[INFORME] El fiscal a cargo intentó archivar el caso de Santiago Guardamino. Sin embargo, la enorme cantidad de pruebas que fueron dejadas de lado impulsan a su familia a continuar la búsqueda de justicia a casi dos años de su asesinato.

La familia de Santiago Guardamino, expresidente de la comunidad de Quipán, sufrió un duro e inesperado revés tras conocer que la justicia, más precisamente el fiscal Renato Lavy Cora, tomó la decisión de abandonar la revisión de evidencias del asesinato del líder comunal y archivar el caso alegando falta de pruebas.

LO QUE DEJARON DE LADO

Sin embargo, los detalles que se pudieron conocer detrás del cruel asesinato de Guardamino exponen que existía una importante cantidad de material que se dejó de lado. Por ejemplo, ha trascendido que la Fiscalía tenía en su poder teléfonos celulares y audios que daban cuenta de las amenazas que estaba recibiendo el entonces presidente de la Comunidad de Quipán antes del atentado que terminó con su vida.

Increíblemente, como argumento el fiscal Lavy Cora, estos dispositivos móviles cuyo contenido podrían haber sido de gran utilidad para dar con el paradero tanto de los autores materiales como intelectuales del asesinato de Guardamino nunca fueron revisados. Según se comentó, no contaban con la tecnología ni peritos necesarios.

Alicia Guardamino, hermana del líder comunal, declaró al diario La República que fueron cinco los celulares que se entregaron a la policía para su revisión. No obstante, el mayor PNP Julio Farfán Chiun, quien es parte del Departamento de Análisis y Coordinación de la Dirección de Ciberdelincuencia habría informado que el análisis de estos equipos no ocurrió por falta de recursos.

APELACIÓN PENDIENTE

Sin embargo, la familia Guardamino ha decidido no bajar los brazos en su búsqueda de justicia y más porque sienten que no se actuó de la manera que el caso exigía. “La policía sí contaba con los recursos. El caso estuvo más de un año y cuatro meses en la Dirincri y durante esa fecha la policía no investigó nada”, sostuvo Alicia Guardamino en declaraciones a La República y agregó que incluso “el suboficial Christian Ramos Espino ni siquiera terminó con las declaraciones de los testigos.

Por su parte, Juan Sarmiento Verástegui, quien es el abogado defensor de la familia Guardamino, indicó que “el fiscal superior todavía no nos ha notificado con respecto a la apelación. Es él quien debe resolver el tema. Sin embargo, no hay un plazo específico para la respuesta”.

Según pudo conocer Sudaca, actualmente el caso está en manos de la Cuarta Fiscalía Penal Supraprovincial Especializada en Derechos Humano y contra el Terrorismo y estará en manos de ellos evitar que el caso de Santiago Guardamino sea archivado y la lucha por justicia de su familia quede sin respuesta.

Como se recuerda, Santiago Guardamino era presidente de la comunidad de Quipán cuando fue asesinado en abril del 2024 tras tener una participación activa en el destape de la venta ilícita de un terreno de diez mil hectáreas a la empresa Industrias Argüelles haciendo uso de firmas falsas para pagar un precio muy inferior al que correspondía.

[Música Maestro] Muchas veces me he preguntado por qué en nuestro país, a diferencia de otros de la región como México, Argentina, Colombia o Brasil, las expresiones nacionales de música popular no forman parte de la educación emocional de las grandes mayorías, por lo menos en Lima.

Y aunque he logrado ensayar varias respuestas que redundan siempre en lo mismo -el racismo, la autodiscriminación, el “síndrome colonial” como diría Manuelcha Prado, el fracaso del sistema educativo-, ninguna logra justificar cómo es que el tiempo ha pasado y nadie mostró algún interés por corregir esa carencia que nos empequeñece como nación.

La autoestima de los países se construye, entre otras cosas, a través de su arte popular, por lo que resulta vergonzoso que, más allá de los homenajes oficiales -los velatorios en el Ministerio de Cultura, los reportajes de cinco minutos por aquí y por allá- y de las genuinas demostraciones de pesar de familiares, colegas, amigos, paisanos y conocedores, tanto los logros en vida como los fallecimientos de verdaderos orgullos nacionales pasen desapercibidos para el gran público.

La música nacional de luto y el público ni enterado

Esta semana fallecieron dos iconos de la música nacional. Por un lado, el acordeonista, guitarrista, cantante y compositor Jorge Núñez del Prado, integrante del legendario dúo Los Campesinos, que dejó este mundo el pasado 11 de marzo a los 89 años. Un folklorista de primera a quien, como mencionó en una columna el jurista Ronald Gamarra -probablemente el único opinólogo de Lima que se tomó el trabajo de hablar de su trayectoria, en el semanario Hildebrandt en sus Trece- será llorado y bailado a la vez este julio, en las fiestas de su querida Paucartambo (Cusco), con las procesiones y los saqras colgados de las ventanas, musicalizando las comparsas con sus alegres huaynos y carnavales.

Y el segundo fue este fin de semana, el sábado 28 de marzo, una luminaria de la guitarra criolla, un innovador que destacó como compositor, arreglista y acompañante de destacadas figuras de la música, no solo en el Perú sino también en muchos otros países, particularmente en Argentina, al que consideraba su segunda patria.

A diferencia de don Jorge, que era un artista de puertas para adentro, conocidísimo en su región pero anónimo en Lima, especialmente para las nuevas generaciones; Lucho González Cárpena abrió su panorama artístico casi de manera involuntaria, desde niño -vivió en Buenos Aires hasta los 16 años- y desarrolló su exitosa carrera musical entre valses, marineras, chacareras y zambas. Falleció a los 79 años y, aunque hablaba con dejo argentino, a raíz de su niñez transcurrida allá, cuando tocaba era el Perú lo que brotaba de sus virtuosos dedos.

De Chabuca Granda a Mercedes Sosa

A Lucho González la música criolla le venía de familia. Su padre Javier era uno de los integrantes de Los Trovadores del Perú, uno de los conjuntos más importantes del periodo dorado del folklore costeño. Aprendió a tocar desde muy pequeño y se puso a estudiar de forma empírica. Aunque había nacido en Lima, antes de cumplir seis meses de vida su familia se instaló en la capital argentina, donde creció su amor por la música.

Cuentan que muchos artistas, entre peruanos y argentinos, visitaban a su padre, así como importantes políticos apristas exiliados durante el gobierno de la junta militar, lo que permite concluir que don Javier, a quien recordamos por su interpretación de 1945 del conocido vals Provinciano de Laureano Martínez Smart (1903-1964) -que en los setenta hiciera suya Luis Abanto Morales, agregándole el artículo “El” delante en el título- o el clásico de Pinglo, Mendicidad– simpatizaba, como muchos en esa época, con los ideales hayistas.

De regreso en Lima, Lucho conoció a los 21 años a Chabuca Granda, en ese entonces en su periodo más político, cuando componía canciones dedicadas al gobierno revolucionario de las fuerzas armadas de Velasco y a la gesta poética y de lucha social de Javier Heraud. Previamente, había grabado un LP con la reina y señora de la canción criolla, Jesús Vásquez, titulado A mi Perú cariñosamente (Sono Radio, 1971), con composiciones de Augusto Polo Campos, Mario Cavagnaro, entre otros. En ese histórico vinilo, González aparece en los créditos como responsable de bajos y guitarras.

El sexto álbum de la compositora de La flor de la canela, Paso de vencedores (Sono Radio, 1974), que contiene canciones como el tema-título, el sugerente landó Cardo o ceniza o la trilogía inspirada en el joven vate autor de El río –La herida oscura, Las flores buenas de Javier, El fusil del poeta– lleva como subtítulo “… con las guitarras de don Lucho González” y cuentan con sus arreglos y primera guitarra. Un lujo que todo peruano debería conocer.

Durante sus giras con Granda, González recorrió toda Hispanoamérica. Su relación concluyó ese mismo 1974, en que decidió irse a España para refinar sus estudios en composición y armonía. En esa época trabajó al lado de grandes nombres de la escena española, entre ellos la bolerista María Dolores Pradera, el cantautor argentino Alberto Cortez y la pareja Ana Belén y Víctor Manuel San José. Dos años después, recibió una llamada que revolucionó su vida artística. Mercedes Sosa, una de las intérpretes fundamentales del folklore argentino y la trova latinoamericana, lo invitó a unirse a su grupo para giras internacionales.

Carrera en Argentina: El trío

La experiencia junto a “La Negra” reforzó sus conexiones con el país en el que había crecido. De tal manera que, para inicios de los años ochenta Lucho González desapareció del radar de la música peruana casi por completo, salvo apariciones en grabaciones esporádicas y conciertos durante sus visitas al país, que han venido siendo recordadas por sus colegas en los días siguientes a su fallecimiento. En contraposición a ello, se convirtió en protagonista de un movimiento musical rioplatense que decidió combinar las raíces de su folklore con sonidos nuevos extraídos del jazz y el bossa nova.

En esa línea, es notable su alianza artística con una de las figuras más relevantes de la escena musical argentina, el pianista, compositor y productor Lito Vitale, de amplia versatilidad pues se ha movido desde siempre entre el jazz, el tango, el folklore, el rock y la música sinfónica, además de promover a artistas interesados en hacer avanzar las fusiones a través del sello discográfico Ciclo 3, que fundó con su madre Esther. En 1984 vio la luz el primer trabajo de ambos, acompañados del quenista Jorge Cumbo, uno de los integrantes de Urubamba, conjunto folklórico célebre por grabar con Paul Simon una de sus versiones de El cóndor pasa.

Simplemente conocidos como El Trío, Vitale, González y Cumbo produjeron una genialidad en la que brillan los tres instrumentistas con composiciones propias en ritmos típicos argentinos -zambas, chacareras- como Vidala del cuculí (Vitale), además de una exquisita versión de Alfonsina y el mar, composición entrañable de Ariel Ramírez y Félix Luna, inspirada en el drama suicida de la poeta modernista Alfonsina Storni (1892-1938) que acabó con su vida lanzándose al Mar del Plata, canción que Mercedes Sosa inmortalizara en su LP Mujeres argentinas (1969).

En aquel célebre disco de carátula verde acuarela con los nombres de los tres músicos en la parte superior y un texto de presentación a mano alzada, destaca Huayno-T, escrita por Jorge Cumbo, fallecido en el 2021; y dos temas originales de González, Antarqui y Zamba antara. Posteriormente, entre 1985-1987, Cumbo fue reemplazado por el saxofonista/quenista Bernardo Baraj, para dos álbumes más en la misma línea. Muchos años más tarde, González y Vitale volvieron a juntarse, esta vez con el reconocido vientista Rubén “El Mono” Izarrualde, para grabar un extraordinario CD titulado Cuando el río suena (1997).

Regreso al Perú con Los Hijos del Sol

El nombre de Lucho González volvió a sonar en el Perú en 1988, cuando apareció como uno de los integrantes y líderes de un proyecto musical armado por el producto peruano radicado en Miami, Ricardo Ghibellini. La visión del empresario y publicista fue reunir en un grupo a talentosos instrumentistas peruanos residentes en Estados Unidos para hacer un homenaje a la música de nuestro país.

Gracias a su amistad con varios de ellos, Ghibellini logró reunir en 1987 al connotado baterista Alex Acuña -famoso como miembro del grupo norteamericano de jazz-rock Weather Report- con los hermanos Ramón y Óscar Stagnaro (guitarra y bajo, respectivamente), con quienes coincidía todo el tiempo en sesiones de grabación. A ellos se unieron otros músicos destacados, entre ellos González quien asumió, junto a Acuña, la dirección musical del conjunto, bautizado como Los Hijos del Sol.

Para el rol de cantante escogieron nada menos que a Eva Ayllón, por entonces muy popular en el circuito de peñas criollas, en lo que sería su primer trabajo discográfico de perfil internacional. La producción, lanzada solo en formato de cassette y con dos videoclips de apoyo para las canciones El tamalito -escrita por Andrés Soto- y la salsa Ánimo y aliento, coescrita entre Acuña y González-, incluyó también una composición original de González, el instrumental Rumbeando al norte. La llegada de Los Hijos del Sol fue todo un acontecimiento cultural en el Perú de finales de los ochenta. El grupo se reunió para ofrecer dos conciertos en el Teatro Municipal, en 1989.

Los jóvenes públicos masivos de esa época no conocían la trayectoria de Lucho González y esta producción de Los Hijos del Sol lo puso delante de ojos y oídos nuevos -algo que también ocurrió, por supuesto, con los Stagnaro y Acuña-, a pesar de haber interactuado con algunos de los mejores músicos de la región. A partir de este trabajo con Los Hijos del Sol, la relación del eximio guitarrista con su país natal se reinició y se mantuvo sólida, lo mismo que su recargada agenda de grabaciones, proyectos musicales y conciertos, tanto en el Perú como en el extranjero.

Un guitarrista admirado

“Lucho González fue uno de los amores de mi vida. Una persona entrañable, artista apasionado y maestro bien dotado con el don de la música”, escribió Fito Páez en sus redes sociales, cuando se enteró de su fallecimiento. Pocos lo saben -aunque se ha mencionado en más de una de esas notas cortitas que suelen publicar los medios convencionales cuando un artista muere- pero González colaboró con su experta guitarra criolla en la grabación de dos canciones en las que el rosarino explora nuestra marinera.

La primera se llamó Detrás del muro de los lamentos, del exitoso álbum El amor después del amor (1992), donde incluso hizo los arreglos. Y la segunda fue Tu sonrisa inolvidable, un par de álbumes después, en Abre (1999), el mismo disco en el que aparecieron temas como Al lado del camino o Dos en la ciudad. “Tuve la suerte de verlo en acción. De tocar con él y verlo inventar riffs inextinguibles para esas canciones”, lo recuerda Fito en esta sentida despedida.

González, junto con Félix Casaverde, Ramón Stagnaro y Víctor “Coco” Salazar, encabeza a esa generación de guitarristas criollos que decidieron ir más allá del toque tradicional, inspirados en las innovaciones y patrones rítmicos de Carlos Hayre (1932-2012). los cuatro grabaron una versión de nuestro himno nacional, el año 1999, para un disco llamado Cuatro guitarras.

En ese sentido, influenció a toda una nueva hornada de guitarristas entre los que destacan Ernesto Hermoza y Yuri Juárez. Este último -alumno suyo en la academia que fundó en los sesenta con el también guitarrista Alejandro Palma exintegrante del grupo de rock Los Kreps-, también de amplia trayectoria en el cultivo de la nueva música criolla, de sonidos cosmopolitas y sofisticados, lamentó la muerte de González con un sentido mensaje por sus redes sociales. “Escuchándolo me enamoré del bordón, del arpegio, del golpe y del silencio con enjundia y la elegancia de sus canciones”.

También en 1999, fue invitado por el argentino Luis Salinas para un recital que compartieron con el español José Fernández Torres, más conocido como “Tomatito”. Allí, nuestro compatriota se luce interactuando con dos ídolos de la guitarra acústica contemporánea, aportando sus conocimientos de música criolla, negra y argentina con los escapes de jazz y tango de Salinas y el explosivo flamenco de Tomatito. Un disco indispensable para quienes disfrutan de la buena música tocada de manera orgánica, sin más adornos que el talento, la inventiva y la experiencia de manos curtidas en miles de recitales y ensayos, atrapando a los espíritus de la inspiración.

De jaranas, chacareras y trovas

El toque criollo de guitarra peruana es resultado de una maravillosa evolución artística que transformó a este popular instrumento de cuerdas -que llegó desde España con la Colonia- en sinónimo de nuestra identidad nacional. El sonido de Lucho González recogió, quizás mejor que ninguno otro de su generación, ese salero criollo y lo combinó con una gama de estilos provenientes de Argentina que guardan diversas similitudes con nuestras marineras y tonderos, haciendo de los bordones y trinos sus herramientas fundamentales.

Si Óscar Avilés, Alberto Urquizo y Pepe Torres representan el toque criollo tradicional, Lucho González y otros ya mencionados -Carlos Hayre, Félix Casaverde o Álvaro Lagos, el último de los que trabajó con Chabuca Granda, fallecido en el 2019- concibieron una forma innovadora y auténtica de modernizar ese repique sin caer en el disfuerzo o la fusión sin planificación.

No importa si uno lo escucha junto a Willy Terry, haciendo figuras criollas propias de una jarana de la Guardia Vieja o en alguno de los tantos discos que grabó con la cantautora peruana Carmina Cannavino (1962-2022), que desarrolló su carrera entre México, Argentina y Perú, en que su guitarra suena más sofisticada, su estilo es reconocible de inmediato, como quedó demostrado en su único disco en solitario, Esta parte del camino (EPSA, 2001).

Una de sus últimas producciones discográficas se llamó Coincidencias (2012), a dúo con una leyenda del rock argentino, Leo Sujatovich, quien alternara en álbumes clásicos como Porsuigieco (1976) cuando apenas tenía 16 años y fue uno de los principales colaboradores de Luis Alberto Spinetta, en los últimos discos de su proyecto de jazz-rock melódico Spinetta Jade -Los niños que escriben en el cielo (1981) y Bajo Belgrano (1983). En el álbum, Sujatovich y González exploran el tango moderno con composiciones propias así como de Astor Piazzolla y Pedro Aznar.

 

[INFORME] Contra todo pronóstico, la justicia decidió darle la espalda a la familia de Santiago Guardamino, el líder comunal que expuso los engaños usados para consumar la venta de un terreno de la comunidad de Quipán a una acaudalada empresa.

A pocos días de cumplirse dos años de su violento asesinato, la familia de Santiago Guardamino no sólo sigue padeciendo la ausencia de un esposo, un hijo y un padre en el día a día sino que ahora también debe afrontar un escenario inesperado luego de un indignante revés por parte de la justicia.

MORIR LUCHANDO

En abril del año 2024, Guardamino perdería la vida una noche cerca de su vivienda en medio de circunstancias muy sospechosas. Santiago no sólo había asumido la presidencia de la comunidad de Quipán, también se había puesto al hombro la lucha por justicia luego de una fraudulenta venta de diez mil hectáreas que le pertenecían a su comunidad e involucraba a una empresa muy poderosa.

Su predecesor, Abel Cruz Mosquera Ortiz, había sido parte de una jugada sucia en perjuicio de la comunidad de Quipán en la cual haciendo uso de firmas falsas vendió un terreno de diez mil hectáreas por seiscientos mil soles, pese a que el precio correcto alcanzaba los cinco millones, a la empresa fundada por Aniceto Argüelles y que tenía a Karen Pasco Flores en la gerencia general.

La lucha de Santiago Guardamino lo llevó a interponer una denuncia penal contra los involucrados que terminaría con el 4to Juzgado de Lima Norte condenando a Mosquera a cinco años de prisión efectiva, que posteriormente se reducirían a cuatro de prisión suspendida, mientras que Argüelles incluso llegó a verse involucrado y condenado por un caso de soborno a una magistrada en su desesperado intento por eludir las consecuencias de este caso.

UN GOLPE DE LA JUSTICIA

Sin embargo, pese a que los nueve disparos que recibió Guardamino esa noche de abril ocurrieron en un contexto en el cual se había convertido en un problema para quienes estaban detrás de la venta fraudulenta, la justicia la ha dado la espalda a la familia de Santiago y su lucha por obtener justicia.

Recientemente, el fiscal Renato Lavy Cora tomó al inesperada decisión de desestimar los testimonios de la familia de Santiago Guardamino y archivar el caso bajo la excusa de falta de pruebas. Una decisión que ha desatado una comprensible indignación en la familia del expresidente de la comunidad de Quipán.

“Estamos muy decepcionados, porque prácticamente la justicia se dejó comprar”, manifestó Maribel Guardamino, viuda de Santiago, en declaraciones al diario La República y agregó que “la más beneficiada con su muerte es Industrias Argüelles”. Cabe señalar que, días antes de su asesinato, se registraron amenazas muy serias.

Según se ha podido conocer, pocas semanas antes del fatal desenlace, dos sujetos en moto aparecieron en Quipán buscando al entonces presidente de la comunidad y, tras no ubicarlo, abandonaron el lugar vociferando amenazas contra Guardamino que fueron seguidas de varios disparos al aire.

 

[MIGRANTE AL PASO] Recién me había trasladado de la Universidad de Lima a La Católica. Tenía 22 años. Como muchos a esa edad, comencé a leer novelas y ensayos existenciales. Desde Demian de Hermann Hesse hasta Así habló Zaratustra de Nietzsche. La rebeldía pura y sin causa, cuyo único fin era la rebeldía en sí misma, estaba a tope dentro de todo lo que hacía. Creía que volverme adulto era algo contra lo que tenía que luchar o generar resistencia. Pensaba que llenarme de responsabilidades y ocupaciones era excluyente con mi incesante intento de ser un espíritu libre por siempre. Así viví un poco más de una década; de hecho, hasta hace unos meses vivía con ese conflicto interno. Claramente, estaba equivocado y me sentía un poco mal, como si me hubiera demorado en crecer o como si recién hubiera superado el pensamiento adolescente a los 32. Estos fueron años que a simple vista parecen perdidos o malgastados, pero aprendí mucho. Estas lecturas existenciales me llevaron en una aventura en la que romper cascarones era el principal objetivo. Estos cascarones representan sentimientos reprimidos, aspectos de la realidad que no concebía, hasta pequeños conceptos que en muchos casos son necesarios de romper. Se podría decir que con cada ruptura de cascarón viene un aprendizaje nuevo y con ese aprendizaje viene el crecimiento y desarrollo personal para ser el adulto que quiero ser. Con el tiempo, también entendí que no todos los cascarones se rompen con fuerza; algunos se abren solos cuando uno deja de empujarlos.

Hace unas semanas, me enfrenté a un mundo problemático que resultó ser algo ligero y fácil de superar. Entendí muchas cosas, incluso me entró un bajón emocional leve comparado a otros que he tenido, pero no deja de ser un bajón. Felizmente, algo que aprendí en esos diez años, aparentemente desperdiciados, es que en esos momentos tienes que permitirte sentir y nada más que sentir lo que está sucediendo, sin intentar corregirlo de inmediato ni apurarte por salir de ahí. En lugar de taparlo con excesos, caos o solo dejarlo pasar. En mi caso, he estado fumando como un desquiciado, como si el mundo estuviera colapsando, cuando no es más que mi propia ilusión. Me sentía desanimado, intentaba distraerme, pero llegaban malas noticias de todos lados. El estrés acumulado del trabajo, sumado a guerras, masacres, abusos y muertes inocentes en distintas partes del mundo y de nuestro país, generaba una sensación constante de peso. Es fácil quedarse ciego y no encontrar una salida. Ahora que recién estoy recuperando el ímpetu de vivir al máximo, me di cuenta de que el cascarón ya se había roto, pero yo me mantenía ahí acurrucado, como si salir implicara perder algo en lugar de ganar perspectiva.

Soy una persona que está acostumbrada a ganar, pero también a crecer lento y en todo sentido. Cuando terminé el colegio no me había afeitado ni una sola vez, y medía 25 cm menos. Yo no entendía los problemas que mis amigos tenían. Para mí todo seguía siendo una travesura infantil. Y así seguí avanzando, tal vez un poco más lento que los demás, pero avanzando igual, a mi ritmo y con mis propias dudas. Esta última ruptura fue un poco sencilla, pero potente. Me di cuenta de que llega un punto en el que tú y solo tú puedes resolver lo que sea que te está fastidiando. Siempre puedes apoyarte en tus seres queridos y pedir ayuda, pero está mal imponerles expectativas a los demás. Todos somos diferentes; algunos, intentando ayudar, pueden cometer errores; otros pueden no saber cómo reaccionar a lo que te sucede, y eso no quiere decir que no te apoyen. Simplemente, a veces no se sabe cómo ayudar, y solo ver que alguien lo intente hacer ya debería ser algo invaluable. Incluso ese intento torpe puede ser una forma silenciosa de afecto.

Sentía una presión insoportable, pensando que tenía que cargar el mundo completo sobre mis hombros. Me di cuenta de que el mundo que percibo no es más que el reflejo de mi estado mental, que todo lo que me incomodaba realmente era solo yo, y contra todo lo que estaba luchando finalmente era contra mí mismo. Por eso me sentí solo, como si cada esfuerzo al final solo fuera un intento de ser yo, un yo incompleto. Hasta que encontré el lado divertido de no ser un absoluto que no cambia. Le agarré el gusto a la idea de jamás poder completarme, porque de lo contrario todo sería muy aburrido. Y en esa incompletitud también hay una forma de libertad, una que no necesita justificarse ni definirse del todo para seguir avanzando.

 

[OPINIÓN] Carlos Álvarez ha vivido —y bien— de mirar a los demás desde arriba del escenario. Durante más de treinta años convirtió la política en materia prima: imitó, ridiculizó, exageró y cobró por hacerlo. No es poca cosa. Tiene talento, tiene oficio, tiene timing. Y como suele ocurrir, más de un político lo usó con entusiasmo para golpear a otros. Un intercambio simple y conocido: tú haces reír, yo saco provecho.

Ese fue su terreno. La televisión.

El problema empieza cuando el personaje decide mudarse del sketch a la realidad. Cuando el payaso baja del escenario y pretende dirigir la función.

En lo que va de su aventura electoral, no hay mucho que rescatar. No hay propuesta seria, no hay estructura, no hay equipo visible. Solo frases de catálogo: seguridad, pena de muerte, niños con hambre. Lo básico, lo obvio, lo que cualquiera puede decir en cualquier rincón del tercer mundo sin haber pensado demasiado. Todo enmarcado en una puesta en escena doméstica y cargada, más cercana al set de Mirtha Legrand que al país real.

Y entonces aparece su último mensaje. Decide confrontar al amigo Aldo Mariátegui por una pequeña  columna en Perú21. Podía discrepar, en la misma medida, claro. Era lo razonable. Pero optó por lo otro: la furia, la mueca, la sobreactuación. Un tono entre resentido y grosero, lleno de referencias a “la gentita”, riquezas ajenas y nombres famosos en una especie de mensaje a la nación, que no aporta nada.

Más que una respuesta, fue un número.

Y ahí está el problema. No es que critique, es cómo lo hace. Porque en ese momento vuelve el oficio: el gesto exagerado, la caricatura, el golpe fácil. Solo que esta vez no hay libreto ni risas enlatadas. Hay una pretensión de poder.

Y eso cambia todo.

La política admite errores, admite incluso torpezas. Lo que no admite tan fácilmente es la superficialidad como método. Álvarez sigue siendo eficaz en lo suyo: provocar, imitar, burlarse. Pero gobernar es otra cosa.

El desgaste ya está ocurriendo. Después de jugar a ser candidato, no se puede volver al mismo lugar sin costo. El público cambia de mirada. El personaje pierde la magia.

Pobre payaso. Charlie Rivel escribió sus memorias con ese título porque entendía que serlo tiene un costo. Que detrás del número hay una vida entera de oficio, disciplina y algo parecido a la humildad. Álvarez tomó prestado el escenario, pero no esa parte.

Una última opinión, entonces. De un hombre de gracia que quiso ser otra cosa. Y que, al final, no dejó de serlo.

[INFORME] Un excandidato al Congreso que presume estar armado, un aportante que se benefició con órdenes de servicio y un exalcalde que intentó aumentarse el sueldo figuran entre los aportantes y contratados por las campañas de los candidatos outsiders.

Tras varios años de una crisis política que parece haberse convertido en una pesadilla sin final, para muchos de los peruanos se ha vuelto necesario encontrar nombres que se conviertan en los nuevos referentes de la política peruana y estas elecciones podrían ser mucho más favorables para los famosos outsiders que para los representantes de los partidos tradicionales.

Sin embargo, como ha ocurrido en varias oportunidades durante los últimos años, detrás del discurso del político disruptivo se puede esconder una agrupación que, aunque con caras nuevas, termine por caer en las mismas prácticas de la clase política a la que intenta reemplazar.

Para las elecciones del próximo mes, algunos de los candidatos que sostienen un discurso crítico con el establishment e intentan convertirse en la voz del pueblo son Carlos Álvarez (País Para Todos), Alfonso López Chau (Ahora Nación) y José Luna (Podemos). Sudaca ha revisado la recientemente publicada lista de aportantes  y gastos detrás de estas candidaturas y hay más de una sorpresa.

NO ES PARA REÍR

En los últimos años, Carlos Álvarez decidió dejar de lado su faceta cómica para incursionar en la política poniendo especial atención en los temas que generan mayor indignación y de la mano de País Para Todos, uno de los partidos nuevos, el recordado integrante del programa “El Especial del Humor” intentará llegar a la presidencia.

Sin embargo, Álvarez parece no haberse tomado el tiempo de investigar a las personas que actualmente se involucran en su campaña. Según los reportes revisado por Sudaca, País Para Todos le pagó más de cien mil soles por el concepto de servicios operativos administrativos a una persona llamada Abdias Joel Chinchay Príncipe, un nombre que en la ciudad de Huaraz no dejó los mejores antecedentes.

En noviembre del año 2019, Noticiero Libre, un medio digital de Huaraz, publicaba la impactante imagen de un candidato al Congreso de la agrupación política de Juan Sotomayor que se mostraba en sus redes sociales presumiendo la posesión de un arma. El nombre de este candidato era Abdias Joel Chinchay Principe, el mismo que hoy recibe pagos del partido de Álvarez.

La reciente cercanía de Chinchay con el partido de Carlos Álvarez no sería precisamente producto de la casualidad. Hugo Gonzales Henostroza, director del medio Noticiero Libre, puso al descubierto en 2019 que Chinchay era uno de los hombres del confianza de Vladimir Meza Villarreal, el exalcalde de la municipalidad provincial de Huaraz.

¿Cómo se conecta esto con la candidatura de Álvarez? Meza Villarreal es el fundador del partido que tiene al cómico como candidato presidencial y que casualmente decidió contar con los servicios de Chinchay. Cabe señalar que este exalcalde está seriamente comprometido en temas judiciales debido a una acusación de colusión agravada por el caso Consorcio Huaraz y por el cual podría pasar diez años en prisión.

En una entrevista reciente, Carlos Álvarez intentó marcar distancia con Meza y señaló, con respecto a una sentencia por violencia familiar, que el fundador de su partido “debe enfrentar a la justicia”. Sin embargo, con la presencia de personajes como Chinchay en su campaña ponen en evidencia que Álvarez detrás de su candidatura a más infiltrados cuestionables de los que cree.

En la lista de aportantes de País Para Todos también se puede encontrar algunos nombres que sorprenden por su vinculación previa con otras agrupaciones políticas muy cuestionadas en los últimos años. Por ejemplo, Kaimer Merced Dolmos Vengoa entregó dos mil soles para la campaña de Álvarez.

Dolmo Vengoa fue candidato al Congreso de Perú Libre como representante de los peruanos en el extranjero, pero no logró obtener un lugar en el hemiciclo. Sin embargo, su influencia fue tal que, a los pocos meses de la llegada de Pedro Castillo a Palacio de Gobierno, Dolmos Vengoa fue acceder a un cargo de confianza como director general de la dirección general de promoción y sostenibilidad minera del Ministerio de Energía y Minas. Hoy, el excandidato de Perú Libre vuelve a la política haciéndose un lugar en País Para Todos.

LOS PERSONAJES DE PODEMOS

José Luna y Podemos han tenido una presencia influyente tanto en el Congreso como en la política nacional. No obstante, su discurso pretende negar esta cercanía con el poder e intentar ser la cara de la renovación política. Sudaca investigó los nombres de sus aportantes y encontró que no sólo están lejos de ser una renovación política sino que parecen haber buscado vincularse con los personajes con los peores antecedentes.

Fermín García Fuentes es uno de estos aportantes a la campaña del partido Podemos, con el cual también intenta ser diputado por Cusco, y entregó una suma de casi cinco mil soles. Pero García Fuentes no es precisamente un nombre alejado del ambiente de la política y mucho menos a sus mañas.

A inicios del año 2011, una noticia causó indignación en Cusco. El alcalde del distrito cusqueño de Santiago y sus regidores habían intentado duplicarse el sueldo. Quien estaba a cargo de esta alcaldía era Fermín García Fuentes y su justificación para este aumento arbitrario fue alegar que «iba a trabajar más» en ese periodo.

En las elecciones que se llevarán a cabo en unas semanas, García Fuentes, el alcalde que parecía más preocupado por subirse el sueldo y sólo dio marcha atrás cuando la indignación colectiva lo forzó a hacerlo, podría convertirse en el representante de Cusco en el Congreso con Podemos, el que García llama “el partido del pueblo”.

EL CASCO NECESITA LINTERNA

Alfonso López Chau y Ahora Nación han logrado convertirse en una de las alternativas más sólidas en la contienda electoral. El exrector de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) es uno de los pocos políticos que a lo largo de la campaña no ha padecido reducciones considerables en las encuestas y mira de cerca a los líderes.

Pero en su campaña tampoco han faltado algunos malos elementos. Uno de los aportantes a Ahora Nación ha sido Edgar Hermógenes Gonzales Mogollón. Como se puede observar en la siguiente imagen, Gonzales aportó la considerable cifra de treinta mil soles a la campaña de López Chau y el partido del casco.

Sin embargo, pareciera que a ese casco le faltó una linterna para ver bien a las personas que permiten que se involucren en su campaña. Esto debido a que, en lo que respecta a aportes a campañas políticas, Gonzáles Mogollón parece haber tenido motivaciones personales detrás de estas colaboraciones.

En el año 2024 una noticia impactó en Arequipa cuando se conoció que el Gobierno Regional de Arequipa, casualmente, había emitido dos órdenes de servicio a nombre de una persona que también fue aportante de la campaña que le permitió a Rohel Sánchez Sánchez convertirse en gobernador.

El nombre de este aportante era Edgar Hermógenes Gonzales Mogollón y por sus mil soles en apoyo a Sánchez Sánchez terminó siendo beneficiado por dos órdenes de servicio que suman un total de dieciocho mil soles. Si se tiene en cuenta que su aporte a Ahora Nación alcanza los treinta mil soles, resulta razonable preguntarse si luego intentará cobrárselos de alguna manera.

Aunque el hartazgo de la población ante el accionar de una clase política es innegable, estas nuevas alternativas políticas no parecen haber puesto suficiente esmero en cerrar las puertas a los malos elementos que lo único que pueden garantizar es profundizar la crisis política que se padece en el Perú desde hace varios años.

 

 

[INFORME] Entre los más generosos aportantes a las campañas de Rafael López Aliaga y Keiko Fujimori aparecen desde un exministro del régimen de Alberto Fujimori hasta un empresario minero con varias decenas de procesos judiciales.

Aunque Keiko Fujimori perdió gran parte del respaldo que supo tener en sus primeras participaciones como candidata presidencial y Rafael López Aliaga ha visto disminuir su porcentaje, lo que muestran los más recientes sondeos es que los líderes de Fuerza Popular y Renovación Popular se mantienen, a pocas semanas de las elecciones, como los líderes de las encuestas.

No obstante, tanto para Fujimori como para López Aliaga, el contexto de desconfianza con respecto a la clase política lleva a que la misión de convencer al electorado sea mucho más compleja que en elecciones pasadas y, por supuesto, la elaboración y despliegue de una campaña tendrá un costo importante.

Sudaca ha podido revisar la rendición de cuentas que han presentado Fuerza Popular y Renovación Popular. En estas listas se han podido conocer los nombres de aquellos que hoy sostienen a los principales aspirantes a la presidencia entre los cuales figura más de un personaje con un historial cuestionable.

LOS ALIADOS DE PORKY

Cuando se empezó a hablar de elecciones presidenciales, Rafael López Aliaga logró posicionarse como una de las figuras protagonistas. Sin embargo, los cuestionamientos a su gestión en la Municipalidad de Lima y el accionar de su bancada en el Congreso terminaron por pasarle factura y hoy, aunque no sale de los dos primeros lugares, su distancia con el resto de adversarios se redujo considerablemente.

Ante este escenario, la campaña de Renovación Popular se ha visto obligada a potenciar sus actividades y para llevar a cabo esta tarea ha encontrado un valioso e inesperado respaldo por parte de un exministro del régimen fujimorista. La persona en cuestión es Jorge Yamil Mufarech Nemy. El empresario que también fue congresista del partido del expresidente Alejandro Toledo realizó un aporte con telas y mandiles publicitarios que superó los cincuenta mil soles.

Cabe señalar que Mufarech Nemy también es recordado por episodios polémicos como cuando denunció, sin éxito, al diario El Comercio por difamación y exigió una reparación de cincuenta millones de soles. También llegó a demandar al politólogo José Alejandro Godoy por haber publicado en su blog un recuento de las acusaciones contra el exministro por escándalos financieros. Si bien en un primer momento logró una sentencia contra Godoy que le ordenaba pagarle a Mufarech más de trescientos mil soles, finalmente la justicia anuló la sentencia alegando que la demanda era infundada e incoherente.

Pero, si se habla de denuncias, en esta lista de aportantes figura un nombre mucho más llamativo y se trata de Fernando Pablo Martorell Sobero, quien tiene registrados cincuenta y cuatro procesos judiciales que reportó el medio Ojo Público en el año 2022. Con más de ocho mil soles consignados como hospedaje en Tacna, este político tacneño es uno de los generosos aportantes de López Aliaga y Renovación Popular.

Martorell no es ajeno a la política. Además de haber sido candidato al Gobierno Regional de Tacna, cuenta con un hermano, Guillermo Martorell, que ha sido congresista representando al partido fujimorista, aunque a Fernando hoy se le conoce más por su rol como empresario que, en 2024, recibió una concesión minera de novecientas hectáreas en el departamento de Moquegua.

TODAVÍA LE TIENEN FE

Este 2026 marcará el cuarto intento de Keiko Fujimori como candidata presidencial y, sin dudas, deberá enfrentar un escenario adverso con un importante sector de la población que cuestiona su rol y el de Fuerza Popular en la política nacional. Sin embargo, en el fujimorismo, quizá impulsados por la ausencia de otros candidatos que le saquen una diferencia importante en las encuestas, todavía creen que el sueño de llevar a la hija de Alberto Fujimori a Palacio es posible.

Uno de los más generosos ha sido Luis Williams Dyer Fernández con un aporte en material para campaña valorizado en casi cien mil soles. Luis proviene de una familia de acaudalados empresarios como su padre Luis Dyer Ampudia y su tío Samuel Dyer Ampudia, este último vinculado con la conocida empresa agroindustrial Camposol.

Paradójicamente, aunque hoy el apellido Dyer aparece en una lista de aportantes a Fuerza Popular, Samuel Dyer Ampudia fue ilegítimamente privado de su libertad durante los primeros años del gobierno fujimorista, aunque el hoy fallecido exdictador negó su responsabilidad en estos hechos.

Otro nombre que resalta en esta lista es el de Jorge Edisson Llerena Portugal. Si bien en comparación de los montos provenientes de sectores empresariales puede parecer poco, el aporte de seis mil soles para gorros de campaña llama la atención por tratarse de una persona que trabaja como auxiliar de un despacho del Congreso.

Aunque al escrudiñar en la historia de Llerena Portugal se podría concluir que decir que trabaja en el Congreso quizá no sea la mejor forma de describir sus actividades. En diciembre del año pasado, el dominical “Cuarto Poder” presentó un reportaje sobre trabajadores fantasma en el Congreso.

En dicho informe se mostraba que Jorge Llerena pasaba largas horas que eran parte de su horario laboral en la sede del partido fujimorista. La cereza del pastel en este caso fue que Auristela Obando, la congresista que supuestamente tenía a Llerena trabajando en su despacho, dijo no conocerlo.

José Chlimper Ackerman, exsecretario general de Fuerza Popular, también aparece en esta lista de aportantes. Aunque, en enero del año pasado, el economista de setenta años había dicho que no tenía intención de participar en política, la información que pudo revisar Sudaca muestra que contribuyó con un aporte valorizado en más de cincuenta mil soles en banderas y banners.

A pocas semanas de unas elecciones que tiene a un considerable sector de la población mirando con desconfianza a los candidatos, conocer a los que sostienen las campañas políticas pueden dar un indicio de los intereses que tendrán los candidatos si llegan a convertirse en los nuevos inquilinos de Palacio de Gobierno.

[EL DEDO EN LA LLAGA] El 19 de marzo de este año tuvo lugar la Catholic Prayer for America Gala 2026 (Gala de Oración Católica por América 2026 —entiéndase por América sólo Estados Unidos—) en el hotel Waldorf Astoria (antiguo Hotel Trump) en Washington, D.C., que se inició con un mensaje de vídeo enviado por el cardenal Gerhard Müller, exprefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Este evento fue organizado por Catholics for Catholics (Católicos por los Católicos), una organización estadounidense sin fines de lucro fundada en 2022. Se presenta como un movimiento católico conservador que busca restaurar la presencia pública de la fe católica en la esfera pública estadounidense, combinando devoción religiosa con un fuerte patriotismo. Su misión principal es inspirar una “nueva ola de catolicismo” y amor por Estados Unidos; educar sobre la doctrina católica y analizar las posiciones de líderes católicos en temas de política pública, legislación y bienestar social; elevar a Cristo a la vida pública estadounidense, sin ocultar la fe; apoyar a quienes defienden la fe católica y los valores tradicionales en la cultura y la política. Ni que decir, se trata de una organización que ha apoyado abiertamente —sin ningún atisbo de vergüenza— al presidente Donald Trump.

Y uno de sus aliados y embajadores, quien también participó con un breve discurso en esta gala ultraconservadora y fue galardonado con el Catholic Champion Award 2026 (Premio Campeón Católico 2026), está Eduardo Verástegui, un actor mexicano que se ha convertido en una figura emblemática para los católicos conservadores del ámbito latinoamericano. El premio se le otorgó por su compromiso en la protección de los niños y la lucha contra la trata de personas, y por su trabajo como productor de la película “Sound of Freedom”, que habría ayudado a visibilizar la crisis de la trata infantil a nivel nacional e internacional.

Sin embargo, aquí es donde comienza el doble rasero, pues el film sensacionaliza el tema al enfocarse en rescates dramáticos en selvas y “carteles extranjeros”, lo que podría dar la impresión errónea de que el tráfico sexual infantil es principalmente un problema que se origina fuera de las fronteras de Estados Unidos, aunque el destino final de consumo de esos niños “de afuera” sean los mismos Estados Unidos. En realidad, el tráfico y la explotación sexual de menores ocurre en todos los países, incluido en los 50 estados del país norteamericano. Dentro de Estados Unidos, la mayoría de los casos de explotación sexual infantil involucran a menores estadounidenses —muchas veces facilitados por conocidos, familiares o a través de Internet—, no sólo víctimas importadas.

Verástegui también ha omitido mencionar posteriormente las acusaciones contra Tim Ballard, fundador de Operation Underground Railroad (OUR) — la organización que inspiró la película—, interpretado por Jim Caviezel en el film. Ballard enfrentó desde finales de 2023 múltiples acusaciones de acoso sexual, agresión sexual y manipulación espiritual por parte de varias mujeres que trabajaron o colaboraron con él en operaciones encubiertas. Si bien estos hechos se conocieron después de realizada la película, Verástegui ha optado por guardar silencio al respecto. De este modo, por esos azares del destino, “Sound of Freedom” termina convirtiéndose en la exaltación heroica de un abusador sexual.

El mismo Eduardo Verástegui ha estado muy cerca de uno de los mayores pederastas de la historia de la Iglesia. A través del sacerdote Juan Gabriel Guerra, integrante de los Legionarios de Cristo, llegó a conocer personalmente al P. Marcial Maciel. el cuál habría facilitado un encuentro del papa Juan Pablo II con el actor mexicano en noviembre de 2004, de lo cual da testimonio una fotografía, donde también se ve al P. Maciel.

Recién el 31 de agosto de 2025, Verástegui haría declaraciones públicas sobre los abusos de Maciel —aun cuando esos abusos ya eran conocidos desde hace años y el actor mexicano habría preferido guardar silencio cómplice—:

«Acabo de ver el documental “El lobo de Dios”. Primero que nada, el título no me gustó. Creo que hubiera sido más honesto llamarlo “El lobo disfrazado de oveja” o, mejor aún, “El lobo del diablo”.

Más allá del título, el documental revela las perversidades de un hombre que hizo un enorme daño a la Iglesia y a muchas víctimas inocentes. Eso hay que decirlo con todas sus letras: fue un criminal y un traidor al Evangelio. El mal debe ser condenado, las víctimas escuchadas y recompensadas, y los culpables investigados, procesados, juzgados y encarcelados».

Verástegui también se ha pronunciado sobre el caso de Jeffrey Epstein, considerando que «es uno de los fracasos morales y criminales más graves de nuestro tiempo. Epstein dirigió una red de abuso sexual sistemático de menores». Ha preguntado públicamente: «¿Quién más de México aparece en la lista de Jeffrey Epstein? Si alguien abusó de un niño, sea quien sea, debe caer». Pero este rasero no aplica cuando quien aparece cientos de veces en la lista de Epstein es Donald Trump, a quien el actor considera su amigo y defiende apasionadamente. «El presidente Donald Trump es el mejor presidente que ha tenido México», publicó el 21 de enero en la red social X.

Verástegui se presenta como parte del movimiento conservador global alineado con Trump (estilo MAGA, Make America Great Again). Lo ve como un líder fuerte contra el “globalismo”, el comunismo, los cárteles y las agendas progresistas. Ha actuado como una especie de puente o “vocero” informal de Trump en círculos latinos y mexicanos conservadores. Sus elogios son abiertos y sin matices negativos hacia Trump; no se le conocen críticas públicas importantes al presidente estadounidense. Ni siquiera ha dicho nada contra las atroces políticas migratorias que atentan contra derechos humanos, sobre todo de los migrantes latinoamericanos, como sí lo han hecho en declaraciones públicas los obispos estadounidenses e incluso el papa León XIV. Verástegui parece seguir en este punto una agenda propia, que no es la de la Iglesia católica.

El día 21 de abril de 2025, cuando murió el papa Francisco, Verástegui publicó este texto. «Hoy despedimos al Papa Francisco. Oremos por el eterno descanso de su alma. Que el Señor lo reciba en su infinita misericordia». Son palabras respetuosas que, sin embargo, no muestran ningún entusiasmo por lo que significó el pontificado del papa argentino. Son palabras muy similares a las que publicó Alejandro Bermúdez, pseudo-periodista expulsado del Sodalicio y furioso detractor de Francisco, quien se considera a sí mismo “amigo” de Verástegui: «Concédele Señor el descanso eterno, y brille para el Papa Francisco la luz perpetua. Descanso eterno conceda a él el Señor, y brille para él la luz perpetua. Descanse en paz. Amén».

Contrastan estos mensajes con lo que Verástegui publicó el 9 de mayo de 2025: «Dios nos ha regalado un nuevo Pastor: el Papa León XIV. Un hombre de fe, de oración, de servicio, con un corazón profundamente hispano, mariano y profundamente enamorado de Jesucristo y de su Iglesia. La Iglesia vive un momento de gracia. ¡Que viva el Papa León XIV!» Nunca se expresó en términos parecidos del Papa Francisco. Saquen sus conclusiones.

También es conocida su admiración por Mel Gibson, católico ultraderechista que rechaza el Concilio Vaticano II y que ha puesto en duda la legitimidad de los papas posteriores a ese concilio. Verástegui suele mencionar con entusiasmo y gratitud la película de Gibson “The Passion of the Christ” (“La Pasión de Cristo”), la recomienda explícitamente y la usa como ejemplo de cine que defiende la fe sin concesiones. Sin embargo, no tiene en cuenta que esa película se basa mucho más sobre las visiones de la religiosa alemana Anna Katharina Emmerick y sobre leyendas cristianas, que sobre los Evangelios mismos. Si consideramos que esa visiones fueron descartadas en el Vaticano por la Congregación para las Causas de los Santos debido a que no podían considerarse auténticas (cardenal José Saraiva Martins: «las “visiones” […] fueron anotadas, reelaboradas con gran libertad y sin control alguno, por el escritor alemán Clemens Brentano»), y si a eso le sumamos los detalles que fueron inventados por el guionista para sustentar determinadas interpretaciones de la fe, podemos concluir que nos hallamos ante una obra de teología-ficción salpicada de sadismo y espectacularidad sangrienta, y no ante una narración sobria, fiel a la esencia de los Evangelios.

A eso le podemos añadir otras posiciones doctrinales personales muy cuestionables de Verástegui, quien se considera pro-vida por su rechazo al aborto, pero está a favor de la pena de muerte. En un post del 7 de febrero de 2026 en la red social X decía lo siguiente:

«Conclusión católica, clara y honesta

La pena de muerte no ha sido condenada dogmáticamente por la Iglesia.

Fue considerada lícita durante siglos por santos, doctores y el Magisterio. La modificación del Catecismo no es infalible.

Es legítimo afirmar, con respeto y fidelidad a la Tradición, que el Papa pudo haberse equivocado en este punto. Defender esta postura no es herejía, ni desobediencia, ni ruptura con la fe católica. Es, sencillamente, pensar como la Iglesia ha pensado durante dos mil años».

No resistí la tentación de responderle con un post del 9 de febrero de 2026:

«Dogmáticamente la Iglesia tampoco ha condenado la esclavitud, la tortura ni la guerra. Pero la primera fue declarada moralmente ilícita recién en el siglo XIX, y las demás en el siglo XX. ¿Un católico puede estar a favor de la esclavitud, la tortura y la guerra?

Evidentemente, no.

Y tampoco a favor de la pena de muerte, aunque la postura de la Iglesia recién haya cambiado en el siglo XXI.

La Iglesia tuvo esclavos, torturó a “herejes” e inició “guerras santas”.

¿A esos tiempos quieres regresar, Verástegui?»

Si eso le sumamos su evidente homofobia, sus críticas a las luchas legítimas de las mujeres por sus derechos, su oposición al multiculturalismo unida a la discriminación de ciertos grupos poblacionales y su admiración por la cristiandad medieval, parece que efectivamente quisiera regresarnos a épocas superadas del pasado. Y eso es lo que menos necesita una Iglesia católica que ha estado sumida en graves crisis en los últimos tiempos.

[OPINIÓN] El Jurado Nacional de Elecciones ha logrado, con meticulosa organización, recrear en versión electoral lo que la historia ya había advertido: la confusión total. Su propuesta: un debate presidencial con treinta y cinco candidatos, donde cada uno dispone de ocho minutos en total —repartidos entre exposición y réplica— sobre temas que no eligen ellos sino el propio Jurado. Todo ordenado. Todo incomprensible.

El problema no es solo la cantidad, sino el formato. Esos ocho minutos están partidos en dos jornadas separadas por una semana. Cuatro minutos un día, sobre un tema; cuatro la siguiente, sobre otro. Un discurso fragmentado que asegura levedad en lo expuesto y olvido garantizado en quien escucha.

¿Quién puede seguir ese hilo? Nadie. Se le pide al ciudadano retener 35 intervenciones por jornada y reconstruirlas días después, en otro contexto, con otros rivales. No es información, es desgaste.

Para completar el cuadro, el sorteo cambia los cruces cada día. Keiko Fujimori con López Aliaga hoy; Belmont con el Cómico Álvarez mañana. Sin comparación directa, sin contraste, sin debate real. Solo combinaciones aleatorias que convierten el evento en una sucesión de monólogos que, gracias a Dios, duran apenas dos minutos. Al final de cada uno, el infaltable ¡Viva el Perú, carajo! y a otra cosa.

El problema, siendo justos, no es de los candidatos. Es del sistema que permite 35 postulantes —y miles más en listas parlamentarias— y luego pretende ordenarlos con cronómetro, para darlos a conocer sabiendo que el 80% está condenado a la irrelevancia desde el inicio. Participan igual, porque quieren sus  8 minutos de gloria y lamentablemente para nosotros,  la ley los obliga.

La televisión abierta vislumbró antes que nadie la falta de interés: en la primera jornada, el lunes 23, pasó de largo sin remordimientos.

Lo que queda es un desfile que, con menos protocolo, sería un buen programa cómico de fin de semana. Y no se duerman: aún falta la cédula de votación —ya de por sí incomprensible— para confirmar que en este bulín electoral, entender es lo único que no estaba previsto.

Que Dios nos coja confesados.

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