Pedro Francke

Queda más que claro que el shock capitalista que el Perú requería para salir de la crisis recesiva de la pandemia y que hubiera permitido remontar las adversidades en las cifras de empleo y pobreza rápidamente, solo va a ser una quimera en manos del menjunje de gobierno que tenemos.

Inclusive, los esfuerzos de responsabilidad fiscal de Pedro Francke al mando del MEF chocarán con la absoluta falta de confianza de los inversionistas empresariales de todo tamaño, quienes, mientras dure el desmadre y además penda como espada de Damocles la posibilidad de una refundacional Asamblea Constituyente, no van a meter la mano al bolsillo para arriesgar sus capitales.

El propio Francke, quien ha pedido facultades legislativas en materia tributaria, chocará con una realidad fiscal en el sector minero distinta a la que él seguramente esperaba. Si pensaba que allí estaba la vaca lechera para todos sus males, se equivocó de cabo a rabo. Ya el sector minero, según un estudio del IPE, tiene una carga tributaria del orden del 47%, muy por encima de Canadá, Australia y Chile, directos competidores en el sector, siendo solo superados por México.

Quiere decir que casi la mitad de la utilidad minera se va al Estado. Es como si el gobierno fuera accionista, sin riesgo alguno, de la mitad de las acciones de las empresas mineras. Mucho más no les puede sacar, sin correr el riesgo de espantar a los potenciales inversionistas que hoy están a la espera de empezar a operar, en proyectos valorizados en varios miles de millones de dólares.

Antes que pensar en sobrecargar el sector minero, a lo que el gobierno debiera abocarse es a destrabar los proyectos entrampados o acelerar los que ya están en fase pronta de operaciones. Con ese aumento considerable de inversiones, obtendría mucho más que con una facilista sobrecarga impositiva.

Pero esto que vemos en el sector minero lo apreciamos en todos los ámbitos del Estado. Se ha extendido un ánimo antiprivado fatal para la economía. Una empresa privada ha ofrecido hace semanas toda su plataforma logística para desplegar un proceso de vacunación masivo a través de las farmacias y, pues, el presidente de EsSalud y el titular de Salud, ni bola. Seguramente, llenos de prejuicios contra el sector privado, se conducen a la parálisis.

Serán cinco años perdidos. El gobierno de Castillo será peor que la pandemia. Ni con Francke en el MEF o Velarde en el BCR se logrará mucho si se alberga senderistas en Palacio junto a radicales cerronistas, además en guerra cruenta entre ellos, y todo ello bajo la sombra del desgobierno de un Presidente incapaz.

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Asamblea Constituyente, Pedro Castillo, Pedro Francke, Perú

El Congreso viene cumpliendo hasta el momento de modo satisfactorio su rol de control y oposición del Ejecutivo. En base a la holgada mayoría del centro y la derecha han logrado hacerse de la Mesa Directiva y de las principales comisiones parlamentarias, y además, como corresponde, han empezado a ejercer control político del gobierno central citando a ministros a dar explicaciones.

De otro lado, la calle sigue movilizada. Hasta el momento, de un modo muy parcial, en base a la legítima y valiosa colaboración del empresario Erasmo Wong (lástima que se haya sumado a la estrategia golpista, pero, en fin, eso ya es hoja a la que se le debe dar vuelta, en términos de estrategia opositora), y deberá ampliarse a gremios que como el Sutep ya han expresado su malestar por la clara inconducta del régimen con los términos sindicales del magisterio.

Pero lo que falta es que surjan líderes políticos que galvanicen este estado de ánimo y lo conduzcan durante el periodo que dure este gobierno. No se entiende, por ejemplo, el silencio de Keiko Fujimori. Muy activa cuando se trataba de obstruir desde el saque al gobierno de PPK (cuando allí debió haberse promovido un pacto de derechas que hoy habría arrojado un desenlace inmensamente superior al que tenemos), y hoy silente y pasiva.

Ha hecho bien en abstenerse de aprovechar su número de parlamentarios para tener presencia en la Mesa Directiva. Aún tiene heridas que restañar ante la opinión pública por lo abominable que fue la conducta de su bancada en el periodo anterior. Pero fuera de las instancias congresales tendría mucho que decir y hacer.

Julio Guzmán salió muy mal parado en las elecciones. Puede perder, inclusive, la inscripción, pero no es un político muerto y más bien podría capitalizar la creciente decepción por la gestión de Castillo para recolocarse y retomar posiciones expectantes que antaño tuvo.

Y así por citar solo dos. Podrían surgir también nuevos liderazgos. La circunstancia lo amerita. Se viene una batalla larga para contener cualquier eventual arresto radical y autoritario de un régimen que alberga en su seno esta variante y que no se sabe, a ciencia cierta, cuánto tiempo convivirá con la tecnocracia del MEF (Francke) y del BCR (Velarde) sin patear el tablero populista.

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Julio Guzmán, Julio Velarde, Pedro Francke

A tan sólo diez días de su juramentación, la oposición mediática al gobierno de Pedro Castillo ha expresado —con niveles de estridencia históricos— su malestar y descontento. La retórica de la prensa digital ha sido tanto más artera cuanto poco imaginativa. El subtexto de las criticas son obvias y repetitivas, y de una vez por todas, digámoslo clara y abiertamente, para muchos de los “críticos y observadores” de la oposición: Castillo y compañía son ante todo una banda de “recién bajados” mal hablados, incompetentes, ignorantes, taimados y mentirosos y que además tienen la audacia de querernos gobernar.

Es ese el mensaje que subliminalmente nos es martillado sin cesar a través de las redes sociales. Día a día, en artículos, podcasts y videos las variaciones de este mensaje es lo único que el lector encuentra. Se adula y acicatea al Congreso para que interpele, sancione y condene. No se sabe bien ¿a quién? o ¿por qué? lo importante es que no permitan al gobierno “cerronista” que se adueñe del país.

A nadie parece importarle que el señor Cerrón no ostente cargo alguno en el gobierno. Basta con insistir que, como fundador de Perú Libre, es él, la eminencia gris que teje y desteje la madeja política y, quien conducirá al Perú al precipicio antidemocrático y caótico que es Venezuela, en el peor de los casos, o quien nos hará perder nuestra vida democrática tal y como la conocemos.

Al Primer Ministro Bellido, se le imputa de ser filo senderista, a pesar de que, en repetidas ocasiones, haya afirmado su repudio al terrorismo. Normalmente, y siguiendo las reglas del juego político, una declaración de este tipo es aceptada con su valor de cambio. Para la oposición, esta declaración es inadmisible, porque como dice un columnista de El Comercio, no somos “cojudos”. O sea, vale más, —en un momento de desesperación y para tratar de impedir que el “marxismo-leninismo” se apodere del poder—, creer en el acto de contrición de Keiko Fujimori y su promesa de abjurar de la “corrupción como forma de gobierno”, y celebrar su absolución a través del abrazo a distancia de los Vargas Llosa.

También se le acusa de homofóbico y machista, dejando de lado lo hipócrita, es curioso que la misma prensa que se rasgaba las vestiduras cuando se discutía el material educativo que incluía una visión más liberal sobre la educación sexual, y que temía que la educación “volviera homosexuales a los niños” se haga ahora abanderada de las libertades sexuales. Es cierto que se puede considerar al gabinete Bellido como machista, por estar conformado por sólo dos mujeres, es una observación más que valida y que se debe corregir.

Otra crítica recurrente al gobierno de Castillo es la incompetencia de los funcionarios nombrados en puestos clave del gobierno. Examinemos las credenciales, es obvio que este gobierno no va a tener acceso a profesionales y tecnócratas egresados de Universidades limeñas como la Pacifico, La Católica o la de Lima, al tratarse de un gobierno con raíces provincianas. Probablemente el ministro Pedro Francke a través de sus relaciones con su Alma Mater, la Universidad Católica, pueda proveer de recomendaciones para los puestos de confianza que el Gobierno de Castillo requiere. Pero aquí también hay que decirlo: en el Perú hemos tenido en el pasado funcionarios corruptos provenientes de “buenas universidades”. El criterio clave en este contexto, más que nunca, debe ser probidad moral y vocación de servicio.

Abundan, por supuestos, las noticias tendenciosas que han logrado “investigar” incluso las multas de tránsito que algún recién nombrado ministro pudo haber tenido en el pasado. Se trata de una potestad de la liberta de prensa, no hay duda, lo inquietante es que esas noticias se conviertan poco a poco en lo única realidad que se ofrece a los lectores. El peligro en una sociedad como la nuestra, en la cual la variedad de fuentes de información dignas de ese nombre aún es un lujo, es crear una burbuja que nos imponga una versión fabricada de la realidad.

Por primera vez en su historia, la sociedad peruana vive la experiencia de tener un gobierno de izquierda elegido democráticamente. No hay un problema de legitimidad, las leyes de la democracia establecen las condiciones, y reconoce un vencedor, aunque sea por diferencia de un voto. Los mismos medios que hoy claman “crisis de legitimidad”, coreaban a PPK cinco años atrás cuando la diferencia de votos contra Keiko Fujimori también fue mínima.

Gobernantes como Sánchez Cerro, Manuel Odría o Velasco Alvarado fueron sobre todo dictadores, con programas populistas e incluso demagógicos. Los regímenes de Toledo y Humala —que aprovecharon las expectativas de justicia social de millones de peruanos—, terminaron en debacles de corrupción y desgobierno porque adoptaron los mismos programas y al final generaron los mismos conflictos que los grupos de poder han impuesto al Perú desde hace dos siglos.

Cuenta Basadre en su Historia de la Republica del Perú que, durante la elección del primer Congreso, no todos los recientemente creados departamentos podían cumplir con la elección de sus representantes a la asamblea nacional. Con la sabiduría criolla que nos caracteriza, hubo un tal Manuel Antonio Colmenares que supo hacerse de la representación de Huancavelica —en ese momento aún ocupado por las fuerzas españolas—. Para suplir la falta de votantes, Colmenares fue al mercado y tomó unos cuantos indios de los que cargaban en la puerta del mercado, los condujo al recinto electoral proveyéndoles de cedulas escritas para que votaran por él y por los demás que figuraban en la misma lista y así salió elegido diputado “únicamente por ocho o nueve individuos que él mismo reunió para el acto del sufragio”.

Dos siglos más tarde, hay quienes piensan que el presidente Castillo es el “cholito” de Vladimir Cerrón. Hay quienes creen que a toda esta banda de zopencos mal hablados hay que llevarlos “con las riendas bien ajustadas”. Los más amables —y, quizás los más peligrosos— consideran, como los describe nuestro querido Ricardo Palma en la Tradición “Carta Canta”, que nuestros indios son “seres de sencilla ignorancia”, y que si pretender alguna picardía, serán zurrados y que la palabra escrita siempre penderá como una espada sobre sus cabezas. Ayer en forma de carta, hoy como la prensa digital.

Ginebra, 08 de agosto de 2021

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Guido bellido, Pedro Castillo, Pedro Francke

La oposición congresal -que felizmente ya está coordinando entre sí- tiene que hilar muy fino para hacerle frente a un gobierno que aparentemente ha optado por la moderación económica al designar a Pedro Francke como ministro de Economía y Finanzas, pero no oculta sus intenciones políticas de confrontar y radicalizar sus posturas para lograr llevar a cabo su propuesta máxima de convocar a una Asamblea Constituyente corporativista, que supondría el fin de la democracia tal cual la conocemos.

El gobierno jugará, probablemente el primer año, a un escenario de diálogo, contemporización y buenas maneras, sobre todo en materia de respeto al modelo económico, pero apenas sienta que posee la legitimidad social suficiente o perciba que la oposición se empieza a quebrar, arremeterá con todo para lograr sus cometidos radicales.

La composición del gabinete y la coalición parlamentaria de Perú Libre se han definido en base, principalmente, a la lógica política de Vladimir Cerrón, quien no oculta sus reales intenciones políticas. Sería muy torpe la oposición si pierde ello de vista y se deja seducir o atontar por mensaje ambiguos en otros terrenos gubernativos.

La vacancia es la última munición a utilizar. Antes que ella hay otros caminos. 1) interpelar ministros y eventualmente censurarlos antes que el Ejecutivo haga cuestión de confianza sobre ello; 2) negarle la confianza al gabinete Bellido, ganando así legitimidad popular (la mayoría del país está en contra de esa designación), gastando una bala de plata, eso sí, pero guardando la siguiente con tino; 3) acotar constitucionalmente las cuestiones de confianza. Y parece mejor hacerlo como reforma de la Carta Magna y no como simple ley interpretativa; eso va a tomar dos legislaturas; 4) designar, con los 88 votos que tiene (suponemos que Valer, al sumarse a la bancada de Somos Perú-morados ha recapacitado de sus iniciales coqueteos con Perú Libre), a los nuevos seis magistrados del Tribunal Constitucional, evitando que la izquierda coopte dicho organismo.

Nadie sobra en este esfuerzo de coordinación. Y lo que se haga en el Congreso debe ir acompañado de manejo de las calles, sumando más activismo al que valiosamente ya existe, y entendimiento con sectores sociales organizados (como el Sutep, por ejemplo).

Cada vez es más claro de que este será un gobierno nefasto y que supone un enorme riesgo para la democracia. Lo último que se ha conocido respecto de lo que se está haciendo en el Ministerio del Interior confirma que el cerronismo radical e intemperante va con todo. La oposición está llamada a liderar al país democrático que debe resistir este proyecto autoritario y radical, sin mandato popular para desplegarse.

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Asamblea Constituyente, Guido bellido, Pedro Francke

La designación de Gino Bellido como Premier no sólo ha sido el primer gran error político del actual presidente, sino a la vez una decisión irresponsable con la gobernabilidad democrática, la paz, la igualdad y los derechos humanos.

Es preocupante y un pésimo inicio que el Primer Ministro no sea una persona con comprobada legitimidad y ética democrática. Un personaje con tan serios cuestionamientos, con una investigación en curso por apología al terrorismo, que ha promovido la discriminación hacia las mujeres y la población LGBTI, celebrado al patriarcado con total desparpajo de forma pública no debe estar en el Estado, mucho menos ser la mano derecha del presidente en la conducción del gobierno.

Más allá de las posturas políticas, de la brutal polarización que aún vivimos y la violencia racial que subyace en muchas resistencias al actual gobierno; no puede dejar se criticarse aquello que evidentemente está mal, resquebraja la confianza y genera mayor incertidumbre.

Tampoco puede dejar de evidenciarse que hay otros ministros con serios cuestionamientos, lo cual agrava el escenario: el titular del Ministerio de Transporte y Comunicaciones, Juan Francisco Silva, fue denunciado en el 2011 por violencia física y psicológica contra su ex conviviente; así como el titular del Ministerio del Ambiente, en el 2019, fue denunciado por violencia psicológica y hostigamiento. De igual forma, otros  representantes levantan preocupaciones que no deben ser obviadas por el Presidente.

Sin embargo, no todo es gris. El Gabinete también ha sido integrado por profesionales con una amplia legitimidad, comprobada actitud democrática y ética como la titular del sector Mujer y Poblaciones Vulnerables, Anahí Durand, el actual Canciller Héctor Béjar, el titular del MEF Pedro Francke y el Ministro de Justicia Aníbal Torres.  Personas que han sentado una posición clara de rechazo frontal a los autoritarismos,  defensa de la democracia, el estado de derecho, la igualdad y los derechos humanos. Esto se ha reflejado no sólo en su trayectoria profesional sino además en sus juramentos y discursos que han devuelto – de alguna manera – la esperanza a muchos/as.

Pedro Castillo puede cambiar al premier y reconstituir su Gabinete (sin olvidar la paridad);  manteniendo a las personas probas en sus mismas carteras, no hay nada que se lo impida. El presidente está a tiempo de enmendar y tomar un mejor camino.

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Guido bellido, Pedro Castillo, Pedro Francke

¿Con la designación de Pedro Francke como ministro de Economía, se calmará el mercado?

Sí, ayuda. Pero ya no es lo mismo. Una cosa es el discurso que dieron durante la segunda vuelta calmando a los mercados hasta el 28 de julio. Pero la jarra se rajó el 29 con la designación de [Guido] Bellido [en la PCM] y con todo el gabinete ahí, sin Fancke. Este gabinete es de una amplia coalición de izquierda. Son mandos partidarios con poco conocimiento de la gestión pública y con Bellido a la cabeza, es una mala señal. Siendo positivo el ingreso de Francke, ya no vuelves al día anterior: Estabas en un desnivel, con el beneficio de la duda. Luego te fuiste al diablo y ahora estas volviendo. Bien difícil calmar las cosas. Ahora, más que el discurso hay que ver los hechos.

El jueves, tras la juramentación del Gabinete Bellido, el dólar se disparó (superó los cuatro soles); la bolsa se desplomó, cayeron los bonos. ¿El efecto Francke debe tener un primer impacto positivo en las siguientes horas?

El dólar, la bolsa, el riesgo país son indicadores de alta frecuencia. Se han deteriorado fuertemente el viernes. Me imagino que el lunes será mucho más leve, ese es el efecto Francke. Pero ya el martes es otra historia. Ahí veremos las políticas de más largo aliento. Mi temor es que a partir del martes se verá una tensión fuerte entre un sector de izquierda democrática, donde está Francke; y otra de izquierda más totalitaria. Entonces ese equilibrio será difícil.

Con la puesta de Bellido en la PCM y un Congreso que ya habla de vacar al presidente Castillo… ¿Vivimos a la deriva institucional?

El Perú está en una deriva institucional. El solo hecho de que ya se hable del cierre del Congreso o de una vacancia, no es lo normal. Lo normal es que los presidentes duren cinco años. En el Perú hemos tenido dos Congresos y cuatro presidentes; y una decena de premieres. Y eso no ha cambiado. Se ha normalizado estar al garete. Uno espera que haya cambiado ahora pero no está ocurriendo. Esa es una deriva institucional, que en la práctica significa un estancamiento económico. Es algo que no ocurría en el Perú hace 20 años. Perú no se estancaba, Perú mejoraba. Y eso está en juego ahora.

¿Cree que Castillo está leyendo mal al país?

Está leyendo mal al país. Piensa que está en un país como Bolivia. Está anclado en los años setenta o sesentas. Tiene un mensaje reivindicativo, pero ya Perú no está sobre ese nivel. Perú ya ha avanzado mucho en democratización, en economía de mercado. Va por muy mal camino y parte de ese diagnóstico que él tiene es haber nombrado a este premier; y eso los agentes económicos se dan cuenta.

¿Estas malas señales cómo impactan en la economía del ciudadano?

Las personas que votaron por él esperando un cambio, pues ese cambio no llegará. Porque sin crecimiento económico, sin recursos fiscales no hay manera de incrementar el gasto público per cápita en salud o educación. La otra parte del Perú que no votó por Castillo, por temor, pues sus temores se han visto justificados. Y está habiendo una caída fuerte de las expectativas. Nadie está ganando con esto, por lo tanto, todo el Perú va a perder. Eso es en la práctica lo que pasará.

La Asamblea Constituyente fue otra parte del discurso que erizó a muchos sectores…

Las reformas hay que hacerlas cuando sabes qué quieres. Qué está mal y qué quieres cambiar. No es cambiar por cambiar. Acá tienes dos partes: la parte institucional que no está funcionando bien. Hay que afinar el tema de la vacancia [presidencial] o la [cuestión de] confianza. Todo ese tema está funcionando mal y hay que cambiarlo.

En la parte económica yo creo que la Constitución peruana es de última generación. Permite el funcionamiento del sector privado, la economía de mercado produce riqueza y que el Estado cobre impuestos y gastar. Y lo hace. Bajo la Constitución vigente puedes tú gastar en educación, salud, justicia, vivienda, internet, alimentación. ¿Por qué vas a cambiar algo que está funcionando? Lo que no está funcionando es la gestión. Hay que cambiar al chofer, no al auto.

El primer trimestre del año tuvimos un crecimiento económico muy similar al del mismo periodo en el 2019. Había expectativas de crecer en el 2021, un 10%. ¿Seguimos optimistas?

Como estamos en agosto, han pasado siete meses y la economía se ha recuperado fuertemente. Ya se está por encima del año 2020 y a niveles parecidos al 2019. Pero estamos en agosto. Todavía faltan cinco meses.

Los siguientes meses serán más difíciles, más duros, más recesivos, por lo tanto, el año se complica. Está en juego el segundo semestre, particularmente el último trimestre. Ahí sí se verá el deterioro de la cosa política. La inversión privada sí podría ser negativa y con ello la creación de empleo se puede moderar.

¿Se plantea que el Banco de la Nación compita con el sistema financiera privado? ¿Eso es posible o va en contra del rol subsidiario del Estado?

Primero que el Estado peruano no está para competir con los privados y quitarle mercado. Esta para regular y que los precios sean razonables. El Estado está para cobrar impuestos y gastarlos bien en la gente: en educación, salud, justicia, sin duda. El trabajo central del Estado es igualar las oportunidades. No está para competir ¿competir con las financieras? ¿con las cajas municipales o rurales? Porque con los bancos no podrá competir, pues son más sofisticados, tienen posibilidad de apalancamiento, tienen un análisis más fino. El Banco de la Nación no está preparado para eso. Si vas a competir vas a barrer con todas las microfinancieras.

Se anunció apoyos financieros de 700 soles a familias vulnerables, ampliación de periodos de gracia y facilitar la reprogramación de deudas a las MYPES. ¿Cómo analiza esas propuestas?

Los bonos son correctos en medio de la pandemia, en medio de la cuarentena porque estás obligando a la gente a no trabajar. El Gobierno de Vizcarra dio dos bonos, mal hechos y tarde. Pero los dio. Sagasti dio otro bono, tarde también. Pero este cuarto bono que daría Castillo ya no se justifica porque no estamos en cuarentena, la gente está trabajando. Solamente en cuarentena se justifica el bono para que contrarrestes tu falta de trabajo. En este caso es un regalo para ganar popularidad.

Sobre las mypes. Las que tienen viabilidad ya están captadas por los bancos, por las financieras o las cajas municipales o rurales. Las que no son viables, las informales, justamente, son tan riesgosas que nadie les da plata. Entonces, si tú quieres meter al Estado ahí, al medio, vas a financiar, subsidiado con plata de los peruanos, a esas empresas que hoy ya acceden. No veo porque subsidiarlas por el hecho de ser mypes. El subsidio está para la familia no para la compañía. Subsidiar a la compañía es darle utilidad al dueño a costa de nosotros.

Usted es miembro del directorio del BCR, ¿continuará en el cargo al igual que Julio Velarde al frente de la Institución?

El BCR es gobernado por su directorio. Tres son nombrados por el Ejecutivo, los otros tres los nombra el Congreso. El presidente es propuesto por el Ejecutivo y ratificado por el Congreso. Entonces, vamos a ver a quién propone Castillo. Eso es lo que pasaría en los próximos días.

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Economista, Elmer Cuba, Pedro Castillo, Pedro Francke

Bienvenida la designación de Pedro Francke como titular de Economía y Finanzas. Le otorga una perspectiva de moderación al programa económico que, sin duda, tranquilizará a los mercados y permitirá confiar en que el gobierno transite una ruta de sensatez por lo menos en el corto plazo.

Pero lamentablemente para el gobierno, la presencia de Francke, o de Aníbal Torres, o de Juan Cadillo o de Juan Carrasco por mencionar algunos que sí pasan la valla, no es suficiente para darle la confianza a un gabinete presidido y conformado por sinfín de personajes inaceptables en el manejo de la cosa pública o -en el caso de Bellido- inadmisibles en cualquier gobierno de talante democrático.

Castillo no puede pretender que el país y el Congreso le acepten un gobierno moderado en lo económico, temporalmente, pero imbuido de una lógica política radical, preparada para el choque con el Congreso y la provocación de la disolución del Legislativo. Eso es inaceptable.

Bellido ni siquiera debiera formar parte del Congreso, mucho menos ser la segunda autoridad política del país. Ambiguo -por ser generoso con las palabras- con el terrorismo senderista, admirador del castrismo y del leninismo, involucrado en el caso Los Dinámicos del Centro, de pasado cuestionable, misógino y homofóbico (¿será por eso el respaldo del almirante Montoya?), no califica para ser Presidente del Consejo de Ministros.

El país votó por el Plan Bicentenario, no por el ideario de Perú Libre. Y si Castillo, envanecido a las pocas horas de sentir los masajes del poder, cree que puede hacer tabla rasa del orden democrático para lograr sus propósitos de una refundación constitucional, pues deberá encontrar férrea resistencia en la clase política, en el pueblo organizado (que ya se empezó a manifestar) y en el poder parlamentario.

El Congreso no le debe dar la confianza a Bellido. ¿Se gasta una bala de plata? Bueno, está para usarse, no para tenerla colgada de adorno en la pared. Que Castillo se vea obligado a recomponer su gabinete con gente calificada, que mantenga a los buenos y deseche a la sarta de impresentables que ha arrejuntado en su primer gabinete.

Y si el Congreso -ya lo hemos dicho- aprecia que todo se trata de una jugarreta política del Ejecutivo para arrinconar al Legislativo y disolverlo, pues deberá proceder defensivamente con la vacancia del señor Castillo por incapacidad política y moral. No es hora de tibiezas ni complacencias. El futuro democrático del país está en juego por culpa de la improvisación o necedad del Presidente Castillo, que no ha sabido leer el texto político que contiene el voto que le otorgó su mandato.

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Guido bellido, Pedro Castillo, Pedro Francke

En lugar de estar perdiendo el tiempo en conspiraciones golpistas o violentistas, la derecha haría bien en empezar a pensar cómo conforma una mayoría parlamentaria capaz de contener los arrestos constituyentes del presidente electo, Pedro Castillo, quien parece no entender que no es el momento, que no tiene la fuerza política para hacerlo y que además arruinará su aparente opción de moderación económica.

La derecha tiene 43 votos y el centro 44 (o 45 si Héctor Valer, expulsado por López Aliaga de Renovación Popular, se adhiere a este sector). Suman 88 votos, número suficiente para, inclusive, vacar a Castillo si éste decide romper los cánones constitucionales para emprender el camino constituyente, es decir, convoca a un referéndum de facto de inmediato o luego de recoger firmas (ni aunque recolecte diez millones puede saltarse el camino previo de la aprobación congresal).

Lo natural es que Fuerza Popular, Renovación Popular y Avanza País conformen un bloque de centro derecha democrático junto con Acción Popular, Alianza para el Progreso, Podemos, Somos Perú y los morados. Juntos tienen el poder de disuasión suficiente para hacerle entender a Castillo que debe discurrir dentro de los márgenes constitucionales.

Podrá haber votación diferenciada en lo que se refiere, por ejemplo, a aprobar el paquete tributario que Pedro Francke ha anunciado respecto del sector minero o eventualmente apoyar alguna reforma constitucional puntual, pero en lo que debe haber una sólida y pétrea unidad es en impedir que Castillo apruebe la reforma del artículo 206 para conducirnos a una Asamblea Constituyente o, lo que sería más grave, que pretenda hacerlo sin seguir los preceptos constitucionales (si así lo hace, lo que corresponde de inmediato es que se procese su vacancia).

Lo más probable es que este acuerdo pase por la renuncia de Fuerza Popular y de Renovación Popular a presidir la Mesa Directiva. Sería lo más adecuado. Ambos partidos son polarizantes y será más fácil convencer al centro de sumarse a este acuerdo multipartidario si se antepone la vocación de renuncia al protagonismo.

Embarcada en teorías conspirativas absurdas, llamamientos golpistas y miradas de soslayo a actitudes violentas, la derecha se ha olvidado de hacer política y eso pasa en estos momentos por asegurar un Congreso de contención opositora.

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Asamblea Constituyente, Pedro Castillo, Pedro Francke
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