Opinión

[OPINIÓN] El incidente registrado a fines de septiembre de 2026 en Bolivia expuso de manera contundente los límites éticos y operacionales de la coalición. Apenas 72 horas pasaron entre la inclusión en la lista negra de Washington del Fiscal General boliviano, Roger Mariaca, y su posterior detención y traslado mediante un operativo ejecutado por la Policía local en coordinación con la DEA. La posterior felicitación unánime de los países miembros —incluida la facilitación logística en el Aeropuerto de Lima por parte del gobierno peruano liderado por Keiko Fujimori— puso en evidencia la naturaleza punitiva y alineada del bloque.

​El elemento crítico de esta operación radicaba en que el fiscal destituido investigaba a Fernando Cerimedo, estratega político afín al movimiento MAGA y asesor del presidente Rodrigo Paz, procesado por cargos graves y con cuentas vinculadas a redes opacas. Al proyectarse la percepción de que los mecanismos del Escudo fueron utilizados para desactivar un expediente incómodo para figuras afines a Washington, el relato de neutralidad e integridad en la lucha contra el crimen organizado sufrió un impacto devastador.

​Mapeo de Impactos Sistémicos: Soberanía, Recursos y Democracia
​El diseño institucional del Escudo de Las Américas genera tensiones permanentes entre las demandas de soberanía nacional y las exigencias estratégicas de la coalición:

A.​Soberanía Militar e Inteligencia
La subordinación de las doctrinas de defensa nacionales a los lineamientos tácticos del Departamento de Defensa de EE. UU. limita drásticamente la autonomía operativa local. El despliegue de personal militar y de inteligencia extranjero bajo prerrogativas diplomáticas restringe la toma de decisiones soberanas en las Fuerzas Armadas de los países firmantes.

B.​Soberanía sobre Recursos Naturales
A través de cláusulas relativas a la «protección de cadenas de suministro de minerales críticos» (litio, cobre, tierras raras y gas), la coalición ejerce una facultad de veto implícito sobre inversiones extracontinentales, desplazando a competidores asiáticos y supeditando la política energética regional al equilibrio geopolítico de Washington.

C.​Territorio y Control Fronterizo:
Se consolida una securitización extrema que prioriza el control migratorio y la vigilancia táctica aérea y marítima sobre el libre tránsito interregional y la gestión fronteriza integrada.

D.​Calidad de la Democracia y Estado de Derecho:
La utilización de la presión internacional y los comunicados del bloque para influir sobre fiscalías y poderes judiciales locales erosiona el principio de separación de poderes y acentúa la polarización en los países miembros.

E.​Fractura Regional y Ausencias Estratégicas
​Un elemento determinante en el análisis de sostenibilidad del tratado es la exclusión —y explícito distanciamiento— de los actores económicos y geográficos más relevantes de la región: Brasil, México, Colombia y Canadá.
​La negativa de estos Estados a integrarse a la coalición no responde a una discrepancia en la lucha contra el crimen organizado, sino al rechazo a un modelo de cooperación percibido como un retorno a doctrinas de subordinación unilateral o «Trumproe».

Como ha señalado el economista Jeffrey Sachs, ‘la estructura del acuerdo responde primordialmente a un esquema de recuperación del control hemisférico” antes que a una arquitectura multilateral de seguridad efectiva. Le interesa al Perú un acuerdo que puede caerse solo, por ejemplo si EEUU insiste en una caduca doctrina propia de colonias y no para Republicas independientes?

[OPINIÓN] El de la ordenanza municipal —que abunda y, al parecer, es obligatorio exhibir— que prohíbe el acoso sexual y la discriminación en los locales del distrito pertenece a esta última categoría.

El epítome de semejante estupidez está en un club privado. Allí, donde para ingresar hay que presentar recomendaciones, superar un proceso de admisión, aceptar estatutos y acreditar conducta y decencia, ahora nos colocan un cartel que advierte que está prohibido el acoso sexual. Y no uno: lo ponen a la entrada de cada local, restaurante o tienda dentro del recinto.

Pero ahí no termina la genialidad.

El cartel precisa que está prohibido acosar a las personas, «en especial mujeres, niñas, niños y adolescentes».

He ahí el clímax de la imbecilidad. Porque el cartel no se conforma con prohibir lo obvio: lo jerarquiza. Hay personas a las que, en especial, no se debe acosar.

¿Y las demás? ¿El varón adulto, la señora de setenta años, el jubilado que toma su café? ¿Pertenecen a la categoría general, la del acoso con descuento?

Naturalmente, proteger a los más vulnerables es indispensable. Pero redactar una prohibición universal como si tuviera categorías preferenciales exige un talento especial para el disparate.

Tampoco se queda corto en geografía. El cartel delimita el territorio del delito: prohíbe acosar «en este local». Es decir, en la vereda, en el estacionamiento o en la tienda de al lado, la prohibición ya no rige. Semejante precisión deja en claro el nivel de imbécil que redactó la ordenanza. Y del que la firmó.

Y todavía falta lo mejor: le ponen tarifa. «Bajo sanción de multa de 1 a 2 UIT».

Es decir, el acoso sexual, que puede constituir delito, queda reducido en el cartel a una infracción con precio de lista. ¡Una maravilla de pedagogía municipal!

Y, volviendo al club, seguramente algún directivo explicará, con esa solemnidad que suele acompañar a la falta de criterio, que la municipalidad obliga a exhibirlo.

¿Y para qué diablos existe una directiva? ¿Para representar a los asociados o para obedecer cualquier estupidez sin siquiera cuestionarla?

Una institución que presume de respetable debería ser la primera en exigir sensatez, cuestionar los disparates administrativos y defender la dignidad de sus socios por las vías legales. No en tratarlos como sospechosos de indecencia.

Yo propongo completar la obra:

«Prohibido estafar a un socio, bajo pena de multa».

«Prohibido orinar detrás del mostrador, bajo pena de multa».

«Prohibido agarrar a patadas al imbécil que colgó el letrero, bajo pena de multa».

Y así, hasta empapelar el club de obviedades.

Finalmente, propongo sancionar al iluminado que redactó semejante cartel y a quienes decidieron exhibirlo sin protestar. Multa por ofender la inteligencia y la decencia colectivas.

Porque la estupidez de quien redacta una norma puede ser preocupante. Pero la obediencia servil de quien debería cuestionarla resulta todavía más lamentable.

Bajo pena de multa, claro.

[EL DEDO EN LA LLAGA] El papa León XIV visitará el Perú entre el 11 y el 16 de noviembre de 2026, en el marco de su viaje apostólico por Sudamérica, que incluye Uruguay y Argentina. Su llegada reactivará la previsible maquinaria de la devoción popular: carteles, consignas solemnes y una exaltación que roza el fanatismo. Expresiones como «el Vicario de Cristo» o «el papa elegido por el Espíritu Santo» pretenden convertir al ocupante de la silla de Pedro en una figura intocable.

Sin embargo, la idea de que «el Espíritu Santo elige al papa» carece de rigor. El propio cardenal Joseph Ratzinger, futuro papa Benedicto XIV, lo aclaró en 1997 al señalar que el Espíritu Santo no escoge directamente al pontífice, sino que deja un amplio margen a la libertad humana. Ratzinger fue tajante: la historia demuestra que existen demasiados ejemplos de papas que el Espíritu Santo evidentemente jamás habría elegido. La elección papal es, y ha sido siempre, una decisión humana y ha respondido frecuentemente a intereses políticos.

Cuando el papado dependía del poder y el dinero

En el siglo X, el sistema del cónclave ni siquiera existía. El solio pontificio caía en manos de las oligarquías romanas mediante la imposición y el dinero. Juan XII (955-964) llegó al poder a los dieciocho años por el control absoluto que ejercía su padre, Alberico II de Spoleto. Las crónicas medievales describen su pontificado como un catálogo de violencia y desenfreno sexual: convirtió el palacio de Letrán en un burdel público y se le acusó directamente de adulterios, incesto, asesinatos y sacrilegios.

Un siglo después, Benedicto IX (1032-1048) llevó la degradación al límite. Ocupó el papado en tres períodos distintos y, en 1045, protagonizó el episodio más controvertido de la historia vaticana al poner en venta el cargo pontificio a cambio de una enorme suma de dinero, cediéndole el trono directamente a su padrino. Escritores eclesiásticos de la época, como Pedro Damián y el papa Víctor III, documentaron su conducta atribuyéndole un historial de delitos sexuales y criminales en un entorno de corrupción y comercio espiritual absoluto.

En el Renacimiento, Alejandro VI (1492-1503) utilizó el aparato pontificio para el enriquecimiento y promoción de la familia Borgia, consolidando un mandato marcado por el nepotismo radical y una vida privada plagada de escándalos públicos.

El marco legal del silencio y el encubrimiento institucional

En el siglo XX, el problema mutó del escándalo personal a la complicidad estructural protegida por la propia ley de la Iglesia. Esta política de opacidad sistemática nació formalmente bajo el pontificado de Pío XI (1922-1939) mediante una primera directiva secreta. Bajo esa estricta lógica de autoprotección se entiende lo ocurrido en marzo de 1938, coincidiendo exactamente con la anexión de Austria por la Alemania nazi. Los archivos desclasificados confirman que la Santa Sede ordenó explícitamente «quemar todo» el material confidencial de abusos sexuales en la nunciatura de Viena. En esta operación estuvo implicado directamente Eugenio Pacelli, entonces secretario de Estado y futuro Pío XII.

El Vaticano mandó destruir las pruebas para impedir que la Gestapo y el régimen de Adolf Hitler confiscaran las evidencias criminales. Los nazis utilizaban activamente las denuncias de pederastia clerical como una feroz herramienta de propaganda para justificar la persecución del clero y desmantelar las escuelas católicas. Ante la amenaza totalitaria, la prioridad absoluta de Roma no fue proteger a las víctimas ni colaborar con la justicia civil, sino eliminar la evidencia física para blindar los secretos de la Iglesia frente al enemigo nazi, sepultando los crímenes en la impunidad absoluta.

Décadas más tarde, en 1962 durante el pontificado de Juan XXIII, esta política de opacidad fue ratificada y actualizada jurídicamente en la instrucción Crimen sollicitationis. Este documento —de carácter estrictamente secreto e interno, enviado a los obispos con la orden de ser guardado bajo llave en los archivos confidenciales de las diócesis— imponía un silencio absoluto bajo pena de excomunión sobre los procesos de abusos cometidos por sacerdotes contra menores. La ley eclesiástica priorizó el secreto institucional por encima de la justicia y la atención de las víctimas.

La red de protección papal a Marcial Maciel

El caso de Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, evidencia la opacidad y los mecanismos de protección interna de la Santa Sede, sostenidos sistemáticamente por una sucesión de pontífices:

  • Pío XII (1939-1958): Bajo su mandato se recibieron las primeras denuncias explícitas. Aunque Maciel fue apartado temporalmente en 1956 debido a los abusos y a su adicción a la morfina, el entorno del papa intervino para modificar las sanciones penales y archivar el expediente gracias a las presiones de altos jerarcas eclesiásticos.
  • Juan XXIII (1958-1963) y Pablo VI (1963-1978): Durante sus pontificados se permitió el retorno pleno de Maciel a la dirección de la orden y se ignoraron las reiteradas alertas de las víctimas bajo el blindaje del secreto institucional.
  • Juan Pablo II (1978-2005): El papa polaco protegió activamente a Maciel de forma directa, ensalzándolo públicamente como un «guía eficaz de la juventud» e ignorando informes de abusos a decenas de menores y la doble vida del sacerdote, quien utilizaba identidades falsas para ocultar a sus parejas e hijos biológicos. El Vaticano blindó al depredador priorizando la masiva captación de fondos y vocaciones que la orden inyectaba a la Santa Sede.

La respuesta institucional de Ratzinger

Cuando la presión social y las evidencias se hicieron insostenibles, la respuesta de Joseph Ratzinger —tanto como cardenal en la Congregación para la Doctrina de la Fe como en su rol de papa Benedicto XVI (2005-2013)— fue insuficiente. Y lo fue de manera alarmante. En lugar de someter a Maciel a un juicio canónico formal, degradarlo o excomulgarlo por sus crímenes, la Santa Sede dictó en 2006 una resolución indulgente: le ordenó retirarse a una «vida reservada de oración y penitencia». Ratzinger evitó el castigo penal público y la rendición de cuentas ante la justicia ordinaria, permitiendo que Maciel muriera en la impunidad civil.

Esta inacción sistémica ya la arrastraba Ratzinger desde su época como arzobispo de Múnich. En 1980, recibió en su diócesis al sacerdote Peter Hullermann, trasladado desde la diócesis de Essen tras haber abusado de menores. Debido a la negligencia de la administración de Ratzinger, Hullermann fue reincorporado de inmediato a labores pastorales ordinarias y continuó abusando de más niños.

Juan Pablo II: McCarrick y la falibilidad de las decisiones papales

En noviembre de 2000, Juan Pablo II nombró arzobispo de Washington a Theodore McCarrick. El informe oficial del Vaticano publicado en 2020 confirmó que Roma ya tenía alertas e informaciones explícitas sobre la conducta depredadora de McCarrick con seminaristas y menores. Bastó con que McCarrick negara las acusaciones en una carta personal para que el papa aceptara sus explicaciones, ignorara las advertencias y oficializara el ascenso de un abusador. Fue un error manifiesto, una decisión que carecía de cualquier amparo sobrenatural.

Francisco: del error en Chile a la intervención en el caso Sodalicio

Por su parte, Francisco (2013-2025) protagonizó uno de los episodios de ceguera institucional más graves en Chile. En enero de 2018, defendió públicamente al obispo Juan Barros, acusando de «calumnia» a las víctimas que denunciaban el encubrimiento de los abusos de Fernando Karadima. Tras el escándalo global, Francisco envió una delegación liderada por el arzobispo de Malta, Charles Scicluna —máximo experto del Vaticano en delitos sexuales— y el oficial español Jordi Bertomeu. Tras recibir el demoledor informe de más de 2.300 páginas elaborado por ambos enviados, el papa tuvo que admitir que cometió «graves errores» en la valoración y percepción de la situación debido a la falta de información fiable, obligado a pedir perdón directamente a las víctimas, y a aceptar posteriormente la renuncia de Barros.

No obstante, su pontificado también marcó el inicio de avances innegables en la rendición de cuentas eclesiástica respecto al Sodalicio de Vida Cristiana. Tras décadas de inacción, Francisco rompió el cerco de la impunidad al enviar nuevamente a la Misión Especial Scicluna-Bertomeu, un equipo encargado de investigar las denuncias de abusos en dicha organización que ya habían sido destapadas años atrás por el periodismo de investigación. Con firmeza histórica, decretó primero la expulsión de su fundador, el laico Luis Fernando Figari, y de catorce de sus miembros clave, culminando el proceso con la disolución jurídica y total de la sociedad apostólica en 2025. Estas medidas sentaron un precedente drástico en el castigo interno de esta organización conformada tanto por laicos consagrados como por clérigos.

El reto ineludible de León XIV ante el caso Sodalicio

La visita de León XIV a Lima en noviembre de 2026 no puede limitarse a actos multitudinarios y bonitos discursos de paz y misericordia. Su principal examen de coherencia moral radicará en tomar al toro por las astas en el caso del Sodalicio de Vida Cristiana, una organización que el papa Francisco disolvió en 2025 tras demostrarse sus brutales abusos físicos, psicológicos, espirituales y sexuales, por mencionar algunos. Sin embargo, esta disolución ha llegado tarde y expone la total impotencia del Vaticano frente a la trampa económica de los abusadores.

El papa no tiene superpoderes frente a las leyes peruanas. Durante años, la cúpula del Sodalicio sacó su millonario patrimonio de la órbita de control de la Iglesia y lo escondió en empresas fachada, negocios privados y fideicomisos civiles mediante una estructura jurídica diseñada para ser impenetrable. Al hacerlo, los antiguos directivos vaciaron los fondos institucionales líquidos. Aunque en su momento la organización ejecutó un proceso de reparaciones económicas, este resultó arbitrario e injusto, entregando montos insuficientes bajo contratos condicionados y dejando a una gran cantidad de víctimas completamente desamparadas.

El panorama judicial es igual de estéril: el papa no puede meter a nadie a la cárcel ni obligar a la Fiscalía peruana a reabrir los casos de abusos y lavado de dinero que ya archivó sistemáticamente. León XIV no puede recuperar el dinero escondido ni suplantar a la justicia del Estado.

Ante este expolio económico y judicial donde los antiguos miembros habrían ganado la batalla legal, el verdadero deber de León XIV se traslada al terreno ético y penal canónico. Si el dinero está oculto y la vía penal civil bloqueada, lo más importante pasa a ser la reparación simbólica, el dignificar a las víctimas y el esfuerzo institucional por mantener viva la memoria de lo ocurrido. En aras de las transparencia, el pontífice debería romper la opacidad vaticana y ordenar la publicación de un informe ejecutivo desclasificado de la Misión Especial Scicluna-Bertomeu, un documento que resguarde el necesario anonimato de las víctimas, pero que exponga con transparencia absoluta las conclusiones, los patrones de abuso y las responsabilidades institucionales que hoy siguen bajo estricta reserva en los archivos de la Santa Sede. Asimismo, su deber moral le exige impulsar la investigación rigurosa de las responsabilidades individuales, sancionando de forma proporcional a los miembros del clero y jerarcas locales que actuaron como cómplices o guardaron un silencio encubridor. Cualquier discurso que ignore esta exigencia de verdad, memoria y justicia interna será complicidad continuada.

La fe adulta no necesita mitos

El entusiasmo popular ante la llegada de León XIV no justifica la suspensión del pensamiento crítico. Cuestionar las decisiones, los nombramientos o los errores de un papa no es un ataque a la fe; es una exigencia de honestidad histórica.

Cuando los cardenales votan en un cónclave, operan bajo presiones, preferencias personales e información incompleta. Cuando un papa gobierna, comete errores. La supuesta asistencia de Dios no automatiza las decisiones humanas ni convierte a los hombres en seres infalibles. Se puede recibir al papa con respeto y afecto sin convertirlo en un ídolo. La fe madura no necesita mitos, y el respeto al pontífice no exige dejar de lado la verdad ni renunciar a pensar.

Frente a la impunidad de la que aún gozan varios de los exmiembros y cómplices del disuelto Sodalicio, el paso de León XIV por el Perú se juzgará primordialmente, entre otras cosas, por su valentía para dignificar a las víctimas y romper el silencio culpable de la jerarquía local y de ciertas élites peruanas.

[OPINIÓN] Anabel Hernández no muestra las pruebas por una razón muy simple: no existen. Lo que ha contado sobre Alan García es una patraña, una mentira con apariencia de investigación.

Hay acusaciones que se construyen con documentos y otras que se construyen con muertos. Esta es de las segundas.

Al presentar Narcocracia, la periodista eligió señalar a Alan García, fallecido en 2019 y, por tanto, imposibilitado de responder, como supuesto participante en una operación mediante la cual armas compradas por el Estado peruano a China habrían terminado en manos del Cártel de Sinaloa.

La acusación es enorme. Las pruebas, ninguna.

La historia tiene todos los ingredientes de un thriller: fusiles chinos, reuniones clandestinas, funcionarios peruanos, “millones y millones de dólares” y hasta un apodo de película: “Caballo Loco”. Falta solamente aquello que transforma una historia en una investigación periodística: la evidencia.

¿Dónde están los documentos? ¿Las transferencias? ¿Las guías de embarque? ¿Los nombres de los funcionarios peruanos involucrados? ¿El número de serie de un solo fusil comprado por el Perú y decomisado luego al Cártel de Sinaloa? Nada de eso ha sido mostrado.

Lo que existe es el testimonio de Sergio Villarreal Barragán, “El Grande”, antiguo narcotraficante convertido en testigo colaborador. La palabra de un delincuente puede iniciar una investigación, pero jamás sustituirla. El periodismo empieza precisamente allí: comprobando lo que la fuente afirma.

No hay contrato que exhibir, ni transferencia que seguir, ni un solo fusil que haya hecho el viaje de Lima a Sinaloa, porque la historia no resiste el contacto con un archivo. Y a la autora no le conviene admitirlo: un libro necesita titulares, y un expresidente muerto vende más en la portada que la palabra de un narcotraficante sin un papel que la respalde.

Hernández escribe desde México, el país que mejor conoce lo que cuesta creerle a un narcotraficante. Si alguien sabe el peligro de convertir esa palabra en verdad periodística, es ella.

Hay además un hecho incómodo para su relato: en 2008, el propio García denunció públicamente los vínculos entre los cárteles mexicanos y los grupos armados que operaban en el Perú. Curioso comportamiento para quien ahora es presentado como proveedor clandestino de aquellos a quienes denunciaba.

Alan García murió hace siete años. No puede confrontar al testigo, exigirle pruebas ni demandar a quien formula la acusación. Esa imposibilidad debería elevar, no disminuir, la exigencia de rigor.

Anabel Hernández ha construido su prestigio exigiendo evidencias al poder. Ahora le corresponde aplicarse la misma regla.

Porque los muertos no hablan.

Los documentos, sí.

Que los muestre.

«A los lectores: Pueden acceder al video de cada canción o artista mencionados en los artículos para verlos en YouTube»

[Música Maestro] Para la mayoría de jóvenes del siglo XXI, la palabra “Venom” es sinónimo del personaje antagónico del Hombre Araña, una viscosa forma de vida extraterrestre capaz de adherirse a cualquier ser humano y poseerlo hasta convertirlo en un monstruo negro de diabólica sonrisa, atemorizantes colmillos y fuerza incontenible.

Para nosotros, viejos metaleros, el gracioso dibujito llegó en segundo lugar a nuestro ranking pues ya existía algo llamado Venom, más real y tangible. Un trío que, desde Newcastle, cambió por completo el juego del heavy metal, subiendo aun más el ya atronador volumen de Motörhead y lanzando desembozadas loas al diablo de una manera que Black Sabbath jamás se atrevió en sus días de gloria.

Venom es probablemente el grupo que inventó el concepto “black metal” -de hecho, uno de sus icónicos álbumes y canciones llevan ese título-, aunque ciertamente no suena como todo lo que vino después para apoderarse del término, comenzando por los suecos Bathory o Celtic Frost, cuyos álbumes debut, Bathory y Morbid tales respectivamente, aparecieron en 1984.

Con una presencia en escena agresiva y demoledora, el trío atrajo a sus audiencias hacia el lado más ocultista de la música popular hasta entonces conocido, con imaginería satánica, letras infernales y sus sobrenombres tomados de distintas fuentes históricas-mitológicas, prácticas ahora comunes en bandas de metal extremo provenientes de la zona nórdica de Europa, que tuvieron en Venom su inspiración primigenia. El principal compositor, vocalista y bajista de Venom, Cronos, falleció el 1 de octubre, a los 63 años.

La leyenda de Cronos

En la mitología griega, Cronos es el más joven de los Titanes, hijos varones de Urano y Gea. Según la leyenda, Cronos libera a su madre de la tiranía de su padre castrándolo con una hoz y lanzando al mar los genitales del poderoso rey de la edad dorada. Al caer, la sangre y testículos de Urano dieron origen a varias deidades del tiempo preolímpico, entre ellas una de las más famosas, Afrodita. Urano maldijo entonces a su hijo Cronos, vaticinando que sus hijos terminarían matándolo.

Para evitar que se cumpla la profecía, Cronos se comía a cada hijo que tenía con Rea, al nacer. En total, fueron cinco. Su mujer, sin embargo, planificó una estratagema para salvar a su hijo más pequeño, Zeus, pariéndolo a escondidas y llevándolo a una cueva en Creta, donde fue criado por una cabra. Cuando Zeus creció, Cronos fue obligado a regurgitar a sus cinco hijos -y a la piedra que Rea le había dado en lugar de Zeus- y a liberar a los Cíclopes. Entre todos, depusieron a Cronos, desterrándolo e iniciándose así la era olímpica con Zeus como principal divinidad.

Ese episodio de la mitología helénica, de Cronos devorando a sus hijos, quedó inmortalizado en dos obras de la pintura clásica. La primera es de 1636, del holandés Pedro Pablo Rubens (1577-1640) y la segunda, inspirada en esta, del español Francisco de Goya (1746-1828), de 1820 aproximadamente. Los dos cuadros se titulan Saturno, nombre de Cronos en la mitología romana, y están actualmente en el Museo del Prado, en Madrid. Cronos, representado con una guadaña -la misma que usó para castrar a su padre Urano, es además reconocido como el dios del tiempo, pero originalmente era de las estaciones y las cosechas.

La leyenda de Cronos, el bajista de Venom

Para aquellas personas no iniciadas en esto de la música agresiva, más que escuchar uno de los poderosos seis discos que grabó Venom entre 1981 y 1987 -antes de su primera salida del grupo- les recomendaría buscar en YouTube alguno de los conciertos de la banda original -Conrad “Cronos” Lant (voz, bajo), Jeffrey “Mantas” Dunn (guitarra), Anthony “Abaddon” Bray (batería)- en ese periodo, especialmente la versión restaurada del último show de la gira 7th Dates In Hell, realizado en el teatro Hammersmith Odeon de Londres, en 1984.

Más o menos al final del primer tercio del concierto, pueden ver tres minutos que resumen la brutal presencia escénica de Cronos, la misma que en 1989 me dejó boquiabierto cuando era un quinceañero y la vi, más de una vez, a través de la pésima señal cargada de estática de uno de esos canales de UHF -no recuerdo si era 27 o 33- que se colaban en el dial sin control remoto, manipulando la antena de conejo para mejorar un poco la imagen.

Con un polo negro rasgado, pantalones de cuero, gruesos collares de púas en cuello y brazos, Cronos le arrebata angustiantes rugidos a su bajo distorsionado y hace fraseos a imposible velocidad, tocando con uña de plástico. Eran tiempos en que la televisión programaba clásicos de terror diabólico como La Profecía (1976) o El Exorcista (1973) y la voz de Conrad Lant, su verdadero nombre, se asemejaba a los chillidos de sus diabólicos personajes.

Más que las letras que, en esos años, no entendía muy bien, fueron la fuerza, la personalidad, la contundencia de su inconformismo con el mundo y la decisión de hacer algo que nadie había hecho antes lo que me llamó la atención. Sus canciones no eran como las que Gerardo Manuel ponía de Iron Maiden, Kiss o Van Halen. Esto era más agresivo, más subterráneo, más prohibido.

Un verdadero defensor del metal

Cronos mantuvo siempre en alto la bandera del metal extremo, subgénero que ayudó a construir con pura creatividad, talento y, sobre todo, atrevimiento. Y lo manifestó en más de una ocasión. “¿Desde cuándo Ozzy es “el príncipe de la oscuridad”? -le dijo en una ocasión a la revista Metal Hammer, en los primeros dos miles, criticando el sonido glam del ex Black Sabbath durante los ochenta y noventa. “Ese apodo es de hace diez años, en sus canciones le pedía ayuda a Dios -en alusión al clásico primer álbum de Black Sabbath (1970)-, pero no era parte del infierno. ¡Yo soy el infierno!”

Sobre los nuevos fans de lo que actualmente se conoce como black metal -el de los países nórdicos-, que consideran el sonido de Venom demasiado pegado al hard-rock tradicional, comentaba. “Claro, se apoderan de mi creación y deciden qué es “black metal” y qué no”. Para él, todos los subgéneros y rótulos no eran más que estrategias de comercialización de la música metálica. No le faltaba razón.

Tras un breve periodo fuera del grupo -en que fue reemplazado por Tony «Demolition Man» Dolan-, Cronos volvió a liderar Venom, hasta poco antes de su muerte, junto a dos nuevos soldados -Stuart «LaRage» Dixon (guitarra) y Danny «Dante» Needham (batería), con quienes incluso toco en Lima, en el año 2017. Esa formación de Venom llegó a lanzar cuatro discos: Fallen angels (2011), From the very depths (2015), Storm the gates (2018) y el último Into oblivion (2026) y fue la que, en 2022, regresó triunfalmente al festival alemán de Wacken.

Rock y satanismo: Un debate de larga data

Entre otras cosas, lo que bandas como Venom y muchas más que surgieron después de ellos, desde Slayer hasta Impaled Nazarene, pasando por cientos de nombres mucho más oscuros y blasfemos, fue abrir una nueva veta de entretenimiento, ciertamente no convencional, pero menos nocivo que los políticos y empresarios facinerosos de sus respectivas épocas y países. Por otro lado, grupos como Coven o Black Sabbath ya habían explorado estos temas ligados al ocultismo de manera frontal, echando por la borda a quienes desde una postura conservadora acusaban al rock de lanzar “mensajes cifrados” en sus grabaciones.

En la década de los ochenta comenzaron a aparecer diversos “análisis” a canciones de reconocidas bandas de rock como Queen, Led Zeppelin, Eagles, The Beatles, entre otras. Sus conclusiones apuntaban a una situación alucinante: si eran escuchadas al revés -para lo cual había que manipular exprofesamente el tornamesa para variar el sentido de la aguja que leía la información contenida en cada vinilo-, se revelaban frases ocultas, incitaciones a cometer atrocidades y hasta alabanzas al mismísimo Satán.

Estas frases ingresaban al cerebro de manera subliminal, motivando que los fanáticos del rock terminaran entregando su alma al diablo, sometidos por el influjo de estos músicos malditos que solo buscaban su perdición. Fueron grupos extremistas religiosos quienes iniciaron dichos rumores en esa época, amparados en su deseo de reprimir el rock, pero sin ninguna justificación científica ni asidero real. Desde siempre la relación entre el rock y el ocultismo satánico ha sido muy estrecha. Historias como la del bluesero Robert Johnson o de Jimmy Page, guitarrista líder de Led Zeppelin, abundan y son por demás interesantes, pero en ningún modo verosímiles.

De hecho, gran cantidad de los nombres de canciones y grupos de todos los géneros de metal extremo que actualmente existen podrían generar, de solo leerlos, una parálisis facial en los sectores más puritanos y generar iras santas entre fanáticos religiosos al estilo “con mis hijos no te metas”, seguidores limeños de cierto candidato -seguramente alcalde electo al momento en que usted revisa estas líneas-, que se escandalizarían si entendieran sus canciones pero no sienten ni un solo remordimiento al ver cómo su líder se salta con garrocha las leyes o amenaza públicamente violar al presidente del JNE porque sus resultados adversos no le gustan.

Bienvenidos al infierno musical de Venom

Lo primero que lanzó Venom al mundo de la música, como aviso de lo que venía, fue un disco de 45rpm -lo que en la terminología de entonces era un single- editado por el sello independiente Neat Records en 1981, asociado a bandas de la naciente movida metalera británica, con dos canciones, Live like an angel (Die like a devil) e In the league of Satan. Como comprenderán, estos títulos iban en dirección opuesta a todo lo que sonaba en las radios -Spandau Ballet, Duran Duran, The Police-, inclusive en los predios del rock duro.

A fines de ese mismo año apareció su LP debut, Welcome to hell (1981) con títulos como Sons of Satan, One thousand days in Sodom y cosas por el estilo. Cronos, en entrevistas de la época, aseguraba que a diferencia de Black Sabbath, a quienes consideró siempre su inspiración, a ellos no les faltaba identificación con lo maligno y que, en lugar de describir lo oculto desde afuera, lo hacía desde las mismas entrañas del averno, porque no había demonios rondándolo sino que “él era el demonio”. Ante las acusaciones de apología al satanismo, contestaba que solo lo hacía para generar impacto, para entretener a un público que buscaba ir más allá de lo convencional.

Su segundo disco, Black metal (1982), es considerado una de las bases de todo lo que salió después en términos de metal extremo. Clásicos como Buried alive, To hell and back o Countess Bathory -acerca de la legendaria asesina serial húngara del siglo XVI- o el tema-título, confirmaron las intenciones sonoras de Venom. En el primer tema de este segundo LP, Cronos, Abaddon y Mantas llevaron una sierra eléctrica para cortar metal en el estudio de grabación, fuente original del chirrido espeluznante con el que comienza este disco.

Simbología ocultista directa

A la distancia, Welcome to hell (1981) y Black metal (1982) no suenan tan escalofriantes. Hay influencias obvias de Motörhead, Judas Priest –sus principales referentes-, e incluso de Iron Maiden y bandas punk de la primera oleada -Discharge, Sex Pistols-, pero lo que permanece como vínculo directo con aquello no accesible para los públicos convencionales son las carátulas de ambos discos, usando la simbología más tradicional del satanismo como expresión (anti)religiosa que acompaña al desarrollo del credo católico desde hace centurias.

El primero tiene a un macho cabrío, con tenebrosa mirada lanzada desde minúsculos ojillos, cuya cabeza, cuernos, orejas caídas e hirsuta barbilla conforman una estrella de cinco puntas, un pentáculo o sello de Baphomet, la insignia de la “Iglesia de Satanás”. Y el segundo, muestra el rostro semi sonriente de un demonio clásico, con el título del álbum en tipografía antigua de la era gótica. Símbolos hebreos de diversos significados demoníacos y demás añadidos -fondo negro, el logo de la banda- hacen de estas carátulas de las más abiertamente oscuras de su época.

Por supuesto, todas estas prácticas fueron adoptadas por las siguientes generaciones de bandas de black metal, con un sonido mucho más abrasivo y difícil de digerir para oyentes no acostumbrados a ráfagas de ruido y voces que más parecen salidas de monstruos que de seres humanos. Con los años, Venom recibió ampliamente el crédito que merecen como pioneros de esta forma de hacer música, cargada de sensaciones catárticas que finalmente constituyen un rechazo al mundo real y sus líderes, capaces de maldades mucho peores que un dibujo impreso en la carátula de un long-play o canciones que hablan de brujas, infiernos y ángeles caídos.

La influencia de Venom

La discografía de Venom incluye otras piezas notables como la suite de 20 minutos At war with Satan -del tercer álbum, del mismo título, de 1984– en cuya carátula destaca una cruz invertida, como las que popularizara el guitarrista de Black Sabbath, Tony Iommi, década y media antes. Los álbumes Possessed (1985) y Calm before the storm (1987) fueron los últimos con la formación clásica -el guitarrista Mantas se había ido un disco antes- y luego vinieron tres discos más, sin Cronos.

El bajista se concentró en su propia banda, lanzando dos discos, Dancing in the fire (1990) y Rock n’ roll disease (1991)- sin mucha resonancia debido al auge del grunge, aunque bien recibidos por las comunidades metaleras mundiales. Para su regreso a Venom, con el disco Cast in stone (1997) se reunió con sus antiguos compañeros Mantas y Abaddon, pero posteriormente el último se retiró. Cronos trajo a la banda a su hermano menor Antony, que tocó con el pseudónimo “Antton”. Luego vinieron otros cambios de personal, hasta la versión más o menos estable con Stuart «LaRage» Dixon (guitarra) y Danny «Dante» Needham (batería).

Witching hour, del álbum debut, es una de sus canciones más versionadas, por bandas como Slayer, Machine Head y Mayhem, los noruegos más conocidos de la segunda ola de black metal, quienes habrían escogido ese nombre a partir de Mayhem with mercy, un breve instrumental de plácidas guitarras también del Welcome in hell. Mientras que Tony «Demolition Man» Dolan –el cantante y bajista que reemplazó a Cronos en Venom a inicios de los noventa- armó Venom Inc., con autorización de los integrantes originales -incluso Mantas y Abaddon participaron en sus inicios el 2015. Esta versión alterna de Venom también tocó en Lima, hace un par de años.

La naturaleza pionera de Venom y Cronos, su principal compositor e ideólogo en cuanto al concepto oscurantista de sus presentaciones públicas y mensajes, para crear las bases de otros subgéneros como el death, thrash y black metal -y todos sus demás derivados- es innegable. Puede que te guste o no su propuesta, que no sea la más apropiada para comenzar a escuchar música. Pero, con la formación y estabilidad emocional y mental adecuadas, es posible introducirse en este universo de referencias a aquello que más temores nos causa y encontrar, en sus laberintos, una vía de escape a la frustración que producen, por ejemplo, gobiernos inútiles que salen vestidos de blanco, sonrientes, pero que en el fondo son capaces de planificar las peores maldades sin que se les mueva un músculo de la cara.

«A los lectores: Pueden acceder al video de cada canción o artista mencionados en los artículos para verlos en YouTube»

[Música Maestro] Cuando apareció el boxset de cuatro CD The MOFO Project/Object hace veinte años, los fans de Frank Zappa pensamos que ya no había más que añadir con respecto a materiales inéditos de las sesiones de grabación de Freak Out!, el primer LP de The Mothers Of Invention. La caja fue lanzada para celebrar el 40 aniversario del álbum e incluía demos, tomas alternas y ensayos, prácticamente todo lo que pasó durante aquellos cuatro días de marzo de 1966 en que se grabaron las quince canciones que iniciaron de manera oficial la obra discográfica del guitarrista y compositor fallecido en 1993.

Sin embargo, hace un par de meses, se anunció el inminente lanzamiento de Freak Out! 60th Anniversary Edition, a través de un video en que Joe Travers, eximio baterista y, desde hace más de dos décadas, encargado de la curaduría de todas las grabaciones que el músico dejó -en la terminología zappesca se le conoce como “el vaultmeister” o “maestro de los sótanos”- conversa con John Polito, ingeniero de sonido a cargo de la restauración tecnológica de las cintas master y vinilos de la primera generación lanzada originalmente en junio de 1966.

La importancia de Freak Out!

Para poner la cosa en perspectiva, debemos entender que los niños, niñas y adolescentes que circulaban por el Sunset Strip en Hollywood durante el bienio 1965-1966 -los que escucharon Freak Out! como una novedad- deben tener actualmente entre 75 y 80 años. Era una época sin redes sociales, un cine de efectos especiales infantiles y rudimentarios y una televisión que no llegaba ni a las tres décadas de haber ingresado a los hogares promedio en Norteamérica. La diversión juvenil y los espacios de socialización estaban en calles, bulevares, parques, plazas y clubes nocturnos.

En ese mundo que ya no existe, los Beatles y los Rolling Stones eran las puntas de lanza más visibles de una invasión musical británica iniciada tres años antes mientras que, en la misma costa oeste, a una hora en avión, los Grateful Dead y los Jefferson Airplane ponían música a las comunas hippies pacifistas y en permanente vuelo lisérgico. En un abrir y cerrar de ojos, la morfología social gringa planteó bandos que, con las evidentes diferencias que impone cada época, reproducían muchos de los vicios sociópatas de hoy.

Por un lado, los niños bien de siempre, discriminatorios y superficiales, peleándose entre sí para alzarse con el título del “más popular”. Por el otro, los hippies y su arquetípica lucha contra todo lo establecido. Y en el fondo de ese entramado social, los más desarraigados, los que no encajaban en ninguna categoría, los “freaks” o “fenómenos”, usando el título de una oscura película de terror de 1932 que mostraba la dicotomía entre fealdad física y belleza interior, valiéndose para ello de figuras humanas contrahechas usadas como atracciones circenses. Esa base de la pirámide social adolescente jamás imaginó que un compositor intelectualmente calculador había decidido convertirse en voz y rostro de su ninguneado colectivo, para desmayo del establishment que los consideraba manipulables y tontos.

Frank Zappa y las madres de la invención

En el encarte interno del LP doble original, Frank establecía el concepto detrás del título. “¿Qué es “freaking out”? En un nivel personal, es el proceso mediante el cual un individuo se deshace de normas anticuadas y restrictivas de pensamiento, vestimenta y etiqueta social para expresar creativamente su relación con su entorno inmediato y la estructura social en su conjunto. Individuos menos perceptivos se han referido a quienes hemos elegido esta manera de pensar y sentir como «bichos raros (freaks)». De ahí el término”.

De esta forma, estableciendo modificaciones semánticas a su antojo –en esa época la expresión “freak out” se usaba para describir la reacción negativa a una droga de mala calidad – “un mal viaje”- y actualmente puede ser, dependiendo del contexto, sinónimo de “enloquecer”, “perder el control” o “asustarse mucho”-, Zappa explica la nueva categoría de comportamiento social para congregar en torno a ella a un conjunto desorganizado de jóvenes al margen de lo socialmente aceptable, sin representación en la cultura de masas y reforzó su identidad con música lo suficientemente original para adaptarse a su particular forma de ver la vida.

The Mothers Of Invention era la prolongación de The Soul Giants, un grupo de covers al que Zappa se había unido como baterista en 1965. Poco después, tomó el control y conminó a la banda, entonces un septeto, a solo tocar sus composiciones, pasando de la batería a la primera guitarra. El conocido productor Tom Wilson vio tocar a The Mothers en el circuito subterráneo de Los Angeles y les consiguió un contrato para grabar con el afamado sello Verve Records. Wilson, célebre por sus trabajos con Simon & Garfunkel, Bob Dylan, entre otros, pensó que se trataba de “una banda de blues de músicos blancos”.

La fiesta de los freaks

“En un nivel colectivo -prosigue Frank- cuando un grupo de “freaks» se reúne y se expresa creativamente a través de la música o el baile, generalmente se le llama un “freak out”. Los participantes, emancipados de nuestra tradicional esclavitud social nacional y vestidos con sus atuendos más inspiradores, hacen realidad todo el potencial que poseen para la libre expresión”.

Eran las épocas más efervescentes de la cultura de la droga y el rock psicodélico que tuvieron su punto culminante en el Festival de Woodstock. De hecho, en documentales previos al megaconcierto neoyorquino, como Mondo Hollywood (1967) o You are what you eat (1968), se muestra ampliamente el estilo de vida y, sobre todo, la forma en que las tribus “freaks” llevaban a cabo sus desenfrenados bailes. Zappa y The Mothers aparecen como uno de tantos integrantes de aquella escena artística.

Tom Wilson había conseguido un presupuesto muy bueno que incluía a notables músicos de apoyo, orquesta e instrumentos rentados. Entre el 9 y el 12 de marzo, el quinteto base usó los estudios TTG de Hollywood a su gusto, pero no estuvieron solos. Invitaron a una enorme compañía urbana informal que llenó de coloridas ropas, gritos desaforados y extravagantes desenfrenos colectivas las sesiones, bajo la atenta mirada y dirección de su nuevo líder. Esas sesiones de grabación -que quizás algún día salgan en video, crucemos los dedos para que Travers las encuentre- fueron definitivamente una fiesta de freaks.

Freak Out! El álbum

La carátula con estética de pop-art, psicodelia y comic sugiere una actitud irreverente y misteriosa, un diseño de alto impacto visual aun para esa época de inagotable creatividad. Muchos consideran a Freak Out!, publicado el 27 de junio de 1966, el primer álbum doble de la historia del rock, aunque en realidad ese puesto lo ostenta el Blonde on blonde, séptimo LP de Bob Dylan, que apareció una semana antes.

Además del quinteto integrado por Frank Zappa (voz, guitarra, 25 años), Ray Collins (voz, pandereta, 30), Roy Estrada (voz, bajo, 23), Jimmy Carl Black (batería, 28) y Elliot Ingber (guitarra, 25), participaron en la grabación otras 36 personas presentadas como The Mothers’ Auxiliary.

La instrumentación adicional incluye sección de cuerdas, metales y xilófonos, mientras que el elenco estrafalario bailaba y cantaba en los alrededores, bajo el sobrenombre The United Mutations, otra de las primeras frases del glosario de la continuidad conceptual, principio artístico creado por el guitarrista y compositor según el cual cada disco, señal, mensaje o referencia hacen parte de un único cuerpo de trabajo a lo largo del tiempo.

En líneas generales, es un disco de pop-rock psicodélico, con fuertes influencias de doo-wop, R&B clásico y blues. Pero también se nutre de innovadores procesos de grabación, alteración de sonidos y extractos de música orquestal sinfónica. En varias canciones, Zappa y Collins usan el kazoo, instrumento de juguete inventado en Estados Unidos en el siglo XIX que suena como una corneta, muy usado en el jazz de vaudeville durante los años treinta. En la música hispanoamericana, suelen escucharse kazoos en las comparsas carnavalescas de España y Uruguay. El conjunto argentino de instrumentos informales Les Luthiers también usa masivamente los kazoos en sus grabaciones de humor musical.

Las canciones de Freak Out!: Disco 1

Las once canciones del primer disco, escuchadas a la primera, son bastante convencionales, entre baladas y temas de medio tiempo en estilo de surf-rock con mucho eco y guitarras superpuestas, que remiten a los primeros Beach Boys e incluso hay guiños a los Beatles (Anyway the wind blows) y los Stones (Hungry freaks, daddy). En las letras aparece el estilo agudo y sarcástico que distinguió a Zappa durante toda su carrera. Cada tema contiene ácidas burlas al estilo de vida de los jóvenes y sus formas de relacionarse, intercaladas con manifiestos respecto de la naturaleza extraña y, de alguna forma, no apta para el público convencional, del grupo.

Esto queda claro en la “carta” que Suzy Creamcheese -personaje ficticio que sería central en la mitología futura de The Mothers Of Invention- publica en la contraportada: “Estos Mothers están locos. Se nota por su ropa. Un tipo lleva collares de cuentas y todos huelen mal. Íbamos a contratarlos para un baile después del partido de baloncesto, pero mi mejor amigo me advirtió que nunca se sabe cuántos van a venir… A ninguno de los chicos de mi colegio le gustan estos Mothers, especialmente desde que mi profesor nos explicó el significado de sus letras…”

Al segundo grupo pertenecen, además de la mencionada Hungry freaks, daddy, con venenosos dardos a la sociedad, el consumismo y el sistema educativo de su país, están Motherly love y You’re probably wondering why I’m here, mientras que I ain’t got no heart y I’m not satisfied -ambas con notables arreglos orquestales- discurren como un desapego amargo de toda la cursilería de las canciones de amor de su época.

Bastante R&B y doo-wop para los temas en que la sátira alcanza los primeros niveles de genialidad de Frank, como Go cry on somebody else’s shoulder, You didn’t try to call me -el monólogo al final es imperdible, imitando el punto de vista de una joven a la que no la vuelven a llamar después de la primera cita- o How could I be such a fool?, con arreglos sinfónicos que la hacen sonar, por instantes, grandiosa.

Disco 2: Del rock and roll a la música concreta

Wowie zowie es una canción infantil –“cuidadosamente diseñada para atraer a los oyentes de 12 años”- con simpáticas líneas de piano a cargo del chamán Dr. John, mientras que Who are the brain police? es la primera clarinada de la oscura experimentación escondida detrás de una onda más o menos predecible, además de ser un título de furiosa actualidad. Los gritos en la sección intermedia, el extraño tiempo de vals, las preguntas indescifrables y la críptica frase “I think I’m gonna die!” (“creo que voy a morir…”) repetida una y otra vez en medio del caos sonoro, casi hacen a Tom Wilson arrepentirse de haberlos contratado. En el 2011 apareció el boxset en vivo Carnegie Hall, con una versión totalmente diferente de este tema, durante el periodo 1970-1971.

El segundo vinilo inicia con uno de los temas más representativos de toda la discografía de The Mothers Of Invention, Trouble every day. La canción narra los sucesos luctuosos de agosto de 1965 en el barrio Watts, al sur de Los Angeles -conocidos en la historiografía periodística norteamericana como “The Watts Riots”- pero desde el punto de vista de la hipocresía que Frank detecta en la cobertura televisiva de este hecho en que la brutalidad policial dejó como saldo más de 30 muertos y centenares de detenidos, la mayoría afroamericanos.

Pero si Trouble every day todavía suena más o menos normal, con riffs y solos en clave de blues, lo que sigue es tan absolutamente inesperado que, en plena época de nacimiento del verano del amor, las protestas contra la guerra de Vietnam y la lucha por los derechos civiles, debe haber sonado como algo proveniente de otra galaxia.

Help I’m a rock combina un psicótico tiempo de vals con extrañas frases en un idioma ininteligible y cierra con descarnadas críticas a la policía. Por su parte, It can’t happen here incluye cantos grupales deliberadamente desentonados, manipulación de cintas, un intermedio de jazz, además de gemidos y otros efectos que van desde una coda vocal rocanrolera –“dedicada a Elvis Presley”- y referencias a la obra Ionisation (1933), del compositor franco-norteamericano Edgard Varèse (1883-1965), uno de los principales referentes sinfónicos de Zappa. It can’t happen here además nos presenta oficialmente a Suzy Creamcheese, en un diálogo sugerente previo al collage sonoro The return of the son of Monster Magnet, que ocupa todo el lado B del segundo disco.

Un álbum que marcó a su época

Cuando Paul McCartney escuchó Freak Out! -cuenta su biógrafo Barry Miles- decidió hacer algo similar, embarcándose en la creación del concepto inicial del disco Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, grabado entre diciembre de 1966 y abril de 1967. Asimismo, McCartney se habría inspirado en Freak Out! -específicamente en The return of the son of Monster Magnet- para componer Carnival in light, experimento de casi 15 minutos que los Beatles nunca lanzaron oficialmente, presentado en algunos eventos públicos de música vanguardista durante 1967.

El mismo año del lanzamiento de su debut discográfico,, Frank Zappa se convirtió en un músico muy solicitado. Los meses siguientes tuvo diversos trabajos como compositor, productor y guitarrista, apareciendo en el quinto LP de los británicos The Animals (Animalism, 1966) y apoyando la carrera musical del actor Burt Ward, recordado por su papel de Robin en la versión televisiva de Batman, con canciones como Orange colored sky, Boy Wonder I love you, entre otras. Asimismo, The Mothers Of Invention fueron la banda que acompañó al comediante Lenny Bruce en su última actuación, en junio de 1966, dos meses antes de su fallecimiento a los 40 años.

Zappa nunca dejó de tocar las canciones de Freak Out! Cuatro de sus canciones fueron regrabadas por The Mothers Of Invention para el LP Cruising with Ruben & The Jets (1968) y luego recopiladas por Joe Travers en el CD Greasy love songs (2010).  Trouble every day, retitulada More trouble every day, fue uno de los temas centrales del periodo 1973-1976, cuya versión oficial en vivo podemos encontrar en el álbum Roxy & elsewhere (1974). En los ochenta, rearregló I ain’t got no heart para el disco en concierto Tinseltown rebellion (1981) y luego la colocó en la lista de canciones de lo que fue su última gira, en 1988, como podemos escuchar en este enlace.

¿Qué contiene Freak Out! 60th Anniversary Edition?

La edición especial por el 60 aniversario del Freak Out!, está conformada por seis vinilos, cinco discos compactos más un libro con fotos y ensayos sobre este influyente álbum y los nuevos procesos aplicados a las grabaciones, todo empaquetado de manera especial respetando los diseños de carátula, información interior y una reedición del mapa del área del Sunset Strip donde pululaban las comunidades “freaks” que venía en el empaque original.

El reluciente boxset incluye conciertos de The Mothers Of Invention, realizados en el teatro Fillmore de San Francisco entre los meses de febrero y junio de 1966. Se trata de una nueva joya para los seguidores de la vasta obra de Zappa, esta vez concentrada en el lugar donde todo comenzó.

Freak Out! 60th Anniversary Edition es el complemento ideal para The MOFO Project/Object (2006) y el extraordinario disco en vivo Zappa ’66 Vol. 1: Live at TTG Studios, publicado en mayo de este año, que captura al grupo casi a finales de ese año, un brevísimo periodo en el que Ingber fue reemplazado por el guitarrista Del Casher -inventor de la pedalera wah-wah- y acababan de unirse el tecladista Don Preston y un segundo baterista, Billy Mundi, un eslabón intermedio hacia la conformación definitiva de la banda que produjo álbumes clásicos como Absolutely free (1967), We’re only in it for the money (1968) o Uncle meat (1969). Esta colección de edición limitada permite nuevos descubrimientos de la etapa fundacional de uno de los cuerpos de trabajo musical más importantes surgidos en los Estados Unidos.

[EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS] La democracia se merece héroes que provengan desde dentro de sí misma y no desde fuera de ella.

El problema, en realidad, se remonta a los tiempos de la Independencia. Somos una República militarista, además de centralista, pero nadie se ha atrevido a decirlo suficientemente en esos términos. Pensamos militarmente. Los desfiles militares son quizá la mayor efeméride republicana. ¿No es acaso un enorme oxímoron que un ritual militar constituya una de las principales celebraciones de una República que, por definición, debería encontrar su sustancia en la ciudadanía?

Pienso en los desfiles que se reproducen año a año en los pequeños y alejados distritos del país: los dos colegios del pueblo dando una y otra vuelta a la plaza para que el desfile, que congrega a las máximas autoridades locales, no concluya demasiado pronto; ese entre ingenuo y folclórico aire de marcialidad; la pequeña banda que nunca termina de acertar con los acordes del himno; el ritual que, una y otra vez, todos los años, sigue languideciendo sin terminar de languidecer. Así se escenifica la patria.

Pero volvamos a la Independencia:

En el mejor de los casos, Bernardo O’Higgins —militar que merece todo mi respeto— respaldó a José de San Martín en el gran proyecto de independizar primero la Capitanía General de Chile y, después, el Perú. Chile apoyó, Chile participó y hasta cierto punto alcanzó a ser protagonista de su propia independencia. El problema es que nosotros también, pero lo ignoramos

Y para probarlo me referiré, esta vez, solo a los héroes militares peruanos de la Independencia, para no hablar de los civiles a quienes dedicaré mis próximas columnas. Uno de ellos fue José de la Mar, fundamental en la victoria patriota de Ayacucho y, por orden de Simón Bolívar, meses antes encargado de organizar en Trujillo el primer Ejército del Perú. Pero ¿qué lástima?, ¿no? Nació en Cuenca, cuando esta ciudad formaba parte del espacio político del Virreinato del Perú, y entonces, como suele desenvolverse nuestro nacionalismo obtuso y barato, José de la Mar deja súbitamente de ser peruano.

Una verdadera lástima, porque fue un hombre admirable: liberal, republicano y, sobre todo, ajeno a toda ambición política entendida como búsqueda del poder personal. Su horizonte fue, en buena medida, el bien común.

Otro fue Andrés Rázuri. Este sí no tiene que enfrentar nuestros absurdos chauvinismos: nació en San Pedro de Lloc, en la actual región de La Libertad, cerca del límite con Lambayeque.

En la batalla de Junín, el 6 de julio de 1824, en aquella singular lid de honor que se libró a espada y sin armas de fuego,  Rázuri, al frente de los Húsares del Perú, tomó una decisión que cambiaría el curso del combate. Desobedeciendo la orden recibida, lanzó a sus hombres contra el flanco realista de Canterac y convirtió en victoria una derrota que parecía segura.

Nos queda Agustín Gamarra, uno de los militares peruanos de mayor importancia durante la Independencia y los primeros años republicanos. Su conocimiento del terreno y su participación en la disposición de las posiciones patriotas antes de Ayacucho fueron decisivas para la victoria.

Sin embargo, Antonio José de Sucre, en el parte de la victoria enviado a Simón Bolívar, no reconoció suficientemente el papel desempeñado por Gamarra. Aquello contribuyó a sus posteriores desavenencias con los grancolombianos y, más ampliamente, a una relación cada vez más conflictiva entre los militares peruanos y el proyecto político de la Gran Colombia.

Y, sin embargo, cuando uno mira el espacio público que rodea al Congreso de la República, no encuentra allí las estatuas ecuestres de José de la Mar, Andrés Rázuri o Agustín Gamarra: el que está es Simón Bolívar.

Simón Bolívar, adorna el frontis del Congreso de la República del Perú, y lanza el mensaje de que fuimos independizados por extranjeros.

No tengo nada contra Bolívar. Su papel en la independencia sudamericana es notable y su presencia en nuestra historia es indiscutible. Pero una cosa es reconocer a Bolívar y otra, muy distinta, es construir una memoria republicana en la que el libertador extranjero termine ocupando el lugar simbólico que, por decir lo menos, debería compartir con quienes, desde el Perú, lucharon por nuestra independencia y por la construcción de nuestra República.

Y aquí aparece, quizás, la diferencia más reveladora con Chile. En la Plaza de la Ciudadanía, frente al Palacio de La Moneda, en Santiago de Chile, una reluciente estatua ecuestre de Bernardo O’Higgins recuerda a todos sus ciudadanos —comenzando por los más pequeños— que Chile tuvo su propio libertador.

Bernardo O´Higgins en la plaza de la Ciudadanía, encarna la Independencia de Chile

Por eso, si en Chile preguntáramos:

—Niño, ¿quién te independizó?

Probablemente respondería:

—El Libertador O’Higgins, señor.

Y si hiciéramos la misma pregunta en el Perú, probablemente escucharíamos:

—El Libertador Bolívar, señor.

Quizá ha llegado el momento de formular una pregunta distinta:

¿Cuándo comenzaremos a reconocernos como protagonistas de nuestra propia independencia?

 

[OPINIÓN]  Washington ofrece radares, Pekín construye puertos

La presidenta Keiko Fujimori subió al escenario de la ONU en septiembre para anunciar que Perú ingresa al Escudo de las Américas, la coalición que Donald Trump impulsa contra el crimen organizado transnacional. El embajador peruano en Washington, Bernie Navarro, lo celebró con una frase que suena más a advertencia que a diplomacia: «Yo les diría a los criminales que tengan mucho cuidado porque estamos más alineados que nunca». Estados Unidos ofrece entrenamiento del FBI, intercambio de inteligencia e información sobre grupos criminales que, según Navarro, «están mejor capacitados que los países».

Bernie Navarro, se equivoca, en Perú derrotamos al terrorismo más letal del mundo y Alberto Fujimori nunca dejo que EEUU trajera marines a los andes, por miedo a que repitieran su invasión a Afganistán o Irak. Fuimos los mejores con muy limitada ayuda extranjera!

Pero mientras Lima se abraza con Washington en materia de seguridad, el otro gigante avanza con cemento y grúas. El megapuerto de Chancay, operado por capitales chinos, cumplió su primer año en junio con cifras que marean: 502,646 contenedores movilizados, 2.4 millones de toneladas de carga, 3,600 millones de dólares en importaciones y exportaciones. El embajador chino Song Yang presumió que la obra se construyó «sin un solo centavo de deuda para Perú». El comercio bilateral entre ambos países saltó de 34,900 millones de dólares en 2022 a 50,900 millones en 2026.

El equilibrio es delicado, pero funciona. Por ahora.

El Congreso juega al desgaste

El Ejecutivo presentó en agosto un paquete de facultades legislativas por 120 días: seguridad ciudadana, empleo, tributos, simplificación administrativa, vivienda. El premier Galarreta intentó vender la idea con una dosis de realismo: «Si el Parlamento decide no otorgar la delegación, el proceso tomará más tiempo, pero igual cumpliremos los compromisos asumidos».

La respuesta del Congreso fue convocar una audiencia ciudadana para «escuchar las voces» de la sociedad civil. Traducción: el trámite se estira, el reloj corre y las medidas urgentes esperan. De las 66 materias solicitadas, cerca del 60% están vinculadas a El Niño y seguridad ciudadana. Mientras los legisladores debaten, el Ejecutivo ya prepara decretos de urgencia para esquivar el bloqueo. El ministro de Economía movió una ficha clave en febrero con el Decreto de Urgencia 001-2026, destinado a repriorizar 21,000 millones de soles para más de 12,000 proyectos paralizados.

Las calles: botas militares y estadísticas que no cuadran

Lima y el Callao viven bajo estado de emergencia. Las Fuerzas Armadas patrullan Villa María del Triunfo, San Juan de Lurigancho y otros distritos de alta incidencia delictiva. El Gobierno presentó en marzo las Fuerzas Integradas de Tarea: 200 efectivos por cada unidad, combinando PNP, FF.AA. y serenazgo en 27 distritos de siete regiones.

El despliegue es visualmente potente. Los vehículos militares en las esquinas transmiten una sensación de control que ninguna estadística puede replicar. Pero hay un problema estructural: las FF.AA. no están diseñadas para investigar extorsión urbana ni para armar carpetas fiscales. Cada patrullaje conjunto consume recursos que deberían ir a inteligencia policial, a desarticular las finanzas del crimen organizado.

El clima no espera decretos

El Informe Técnico del ENFEN no deja margen para el optimismo. El Niño Costero se combina con un Niño Global consolidado, con anomalías térmicas que podrían superar los +2.0°C hacia fin de año. El reservorio de Poechos está al 100% de su capacidad, sin margen para regular avenidas. San Lorenzo, al 94.7%. En la sierra sur, El Pañe (Arequipa) está al 40.9% y Paucarani (Tacna) al 44.8%, con tendencia a la baja.

El Gobierno prorrogó el estado de emergencia por lluvias intensas en distritos de 19 departamentos en mayo. En la selva, el segundo friaje de junio trajo temperaturas de hasta 17°C en Yurimaguas y diez horas de lluvia continua en Pucallpa que desbordaron quebradas y anegaron viviendas. Mientras tanto, la Amazonía enfrenta una vaciante de ríos más pronunciada de lo habitual que puede aislar comunidades en Loreto, y la sierra centro-sur se prepara para escasez de agua y friaje extremo.

La paradoja peruana de 2026 es esta: un país que negocia con dos superpotencias, que despliega militares en las calles mientras el crimen se financia desde oficinas y lavanderías, y que declara emergencias climáticas cuando el agua ya está entrando a las casas. El éxito no se medirá por los discursos en la ONU ni por los decretos firmados. La polpularidad Presidencial se medirá por cuántos peruanos pasan la temporada de lluvias sin perder su hogar, su cosecha o su vida. A nivel mundial morirán 450 mil personas por El Niño, ojalá sean muy pocos de origen peruano.

[OPINIÓN] Salazar Bondy llamó “Arcadia colonial” a una vieja costumbre limeña: inventarnos una ciudad distinta de la que realmente tenemos y, después, creernos el cuento.

Arcadia significa eso: un paraíso imaginario. Un lugar perfecto que nunca existió.

Pero para sostener una Arcadia hace falta algo más: ignorancia. A veces involuntaria; otras, cuidadosamente cultivada. No saber, no preguntar o, peor todavía, no querer saber.

No lo inventó él. Humboldt, de paso por Lima en 1802, notó que la gente vivía la opulencia a espaldas de la inmundicia. San Martín entendió que a los limeños había que ofrecerles títulos para lograr sus objetivos. Bolívar maldecía a una élite que cambiaba de bando según le convenía, y Flora Tristán vio claramente una ciudad que rezaba en público y se tapaba la cara para todo lo demás.

Dos siglos después, la Arcadia tiene candidato.

En octubre de 2022, días después de ser elegido alcalde, Rafael López Aliaga juró en televisión que no renunciaría para postular a Palacio. “Mi palabra vale oro”, dijo. Tres años después, renunció para postular a Palacio. Ganó un escaño en el Senado y también lo despreció antes de recibir sus credenciales, para inscribirse luego como primer regidor de su lista. Su propio partido admite que la maniobra se apoya en un vacío legal. El oro, al parecer, era enchapado.

¿Y la obra? Prometió convertir Lima en potencia mundial. Sacó de la manga 93 vagones y 20 locomotoras viejas de Caltrain, disque gratuitas, hasta que se supo que la municipalidad pagó más de 22 millones de dólares. Hoy esos trenes siguen abandonados en el Parque de la Muralla: sin plan, sin vía, sin fecha y sin vergüenza. Ofreció 12 000 cámaras con inteligencia artificial y 10 000 motos policiales que nunca llegaron. Se fue dejando sin cumplir muchas promesas de su plan de gobierno, mientras la Ramiro Prialé sigue a medias y la Vía Expresa es, en las horas punta, cualquier cosa menos expresa.

Eso sí, algo dejó: una deuda de más de 4 000 millones de soles que pagarán los próximos cuatro alcaldes y que la Fiscalía investiga por presunta colusión y negociación incompatible. Súmele arbitrajes perdidos en París, con Rutas de Lima reclamando entre 339 y 447 millones de dólares. Y un tránsito que convierte cada trayecto en penitencia.

¿Cómo lidera las encuestas alguien así? Con los dos pilares de la Arcadia. La cucufatería: en Lima, quien exhibe rosario y cilicio queda eximido de rendir cuentas. Y la huachafería: votar por el patrón que grita les regala a muchos la ilusión de pertenecer a la casa grande, aunque vivan en el callejón.

Así que, antes de marcar la cédula, mírese al espejo. Pregúntese si sabía lo que acaba de leer o si prefirió no saberlo. Porque para votar por él no hace falta ser un imbécil. Basta con algo más antiguo y más cómodo: vivir en la Arcadia.

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