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[Música Maestro] Cronos (1963-2026): Padre fundador del metal extremo
Para la mayoría de jóvenes del siglo XXI, la palabra “Venom” es sinónimo del personaje antagónico del Hombre Araña, una viscosa forma de vida extraterrestre capaz de adherirse a cualquier ser humano y poseerlo hasta convertirlo en un monstruo negro de diabólica sonrisa, atemorizantes colmillos y fuerza incontenible.
Para nosotros, viejos metaleros, el gracioso dibujito llegó en segundo lugar a nuestro ranking pues ya existía algo llamado Venom, más real y tangible. Un trío que, desde Newcastle, cambió por completo el juego del heavy metal, subiendo aun más el ya atronador volumen de Motörhead y lanzando desembozadas loas al diablo de una manera que Black Sabbath jamás se atrevió en sus días de gloria.
Venom es probablemente el grupo que inventó el concepto “black metal” -de hecho, uno de sus icónicos álbumes y canciones llevan ese título-, aunque ciertamente no suena como todo lo que vino después para apoderarse del término, comenzando por los suecos Bathory o Celtic Frost, cuyos álbumes debut, Bathory y Morbid tales respectivamente, aparecieron en 1984.
Con una presencia en escena agresiva y demoledora, el trío atrajo a sus audiencias hacia el lado más ocultista de la música popular hasta entonces conocido, con imaginería satánica, letras infernales y sus sobrenombres tomados de distintas fuentes históricas-mitológicas, prácticas ahora comunes en bandas de metal extremo provenientes de la zona nórdica de Europa, que tuvieron en Venom su inspiración primigenia. El principal compositor, vocalista y bajista de Venom, Cronos, falleció el 1 de octubre, a los 63 años.
La leyenda de Cronos
En la mitología griega, Cronos es el más joven de los Titanes, hijos varones de Urano y Gea. Según la leyenda, Cronos libera a su madre de la tiranía de su padre castrándolo con una hoz y lanzando al mar los genitales del poderoso rey de la edad dorada. Al caer, la sangre y testículos de Urano dieron origen a varias deidades del tiempo preolímpico, entre ellas una de las más famosas, Afrodita. Urano maldijo entonces a su hijo Cronos, vaticinando que sus hijos terminarían matándolo.
Para evitar que se cumpla la profecía, Cronos se comía a cada hijo que tenía con Rea, al nacer. En total, fueron cinco. Su mujer, sin embargo, planificó una estratagema para salvar a su hijo más pequeño, Zeus, pariéndolo a escondidas y llevándolo a una cueva en Creta, donde fue criado por una cabra. Cuando Zeus creció, Cronos fue obligado a regurgitar a sus cinco hijos -y a la piedra que Rea le había dado en lugar de Zeus- y a liberar a los Cíclopes. Entre todos, depusieron a Cronos, desterrándolo e iniciándose así la era olímpica con Zeus como principal divinidad.
Ese episodio de la mitología helénica, de Cronos devorando a sus hijos, quedó inmortalizado en dos obras de la pintura clásica. La primera es de 1636, del holandés Pedro Pablo Rubens (1577-1640) y la segunda, inspirada en esta, del español Francisco de Goya (1746-1828), de 1820 aproximadamente. Los dos cuadros se titulan Saturno, nombre de Cronos en la mitología romana, y están actualmente en el Museo del Prado, en Madrid. Cronos, representado con una guadaña -la misma que usó para castrar a su padre Urano, es además reconocido como el dios del tiempo, pero originalmente era de las estaciones y las cosechas.
La leyenda de Cronos, el bajista de Venom
Para aquellas personas no iniciadas en esto de la música agresiva, más que escuchar uno de los poderosos seis discos que grabó Venom entre 1981 y 1987 -antes de su primera salida del grupo- les recomendaría buscar en YouTube alguno de los conciertos de la banda original -Conrad “Cronos” Lant (voz, bajo), Jeffrey “Mantas” Dunn (guitarra), Anthony “Abaddon” Bray (batería)- en ese periodo, especialmente la versión restaurada del último show de la gira 7th Dates In Hell, realizado en el teatro Hammersmith Odeon de Londres, en 1984.
Más o menos al final del primer tercio del concierto, pueden ver tres minutos que resumen la brutal presencia escénica de Cronos, la misma que en 1989 me dejó boquiabierto cuando era un quinceañero y la vi, más de una vez, a través de la pésima señal cargada de estática de uno de esos canales de UHF -no recuerdo si era 27 o 33- que se colaban en el dial sin control remoto, manipulando la antena de conejo para mejorar un poco la imagen.
Con un polo negro rasgado, pantalones de cuero, gruesos collares de púas en cuello y brazos, Cronos le arrebata angustiantes rugidos a su bajo distorsionado y hace fraseos a imposible velocidad, tocando con uña de plástico. Eran tiempos en que la televisión programaba clásicos de terror diabólico como La Profecía (1976) o El Exorcista (1973) y la voz de Conrad Lant, su verdadero nombre, se asemejaba a los chillidos de sus diabólicos personajes.
Más que las letras que, en esos años, no entendía muy bien, fueron la fuerza, la personalidad, la contundencia de su inconformismo con el mundo y la decisión de hacer algo que nadie había hecho antes lo que me llamó la atención. Sus canciones no eran como las que Gerardo Manuel ponía de Iron Maiden, Kiss o Van Halen. Esto era más agresivo, más subterráneo, más prohibido.
Un verdadero defensor del metal
Cronos mantuvo siempre en alto la bandera del metal extremo, subgénero que ayudó a construir con pura creatividad, talento y, sobre todo, atrevimiento. Y lo manifestó en más de una ocasión. “¿Desde cuándo Ozzy es “el príncipe de la oscuridad”? -le dijo en una ocasión a la revista Metal Hammer, en los primeros dos miles, criticando el sonido glam del ex Black Sabbath durante los ochenta y noventa. “Ese apodo es de hace diez años, en sus canciones le pedía ayuda a Dios -en alusión al clásico primer álbum de Black Sabbath (1970)-, pero no era parte del infierno. ¡Yo soy el infierno!”
Sobre los nuevos fans de lo que actualmente se conoce como black metal -el de los países nórdicos-, que consideran el sonido de Venom demasiado pegado al hard-rock tradicional, comentaba. “Claro, se apoderan de mi creación y deciden qué es “black metal” y qué no”. Para él, todos los subgéneros y rótulos no eran más que estrategias de comercialización de la música metálica. No le faltaba razón.
Tras un breve periodo fuera del grupo -en que fue reemplazado por Tony «Demolition Man» Dolan-, Cronos volvió a liderar Venom, hasta poco antes de su muerte, junto a dos nuevos soldados -Stuart «LaRage» Dixon (guitarra) y Danny «Dante» Needham (batería), con quienes incluso toco en Lima, en el año 2017. Esa formación de Venom llegó a lanzar cuatro discos: Fallen angels (2011), From the very depths (2015), Storm the gates (2018) y el último Into oblivion (2026) y fue la que, en 2022, regresó triunfalmente al festival alemán de Wacken.
Rock y satanismo: Un debate de larga data
Entre otras cosas, lo que bandas como Venom y muchas más que surgieron después de ellos, desde Slayer hasta Impaled Nazarene, pasando por cientos de nombres mucho más oscuros y blasfemos, fue abrir una nueva veta de entretenimiento, ciertamente no convencional, pero menos nocivo que los políticos y empresarios facinerosos de sus respectivas épocas y países. Por otro lado, grupos como Coven o Black Sabbath ya habían explorado estos temas ligados al ocultismo de manera frontal, echando por la borda a quienes desde una postura conservadora acusaban al rock de lanzar “mensajes cifrados” en sus grabaciones.
En la década de los ochenta comenzaron a aparecer diversos “análisis” a canciones de reconocidas bandas de rock como Queen, Led Zeppelin, Eagles, The Beatles, entre otras. Sus conclusiones apuntaban a una situación alucinante: si eran escuchadas al revés -para lo cual había que manipular exprofesamente el tornamesa para variar el sentido de la aguja que leía la información contenida en cada vinilo-, se revelaban frases ocultas, incitaciones a cometer atrocidades y hasta alabanzas al mismísimo Satán.
Estas frases ingresaban al cerebro de manera subliminal, motivando que los fanáticos del rock terminaran entregando su alma al diablo, sometidos por el influjo de estos músicos malditos que solo buscaban su perdición. Fueron grupos extremistas religiosos quienes iniciaron dichos rumores en esa época, amparados en su deseo de reprimir el rock, pero sin ninguna justificación científica ni asidero real. Desde siempre la relación entre el rock y el ocultismo satánico ha sido muy estrecha. Historias como la del bluesero Robert Johnson o de Jimmy Page, guitarrista líder de Led Zeppelin, abundan y son por demás interesantes, pero en ningún modo verosímiles.
De hecho, gran cantidad de los nombres de canciones y grupos de todos los géneros de metal extremo que actualmente existen podrían generar, de solo leerlos, una parálisis facial en los sectores más puritanos y generar iras santas entre fanáticos religiosos al estilo “con mis hijos no te metas”, seguidores limeños de cierto candidato -seguramente alcalde electo al momento en que usted revisa estas líneas-, que se escandalizarían si entendieran sus canciones pero no sienten ni un solo remordimiento al ver cómo su líder se salta con garrocha las leyes o amenaza públicamente violar al presidente del JNE porque sus resultados adversos no le gustan.
Bienvenidos al infierno musical de Venom
Lo primero que lanzó Venom al mundo de la música, como aviso de lo que venía, fue un disco de 45rpm -lo que en la terminología de entonces era un single- editado por el sello independiente Neat Records en 1981, asociado a bandas de la naciente movida metalera británica, con dos canciones, Live like an angel (Die like a devil) e In the league of Satan. Como comprenderán, estos títulos iban en dirección opuesta a todo lo que sonaba en las radios -Spandue Ballet, Duran Duran, The Police-, inclusive en los predios del rock duro.
A fines de ese mismo año apareció su LP debut, Welcome to hell (1981) con títulos como Sons of Satan, One thousand days in Sodom y cosas por el estilo. Cronos, en entrevistas de la época, aseguraba que a diferencia de Black Sabbath, a quienes consideró siempre su inspiración, a ellos no les faltaba identificación con lo maligno y que, en lugar de describir lo oculto desde afuera, lo hacía desde las mismas entrañas del averno, porque no había demonios rondándolo sino que “él era el demonio”. Ante las acusaciones de apología al satanismo, contestaba que solo lo hacía para generar impacto, para entretener a un público que buscaba ir más allá de lo convencional.
Su segundo disco, Black metal (1982), es considerado una de las bases de todo lo que salió después en términos de metal extremo. Clásicos como Buried alive, To hell and back o Countess Bathory -acerca de la legendaria asesina serial húngara del siglo XVI- o el tema-título, confirmaron las intenciones sonoras de Venom. En el primer tema de este segundo LP, Cronos, Abaddon y Mantas llevaron una sierra eléctrica para cortar metal en el estudio de grabación, fuente original del chirrido espeluznante con el que comienza este disco.
Simbología ocultista directa
A la distancia, Welcome to hell (1981) y Black metal (1982) no suenan tan escalofriantes. Hay influencias obvias de Motörhead, Juads Priest –sus principales referentes-, e incluso de Iron Maiden y bandas punk de la primera oleada -Discharge, Sex Pistols-, pero lo que permanece como vínculo directo con aquello no accesible para los públicos convencionales son las carátulas de ambos discos, usando la simbología más tradicional del satanismo como expresión (anti)religiosa que acompaña al desarrollo del credo católico desde hace centurias.
El primero tiene a un macho cabrío, con tenebrosa mirada lanzada desde minúsculos ojillos, cuya cabeza, cuernos, orejas caídas e hirsuta barbilla conforman una estrella de cinco puntas, un pentáculo o sello de Baphomet, la insignia de la “Iglesia de Satanás”. Y el segundo, muestra el rostro semi sonriente de un demonio clásico, con el título del álbum en tipografía antigua de la era gótica. Símbolos hebreos de diversos significados demoníacos y demás añadidos -fondo negro, el logo de la banda- hacen de estas carátulas de las más abiertamente oscuras de su época.
Por supuesto, todas estas prácticas fueron adoptadas por las siguientes generaciones de bandas de black metal, con un sonido mucho más abrasivo y difícil de digerir para oyentes no acostumbrados a ráfagas de ruido y voces que más parecen salidas de monstruos que de seres humanos. Con los años, Venom recibió ampliamente el crédito que merecen como pioneros de esta forma de hacer música, cargada de sensaciones catárticas que finalmente constituyen un rechazo al mundo real y sus líderes, capaces de maldades mucho peores que un dibujo impreso en la carátula de un long-play o canciones que hablan de brujas, infiernos y ángeles caídos.
La influencia de Venom
La discografía de Venom incluye otras piezas notables como la suite de 20 minutos At war with Satan -del tercer álbum, del mismo título, de 1984– en cuya carátula destaca una cruz invertida, como las que popularizara el guitarrista de Black Sabbath, Tony Iommi, década y media antes. Los álbumes Possessed (1985) y Calm before the storm (1987) fueron los últimos con la formación clásica -el guitarrista Mantas se había ido un disco antes- y luego vinieron tres discos más, sin Cronos.
El bajista se concentró en su propia banda, lanzando dos discos, Dancing in the fire (1990) y Rock n’ roll disease (1991)- sin mucha resonancia debido al auge del grunge, aunque bien recibidos por las comunidades metaleras mundiales. Para su regreso a Venom, con el disco Cast in stone (1997) se reunió con sus antiguos compañeros Mantas y Abaddon, pero posteriormente el último se retiró. Cronos trajo a la banda a su hermano menor Antony, que tocó con el pseudónimo “Antton”. Luego vinieron otros cambios de personal, hasta la versión más o menos estable con Stuart «LaRage» Dixon (guitarra) y Danny «Dante» Needham (batería).
Witching hour, del álbum debut, es una de sus canciones más versionadas, por bandas como Slayer, Machine Head y Mayhem, los noruegos más conocidos de la segunda ola de black metal, quienes habrían escogido ese nombre a partir de Mayhem with mercy, un breve instrumental de plácidas guitarras también del Welcome in hell. Mientras que Tony «Demolition Man» Dolan –el cantante y bajista que reemplazó a Cronos en Venom a inicios de los noventa- armó Venom Inc., con autorización de los integrantes originales -incluso Mantas y Abaddon participaron en sus inicios el 2015. Esta versión alterna de Venom también tocó en Lima, hace un par de años.
La naturaleza pionera de Venom y Cronos, su principal compositor e ideólogo en cuanto al concepto oscurantista de sus presentaciones públicas y mensajes, para crear las bases de otros subgéneros como el death, thrash y black metal -y todos sus demás derivados- es innegable. Puede que te guste o no su propuesta, que no sea la más apropiada para comenzar a escuchar música. Pero, con la formación y estabilidad emocional y mental adecuadas, es posible introducirse en este universo de referencias a aquello que más temores nos causa y encontrar, en sus laberintos, una vía de escape a la frustración que producen, por ejemplo, gobiernos inútiles que salen vestidos de blanco, sonrientes, pero que en el fondo son capaces de planificar las peores maldades sin que se les mueva un músculo de la cara.







