Germán Díaz

Esta historia sucedió hace más de trescientos años, cuando el ejército birmano planeaba un ataque para invadir Tailandia. En ese momento, el país era conocido como Siam. Los monjes siameses tenían dentro de sus posesiones, la más increíble estatua de Buda, la cual era de oro macizo. Los monjes estaban decididos a proteger su santuario, que tanto significaba para ellos. Para estos monjes sus pertenencias no tenían precio, por la no trascendencia del dinero para ellos, pero sabían que los birmanos por su codicia, se detendrían a saquear y robar la estatua debido a su enorme valor monetario. Entonces decidieron que, para proteger la estatua, debían cubrirla con al menos unos 20 a 30 centímetros de arcilla y luego pintarla de color dorado. Lamentablemente, durante la invasión, los monjes fueron asesinados en su totalidad y el secreto del Buda, y su enorme valor, permaneció oculto por más de  dos siglos, sin que nadie supiera, que se escondía debajo de esa capa de arcilla y pintura.

Muchos años pasaron, y a mediados de la década de los 50, un monasterio en las orillas del río Chao Phraya, cerca del barrio chino de Bangkok, es reubicado y movido de su sitio, para dar cabida a una nueva carretera. Los monjes dispuestos, se sirven de una grúa para mover la estatua del Buda de “arcilla”, la cual para ellos era una especie de estuco dorado, a su nueva ubicación. La estatua, procedente de Ayutthaya, es levantada por la grúa para llevarla a su nuevo hogar, sin embargo, al intentar moverla, se dieron con la sorpresa que era mucho más pesada de lo que ellos pensaban y por el movimiento, comenzó a resquebrajarse, además desafortunadamente un cable cedió y la estatua cayó al suelo. Ya que no fue posible en este intento mover la estatua, los monjes la dejan y deciden esperar hasta conseguir una grúa más potente y de esa manera poder levantar la estatua sin problemas, sin embargo, para ese momento, la estatua quedó abandonada en el suelo.

Como si eso no fuera suficiente, llegaron las lluvias con una tormenta, que dejó la ciudad anegada de barro y agua, por lo que los monjes con el mayor de los cuidados, cubrieron la estatua con lonas para evitar que la humedad deteriore más la estatua. En la oscuridad de la noche, el monje principal tomó su linterna y salió para asegurarse de que el Buda estuviera cubierto adecuadamente. Cuando apunta la luz de su linterna hacia la estatua, esta hizo que brillara una de las grietas que se había formado en la arcilla, vio una luz tenue y brillante, un reflejo que emanaba debajo de ese manto de arcilla. De inmediato comenzó a cincelar cuidadosamente y a sacar fragmentos de barro, lo que hizo que el resplandor brillara aún más. Varias horas más tarde, y con toda la arcilla removida, los monjes estaban maravillados con la presencia de un Buda de oro macizo.

Y si yo te preguntara… ¿Crees que pueda existir un buda de oro dentro?, ¿Tú qué me dirías?, ¿Por qué quizás los demás no ven tu valor? Quizás como en la historia, los demás no ven lo que realmente eres, lo que realmente vales.

Quizás en algún momento decidiste cubrirte y colocar alrededor tuyo “arcilla” para que el resto no te pudiera hacer daño, que no pudieran llegar a ti, que no pudieran aprovecharse de ti. Quizás decidiste de alguna manera mostrar “una careta”, hacerte el duro. Y si, puede ser que te haya servido para que no te duela, para que no “sientas”, para que la gente no pueda dañarte.  Pero ¿cuáles han sido los precios, de qué te has perdido, de qué te estás perdiendo y de qué te podrías perder en el futuro?. Así mismo, qué es lo que tu entorno se está perdiendo de ti.

Entonces dime ¿Crees que hay un buda de oro dentro de TI? Y yo te podría contestar: ¡CLARO QUE SÍ! Te aseguro que hay grandeza en ti, dentro de todos y cada uno de nosotros, pero con mucha frecuencia, la enmascaramos y cubrimos por experiencias previas, por viejos patrones, por la presión de la sociedad, por fracasos y dolores pasados. Pero cada capa que colocamos, para defendernos, a la misma vez me aleja de los demás y no les permite ver lo que realmente valemos, lo que realmente somos.

Sin embargo, también estoy seguro que si te das el permiso de encontrar esa grieta, y comenzar a retirar esas capas de arcilla, serás capaz de ver ese destello de luz interior, y conectarse con esa parte de ti que sabe que podemos amar más, ser más, vivir más, manifestar más. Y de esa manera, si te das ese permiso, podrás poco a poco retirar el resto de esa vieja basura, podrá comenzar a desaparecer fácilmente y de esa manera, podrás brillar al máximo y el mundo podrá ver lo que realmente vales, lo que realmente eres.

Recuerda darte el permiso de brillar, porque el que tú apagues tu luz, para que otros no se sientan mal por no brillar, no le sirve ni a ellos ni a ti.

Nos encantaría leer tus comentarios y si te ha servido que lo compartas en tus redes sociales.

Si desea recibir noticias de SUDACA haga clic aquí para registrarse a nuestro Newsletter.

Tags:

Creciendo entre amigos, Germán Díaz

Hace algún tiempo, un joven estudiante, que estaba pasando por momentos difíciles en su vida, decidió visitar a su antiguo y anciano profesor. Cuando llegó a la casa del profesor, entre lágrimas y decepción, le dice: Hoy he venido a verte, porque a lo largo de mi vida, no he tenido la experiencia de ser valioso, de ser importante, me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas ni para levantarme cada día por las mañanas. Todo mi entorno, todo el mundo a mi alrededor, dice que no sirvo para nada, que soy un inútil. No sé qué puedo hacer, estoy perdido, sin rumbo, por eso he venido hoy a verlo. ¿Qué puedo hacer para que me valoren más? ¿Qué puedo hacer para sentir que le importo a la gente, que soy importante?

El profesor, casi indiferente y sin mirarlo casi a la cara, le respondió: “Mira, en este momento estoy en medio de muchos asuntos personales, lo siento, pero ahora no puedo atenderte. Primero debo resolver un problema que tengo y que llevo muchos días posponiéndolo. Sin embargo, si tú me ayudas a resolverlo, tal vez luego yo pueda enfocarme en tu situación y entonces ayudarte a ti en tú problema”.

El joven, que realmente quería y necesitaba la ayuda de su antiguo profesor, asintió con la cabeza. Por supuesto dijo, cuente con ello, en lo que pueda ayudarle, dígame qué puedo hacer por usted. Entonces, el anciano profesor se sacó un anillo que llevaba puesto en su mano derecha y se lo entregó. Tengo una deuda financiera con una persona y en este momento no cuento con suficiente dinero para poder pagarle, le explicó. Por eso, necesito que hagas lo siguiente: ve al mercado y véndelo. Lo que si necesito que hagas, es que, no lo entregues por menos de una moneda de oro, eso es lo menos que debes aceptar, es un anillo muy valioso para mí.

Una vez en la plaza mayor, se acercó al mercado y allí empezó a ofrecer el anillo a los diversos mercaderes que encontró. Sin embargo, lo que sucedió lo desanimo enormemente, porque al pedir una moneda de oro por el anillo, la gran mayoría no le prestaban atención, algunos se reían y otros incluso le acusaron de querer estafarlos.

Totalmente devastado y derrotado, incluso peor de lo que se había sentido cuando llegó por la mañana, el joven regresó a casa de su antiguo profesor. Lo siento le dijo, he hecho lo que me pediste, pero por más que me esforcé, por más que lo ofrecí a cuanta persona se me cruzaba en el mercado, me fue imposible conseguir lo que me has pedido, nadie le vio valor, la mayoría se rio y me acusaron de querer estafarlos. A lo mucho, querían darme dos monedas de bronce.

El profesor, con una leve sonrisa, le contestó: No te desanimes y no te preocupes, probemos algo diferente. Con lo que me comentas que te pasó en el mercado, me acabas de dar una idea que no se me había ocurrido. Si queremos darle su justo valor y venderlo por lo que vale, antes de ponerle un nuevo precio, necesitamos saber el valor real del anillo. Así que, debemos recurrir a alguien que realmente nos pueda decir cuánto vale, por lo tanto ve al joyero y pregúntale cuánto vale, cual es el valor que tiene este anillo. Lo que si te pido, es que no importa cuánto te ofrezca, no lo vayas a vender.

Nuevamente el joven fue resuelto donde el joyero para cumplir la tarea encomendada. Tras un par de minutos examinando el anillo, el joyero le dijo que era “una pieza única” y que se lo compraba por “50 monedas de oro”.

Después de esto, el joven corrió emocionado y le cuenta lo sucedido a su antiguo profesor, quien con una amplia sonrisa le dice lo siguiente: Estupendo, ahora siéntate un momento y escucha con atención. Tú eres como este anillo, una joya preciosa que sólo puede ser valorada por un especialista, alguien que realmente sepa. ¿Pensabas que cualquiera podía descubrir su verdadero valor? Todos somos como esta joya: somos valiosos y únicos, y andamos por los mercados de la vida pretendiendo que personas inexpertas nos digan cual es nuestro auténtico valor.

Si tu entorno no está viendo tu verdadero valor, debes rodearte de personas que realmente lo valoren. No es lo que las personas digan que vales, es lo que tu decidas que vales y lo que generes y logres lo que te da tu verdadero valor.

Nos encantaría leer tus comentarios y si te ha servido que lo compartas en tus redes sociales.

Si desea recibir noticias de SUDACA haga clic aquí para registrarse a nuestro Newsletter.

Tags:

Creciendo entre amigos, Germán Díaz, personas, Valor

Hace algunas semanas, mientras estábamos en una reunión de trabajo, el dueño de la empresa nos llama a su oficina y cuando estábamos allí, nos comentó a varios de los ejecutivos, que había recibido la invitación del Cónsul para asistir a un concierto de la sinfónica, en uno de los más prestigiosos y reconocidos teatros de la ciudad. Llegado el día, me vestí con el mejor traje que tenía para estar acorde a la ocasión y me enrumbé al lugar. Al llegar, ubiqué mi lugar, nos sentamos y esperamos a que diera comienzo el concierto. Mientras tanto, en el escenario había mucho movimiento, todos los músicos estaban afinando sus instrumentos. Veías algunos de cuerda, veías algunos de viento, otros de percusión. Todos y cada uno de ellos con sus partituras, elegantemente vestidos y dispuestos a brindar una función extraordinaria. De pronto las luces bajan y comienzan a ser mucho más intensas solamente en el escenario. En ese momento, por uno de los lados laterales del escenario, aparece esta figura. un hombre muy elegante y bien vestido, caminando ceremoniosamente hacia el centro del escenario, en la parte frontal. Antes de comenzar, miró al público, hizo una venia, se dio media vuelta, empuñó su batuta y comenzó la función.

Mientras todo esto sucedía, yo veía cómo esta persona dirigía magistralmente a todos estos músicos. Calculo que podría haber entre 50 a 60 músicos en ese concierto. Me puse a ver detenidamente lo que estaba sucediendo. Este director de orquesta, en el único momento dónde miró al público, el único momento donde prestó atención a los asistentes, fue en el comienzo de la función. Una vez que comenzó el concierto, dio la espalda al público y magistralmente dirigió a esta sinfónica. Todos al unísono, todo sincronizado, todo exactamente como tenía que ser. Cada uno siguiendo sus partituras, dirigidos por este, redundantemente, director de orquesta. El único momento en donde volvió a dirigirse al público fue cuando todo había acabado, cuando la pieza había concluido, pero durante todo el desarrollo, durante toda la ejecución, su enfoque, su energía, su ser, estaba 100% hacía los músicos, hacia la orquesta.

Mientras todo esto sucedía, me puse a pensar que, para que este director de orquesta haga este extraordinario y espectacular trabajo, su foco tenía que estar única y exclusivamente en los músicos y debía darle la espalda al público que lo observaba, que en algunos casos comentaba y quizás hasta lo criticaba.

Entonces, la pregunta que me hice fue: cuándo vamos por la vida, como estamos dirigiendo nuestra orquesta, como estamos generando nuestros resultados… estamos yendo por la vida dándole la espalda al público, sin escuchar sus comentarios, sin recibir sus críticas y enfocándonos y concentrándonos en los músicos de nuestra vida, en las cosas que hacemos, en las acciones y decisiones que tomamos o por el contrario, estamos pendientes de lo que el público quiere, de lo que el público pide, de lo que el público necesita. Porque hay algo que queda claro, si estamos yendo por la vida de esa manera, quizás buscando la aprobación, basado en las expectativas o esperando y buscando lo que el público quiere, la vida que estamos generando no es necesariamente la que nosotros queramos, no es la partitura que queremos tocar, sino la que el público nos está dictando.

La pregunta para ti sería: ¿Cómo estás dirigiendo tu vida, te estás enfocado en tu vida y la música que quieres en ella, en los músicos de tu vida, tus acciones y decisiones, lo que es importante para ti, las cosas que tú quieres, las cosas que son importantes para ti, para alcanzar esa vida que sueñas o estás pendiente de lo que el público quiere que generes, de lo que el público quiere que hagas? ¿Cómo estás dirigiendo tu vida? ¿De cara al público o dándole la espalda y enfocándote en lo importante?

La invitación para ti es: si quieres generar, si quieres tener, si quieres dar el mejor concierto de tu vida, si quieres realmente poder dirigir la orquesta y a todos los músicos de tu vida, todas las cosas que haces y las decisiones que tomas… debes comenzar a darle la espalda al público, dejar de escuchar lo que la gente cree que debes hacer, dejar de hacer las cosas que la gente te dice que son mejor para ti, dejar de buscar la aprobación y comenzar tú a ser el director de la orquesta de tú vida, comenzando a tomar las acciones y decisiones consistentes para ser el mejor director, porque finalmente, la música que se va a escuchar, la partitura que se va a tocar, la vida que estás dirigiendo es la tuya… así que toma la batuta de tú vida y crea la mejor sinfonía para ti.

Nos encantaría leer tus comentarios y si te ha servido que lo compartas en tus redes sociales.

Si desea recibir noticias de SUDACA haga clic aquí para registrarse a nuestro Newsletter.

Tags:

Creciendo entre amigos, Director, Germán Díaz, orquesta

Cuenta una antigua leyenda que, en la sabana africana, vivían tres leones muy fieros, valientes y aguerridos. Un día el mono, el asistente del rey, convocó a todos los animales a una reunión para darles una penosa noticia: “el rey había muerto”. Así es… nuestro querido y amado Rey León, quien nos gobernó tan sabiamente ha muerto, y por eso, debemos elegir un sucesor”. Sin embargo, aquí tenemos un problema, todos sabemos que el León, es el rey de los animales, pero actualmente tenemos tres leones, los tres son muy fuertes, jóvenes y valientes, entonces… ¿A cuál de ellos debemos elegir?, ¿a cuál de ellos debemos obedecer?, ¿Cuál deberá ser el sucesor de nuestro querido rey león ya muerto?». Al enterarse de la noticia, los tres leones se decían a sí mismos: Es verdad, tienen razón los animales, una selva no puede tener tres reyes, pero los tres leones no deseaban luchar entre sí puesto que habían crecido juntos y eran grandes amigos. Entonces, ¿cómo decidir quién era el sucesor más adecuado? ¿Cómo decidir quién estaría a la altura y ser digno sucesor? ¿Cuál de los tres debía ser el próximo rey de la selva?

Para ello, los animales decidieron lo siguiente: los tres leones deberían pasar una prueba muy especial, debían escalar hasta la cima de la Montaña Imposible, y el que llegue primero a la cima sería el próximo rey. La Montaña Imposible era muy alta y complicada; sin embargo, los tres leones aceptaron el desafío y todos los animales fueron a despedirlos en su aventura. El primer león intentó escalar la montaña con gran esfuerzo, pero no pudo llegar a la cima y bajó de ella muy desanimado. El segundo león empezó con mucho entusiasmo, pero tampoco pudo llegar a la cima y reconoció con tristeza su derrota. El tercer león, a pesar de toda su garra y gran esfuerzo, también bajó sin haberlo logrado. Por lo visto, la Montaña Imposible había derrotado a los tres leones. Todos los animales estaban impacientes y curiosos. Si los tres leones fueron derrotados y ninguno de ellos llegó a la cima de la Montaña Imposible, ¿cómo elegirían ahora a su rey? ¿cómo podrían decidir, si los tres habían fracasado?

En ese momento se generó una gran discusión, pero un águila de las más antiguas y con gran experiencia y sabiduría dijo: «yo sé quién debe ser nuestro rey». ¿Cómo puedes saberlo tú con tanta seguridad?, preguntaron los animales casi al unísono. «Es muy fácil”, dijo el águila. Yo estaba volando cerca de ellos cuando bajaban derrotados de la Montaña, y oí lo que cada uno de ellos le dijo a la montaña: El primero de ellos dijo: ¡Montaña, reconozco que me has vencido! Tú has sido más que yo. El segundo león dijo: ¡Montaña, acepto que me has derrotado! No he sido capaz de vencerte. Y finalmente el tercer león dijo: ¡Montaña hoy me has vencido, por ahora has vencido tú! Pero también te digo, tú ya llegaste a tu tamaño final, tú ya no serás más grande, pero yo aún estoy creciendo, aprendiendo y madurando. ¡Y pronto volveré y te venceré! Y he aquí la diferencia, – completó el águila, es que el tercer león tuvo una actitud de vencedor a pesar de la derrota y no se dio por vencido y quien piensa así, es más grande que su problema, porque está dispuesto a probar otra vez hasta conseguirlo: él es el rey de sí mismo, y entonces, está preparado para ser rey de todos los demás. Los animales aplaudieron entusiasmados al tercer león que fue coronado el Rey de los animales.

¿Cómo enfrentas tus problemas? ¿Cómo actúas cuando el camino se pone difícil o cuesta arriba? ¿Cuántas veces lo vuelves a intentar, cuántas veces antes de tirar la toalla? ¿Cuál crees que son las cualidades que diferencian al tercer león de los dos primeros?

La única diferencia entre las personas que ganan y las que pierden, son las veces que lo vuelven a hacer. No se dan por vencidas, y todos alguna vez fuimos así… si, así como lo oyes, alguna vez todos fuimos así: cuando éramos pequeños, cuando éramos niños, insistíamos tantas y cuantas veces fuese necesario para poder lograr lo que queríamos. En ese momento de nuestra vida, por alguna extraña razón, veníamos seteados con una forma de pensar que nos hacía entender que NO significaba…. Nueva Oportunidad. Por lo tanto, cada vez que recibíamos un NO, nosotros creíamos que nos estaban diciendo… prueba de nuevo.

No ha perdido el que pierde, ha perdido el que cree que no lo puede lograr y abandona sus sueños y metas por temor a no lograrlas.

Así que, la invitación es a que recuerdes a ese niño o niña que lo volvía a hacer hasta lograr el resultado, a recobrar esa confianza en que lo puedes lograr, a decirle a sus “montañas”: yo seguiré creciendo, yo seguiré aprendiendo, yo seguiré haciéndome más grande y sé que te venceré, sé que lo lograré. Si comienzas a practicarlo, ten por seguro que no habrá “montaña” que se resista, no habrá “montaña” que no puedas escalar, no habrá situación o problema que no puedas resolver. Y recuerda… convierte cada NO de tú vida en una Nueva Oportunidad para ti.

Nos encantaría leer tus comentarios y si te ha servido que lo compartas en tus redes sociales.

Si desea recibir noticias de SUDACA haga clic aquí para registrarse a nuestro Newsletter.

Tags:

Creciendo entre amigos, Germán Díaz, Problemas

Hace algunos años, durante una clase magistral, en una prestigiosa universidad, un psicólogo llegó al salón de clases con una gran maleta. Esperó a que hubiera silencio y, de la maleta sacó un vaso, el cual colocó sobre la mesa que estaba frente a la clase. Luego, de la misma maleta, sacó un termo y procedió a verter el agua en el vaso.

Inmediatamente todos los asistentes comenzaron a comentar que ya sabían, que ahora les iban a preguntar, si estaba medio lleno, o medio vacío, que ellos ya sabían la respuesta, que eso no era nada nuevo, etc. Nuevamente, el psicólogo sin inmutarse, esperó que hubiese nuevamente silencio y les dijo: “la primera lección que deben aprender es, que no necesariamente porque algo se parezca a lo que ya conoces, es necesariamente lo mismo. Yo no les voy a preguntar si esta medio lleno o medio vacío, eso sería insultar vuestra inteligencia, yo les pregunto – cuanto pesa este vaso con agua”.

Uno a uno, fueron dando sus respuestas, las cuales fluctuaron entre los 200 y 250 gramos. Cuando todos ya habían dado su opinión sobre el peso, el psicólogo les dijo: “Deben entender algo muy importante, el peso total de este vaso con agua no es lo importante. Lo que realmente deben preguntarse es, por cuanto tiempo lo podrías sostener a pesar de que su peso es tan pequeño. Quizás lo puedan sostener un minuto, y eso no sería un problema. A lo mejor, lo podrían sostener por una hora, en ese caso, podría comenzar a dolerte el brazo. Pero si lo quieres sostener durante un día entero, lo más probable es que tú brazo se entumecerá y se paralizará del dolor. Debes darte cuenta de que el peso del vaso no cambia, se mantiene constante, siempre es el mismo. Sin embargo, lo que debes tomar en cuenta es que, cuanto más tiempo lo sostienes en tú mano, este será cada vez más difícil de soportar.

Luego, agregó: este vaso es como las preocupaciones, los rencores, los resentimientos, los sentimientos de venganza, es como la parte de tú pasado que no te funciona, que no te sirve. Si piensas, los traes al presente por un rato, como recuerdos momentáneos, no pasará nada. Si no solamente los traes momentáneamente, sino que estás pensando y enfocado en ellos todos los días, es más que seguro que te comiencen a lastimar. Pero si estás pensando en ellos, por una semana, por un mes, o quizás durante meses o años, es más que seguro que acabarás sintiéndote paralizado, aplastado e incapaz de tomar acción y poder hacer algo.

Entonces te pregunto: ¿Cuánto pesa el agua?, ¿Cuánto pesan tus preocupaciones?, ¿Cuánto pesan los rencores y resentimientos?, ¿Cuánto pesa tú pasado?

Y como vimos en la historia, no solo se trata de cuanto pesan, se trata de por cuanto tiempo los vas a cargar, incluso preguntarte: por cuánto tiempo estás dispuesto a cargarlos. Por un momento piensa en algún evento que te incomode, que te disguste, que te haya dolido. Ahora te pregunto: “¿Cuál es el único espacio, donde ese evento aun existe?, ¿Cuál es el único lugar donde esa información está guardada? Sí, es correcto: el único lugar donde está guardado y existe ese evento, ese recuerdo, es en tu mente. No hay en ningún otro lugar donde exista. Entonces, quizás ya te estás dando cuenta, como es que se puede “soltar” ese peso. Nuevamente estás en lo correcto, se trata de soltar el recuerdo y preguntarte: “¿Por qué lo quisiera seguir guardando?”.

Muchas veces sucede que no soltamos el pasado, no porque no podamos, es que en muchos casos “no nos conviene soltarlo”. Y tú preguntarás: ¿Cómo no me va a convenir? claro que me conviene… y yo te diré: “sucede que en muchos casos, no soltamos el pasado porque es una muy buena excusa para no hacer algunas cosas en nuestra vida”. Tranquilo, ya te explico.

Te doy un ejemplo para que lo veas super claro. Imagínate a este chico o chica, que tenía a su pareja, pero por “x” motivos terminan con él o ella. Entonces, inconscientemente, se queda con ese recuerdo de como le dolió cuando terminaron con él o ella. Y cada vez que se presenta la posibilidad de comenzar nuevamente, el recuerdo del evento pasado viene, con el dolor, el sufrimiento y todo lo demás, lo cual genera que rechace revivir la experiencia. Pero en realidad, el dolor, el sufrimiento, ya no existen, son parte del pasado, pero al aferrarme al recuerdo, también me aferro a las emociones que me dañan.

Entonces si quieres que tu pasado no te pese, deja tu pasado en donde debe estar: en el pasado. Y recuerda: el único lugar en donde existe es en tus pensamientos. Tú puedes soltarlos, si te decides a hacerlo.

Nos encantaría leer tus comentarios y si te ha servido que lo compartas en tus redes sociales.

Si desea recibir noticias de SUDACA haga clic aquí para registrarse a nuestro Newsletter.

Tags:

¿Cuánto pesa el agua?, Creciendo entre amigos, Germán Díaz

Germán Díaz es coach y tiene 20 años ayudando a las personas en su crecimiento personal y profesional. Es columnista de Sudaca.pe y todos los martes – a través de sus textos- busca que las personas vivan “intensa y apasionadamente”. Con él conversamos sobre desarrollo personal y por qué hoy en día el coach se ha convertido en una herramienta necesaria.

Las diversas crisis que vivimos (política, económica y social) nos viene afectando en el ámbito personal y social. Desde el coach ¿Cómo darle solución?

Muchas veces e interactuado con personas que me dicen: “Estoy desmotivado” o “me siento mal”. Entonces les pregunto ¿por qué? “Por la situación”, me responden. “Explícame cómo eso te afecta a ti”, les digo. Entonces me contestan: “No sé exactamente, pero todo el mundo está así”. Mucha gente se ve afectada no porque se vea afectada, sino porque supone que debe verse afectada.

Una de las cosas que me he encontrado en la pandemia es que la gente está “peor” de lo que realmente podría estar. Y esto tiene que ver con los pensamientos que manejamos. Tiene que ver con algo que se llama nivel de consciencia. Tienes que elevar tu capacidad para entender lo que te pasa. Cuestiona las cosas, cuestiona la vida, el cómo piensas o cómo actúas. Cuando cuestionas, tienes la posibilidad de ver si lo que estás haciendo o pensando te está dando los mejores resultados.

¿Por qué las organizaciones buscan hoy entrenadores para sus colaboradores?

Muchas veces las personas se dan cuenta que, por más que se esfuercen, no están logrando los resultados y para eso funciona un coach. El coach no te va a decir lo que tienes que hacer. Un buen coach lo que hará es ponerte en la situación en la que tú descubras las habilidades, los pensamientos, las creencias que necesitas para tener los mejores resultados. Es decir: yo no te voy a decir cómo es que tú tienes que vivir tu vida, yo te voy a preguntar cuál es la vida que tú quieres. Voy a ver la vida en la que estas y voy a ayudar a que cierres la brecha entre el punto A y el punto B.

¿Por qué la gente está usando tanto el coaching? Pues porque se están viendo resultados. Quizás un logro que te tomaba un año con un coach te toma un mes. ¿Cuál es la diferencia? La mayoría de personas no se hacen las preguntas que te hace un coach.

¿Cuáles son esas preguntas?

Son preguntas de cuestionamiento. El proceso de coaching es cuestionar, que tú reflexiones, pienses, encuentres.  ¿Por qué?, ¿para qué?, ¿cómo?, ¿De qué manera? Un coaching te ayuda a entender por qué repites patrones, por qué repites conductas si al final no obtienes el mejor resultado o no te sientes como quisieras sentirte.

Debemos cuestionar los resultados que tenemos: si son los óptimos o si podemos tener otros resultados. Quizás, con pequeños cambios, pequeñas preguntas, podrías tener resultados extraordinarios que serían muchos más fáciles de alcanzar si logras entender por qué actúas de la manera en que actúas.

¿Qué habilidades blandas son las más requeridas en estos tiempos?

Resiliencia: no importa lo que te pase, tú puedes salir adelante. Otra: Nunca te preguntes ¿Por qué te pasan las cosas que te pasan? Pregúntate: ¿Para qué te pasan? Utiliza las cosas que te suceden como lecciones para aprender, para entender por qué suceden. También: si sigues en tu zona de confort, no pretendas que tus sueños se vayan a cumplir.

Finalmente ¿Qué claves podrías darles a los emprendedores?

1) Para que un emprendedor tenga éxito debe tener claro por qué lo está haciendo. ¿Cuál es la razón?: ¿La razón es el dinero? ¿La razón es el éxito, la fama, el desarrollo? ¿Qué es lo que va a hacer que tu emprendimiento se sostenga en el camino? Ojo hay habilidades duras – que no estoy mencionando- como tener las habilidades técnicas, saber del proyecto, etc.

2) Creer y tener la clara consciencia de que tienes las habilidades que se necesitan. Y si no las tienes, comienza a desarrollarlas. 3) Tienes que entender que, no necesariamente, la primera vez que lo hagas tendrás el éxito absoluto e instantáneo. Es decir: el éxito de la noche a la mañana toma varios años. Lo común, lo normal, es que te tomes cierto tiempo porque tienes que desarrollar habilidades, características y actitudes para que obtengas resultados. 4) Tienes que tener claro hacia dónde va tu emprendimiento. ¿Cuál es su visión? Siempre es mejor soñar en grande.

¿Y hacerle oídos sordos a la negatividad?

En tu vida debes hacerte más caso a ti mismo y a tu deseo de tener éxito, que, al resto de personas que te digan que no puedes. Tienes que hacerte caso a ti y a tus sueños. Si para ti es importante haz lo necesario para obtener el sueño que quieres.

Si desea recibir noticias de SUDACA haga clic aquí para registrarse a nuestro Newsletter.

Tags:

Creciendo entre amigos, Germán Díaz

Cuenta la historia que en un antiguo y poco conocido monasterio zen, en las lejanas faldas del Himalaya, después de muchos años de cumplir sus obligaciones con diligencia y esmero, el guardián del templo fallece, debido al paso natural del tiempo. En ese momento, el gran maestro sabe que es necesario reemplazarlo, por lo que decide realizar una prueba para ello y convocar a todos los discípulos, sin importar el tiempo que tenían siendo parte de la comunidad. Esta era una decisión muy importante y trascendente para la vida en el monasterio, porque se debía nombrar a un sucesor, quien tendría el gran y alto honor de tomar el lugar, y cumplir las funciones del guardián del templo.

El gran maestro los reúne a todos en el gran salón, un espacio reservado para los eventos más importantes. Y cuando todos están reunidos, les dice: “Ante ustedes, voy a presentar un gran problema, para aquel que lo resuelva primero, estará reservado el gran honor de ser el nuevo guardián del templo”. Luego, abandona el salón y a su regreso, trae consigo un enorme y hermoso florero de porcelana, que tenía el más bello paisaje dibujado, con una hermosa rosa como elemento principal. Coloca el florero, sobre un banco de madera en el medio del salón y luego, señaló: “Este es el problema”, y se retiro a un lado del salón.

Todos los discípulos contemplaban perplejos y sin entender lo que veían. Por un lado, algunos se enfocaban en los diseños sofisticados y raros de la porcelana, la frescura y elegancia de la flor, los detalles plasmados en el paisaje. ¿Qué representaba ese florero? ¿De qué se trataba el problema? ¿Era que el florero no debía estar sobre el banco de madera? ¿Quizás un florero tan fino no podía estar sobre una base tan sencilla? ¿Qué hacer? ¿Qué pensar? ¿Cuál era el enigma? Todos estaban paralizados, pensando y analizando cual era el problema que les había planteado el gran maestro.

Después de algunos minutos, en los que predominaba la incertidumbre, un alumno se levantó, miró al maestro y a los demás discípulos, se acercó lentamente hacia el florero, lo miró detenidamente, y con una gran determinación, lo tomó y lo arrojó con fuerza al suelo. En ese momento, el resto de discípulos asombrados, consternados y en algunos casos hasta enojados, comenzaron a murmurar entre ellos, y esto sólo pudo ser interrumpido y detenido de inmediato por las palabras del gran maestro que atravesaron el salón: “Tú eres el nuevo guardián del templo”, dijo con firmeza.

Luego, el gran maestro explicó lo que había sucedido: Yo fui muy claro, sin embargo, ustedes no escucharon, les dije que estaban delante de un problema y deben tener claro, que no importa que tan bellos y fascinantes sean, los problemas tienen y deben ser resueltos. En este caso, se trató de un florero de porcelana muy hermoso, también podría haber sido un bello amor que ya no tiene sentido, quizás podría ser, el camino que debemos abandonar, pero que una y otra vez, insistimos en recorrer porque nos trae comodidad, porque es el más sencillo, pero no nos lleva a ningún lugar. Así que, para ustedes que no vieron el problema que tenían enfrente, y sólo se dejaron envolver en el, que se pusieron a divagar en las soluciones posibles, sin entender cuál o qué era realmente el problema que se les presentó, yo les digo, que sólo hay una manera de darle solución a los problemas, sólo existe una forma de lidiar con ellos: “atacarlos de frente.”

Entonces te pregunto: ¿Qué haces tú con los problemas?, ¿Qué haces tu con tus problemas?, ¿Te dejas envolver por ellos?, ¿Quizás los analizas, los piensas, los evalúas?, ¿Quizás los comentas, se los cuentas a las personas?

Como vimos en esta historia, cuando tenemos un problema, sea cual sea este, nuestro foco debe ser identificarlo y resolverlo. Lo que pensemos sobre el problema, no lo va a resolver. Lo que creamos sobre si es justo o injusto, no va a hacer que desaparezca. Mirarlo, y estar seguro de cual es nuestro problema, tampoco va a ser que se solucione.

Lo que debemos hacer es: ¡tomar acción y resolverlo! Quizás pueda que te toque hacerlo mas de una vez, quizás en el primer intento, con la primera acción, no lo logres resolver. Sin embargo, vas a estar mas cerca de resolverlo que si sólo sabes que existe, pero no haces nada al respecto.

Así que te invitamos a que, frente a tus problemas, tomes los pasos necesarios para que los soluciones. Primero los identifiques, decidas que o cuáles son las acciones que son necesarias y tomes acción inmediata encaminada a resolverlos.

Nos encantaría leer tus comentarios y si te ha servido que lo compartas en tus redes sociales.

Si desea recibir noticias de SUDACA haga clic aquí para registrarse a nuestro Newsletter.

Tags:

Creciendo entre amigos, Germán Díaz, Problemas

Esta historia se desarrolla en un pequeño y lejano pueblo, donde existía una casa que había estado abandonada por muchos años. Sin embargo, cierto día, un perrito que estaba buscando refugio del sol, logró meterse por un agujero de una de las puertas de dicha casa. El perrito, comenzó a olfatear todo, moverse por todo el lugar. Finalmente, encontró unas escaleras muy viejas, y a pesar del rechinar de la madera y el susto que le producía, logró subir lentamente.

Cuando por fin consiguió llegar al segundo piso, se topó con una puerta que se encontraba semiabierta; lentamente se adentró en el cuarto. Para su sorpresa, al asomar el hocico, se dio cuenta que dentro de ese cuarto, habían mil perritos, que al mismo tiempo asomaban el hocico. Estos perritos, lo estaban observando tan fijamente como él los observaba a ellos. El perrito, que miraba a todos estos con actitud agresiva, vio que al mismo tiempo, a él lo veían también con actitud amenazante, lo cual hizo que se sintiera muy amenazado, porque quizás, no eran más grandes que él, pero si eran muchos y lo estaban viendo de una manera muy agresiva. Entonces, les empezó a gruñir, pero al mismo tiempo, obviamente los mil perritos le comenzaron a gruñir a él en respuesta. Poco a poco, todo fue empeorando porque comenzó a ladrarles ferozmente, a lo que los otros mil perritos le ladraron también a él. El perrito se asustó tanto al escuchar cómo le ladraban todos esos perros, que cuando salió disparado, pensó: “Qué lugar tan desagradable y horrible es éste, que mal me sentí, que mal me trataron, nunca más volveré por aquí”.

Tiempo después, otro perrito callejero entró a la misma casa, la recorrió también hasta que finalmente llegó al mismo cuarto que había entrado el primer perrito. Pero a diferencia del primero, cuando este asomó la cabeza al cuarto, el perrito comenzó a mover la cola y a levantar sus orejas poco a poco. Los mil perritos hicieron lo mismo. Posteriormente sonrió y les ladró alegremente a todos y cada uno de ellos. El perrito se quedó sorprendido al ver que los mil perritos también le sonreían y ladraban alegremente a él.

Finalmente, cuando el perrito salió del cuarto, se quedó pensando para sí mismo: “Qué lugar tan agradable, qué experiencia tan feliz, hace tiempo no me sentía tan bien recibido, voy a venir más seguido a visitarlo”. Ambos perritos, que obviamente no sabían leer, no vieron un letrero fuera de la casa que decía: “La Casa de los mil Espejos”.

Y tú ¿qué cara le pones al mundo?, ¿con qué actitud interactúas con las personas, las conozcas o no las conozcas?, ¿con qué actitud te recibe el mundo y tú qué das de vuelta? ¿cómo estás actuando – reaccionando o respondiendo – a los espejos de tú vida?

En la vida, en el mundo, constantemente estamos recibiendo “feedback” – retroalimentación – de lo que estamos entregándole. Sin embargo, en muchos casos no nos hacemos cargo, no queremos ver, no queremos darnos cuenta y más bien echamos las culpas al “mundo”, como que el “mundo” es el que ha hecho que nos comportemos como lo hacemos y reaccionemos como lo hacemos. Nosotros podemos reaccionar e ir en contra de lo que recibimos, o podemos responder y alinear nuestras acciones y actitudes a lo que queremos lograr, conseguir, alcanzar.

Reaccionar te pone en actitud de “efecto” (tú no generas lo que pasa, sólo eres parte del problema o la situación). Pasó algo y tú vas en contra, sin pensar, sin reflexionar si es lo mejor para obtener tus resultados. En realidad, tú no estás decidiendo, la situación decide por ti, y tú reaccionas de acuerdo a patrones preestablecidos aprendidos en tu pasado. Responder en cambio, requiere que estés presente, que estés claro del resultado que quieres lograr, de tener claro tu propósito, y entonces decidir conscientemente cuál es la actitud, cuál es la acción, de qué manera vas a enfrentar la situación y de qué manera te vas a desenvolver y finalmente actuar. Te conviertes en la causa, en el generador del resultado, creador del presente para ti.

Te invitamos entonces a estar presente a los espejos de tú vida, a no reaccionar sino por el contrario a responder, a estar en real control de las situaciones y alinear tu accionar a los resultados que estés comprometido a generar. Como decía Ghandi: “Sé el cambio que quieres ver en el mundo”. Cada uno de nosotros puede ser ese cambio y crear un mundo donde valga la pena vivir, comenzando por nosotros mismos. Te deseamos una vida abundante y feliz.

Nos encantaría leer tus comentarios y si te ha servido que lo compartas en tus redes sociales.

Si desea recibir noticias de SUDACA haga clic aquí para registrarse a nuestro Newsletter.

Tags:

Creciendo entre amigos, Germán Díaz, Recibes

Hace algún tiempo, un grupo de ranas muy alegres viajaba por el bosque y, de repente, hubo un accidente: dos de las más pequeñas, que estaban distraídas, cayeron en un hoyo profundo. Al instante, todas las demás ranas se reunieron alrededor del hoyo para ver qué había sucedido y, ver, si podían ayudarlas. Algunas curiosas, otras con intención real de ver qué posibilidades había de apoyar a sus compañeras. En el momento, en que las ranas se dieron cuenta de lo profundo que era el hoyo, la gran mayoría comenzaron a gritarles, a las dos ranas en el fondo del hoyo, que mejor ni se esforzaran, que por lo pequeñas que ellas eran, y que, por lo profundo del pozo, era mejor que no se esforzaran, porque no había manera que pudieran salir de allí, que era mejor que aceptaran su destino y se dieran por muertas. Ninguna de las dos ranas hizo caso a todo lo que les gritaban las ranas que estaban fuera del pozo y siguieron tratando de saltar fuera del hoyo con todas sus fuerzas. Al mismo tiempo, las otras ranas, seguían insistiendo que era inútil seguir tratando, que no iban a poder, que eran pequeñas, que el pozo era hondo, y muchos otros argumentos más, y que finalmente sus esfuerzos serían inútiles y que inevitablemente iban a morir. Después de un tiempo, una de las dos ranas, la que les puso atención a las cosas que las demás les gritaban, que al ser ranas mayores, con más conocimiento y experiencia decían, se rindió. Esta rana, cansada y extenuada, se desplomó y murió.

Sin embargo, la otra rana continuó saltando tan fuerte como le era posible. Al mismo tiempo, la multitud de ranas le gritaba cada vez más y más fuerte, le hacían señas para que dejara de insistir, que dejara de intentar, que era mejor que se detenga, que deje de sufrir y que simplemente se disponga a morir, ya que no había escapatoria, que no tenía caso seguir luchando. A pesar de todos los gritos, la rana no se detenía, seguía y seguía, saltando cada vez con más fuerza, hasta que finalmente, con todas las fuerzas que tenía, dio un salto enorme y logró salir del hoyo. En ese momento, todos los gritos en contra, toda la negatividad, toda la desesperanza se tornó en júbilo, en alegría.

Todas eran palabras en apoyo a la rana que había logrado vencer su destino. Sin embargo, la rana sólo seguía avanzando, como que lo que le decían, no le afectaba. En ese momento, una de las ranas mayores, la de más jerarquía se le acerca y le dice directamente: “Estamos felices y orgullosos, nos da mucho gusto que hayas logrado salir de ese pozo que pudo haber acabado con tú vida, como pasó con tu compañera, y todo eso, a pesar de que te gritábamos que era mejor que no lo siguieran intentando, que no había posibilidad. A pesar de eso, tú insististe y lograste vencer a la muerte”.

La rana, sólo la miraba sonriente, y en un momento, se gira hacia el resto de las ranas, que la veían confundidas, y les explicó que ella era sorda, y que estaba muy agradecida por sus gritos, les agradecía que no se hubieran rendido y que sus gritos de ánimo fueron los que hicieron que ella no se rindiera y que se siguiera esforzando hasta finalmente salir del hoyo.

¿Cuántas veces en tu vida has hecho caso a los que “saben”, en vez de seguir tus instintos?, ¿Cuántas veces has escuchado a la gente decirte: tú no puedes, eso no es para ti, tú no eres capaz, ¿tú no vas a poder?

Hay personas que piensan: “si hasta hoy nadie ha podido, quiere decir que no se puede”. Sin embargo, hay otros que piensan: “si hasta hoy nadie ha podido, yo puedo y voy a ser el primero”. ¿Qué tipo de persona eres tú?

Las palabras pueden construir y al mismo tiempo pueden destruir, tanto las tuyas hacia ti, las de los demás hacia ti o las tuyas a los demás. Por eso es importante que cuides tus palabras porque estas crean tu realidad. Asegúrate que tus palabras estén creando la realidad con la que sueñas, asegúrate que estén construyendo en ti y en otros.

Alguna vez escuché: “Cuida tu café. Si tu peor enemigo pone 10 cucharadas de azúcar en tu café, para hacerte daño, lo peor que puede pasar es que tengas un café muy dulce. Sin embargo, si tu mejor amigo, por descuido, pone una insignificante gota de veneno en tu café, tú podrías estar muerto.”

En la NASA, hay un póster de un abejorro, que dice así: “Aerodinámicamente, el cuerpo de un abejorro no está hecho para volar; lo bueno es que el abejorro no lo sabe.” Te invito a que seas como ese abejorro, y no permitas que la gente te diga qué es posible y qué no es posible, en y para tú vida. Se como esa rana, sorda a las críticas y que, en vez de escucharlas, lo que ella oía eran palabras de aliento. No escuches a nadie que te diga que tus metas y sueños no se pueden hacer realidad, escucha tu propia voz que te dice: “yo sé que vamos a triunfar”.

Si desea recibir noticias de SUDACA haga clic aquí para registrarse a nuestro Newsletter.

Tags:

Creciendo entre amigos, Germán Díaz