularidades llamativas: el celibato como bandera moral, la proclamación pública de su propia riqueza —algo que los millonarios suelen manejar con mayor discreción—, una insistente narrativa de bondad personal que, curiosamente, necesita repetirse con bastante frecuencia para que alguien la recuerde, y una lista más bien escueta de logros concretos al servicio del Estado o de la sociedad.

A eso se suma su estrategia política favorita: atacar a cualquiera que aparezca en el camino. Keiko, Acuña, Luna Gálvez —entre otros— reciben su respectiva descarga. Todos tienen problemas, por supuesto. Pero también poseen algo que a la aventura de “Porky” no se le conoce: estructuras políticas reales, cuadros y organización. Algo más que entusiasmo en redes sociales.

Y es aquí donde aparece la famosa sopa de Herodes.

Si López Aliaga llegara a una segunda vuelta frente a alguien como López Chau, el cálculo es simple. Difícil imaginar a Keiko, Acuña, Luna o cualquier otro actor del mismo espacio movilizando su electorado para salvar a quien pasó meses atacándolos. La política tiene memoria corta, pero no tanto. El resultado sería previsible: una derrota.

La escena inversa es todavía más interesante. Si, por ejemplo, Keiko llega a segunda vuelta —algo que hoy las encuestas no descartan—, la gran mayoría de los fervorosos simpatizantes de “Porky” terminará votando por ella. No por entusiasmo, sino por una simple aritmética electoral cuyo motor es el miedo: que es, a fin de cuentas, la esencia de su incomprensible apoyo.

La sopa no es el plato favorito de los Porky lovers, pero en política a veces no se elige el menú.

En resumen: López Aliaga tiene seguidores ruidosos, apasionados y convencidos de su cruzada. El problema es que no son suficientes. En una elección presidencial no gana el que grita más fuerte, sino el que logra sumar más gente.

Y ahí, justamente ahí, está el problema. Porque más allá de su círculo, su candidatura no suma.

Resta.

[ENTRE BRUJAS] Estamos próximas al 8 de marzo, una fecha emblemática para las defensoras de derechos en todo el mundo. En el Perú existe un movimiento feminista y de mujeres diverso, plural y potente, que durante décadas ha logrado colocar en la agenda pública y política temas fundamentales para la democracia: la igualdad de género, el derecho a la no discriminación, la autonomía sobre nuestros cuerpos y la urgente erradicación de la violencia contra mujeres y niñas.

La relevancia alcanzada por estas luchas en el espacio ciudadano y político es tal que, en tiempos de auge de fundamentalismos y pulsiones autoritarias, son precisamente estas agendas y quienes las defienden las que se han convertido en blanco de ataques sistemáticos, hostigamiento y campañas de amedrentamiento. Dichos ataques se despliegan mediante múltiples mecanismos: desde el uso instrumental de recursos “legales” hasta la violencia simbólica, la estigmatización pública y la deslegitimación permanente de quienes defienden la igualdad.

Esta reacción, por más incómoda y desgastante que resulte, debería también permitirnos reconocer algo fundamental: los avances alcanzados han sido lo suficientemente significativos como para incomodar a quienes buscan restaurar un orden profundamente desigual. Por ello, aunque pesen los retrocesos, es necesario hacer una pausa y reconocer el camino recorrido antes que asumir una narrativa de derrota.

En un contexto donde discursos oscurantistas, acríticos y absolutistas buscan apropiarse del país – acompañados de prácticas corruptas y profundamente antidemocráticas— resulta imprescindible reafirmar que las conquistas alcanzadas por el movimiento feminista no son concesiones circunstanciales, sino logros históricos construidos con décadas de organización, pensamiento crítico y acción política.

No podemos ignorar que en los últimos años —y particularmente en los últimos tres— se ha producido una pérdida significativa de avances normativos en materia de igualdad; y quienes defendemos derechos hemos tenido que destinar gran parte de nuestras energías a proteger lo ya conquistado, antes que a impulsar nuevas reformas pendientes que durante años estuvieron en agenda. Este retroceso no se limita al ámbito normativo. También se expresa en el terreno cultural y simbólico. La violencia de género ha comenzado a relativizarse en ciertos discursos públicos, y aquellos “aliados/as” que en 2016 salían a las calles bajo la consigna “Ni una menos” hoy guardan silencio frente a los intentos de desmontar políticas y derechos fundamentales. Aunque existen, por supuesto, honrosas excepciones, el contraste resulta evidente.

A pesar de ello, quienes seguimos aquí —desde distintas tribunas, con nuestras diversidades, diferencias y trayectorias— continuamos defendiendo la posibilidad de un mundo más justo. Porque la igualdad de género siempre ha sido una apuesta por el bien común.

Cuando el machismo opera, no solo afecta a mujeres, niñas y adolescentes. Deteriora el tejido social en su conjunto, reproduce desigualdades estructurales y genera escenarios de violencia, dolor y muerte que impactan a toda la sociedad. En hombres, mujeres y diversidades.

Y cuando el machismo se entrecruza con el clasismo y el racismo —tan profundamente arraigados en un país que aún arrastra estructuras coloniales— el daño se vuelve exponencial. Basta escuchar las historias de nuestras hermanas indígenas amazónicas, de mujeres andinas rurales que viven en condiciones de pobreza, o de niñas y mujeres sobrevivientes de violencia, para comprender que, aunque el camino recorrido ha sido largo, los desafíos aún son enormes.

Hoy vemos cómo desde el poder se articulan discursos y acciones que buscan reinstalar un orden profundamente patriarcal. Existen figuras políticas que actúan como verdaderas guardianas de ese sistema, utilizando incluso el sufrimiento de niñas víctimas de violencia para sostener agendas ideológicas que niegan sus derechos. Congresistas que promueven cuestionados “albergues” destinados a forzar a niñas violadas a continuar embarazos que nunca debieron ocurrir, iniciativas que merecen ser investigadas con rigurosidad y transparencia.

Se suman candidatas que justifican la maternidad forzada en niñas, y actores políticos —tanto de derecha como de izquierda— que pactan para bloquear avances en materia de igualdad. El patriarcado, en toda su expresión, opera a través de múltiples rostros, guardianes y cómplices.

En este escenario profundamente hostil, las defensoras de derechos y feministas de distintas regiones del país seguimos presentes. Con identidades diversas, realidades distintas y estilos múltiples, persistimos en las calles, en las organizaciones , en los espacios políticos y en la academia colocando en la agenda pública aquellos temas que muchos preferirían mantener en silencio. Seguimos acompañando a las víctimas y a sus familias, sosteniendo espacios de denuncia, cuidado y organización.

Por eso, este 8 de marzo también debe ser un momento para celebrar nuestra persistencia. Si hay una característica que define a una feminista es su perseverancia incómoda y sostenida en el tiempo. Quienes abrazamos la igualdad como horizonte político no lo hicimos por moda, ni por una marcha, ni por coyuntura: lo hicimos por convicción, por principios y por una profunda ética de justicia.

Celebremos entonces las vidas que hemos logrado transformar, los espacios que hemos abierto y las estructuras del patriarcado que hemos comenzado a resquebrajar. Reconozcamos que no ha sido fácil para quienes caminaron antes por sendas aún más agrestes, y que tampoco lo será para quienes vendrán.

Pero cada vida protegida, cada conciencia que despierta, cada niña que logra acceder a una nueva oportunidad constituye, en sí misma, una victoria invaluable.

[ENTREVISTA] Fernando Tuesta conversó con Sudaca sobre las recientes encuestas. El politólogo de la PUCP se refirió al considerable rechazo hacia la candidatura de Keiko Fujimori, señaló que la denominada izquierda progresista terminó “sin crear una candidatura de lo que ellos pregonan” y  analizó la estrategia de César Acuña junto a creadores de contenido.

Una reciente encuesta de IEP arrojó que el 54% no votaría por Keiko Fujimori. ¿Por qué se ve esta diferencia tan grande entre la candidata de Fuerza Popular y otros contendientes a la presidencia?

Es porque personifica la mayor tradición de los partidos que la gente rechaza. Está en la política de manera importante hace dos décadas cuando salió congresista. Keiko representa al político tradicional que el padre apareció cuestionando. Ahora ella encarna a ese político tradicional. Ha sido su partido el que ha tenido más poder a lo largo de dos décadas y es el que ha decidido la política nacional. Además, como cuatro veces candidata, ya se le ha conocido sus diferentes facetas, más a la derecha, cerca al centro, peleándose con su hermano, intentando distanciarse del padre y luego acercándose a él.

¿Las posibilidades del fujimorismo para llegar a la presidencia podrían ser mejores con una nueva candidata?

Son partidos personalistas y esto se ve cuando, incluso en el mejor momento de Alberto, perdieron las elecciones para la alcaldía de Lima del 1995 y 1998. Cuando no postuló Fujimori a la presidencial, en 2001 y 2006, le fue mal. Cuando ha postulado solamente la lista fujimorista en 2020, no salieron primeros pese a que en 2016 sacó setenta y tres congresistas. No creo que un fujimorismo sin Fujimori gane. Mira los resultados de la elecciones regionales y municipales de 2022 no ganó ni un distrito y quedó muy por debajo en la alcaldía de lima. Creo que una parte de Keiko no quería postular, pero Fuerza Popular vive de Keiko Fujimori y la necesita para 2026.

En las últimas semanas se vio una disputa entre Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga que tuvo en el centro a la vacancia de José Jerí y la llegada al poder de José María Balcázar seguida, acorde a la encuesta de IPSOS, de un crecimiento de Fujimori y una leve caída de López Aliaga, ¿esto podría significar un punto de quiebre para las campañas de Fuerza Popular y Renovación Popular?

En campaña todos atacan al primero. En el caso de Keiko con mayor razón porque disputan ese mismo espacio de derecha y algunos votantes pueden ser intercambiables. Los votantes más claros de ellos votarán por Fujimori o López Aliaga si pasan a segunda vuelta. Pero no hay otra evidencia que diga que hay una causal derivada de la censura de Jerí y lo que vino después. Tendrían que haber hecho una pregunta a la gente por quién votaba hace un mes y por quién ahora, y a los que antes votaban por López Aliaga preguntarles cuáles son las razones. Hay un apresuramiento por hacer afirmaciones y las encuestas no te lo dicen porque no preguntan.

¿Se llegará a ver candidatos con un porcentaje mucho más alto en el corto plazo o la categoría indecisos seguirá siendo mayoría hasta los días previos a la primera vuelta?

El comportamiento de los peruanos está dentro de lo esperado, porque hay una desafección de la política. La gente cree que todos son iguales, han cambiado presidentes y todo resulta frustrante. No creo que el encendido de la campaña esté en razón a que hay una cantidad de gente que dice que no va a votar. López Aliaga y Keiko Fujimori hacen esfuerzos que los mantienen arriba, aunque tampoco es que sean grandes números. Hay otros candidatos que están como estancados, como el caso de Álvarez, que no crecen ni decrecen y hay algunos que han decrecido. Se hablaba mucho de Carlos Espá y Mario Vizcarra y han comenzado a descender. Cuando descienden en el último tramo no vuelven a recuperarse. También hay que tener en cuenta que hay candidatos que la gente no los conoce y esos tienen más techo para crecer.

¿Una candidatura como la de Carlos Álvarez, que tiene un discurso contra la política tradicional e incluso llegó a cuestionar a su propio partido tras el escándalo de la franja electoral, podría seguir creciendo en las encuestas?

A Carlos Álvarez la gente lo ha apreciado mucho como cómico. Pero ahora es un tipo serio, el contraste. Él es un invitado de su partido. En las entrevistas devela esa parte que parece no convencer de estar preparado. El tema es si confían en lo que dice que va a hacer o si tiene intenciones pero no lo va a hacer.

¿La izquierda progresista que en su momento intentó liderar Verónika Mendoza se ha quedado sin lugar en la política nacional?

Con Verónika Mendoza la izquierda recobra cierto peso electoral. Pero esa izquierda que llaman progresista dilapidó su capital político, porque hubo una suerte de necesidad imperiosa de articular a todo aquel que se llama de izquierda, desde los extremistas pasando por los conservadores, y fue perdiendo peso. Incluso Mendoza intentó hacer una alianza con Cerrón y Gregorio santos,  y los de su propio partido se retiraron y entró en una fase de pérdida de capital político. El 2021 los agarra desconectados, son encantados por Pedro Castillo y entonces creen que lo de Castillo es repetible. Vicente Alanoca era la idea de un Castillo mejor hablado, pero este intento de construir una izquierda fracasó de una manera increíble. Terminaron sin crear una candidatura de lo que ellos pregonan y ahora todos creen que pueden beber de las aguas del castillismo.

¿Dónde ubicaría ideológicamente a Alfonso López Chau?

Es una persona que ha sido de izquierda desde los años ochenta. Es moderado de izquierda.

López Chau ha mostrado un crecimiento en las encuestas más recientes, ¿tiene herramientas para seguir o su candidatura tocó su techo?

López Chau tiene mejores posibilidades. Tiene un techo alto porque la gente lo conoce muy poco y ha logrado crecer en casi todas las encuestas. Si sólo él, del centro para la izquierda, aparece con fuerza, va a atraer los votos de los otros candidatos (de izquierda).

Sin embargo, el candidato de Ahora Nación no tiene un gran respaldo en la capital, ¿será capaz de conquistar el voto limeño?

Siempre se puede. Él no tiene un rechazo tan grande. Lo que han hecho en algunas oportunidades es no estar en Lima hasta el final. Algo así como del campo a la ciudad. Entonces, estás más en provincia haciendo campaña, lo que hace ahí rebota en Lima y creas expectativa para que Lima te vea.

Se ha visto a candidatos como César Acuña que están apostando por acercarse a creadores de contenido con público adolescente y juvenil, ¿qué tanto van a impactar estas plataformas  en las elecciones?

Como suele suceder los medios y las tecnologías de la información son cada vez más importantes. Son un espacio donde todos quieren estar. Pero aparecer con ellos no quiere decir que vayan a votar por ellos. En el caso de Acuña lo que produce son memes. Pero él tiene una base articulada a través de su universidad con alcance nacional. Es una buena red y quienes están ahí son jóvenes.  Obviamente esa combinación usando redes sociales puede darle los votos y esa quizá sea la razón por la que ha crecido. Pero es difícil que pase a segunda vuelta. Lo que él probablemente quiera lograr es ingresar al parlamento donde tiene capacidad de negociación y poder.

También se ha visto el caso del Partido Morado que, aprovechando el rechazo a los partidos que están en el Congreso, intentan mostrarse como una opción y hasta impulsaron la campaña “Por estos no”. No obstante, en las encuestas no son protagonistas, ¿qué ha fallado en este partido?

En el caso del Partido Morado tienen a Mesías Guevara, que para algunos puede haber sido buen gobernador, pero necesitas conectarte con la gente y crear emoción, pasión incluso. El Partido Morado ha pasado en su corta vida por momentos importantes, pero también de crisis y de los fundadores queda muy poco. Entonces esto de “por estos no” tiene que estar acompañado de por este sí y hasta ahora el este sí no es común.

¿Qué tanto podrá cumplir con sus promesas de campaña el próximo presidente teniendo en cuenta el poder que tendrá el senado?

Depende de qué tan grande sea su bancada y su capacidad para articular coaliciones y no dejarse arrebatar esta mayoría por una oposición. Si se repite lo de Pedro Pablo Kuczynski, va muerto. Dieciocho congresistas y setenta y tres tu opositor va muerto. Si se repite lo de 2021, empieza con treinta y siete pero no es tu partido y no está cohesionado, difícilmente te puedes sostener.

[OPINIÓN] Salvo los científicos e inventores -un grupo poblacional de porcentaje ínfimo con relación a la cantidad total de gente que habita este planeta- que siguen, como siempre, trabajando en silencio y en el anonimato, nos la pasamos sin hacer nada más que lo mismo de siempre, consumir y usar, como autómatas.

Si el proceso de adaptación produjo los avances tecnológicos -para no morir de hambre, de frío o engullido por algún depredador- durante veinte siglos, el proceso de automatización que nos gobierna desde el inicio de la revolución tecnológica del siglo XXI produce conductas repetitivas, rutinarias, robotizadas, todo con erre.

Repetimos hábitos, desde rituales masivos como ir al estadio o a un concierto hasta pequeñas rutinas cotidianas: detener el timbre del despertador en el celular, tomar el micro para ir al trabajo, tocarle el claxon a todo lo que no se mueve como si eso fuera a arregla algo en el tráfico, encender la televisión, maratonear en Netflix, postear fotos en Facebook y chistes en WhatsApp.

Esa automatización se siente también en la campaña hacia la presidencia del Perú. Y supongo que debe ocurrir lo mismo en otros países, pero aquí pareciera ser aun más evidente esa repetición de conductas, como las miniaturas de reels en el Facebook que no avanzan más de tres segundos para volver a empezar. De forma irreflexiva, maquinal, la situación del país da vueltas cada cinco años, sin rumbo.

Y lo paradójico es que no es siempre igual. Cada vez hay más candidatos, cada vez hay más videos en redes sociales, más spots en la mañosa “franja”, cada vez hay más advenedizos jurándonos que tienen la solución, que harán casas de ochenta pisos y que las carreteras correrán solas mientras las corvinas sobre las olas nadarán fritas con su limón (Parlamanías, Los Troveros Criollos, 1954). Pero, lustro tras lustro, como el hámster de la rueda, terminamos siempre haciendo lo mismo.

Lo vemos en las calles que, un poco más tarde de lo habitual, ya están llenas de carteles con sonrisas fingidas y miradas perdidas al cielo. Sean los tradicionales paneles sostenidos por dos estacas astilladas de madera o el video LED en las pantallas de PuntoVisual, el cuadro es el mismo. Los mismos presentadores en los canales de señal abierta diciendo las mismas cosas, las mismas cuñas grandilocuentes con las tituladoras digitales que dan vueltas delante de nuestros ojos y los mismos segmentos de noticias electorales con sus pomposos nombres. Lo mismo. Nada cambia.

Nada cambia y, al mismo tiempo, todo avanza hacia el despeñadero. Avanza de manera cansina, torpe y lerda, en medio de este verano calcinante que, gracias a las grandes inamovilidades del mundo globalizado incapaz de llegar a consensos sobre cómo reducir las emisiones de contaminación industrial, nos hace pensar que estamos en Pucallpa y no en Lima. Aquellas cosas que sí se mueven, a pesar de nuestro cómodo automatismo usuario -los negociados, el lobbismo sin escrúpulos- ha transformado nuestro clima, tropicalizándolo.

Aunque los tres últimos procesos de elecciones generales -2011, 2016 y 2021- fueron bastante lentos y pobres en contenidos políticos, este excede todo límite. Como ocurrió en los comicios pasados, las encuestas son lideradas de manera inapelable por una masa de indecisos e intencionales viciadores a la que se unirán todas las personas que, confundidas por la cantidad de símbolos, recuadros y filas, terminarán invalidando su propio voto. Y la segunda vuelta será una carrera de dos pollos descabezados, el segundo y tercer lugar de un escrutinio que estará, como siempre, cargado de observaciones, dudas y acusaciones mutuas.

De alguna forma, las cosas se resolverán también como siempre, con la misma sensación de que las cosas ocurren en este país casi por inercia -el “casi” es solo para relativizar la frase- y, como siempre, nos acostumbraremos a esa idea de que así se hace política en el Perú, con franjas electorales invasivas, cartelones por todas partes y debates televisados en que cada candidato usará los cuarenta segundos que le correspondan para atacar a quien perciba como su principal obstáculo para hacerse del segundo o tercer puesto. Un déjà vu permanente, un loop de internet, el eterno retorno.

Lo otro que no cambia en este Perú frío y sin rumbo, inmóvil, autómata, de usuarios, es la injusticia. A diario vemos cómo nuestro país es arrollado por la espalda y los perpetradores, en lugar de socorrernos, se la pasan reuniéndose entre sí, armando estrategias y sobornando autoridades para salir bien librados, una situación que deja de ser metáfora cuando pensamos en el caso de la pobre Lizeth y su familia, víctimas de la indolencia y la crueldad, de la caradura de los privilegiados. Rubén Blades canta en Plástico (Siembra, 1978): “estudia, trabaja y sé gente primero, allí está la salvación”.

Nadie en esta campaña fría de parálisis repetitiva, desde los que aparecen en sondeos como primeras opciones hasta los del batallón de los otros, parece estar pensando en eso.

[Música Maestro] “¿Qué te parece este fenómeno?”

La primera vez que escuché el nombre de este dúo fue a través de un mensaje de WhatsApp que me envió en mayo del año pasado una muy buena amiga, melómana y cinéfila, que formó conmigo parte de la última generación de vendedores de música entre fines de los noventa e inicios de los dosmiles, antes de los mp3 y Spotify. Me preguntó “¿qué opinas de este fenómeno, tío?” -alguna vez contaré por qué nos decimos “tío” o “tía” en ese grupo de antiguos trabajadores de desaparecidas cadenas de discotiendas- y acompañó su consulta con un video adjunto.

El video era un clip de treinta segundos de TikTok. Un concierto diurno ante muchísima gente y una segunda línea que decía “(Gustavo) Dudamel tocó con ellos en Coachella”. Y luego una mención a su participación en los Tiny Desk Concerts de la NPR, esos unplugged del siglo XXI que, por dárselas de inclusivos y modernos pasan de la excelencia a la viruta entre un capítulo y otro. No tuve tiempo de verlo, solo le di play sin mirar, prometiéndole una pronta respuesta.

En este momento no podría decir que recuerdo exactamente qué escuché -un ritmo alatinado, medio funky quizás, unas congas, un bajo fuerte, unos rapeos ininteligibles e indudablemente argentinos por el acento- pero sí que le escribí a mi amiga lo primero que vino a mi mente -está la conversación grabada en mi teléfono, por lo que no es un mérito de mi memoria: “esto parece un cruce entre Ilya Kuryaki y El Gran Silencio”. Ella insistió, enviándome otro clip en que uno de los jóvenes aparecía tocando un tema muy rebuscado de Luis Alberto Spinetta, El anillo del Capitán Beto (del tercer LP de Invisible, El jardín de los presentes, 1976). La referencia me interesó pero, como estaba trabajando, lo dejé ahí “para después”.

El dúo de marras en Yo Soy

Los meses pasaron y no conseguí darme el tiempo de escuchar al “fenómeno” que despertaba tanto entusiasmo en mi amiga y excompañera de trabajo. Hace unas semanas, en el espacio televisivo Yo Soy, apareció una pareja de imitadores con sombreros y lentes estrafalarios, balbuceando tonterías. La “canción” con la que pasaron la prueba en el sintonizado programa de Frecuencia Latina era un típico e intrascendente reggaetón/trap, por lo que no me generaron interés alguno ni los relacioné con aquel WhatsApp de mayo.

Sin embargo, en uno de los últimos capítulos del concurso, Ricardo Morán -uno de los jueces y, al parecer, productor general del programa- mencionó esa asociación con el famoso director venezolano de orquestas sinfónicas. “¿Serán los mismos?”, me pregunté internamente. Como suelo confiar en mi intuición para casi todo, y mucho más si se trata específicamente de cuestiones musicales, tomé la decisión de exponerme voluntariamente a las producciones de este conjunto reggaetonero, llamado Ca7riel y Paco Amoroso.

Y lo que descubrí me puso delante de un problema: los muchachos comenzaron sus carreras haciendo música de verdad pero, al parecer, decidieron deliberadamente tomar el camino de lo que está más de moda para hacerse ricos y famosos, porque las masas responden muy bien a la agresiva y homogénea vulgaridad de los “géneros urbanos”.

Ca7riel y Paco Amoroso, el “fenómeno”

Hace poco me di a la tarea de escuchar Baño María (2024), debut oficial de Ca7riel y Paco Amoroso y me pareció una pérdida de tiempo. Reggaetón puro y duro, densas bases electrónicas y letras que caen en los mismos clichés, vicios y exageraciones de personajes desechables e igual de famosos como Bad Bunny, Karol G y afines, música para las masas adictas a lo canalla. A renglón seguido, el algoritmo de YouTube me lanzó de inmediato su actuación en la NPR. Y lo que escuché era básicamente lo mismo. Pero sonaba diferente. Era otra cosa.

Alrededor de los dos jóvenes, cuyos nombres verdaderos son Catriel Guerreiro y Ulises Guerriero -lea bien, no comparten el mismo apellido- había un conjunto de músicos extremadamente buenos, jóvenes como ellos. Aunque su desarrollo instrumental se desenvuelve en torno a esos rapeos insulsos que tanto me irritan, es notorio que tienen la capacidad de tocar ritmos latinos, funk y latin-jazz con bastante solvencia. Siendo argentinos, eso no sorprende, desde luego. De lejos, Argentina es el país que mejores músicos de jazz, pop y rock ha producido en Latinoamérica.

Esa tocada de casi veinte minutos que, según datos de internet, se viralizó y superó los 30 millones de visualizaciones en solo medio año -el “fenómeno”-, me llevó a otra actuación en concierto ante más de 15 mil espectadores en el Movistar Arena de Buenos Aires. En este formato, sin las restricciones de espacio ni tiempo que caracterizan a los Tiny Desk de Washington, pude entender lo que ya venía sospechando. Ese bajista, esos solos de Moog, algo más había detrás de este dúo argentino y su coprolalia reggaetonera.

Una discusión que se repite una y otra vez

Cada vez que alguien se atreve a criticar las actitudes y letras del reggaetón por su talante misógino y su desembozada chabacanería, saltan las barras bravas que defienden y relativizan todo lo actual para desautorizar agresivamente esta opinión que, como todas, puede ser discutible pero nunca sujeto de agravio o desprecio por ser diferente e incluso contraria a las tendencias y preferencias de las mayorías.

Nos tildan de “hipócritas” porque escuchamos a los Rolling Stones, Aerosmith o Mötley Crüe, solo por mencionar a algunos de esos artistas del pasado que también tienen como temas recurrentes una actitud machista y cosificadora que denigra a la mujer, además de exhibir comportamientos ajenos a lo política y socialmente correcto en otros ámbitos. Sin embargo, la respuesta ante ese argumento no solo consiste en comparar a los reggaetoneros con esos y otros ejemplos sacados de la escena rockera.

Porque más allá de las similitudes líricas, las envolturas musicales del pop-rock poseen una serie de valores intrínsecos de los cuales carecen las canciones del reggaetón, eso sin contar las proporciones de la atención que dedican a ciertos tópicos en sus letras. Mientras que en cualquier banda -incluso si pensamos en actos extremos como Cannibal Corpse, Throbbing Gristle o Carcass- las referencias sexuales son una de tantas otras situaciones que abordan, la naturaleza monotemática del reggaetón es difícil de negar.

Y ni hablar de los vuelos poéticos que podemos encontrar en canciones de Leonard Cohen, Lou Reed, Kate Bush o Patti Smith, que pueden ir de lo sugerente a lo explícito sin perder inteligencia, frente a las majaderías baratas del reggaetonero o reggaetonera de su preferencia.

Astor y Las Flores de Marte

El éxito de Ca7riel y Paco Amoroso configura un caso de uso preconcebido de lo que está de moda para llamar la atención. Es como si una desconocida escritora de apenas 22 años, después de haber publicado dos brillantes novelas con ventas proporcionalmente opuestas a una avalancha de comentarios positivos de la crítica especializada rendida ante su complejidad y uso creativo del idioma, decidiera a los 23 abrirse un perfil de OnlyFans y hacerse famosa y millonaria de la noche a la mañana, prostituyendo su imagen. Nadie niega el derecho de esta literata ficticia de hacer lo que le venga en gana, pero eso no garantiza que el cambio sea artísticamente positivo.

Rastreando en el pasado de Catriel y Ulises, encontré un interesante bloque de canciones compuestas e interpretadas por ellos, siendo aun más jóvenes -actualmente los dos tienen 32 años- ubicadas en las antípodas de las simplonerías que hoy rapean y que tanta fama les ha dado, en una banda llamada Astor y Las Flores de Marte, con viajes instrumentales que pasan del funk al jazz-rock al metal alternativo, fuertemente influenciada por toda la ola del virtuoso rock progresivo argentino que encabezó Luis Alberto Spinetta, inspirada a su vez por lo más pesado del prog-rock británico y el jazz-rock norteamericano de los setenta.

Astor y Las Flores del Mal -a veces consignados simplemente como Astor- se formó en Buenos Aires en el año 2011, por los amigos de escuela Catriel Guerreiro (voz, guitarra, bajo), Ulises Guerriero (batería), Alan Alonso (guitarras) y Felipe Brandy (bajo). Se presentaron en diversos concursos musicales de su localidad e incluso llamaron la atención del legendario pianista y productor Lito Vitale, quien los apoyó para grabar un tema, el sorprendente Mazitagus.

El cuarteto no produjo ningún material oficial hasta el año 2017, un EP de cinco canciones titulado Vacaciones todo el año, un placer para el oído conocedor por sus eclécticas ideas musicales, virtuosismo instrumental y autenticidad. Pero, como ese estilo ya no le gusta a nadie a niveles masivos -aunque sí recibieron atención de cierta prensa especializada y de un público minoritario que los consideraba de culto-, optaron por hacer otra cosa, a todas luces más rentable.

Ca7riel, Paco Amoroso y sus músicos

Las nuevas identidades, vestimentas extravagantes y actitudes forzadamente bizarras hacen que mi comparación de Ca7riel & Paco Amoroso con los Ilya Kuryaki and the Valderramas, banda de latin-funk y rap que alborotó al pop-rock en nuestro idioma en los noventa sea pertinente, aunque el colectivo liderado por Dante Spinetta (hijo de “El Flaco”) y Emmanuel Horvilleur (hijo del fotógrafo de “El Flaco”, Eduardo Martí), es de lejos mucho más interesante por su sonido influenciado por el funk clásico y una paleta temática que no se circunscribe a la promiscuidad sexual sino que incorpora referencias a las artes marciales y cierta conciencia sociocultural.

En su comentada actuación en los Tiny Desk Concerts, el dúo aparece con una banda de apoyo de alto calibre. Felipe Brandy (bajo, 31) los acompaña desde las épocas de Astor y Las Flores de Marte. Posee una extrema habilidad para los fraseos libres y el funk, respaldado por el ritmo sólido de Eduardo Giardina (batería, 44). Javier Burín (piano, teclados, 24) lanza solos de Moog que hacen recordar a Chick Corea y Cory Henry, insospechados en un contexto reggaetonero. Los tres, junto al percusionista Maxi Sayes (26), acaban de armar UATS, un cuarteto de jazz-fusión emparentado con colectivos como Snarky Puppy y Vulfpeck. Otro lote.

Catriel Guerreiro es un afilado guitarrista de rock, funk y jazz, con momentos que hacen recordar a algunas de sus principales inspiraciones, Luis Alberto Spinetta y Michael “Kidd Funkadelic” Hampton, del universo P-Funk que comanda desde 1970 George Clinton. En cierta manera, estos Ca7riel y Paco Amoroso podrían recordarnos a los Beastie Boys, quienes comenzaron siendo una banda de hardcore punk adolescente y evolucionaron hasta convertirse en expertos raperos que, de vez en cuando, tomaban sus instrumentos para tocar acid-jazz, funk o punk, sus géneros matrices. Sin embargo, esa obsesión por parecerse a lo peor del reggaetón, más allá de darles éxitos comerciales, desmerece su versatilidad en lugar de potenciarla.

De hecho, luego de toda la excesiva fama que han tenido con sus irritantes reggaetones, los argentinos parecen dispuestos a dar nuevamente una vuelta al timón con su próximo disco, que vienen anticipando con un tema llamado Hasta Jesús tuvo un mal día, con la colaboración vocal de Sting, que suena totalmente distinto al sonido atolondrado y ridículo de sus canciones más populares. ¿Autenticidad o movida marketera? Solo el tiempo lo dirá.

Página 1 de 2 1 2
x