Creciendo entre amigos

¿Qué es lo que realmente te afecta?

Un día, mientras Lucho manejaba tranquilo, al dar una curva muy cerrada, casi se choca con otro auto que iba en sentido contrario. En ese momento, este conductor le grita a Lucho: “¡Burro!”. A lo cual, Lucho le contesta, como “es debido”, con todos los aderezos habidos y por haber, recordándole a todos sus antecesores hasta la quinta generación. Esto, por supuesto, lo dejo súper tranquilo y feliz. Él no iba a permitir que nadie lo trate de esa manera y lo haga sentir como se sintió. Todo iba bien, hasta que, en la siguiente curva -también bastante cerrada, por cierto- se chocó con un “burro”, que estaba tirado en la pista.

Lo que Lucho escuchó e interpretó, lo que lo hizo reaccionar como lo hizo, fue pensar/interpretar que lo estaban insultando, que lo estaban tratando mal. Por eso, como reacción automática, es que se sintió insultado, y por eso él dijo todo lo que dijo. Él escuchó “¡burro!”, interpretó que le estaban diciendo “burro”, le estaban insultando. Debo contestar y atacar/defenderme/devolverlo. Sin embargo, nada más lejos de lo que en realidad estaba sucediendo. El conductor lo que estaba haciendo, era avisarle de un peligro, que estaba por enfrentar.

Muchas veces en nuestra vida, sucede que las personas nos dicen cosas, nosotros escuchamos de acuerdo con nuestras interpretaciones, las cuales a su vez están basadas en nuestras creencias, nuestros paradigmas, lo que nos han enseñado, lo que hemos aprendido, básicamente, nuestro pasado. Entonces sucede que, filtramos nuestro presente por el filtro del pasado, y obtenemos obviamente en muchos casos los mismos resultados: una reacción automática.

Es decir, lo que nos molesta, lo que nos afecta, no es lo que las personas nos dicen. Lo que nos afecta en realidad, es lo que pensamos que las personas nos dicen. Y eso, ya está seteado, ya está parametrizado, ya está escrito en nuestra cabeza. Por lo que, si no estamos presentes a lo que nos dicen, vamos a reaccionar de acuerdo con nuestra interpretación ya establecida.

Quizás podrías decir “’Ok’ pero si alguien me insulta debo reaccionar, no puedo dejar las cosas así” ¿o no? La pregunta que te hago para responder a eso es: ¿Si alguien te insulta, y te molesta, será que estás dando crédito a sus palabras? Porque si no le dieras absolutamente ningún crédito, no te debería afectar. Es decir, si estás claro que lo que te están diciendo no es cierto ¿Por qué te afecta?, ¿Por qué deberías responder? Por otro lado, otra cosa que debes tomar en cuenta, algo super importante a considerar, es que, si es que te molesta, es porque le estás dando poder a la persona y a sus palabras. Lo cual obviamente es algo que no te sirve, que no te funciona.

En pocas palabras, alguien dice algo y te molestas, que es como probablemente has estado operando, versus, alguien dice algo, tú piensas algo de eso, lo interpretas y te afecta ¿o no? como podrás ver, no es lo mismo de ninguna manera. En el primer caso tú eres “efecto”, no estás en control y el otro domina tu accionar. En el segundo caso, dado que en el medio de lo que te dicen y tu respuesta está lo que interpretas, que finalmente son pensamientos, si tú decides, puedes estar en control, y ser la causa, el causante, el generador de tu respuesta, la cual puede ser la que tú decidas, y no la que ya está instalada, seteada o programada.

Si no puedes cambiar las circunstancias, lo que está pasando; entonces cambia tu punto de vista.

 Te cuento una historia. Un monje y su discípulo caminan por un pueblo. Y de la nada y sin causa aparente, la gente del pueblo los comienza a tratar mal, a insultar a decirle barbaridades. El discípulo estaba a punto de responder y gritarles todas sus verdades, pero se dio cuenta que su maestro estaba, como si no pasara nada, como si con él no fuese. Así que se aguantó la rabia, y simplemente siguió a su maestro. En el siguiente pueblo, sucedió todo lo contrario. La gente los comenzó a elogiar, a agradecer, a decirle los mejores cumplidos. Y en este caso, el monje compartió, agradeció, y les dirigió algunas enseñanzas compartiendo, con los integrantes del pueblo. Cuando ya estaban a las afueras de este segundo pueblo, el discípulo, no pudo contenerse y le preguntó a su maestro: “maestro, por qué en el primer pueblo donde la gente nos insultó y trató tan mal, no hiciste nada, no te defendiste, no les devolviste lo que nos gritaron. Pero en este segundo pueblo, donde nos trataron tan bien, si agradeciste y tomaste para ti los cumplidos”. El maestro le respondió: “En la vida, todas las personas te van a dar regalos, depende de ti cuáles quieres recibir. Si tú no recibes el regalo, es porque no es para ti”.

Así que mi invitación para ti es que decidas de quién y los regalos que vas a recibir. Te deseo una vida abundante con los regalos que te sean favorables.

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