Pedro Francke

¿Con la designación de Pedro Francke como ministro de Economía, se calmará el mercado?

Sí, ayuda. Pero ya no es lo mismo. Una cosa es el discurso que dieron durante la segunda vuelta calmando a los mercados hasta el 28 de julio. Pero la jarra se rajó el 29 con la designación de [Guido] Bellido [en la PCM] y con todo el gabinete ahí, sin Fancke. Este gabinete es de una amplia coalición de izquierda. Son mandos partidarios con poco conocimiento de la gestión pública y con Bellido a la cabeza, es una mala señal. Siendo positivo el ingreso de Francke, ya no vuelves al día anterior: Estabas en un desnivel, con el beneficio de la duda. Luego te fuiste al diablo y ahora estas volviendo. Bien difícil calmar las cosas. Ahora, más que el discurso hay que ver los hechos.

El jueves, tras la juramentación del Gabinete Bellido, el dólar se disparó (superó los cuatro soles); la bolsa se desplomó, cayeron los bonos. ¿El efecto Francke debe tener un primer impacto positivo en las siguientes horas?

El dólar, la bolsa, el riesgo país son indicadores de alta frecuencia. Se han deteriorado fuertemente el viernes. Me imagino que el lunes será mucho más leve, ese es el efecto Francke. Pero ya el martes es otra historia. Ahí veremos las políticas de más largo aliento. Mi temor es que a partir del martes se verá una tensión fuerte entre un sector de izquierda democrática, donde está Francke; y otra de izquierda más totalitaria. Entonces ese equilibrio será difícil.

Con la puesta de Bellido en la PCM y un Congreso que ya habla de vacar al presidente Castillo… ¿Vivimos a la deriva institucional?

El Perú está en una deriva institucional. El solo hecho de que ya se hable del cierre del Congreso o de una vacancia, no es lo normal. Lo normal es que los presidentes duren cinco años. En el Perú hemos tenido dos Congresos y cuatro presidentes; y una decena de premieres. Y eso no ha cambiado. Se ha normalizado estar al garete. Uno espera que haya cambiado ahora pero no está ocurriendo. Esa es una deriva institucional, que en la práctica significa un estancamiento económico. Es algo que no ocurría en el Perú hace 20 años. Perú no se estancaba, Perú mejoraba. Y eso está en juego ahora.

¿Cree que Castillo está leyendo mal al país?

Está leyendo mal al país. Piensa que está en un país como Bolivia. Está anclado en los años setenta o sesentas. Tiene un mensaje reivindicativo, pero ya Perú no está sobre ese nivel. Perú ya ha avanzado mucho en democratización, en economía de mercado. Va por muy mal camino y parte de ese diagnóstico que él tiene es haber nombrado a este premier; y eso los agentes económicos se dan cuenta.

¿Estas malas señales cómo impactan en la economía del ciudadano?

Las personas que votaron por él esperando un cambio, pues ese cambio no llegará. Porque sin crecimiento económico, sin recursos fiscales no hay manera de incrementar el gasto público per cápita en salud o educación. La otra parte del Perú que no votó por Castillo, por temor, pues sus temores se han visto justificados. Y está habiendo una caída fuerte de las expectativas. Nadie está ganando con esto, por lo tanto, todo el Perú va a perder. Eso es en la práctica lo que pasará.

La Asamblea Constituyente fue otra parte del discurso que erizó a muchos sectores…

Las reformas hay que hacerlas cuando sabes qué quieres. Qué está mal y qué quieres cambiar. No es cambiar por cambiar. Acá tienes dos partes: la parte institucional que no está funcionando bien. Hay que afinar el tema de la vacancia [presidencial] o la [cuestión de] confianza. Todo ese tema está funcionando mal y hay que cambiarlo.

En la parte económica yo creo que la Constitución peruana es de última generación. Permite el funcionamiento del sector privado, la economía de mercado produce riqueza y que el Estado cobre impuestos y gastar. Y lo hace. Bajo la Constitución vigente puedes tú gastar en educación, salud, justicia, vivienda, internet, alimentación. ¿Por qué vas a cambiar algo que está funcionando? Lo que no está funcionando es la gestión. Hay que cambiar al chofer, no al auto.

El primer trimestre del año tuvimos un crecimiento económico muy similar al del mismo periodo en el 2019. Había expectativas de crecer en el 2021, un 10%. ¿Seguimos optimistas?

Como estamos en agosto, han pasado siete meses y la economía se ha recuperado fuertemente. Ya se está por encima del año 2020 y a niveles parecidos al 2019. Pero estamos en agosto. Todavía faltan cinco meses.

Los siguientes meses serán más difíciles, más duros, más recesivos, por lo tanto, el año se complica. Está en juego el segundo semestre, particularmente el último trimestre. Ahí sí se verá el deterioro de la cosa política. La inversión privada sí podría ser negativa y con ello la creación de empleo se puede moderar.

¿Se plantea que el Banco de la Nación compita con el sistema financiera privado? ¿Eso es posible o va en contra del rol subsidiario del Estado?

Primero que el Estado peruano no está para competir con los privados y quitarle mercado. Esta para regular y que los precios sean razonables. El Estado está para cobrar impuestos y gastarlos bien en la gente: en educación, salud, justicia, sin duda. El trabajo central del Estado es igualar las oportunidades. No está para competir ¿competir con las financieras? ¿con las cajas municipales o rurales? Porque con los bancos no podrá competir, pues son más sofisticados, tienen posibilidad de apalancamiento, tienen un análisis más fino. El Banco de la Nación no está preparado para eso. Si vas a competir vas a barrer con todas las microfinancieras.

Se anunció apoyos financieros de 700 soles a familias vulnerables, ampliación de periodos de gracia y facilitar la reprogramación de deudas a las MYPES. ¿Cómo analiza esas propuestas?

Los bonos son correctos en medio de la pandemia, en medio de la cuarentena porque estás obligando a la gente a no trabajar. El Gobierno de Vizcarra dio dos bonos, mal hechos y tarde. Pero los dio. Sagasti dio otro bono, tarde también. Pero este cuarto bono que daría Castillo ya no se justifica porque no estamos en cuarentena, la gente está trabajando. Solamente en cuarentena se justifica el bono para que contrarrestes tu falta de trabajo. En este caso es un regalo para ganar popularidad.

Sobre las mypes. Las que tienen viabilidad ya están captadas por los bancos, por las financieras o las cajas municipales o rurales. Las que no son viables, las informales, justamente, son tan riesgosas que nadie les da plata. Entonces, si tú quieres meter al Estado ahí, al medio, vas a financiar, subsidiado con plata de los peruanos, a esas empresas que hoy ya acceden. No veo porque subsidiarlas por el hecho de ser mypes. El subsidio está para la familia no para la compañía. Subsidiar a la compañía es darle utilidad al dueño a costa de nosotros.

Usted es miembro del directorio del BCR, ¿continuará en el cargo al igual que Julio Velarde al frente de la Institución?

El BCR es gobernado por su directorio. Tres son nombrados por el Ejecutivo, los otros tres los nombra el Congreso. El presidente es propuesto por el Ejecutivo y ratificado por el Congreso. Entonces, vamos a ver a quién propone Castillo. Eso es lo que pasaría en los próximos días.

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Economista, Elmer Cuba, Pedro Castillo, Pedro Francke

Bienvenida la designación de Pedro Francke como titular de Economía y Finanzas. Le otorga una perspectiva de moderación al programa económico que, sin duda, tranquilizará a los mercados y permitirá confiar en que el gobierno transite una ruta de sensatez por lo menos en el corto plazo.

Pero lamentablemente para el gobierno, la presencia de Francke, o de Aníbal Torres, o de Juan Cadillo o de Juan Carrasco por mencionar algunos que sí pasan la valla, no es suficiente para darle la confianza a un gabinete presidido y conformado por sinfín de personajes inaceptables en el manejo de la cosa pública o -en el caso de Bellido- inadmisibles en cualquier gobierno de talante democrático.

Castillo no puede pretender que el país y el Congreso le acepten un gobierno moderado en lo económico, temporalmente, pero imbuido de una lógica política radical, preparada para el choque con el Congreso y la provocación de la disolución del Legislativo. Eso es inaceptable.

Bellido ni siquiera debiera formar parte del Congreso, mucho menos ser la segunda autoridad política del país. Ambiguo -por ser generoso con las palabras- con el terrorismo senderista, admirador del castrismo y del leninismo, involucrado en el caso Los Dinámicos del Centro, de pasado cuestionable, misógino y homofóbico (¿será por eso el respaldo del almirante Montoya?), no califica para ser Presidente del Consejo de Ministros.

El país votó por el Plan Bicentenario, no por el ideario de Perú Libre. Y si Castillo, envanecido a las pocas horas de sentir los masajes del poder, cree que puede hacer tabla rasa del orden democrático para lograr sus propósitos de una refundación constitucional, pues deberá encontrar férrea resistencia en la clase política, en el pueblo organizado (que ya se empezó a manifestar) y en el poder parlamentario.

El Congreso no le debe dar la confianza a Bellido. ¿Se gasta una bala de plata? Bueno, está para usarse, no para tenerla colgada de adorno en la pared. Que Castillo se vea obligado a recomponer su gabinete con gente calificada, que mantenga a los buenos y deseche a la sarta de impresentables que ha arrejuntado en su primer gabinete.

Y si el Congreso -ya lo hemos dicho- aprecia que todo se trata de una jugarreta política del Ejecutivo para arrinconar al Legislativo y disolverlo, pues deberá proceder defensivamente con la vacancia del señor Castillo por incapacidad política y moral. No es hora de tibiezas ni complacencias. El futuro democrático del país está en juego por culpa de la improvisación o necedad del Presidente Castillo, que no ha sabido leer el texto político que contiene el voto que le otorgó su mandato.

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guido bellido, Pedro Castillo, Pedro Francke

En lugar de estar perdiendo el tiempo en conspiraciones golpistas o violentistas, la derecha haría bien en empezar a pensar cómo conforma una mayoría parlamentaria capaz de contener los arrestos constituyentes del presidente electo, Pedro Castillo, quien parece no entender que no es el momento, que no tiene la fuerza política para hacerlo y que además arruinará su aparente opción de moderación económica.

La derecha tiene 43 votos y el centro 44 (o 45 si Héctor Valer, expulsado por López Aliaga de Renovación Popular, se adhiere a este sector). Suman 88 votos, número suficiente para, inclusive, vacar a Castillo si éste decide romper los cánones constitucionales para emprender el camino constituyente, es decir, convoca a un referéndum de facto de inmediato o luego de recoger firmas (ni aunque recolecte diez millones puede saltarse el camino previo de la aprobación congresal).

Lo natural es que Fuerza Popular, Renovación Popular y Avanza País conformen un bloque de centro derecha democrático junto con Acción Popular, Alianza para el Progreso, Podemos, Somos Perú y los morados. Juntos tienen el poder de disuasión suficiente para hacerle entender a Castillo que debe discurrir dentro de los márgenes constitucionales.

Podrá haber votación diferenciada en lo que se refiere, por ejemplo, a aprobar el paquete tributario que Pedro Francke ha anunciado respecto del sector minero o eventualmente apoyar alguna reforma constitucional puntual, pero en lo que debe haber una sólida y pétrea unidad es en impedir que Castillo apruebe la reforma del artículo 206 para conducirnos a una Asamblea Constituyente o, lo que sería más grave, que pretenda hacerlo sin seguir los preceptos constitucionales (si así lo hace, lo que corresponde de inmediato es que se procese su vacancia).

Lo más probable es que este acuerdo pase por la renuncia de Fuerza Popular y de Renovación Popular a presidir la Mesa Directiva. Sería lo más adecuado. Ambos partidos son polarizantes y será más fácil convencer al centro de sumarse a este acuerdo multipartidario si se antepone la vocación de renuncia al protagonismo.

Embarcada en teorías conspirativas absurdas, llamamientos golpistas y miradas de soslayo a actitudes violentas, la derecha se ha olvidado de hacer política y eso pasa en estos momentos por asegurar un Congreso de contención opositora.

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Asamblea Constituyente, Pedro Castillo, Pedro Francke

Se lee recurrentemente en las redes sociales las palabras de satisfacción de muchos ciudadanos por haber sido beneficiarios del plan de vacunación anticovid y en algunos casos describen como placentera la sensación de que el Estado funcione.

No es solo una percepción subjetiva. Es relevante en términos de gobernabilidad democrática que haya un buen sistema de salud pública. Es una piedra de toque de la convivencia social y de la inclusión ciudadana que lamentablemente todos los gobiernos de la transición post Fujimori descuidaron con punible indolencia.

Se espera que el gobierno de Castillo le ponga especial énfasis a ello. Se ha dicho y escrito que se va a aumentar el presupuesto en salud pública y que los reajustes tributarios obedecen a esa intención.

Ojalá el nuevo gobierno sea capaz de integrar los sistemas de seguridad sanitaria y de provisión de salud pública (SIS, EsSalud, Minsa), que se anime a revisar con buen criterio el desastre que es la regionalización de los servicios de salud (se han vuelto un antro de corrupción), que sea capaz de reformar el manejo mafioso que se ha entronizado por parte de oligarquías sindicales refractarias a cualquier cambio en el sector (de repente, al ser un gobierno de izquierda le resulta más fácil domeñar a los colectivos sindicalistas).

Tanto Hernando Cevallos como Pedro Francke, los dos alfiles programáticos de Castillo, han formado parte, directa o indirectamente, del Foro Salud. Son plenamente conscientes de la problemática y de los posibles caminos de solución.

Hoy la urgencia es la pandemia y al respecto ojalá se apueste por la continuidad de equipos (inclusive de Oscar Ugarte o Fiorella Molinelli en sus respectivos cargos), hasta que concluya el proceso de vacunación que tan exitosamente ha empezado a funcionar en el país.

Esta vez, la eventual reconstrucción de la clase media -si se maneja la economía con sensatez- (ha disminuido casi a la mitad producto de la recesión pandémica) no puede soslayar la provisión de unas buenas salud y educación públicas, factores esenciales de edificación de ciudadanía inclusiva en el establishment del que todos los peruanos debemos sentirnos parte.

Si Castillo se olvida del despropósito de llevar al país al despeñadero político con una Asamblea Constituyente, y logra aumentar la recaudación fiscal y construir un sistema eficiente y digno de salud pública, habrá puesto un enorme grano de arena en la construcción de una cabal identidad nacional republicana.

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Pandemia, Pedro Francke, Vacunación

Si Pedro Castillo no abandona la tesis confrontacional y polarizante de la Asamblea Constituyente, no se desprende de Vladimir Cerrón (más aún luego de las investigaciones que van apareciendo sobre el fundador de Perú Libre), y, además, no establece un pacto político con las fuerzas del centro en el Congreso (y no solo con Juntos por el Perú), no durará mucho en Palacio de Gobierno.

A la menor salpicadura que le produzca el caso de “Los dinámicos del centro”, Castillo será materia expuesta para que un Congreso adverso, que tiene más de los 87 votos necesarios para vacarlo, termine por hacerlo para proceder de inmediato a hacer lo propio con Dina Boluarte y establecer un gobierno de transición que lo más probable es que convoque a nuevas elecciones presidenciales.

La única forma de evitar ese desenlace pasa porque el maestro chotano tire al tacho político la propuesta de exigirle al Congreso la aprobación de la reforma constitucional que le permita convocar a un referéndum que a su vez de paso a una Asamblea Constituyente. No tiene los votos para hacerlo y la única forma de lograrlo pasa por disolver el Congreso entrante, convocar a nuevas elecciones congresales y apostar a que allí conseguiría la mayoría suficiente para sus propósitos. Pero lo que Castillo debiera entender es que al menor indicio de que ese es el camino que quiere seguir, el Congreso se lo palomea en una.

Debe, asimismo, confirmar el camino de moderación económica que plantea el equipo que comanda Pedro Francke. La Constitución vigente tiene margen de acción para políticas públicas de izquierda no extremistas. Si quiere llevar a cabo éstas, chocará con la Constitución y también estará expuesto a una vacancia.

Finalmente, debe asegurar, con ambas premisas cubiertas (abandono de la Constituyente y confirmación de la moderación económica), un pacto con los partidos de centro, que le den los votos suficientes para gobernar con tranquilidad. Acción Popular, Alianza para el Progreso, Somos Perú, Podemos y los morados han dado muestras de disposición a apoyar, pero ese apoyo, si no se consolida, se evaporará a la primera crisis política o social.

Esperamos que estos días de espera sean también de reflexión del próximo Presidente de la República y entienda que la política supone compromisos y pragmatismo. A punta de caprichos o terquedades, Castillo será el principal artífice de su propia desventura.

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Los dinámicos del centro, Pedro Castillo, Pedro Francke

Tiene razón Pedro Francke cuando señala que no se necesita cambiar la Constitución para cambiar de política económica, por lo menos aquella que el equipo económico de Pedro Castillo encabezado por él plantea desplegar.

El único punto donde señala divergencia es en el tratamiento equitativo a la inversión nacional y extranjera. No resulta muy racional que se les distinga, pero si, en fin, quiere hacerlo, pues que proponga la reforma del artículo correspondiente y abandone la peregrina idea de llevar al país, a pie forzado, a la larga marcha de una Asamblea Constituyente.

Podría convencer a Acción Popular (17 congresistas) y Alianza para el Progreso (15) que se sumen a esa iniciativa y con los 42 que ya tiene (37 de Perú Libre más 5 de Juntos por el Perú) lograría 74 votos, el número suficiente para aprobar una reforma constitucional en primera instancia que luego sea aprobada en un referéndum.

En cambio, insistir en una Asamblea Constituyente es un suicidio político. Ni la ciudadanía lo quiere ni la realidad congresal lo permite. La única forma de llevarla cabo pasa por conducir al país al reino absoluto de la incertidumbre política por lo menos durante dos años, en desmedro de la estabilidad que justamente el eventual gobierno de Castillo va a necesitar para aplicar su nueva política económica.

Solo podría hacerlo disolviendo el Congreso, con lo cual el horizonte político pasaría por una nueva elección congresal. Si allí consigue al menos los 65 votos para aprobar el cambio del artículo 206 que agregue la potestad al Ejecutivo de convocar a un referéndum para elegir una Asamblea Constituyente, recién tendría que convocar a un primer referéndum para aprobar esa reforma.

Luego de ello, si ese referéndum le resulta favorable, tendría entonces la capacidad legal de convocar al segundo referéndum esta vez para preguntarle a la ciudadanía si está de acuerdo con convocar a una Constituyente. Si gana esa consulta popular, recién entonces podrá convocar a elecciones para conformarla. Y solo si gana a su vez esa elección y logra mayoría en la Asamblea, podrá cambiar la Constitución a su antojo, en un proceso deliberativo que no durará menos de nueves meses.

Todo ello supondrá al menos resignar dos años de gobierno en medio de absoluta zozobra política, a la espera del resultado final. Inversiones paralizadas, agentes económicos en suspenso, consecuencias negativas para la economía, que más bien debería fluir aprovechando el super ciclo de precios de materias primas que se avecina. Ojalá Francke entre en razón y consiga lo propio con el maestro Pedro Castillo.

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Asamblea Constituyente, Pedro Castillo, Pedro Francke

En reciente entrevista hecha al alimón por varios economistas a Pedro Francke, vocero oficial de Pedro Castillo, publicada en El Comercio, éste no argumenta con fundamentos respecto de por qué es necesaria una Asamblea Constituyente para llevar a cabo el plan de gobierno que, según él, van a aplicar en caso de llegar al poder.

Es una mala noticia esa ambigüedad, porque no renuncian a esa premisa política y de no hacerlo colocarán al país en una pendiente de zozobra permanente. Forzar la Asamblea Constituyente sin tener la mayoría de votos en el Congreso (tienen apenas 42), probablemente lleve al camino de la cuestión de confianza para disolver el Congreso y ver si en esa nueva elección logran la mayoría calificada para sus propósitos, escenario políticamente inseguro dada la movilización activa de la derecha, que probablemente la haga tener mayor presencia, inclusive, que la que tiene actualmente en el Legislativo (44 congresistas).

Y suponemos que no nos vamos a pasar los cinco años de gobierno forzando cuestiones de confianza y disoluciones del Congreso hasta que por fin le toque en suerte uno que le permita los 87 votos necesarios para reformar la Constitución.

Otro escenario, menos confrontacional, es que logre llegar a un acuerdo con las bancadas de centro (APP, AP, Podemos, Somos Perú y morados), que suman 44 votos y con ellos logre 86 votos, que no le alcanzan para zanjar el tema, pero sí para aprobar por mayoría la reforma que le permita al Ejecutivo convocar a referéndum y convocar a una Asamblea Constituyente (modificando el artículo 206 de la Constitución) y luego de ello convocar a un referéndum.

Habría entonces un primer referéndum para saber si se aprueba la reforma constitucional. Si lo gana, habría otro referéndum convocado ya por el Ejecutivo directamente para ver si se aprueba la Asamblea Constituyente. Si lo gana, se convocaría a dicha Asamblea. Si gana la mayoría en ella, recién podría reformar la Constitución a su antojo.

En medio de toda esta batahola, el país inversor estaría paralizado por la incertidumbre, desperdiciándose el super ciclo de precios de las materias primas que se avecina, que le podrían permitir a Castillo, si despliega un programa moderado y se olvida de la Constituyente, llegar al término de su gobierno con buenas cifras y mejores consecuencias políticas.

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Asamblea Constituyente, Pedro Castillo, Pedro Francke

En el caso de ganar Castillo, mucho del destino político y social del país va a depender del papel de bisagra y de contención que ejerza el centro en el Congreso de la República. La izquierda está definida: son 42 (37 de Perú Libre y 5 de Juntos por el Perú); la derecha lo propio: son 44 (24 de Fuerza Popular, 13 de Renovación Popular y 7 de Avanza País).

En el centro recalan 17 de Acción Popular, 15 de Alianza para el Progreso, 5 de Podemos, 4 de Somos Perú y 3 Morados, en total 44. En el escenario de un Castillo tirado al centro, más moderado, con el plan de Francke bajo el brazo, es factible que se llegue a un acuerdo con este numeroso sector de congresistas y lograr así un holgado grupo de 86 votos, con los cuales se podría, sin problemas, hacerse las modificaciones tributarias que se han planteado particularmente para el sector minero (que es de donde Castillo piensa sacar la caja para sostener su proyecto de reconstrucción del Estado en materia de salud y educación).

Pero el elemento de negociación que el centro debería anteponer es que Castillo arríe las banderas de la Asamblea Constituyente. Primero, porque no es necesario para aplicar el plan Francke y segundo porque de querer hacerlo va a someter al país a una zozobra política e incertidumbre social gigantesca, cuyo principal perjudicado va a ser el propio gobierno (con las inversiones privadas retraídas no hay país que pueda prosperar).

La única manera de asegurarnos que el período Francke no sea una primavera rosada que a renglón seguido, apenas se acomode en el poder Castillo, dé paso a un verano rojo liderado por las huestes cerronistas, pasa porque Castillo renuncie a la idea de refundar constitucionalmente el país, pretensión que choca con el rechazo de por lo menos la mitad del país que no votó por aquella.

Meterse el escenario de una eventual disolución del Congreso, nuevas elecciones congresales, o referéndum inicial para ver si se convoca otro que consulte si se va a una Constituyente, elecciones para la misma, etc., teniendo en el medio planeando la posibilidad de una vacancia, sería una demostración de irracionalidad que ojalá Castillo entienda que sería terrible para el país y su propio mandato.

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Centro, Congreso, Pedro Castillo, Pedro Francke

En la charla organizada por el Citibank, en la que participaron los economistas Pedro Francke y Oscar Dancourt, y que tanta tranquilidad ha generado en los agentes de inversión, por las posturas evidentemente más moderadas que ambos expositores desplegaron respecto de las propuestas originales contenidas en el ideario auroral y el Plan Bicentenario de Perú Libre, hay un cabo suelto que es menester advertir.

Es cierto que se descartan estatizaciones, confiscaciones de ahorros o controles de cambios. A la vez, señalan que se respetará la autonomía del BCR. Se mantendrán contratos de estabilidad tributaria y se respetarán las cuentas de las AFP. Todo ello suena muy bien. Pero a renglón seguido señalan que se mantendrá el principio de plantear un referéndum para convocar a una Asamblea Constituyente.

Ello implica necesariamente zozobra política y económica. La única forma de lograrlo pasa por aprobar con 87 votos en dos legislaturas, o con 66 en una y convocatoria a referéndum. No tiene esos votos. En un escenario radical Castillo solo tiene 42 votos en el Parlamento (los 37 propios más los 5 de Juntos por el Perú); en un escenario moderado podría aumentar a 77, si los cerronistas no se separan por su moderación. En ese caso, si las otras bancadas se suman al proyecto constituyente, sí le alcanzaría para aprobarlo en una legislatura y convocar a referéndum.

Pero lo más probable que es que Alianza para el Progreso, Acción Popular, Somos Perú o los morados no se sumen a ese empeño y así restringirían las posibilidades de Castillo a plantear un escenario de colisión frontal con el Congreso.

Tendría que presentar un proyecto de ley para modificar el artículo 206 y agregar a las vías de reforma constitucional la del referéndum planteado por el Ejecutivo y posterior convocatoria a una Constituyente. Y hace cuestión de confianza de ello. Se la niegan una vez, cae un gabinete. Lo vuelve a presentar, se la niegan nuevamente, cae un segundo gabinete y disuelve el Congreso.

En esa tesitura o lo vacan antes o lleva al país a un derrotero de zozobra e inestabilidad, donde habría que convocar primero a nuevas elecciones congresales, luego esperar a que dicho Legislativo sí apruebe la reforma castillista y si es así realizar el referéndum y luego de eso, si lo gana, convocar a una Asamblea que durante un año discutirá la nueva Constitución. Zafarrancho innecesario. Los planteamientos de Francke y Dancourt no requieren cambios constitucionales para llevarse a cabo. Huele a gato encerrado.

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Oscar Dancourt, Pedro Francke, Perú Libre
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