Segunda vuelta

Cuando la periodista Milagros Leiva asoció la canción ‘Flor de Retama’ a los senderistas, lo único que logró fue la indignación de los ayacuchanos. Pedro Castillo logró canalizarlo a su favor. “Este terruqueo a la canción Flor de Retama es un factor que marcó un antes y un después, en Ayacucho es un himno”, sostiene Adrián Sarria, periodista de esta región.

Tal fue la repercusión que en su última llegada a Ayacucho, el 19 de mayo, Castillo entonó el huayno en la Plazoleta María Parado de Bellido. Cual estrella de rock, el maestro cajamarquino cantó junto a decenas de ayacuchanos la canción que fue terruqueada desde Lima: “Vengan todos a ver/ en la Plazuela de Huanta/ amarillito flor de retama/ amarillito, amarillando/ flor de retama”.

“Fue todo un hito cantar Flor de Retama en una plaza llenecita. Nunca la había visto así con ningún candidato […] Le regalaron la canción a Castillo”, asegura Sarria. Ya entonces se asociaba a los grandes medios de la capital con la campaña de Keiko Fujimori.

 

Ayacucho fue una de las regiones más golpeadas por la violencia que se vivió en la década de los 80. Según la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, las víctimas mortales en todo el país fueron 69.280. Solo en la región sureña, se concentra más del 40% de muertos y desaparecidos. Para algunos desinformados entonces fue difícil entender cómo el 82,64% de una región tan golpeada por Sendero Luminoso pudo haber votado por el candidato que los medios relacionaban con esta organización criminal. 

En redes sociales se han escrito comentarios como estos: “Ayacucho es la cuna del terrorismo y no han tenido ni memoria ni dignidad para votar en contra de todo lo que tanto daño les hizo” o “Si tuvieran memoria, no hubieran votado como lo han hecho”. Los usuarios: Diego Contreras y Yanina R. Torres respectivamente.

Pero lejos de asustar a los ayacuchanos, la estrategia de Willax y compañía de asociar al profesor con el terrorismo solo causaba molestias. “El terruqueo en una región como Ayacucho ya no sirve. Lo que expresaban los ayacuchanos cuando se hablaba de este tipo de cosas de terrorismo es que un limeño no podía pretender enseñarle a un ayacuchano lo que fue el conflicto armado interno cuando ellos son los que sufrieron en carne propia”, explica Sarria.

Milagros Leiva terruqueando la canción ‘Flor de retama’. El tiro le salió por la culata.

En el distrito de Soras, por ejemplo, en donde los senderistas asesinaron 117 personas en 1984, el 70% votó por el partido del lápiz. Huanta, provincia donde ocurrieron varios atentados terroristas, votó mayoritariamente por Pedro Castillo (83,1%). Y en Lucanamarca, distrito donde los terroristas asesinaron a 69 campesinos, en 1983, el porcentaje aumenta a 90,87%. El apoyo a Fujimori fue casi inexistente.

Este terruqueo ¿hasta cuándo? Porque no es solo al señor Castillo, nosotros cuando nos levantamos o hacemos nuestras marchas, somos [calificados como] terroristas”, dice Adelina García, presidenta de Anfasep, la Asociación Nacional de Familiares de Secuestrados, Detenidos y Desaparecidos del Perú.

García recuerda que en 1985 llegó a Lima para buscar a su esposo, un cerrajero que dos años atrás había sido detenido por los militares acusado de ser terrorista. Según García no había prueba alguna, dice que lo detuvieron solo por ser ayacuchano. Cuando fue al penal Castro Castro, con la esperanza de encontrarlo, no solo no pudo hallarlo, sino que le impidieron salir, tildándola de terrorista. “Yo he sentido esa discriminación en carne propia […] No me dejaban salir del penal porque era ayacuchana y, por ende, terrorista. Eso nos hacía llorar”, recuerda. Hasta el día de hoy, casi 38 años después, su esposo sigue sin aparecer.

“Cuando lo hacen [terruquearlos] nos duele porque nuestros familiares eran inocentes y, al ser tildados como terroristas, los asesinaron, los desaparecieron. Eso nos duele, por esa razón hemos apostado por un cambio, por eso apostamos por Castillo”, dice García.

En Ayacucho tampoco pueden olvidar los delitos de lesa humanidad cometidos durante el gobierno de  Alberto Fujimori, como las esterilizaciones forzadas. Por ello, la lideresa de Fuerza Popular nunca fue vista como una opción y en la primera vuelta obtuvo apenas un 7%. En la segunda, las marchas convocadas por el fujimorismo llamando supuestamente a proteger la democracia y en contra del comunismo de Castillo tuvieron poquísima participación. Por el contrario, se realizaron movilizaciones en contra de la candidatura de la hija del exdictador, en las que se cantó a viva voz ‘Flor de Retama’.

Más allá del terruqueo

Pero no fue la única razón. Durante la primera vuelta, Pedro Castillo se mostró muy cercano a la población ayacuchana. Mientras los demás candidatos llegaban en aviones, hacían la típica conferencia de prensa en el centro de la ciudad y se iban al día siguiente, el cajamarquino arribaba a la región en camioneta y se hospedaba en un hotel barato y poco conocido. Lo primero que hizo fue ir a Huanta, en donde se puso a arar la tierra con los campesinos y a pastar a los animales.

Esto hizo que las personas del interior de Ayacucho se sientan bastante identificados con su figura”, explica el periodista Adrián Sarria.

Pedro Castillo arando tierra
Castillo arando la tierra en Huanta durante la primera vuelta, cuando todavía no era conocido. Fuente: Kamina Sur TV.

Según Mayte González Carrasco, politóloga ayacuchana, para ellos votar por Castillo, lejos de asociarlo con el terrorismo, significa un cambio. “Ayacucho, al igual que la región del sur, viene votando de esa forma hace 20 años, siempre por un cambio, por una reforma”, afirma.

En su tesis sobre el voto ayacuchano*, González explica que el modelo económico no benefició a Ayacucho y por ello la región sureña suele inclinarse por partidos menos vinculados a la clase política tradicional. Por lo general, votan por candidatos de izquierda y étnicamente más cercanos o que pertenezcan a sectores minoritarios.

“Ayacucho y el resto del sur han mantenido un voto siempre de protesta, combativo y muy ligado a la izquierda”, asegura la politóloga. En la segunda vuelta del 2011 Humala obtuvo un 72,10%. En la primera vuelta del 2016 fue Verónika Mendoza quien capitalizó los votos ayacuchanos con 52,77%. Y ahora Castillo obtuvo un respaldo casi total en esta región.

Aunque algunos de sus votantes son conscientes de que varias de las propuestas del profesor son difíciles de cumplir, decidieron elegirlo porque con él “se podrá mejorar en algo”. “Su propuesta es destinar el 10% del PBI para la educación. Aunque es un poco imposible, cuando entre va a tener presente al sector educativo y lo va a mejorar”, explica Walter Bonilla (66), trabajador administrativo de la Universidad Nacional de Huamanga.

Contrario a lo que ocurre con Castillo, los ayacuchanos ven mayoritariamente a Keiko Fujimori como un personaje relacionado a la corrupción. “La señora Keiko solo [quiere llegar a la presidencia] para un beneficio personal. Si no gana, se va a ir a prisión. Justamente eso es lo que ella quiere, evitar dar la cara a la justicia, limpiarse las manos y continuar con su corrupción. Eso no tiene sentido, es una acción descarada la posición que toma ese partido”, dice Bonilla cuando le preguntamos por qué no votó por Fuerza Popular.

No es el único que piensa así. Para la presidenta de Anfasep, Fuerza Popular es una organización delincuencial y le sorprende que la mayoría de limeños hayan votado por Fujimori. “Sabemos cuál es el comportamiento de la familia fujimorista, por eso yo digo que en Lima las personas se olvidan lo que ha pasado. ¿Cómo es posible que hayan votado por una candidata con una organización delincuencial?”, se pregunta Adelina García.

Tampoco pasa desapercibido para los ayacuchanos que los grandes medios de comunicación y los empresarios apoyaran la candidatura de Fujimori. “Keiko Fujimori representa el continuismo. Hay empresarios que la están apoyando tanto, toditos están con ella. Ellos para nosotros son corruptos, representan el continuismo, son un puñado de personas que quieren hacerse ricos, mientras que nosotros como campesinos tenemos que trabajar desde que amanece”, sostiene García.

Adelina García, presidenta de ANFASEP, sufrió en carne propia las consecuencias del terruqueo. Foto: Ideele Radio.

Y a pesar de que Keiko Fujimori ha dicho en más de una ocasión que ni ella ni su partido terruquean, son vistos como los responsables de los ataques a Pedro Castillo. Para Walter Bonilla, quien al igual que Castillo pertenece a un sindicato, el terruqueo es el arma usada por Fuerza Popular porque es lo único con lo que pueden intentar golpear a Castillo ya que no tiene un pasado corrupto.

En un país polarizado, esta campaña de llamar terrorista a cualquiera que no coincida con ellos le pasó factura a las élites que decían defender la democracia. “Es como si nos hicieran sentir menos por tener esas preferencias electorales y da rabia, porque empiezan a meternos esta cuestión del terruqueo, del terrorismo, con el propósito de meter miedo a las personas”, señala la politóloga Mayte González. Cuenta que incluso la han eliminado de grupos de WhatsApp que tenía con amigos limeños por decir abiertamente que votaría por Castillo.

Al cierre de las elecciones del pasado 6 de junio, mientras Fuerza Popular esperaba los votos del exterior, Perú Libre ponía sus esperanzas en que termine el conteo en el interior del país. Lo que se vive ahora es distinto. Fujimori ha concentrado la mayor cantidad de sus impugnaciones en Ayacucho y el sur del país. “Nos duele que la señora Keiko Fujimori y toda su gente aprovechadora nos vean como si fuésemos ignorantes o terroristas”, apunta Adelina García.

 

*Mayte González Carrasco es autora de la tesis de maestría “Democracia, elecciones y comportamiento electoral en Ayacucho: un análisis de los resultados de las elecciones presidenciales realizadas en el periodo de 1990 a 2016”

**Fotoportada: Leyla López

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Ayacucho, Pedro Castillo, Segunda vuelta

Todos los días, de lunes a viernes, Alexandra Ames, David Rivera y Paolo Benza discuten los temas más importantes del día por Debate. En nuestro episodio número 149: El músculo legal del fujimorismo busca darle la vuelta a la elección. ¿Llamar a las Fuerzas Armadas para defender la democracia no es un sinsentido? Y la variante india en Arequipa.

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Fujimorismo, Segunda vuelta

Por la mañana, en la plaza de armas del distrito de Tacabamba (provincia de Chota, Cajamarca), las canciones al ritmo de huayno y cumbia salen disparadas desde un parlante ubicado en el balcón de una antigua casona. En medio de las melodías, se escuchan las frases de campaña: “Este 6 de junio, marca el lápiz. No más pobres en un país rico”.

Sudaca llegó el pasado miércoles a este distrito, lugar de nacimiento de Pedro Castillo y donde el pasado 11 de abril arrasó en las urnas. Según los resultados electorales de la ONPE, en la primera vuelta, el 79,51% de los electores tacabambinos votó a favor del candidato del lápiz; es decir, 7.338 personas de las 12.560 habilitadas. Su contendora de segunda vuelta, Keiko Fujimori, obtuvo el cuarto lugar con el 2.32%, o sea solo 137 votos.

El profesor Jorge Bocanegra conoce al candidato presidencial y a su esposa, Lilia Paredes, hace más de 30 años, cuando ambos estudiaban pedagogía en el instituto ‘Octavio Matta Contreras’, situado en el distrito también cajamarquino de Cutervo. Bocanegra cuenta que, tras conocer la decisión de su colega de candidatear a la Presidencia de la República, en octubre del año pasado, un grupo de docentes decidió realizar aportes económicos para su campaña. Señala que hubo profesores que mensualmente han hecho colaboraciones de entre S/50 y S/100. En Tacabamba, una amiga de ellos ha puesto su casa para que funcione como local del partido. 

“El profesor Castillo ha trabajado en escuelitas muy alejadas. Y, finalmente, ha llegado a ser profesor en Puña [una localidad del distrito de Tacabamba], la tierra donde ha nacido. Qué oportunidad y qué orgullo que, como hijo de esa comunidad y como niño que esa comunidad ha visto crecer, llegue allí [a la Presidencia] como profesor, como docente al servicio de la niñez”, dice Bocanegra emocionado.

El profesor Luis Arturo Díaz es otro viejo amigo de Pedro Castillo. Dice a Sudaca que se conocieron en los años 90, cuando ambos trabajaban en la escuela N°10449 ‘Genoveva Díaz Loayza’, donde el candidato presidencial fue entrenador de la selección de fútbol y vóley de los estudiantes de primaria.

 

 

Equipos de futbol de Pedro Castillo
El profesor Pedro Castillo aparece junto al excapitán de la selección de fútbol, Roberto “El Chorri” Palacios, vistiendo la camiseta de la selección de fútbol de Tacabamba. Fue en el 2017. En la foto de abajo, un recuerdo de cuando fue entrenador del equipo de vóley de la escuela N° 10449 ‘Genoveva Díaz’, también de ese distrito. Las fotografías son del profesor Luis Arturo Díaz, quien aparece en las mismas imágenes.

Díaz aparece junto al candidato presidencial en una fotografía tomada el 12 de septiembre de 2017, durante un partido de fútbol en el que enfrentaron los equipos de profesores de Tacabamba y sus pares de Anguía, un distrito vecino donde tiene su residencia Castillo. “Aquella vez, Pedro jugó de delantero y metió un gol”, recuerda Díaz. El resultado terminó en empate, 3 a 3, y el invitado especial al encuentro fue el excapitán de nuestra selección de fútbol, Roberto “El Chorri” Palacios, quien anotó dos veces.

El partido de confraternidad se realizó una semana después de haber acabado la huelga magisterial, desarrollada a nivel nacional y liderada por el profesor Pedro Castillo entre junio y la primera semana de septiembre de 2017. Luego de paralizar al sector educación, los huelguistas consiguieron que el piso del salario mensual del magisterio se incremente a S/2.000 (ahora es de S/2400).

La mañana del jueves nos dirigimos a Chugur, en el distrito de Anguía. Según el censo de población del año 2018 del INEI, es uno de los 20 distritos más pobres del país. Allí tiene su casa Pedro Castillo. Al frente del inmueble, hay una sede de la evangélica ‘Iglesia del Nazareno’ y en el mismo frontis de su vivienda, un lema en inglés: “Jehova is my shepherd (Jehová es mi pastor)”.

Raúl Oblitas -hijo de Lelis, la hermana de su esposa- cuenta que a su tío lo mueve una fe inquebrantable que proviene de su adhesión a esta iglesia. En el desayuno electoral del pasado 11 de abril, esta quedó evidenciada ante las cámaras de televisión, cuando junto a su esposa y a sus tres hijos se tomaron de las manos y realizaron una oración.

 El sobrino de Pedro Castillo, Raúl Oblitas, aparece en el patio de la casa de su tío, en la localidad de Chugur. Se puede ver la frase: “Jehová es mi pastor” (fotos: Juan Carlos Chamorro)

 

“La iglesia tiene un promedio entre 40 y 50 años [de fundación]. Hay templos en todo el país. El profesor Castillo llega [a la iglesia] por medio de su esposa. Mi mamá ha sido profesora aquí [se refiere a que ha sido instructora del evangelio]. Su hermana, también, como asistente. Sus hijos [del profesor] se han criado acá. Es un tema de formación personal”, señala Raúl, que estudia ingeniería civil. Si bien no es militante de Perú Libre, en algunas ocasiones ha acompañado a su tío a Chota durante la campaña electoral. 

 

Iglesia del Nazareno-Chugur
La ‘Iglesia del Nazareno’ de Chugur se levanta frente a la casa del candidato de Perú Libre (foto: Juan C. Chamorro).

Los preparativos en Tacabamba

Pasan las horas y varias personas que se alejaron de Tacabamba, principalmente por trabajo, van retornando a este distrito para emitir su voto. Es el caso de Geiser Olivera, quien se dedica a la venta de caballos y toros. “Voy a votar por Pedro Castillo, porque es un líder humanista y porque, además, es campesino”, apunta.

 

Los distritos de Tacabamba y Chota están separados por solo una hora y media de distancia (infografía: Leyla López).

 

La tarde del jueves, un nutrido grupo de profesores y amigos del candidato presidencial, entre los que está Jorge Bocanegra, se reúne en la base de campaña del partido del lápiz. Alistan los últimos detalles para recibir los resultados electorales del domingo. Aún no está confirmado si el profesor Castillo retornará hoy, viernes, o mañana a Cajamarca, luego de su cierre de campaña en la capital.

Cuando Castillo retorne, se detendrá en Tacabamba, donde recibirá los resultados electorales. La mayoría de los docentes de este distrito estuvo con el candidato presidencial de Perú Libre el pasado 11 de abril en el local de campaña ubicado a tres cuadras de la plaza de armas, esperando los resultados de la primera vuelta, en la que obtuvo el primer lugar y su pase a la instancia final junto a Keiko Fujimori.

 

La plaza de armas de Tacabamba será el escenario de la celebración en caso el profesor Castillo gane las elecciones este domingo (fotos: Juan C. Chamorro).

 

El sobrino del profesor Castillo, Raúl Oblitas, confirma a Sudaca que, a las siete de la mañana, según la agenda programada, el profesor Castillo tomará el desayuno junto a su familia y la prensa. El menú estará compuesto por una clásica sopa verde y tamales. Después, acompañará a su esposa Lilia Paredes a votar al colegio ‘Arturo Osores Carrera’, en el distrito de Anguía. Antes del mediodía, emitirá su voto en el colegio N° 10446 ‘Salomón Díaz’ de Tacabamba. Y, por la tarde, esperará los resultados en el local de campaña de este distrito.

“Hay un apoyo decidido [de los profesores]. Estamos hartos de la corrupción. Todo se ha centralizado en Lima. El profesor [Pedro Castillo] va a ser el Presidente y esperemos que gobierne para el pueblo” asegura el profesor Almansor García Delgado, que conoce al candidato presidencial hace más de 15 años, cuando ambos trabajaban en la escuela N° 10475 de Chugur. Mientras, sus colegas cargan una pancarta que será colgada en la entrada del distrito: “Pedro Castillo, Presidente del Perú, con justicia y con verdad”.

 

La base principal de campaña de Perú Libre de Tacabamba está ubicada a dos cuadras de la plaza de armas (foto: Juan C. Chamorro)

 

(*) Foto de portada: Juan Carlos Chamorro

Los profesores y colegas de Pedro Castillo, Almansor García Delgado, Óscar Guevara, Wilson Carranza, Juan Chamaya, Jorge Bocanegra y Tomás Gálvez, aparecen en el local de campaña de Perú Libre de Tacabamba. Allí, el candidato presidencial recibirá los resultados del domingo 6 de junio.

 

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Elecciones 2021, Pedro Castillo, Perú, Profesores de Tacabamba, Segunda vuelta, Tacabamba

Estamos en empate, con Keiko subiendo y Castillo aferrándose a ese primer lugar que no ha soltado desde que empezó esta carrera. Empate que deja una expectativa de terror para esta semana que queda, donde cada día van a tener que evitar los errores al máximo. Anoche fue el debate y creemos que no hubo claro ganador. Así que enfrentamos seis días más de mucha adrenalina electoral.

Pero uno de los elementos más interesantes para iniciar esta semana era -haciendo un flashback a abril- conocer cómo estaban los perfiles de los votantes de ambos candidatos y ver cómo los coge en la semana definitoria. Así que veamos cómo se han movido estos perfiles y qué puede significar esto para la semana definitiva.

Mucho de la convicción de los indecisos pasa por ver cómo se adecúan a estos perfiles. Es de suponer que los candidatos que más se acercan a ellos, mayores probabilidades tienen.

En abril, en la última encuesta publicada antes del silencio electoral, Castillo apenas aparecía de manera relevante en las encuestas y Fujimori aparecía en tercera o cuarta opción. Pero tenían perfiles de votantes conocidos que reseñamos en el siguiente cuadro:

 

Fuente: IEP

Algunos detalles para precisar. Antes de la primera vuelta y a una semana, esta misma encuesta les daba a Castillo y Fujimori 7% y 10% de intención de voto respectivamente. Al final Castillo logró repuntar y Fujimori quedó aproximadamente con esa votación final.

¿Detalles? Muchos y para todos los gustos. Ninguno de los dos candidatos tenía arraigo entre los jóvenes. Si estos representan el 16% de la población electoral, apenas representaban un 10% de la intención de voto de ambos candidatos. En género sí veíamos una diferencia que hoy se mantiene, Castillo con un votante mucho más masculino, mientras que Fujimori captando más voto femenino.

En NSE, tanto Fujimori como como Castillo eran vistas como alternativas populares, con mucha carga de los NSE DE. Pero claramente no era ninguno de los dos el “candidato de los ricos”. Sin embargo, en cuanto a nivel educativo alcanzado, Fujimori se nutría significativamente de votantes menos instruidos que Castillo, interesante contraste.

Por regiones, teníamos un panorama similar al que hemos notado toda la campaña: Votantes de Fujimori más fuertes proporcionalmente en Lima y el norte, mientras que de cada 10 votantes de Castillo, 5 eran del sur y 2 del centro del país.

La campaña de la segunda vuelta ha modificado ese panorama y cada candidato ha logrado incorporar una masa crítica de votantes que cambió el mapa de sus perfiles. Lo graficamos en el siguiente cuadro:

 

Fuente: IEP

Elaboración propia

Cambios en el perfil del votante de Castillo:

Con respecto a la primera vuelta, el perfil del votante del candidato de Perú Libre logra atraer, de manera proporcional 8% más de jóvenes, pero pierde similar voto de edad media. Gana jóvenes con la promesa de ingreso libre a las universidades, pierde la edad más trabajadora con el susto de las AFPs y con un discurso más llevado en materia económica.

Mantiene su preferencia en el NSE DE, pero cae fuertemente en el NSE C. Creo que se relaciona en buena medida con lo que mencionamos líneas arriba, con una propuesta económica con mucho susto que puede generar una progresiva pérdida crítica en la clase media baja peruana, que puede sentir muy amenazado su futuro inmediato. Lo relevante es que gana una cantidad relevante de porcentaje de votantes en el AB. Asumimos que es el despertar del antifujimorismo el que lo logra.

En cuanto al perfil geográfico, Castillo ha ganado algunos votantes en Lima y el norte, acá incluso llegando a amenazar seriamente la preferencia por Fujimori. Eso equilibra más el cuadro. De cada 10 votantes de Castillo, 3 son del sur, 3 del norte, 2 de Lima, 1 del oriente  y 1 del centro. Aun desproporcionados con respecto a la distribución real.

Los cambios en el perfil del votante de Fujimori

La candidata fujimorista ha logrado capturar más voto femenino en su perfil (6 de cada 10 votantes son mujeres), por ello su necesidad de recurrir a la llamada a su voto en el debate de esta noche.

En rangos de edad mantiene a los jóvenes y a los de edad intermedia, pero pierde 5 puntos de votantes de 40 a más años. Enfocar parte de la campaña en el voto de los abuelitos como se ha hecho esta semana no parece ser lo más adecuado o tal vez se desea reencausarlo.

Pero es en NSE donde la candidata obtiene mayor movimiento. Hoy, 3 de cada 10 de sus votantes son de NSE AB, 3 de NSE C y solo 4 de NSE DE. Si bien ha recuperado terreno en el NSE D según otras encuestas, a nivel de perfil del votante se ha quedado un poco.

En geografías, ha ganado proporción de votantes en Lima, pero los ha perdido en el norte, el campo de batalla de estas elecciones. Lo que ha perdido en esta zona lo ha ganado Castillo. Gran parte de las probabilidades de Keiko Fujimori están en la recuperación del norte como bastión electoral.

El perfil educativo también se modificó en los que ahora son los votantes fujimoristas. Los que cuentan con educación superior se incrementan 17% con respecto a la primera vuelta, pasando de 24% a 41%

En resumen

El votante fujimorista y el votante castillista son diferentes con respecto a los que fue la primera vuelta. ¿Esto es normal? Por supuesto que lo es, ya el votante no se enfrenta a 18 opciones sino a 2, eso hace que su voto se vaya decantando por alguno de ellos. ¿Por qué esto es importante? Porque hay que entender estos perfiles a la luz de a quiénes pueden convencer los candidatos en este tramo final. Los indecisos, más que los que hoy señalan que votarán blanco o viciado son en su mayoría del interior, de NSE DE y más mujeres. Quien logre impactarlos más podrá asegurar más temprano la elección.

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Elecciones 2021, Perú, Segunda vuelta

Nos aproximamos a la recta final de una segunda vuelta cuyo único resultado cierto será la profunda la fractura del Perú. Atrapados entre dos peligrosas opciones, el elector peruano ha colocado al país en la difícil disyuntiva de tener que elegir entre dos males mayores. La corrupción autoritaria, por un lado, y los delirios de la planificación y la idealización romántica de un pueblo con una fuerte raigambre autoritaria, por el otro. La conclusión de este extraño proceso electoral es que no hemos salido del autoritarismo que ha caracterizado nuestra historia, que aún estamos lejos de poder establecer un sistema democrático de convivencia. Que aún tendremos que ir al rescate de una débil, enclenque y frágil democracia.

Estamos viviendo la peor crisis de nuestra historia desde la guerra con Chile, con miles de muertos producto de la peste planetaria que vivimos. El Perú es un país devastado. No es causal que la gran mayoría de muertos se haya producido por la falta de oxígeno, los precarios sistemas de salud -con sólo 150 camas UCI para 33 millones de personas al iniciar la pandemia-, con la corrupción que significó la compra de pruebas rápidas en lugar de las moleculares, una extraña negociación de vacunas chinas cuya eficacia ha sido cuestionada, el vacuna gates, por no hablar de la grave crisis institucional que ya vivíamos antes de la pandemia, son sólo algunos indicadores de cómo estamos como país.

A todo esto se suma una campaña de miedo, terruqueo y enfrentamiento que ha llegado el extremo infame el uso y aprovechamiento político de una tragedia como la matanza de 16 personas por parte del terrorismo ahora al servicio del narcotráfico. Se apela a lo más primitivo de nosotros mismos para infundir horror. El maniqueísmo es la expresión de un pensamiento obtuso, impide ver matices. No llegamos a entender que ser de izquierda no es sinónimo de ser terrorista, así como ser de derecha no lo es de ser fascista. En lugar que este acto repudiable y doloroso perpetrado por los terroristas sea suficiente para llamarnos a la unidad como peruanos se ahonda, aún más, la división.

Como enseñaba Alberto Flores Galindo, somos “un país donde las solidaridades son escasas, no existe una imagen común, ni se comparten proyectos colectivos. Ser peruano es una abstracción que se diluye en cualquier calle, entre rostros contrapuestos y personas que caminan “abriéndose paso”. El margen para el consenso resulta estrecho.” Sumidos en un sálvese quien pueda, los peruanos sentimos que estamos solos enfrentando el rostro de la muerte que ahora nos acecha. Por eso, las dos propuestas más autoritarias son las que han logrado pasar a esta segunda vuelta. Enfrentados por el miedo a perder lo que se ha conseguido con mucho esfuerzo, a perder los privilegios, a no perder nada o a perder la vida ante el abandono y la indiferencia estatal, esta elección ha sido el triunfo de la desesperanza.

El autoritarismo es la marca de nuestra historia nacional. El binomio entre paternalismo y violencia como el que hoy vivimos crean lealtades de tipo vertical entre el caudillo, el señor, el hombre providencial y su séquito. El paternalismo violentista es la versión moderna del cacique andino o del curaca y el corregidor colonial. En una situación como esta no es posible la aceptación igualitaria del otro como un ciudadano autónomo. Por eso, vemos como los conflictos políticos, como los de estas elecciones, terminan convertidos en luchas de caudillos y sus seguidores todos jalando para sus propios intereses.

Lo cierto es que parecen enfrentarse aquello que Basadre caracterizo como el Perú oficial contra el Perú profundo. Estamos partidos en dos mitades y asistimos a una campaña basada en el odio, el insulto, el agravio antes que en la propuesta. No se trata de que una amplia mayoría quiera un cambio del modelo económico, la mitad del país, que está optando por el mantenimiento del modelo antes que por la decencia, no lo quiere. También es cierto que la otra mitad del país ya no quiere más seguir siendo excluida y marginada y ahora ha encontrado un vehículo para hacer sentir su voz.

Ambas candidaturas carecen de una visión integral de país, de una propuesta sobre el tipo de sociedad que queremos ser. Parecen no poder comprender que gane quien gane necesitará poder crear un consenso mínimo para hacer viable su gobierno. Por eso resulta muy peligroso llevar la confrontación al extremo. Si fuera el país y no sus intereses personales o grupales los que pusieran por delante, podrían llegar a acuerdos mínimos ante temas urgentes como qué hacer para mitigar la pandemia o un llamado a la unidad después que el terrorismo aprovecha la coyuntura de enfrentamiento para hacer de las suyas.

Más que una elección esta es la suma de todos los miedos ante un peligro común que nos atañe a todos, la preservación de nuestra vida. Eso es lo que nos estamos jugando en esta elección. De a quien elijamos dependerá la manera de gestionar la crisis sanitaria, económica, política y social que vivimos. Por eso, ante un problema común sólo caben soluciones comunes y no más división. Ya es momento que alguno de los dos candidatos se comporte como un estadista y haga un llamado a la unidad nacional.

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Elecciones 2021, Perú, Segunda vuelta

 

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Keiko Fujimori, Pedro Castillo, Segunda vuelta

Jacinto Saldívar llegó a Lima desde Ecuador para participar en el cierre de campaña del Frepap. No pensó que el partido donde milita desde 1990 podría  perder su inscripción en el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) por no pasar la valla electoral. A mediodía del 8 de abril se apareció en Villa María del Triunfo. Desde allí, una multitudinaria caravana estaba a punto de partir hacia el centro de la capital. Recibió la bienvenida de decenas de correligionarios, quienes lo esperaban con cariño para que diera inicio al recorrido proselitista. “Soy jubilado y hasta hace tres años fabricaba esponjas para vajilla. Vengo desde Ecuador. Estoy allá haciendo la obra: predicando”, cuenta extendiendo sus dos brazos al cielo.

Frepap
Desde el año 1990, Jacinto Saldívar participa en las campañas políticas del Frepap (Foto: Frepap).

 

Don Jacinto estaba vestido como en todas las campañas, con una indumentaria que representa al Inca Pachacútec: una túnica de color rojo con la imagen del sol en el pecho, una capa azul y una corona dorada de fantasía que aparentaba estar hecha de oro. El hombre de cabellos largos y barba plateada portaba también una lanza de plástico y una bandera del Tahuantinsuyo.

 

A las dos de la tarde, la bulliciosa caravana del Frepap comenzó a avanzar por las calles de Villa María del Triunfo con un entusiasmo desmedido, como si fuese la última de sus vidas. El convoy estaba conformado por un centenar de vehículos particulares, desde motos hasta camiones, donde iban candidatos y militantes a los que no parecía importarles el distanciamiento social. En cada luz roja, los participantes repartían volantes, polos, lapiceros y fósforos con propaganda de diversos postulantes al Congreso. Los transeúntes los saludaban a los lejos.

 

“El Frepap está integrado por personas de todos los oficios: desde vendedores ambulantes hasta profesionales”, dice David Chauca, más conocido como el “hincha israelita”, que trabaja como ambulante, mototaxista y albañil. David se hizo conocido mediáticamente por acompañar en entrenamientos y viajes a la selección peruana de fútbol.

 

En la campaña congresal del 2020, el “hincha israelita” construyó, soldando fierros retorcidos, un pescado de dos metros y medio al que forró con tela sintética de color azul. Le puso las siglas del Frepap en el vientre y lo enganchó a la parte trasera de su mototaxi. En aquella oportunidad, recorrió casi toda la capital jalando con su vehículo ese pescado, que se ha hecho presente en esta caravana de cierre.

 

David Chauca
David Chauca, el “hincha israelita”, milita en el Frepap desde el año 2000. Como en todas las caravanas, estuvo presente el último jueves. Tuvo un presagio: no hubo tanta gente como en el cierre proselitista del 2020.

A las 6:30 de la tarde, el convoy hizo su última parada frente a la sede de América Televisión, en la urbanización Santa Beatriz. Un camión que ha sido acondicionado para realizar espectáculos musicales servía de escenario para que los candidatos bailen al ritmo de canciones de campaña. “Por un gobierno justo y transparente / que trabaje por el pueblo y por su gente / en estas elecciones vamos Frepap / todos juntos a marcar”, dice el estribillo de una de estas. Un hombre disfrazado de tiburón -otro símbolo que empezó a utilizar el partido tras su victoria del 2020- salta y mueve sus brazos junto a los postulantes.

 

Pero el show está a punto de acabar y, en algunas horas más, el entusiasmo de los militantes también.

 

David Chauca cuenta a Sudaca que no hubo una gran participación en número de militantes en este cierre de campaña como sí la hubo el 2020. Ese hecho, dice, le causó preocupación. Pensó que sería una señal de que alguna sorpresa estaba por venir. Un día antes de las elecciones, el pasado sábado 11, los militantes de Villa María del Triunfo tuvieron otro extraño presagio. Una “hermana” contó en un grupo de Whatsapp el contenido de un sueño que había tenido: iba a ocurrir un fraude electoral contra el Frepap. Todos acordaron rezar para evitarlo.

 

No hubo tal fraude, pero sí habría una ajustada derrota.

 

Al cierre de esta edición, según el conteo de votos válidos de la ONPE (al 78,86%), el Frepap ha obtenido el 4,65% de votos válidos. Si la tendencia se mantiene, se quedaría a poco de llegar al 5% que le permita obtener curules en el Congreso y mantener su inscripción en el JNE. No sería la primera vez en su historia que sucede algo similar. En el 2012, ese organismo electoral le canceló su inscripción por no participar en las elecciones del 2011.

 

Horas antes del conteo de votos, los candidatos del Frepap al Congreso, Erik Merino y Héctor Cochón, señalaron a este medio que “sea cual sea el resultado” su partido seguirá trabajando para ayudar a los más necesitados. Para ambos, no sería un problema volver a inscribir al Frepap.

 

El excongresista del Frepap (1995 – 2000), Javier Noriega, apunta en otra dirección. Noriega, si bien ya no milita, dice mantener contacto con algunas bases del Frepap. “El partido necesita un cambio. Siempre hay problemas internos, como en todo partido, en toda agrupación. Hay un malestar, hay quejas. Mis hermanos me cuentan que no respetan las votaciones de las bases. Hay muchos hermanos cuyos hijos son profesionales y preparados y no los han tomado en cuenta [en estas elecciones al Congreso]”, dice.

 

Javier Noriega

 

Javier Noriega fue el primer congresista del Frepap que fue elegido en el año 1995. Aquí aparece, el día de su juramentación en el Parlamento, junto a sus “hermanos” y al “maestro Ezequiel Ataucusi Gamonal (cuarto de la izquierda). “El Frepap necesita un cambio”, aseguró Noriega a Sudaca el día de la votación del domingo 11 (foto de abajo).

 

DNI
Informes – Sudaca.Pe

Noriega señala que la familia materna del presidente del Frepap, Jonás Ataucusi, estaría influyendo en las decisiones del partido. Explica que el expersonero Wilfredo Tenorio Molina, primo de Jonás, ha colocado personas allegadas a él para que trabajen en el Parlamento. “Sus amistades están en el Congreso. Y otros hermanos que están más capacitados y son llamados a experimentar en la política y hacer respetar los derechos de Dios son marginados”.

 

El excongresista dice, además, que el partido se ha alejado de sus principios bíblicos predicados por el “maestro” Ezequiel Ataucusi. Por ejemplo, apunta, la pena de muerte para los adúlteros, los violadores, los ladrones y los asesinos no ha estado en la agenda de Parlamento.

 

Sólo el tiempo dirá si el movimiento israelita puede volver a repetir ciertas proezas. En la campaña congresal del 2020, el Frepap obtuvo el 8,32% de los votos, lo que le permitió conseguir sus históricas 15 curules. Esa campaña fue la mejor performance que ha tenido desde su creación en 1989. En el año 1992, consiguió dos curules en las elecciones de la Asamblea Constituyente; en 1995, logró por primera vez un escaño en el Parlamento; y en el 2000, obtuvo dos escaños.

 

(*) Fotocomposición: Leyla López

Ha sido usada una fotografía de la caravana del Frepap que ha sido tomada, el pasado jueves 8, en el cono norte de Lima (imagen: Frepap).

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Elecciones 2021, Frepap, Segunda vuelta

Jamás tres siglos de genocidio, vasallaje y desprecio sistemático van a desaparecer fácilmente de nuestra memoria colectiva, y menos con 200 años posteriores de república colonialista. No se toma real conciencia de la tragedia colectiva que significó la invasión española, porque la mayoría de nosotros seguimos mentalmente colonizados, y miramos las cosas desde los valores y desprecios que nos inocularon. Fue más o menos así: llegaron otros más fuertes y letales – monstruosamente despiadados casi siempre – a quitarnos todo lo que consideraban valioso y a esclavizarnos para obtenerlo, a violar a nuestras mujeres e hijas, a humillarnos, y a obligarnos a admitir que su cultura es superior y la nuestra es vergonzosa. Esto ha implicado una frustración y una depresión social históricas, que se han ido heredando de padres a hijos, aún cuando muchas veces no se tenga conciencia de ello.

No pudieron desaparecer a una cultura milenaria que tiene como parte de sus valores cosmovisionarios la sabiduría de recogerse y dispersarse frente al peligro sistémico, y la genialidad humana de esperar con paciencia – y mucha valentía – el inevitable retorno de un orden más conveniente. Sin duda, muchos antiguos peruanos terminaron cediendo por falta de fuerzas o por sobrevivencia, pero hay cerca de un 30% (el Perú rural de hoy) que sigue siendo muy pachamámico y pre-hispanista en espíritu. Lo que sí lograron fue sacar de nuestras mentes – y no los colonos sino sus émulos republicanos – la idea clara del abuso esclavista y del saqueo, y de sus terribles consecuencias en nuestra historia. Para la mayoría de peruanos, la invasión española es un evento propio de su tiempo, y no guarda relación con nuestro fracaso republicano. 

En términos psicoanalíticos – que tanto entusiasman a las élites limeñas – se trata de un inmensurable trauma colectivo, que como todos los de su naturaleza, es permanente e ineludible. Puede manejarse y servir de impulso, pero sólo cuando se le enfrenta como corresponde. Si la injusticia sigue reiterándose – así sea grado – el trauma no se irá ni mucho menos, y se manifestará tarde o temprano . Desde la filosofía pre-hispánica, estamos en un largo pachakuti, que es la crisis terminal de un tiempo, que llevará a una nueva síntesis de todo lo recibido e interiorizado hasta entonces. Nada se crea ni se destruye, todo se transforma.

Y en medio de esta larga transición histórica, el Perú rural se está manifestando con una tesitura política nunca vista en 200 años de convalecencia emocional y subordinación republicana. Tienen cada vez más liderazgos propios con volumen nacional, entre ellos Pedro Castillo. Se han revalorizado geopolíticamente producto de la crisis ambiental y la creciente escasez de recursos naturales, y sus cabezas más prolijas lo tienen muy claro. También los ha ayudado mucho – así como a todas las culturas no occidentales – las redes digitales: son más visibles, reciben más información del mundo y la infamia extrema en su contra ya no procede tan fácilmente, pues hay demasiados ojos vigilantes. Desde luego, los liderazgos del pachakuti peruano no son filigranas estratégicas de un fino planeamiento, sino fuerzas resistentes que enfrentan asimetrías radicales, y que pelean en esos términos. Pedro Castillo es un radical porque lo que tiene al frente lo lleva y obliga a ello, pero se ha sometido a las formas electorales democráticas, y no tiene el poder necesario para dejar de hacerlo. Es una persona de valiosa experiencia, y no parece ser el irracional absurdo que algunos pretenden: es rondero, líder campesino, docente de escuela rural y reconocido sindicalista. Y fue dirigente regional de Perú Posible hasta su extinción.

Su éxito, efectivamente, representa a los olvidados históricos, que no son ignorantes por esta preferencia ni merecen comprensión indulgente (como creen algunos de peruanidad poco razonada), sino gente marginada que desde su experiencia y sus largos antepasados se da cuenta de que “esas formas democráticas” no le garantizan nada, y menos en el contexto de “eso que llaman liberalismo”, donde hay unos pocos privilegiados y muchos excluidos. Es decir, es un público con demandas de izquierda, conciente o no del rótulo. Frente a ello, Pedro Castillo ha sido largamente el mejor candidato, si de triunfar con ideas sencillas pero trascendentes, reaccionar con astucia y conectarse con públicos se trata. No estoy seguro, por ejemplo, de que Verónica Mendoza se haya mostrado superior a él en contenidos. Quizá en algunos puntos relevantes, pero no en el fundamento del izquierdismo – que es la explicación económica de nuestro rezago material como país y de la exclusión de la mayoría peruanos -, ni tampoco en su conocimiento operativo del Perú profundo, que es lo que podría diferenciarla. Es desde ese tipo de insumos estructurales que el presidenciable teje sus mejores golpes de campaña, a veces con sólo la suficiente capacidad comunicacional.

La candidatura de Verónica Mendoza mejoró mucho desde el debate final por grupos, incluso en algunos aspectos lógico-verbales y emotivos que determinan si un político tiene madera para las grandes presentaciones, pero se quedó corta al lado de un líder que no sólo ha nacido en el Perú profundo, sino que convive y dialoga con él, como es Pedro Castillo. No fueron sus propuestas económicas el mayor problema: morigerarlas y explicarlas mejor sólo conquistó nuevos votos entre los indecisos de la clase media y alta de Lima. Tampoco su postura sobre Venezuela, como lo demuestra el mismo Castillo. Es su mosaico cultural – que incluye su relación con el mundo occidental – lo que no terminó de penetrar en el Perú regional y rural. Es posible que su defensa de las libertades sexuales y de género también hayan pesado algo en esta desconexión.

Un tema muy polémico han sido las declaraciones conservadoras que sobre el enfoque de género y el matrimonio igualitario ha emitido el evangelista Pedro Castillo. Pero no me queda claro si éstas son parte de una estrategia para ganarse el duro y mayoritario voto conservador – muy afín a su actual oponente – o si realmente piensa tan así. Lo digo porque en su plan de gobierno se legaliza el aborto y se denuncia frontalmente el machismo. De cualquier forma, Castillo ha comentado que todos estos dilemas serán tratados en la asamblea constituyente que planea convocar, y es meridianamente claro que su rival de turno es más regresiva en estos temas. Lo que le puede costar mucho – en votos – es su decisión de amnistiar a Antauro Humala, y su cercanía “sindical” al Movadef. Sin duda, aquí hay un radicalismo que excede al necesario, y un autoritarismo violentista que merece ser vigilado seriamente. Pero, nuevamente, al otro lado hay cómplices de criminales y mafiosos mucho más nocivos, que han sido pillados y esperan librar su condena con la llegada de su lideresa a palacio.

En relación a las propuestas económicas del plan de gobierno de Perú Libre, éstas no son otras que las de una izquierda latinoamericana pan-andina, cuyas referencias son Bolivia y Ecuador. Y más allá de lo dicho en las elecciones, toda la verdadera izquierda peruana debe apoyar este camino de inmediato, si toda ella sabe que el rezago del sur se origina, agrava y reproduce por decisiones que favorecen a la riqueza del norte. No caben medias tintas conceptuales aquí, la historia demuestra con claridad esta realidad conflictiva y abusiva, como también está evidenciando que nada terrible pasó en el Ecuador de Correa, y que Bolivia ha dado grandes pasos hacia su verdadero desarrollo. Así, este proyecto político implica un Estado distributivo, igualitarista, ambientalista, industrializador y nacionalista en relación a los recursos naturales estratégicos (donde nos dejan migas, se llevan millones y destrozan nuestra naturaleza). Y dadas nuestras ventajas ecosistémicas frente al mundo, propone un Estado que apuesta por el desarrollo de la agricultura rural, y por la seguridad alimentaria como instrumento de soberanía decisoria frente al ánimo impositivo de los poderes globales. Ya se conoce la voluntad de elevar, superlativamente, los presupuestos de educación y salud. Y no sorprende la apuesta integracionista latinoamericana. Es claro que este esquema puede tener asegunes, pero es innegable que es el camino lógico a explorar, dado que el capitalismo aplicado a nuestras latitudes ha fracasado largamente, y no tiene ya nada para ofrecernos. Lo inventaron otros para beneficio propio, como se ha explicado en columnas previas de este mismo espacio.

Sumado a lo anterior, el plan de gobierno de Perú Libre plantea introducir políticas de gobierno muy vanguardistas y vigentes: descentralización tributaria con responsabilidad económica a nivel regional,  plurinacionalismo constitucional, consulta popular vinculante para explotación de recursos naturales, elección democrática de magistrados, jueces y tribunos constitucionales, medidas de desconcentración económica y pluralidad ideológica en la oferta mediática, abolición del concordato con el Vaticano, desaparición del secuestro inconstitucional de las AFP, y otros. Muchas son medidas de compleja implementación, pero todas tienen un indiscutible espíritu democrático y progresista. La aseveración de que el Tribunal Constitucional es una entidad técnica y no política, y que los peruanos no sabríamos a quién elegir, es ignorante y manipuladora. Nada más político que dicha institución, cuyos miembros los designa nada menos que el congreso.

Pienso que este programa de transformación deposita mucha confianza en la capacidad técnica y ejecutiva del Estado peruano, que jamás será capaz de hacer tanto y tan bien en plazos políticamente realistas, pues es creación del subdesarrollo. Esto debería llevar a tener claras las prioridades factibles y las energías administrativas a invertir: todo Latinoamérica se ha querido capitalizar e industrializar alguna vez en los últimos 100 años, para ir a la velocidad del mundo avanzado y merecer su tipo de bienestar social. Todos lo han hecho desde el Estado, pues es claro que el mercado nos aleja de ese destino. Y nadie ha tenido éxito: nuestro territorio, los destrozos coloniales heredados y buena parte nuestra matriz cultural son disfuncionales al gran capitalismo occidental, que tiene su particular contexto y tuvo que explotar a otros – por siglos – para consolidarse. Por eso me gustaría que las soluciones económicas de Perú Libre sean más pachamamistas que neo-marxistas. No creo que nuestro principal asunto revolucionario sea la lucha de clases como piensa Vladimir Cerrón, ni tampoco de desarrollo capitalista industrial pendiente, sino el dilema histórico de si nos reconocemos o no con nuestras fuentes milenarias, y de si nos reconectamos o no con la naturaleza.

También celebraría que el programa no tuviera el sinsentido conservador de creer que los médicos y docentes profesionales son los protagonistas del cambio, cuando deben muchas explicaciones y nadie los ha designado para ello. Otra cosa es que el profesor Castillo y el galeno Cerrón los necesiten como brazo político, para lo cual no deberían usar el presupuesto público y las oficinas del Estado aprovechando demandas sociales. Y, sin duda, me gustaría que promuevan la igualdad de género, y la sexualidad plena y responsable entre nuestros niños y adolescentes. Pero nada de esto me impide saber que Pedro Castillo empuja el norte que corresponde en este Pachakuti, y que Keiko Fujimori no lo supera en ningún punto, ni tiene nada que ofrecerle al país.

Creo que Pedro Castillo tiene muchas posibilidades de ganarle a Keiko Fujimori la segunda vuelta presidencial, por margen de movimientos, por contenidos esenciales y por superioridad moral. Obviamente, y él lo sabe, va a tener que hacer concesiones vinculadas a la sucesión democrática quinquenal y al control inflacionario, a su opinión sobre el Movadef y Sendero Luminoso, y al indulto en favor de Antauro Humala. Cuánto entregue de todo este paquete va a depender mucho de lo que haga su oponente. 

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Carlos Trelles, Elecciones 2021, Pedro Castillo, Segunda vuelta

“La segunda vuelta entre Pedro Castillo, de Perú Libre, y Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, es impredecible. Será una lucha sin cuartel”.

No hay sumatorias a priori que valgan. Uno, ingenuamente, podría pensar que Castillo, sumado a Mendoza, Arana y una parte de Lescano no pasaría del 30% y, por ende, perdería fácilmente la segunda vuelta. Seguramente se alinearan los demás actores políticos, derrotados em esta primera vuelta, pero muy pocos tienen la capacidad de endosar su propia votación en favor de alguno de los dos candidatos.

 

Al tener a Keiko Fujimori al frente Castillo tiene frentes que explotar. A Castillo lo perseguirá su radicalidad, su cercanía al Movadef, la vinculación de algunos de sus candidatos al Congreso con Sendero Luminoso; a Keiko Fujimori, el pasado de corrupción y autoritarismo de los 90 y la tenebrosa actuación política de los últimos cinco años que de algún modo ha sido la causante de la crisis política que hoy vivimos.

 

A Keiko le pasó lo mismo que al candidato de Perú Libre: mientras la derecha se concentraba en Mendoza, la izquierda lo hacía en López Aliaga. Pasaron a la segunda vuelta los dos candidatos menos vapuleados de la contienda, siendo, en la práctica, los que mayor antivoto tienen y mayores flancos débiles exhiben.

 

Más fácil, le hubiera ido a Castillo contra De Soto o López Aliaga. La figura del cholo provinciano, rural, maestro, pobre, versus el blanco pituco, señorial, limeño, es casi imbatible en términos de una campaña electoral en el Perú.

 

Con Keiko no va a poder hacer lo mismo, porque el fujimorismo tiene pueblo (más bien, los sectores AB han abandonado a Keiko, lo que de algún modo la favorece y la emparenta más con los orígenes sociales del fujimorismo auroral), tiene presencias subregionales fuertes y tiene organizaciones de base.

 

Faltan casi dos meses para la elección. Va a ser una contienda polarizada. Normalmente, las segundas vueltas constituyen un torneo por ver quién captura el centro, pero esta primera vuelta ha demostrado que el centro virtualmente ha desaparecido. Si uno suma a Forsyth, Guzmán y Humala no llegan ni al 8%. La gran batalla va a ser confrontacional y el teatro de operaciones va a ser la defensa o la crítica al modelo económico. Allí va a estar cifrado el resultado de esta elección.

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Juan Carlos Tafur, Keiko Fujimori, Pedro Castillo, Segunda vuelta