Perú

Ante Colombia, funcionó todo. Ante Ecuador, días atrás en Quito, también. Y ha vuelto a suceder ayer, al menos en el segundo tiempo. Perú ha librado tres partidos con lo justo, sufriendo, como en los viejos tiempos. Esto es solo posible cuando todo funciona, si todos juegan bien, si cada uno de los peruanos tienen rendimiento alto. 

Perú es un equipo corto y frágil. Corto porque cuenta con doce o trece jugadores al mismo nivel, no más. De hecho el único suplente que parece titular es Aquino. El resto son muy nuevos, están ya de salida, o necesitan más minutos para demostrar.

Es frágil porque en la cancha, si una pieza falla, se desmorona el colectivo. Si se falla un penal. Si un foul termina en roja. Si el árbitro inclina la cancha. Si el lateral no cierra la banda. Si al arquero se le escapa la pelota. Si la que tenemos no entra.

Perú solo gana si se alinean los planetas. Si ese palo salva el gol en contra. Si Gallese saca una mano milagrosa. Si Bolivia pierde puntos de local. Si Guerrero la aguanta y saca la pierna. Si la toca (la tocó!) Ospina. Si la pelota entra por dos centímetros y hay VAR. O si el VAR le quita cuatro, cinco goles a Suárez y Cavani.

Perú gana si es que no hay eclipse ese día. Gana si los once en cancha están metidos y cumplen sus roles. Más aún, si no faltan Advíncula y Trauco, Abram, Tapia y Yotún, el mejor Guerrero, Carrillo y Cueva. Es decir, gana si podemos alinear el mismo once un partido tras otro, como cuando fuimos a Rusia. Y esa es, sí, una utopía. 

Que López y Callens funcionen no es un descubrimiento, es una casualidad. Hasta que se confirme lo contrario. Lo van a demostrar partido a partido, cuando en uno la hagan bien y en otro ya no tanto. Y para lograr consistencia se necesita rodaje. Lo mismo con Peña siendo un volante confiable o con un Ormeño siendo opción de cambio.

Lo único que parece confirmarse es Lapadula. Y qué buena noticia es esa. Que ese nueve italiano, que corre como trotando, que parece va cojeando por el campo, que ese sea el nuevo guerrero (con minúscula) es hoy una hipótesis que se va validando. Ante Ecuador en Quito hizo la diferencia. Ante Colombia fue pieza clave. Y de nuevo ante Ecuador encontró dos y las convirtió en gol.

Gianluca Lapadula parece destinado a hacer algo grande con esta selección. Y todo se debe a su actitud. Juega bien y el equipo lo entiende. Pero su mayor virtud es la mentalidad. Su cerebro está programado para encontrar espacios, ir al choque, buscar el balón largo, marcar el pase, gambetear, y celebrar los goles como si de una final del mundo se tratara.

Para Perú, un equipo sin recambios, hacer un gol es una epopeya. Y eso Lapadula, tirado de rodillas en el piso en cada celebración, lo siente. A Gareca hoy le toca plantear el ataque peruano alrededor del italiano, como hace cuatro años se hizo con Guerrero. Hay que cuidarlo, seguir acogiéndolo, y darle ese lugar protagonista que él busca. No se me ocurre mejor alimento para un delantero con su estilo que la titularidad, la camiseta 9 y el sistema de juego orientado para él. 

Así y todo, Gareca no tiene recambios, los tiene que crear. Y esa es una de sus virtudes más notables. El argentino ha entendido desde siempre que el fútbol peruano es una cuna de talento inestable y espontánea. Su triunfo es ganar con todo ello, aunque parezcan eventualidades o casualidades. Pero no lo son. Gareca pone a disposición del equipo la mentalidad adecuada. Es una pausa. Es el pensá convertido en un estándar permanente. Y el equipo lo recibe. Con esa docilidad de jugador de liga menor, que para ganar sólo puede cumplir. 

Porque es una utopía pensar que Perú puede ganarle siempre a sus rivales. No se le puede exigir tanto. A un Brasil donde todo los once titulares pelean la Champions League cada año. O una Colombia con jugadores protagonistas en Europa. O la Argentina aún de Messi y Chile con una generación de oro que resiste irse. 

Pero Perú, pierda o gane, su gran motivación es dar pelea y hacerle la vida imposible al rival. Tiene jugadores para eso. Y, sólo si todos juegan bien (y Lapadula) tenemos opción de ganar. 

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Subtanjalla. Ese es el nombre del distrito iqueño en el que 86,3% de su población adulta mayor ha sido vacunado contra la Covid-19 a doble dosis. Solo superado por poco por el distrito de Chachapoyas, en Amazonas. Así lo indica el Repositorio Único Nacional de Información en Salud (Reunis) que, entre otras, lleva la cuenta más esperanzadora a nivel nacional, la de la vacunación contra el coronavirus.

Ica (58,3%) y Tacna (57,3%) son las dos regiones con mayor cobertura de una vacunación completa entre adultos mayores. Le siguen Lima Este (53,6%), Lima provincias (53,6%), y La Libertad (53,4%) .

“¡Vamos bien!” titula optimista un afiche de la región Tacna compartido por Aníbal Novoa, presidente de la Federación Médica de la región, con Sudaca. Y es que sin encontrarse originalmente entre las seis regiones priorizadas, Ica y Tacna han tenido un remonte progresivo a través de puntos de vacunación descentralizados en distintas provincias.

En Ica se ha cumplido estrictamente la recomendación del Minsa de que las personas reciban la segunda dosis en el mismo punto de vacunación en que recibieron la primera. “Es importante recordarle a la población que las dosis que nos envía [el Minsa] es en base a cuántas personas se vacunaron con la primera dosis. […] Si van a diferentes puntos de vacunación, entonces unos van a tener deserción, otros aumentos [de vacunados]. Sería un desequilibrio total. Es [una medida] en aras de la transparencia de la vacunación”, explica la coordinadora de inmunizaciones del Hospital Regional de Ica, Ana Córdova.

Los mejores resultados de la vacunación a adultos mayores en la comparativa nacional. Fuente: Reunis-Minsa

En Trujillo, las personas mayores de 58 años ya están recibiendo su segunda dosis, según ha informado la Gerencia Regional de Salud (Geresa) de La Libertad.

“Desde un principio se ha tenido una buena organización y ha sido una buena decisión descentralizar los puntos de vacunación en una variedad amplia de distritos. Hasta nosotros nos hemos sorprendido, en ese sentido sí hay que felicitarlo”, explica Carlos Valderrama, secretario general de la Federación Médica de Trujillo.

En Iquitos, el primer epicentro local de la pandemia, el avance no se iguala al de Ica, Tacna o La Libertad. Sin embargo, Luis Runciman, decano del Colegio Médico de Loreto, cuenta a Sudaca que el proceso vacunatorio está cumpliendo con el calendario y que son los colegios de la región los que han servido de puntos de encuentro para la inmunización. 

“Hasta el momento hay una buena aceptación de la población, cada vez que hay un anuncio de vacunación las colas se forman adecuadamente, sin desorden”, comenta el médico. Según Reunis, el 26% de los mayores de 60 de la región ha recibido las dos dosis de la vacuna. El porcentaje sube a 34% si consideramos aquellos con solo la primera.

El futuro incierto de la vacunación

A nivel nacional, el 60.9% de los mayores de 60 años ha recibido ya la primera dosis de la vacuna. Es decir, 2.762.167 personas. Y a 38,2% (1.729.835 personas) ya se le aplicaron ambas. 

Pero las cifras totales aún distan de este éxito. Solo el 11,46% de la población peruana ha recibido al menos la primera dosis. Estamos hacia el final de la tabla en Sudamérica, aunque compensa el alivio de ver a los mayores de nuestras familias ya vacunados.

“El gobierno ha contratado 62 millones de vacunas de los diferentes laboratorios”, subrayó el sábado pasado el ministro Óscar Ugarte, y agregó que en julio de este año ya estarán en territorio nacional 11 millones de estas. “Le estamos dejando al otro gobierno 50 millones, lo que es suficiente para vacunar a toda la población mayor de 18 años hasta fin de año”, dijo en la campaña de inicio de vacunación a pacientes oncológicos y VIH positivos.

Un anuncio esperanzador ad portas del cierre del gobierno de transición de Franscisco Sagasti y que representa el primer parteaguas de un proceso vacunatorio que inició de la peor manera, con el indignante caso del “Vacunagate” y la lista de más 400 personas que se habían saltado la cola, entre ellos el expresidente Martín Vizcarra y la entonces ministra de salud Pilar Mazzetti.

La antítesis es quizá esta prioridad reciente para aquellas personas que hacen frente a enfermedades tan difíciles como el cáncer y el Sida. Para ellos, el proceso vacunatorio se hará principalmente en los centros donde llevan regularmente su tratamiento. Esto porque resulta necesario el conocimiento de su médico tratante para definir si es el momento apropiado para que su cuerpo reciba la vacuna. 

Al 17 de junio, la tabla de posiciones de la vacunación contra la Covid-19 en Sudamérica. Fuente: Our World in Data.

Hace más de dos meses arrancó la nueva estrategia territorial del Minsa y con ello intentó mejorarse la efectividad del proceso vacunatorio que tuvo inconsistencias en el padrón utilizado para la primera etapa liderada por EsSalud en Lima, como reportó Sudaca. Antes, incluso, también hubo fallas más serias en el padrón del personal médico. 

“Le remití una carta a la exministra de Salud, Pilar Mazzeti, manifestándole nuestra preocupación por los fallos detectados. En ese momento, el principal problema era las inconsistencias detectadas en el padrón [del personal médico]”, dice a Sudaca Luis Robas, jefe de megaproyectos de la Contraloría General de la República.

Robas recordó otros dos puntos débiles del inicio: la falta de conocimiento de los protocolos de vacunación a cabalidad por el personal a cargo en las regiones y los problemas en la plataforma electrónica que el Ministerio de Salud había implementado para que el personal pueda registrar la información y llevar la cuenta de quién fue vacunado y quién no. 

Para el jefe de megaproyectos de la Contraloría, el gran problema sigue siendo la disponibilidad de vacunas. “Si bien es cierto que ya se ha anunciado los contratos por más de 60 millones de vacunas, lo cual alcanzaría para vacunar a toda la población peruana, no es que las 60 millones ya estén presentes en el territorio nacional y podamos hacer como otros países desarrollados que comienzan a vacunar en farmacias, en clínicas, hasta en lugares públicos, como centros comerciales, donde ya es cuestión de cada persona decidir cuándo va a vacunarse o no”, apunta. 

“Todavía nosotros tenemos una limitación, una restricción de la disponibilidad de vacunas, y la demanda es tan grande que las personas podrían querer saltarse la cola para acceder al tema de la vacuna”, agrega.

Según Reunis, el 76% de las vacunas colocadas a nivel nacional han sido de la marca Pfizer-BioNTech. Fue a finales de abril último que Ugur Sahin, cofundador de la empresa alemana BioNTech, anunció que una dosis adicional sería necesaria para el nivel de protección que ofrece la vacuna y sostuvo que debería ser administrada entre 9 y 12 meses después de la primera dosis. La tarea de lograr asegurar una tercera dosis para todos los peruanos parece aún lejana.

Fotocomposición de portada por Leyla López. Fotos: Minsa.

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Lapadula llega tarde. Siempre. Tiene 31 años. Cuando acabe la eliminatoria, tendrá 32. Debutó con Perú a los 30. Jugó su primer partido en la Serie A a los 26. Incluso, su debút en primera fue a los 23 años, en Eslovenia. Llega tarde siempre. Ayer en Quito, sin embargo, entró al estadio como si fuera el primer partido de su vida, como si ser el último en la tabla fuera un pretexto para ser el mejor. 

Lapadula corrió como si de eso dependiera su éxito o fracaso. Corrió a 2.800 metros de altura, una condición en la que estaba por primera vez en su vida. Corrió igual, aunque las piernas no respondieran, el aire fuera casi nulo y la boca no pudiera reconocer humedad alguna. Y no se quejó ante la situación. 

Lapadula entró a jugar una final, con un equipo colero, con un punto de quince posibles, tres derrotas seguidas con cero goles a favor y siete goles en contra, y contra un rival duro de vencer en su cancha. Eso dificilmente signifique motivación suficiente para jugarse la vida. Pero Lapadula ha añadido un nombre más a la garra, a la pasión y al sí se puede: “un nuevo comienzo”. 

En el banco de suplentes, Ruidiaz observa a Lapadula mientras celebra los goles de Perú. La ‘Pulga’ no es más que la segunda opción. Ya es hora de decirlo. Lo fue desde mediados del 2016, cuando reemplazó a Pizarro en aquel partido con Venezuela donde perdíamos 0-2 en Lima. Ruidíaz entró, hizo una asistencia para el 1-2 y sobre la hora puso la cabeza en el área chica y decretó el empate. Le salvó el cargo a Gareca, a su equipo de una desgracia histórica y a los peruanos de la desilusión de otra eliminación temprana. 

Han pasado cinco años y 38 partidos en los que Ruidíaz ha empezado de titular o ha entrado desde el banco, siendo la segunda alternativa peruana. Pero solo logró meter tres asistencia más y tres goles, dos en amistosos.

Su sequía goleadora tiene varias explicaciones. El destino final de todo ataque del Perú de Gareca es buscar la oportunidad con un único punta que pelea arriba, recibe de espaldas, gira, jala la marca, descarga, retrocede, presiona. Raúl no es ese delantero. Su mejor versión es recibir con opción de mirar el arco, algunos segundos para llevar la pelota pegada al pie y espacio para colocar. Es rápido y movedizo, pero pierde en el uno contra uno al choque. Tiene definición, tiro de media distancia y encuentra espacios cuando hay confusión. Es oportunista. Pero no un luchador, está lejos de ser el todoterreno que se necesita. 

El temor de quedarnos sin Guerrero pronto es ya una realidad. Contra Colombia, el capitán jugó 30 minutos, aunque estuvo en la cancha todo el partido. Llegó apenas recuperado de una lesión, falto de fútbol y propenso a sentirse de nuevo. A punto de cumplir 38 años, en Brasil dicen que buscará un nuevo club para el 2022. El Inter de Porto Alegre funciona bien sin su estrella, que aún seguro vende algunas camisetas. Pero Guerrero ya no “shegó”, sino que está por irse. 

Y ha quedado claro que Ruidíaz no es su reemplazo. Es una pena, porque es de esos delanteros notables que salen del Perú muy de vez en cuando y encuentran cómo romperla en alguna parte del mundo. Como Maestri en Chile o Mendoza en Bélgica. Raúl lleva 4 años entre México y Estados Unidos, donde ha jugado 150 partidos y ha metido más de 70 goles. Ha sido campeón, goleador de la liga, jugador del año y muchas veces figura del partido. Pero no se adapta a la propuesta de juego del Tigre con la bicolor. 

Hoy, en cambio, miramos al banco y tenemos un nueve más. Lapadula se hizo esperar, lo respetaron y ahora ya tiene cuatro partidos con la selección y dos asistencias. Pelea codo a codo con el defensa rival que en Eliminatorias te marca al cuerpo con patadas y codazos, sabe voltear, girar, pelear cuerpo a cuerpo, retroceder la pelota, encontrar espacios para pegarle. 

Lapadula ha demostrado cualidades incluso mejores. Tiene carisma, se adapta rápidamente, se hace amigo de todos y pone huevos. También va a todas. Tiene ganas de jugar. No regala el partido, presiona alto, busca la dividida, pide perdón cuando no llega, guapea a los compañeros en un esforzado español y va fuerte al choque para intimidar al rival. 

Lapadula tiene los mismos 31 años que Ruidiaz. Ha jugado cinco temporadas recientes en la Serie A y ha metido 37 goles. A decir verdad, no es una figura boyante del fútbol italiano. Lo que lo lleva a ser la mejor opción en el ataque nacional no son precisamente sus laureles en tierras europeas o sus habilidades en el juego. Lapadula tiene hambre. Hambre de gol, de ganar y de triunfar. Parece que entra a la cancha sabiendo que sus años en el fútbol no son infinitos y que ser titular de una selección que pelea la clasificación al Mundial es un bonus para seguir vigente en su carrera en Europa. Ha llegado a pelear el puesto en cada entrenamiento y partido, y a ganárselo. 

Esa misma actitud no la tiene Ruidiaz. A él parece que le sienta bien ser un personaje secundario y está resignado a que el equipo no se adapte a lo que él necesita. Sobre todo cuando hay que salir a buscar el partido ante defensores sudamericanos duros, que no van a dar una pelota por perdida y donde hay que ganarles la posición. Parece entrar a la cancha sabiendo que su carrera en Norteamérica va a seguir vigente triunfando o no en la selección.

Si Lapadula está, tiene que jugar. Que Gareca y el comando técnico busquen otra formación para incluirlo junto a Guerrero, hasta que este le deje el puesto. Aunque se le ha ganado a Ecuador, Perú sigue en el fondo y es momento de reinventarse para no regalar la eliminatoria. Cada partido merece una táctica nueva. La tabla ya no importa, es partido a partido. Como en los viejos tiempos. Esos de la adversidad, que Lapadula parece entender bien.  Tiene 31 años, le quedan pocos en el fútbol. Pero sí, cada vez que juega, parece que fuera su primer y último partido. 

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Por la mañana, en la plaza de armas del distrito de Tacabamba (provincia de Chota, Cajamarca), las canciones al ritmo de huayno y cumbia salen disparadas desde un parlante ubicado en el balcón de una antigua casona. En medio de las melodías, se escuchan las frases de campaña: “Este 6 de junio, marca el lápiz. No más pobres en un país rico”.

Sudaca llegó el pasado miércoles a este distrito, lugar de nacimiento de Pedro Castillo y donde el pasado 11 de abril arrasó en las urnas. Según los resultados electorales de la ONPE, en la primera vuelta, el 79,51% de los electores tacabambinos votó a favor del candidato del lápiz; es decir, 7.338 personas de las 12.560 habilitadas. Su contendora de segunda vuelta, Keiko Fujimori, obtuvo el cuarto lugar con el 2.32%, o sea solo 137 votos.

El profesor Jorge Bocanegra conoce al candidato presidencial y a su esposa, Lilia Paredes, hace más de 30 años, cuando ambos estudiaban pedagogía en el instituto ‘Octavio Matta Contreras’, situado en el distrito también cajamarquino de Cutervo. Bocanegra cuenta que, tras conocer la decisión de su colega de candidatear a la Presidencia de la República, en octubre del año pasado, un grupo de docentes decidió realizar aportes económicos para su campaña. Señala que hubo profesores que mensualmente han hecho colaboraciones de entre S/50 y S/100. En Tacabamba, una amiga de ellos ha puesto su casa para que funcione como local del partido. 

“El profesor Castillo ha trabajado en escuelitas muy alejadas. Y, finalmente, ha llegado a ser profesor en Puña [una localidad del distrito de Tacabamba], la tierra donde ha nacido. Qué oportunidad y qué orgullo que, como hijo de esa comunidad y como niño que esa comunidad ha visto crecer, llegue allí [a la Presidencia] como profesor, como docente al servicio de la niñez”, dice Bocanegra emocionado.

El profesor Luis Arturo Díaz es otro viejo amigo de Pedro Castillo. Dice a Sudaca que se conocieron en los años 90, cuando ambos trabajaban en la escuela N°10449 ‘Genoveva Díaz Loayza’, donde el candidato presidencial fue entrenador de la selección de fútbol y vóley de los estudiantes de primaria.

 

 

Equipos de futbol de Pedro Castillo
El profesor Pedro Castillo aparece junto al excapitán de la selección de fútbol, Roberto “El Chorri” Palacios, vistiendo la camiseta de la selección de fútbol de Tacabamba. Fue en el 2017. En la foto de abajo, un recuerdo de cuando fue entrenador del equipo de vóley de la escuela N° 10449 ‘Genoveva Díaz’, también de ese distrito. Las fotografías son del profesor Luis Arturo Díaz, quien aparece en las mismas imágenes.

Díaz aparece junto al candidato presidencial en una fotografía tomada el 12 de septiembre de 2017, durante un partido de fútbol en el que enfrentaron los equipos de profesores de Tacabamba y sus pares de Anguía, un distrito vecino donde tiene su residencia Castillo. “Aquella vez, Pedro jugó de delantero y metió un gol”, recuerda Díaz. El resultado terminó en empate, 3 a 3, y el invitado especial al encuentro fue el excapitán de nuestra selección de fútbol, Roberto “El Chorri” Palacios, quien anotó dos veces.

El partido de confraternidad se realizó una semana después de haber acabado la huelga magisterial, desarrollada a nivel nacional y liderada por el profesor Pedro Castillo entre junio y la primera semana de septiembre de 2017. Luego de paralizar al sector educación, los huelguistas consiguieron que el piso del salario mensual del magisterio se incremente a S/2.000 (ahora es de S/2400).

La mañana del jueves nos dirigimos a Chugur, en el distrito de Anguía. Según el censo de población del año 2018 del INEI, es uno de los 20 distritos más pobres del país. Allí tiene su casa Pedro Castillo. Al frente del inmueble, hay una sede de la evangélica ‘Iglesia del Nazareno’ y en el mismo frontis de su vivienda, un lema en inglés: “Jehova is my shepherd (Jehová es mi pastor)”.

Raúl Oblitas -hijo de Lelis, la hermana de su esposa- cuenta que a su tío lo mueve una fe inquebrantable que proviene de su adhesión a esta iglesia. En el desayuno electoral del pasado 11 de abril, esta quedó evidenciada ante las cámaras de televisión, cuando junto a su esposa y a sus tres hijos se tomaron de las manos y realizaron una oración.

 El sobrino de Pedro Castillo, Raúl Oblitas, aparece en el patio de la casa de su tío, en la localidad de Chugur. Se puede ver la frase: “Jehová es mi pastor” (fotos: Juan Carlos Chamorro)

 

“La iglesia tiene un promedio entre 40 y 50 años [de fundación]. Hay templos en todo el país. El profesor Castillo llega [a la iglesia] por medio de su esposa. Mi mamá ha sido profesora aquí [se refiere a que ha sido instructora del evangelio]. Su hermana, también, como asistente. Sus hijos [del profesor] se han criado acá. Es un tema de formación personal”, señala Raúl, que estudia ingeniería civil. Si bien no es militante de Perú Libre, en algunas ocasiones ha acompañado a su tío a Chota durante la campaña electoral. 

 

Iglesia del Nazareno-Chugur
La ‘Iglesia del Nazareno’ de Chugur se levanta frente a la casa del candidato de Perú Libre (foto: Juan C. Chamorro).

Los preparativos en Tacabamba

Pasan las horas y varias personas que se alejaron de Tacabamba, principalmente por trabajo, van retornando a este distrito para emitir su voto. Es el caso de Geiser Olivera, quien se dedica a la venta de caballos y toros. “Voy a votar por Pedro Castillo, porque es un líder humanista y porque, además, es campesino”, apunta.

 

Los distritos de Tacabamba y Chota están separados por solo una hora y media de distancia (infografía: Leyla López).

 

La tarde del jueves, un nutrido grupo de profesores y amigos del candidato presidencial, entre los que está Jorge Bocanegra, se reúne en la base de campaña del partido del lápiz. Alistan los últimos detalles para recibir los resultados electorales del domingo. Aún no está confirmado si el profesor Castillo retornará hoy, viernes, o mañana a Cajamarca, luego de su cierre de campaña en la capital.

Cuando Castillo retorne, se detendrá en Tacabamba, donde recibirá los resultados electorales. La mayoría de los docentes de este distrito estuvo con el candidato presidencial de Perú Libre el pasado 11 de abril en el local de campaña ubicado a tres cuadras de la plaza de armas, esperando los resultados de la primera vuelta, en la que obtuvo el primer lugar y su pase a la instancia final junto a Keiko Fujimori.

 

La plaza de armas de Tacabamba será el escenario de la celebración en caso el profesor Castillo gane las elecciones este domingo (fotos: Juan C. Chamorro).

 

El sobrino del profesor Castillo, Raúl Oblitas, confirma a Sudaca que, a las siete de la mañana, según la agenda programada, el profesor Castillo tomará el desayuno junto a su familia y la prensa. El menú estará compuesto por una clásica sopa verde y tamales. Después, acompañará a su esposa Lilia Paredes a votar al colegio ‘Arturo Osores Carrera’, en el distrito de Anguía. Antes del mediodía, emitirá su voto en el colegio N° 10446 ‘Salomón Díaz’ de Tacabamba. Y, por la tarde, esperará los resultados en el local de campaña de este distrito.

“Hay un apoyo decidido [de los profesores]. Estamos hartos de la corrupción. Todo se ha centralizado en Lima. El profesor [Pedro Castillo] va a ser el Presidente y esperemos que gobierne para el pueblo” asegura el profesor Almansor García Delgado, que conoce al candidato presidencial hace más de 15 años, cuando ambos trabajaban en la escuela N° 10475 de Chugur. Mientras, sus colegas cargan una pancarta que será colgada en la entrada del distrito: “Pedro Castillo, Presidente del Perú, con justicia y con verdad”.

 

La base principal de campaña de Perú Libre de Tacabamba está ubicada a dos cuadras de la plaza de armas (foto: Juan C. Chamorro)

 

(*) Foto de portada: Juan Carlos Chamorro

Los profesores y colegas de Pedro Castillo, Almansor García Delgado, Óscar Guevara, Wilson Carranza, Juan Chamaya, Jorge Bocanegra y Tomás Gálvez, aparecen en el local de campaña de Perú Libre de Tacabamba. Allí, el candidato presidencial recibirá los resultados del domingo 6 de junio.

 

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En caso de ganar Castillo su gobierno estará signado por la zozobra política, lo que sumado a su pasmosa improvisación (no tiene idea de cómo funciona el Estado), asegura un periodo de inestabilidad y mediocridad gubernativa.

En el escenario de que Castillo llegue al poder y se modere, y decida gobernar con los cuadros técnicos de Juntos por el Perú, podría ampliar su capacidad de convocatoria a partidos como Alianza para el Progreso, Morados, Somos Perú, Acción Popular, pero perderá de sus 37 congresistas a 22 cerronistas que no aceptarán esa moderación. En el mejor de los casos, Castillo logrará 55 congresistas, evitaría que lo vaquen de arranque, pero se despediría de la Asamblea Constituyente y de toda reforma importante.

Lo más probable en ese escenario es que las huestes radicales desengañadas por ese giro castillista, se dediquen a desestabilizarlo desde las calles y bajo ese escenario de presión social -por la decepción popular producida por las enormes sobreexpectativas que existen alrededor de Castillo-, lo más probable que la frágil coalición congresal que lo ampararía termine por disolverse y se conduciría así en una situación de absoluta orfandad y precariedad.

En el otro escenario, el más probable, que mantenga en ristre su agenda radical, sólo sumaría 42 congresistas -menos que en el escenario moderado- sumando solo los 37 propios más los cinco de Juntos por el Perú. Si con esa debilidad política se decide a romper fuegos constitucionales yendo hacia una convocatoria de facto de un referéndum y que lleve a una Asamblea Constituyente, o si busca disolver el Congreso, estará inerme frente a la posibilidad de ser vacado en el cargo.

Y si mediante la presión popular, quizás aupada por medidas efectistas de corto plazo, logra atarantar al Congreso e intenta llevarnos a la deriva inconstitucional, es altamente probable que ocurra una interrupción militar del proceso, de sectores castrenses a quienes no podría cooptar en el intento de llevarnos a la margen chavista o nicaraguense.

Castillo no solo asegura un desastre económico. También nos garantiza un caos político, signado por un autoritarismo creciente y manotazos de ahogado para tratar de resolver una crisis que desborda sus posibilidades de solución.

A ese empeño sería suicida sumarse. Allá con su conciencia la izquierda más moderna y progresista que ha decidido soslayar mínimas aprehensiones políticas y éticas (el silencio sepulcral sobre las barbaridades misóginas y transfóbicas que ha expresado el candidato hace pocas horas, es de espanto) para sumarse a un proyecto que llevaría al país al desastre seguro.

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Este domingo los peruanos nos enfrentamos a nuestro destino. En una elección imposible entre dos alternativas igualmente mediocres, reaccionarias, autoritarias y sin ningún proyecto de país que sea capaz de integrar la sociedad multiforme que somos. La constatación real a la que nos enfrentamos es que no hemos sido capaces de asimilar el cambio social que se ha producido en el Perú y que José Matos Mar describió como un desborde popular. Por eso, luego de este domingo, sea cual fuere el resultado electoral, nos espera un desastre: enfrentamiento, violencia, un país fracturado que marcha a la puerta del horno donde todos los panes se queman.

Quienes piensan que esta elección es un enfrentamiento de pobres contra ricos, provincianos contra limeños o defensores del modelo contra los que quieren un cambio, fallan en su diagnóstico, pues no son capaces de ver más allá de la coyuntura. Lo que tenemos hoy es que la institucionalidad, siempre en manos de la élite dominante, ha sido absolutamente incapaz de mirar más allá de sus narices y se ha conformado con la utilización del poder estatal para sus propios beneficios particulares, por lo que ha sido completamente desbordada por las expectativas de igualación social que han tomado una ruta diferente a la de la legalidad y la institucionalidad.

Por ello, es que el discurso de salvar la democracia no hace eco en quienes siempre han sentido la institucionalidad democrática como algo ajeno, lejano, extraño. Precisamente de este mismo sentimiento se valió Alberto Fujimori hace 30 años para propinar el autogolpe de estado cuyas consecuencias más nefastas hoy vivimos. Es cierto que estamos en el período democrático más largo de nuestra historia y que nos ha costado mucho defenderlo y mantenerlo, pero hemos sido incapaces de hacer que los beneficios de ésta lleguen a todos y sabemos bien que sin igualdad no puede haber democracia.

Ya hemos dicho que el 11 de abril triunfó el voto de la desesperanza. El mensaje del elector peruano, al ponernos ante estas dos alternativas igualmente nefastas, ha sido que para una amplia mayoría la democracia no ha podido cumplir con sus reivindicaciones de igualdad. Por ello, han tomado el camino del autoritarismo ya sea de izquierda o de derecha. No olvidemos que el fujimorismo representa a un sector popular autoritario y basado en el clientelaje y que Castillo encarna la rabia de un pueblo por siglos olvidado que desprecia la democracia porque para ellos representa el poder de los señores de siempre. Por eso, en medio de la peor peste de nuestra historia republicana y a doscientos años de la independencia el mensaje mayoritario es que vivimos en una república fallida que debe desaparecer junto con el viejo orden. El mensaje ha sido el de una desesperanza tanática.

El peligro que enfrentamos es muy grande pues el lunes tendremos un país partido por la mitad que no dará espacio para la gobernabilidad. Esperemos que ambos candidatos tengan, al menos, el gesto democrático de aceptar los resultados, pues de uno y otro lado ya se oyen voces que llaman a la violencia y agudizar el enfrentamiento. Los medios de comunicación deben ser muy prudentes al momento de mostrar los resultados preliminares, pues si la diferencia entre uno y otro al momento de dar la boca de urna no pasa del margen de error, lo mejor sería esperar a los resultados oficiales para evitar lo que se puede convertir en un grave conflicto que tal vez ya no se pueda controlar.

Lo cierto es que más allá de quien gane nos toca a todos los peruanos plantearnos una reflexión profunda acerca del tipo de sociedad que queremos. Es evidente que ninguno de los que vaya a gobernar podrá hacerlo, pues cada uno representa sólo a la mitad del país que defiende, ninguno tiene una mirada integradora. Somos una sociedad plural que requiere cambios profundos, por eso, se hace imprescindible un nuevo pacto social que se cristalice en una nueva constitución que nos dé el marco de una nueva institucionalidad que responda al tipo de sociedad de todos los rostros, todas las sangres y todas las voces en la que hemos devenido. Esto no representa el triunfo de alguna de las opciones en contienda, sino que refleja la posibilidad de arribar a una convivencia más igualitaria.

Las de hoy no son las reivindicaciones de hace 50 años. Hoy el peruano es otro, uno que quiere ser incorporado a los beneficios de una vida signada por la posibilidad del desarrollo que el mercado puede otorgarle. La figura del emprendedor, que es la gran mayoría del país, es una muestra de aquel que ha tenido que ir por cauces diferentes a los de la legalidad para poder acceder a un nivel de vida que no está reñido con la modernidad. Los peruanos hemos puesto en la práctica un capitalismo popular que ningún partido político ha sido capaz de recoger y colocar como programa.

Si el que gane el domingo no es capaz de comprender el cambio que ha sufrido la sociedad en la que el peruano no quiere un estado totalitario que todo lo regule, porque sabe que todo lo hace mal, pero, tampoco quiere un estado indiferente que le dé la espalda en momentos de desesperación como el que vivimos; entonces, nos tendremos que preparar para aquello que Dante leyó a las puertas del infierno: “¡Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!”; y más aún, para lo que su maestro le dijo que estas palabras significaban: “Conviene abandonar aquí todo temor; conviene que aquí termine toda cobardía. Hemos llegado al lugar donde te he dicho que verías a la dolorida gente, que ha perdido el bien de la inteligencia.”

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Democracia, Elecciones 2021, Perú

Que la corrupción siempre ha existido en el Perú, eso es indiscutible. Un país que desde la colonia siempre ha vivido del extractivismo y la exportación, ha tenido que aprender de buena o mala manera a lo largo de sus dos siglos de república, a combatirla y rebajarla lo que fuera posible. Sin duda, si las prácticas de abuso y corrupción como las del siglo XIX (cuando antes y después de la guerra del Pacífico un puñado de familias peruanas y extranjeras se repartió tierras, ganado y minas con todo y población para enriquecer sus bolsillos) siguieran vigentes hoy en día, seríamos un serio motivo de preocupación internacional. Sin embargo, aunque los criterios éticos mundiales contemporáneos de buen gobierno y nuestra dolorosa lucha interna por los derechos humanos se han encargado de ir cerrando el paso a los descalabros de angurria política que busca regresar a aquellos tiempos de leyes con apellidos, las actuales cabezas de redes de clientelaje regional, agroexportación, minería, y narcotráfico han encontrado una vía inesperada que nos ha resultado terriblemente amenazante: han descubierto que pueden perpetuarse en el Congreso y en el Poder Judicial mediante una simple reforma constitucional que les permita perpetuarse en su curul.

 

Esa potestad que tenían los congresistas de poder reelegirse indefinidamente gracias a la Constitución de 1993, las peruanas y los peruanos la habíamos logrado eliminar con el referéndum del año 2018. Como en el referéndum también se planteó la bicameralidad, quisieron los congresistas dárselas de criollos y utilizar esta otra reforma solicitada como un recurso para que el Poder Ejecutivo no pudiera disolver el Congreso tras haber negado la confianza a dos gabinetes ministeriales. Su jugarreta consistió en poner en el proyecto que, si tanto la cámara de Senado como la de Diputados se oponía a esta decisión, esta orden de disolver quedaba anulada. ¡Así de simple! No nos quedó más remedio que tener que abandonar la bicameralidad para que no la utilizaran a su favor. Pero no les dimos el gusto.

 

Ahora bien, sin rendirse, y sacando provecho de la circunstancia electoral presidencial que en estas últimas semanas ha copado nuestra preocupación, y escondiéndose detrás de la campaña acordada por los propietarios de los principales medios de comunicación para no hablar de otra cosa que no sea la que provoque el miedo al comunismo, la mayoría del Congreso, de manera aún más burda, nuevamente ha conseguido cómo cambiar la Constitución para recuperar su posibilidad de reelegirse. Incansables, sabiendo estos congresistas que con una sola legislatura ya no podían modificar nada, porque los cambios a la Constitución solo pueden darse si consiguen la votación favorable en dos legislaturas ordinarias consecutivas o la aprobación en una legislatura y la ratificación en un referéndum, de pronto, de manera tan sorprendente como desconcertante, ¡aprobaron dividir la última legislatura en dos! Aunque usted no lo crea, como en un truco de sombrero o en un momento irónico de Lewis Carroll, consiguieron las dos legislaturas necesarias. El plazo entre la primera y la segunda, la que permite discutir sus propuestas de reformas antes de que cesen sus funciones, durará solo un mes. Un mes tendrán para aprobar la bicameralidad, de tal manera que pasar del cargo de senador a diputado y viceversa, elimine el impedimento para conseguir la reelección indefinida perfecta.

 

Como bien les señaló la presidenta del Congreso, Mirtha Vásquez, puede que sea legal, pero indudablemente, no haberse inventado la posibilidad de crear una legislatura de esa manera no puede ser legítima. De decretarse esta reelección, los congresistas de las 10 bancadas del parlamento que entrará en funciones el 28 de junio (6 de las cuales están vinculadas a Fuerza Popular y otras agrupaciones con congresistas investigados por corrupción) podrán reelegirse una y otra y otra vez. Lo ha leído correctamente. Y si además, usted no vota por la candidata de Fuerza Popular para la presidencia de la República (ya se lo deben haber dicho por la televisión o la radio). perderá su canon familiar y se hundirá en la peor miseria comunista.

 

¿Hasta dónde podrán llegar los engaños y cortinas de humo de las cabezas de las redes de corrupción nacional? Quizá ya deberíamos ser un serio motivo de preocupación internacional.

 

1 de junio de 2021

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Congreso, corrupción, Perú

Esa es la cifra hasta el 22 de mayo, ya oficial y actualizada, del número de fallecidos por covid en el Perú desde el inicio de la pandemia. Un número de espanto que nos convierte en el país con el mayor número de muertos per capita de acuerdo a su población, del mundo.

Mucho de responsabilidad en los gobiernos, sin duda. La mediocridad e indolencia lindante con la corrupción de Vizcarra para la compra de vacunas y la provisión de oxígeno y camas UCI, y la tardía reacción de Sagasti ante la segunda ola (él mismo ha reconocido que los tomó por sorpresa), explican en cierta medida el desastre.

Pero lo que más debería llamar a reflexión es que ese resultado lo que pone en evidencia es el fracaso del Estado peruano, en este caso con el tema de la salud pública, pero la misma situación la veríamos sin nos referimos a otros dos aspectos esenciales del sector público, como son la educación y la seguridad interna.

Y no es sólo ineficiencia o corrupción, lo que explica el desastre. Es verdad que el sector público es un paquidermo que no funciona si no es a las patadas y si no hay funcionarios públicos que se juegan el pellejo judicial haciendo que algunas cosas funcionen nada se mueve, y es cierto también que la corrupción campea en todo el aparato estatal haciendo que la poca inversión pública existente termine en bolsillos privados y no en los beneficiarios finales, como debiera ser.

También es preciso construir un nuevo Estado, de hecho no sólo más eficiente y menos corrupto, sino más grande. Suena a tirar los evangelios liberales por los suelos y seguramente escandalizará a algunos fundamentalistas ingenuos, pero el Perú necesita un Estado más grande. Somos el país con menor tasa de presupuesto público respecto del PBI de la región, y ya nuestra región es una de las que peores índices muestra al respecto en comparación al resto del planeta.

El Estado debe invertir y gastar más en esos tres aspectos esenciales: salud y educación públicas y seguridad interna. Es la única manera de construir un Estado equitativo e inclusive, que haga que la ciudadanía no voltee irritada cada cinco años a buscar un candidato antisistema que ofrezca patear el tablero, como sucede ahora con Castillo y seguramente el 2026 con Antauro Humala si no se hace nada al respecto.

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Muertes por covid, Perú, Salud pública
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