Germán Díaz

Y tú ¿Qué haces con tus problemas?

Cuenta la historia que en un antiguo y poco conocido monasterio zen, en las lejanas faldas del Himalaya, después de muchos años de cumplir sus obligaciones con diligencia y esmero, el guardián del templo fallece, debido al paso natural del tiempo. En ese momento, el gran maestro sabe que es necesario reemplazarlo, por lo que decide realizar una prueba para ello y convocar a todos los discípulos, sin importar el tiempo que tenían siendo parte de la comunidad. Esta era una decisión muy importante y trascendente para la vida en el monasterio, porque se debía nombrar a un sucesor, quien tendría el gran y alto honor de tomar el lugar, y cumplir las funciones del guardián del templo.

El gran maestro los reúne a todos en el gran salón, un espacio reservado para los eventos más importantes. Y cuando todos están reunidos, les dice: “Ante ustedes, voy a presentar un gran problema, para aquel que lo resuelva primero, estará reservado el gran honor de ser el nuevo guardián del templo”. Luego, abandona el salón y a su regreso, trae consigo un enorme y hermoso florero de porcelana, que tenía el más bello paisaje dibujado, con una hermosa rosa como elemento principal. Coloca el florero, sobre un banco de madera en el medio del salón y luego, señaló: “Este es el problema”, y se retiro a un lado del salón.

Todos los discípulos contemplaban perplejos y sin entender lo que veían. Por un lado, algunos se enfocaban en los diseños sofisticados y raros de la porcelana, la frescura y elegancia de la flor, los detalles plasmados en el paisaje. ¿Qué representaba ese florero? ¿De qué se trataba el problema? ¿Era que el florero no debía estar sobre el banco de madera? ¿Quizás un florero tan fino no podía estar sobre una base tan sencilla? ¿Qué hacer? ¿Qué pensar? ¿Cuál era el enigma? Todos estaban paralizados, pensando y analizando cual era el problema que les había planteado el gran maestro.

Después de algunos minutos, en los que predominaba la incertidumbre, un alumno se levantó, miró al maestro y a los demás discípulos, se acercó lentamente hacia el florero, lo miró detenidamente, y con una gran determinación, lo tomó y lo arrojó con fuerza al suelo. En ese momento, el resto de discípulos asombrados, consternados y en algunos casos hasta enojados, comenzaron a murmurar entre ellos, y esto sólo pudo ser interrumpido y detenido de inmediato por las palabras del gran maestro que atravesaron el salón: “Tú eres el nuevo guardián del templo”, dijo con firmeza.

Luego, el gran maestro explicó lo que había sucedido: Yo fui muy claro, sin embargo, ustedes no escucharon, les dije que estaban delante de un problema y deben tener claro, que no importa que tan bellos y fascinantes sean, los problemas tienen y deben ser resueltos. En este caso, se trató de un florero de porcelana muy hermoso, también podría haber sido un bello amor que ya no tiene sentido, quizás podría ser, el camino que debemos abandonar, pero que una y otra vez, insistimos en recorrer porque nos trae comodidad, porque es el más sencillo, pero no nos lleva a ningún lugar. Así que, para ustedes que no vieron el problema que tenían enfrente, y sólo se dejaron envolver en el, que se pusieron a divagar en las soluciones posibles, sin entender cuál o qué era realmente el problema que se les presentó, yo les digo, que sólo hay una manera de darle solución a los problemas, sólo existe una forma de lidiar con ellos: “atacarlos de frente.”

Entonces te pregunto: ¿Qué haces tú con los problemas?, ¿Qué haces tu con tus problemas?, ¿Te dejas envolver por ellos?, ¿Quizás los analizas, los piensas, los evalúas?, ¿Quizás los comentas, se los cuentas a las personas?

Como vimos en esta historia, cuando tenemos un problema, sea cual sea este, nuestro foco debe ser identificarlo y resolverlo. Lo que pensemos sobre el problema, no lo va a resolver. Lo que creamos sobre si es justo o injusto, no va a hacer que desaparezca. Mirarlo, y estar seguro de cual es nuestro problema, tampoco va a ser que se solucione.

Lo que debemos hacer es: ¡tomar acción y resolverlo! Quizás pueda que te toque hacerlo mas de una vez, quizás en el primer intento, con la primera acción, no lo logres resolver. Sin embargo, vas a estar mas cerca de resolverlo que si sólo sabes que existe, pero no haces nada al respecto.

Así que te invitamos a que, frente a tus problemas, tomes los pasos necesarios para que los soluciones. Primero los identifiques, decidas que o cuáles son las acciones que son necesarias y tomes acción inmediata encaminada a resolverlos.

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Creciendo entre amigos, Germán Díaz, Problemas

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