Opinión

[Música Maestro] La semana pasada se estrenaron en nuestra capital dos productos cinematográficos que, por diferentes razones e independientemente de sus particularidades, demuestran que la música popular del pasado sigue siendo una asegurada fuente de entretenimiento y nostalgia. Uno es una película biográfica -una biopic, en el argot cinemero- y el otro, un documental. A nivel mundial, cada uno ha despertado a extensas comunidades de fans de los artistas que inspiran estos largometrajes, las cuales han respondido masivamente a las convocatorias comerciales, convirtiéndolos en taquilleros exitazos.

En general, disfruto más los documentales que las películas basadas en las vidas/trayectorias de músicos, porque ofrecen una mirada real, creíble, exenta de imprecisiones. En todo caso, si un documental cae en desinformación u omisiones, son consecuencia intencional de quien dirige o produce la investigación y no invenciones nacidas de técnicas narrativas cinematográficas justificadas para darle fluidez al guion o facilitar la comprensión tácita de un proceso que, de contarse paso a paso, no acabaría nunca.

Una de las cosas más llamativas de esta coincidencia en cartelera es que se trata de personajes que tuvieron su punto máximo de popularidad en un mismo periodo de tiempo -entre 1981 y 1989- y son referentes absolutos del estilo que cada uno representa. A través de estas películas podemos (re)descubrir los motivos de su importancia y por qué aun hoy mantienen intactos, a pesar de los altibajos que hayan tenido, sus niveles de fama e influencia.

Michael: Una primera parte que pudo ser mejor

En líneas generales, Michael (Antoine Fuqua, 2026), con la actuación sobresaliente de Jaafar Jackson, sobrino de “El Rey del Pop”, hijo de su hermano Jermaine, deja una sensación híbrida en el espectador con conocimientos suficientes como para entender, antes de sentarse a verla, quién fue Michael Jackson. De niño prodigio a superestrella a personaje de hábitos extraños, criminalizado por los peores y más sórdidos escándalos en los que puede verse involucrado un hombre, las acusaciones de presunta violación de menores de edad, el cantante, compositor y bailarín dejó una huella imborrable en el panorama artístico y cultural mundial.

El largometraje cubre dos periodos de la vida de este hombre que apenas llegó a los 51 años y que definieron de manera contundente el último tramo de su paso por el mundo. Pero lo hace a manera de postal navideña, desde una óptica complaciente, sin introducirse en las oscuridades asociadas a esa carrera iniciada cuando solo tenía 6, propulsada por su sorprendente talento natural para cantar y bailar y un padre visionario, pero negativamente ambicioso que decidió explotarlo sin descanso ni mesura. Esto va más o menos de 1967 a 1977, la década en que el pequeño Michael brilló, con su amplia sonrisa e inocente mirada, al frente de The Jackson 5.

El segundo periodo, de 1978 a 1988, está marcado básicamente por las transformaciones físicas de Michael, las primeras fuentes de controversia con respecto a su perfil psicológico supuestamente quebrado por el maltrato infantil al que fue sometido y el estratosférico éxito comercial de sus producciones como solista, con canciones y videoclips que se llevaron todos los premios y rompieron todos los récords. Otra vez, las libertades del guion ofrecen una visión parcial de todos esos traumas y cruces de contradicciones. A pesar de eso, las canciones -inolvidables, algunas superlativamente buenas- hacen que sus dos horas de duración valgan la pena.

Burning ambition: Los cincuenta años de Iron Maiden

Burning ambition (Malcolm Venville, 2026), es una celebración muy merecida. Iron Maiden no inventó el heavy metal, pero sí lo llevó a niveles extraordinariamente altos de popularidad y poder de convocatoria. Aunque su primer álbum oficial se lanzó en 1980, las bodas de oro se calculan desde 1975, cuando Steve Harris concibió, con solo 21 años, un sueño épico de guitarras, bajos galopantes y esa combinación de rebeldía, leyenda y velocidad, en medio de su trabajo como basurero en Londres.

La película tiene todos los elementos para que leales hordas de metaleros se congreguen y conviertan cada proyección en la primera fila de un concierto. El ritual silencioso del cine se quiebra con gritos, cánticos, aplausos. Si bien es cierto hay más entrevistas e imágenes de archivo que canciones, muy valiosas para los más fanáticos, cada extracto hace delirar a las butacas. Cuando fui a verla, la sala estuvo llena y ocho de cada diez personas llevaba puesto un polo de Iron Maiden. Una comunidad que responde a la llamada de la tribu con compromiso y que, al final del metraje, sale satisfecha conversando sobre qué les gustó más.

La celebración de estos cincuenta años de indesmayable carrera metalera coincide además con un hecho largamente esperado por su familia global, la inducción del grupo en el Salón de la Fama del Rock and Roll, veinticinco años después de que se hicieran elegibles para tal distinción. Lamentablemente, no podremos verlos tocar en la ceremonia oficial pues, al realizarse en octubre, agarrará al grupo en medio de su gira Run for your lives, la misma que los traerá por tercera vez al Perú.

Michael Jackson y Iron Maiden: Fenómenos de masas

Recientemente vi, estupefacto, cómo Shakira actuaba en Copacabana ante una multitud narcotizada por su ramplón exhibicionismo, una muchedumbre que le celebra esas majaderías vendidas una y otra vez como símbolos de “empoderamiento femenino”, incluso acompañada por dos íconos de la cultura musical brasileña, Caetano Veloso y su hermana, María Bethânia, ambos octogenarios. Me pareció una metáfora perfecta de la confusión y el empobrecimiento de los gustos populares, atrapados por esa mezcolanza tendenciosa de publicidad, exacerbación de pulsiones primarias y encumbramiento de lo farandulesco que prima en la industria discográfica del siglo XXI.

Hace poco más de cuarenta años, en 1985, Iron Maiden tocó ante aproximadamente 350,000 personas en Rio de Janeiro, durante la primera edición de Rock In Rio que fue, además, la primera visita a Sudamérica del quinteto británico. Ver las imágenes de un festival desbordado por fanáticos del rock duro con letras que hablan de heroísmo, anti belicismo y cuestiones mitológicas, sin celulares en las manos y estrechando lazos con los músicos, contrapuestas a las de egocéntricos gentíos que balbucean mensajes superficiales mientras se graban a sí mismos, es sobrecogedor.

Del mismo modo, recordar la presentación de Michael Jackson en el entretiempo de un evento deportivo emblemático para los Estados Unidos como la final del Super Bowl de 1993 y compararla con las últimas tres o cuatro versiones del mismo acontecimiento, marcadas por baratas vulgaridades y, en la edición más reciente, la supuesta declaración política de un portorriqueño que se apropia de la representatividad de lo latino después de hacer publicidad sexista para Calvin Klein, resulta ilustrativo respecto del peso y sustancia que antes podían alcanzar incluso las manifestaciones más comerciales del pop frente a su actuales ligerezas. Iron Maiden y Michael Jackson son de los últimos fenómenos de masas que también podían presumir de calidad artística y trascendencia.

El pop y el metal: Universos paralelos

Cuando Michael Jackson lanzó Thriller (CBS Records, 1982), más de la mitad de sus canciones se convirtieron en éxitos inmediatos en el mundo entero. Y el Perú, con apenas tres años de haber regresado a la democracia, no fue la excepción. Yo era niño en ese tiempo y recuerdo claramente la fiebre que ocasionaron, de forma escalonada, los videoclips de Billie Jean, Beat it y Thriller, con grupos de jóvenes que se reunían en las calles para replicar las coreografías y familias enteras que esperaban la transmisión de la versión larga, una mini película de terror hecha para televisión.

Casi al unísono, las radios y canales de televisión locales propalaban canciones como Rock with you, She’s out of my life o Don’t stop ‘til you get enough, incluidas en su álbum anterior Off the wall (1979), considerado por todos como el primer LP de Michael Jackson. En realidad, se trataba de su quinta producción discográfica como solista, puesto que Motown Records ya había comenzado a capitalizar el carisma y talento del joven Michael con cuatro discos lanzados entre 1972 y 1975, en simultáneo a su trabajo con The Jackson 5, el grupo que integraba junto a sus hermanos Jackie, Tito, Jermaine y Marlon.

En paralelo, Iron Maiden lanzó al mercado, en aquel mismo 1982, su tercer larga duración The number of the beast, el primero con Bruce Dickinson como vocalista tras la renuncia/despido de Paul Di’Anno. Si bien es cierto eran ya bastante conocidos como líderes de la llamada “Nueva Ola del Heavy Metal Británico” con dos discos previos –Iron Maiden (1980) y Killers (1981)- este LP generó enorme polémica, en particular por el tema-título, con una imaginería que fue de inmediato catalogada como “satánica” por grupos conservadores en su propio país y más allá.

Mientras Jackson se vio obligado a colocar advertencias en el famoso cortometraje en que se convierte en un espantoso hombre lobo, debido a la pertenencia de su familia al grupo religioso de los Testigos de Jehová, los comandados por Steve Harris enfrentaron toda clase de estigmas por sus videos diabólicos y su monstruosa mascota, Eddie, un gigantesco zombie que, desde el álbum debut hasta Senjutsu (2021), el décimo séptimo disco, ha aparecido en todas sus carátulas en un amplio rango de situaciones, desde templos egipcios hasta ciudades futuristas, desde manicomios hasta campos de batalla.

Entretenimiento para grandes y chicos

La historia de Michael Jackson está lejos de ser un ejemplo a seguir. A pesar de que, a raíz de la película -vapuleada por la crítica, acogida por el público- se han vuelto a poner sobre la mesa detalles que desmentirían las graves acusaciones en su contra, hay muchos aspectos que nos hacen dudar sobre si fue o no una persona “normal”, desde sus enfermedades hasta sus obsesiones. Sin embargo, ninguno de esos matices formó nunca parte de lo que ofrecía al público, tanto en sus canciones como en sus videos o actuaciones en vivo.

Lo que generaba en sus apariciones públicas era pura emoción, a veces expresada en casos de auténtica histeria colectiva -como en su momento lo hicieron Elvis Presley o The Beatles- y un universo paralelo en el que confluían la fantasía -el ser poderoso, casi sobrenatural de sus videos- con positivos mensajes universales. Basta con revisar cualquiera de sus producciones audiovisuales, desde Beat it (Thriller, 1982) hasta Earth song (HIStory: Past, present and future, Book I, 1995), o las letras de canciones como Man in the mirror (Bad, 1987) o Black or white (Dangerous, 1991), para hacernos una idea clara de eso.

Incluso el periodo comprendido entre los años 1993 y 2009, marcado a fuego por las denuncias, la destrucción de su rostro con cirugías estéticas, las actitudes erráticas y un anunciado retorno a los escenarios que la muerte frustró y que, supuestamente, será materia de la segunda parte de Michael, dejó varios éxitos comerciales para su carrera artística, como la demostración de la vigencia de su combinación de R&B, soul, pop-rock, funk, disco y electrónica, tanto a través de lanzamientos como Invincible (2001, su último disco oficial) y el recopilatorio Number ones (2003) como del documental This is it, estrenado cuatro meses después de su fallecimiento, que resume los ensayos de la que habría sido su gira de despedida. Eso sin contar los tributos e incontables reproducciones que actualmente registran los videos de todas sus épocas. Solo o con sus hermanos, en videoclips o en conciertos, Michael Jackson es garantía de buen entretenimiento para todos.

Música bien tocada y sin concesiones

El caso de Iron Maiden es, más allá de las evidentes diferencias estilísticas, parecido. Su capacidad para entretener y convocar multitudes es ilimitada, desde el terreno de lo que el público general llama “rock pesado”. La historia de Iron Maiden es una de consecuencia y fidelidad al público, incluidos aquellos momentos en que a la banda no le fue del todo bien, como cuando Dickinson abandonó el grupo y fue reemplazado por Blaze Bayley. Entre 1982 y 1992 la banda grabó siete álbumes que han superado la prueba del tiempo, icónicas grabaciones de heavy metal sin concesiones ni intentos de adaptación a cualquiera de los giros que imponía la moda o el cambio generacional.

Discos como Peace of mind (1983), Powerslave (1984), Somewhere in time (1986), Fear of the dark (1992) o el doble en vivo Live after death (1985) permanecen como un legado incuestionable, llenos de momentos de profunda musicalidad y virtuosismo. Las guitarras de Adrian Smith y Dave Murray estremecen con sus intercambios de roles, armonías gemelas y solos electrizantes, el bajo frenético de Steve Harris y su rotunda presencia escénica emocionan siempre como si fuera la primera vez, la batería de Nicko McBrain sostiene todo como una roca y la voz de Bruce Dickinson, su energía y potencia para conducir a las masas es tan impresionante como su papel de piloto del Ed Force One, el Boeing 757 que todos vimos en Iron Maiden: Flight 666, documental que, otra vez de forma coincidente, se estrenó en el 2009, el mismo año de la muerte de Jackson.

El siglo XXI vio el renacimiento de Iron Maiden, con una formación poco habitual para grupos de heavy metal. Además del retorno de Bruce Dickinson y Adrian Smith, que se había ido en 1990, se quedó Janick Gers, su reemplazante, como tercer guitarrista. Gers aportó, además de su excepcional dominio del instrumento, una extravagancia sobre escenario que incluye malabares al estilo Yngwie Malmsteen y estrambóticos desplazamientos que le sirvieron para ganarse el abrazo del público. Como sexteto, Iron Maiden ha publicado seis álbumes -entre ellos los notables Brave new world (2000), Dance of death (2003) o The book of souls (2015)- y hecho doce giras alrededor del mundo, entre el 2000 y el 2025.

Productos cinematográficos de calidad

Más allá de las agudezas de la fría crítica especializada o de las encendidas pasiones que producen en sus fieles seguidores, estos filmes que se ocupan de dos de los artistas musicales más importantes de los últimos cincuenta o sesenta años promueven el renovado consumo de sus grabaciones, consideradas como piezas de museo por el común de las personas y, en el caso de los hits de Jackson, repeticiones permanentes en la programación radial. En ambos casos, tanto la película biográfica con sus inevitables licencias creativas como el documental y sus enfoques unidimensionales terminan aplaudidos rabiosamente a los dos lados del Atlántico.

Michael y Burning ambition -ambas de los estudios Universal-, como productos audiovisuales, nos dejan claro que los cambios en la industria musical han ido en dirección opuesta al buen gusto y al sano entretenimiento. No hay forma de considerar una “evolución” las modernas preferencias de las masas, capaces de delirar por artistas que solo se dedican a estimular de forma canallesca aspectos relacionados al lujo conseguido a cualquier costo, la hipersexualización de todo y un uso elemental del lenguaje, tanto en inglés como en castellano. Me pregunto si en el 2076 pasará lo mismo con películas acerca de Bad Bunny, Rosalía o Shakira, si a alguien se le ocurre la malísima pero potencialmente rentable idea de producirlas. Felizmente, no estaré vivo para verlas.

[OPINIÓN]  Aun cuando en esas épocas la población mundial era cuatro veces menor, el célebre filósofo español, casi un Nostradamus del siglo XX, ya avizoraba la catástrofe ocasionada por la premisa democrática que permite a todos la posibilidad de airear su opinión.

Antes de aquello, solo opinaban quienes estaban capacitados para hacerlo. Aunque en los términos relativistas actuales eso puede sonar discriminador y hasta fascista, la degradación evidente de los discursos en la actual esfera pública le da la razón al prolífico autor fallecido en 1955.

Décadas más tarde y ya en los últimos tramos de su vida, otro influyente pensador, el italiano Umberto Eco dijo, palabras más palabras menos -cito de memoria- que la omnipresencia de las redes sociales era como si todas las conversaciones de cantinas de mala muerte, en esencia charlas privadas cuya naturaleza impedía que vieran la luz más allá de sus pisos pegajosos y puertas de acero semicerradas, de repente y por arte de magia se convirtieran en noticia, titulares de periódicos, columnas de opinión.

Quienes tenemos la costumbre de interactuar en comunidades virtuales con amigos del barrio, del colegio y la universidad, por razones de nostalgia y entretenimiento la mayor parte del tiempo, padecemos esa degradación en carne viva, cada campaña electoral.

Si para los procesos del 2011 y 2016 los principales medios de comunicación online eran los correos electrónicos, los chats del Messenger y los toma-y-daca de comentarios en Facebook y Twitter -ahora X, a pesar de que todos le sigamos diciendo Twitter-, en los dos siguientes, 2021 y 2026, son los grupos de WhatsApp los contenedores de esas cantinas y esos sótanos que Eco y Ortega prefiguraron en el pasado.

La diversión y los recuerdos de esquina son reemplazados, durante las campañas de primera y segunda vuelta, por una retahíla de necedades que van en todos los sentidos y son de todos los colores e intensidades. Claro, quienes apoyan las teorías fraudistas sentirán eso de quienes las rechazamos con violencia.

Y quienes militamos en el antifujimorismo más radical sentimos lo propio de esas monsergas en las que se repiten términos como “caviar”, “rojete”, “cojudigno”, “no al comunismo”, “zurdos de mierda” y demás variables -cada una peor que la anterior- escritas por quienes son, desde diferentes niveles, lo que mi buen amigo Wilder González Ágreda define como “pobres de derecha”.

El problema es que no se trata de una sencilla y, hasta cierto punto, comprensible dicotomía en la que ambas partes, contrapuestas y enfrentadas, tienen las mismas probabilidades de tener buenos o malos resultados.

Lamentablemente para todas esas barras bravas que atacan con uñas y dientes, con retorcida ironía e incluso con agresivas y vulgares ofensas cuando se ven cercados, la información aquí es clara y contundente, digan lo que digan.

No se trata de un inocuo y hasta saludable, para nuestra gimnasia sináptica, dilema filosófico -ya quisiéramos, para seguir releyendo a mentalidades geniales como las del par de filósofos citados- sino de que, de un lado, tenemos a una opción política relativamente predecible, la de Roberto Sánchez que, sin ser ni por asomo la maravilla, ofrece menos riesgos que aquella otra opción que manda a los medios convencionales a engañar a las grandes mayorías presentando a uno de sus asalariados como analista neutral.

Se trata de ver cómo Keiko Fujimori “pide perdón” a las familias puneñas afectadas por la matanza del 2022-2023 mientras que, en paralelo, uno de sus principales perros de presa, anclado en este congreso y en el que viene, anuncia con una robustez digna de mejores causas que ha presentado leyes para eximir de responsabilidad a todos los policías involucrados en esas situaciones.

Mientras, por el otro lado, el actual líder de Juntos por el Perú, con todas las dudas que es capaz de generar, integra a su equipo al fiscal que estuvo a punto de llevar a la cárcel a la eterna candidata de Fuerza Popular, heredera de Alberto Fujimori.

El cálculo político detrás de las dos agrupaciones que disputarán en catorce días la segunda vuelta pone al electorado nacional en la misma disyuntiva que enfrentó los tres procesos anteriores -2011, 2016, 2021- pero, cuando aplicamos lentes de aumento a la situación, las cosas no son exactamente iguales.

Ese cálculo político ha alcanzado en esta oportunidad a la enorme cantidad de perdedores que, de forma casi fellinesca, ejecutó la semana pasada un acto político tan aparatoso como inútil, la enésima presentación de un “frente” que solo logró llamar la atención de sus propios miembros y de uno que otro medio noticioso -Rosa María Palacios, La Encerrona- pero que pasará absolutamente inadvertido para la población.

Y ni hablar del voto viciado/en blanco, una opción que sea individual o en la forma de llamados a la acción colectiva, no va a tener mayor impacto en el resultado final. Y si acaso lo tiene, será negativo pues contribuirá a una mayor dispersión del voto antifujimorista y su posible reducción, lo cual sería desastroso.

Lo único en común que tiene esa segunda vuelta con las tres pasadas es lo obvio, la presencia de Keiko en el balotaje y la posibilidad de que el voto anti se active al final, ya no 24 horas sino, literalmente, en las colas de los locales de votación, para definir -por lo menos es lo que deseamos con todo el corazón- su cuarta y quizás definitiva derrota.

En el entretiempo, seguiremos viendo cómo las cantinas del Twitter y de los grupos privados de WhatsApp siguen llevando cada vez más al límite nuestra capacidad de tolerancia a la estupidez, desde el lado de los tontos útiles, y soportar la mala intención de los verdaderos operadores de grupos de poder político y económico que salivan con la idea del triunfo de Keiko Fujimori. El panetón JP tiene solo dos semanas para revertir eso.

 

[EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS] Cuando Pablo Guede asumió la dirección técnica, su llegada era un absoluto misterio. Con pergaminos apenas regulares, su debut ante Dos de Mayo de Uruguay fue un fracaso rotundo. Sin embargo, el equipo aún no estaba listo; era lo sano y justo concederle el beneficio de la duda a un hombre que merecía la oportunidad de demostrar su valía.

El exentrenador de Colo-Colo tuvo un acierto colosal: fichar a Esteban Pávez. Su contratación reavivó la incertidumbre, e incluso, desde Chile, los hinchas albos agradecían que los libraran de un jugador supuestamente «salado». No sé si en el club hermano se habrán liberado de una mala racha, pero lo cierto es que a Matute llegó un auténtico crack: el ancla, la balanza, el equilibrio y, en ocasiones decisivas, el autor de goles fundamentales.

Guede logró lo que sus antecesores no pudieron: consolidar un once base. Cuando un técnico estructura un equipo sólido, solidario y bien respaldado por una buena banca, las posibilidades son infinitas. El estratega aprovechó cada recurso; Alianza mantuvo siempre una identidad clara, pero con variantes tácticas que confundieron a sus rivales, tal como ocurrió ayer ante Los Chankas de Andahuaylas.

Parecía una regla de oro que Paolo Guerrero jugara siempre como referente de área —puesto que domina desde hace un cuarto de siglo—, pero anoche el guion cambió. Guede lo recostó por una banda y dejó en punta a Erick Castillo, un absoluto bólido. Los Chankas no descifraron el movimiento, Alianza golpeó primero, y la pizarra funcionó a la perfección. Este impecable manejo táctico ha sido la constante fecha tras fecha.

Escribo estas líneas como analista, pero también como hincha, y es justo reconocerlo. Al no ser periodista deportivo, mi enfoque prescinde de los moldes tradicionales. Siempre he detestado la informalidad farandulera que rodea al futbolista local; conductas que se alejan por completo del verdadero profesionalismo.

Sin condenar sin pruebas, considero que lo sucedido en Montevideo exige una sentencia firme por parte de las autoridades competentes. En todo caso, Alianza Lima hizo lo correcto al limpiar la casa y apartar a quienes dañaban el prestigio de la institución y que, formando parte de ella, la referían como “puterío”. Tras la salida de esos pseudodeportistas, se priorizó el orden. A partir de esa purga se construyó la disciplina; de la disciplina nació la solidaridad, y de la solidaridad se ensambló el equipo actual: un plantel que sabe a lo que juega y que tiene claro el objetivo final de fin de año.

En el Perú, pocas veces triunfa la seriedad sobre la informalidad. Este campeonato es la excepción a la regla. Corresponde ahora a los dirigentes mantener esta línea de conducta hacia el futuro, actuando como celosos guardianes de una institución tradicional cuyos millones de hinchas, repartidos por todo el mundo, merecen un club a la altura de su historia.

 

[OPINIÓN] Siempre que llegan las elecciones se comienza a tejer la narrativa de que los antifujimoristas están obsesionados, que deberían simplemente pasar la página, que hay que mirar hacia el futuro, y en fin, una serie de acusaciones que los pinta como personas irracionales. Pero claramente esto no es así. Fijémonos en las cosas que ha hecho el fujimorismo en los últimos 10 años. Keiko Fujimori amenazó el 2016 con gobernar desde el congreso. Y, efectivamente, censuró ministros de PPK de manera completamente arbitraria, y terminó vacando al mismo PPK, inaugurando así la crisis política en la que estamos actualmente. Luego de que Martín Vizcarra no se le sometiera, decidió hacerle la vida imposible y procedió a vacarlo también. También procedió a socavar el gobierno de Pedro Castillo, incluso desde antes de iniciarse. Obviamente Castillo fue un desastre y contribuyó también a su propria debacle, pero el fujimorismo se empeñó en vacarlo desde el primer día, como acaba de reconocer Miki Torres, candidato a la primera vicepresidencia por Fuerza Popular.

No solo eso. La bancada fujimorista no ha parado de sacar leyes que les convenían a ellos mismos, sin importarles las consecuencias que eso pueda tener para el país. Se sacaron de encima a Zoraida Ávalos y Delia Espinoza sin razón alguna. El fujimorista Fernando Rospigliosi, actual presidente del congreso, mandonea ministros y amedrenta jueces, con total impunidad. La misma Keiko se inventó un fraude el 2021, y creó un antecedente para que RLA lo haga este 2026 (y ella misma, probablemente, hará lo mismo si pierde). Y la lista continúa, por supuesto.

Cuando uno cita, además de esto, el legado del fujimorismo de los 90s, la idea no es “castigar a la hija por los pecados del padre”, sino poner en perspectiva el modus operandi del partido: tomar el control de los poderes del estado, destruir la independencia del poder judicial, manipular a través de los medios, y realizar una política pragmática sin otra ideología más que hacer lo que les conviene a ellos (pueden, por ejemplo, promover que las masas de las clases A/B se escandalicen con el castillismo, y al mismo tiempo compartir la mesa directiva del congreso con ellos).

Tener dignidad y memoria es algo muy loable y sano para una democracia. Sin embargo, reconozco que sería difícil ser antifujimorista si el fujimorismo hubiera mostrado una cara democrática estos últimos 10 años, si hubiera dado señas de que con el fujimorismo el país va a estar mejor. Pero no ha sido el caso. Un gobierno de Fujimori es, objetivamente, lo peor que le puede pasar al país.

* Manuel Barrantes es profesor de filosofía en California State University Sacramento. Su área de especialización es la filosofía de la ciencia, y sus áreas de competencia incluyen la ética de la tecnología y la filosofía de las matemáticas.
FOTO: https://www.fastcompany.com/91490454/how-to-let-go-of-resentment-on-the-job

 

 

[EL DEDO EN LA LLAGA] Cuando conocí el Sodalicio de Vida Cristiana en el año 1978, uno de los lemas que continuamente se repetía a modo de definición del estilo sodálite era el de “mitad monje, mitad soldado”. Se trataba de una expresión que resultaba especialmente atractiva para jóvenes insatisfechos con el estilo burgués de vida del entorno en que habían crecido. Rodeada de un halo de heroísmo, remitía a las hazañas de tiempos medievales: la imagen romántica del caballero cruzado que combinaba la contemplación espiritual con la acción decidida y militante. Este ideal no era casual; encarnaba la visión fundacional que Luis Fernando Figari imprimió al movimiento desde sus inicios en 1971 en el Perú.

La primera mención escrita de este lema en el Sodalicio aparece en un texto que fue sacado posteriormente de circulación: la “Memoria del Superior de la Sodalitium Christianae Vitae, Año 1976”. En ella, Figari describe cómo debe entenderse esta frase dentro de la espiritualidad sodálite:

«No quiero seguir adelante sin señalar la influencia de un pensador español, de ejemplar vida, que ha legado a la posteridad una frase que, a mi entender, resume muy bien el ideal que muchos sodálites han sabido hacer suyo: “mitad monje, mitad soldado”. Es así como se va perfilando y acentuando nuestro estilo: mitad monje. La vida de un sodálite es ante todo vida de oración. En la oración cobra fuerzas, en ella ve caer, una a una, las barreras de su individualismo y su negativo egoísmo, en ella descubre la voluntad de Dios para cada momento de la vida, en fin, en ella se nutre de vida y de amor. Mitad soldado, pues nuestra actitud no puede ser pasiva, es, todo lo contrario, eminentemente apostólica».

Esta cita revela no solo una espiritualidad exigente, sino una clara influencia externa que Figari reconoce abiertamente. La primera pregunta que surge es la identidad de ese “pensador español, de ejemplar vida”. Es claro que se trata de José Antonio Primo de Rivera (1903-1936), fundador de la Falange Española, un movimiento político de carácter fascista, nacionalista y de raigambre católica conservadora. Primo de Rivera fue fusilado en 1936 durante los primeros meses de la Guerra Civil Española, acusado de conspiración y rebelión militar contra el gobierno de la Segunda República. Aunque no existe evidencia documental irrefutable de que pronunciara literalmente la frase “mitad monje, mitad soldado”, esta refleja fielmente su pensamiento, tal como lo expresó en un discurso parlamentario el 6 de noviembre de 1934:

«Es cierto; no hay más que dos maneras serias de vivir: la manera religiosa y la manera militar —o, si queréis, una sola, porque no hay religión que no sea una milicia ni milicia que no esté caldeada por un sentimiento religioso—; y es la hora ya de que comprendamos que con ese sentido religioso y militar de la vida tiene que restaurarse España».

En los primeros años del Sodalicio, la admiración por José Antonio Primo de Rivera iba más allá de una mera referencia literaria. Se le profesaba auténtica devoción y se le consideraba modelo de político católico dispuesto a entregar su vida por sus ideales. Testimonios de exmiembros recuerdan haber visto en los años ochenta un afiche con su foto en la habitación de Germán Doig, superior en comunidades sodálites y segundo en la cadena de mando dentro de la institución.

Figari fomentaba activamente la lectura de las “Obras completas” de Primo de Rivera entre aquellos sodálites con proyección intelectual. Esta influencia se manifestaba también en la cultura cotidiana del grupo. El himno falangista “Cara al sol” se aprendía y se entonaba en el Sodalicio durante viajes en bus a retiros, paseos o momentos recreativos. Aún más reveladora es la historia de una de las canciones sodálites más queridas: “Alza la frente”. Se trata de una adaptación directa de la canción falangista “Llámame camarada” (1943), original del Frente de Juventudes, con letra de José María García-Cernuda Calleja y música de Agustín Paíno Mendicoague. La versión sodálite reemplaza las referencias políticas por cristianas, pero conserva la estructura, el ritmo marcial y el espíritu de llamada a la militancia:

Versión original (fragmento):

Cubre tu pecho de azul, español,
que hay un hueco en mi escuadra;
pon cinco flechas en tu corazón,
llámame camarada…

Versión sodálite (“Alza la frente”):

Alza la frente y tu corazón,
que es Cristo el que llama;
ponte la Cruz cual un galardón,
el Sodalitium te espera…

Esta canción se cantó hasta bien entrados los años noventa en contextos internos y fue entonada públicamente en la misa de exequias de Germán Doig el 14 de febrero de 2001 en la Parroquia Nuestra Señora de la Reconciliación en Lima. Su permanencia ilustra cómo el imaginario falangista fue adaptado para reforzar la identidad sodálite: disciplina, camaradería, entrega total y combate espiritual.

En conformidad con las influencias falangistas y tradicionalistas que marcaron los primeros años del Sodalicio, Figari sostenía además una visión hispanista de la conquista de América, la cual era interpretada como una empresa providencial de evangelización y civilización cristiana. En sus exposiciones y conversaciones internas reivindicaba la herencia espiritual y cultural de la España católica, en abierta oposición a interpretaciones críticas del proceso colonial. Esta lectura reforzaba el marco tradicionalista del movimiento y su imaginario de “reconquista” cultural y religiosa.

La conexión española: Toledo y la formación tradicionalista

La influencia española no se limitó a lo ideológico. Figari utilizaba con frecuencia metáforas de clara raigambre española para transmitir el ideal sodálite. Solía decir que los sodálites debían forjarse como una espada toledana: flexibles pero indestructibles, afilados para el combate espiritual y templados en el fuego de la disciplina y la oración.

En 1981, cuando el Sodalicio aun era solamente una asociación pía de fieles, Jaime Baertl, miembro de la generación fundacional y quien se convertiría en el primer sacerdote sodálite, fue enviado a formarse en el seminario de la arquidiócesis de Toledo bajo el cardenal Marcelo González Martín. Este prelado, conocido por su conservadurismo y por haber celebrado la misa de exequias de Francisco Franco, acogía candidatos al sacerdocio de otras diócesis y países que buscaban una formación teológica y espiritual alineada con los cánones más tradicionalistas.

Figari consideraba que la formación en el Seminario Santo Toribio de Mogrovejo de Lima era deficiente y no correspondía a los lineamientos del Sodalicio. Por ello, obtuvo permiso para que Baertl se preparara en Toledo, siendo ordenado sacerdote a fines de 1981 en la Parroquia Nuestra Señora del Pilar, en el exclusivo distrito de San Isidro (Lima), e incardinado inicialmente a la arquidiócesis de Lima.

En ese mismo contexto toledano, bajo el cardenal Marcelo González Martín, realizó parte de su formación José Manuel Pereda Crespo —fundador de los Cruzados de Cristo Rey y discípulo predilecto de Ramón Plata Moreno, fundador de El Yunque—. Pereda, que aún no era sacerdote en 1981, había estudiado medicina en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), pasó seis meses en la cárcel en 1968 tras sustraer expedientes confidenciales de consejeros universitarios por encargo de El Yunque y fundó los Cruzados de Cristo Rey en 1971. La primera generación de su congregación se formó en el Instituto Superior de Estudios Teológicos San Ildefonso de Toledo.

El Sodalicio mantuvo contacto y amistad con Pereda Crespo. Incluso en la década de los ochenta visitó una de las casas de formación sodálites en San Bartolo, a 50 km al sur de Lima. El Sodalicio compartía con los Cruzados una fuerte devoción a Cristo Rey —advocación muy querida en el Sodalicio— y claras afinidades en su ideal de “cruzados” combativos.

El puente mexicano: Federico Müggenburg y El Yunque

Un eslabón fundamental entre estas influencias fue el arquitecto mexicano Federico Müggenburg, perteneciente a la segunda generación de El Yunque, organización secreta ultraconservadora mexicana. Cercano al fundador Ramón Plata Moreno, Müggenburg tuvo un rol activo en el Movimiento Universitario de Renovadora Orientación (MURO), en la Democracia Cristiana y llegó a ser vicepresidente de la Unión Nacional de Padres de Familia (UNPF) en 1975.En 1985 participó en el Congreso Internacional sobre “Reconciliación en el Pensamiento de Juan Pablo II” organizado por el Sodalicio en Arequipa (Perú). Allí criticó con dureza el marxismo y la “Iglesia popular”. Müggenburg fue colaborador asiduo de los Amigos de la Ciudad Católica en España, participando activamente en sus reuniones anuales de 1981, 1982, 1985 y 1991.

La Cité Catholique y la Fundación Speiro

Los Amigos de la Ciudad Católica están vinculados a la Fundación Speiro, editora de la revista Verbo. Esta es la rama española de la Cité Catholique, fundada en 1946 por Jean Ousset, discípulo de Charles Maurras (Action Française). Ousset promovía la formación de élites laicas para una “reconquista” católica de la sociedad mediante células de estudio y acción.

Tanto Figari, como Doig, Alfredo Garland y Virgilio Levaggi, miembros de la generación fundacional del Sodalicio, leían obras de Ousset, especialmente “El marxismo-leninismo” (1960), y recibían puntualmente la revista Verbo. Libros sodálites como “Como lobos rapaces” (Garland, 1978) e “Iglesia y marxismo” (Doig, 1983), así como el de Müggenburg “La cruz, ¿un ariete subversivo?” (1970), fueron reseñados en sus páginas. Estas lecturas reforzaban una interpretación integrista y anticomunista de la doctrina social de la Iglesia.

Queda abierta la interrogante de si Figari participó directamente en alguna reunión de los Amigos de la Ciudad Católica durante sus viajes a España, o si Müggenburg fue el principal puente. Lo indudable es que el Sodalicio de sus primeros años se nutrió de esta red internacional de pensamiento tradicionalista: falangismo español, integrismo francés vía Cité Catholique/Speiro, y ultraderecha católica mexicana vía El Yunque.

Figari, acompañado de algunos miembros de la generación fundacional, realizaba casi todos los años viajes al extranjero, con México, Argentina y España como destinos preferidos. Los sodálites de rangos inferiores desconocíamos los detalles de esas agendas y con quiénes se reunían. Sólo sabíamos, por comentarios de Germán Doig, que Figari consideraba al Sodalicio único, insuperable, el “non plus ultra” en comparación con otros grupos, alimentando de esta manera nuestro orgullo colectivo. Ciertamente no eran asociaciones o congregaciones tradicionales, a las que Figari calificaba de “relajadas” y consideraba trasnochadas, ni tampoco el Opus Dei, hacia el cual el Sodalicio era bastante crítico y mantenía una cierta rivalidad. Probablemente se trataba de movimientos tradicionalistas y ultraderechistas que compartían una visión autoritaria de la sociedad y de la Iglesia.

Este entramado ideológico, con su énfasis en la jerarquía absoluta, la obediencia ciega y el espíritu militarista, contribuyó decisivamente a crear una cultura institucional donde el abuso no fue la excepción, sino la norma. El verticalismo extremo, la sacralización del poder de los superiores y la deshumanización del individuo en aras del ideal sodálite facilitaron durante décadas abusos sexuales, psicológicos, físicos y de conciencia sistemáticos. El lema “mitad monje, mitad soldado”, inspirado en fuentes falangistas y tradicionalistas, simboliza tanto la atracción inicial del movimiento como la trágica deriva autoritaria que terminó conduciendo a su disolución por el Vaticano en 2025.

IN MEMORIAM: Abel “Walo” Carrillo Milla (76), baterista peruano de bandas históricas como Telegraph Avenue, Tarkus, Dr. No, Tlön, entre otras, fallecido la semana pasada, fue -como yo- herreriano (ex alumno del colegio nacional Bartolomé Herrera). Q.E.P.D.

[Música Maestro]

La tarde del domingo 17 de mayo la comunidad de seguidores y admiradores de la obra musical de Frank Zappa recibimos una triste noticia. Ike Willis, cantante y guitarrista que, entre 1978 y 1988, fue uno de los colaboradores más cercanos del genio de Baltimore, falleció a los 70 años. Desde el 2024, por lo menos, se venían difundiendo informaciones -muchas de ellas por parte de su propia familia, específicamente de su hija Leah- que daban cuenta de que el buen Ike, gran cantante, excepcional guitarrista, venía luchando valientemente con un invasivo cáncer de próstata. Incluso ella tuvo que salir en redes sociales más de una vez a desmentir rumores de que su padre había muerto.

Sin embargo, en esta ocasión era verdad, como se fue confirmando con el transcurrir de las horas. El primero en avisar a la comunidad mundial de fans del universo zappesco fue Arthur Barrow, quien fuera bajista de la banda entre 1978 y 1980 y después, hasta 1982, se desempeñó como director musical o “Clone Meister”. Barrow y Willis fueron las columnas vertebrales de la primera banda ochentera de Frank, la misma que lanzó icónicos discos como Joe’s Garage (1979), You are what you is o Tinsel town rebellion (ambos de 1981), grupo por el que también pasaron luminarias de la música mundial como Steve Vai (guitarra), Vinnie Colaiuta (batería), entre otras. André Cholmondeley, uno de sus mejores amigos y líder de Project/Object, fue uno de los primeros en reaccionar: “Él era como mi hermano. Y todo lo que he hecho en la música en los últimos 30 años comenzó gracias a haberlo conocido…”

Quienes conocemos el catálogo de Frank Zappa de arriba a abajo, recordamos sus magistrales interpretaciones de temas que pertenecían a otras épocas de aquella amplia discografía, como la versión de 1988 de Dickie’s such an asshole -dedicada originalmente a Richard Nixon y, en esta ocasión, a Ronald Reagan- o la relectura de Village of the sun, incluida en el disco Saarbrücken 1978, parte del primer volumen de la colección de bootlegs Beat the boots I (1991). Pero también llegan a la mente canciones escritas para su abaritonada y brillante voz como Lucille has messed my mind up, Why does it hurt when I pee? o Outside now, uno de los puntos climáticos de la historia de Joe. O, por supuesto, el jazz al estilo crooner de Yo’ cats (Frank Zappa meets The Mothers of Prevention, 1985) y el psicótico blues Bamboozled by love, clásico del Tinsel town rebellion.

Una de las mejores grabaciones en vivo de Ike Willis es, sin duda, el medley de tres canciones de los Beatles que pudimos escuchar de forma oficial en el álbum doble Zappa ’88: The last U.S. show (2021) que es, como dice su nombre, la grabación del último concierto de aquella gira que canceló en medio de polémicas internas.

En ese cover, Zappa altera las letras de tres gemas de Leoon/McCartney, Norwegian wood (The bird has flown), Strawberry fields forever y Lucy in the sky with diamonds, para ridiculizar a los tele-evangelistas, a partir de los escándalos de un conocido predicador, Jimmy Swaggart, fallecido a los 90 años en julio del 2025, quien fue encontrado entre 1986 y 1988 con prostitutas, a las que pagaba miles de dólares con lo que recaudaba en su televisado “ministerio” religioso. La voz de Ike, sus inflexiones y tonalidades, convierten en un clásico del humor negro a esta pieza que podríamos aplicar a tantos otros sacerdotes o gurúes que esconden sus bajas pasiones detrás de una careta espiritual.

¿Cómo llega Ike Willis a la banda de Zappa?

“Conocí a Frank en 1977, cuando mi esposa y yo estábamos en la universidad, en Washington. Había venido a dar un concierto y yo formaba parte del equipo técnico del local. Casualmente, lo conocí después de la prueba de sonido. Empezamos a hablar. Nos caímos muy bien, me hizo tocar y cantar para él. Me dijo que le gustaría que hiciera una audición para su banda. Básicamente, después de la gira de ese año -parte de la cual podemos escuchar en los álbumes Sheik yerbouti (1979) y Baby snakes (1983)- me llamó cuando todavía estaba en la universidad y me dijo que me iba a pagar el viaje para la audición. Volé una semana después y entré en la banda”. El resto es historia. Así recordaba Isaac “Ike” Willis, natural de St. Louis, Missouri, el comienzo de su relación con Frank Zappa, que se extendió hasta 1988, lo cual convierte en el músico que más tiempo ha permanecido en su banda.

La carrera de Ike Willis está íntegramente definida por su trabajo con Zappa. Participó en todos los álbumes ochenteros del grupo -siete en estudio, seis en concierto e infinidad de lanzamientos tanto oficiales como póstumos- y fue parte fundamental en el ensamblaje vocal de las giras de 1978, 1979, 1984, 1986 y 1988, con un hiato entre 1980 y 1982 en que pidió licencia por el nacimiento de sus hijos. Desde 1993, año de la muerte de Frank, Ike ha mantenido vigente el legado musical de su mentor a través de sus colaboraciones con diversas bandas de tributo a Zappa alrededor del mundo, entre ellas The Central Scrutinizer (Brasil), Ossi Duri (Italia) o The Ed Palermo Big Band (EE.UU.).

Además, estuvo presente en la formación original de The Band From Utopia -actualmente Banned From Utopia-, junto a Robert “Bobby” Martin, (voz, saxo, teclados), Tommy Mars (teclados), Arthur Barrow (bajo, guitarra), los hermanos Tom y Bruce Fowler (bajo y trombón), Kurt McGettrick (saxos, clarinetes), Ed Mann (percusión) y Chad Wackerman (batería), todos ex alumnos de Frank. Algunos años después, colaboró con Project/Object, banda norteamericana fundada por el virtuoso guitarrista André Cholmondeley.

Joe’s Garage y Thing-Fish: Los legados vocales de Ike

Conocido como el “barítono biónico” -así figura en los créditos del álbum The man from Utopia (1983)– Ike Willis se estableció como figura central de la banda desde su aparición en el disco conceptual Joe’s Garage (1979), en el que interpreta a Joe, protagonista de la historia. En esta obra, originalmente editada en tres vinilos, Joe, un atribulado aspirante a músico de rock, hace un viaje de descubrimiento y redención artística y personal, no sin antes atravesar una serie de experiencias bizarras que ponen a prueba su temple, desde la tiranía y superficialidad del music business hasta extraños encuentros con máquinas y robots, todo al estilo irreverente y audaz de Zappa.

Asimismo, Willis se encarga del rol principal de otra de las producciones de esa década, Thing-Fish (1984). Se trata de un cuento que es mitad ciencia ficción y mitad cómic, donde el personaje central es una  extraña criatura con cabeza de papa, pico de pato y exagerado acento negro llamada Thing-Fish, una alegoría caricaturesca inventada por Zappa para lanzar duras críticas contra la discriminación y la homosexualidad, el establishment norteamericano, los prejuicios y los tele-evangelistas, entre otros temas recurrentes en su obra.

“Joe’s Garage -dijo Ike alguna vez- es mi álbum favorito desde el punto de vista sentimental. Fue el primero que hice, tenía 22 años y trataba de absorber y aprenderlo todo. Por su parte, Thing-Fish fue la cosa más larga y compleja que he hecho con Frank. El tema central era muy difícil y había cantidades de material. El álbum cobró vida propia y comenzó a crecer, los libretos cambiaban día a día y siempre aparecían letras nuevas”.

Zappa en los ochenta: Armonías vocales

En esa década, pasado el furor del jazz-rock y sus rutinas humorísticas, la música de Frank Zappa se orientó mucho hacia la construcción de complicadas armonías vocales, producto de la afición por el doo-wop y la música soul que cultivó desde su adolescencia en los años cincuenta. Por otro lado, a partir de esa época Frank comenzó a limitar su trabajo al de compositor, arreglista y productor de su material.

Para eso, contó con el apoyo valioso de Ike Willis, quien se convirtió en su mano derecha: “Él buscaba nuevos vocalistas porque ya no quería cantar más. Extrañaba las armonías, tú sabes, el doo-wop y todo eso. Trataba de cambiar de dirección musicalmente, las combinaciones ya no estaban funcionando bien. Es decir, siempre hubo músicos increíbles en sus bandas, pero él ya no se estaba divirtiendo mucho. Cuando me contrató, las cosas comenzaron a cambiar”.

Desde el principio, Zappa vio algo especial en Willis, y se lo hizo saber de inmediato: “Cuando entré por la puerta para mi audición, había una fila de unas treinta o cuarenta personas. Él ya lo tenía todo preparado, en lugar de probarme, me dio un fajo de letras de canciones y me pidió que le ayudara a hacer las audiciones a los demás. Eso fue un martes, y no hice mi propia audición hasta dos días después. Solo duró unos veinte segundos, luego seguimos haciendo pruebas a otras personas y me contrató antes del fin de semana”.

En el DVD Does humor belong in music? (1986) se puede apreciar a una de las mejores secciones vocales de Zappa. Junto a él están Ray White, Bobby Martin y por supuesto, Ike Willis. Del mismo modo, en la tríada de discos en concierto Broadway the hard way (1988), The best band you never heard in your life y Make a jazz noise here (ambos de 1991), que registran oficialmente las actuaciones de lo que finalmente fue la última gira de Frank Zappa antes de su voluntario retiro de los escenarios, Ike Willis integra junto con Bobby Martin, Mike Keneally y Frank, el cuarteto de voces con el que recrearon su amplio catálogo en aquellos conciertos realizados entre febrero y junio de 1988.

Ike Willis y su afilada guitarra

Aunque es más conocido por sus aportes como cantante, Willis también colaboró como guitarrista rítmico en los distintos ensambles de los que fue parte. Como solista grabó dos álbumes, firmados como The Ike Willis Band: Shoulda gone before i left (1988) y Dirty pictures (1998), en los que demuestra todo lo aprendido de Frank: compone y produce su material, tiene un sentido del humor político muy agudo, construye pasajes instrumentales muy interesantes y posee los derechos de todas sus grabaciones. Además, su estilo con las seis cuerdas tiene ese sonido tan reconocible y un particular gusto por lo complejo, polirrítmico y disonante, como su maestro.

Ike Willis se mantuvo siempre de gira, tocando la música de Zappa donde se lo pidieran, y fue invitado a varias ediciones del Festival Zappanale, que se realiza desde 1993 en la ciudad alemana de Bad Doberan, ya sea con Project/Object o acompañando a otros músicos, como los europeos Zappatika o bandas más jóvenes como The Z3 o The Furious Bongos, quienes también han anunciado homenajes para la persona con quien compartieron más de una vez los escenarios, rindiendo homenaje perpetuo a la música de Frank. En este concierto de Project/Object, del 2004, Ike Willis comparte escenario con el saxofonista y cantante Napoleon Murphy Brock (en la banda entre 1973 y 1976), una de sus grandes inspiraciones. “De él aprendí a cómo moverme en el escenario”.

Siempre afirmó sentirse orgulloso de seguir tocando la música de Frank y que eso no le generó nunca problemas legales, pues estaba cumpliendo un pedido que el mismo compositor le hizo antes de fallecer en diciembre de 1993. “No estoy ganándome la vida con su música. Solo estoy cumpliendo la voluntad de un viejo amigo. Al final me dijo: “Sal allá afuera y mantén la música viva como puedas. No cambios de tono, no nuevos arreglos. Anda y toca mis canciones tal y como te las enseñé”. Y eso es lo que estoy haciendo”.

Como músico, Ike Willis coincide con quienes han declarado que trabajar con Zappa era sumamente exigente: “No puedes tocar su música si estás distraído saludando a las chicas o fumando marihuana. Había partes muy complejas e intrincadas. Él era increíblemente perfeccionista. Ensayábamos ocho horas diarias, seis días a la semana. Algunos miembros de la banda no se divertían tanto como yo. Para mí, era como estar permanentemente en una escuela de música, aprendiendo cosas increíbles”.

Sobre los sucesos que acabaron con el grupo de 1988, Ike Willis no comparte la opinión de Frank, según la cual la banda se autodestruyó: “El responsable fue Scott Thunes. Estaba tan alocado que nadie quería tocar con él. Él es salvajemente talentoso e inteligente, pero nadie quería estar cerca de él por cómo actuaba”, mencionó Ike, refiriéndose a los hábitos exagerados del bajista a quien Frank había nombrado director musical. “Esa fue la mejor banda de Frank en la que estuve. Teníamos la combinación perfecta de personas. Si Frank hubiera estado de un ánimo distinto, estoy seguro de que habría despedido a Scott y continuábamos con otro bajista. No era un buen tiempo para Frank, estaba comenzando a sentirse mal y simplemente mandó todo a rodar”.

Un trabajo que se convirtió en amistad

Con los años, la relación entre Ike Willis y Frank Zappa se hizo más personal, ya que detrás de las exigencias del trabajo en la banda, se desarrolló una gran amistad. “Mi esposa y yo lo seguíamos desde nuestras épocas de estudiantes y posteriormente, ella me acompañó a todas las giras”. Cuando Frank se enteró que padecía de cáncer, Ike fue la única persona que no era de su familia a quien se lo contó. “Me lo dijo dos años antes de anunciarlo a la prensa. Después de la gira del ’88 me mudé a Portland y al año siguiente me llamó y me dijo: “Ya no vamos a salir”. Cuando le pregunté el motivo me dijo que se estaba sintiendo mal, y que después de consultar a cuatro doctores, el quinto le confirmó que tenía cáncer y que era terminal. “No puedo hacer nada al respecto” fue lo que dijo”.

En julio de 1993 Frank lo llamó con una ambiciosa idea en mente: hacer planes para preparar el vigésimo quinto aniversario del álbum 200 Motels, que se iba a cumplir dos años después, en 1995, con una gira mundial que reuniría varias etapas de su carrera, con invitados especiales y hasta una orquesta filarmónica. El vocalista, entusiasmado con esa posibilidad de regresar al ruedo, lo apoyó completamente: “Me llamó y me dijo: “¡Oye, me estoy sintiendo mejor!”.

Al parecer la enfermedad había entrado en una especie de receso y Frank se sintió en condiciones para regresar. Estaban planeándolo todo cuando de repente recayó, eso fue en noviembre. “Fue todo muy rápido. Mi madre había fallecido de cáncer a la misma edad de Frank durante la gira del ’88. Fue un golpe muy duro para mí, apenas tuve tiempo para hablar con él antes de morir”.

Ike Willis fue una de las personas que más cerca estuvo de Frank como ser humano: “No importa lo que hayan escuchado acerca de él, que era una mierda o un estúpido. Frank es el ser humano más inteligente que he conocido, un hermoso ser humano. Era realmente un buen tipo, amable, divertido y espontáneo. Su personalidad pública es solo una de esas tantas dicotomías, complejidades por las que se le conocía”.

Cuando le preguntaron en el 2006, durante el gobierno de George W. Bush, qué clase de música habría escrito Zappa en ese momento, Ike Willis comentó: “Dios mío, me encantaría que Frank aun estuviera aquí. Este sería su gran momento. Es decir, primero Bush, luego Clinton y ahora… ¡otro Bush! Hay cantidades de material. ¡Hubiera sido genial!”. También habría sido genial escucharlo hoy, en tiempos de personajes como Elon Musk, Marco Rubio y Donald Trump, como lo aluciné el año pasado en esta columna.

 

[OPINIÓN] El Mundial era, antes que nada, una competencia para definir al mejor del mundo. Punto. Durante años bastaban dieciséis selecciones: las mejores. Cada cuatro años, y después de una ardua clasificación que duraba más de dos, se juntaban en un país, jugaban entre sí y salía un campeón de verdad. No un sobreviviente de una maratón televisiva patrocinada por aerolíneas, casas de apuestas y bebidas energéticas.

El de 2026 tendrá cuarenta y ocho selecciones. En tres países. Con Haití, Curazao, Nueva Zelanda y, siguiendo la lógica, pronto Andorra, las Islas Reunión y algún archipiélago del Pacífico Sur con menos habitantes que jugadores convocados. Todavía no clasifican, pero calma: ya encontrarán un cupo humanitario.

Uruguay 1930 tuvo trece selecciones y quedó en la historia. De 1934 a 1978 fueron dieciséis. Ahí estaban Pele Eusébio, Beckenbauer, los Charlton, y Cruyffny. España 82 subió a veinticuatro y ya hubo críticas. Francia 98 llegó a treinta y dos, formato que todavía conservaba cierta dignidad competitiva. Pero la FIFA descubrió que más partidos equivalen a más televisión, y más televisión equivale a más dinero. El fútbol quedó como excusa; el negocio pasó a ser el protagonista.

Porque, sinceramente, ¿alguien quiere ver Haití contra Argentina? No es desprecio a Haití, que bastante tiene encima. Es simple sentido común: eso no es un partido, es un trámite migratorio con pelota. Lo mismo con Irán contra Estados Unidos, vendido como “duelo geopolítico”, para terminar en noventa minutos donde todos rezan para que nadie lance nada más peligroso que un córner.

Y Nueva Zelanda… bueno. Clasifica desde una confederación donde la competencia real suele ser contra islas que usan el fútbol como actividad recreativa entre semana

El campeón saldrá de donde siempre sale: Brasil, Argentina, Francia, Alemania o España. Eso no cambia con cuarenta y ocho equipos. Lo único que cambia es el tamaño del decorado, la cantidad de vuelos internacionales y el agotamiento de jugadores que llegarán fundidos a las fases decisivas después de recorrer medio continente.

El resto será relleno: grupos extraños, partidos previsibles y primeras fases donde ya sabemos quién gana antes de que el árbitro revise el VAR.

Y encima no estará Italia. Cuatro títulos mundiales. Parte esencial de la historia del fútbol. Una mesa elegante sin vino ni postre. Pero en su lugar aparece Curazao. La FIFA ya no distingue entre patrimonio y relleno mientras ambos vendan derechos de televisión.

En fin. Este año quizá me dedique al hockey sobre hielo. Al menos ahí todavía se disfruta el para qué sirve clasificar.

 

P.D.

y siempre con el perdón de algunos amigos quienes creen que este Mundial no es una payasada… y que probablemente también votaron por Porky. Buon Giorno 🇮🇪

[PUNTO CRÍTICO] Las irregularidades del 12 de abril le dieron una excusa más a RLA para hacer su escandalete, pero en absoluto fueron la causa principal. Semanas antes de las elecciones, cuando las encuestas lo daban a la baja, RLA decía que las encuestadoras estaban compradas porque sus encuestas privadas le daban 25% o más. Después del 12 dijo, sin ninguna evidencia, que las irregularidades fueron intencionales, que le hicieron perder 1 millón y medio de votos, y que le “habían robado el voto” a miles de peruanos. Pero cuando esto no prendió, pasó a criticar las mesas rurales de la serie 900 mil porque las personas que viven en pueblos aislados no saben votar, que una ONG había manipulado a esas personas para que voten por Sánchez, y que por lo tanto todos los votos de esas mesas debían anularse. La gente de RLA ha llegado a decir que lo de las mesas rurales es una farsa porque la ONPE las ha creado incluso en Lima Metropolitana (claro, confundieron ‘Lurigancho’ con ‘San Juan de Lurigancho’, pero en fin). ¿Qué tiene diablos tiene que ver esto con las irregularidades del 12 de abril? No tiene nada que ver, obviamente. RLA tenía planeado gritar ‘fraude’ desde antes de las elecciones, buscando cualquier pretexto. Con o sin irregularidades habría hecho su escandalete igual, por lo tanto, las irregularidades no son la causa, y consecuentemente Corvetto y la ONPE no son los culpables.

Claro, alguien podría objetar que la incompetencia de la ONPE contribuyó al escandalete, justamente porque se dejaron usar como excusa, y en ese sentido son al menos parcialmente culpables. No estoy de acuerdo. Primero, aquí hay un claro tema de énfasis y sensacionalismo, porque los comentaristas no dicen que la culpa principal sea de RLA y solo parcialmente de la ONPE. Lo que dicen, bien molestos, es que la culpa es de la ONPE (sin mencionar a RLA). Lo segundo es que asignar culpas de esa manera es un poco ridículo. Pongamos un ejemplo un poco dramático, pero lamentablemente muy cercano a la realidad: Llega el esposo borracho en la noche. La esposa se había comprometido a cocinar tallarines rojos, pero se quedó dormida y no lo hizo. El esposo se pone violento (como siempre) y arma un tremendo escándalo. Gritos, vasos rotos, golpes. Llega la suegra, mira a la esposa y le dice: ¡Por qué te quedas dormida pues! ¿No sabes que mi hijito se pone violento? ¿No sabes que mi Porkyto se pone violento si las elecciones no son perfectas? Y así se la pasa culpando a la esposa, sin mencionar el hecho de que al Porkyto le da absolutamente igual si había o no tallarines para las elecciones pues como ya sabía que iba a perder, había planeado hacer su escandalete de todas formas porque lo único que quiere es hacerse presidente a gritos y patadas.

* Manuel Barrantes es profesor de filosofía en California State University Sacramento. Su área de especialización es la filosofía de la ciencia, y sus áreas de competencia incluyen la ética de la tecnología y la filosofía de las matemáticas.
Fuente de la foto: https://www.babycenter.com/toddler/behavior/your-18-month-olds-behavior-tantrum-triggers_1213796

[ENTRE BRUJAS] En un país donde durante décadas el asesinato de mujeres fue reducido a “crímenes pasionales” o “arranques de celos”, nombrar jurídicamente el feminicidio significó mucho más que incorporar una nueva figura al Código Penal: significó reconocer que la violencia contra las mujeres no pertenece al ámbito de lo privado, sino que constituye una grave violación de derechos humanos y una responsabilidad ineludible del Estado.

En el Perú, el feminicidio apareció por primera vez como tipo penal en 2011 y fue fortalecido en 2013, marcando un punto de inflexión en nuestra arquitectura jurídica. Por primera vez, las mujeres comenzaron a ser reconocidas en el ámbito penal como sujetas de derechos de manera individual, y no únicamente en relación con la familia, la maternidad o la vida conyugal. Este cambio no fue meramente técnico. Fue político, simbólico e institucional.

La tipificación del feminicidio permitió comprender que estos crímenes no responden a hechos aislados ni a impulsos individuales descontextualizados, sino a relaciones históricas de poder sostenidas por la desigualdad de género, la discriminación y la normalización social de distintas formas de violencia contra las mujeres. También permitió que las investigaciones incorporaran elementos antes invisibilizados: violencia previa, control coercitivo, persecución, violencia sexual, amenazas, acoso, hostigamiento o contextos de subordinación. En otras palabras, permitió investigar no solo el hecho, sino también las estructuras que lo hacen posible.

El feminicidio no describe únicamente una muerte; nombra la expresión más extrema de un continuum de violencia que limita la autonomía, erosiona la ciudadanía de las mujeres y, en su forma más brutal, les arrebata la vida.

Las cifras actuales confirman la urgencia de fortalecer —y no debilitar— esta respuesta estatal. Solo en 2025 se registraron 134 feminicidios en el país, y en lo que va de 2026 ya se contabilizan 29 mujeres asesinadas.

Por ello resulta profundamente preocupante que, en este contexto, desde el Congreso se impulsen iniciativas orientadas a eliminar esta tipificación. No se trata de un simple debate técnico ni de una modificación simbólica. Estas propuestas se inscriben en una secuencia más amplia de discursos y decisiones públicas que, en los últimos años, han relativizado la violencia de género, cuestionado avances normativos y debilitado instituciones creadas para garantizar el acceso de las mujeres a la justicia.

Suprimir el feminicidio del ordenamiento penal implicaría desmontar una categoría jurídica construida precisamente para investigar la violencia letal contra las mujeres con enfoque de género y debida diligencia reforzada.

Sus efectos serían concretos: debilitamiento de criterios especializados de investigación, mayores dificultades para acreditar contextos de violencia previa, pérdida de estándares acumulados por fiscalías y juzgados especializados, y una lectura nuevamente neutra de crímenes que, en realidad, responden a patrones estructurales de discriminación. En términos prácticos, ello podría traducirse en mayores espacios de impunidad y nuevas barreras para el acceso a la justicia.

La pregunta no debería ser por qué el feminicidio sigue existiendo pese a su tipificación. La pregunta correcta es qué más está dejando de hacer el Estado para impedir que la violencia contra las mujeres siga escalando hasta su forma más cruel e irreversible. En una democracia que se pretende igualitaria, proteger la vida de las mujeres no es una concesión ideológica ni una agenda sectorial: es una obligación jurídica, ética y civilizatoria. Porque el feminicidio no es el origen del problema. Es su consecuencia final. Y renunciar a nombrarlo sería, también, renunciar a transformarlo.

 

Página 1 de 444 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 51 52 53 54 55 56 57 58 59 60 61 62 63 64 65 66 67 68 69 70 71 72 73 74 75 76 77 78 79 80 81 82 83 84 85 86 87 88 89 90 91 92 93 94 95 96 97 98 99 100 101 102 103 104 105 106 107 108 109 110 111 112 113 114 115 116 117 118 119 120 121 122 123 124 125 126 127 128 129 130 131 132 133 134 135 136 137 138 139 140 141 142 143 144 145 146 147 148 149 150 151 152 153 154 155 156 157 158 159 160 161 162 163 164 165 166 167 168 169 170 171 172 173 174 175 176 177 178 179 180 181 182 183 184 185 186 187 188 189 190 191 192 193 194 195 196 197 198 199 200 201 202 203 204 205 206 207 208 209 210 211 212 213 214 215 216 217 218 219 220 221 222 223 224 225 226 227 228 229 230 231 232 233 234 235 236 237 238 239 240 241 242 243 244 245 246 247 248 249 250 251 252 253 254 255 256 257 258 259 260 261 262 263 264 265 266 267 268 269 270 271 272 273 274 275 276 277 278 279 280 281 282 283 284 285 286 287 288 289 290 291 292 293 294 295 296 297 298 299 300 301 302 303 304 305 306 307 308 309 310 311 312 313 314 315 316 317 318 319 320 321 322 323 324 325 326 327 328 329 330 331 332 333 334 335 336 337 338 339 340 341 342 343 344 345 346 347 348 349 350 351 352 353 354 355 356 357 358 359 360 361 362 363 364 365 366 367 368 369 370 371 372 373 374 375 376 377 378 379 380 381 382 383 384 385 386 387 388 389 390 391 392 393 394 395 396 397 398 399 400 401 402 403 404 405 406 407 408 409 410 411 412 413 414 415 416 417 418 419 420 421 422 423 424 425 426 427 428 429 430 431 432 433 434 435 436 437 438 439 440 441 442 443 444
x