Asamblea Constituyente

Luego de la elección de la Mesa Directiva para la primera legislatura del Congreso -que liderará María del Carmen Alva de Acción Popular (AP),  junto a representantes de Alianza Para el Progreso (APP), Podemos Perú (PP) y Avanza País (AP)-, la bancada oficialista de Perú Libre (PL) quedó en el aire. 

La derrota no solo se debió a que registraron su lista fuera de hora, sino a que en las negociaciones PL mostró obstinación en presidir la Mesa y no cedió en la idea de impulsar una Asamblea Constituyente desde el Parlamento. El presidente Pedro Castillo, incluso, insistió en esta idea en su mensaje presidencial.

Hoy el nuevo objetivo de la bancada perulibrista es hacerse de las principales comisiones del Parlamento. Y si bien los congresistas de la oposición dicen que no hay ánimos de hacerle la vida imposible al oficialismo, a quien le corresponde presidir siete de esos grupos de trabajo, la mayoría de bancadas coincide en que hay varias demandas antes de ceder y cada una tiene, además, sus propias ambiciones.

“Estamos en ese proceso de iniciar las gestiones. […] Las comisiones más importantes [para el partido] son Educación, Trabajo, Salud, Defensa, Presupuesto y Constitución”, dice el congresista Edgar Tello, de Perú Libre.

Tello sabe, como su colega de bancada José Balcázar, que desistir de sus pretensiones de impulsar una Asamblea Constituyente va a ser puesto sobre la mesa por la oposición a cambio de comisiones clave. Pero no están dispuestos a ceder, así sea -en palabras de Balcázar- una intención “suicida”. 

Sudaca contactó unos días antes de su nombramiento al ahora premier Guido Bellido para consultarle sobre esta posición. “Todo es dialogable […] ¿Por qué les preocupa tanto la Asamblea? Están desesperados”, dijo y dejó de contestar.

Las negociaciones por las comisiones entonces se pondrán cuesta arriba para el oficialismo. Por ejemplo, Alejandro Cavero, de Avanza País, dice que a la fecha han tenido dos reuniones con Perú Libre [ninguna sobre las comisiones], luego de las cuales la única conclusión de su partido fue que no apoyarán la Asamblea Constituyente, aunque sí cambios constitucionales.

“A título personal pienso que, bajo ninguna circunstancia, deberían presidir Constitución, pero hay otras que son importantes para el oficialismo, como Presupuesto. Habrá que sentarnos a conversar, pero si no desisten de la bandera de la Constituyente, será difícil llegar a un acuerdo”, agrega.

Avanza País, a la que le corresponde presidir una comisión, también tiene su lista de deseos. “Tenemos varias comisiones en mente, pero es parte de la negociación con los otros grupos políticos. Está Energía y Minas, aunque también estamos apuntando a Educación, Trabajo o Producción. Calculo que, a partir de la próxima semana, estaríamos negociando”, dice Cavero.

Por su lado, en Fuerza Popular -la segunda bancada con más congresistas (24)- también quieren Constitución. De acuerdo al vocero alterno de Fuerza Popular, Eduardo Castillo, competirán por este codiciado grupo de trabajo con la bancada oficialista. 

“Son cinco las comisiones para FP. En la segunda vuelta hemos ido con la defensa de la Constitución del 93, por lo que sería una de las comisiones por las cuales podríamos estar detrás”, apunta. Pese a ello, reconoce que recién luego del mensaje presidencial se reunirán como bancada para definir estos temas y que aún no tiene las coordinaciones avanzadas. 

Luego de la elección de la Mesa Directiva, José Arriola, vocero de Acción Popular, señala que no han tenido mayor acercamiento a Perú Libre. Sin embargo, señala que hay predisposición para apoyar a dicho partido en algunas comisiones. Educación, por ejemplo, sería una carta para negociar. Incluso, en la órbita está Presupuesto, una de las más codiciadas.

¿Qué pediría Acción Popular para no negarle al oficialismo la presidencia de estos grupos de trabajo? “Un primer gesto sería poner coto a este tipo de declaraciones de Cerrón y el congresista Guillermo Bermejo. A partir de ahí, podríamos conversar, pero todavía no hemos empezado a negociar las comisiones con ellos”, dice Arriola.

Arriola se refiere, por ejemplo, a las recientes declaraciones de Bermejo luego de que el Pleno votó por no dejar participar a la lista que integraba Perú Libre con miras a la Mesa Directiva. “El fujimorismo y la derecha quieren vetar a la lista 3 […] El plan de vacancia contra Pedro Castillo ha empezado”, escribió en Twitter el parlamentario investigado por sus vínculos con los narcoterroristas del Vraem. 

Por otro lado, Eduardo Salhuana, congresista por APP, señala que, más allá de que Perú Libre no tenga ningún representante en la Mesa Directiva, eso no significa que se vaya a actuar a sus espaldas. “Se coordinará también con ellos el tema de las comisiones para que algunas, como Presupuesto y otras importantes, sean asumidas por Perú Libre. Sería una mezquindad apoderarse de todas las comisiones”, afirmó. 

Ahora que se ha juntado con el Partido Morado, Somos Perú tendrá mayor ventaja para negociar, pues a esta alianza le corresponden dos presidencias de comisiones. Así, buscarán tener Descentralización y Ciencia y Tecnología, aunque todavía no se oficializa la creación de este Grupo Parlamentario más allá de las declaraciones de sus integrantes. 

Fuentes cercanas a esta coalición señalaron que también se están conversando con otros congresistas para que se incorporen a la misma. “Hay incomodidades en el Parlamento y algunos ven con bastante agrado las posiciones de Somos Perú. Esperamos que las incorporaciones se den a la brevedad. Uno de ellos es Héctor Valer, que es no agrupado (y estuvo en Renovación Popular)”, refirió una fuente.

Las claves

De acuerdo al exjefe de gabinete de la Mesa Directiva, Alejandro Rospigliosi, las comisiones más importantes a presidir son Presupuesto, Constitución, Economía, Energía y Minas, y Fiscalización. Esto, debido a que las principales decisiones de Estado, como fiscalizar al Ejecutivo y aprobar normas con gran impacto, pasan por estas.

Cabe recordar que, según el reglamento del Congreso, es el Pleno el que aprueba el cuadro de conformación de las comisiones. Para ello, debe haber un acuerdo previo del Consejo Directivo del Parlamento, el cual incluye a la Mesa Directiva y los portavoces de los grupos parlamentarios que llevan las propuestas. 

Todo indica que las negociaciones se darán a contrarreloj y que o Perú Libre aprende a ceder, o podría seguir perdiendo espacios clave en el Parlamento. 

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Asamblea Constituyente, Bicentenario, Congreso, guido bellido, Pedro Castillo, Perú Libre

¿Qué puede esperarse de la oposición en el Congreso de la República? Hay un escenario posible que se puede construir a partir de la reciente alianza entre Acción Popular, Avanza País, Alianza Para el Progreso y Fuerza Popular en torno a la mesa directiva, su presidencia y conducción. Y es que, de acuerdo a las declaraciones del electo presidente después de la segunda vuelta electoral, Pedro Castillo tiene como primera medida el 28 de julio llevar adelante una Asamblea Constituyente.

Tengamos en cuenta que la política –según Maquiavelo- es la disputa del poder. Y que esa disputa del poder precisa en determinados momentos de negociación y confrontación. De acuerdo a esta premisa, podemos entender que el mensaje que enviaron desde las bancadas congresales en mención sea de firme oposición y de defensa de la Constitución Política vigente y del modelo económico.

En estos momentos, Pedro Castillo (que ganó aproximadamente por 44 mil votos) busca construir poder y legitimidad que no tiene, dado que el país se encuentra dividido. Y qué mejor para él que impulsar un referéndum en la que se convoque a una Asamblea Constituyente. Al estilo de su hoy aliado Martín Vizcarra, Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa, de ganar mediante este tipo de convocatoria ¿estaría abriendo un nuevo camino? Es incierto, pero hacia ello apuestan.

Para impedir ese escenario, las bancadas políticas buscarán -ganada ya la mesa directiva del Congreso- negociar cierta agenda que tendrá como objetivo legitimar ante el país la reactivación económica y recuperación sanitaria bajo al actual Constitución. Recordemos que esta reciente alianza en el Congreso cuenta con representantes pertenecientes a las regiones del país. Eso les dará mayor margen de acción para la negociación y la confrontación.

Habrá algún opinólogo que sostendrá que la alianza recién formada se fragmentará a medida que pase el tiempo, dado que hace poco renunció a Renovación Popular uno de los congresistas electos por esta agrupación política. Puede ser, pero eso se tiene que verificar comparando a través del comportamiento de las bancada en el parlamento que se nos fue. De los congresistas electos ha habido muy poca salida de una bancada política para ir hacia otra. Ese fue el caso de Arlet Contreras. Ojo con ese dato.

La alianza parlamentaria recién formada tiene un gran activo: las movilizaciones masivas y constante de apoyo que tuvo Keiko Fujimori de varias organizaciones políticas. Algo que no se había visto desde 1987. Ello también les da posibilidad de mantener disciplinado a esta reciente alianza. Eso al 2026 sigue siendo un incentivo real para poder frenar cualquier tipo de arremetida improvisada o ideológica que pueda realizar el presidente electo Pedro Castillo.

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Asamblea Constituyente, Congreso de la República, Pedro Castillo

Es una superlativa noticia política que el oficialismo no haya logrado hacerse de la Mesa Directiva del Congreso y que la haya ganado María del Carmen Alva, de la lista encabezada por Acción Popular. En una circunstancia en la que los arrestos radicales de Perú Libre aún no han sido desmentidos por la conformación de un gabinete ministerial moderado o la emisión de un discurso presidencial del 28 de julio consonante, era imperativo que se consagrase de antemano un mínimo equilibrio de poderes entre el Ejecutivo y el Legislativo.

No obstante, es una mala noticia que la centroderecha no haya logrado conformar una lista unitaria debido a apetitos personales de los congresistas de Renovación Popular. Peor noticia es que Somos Perú y los morados se hayan unido a la lista fallida de Perú Libre, a pesar de existir absoluta discordancia ideológica entre unos y otros. Es responsabilidad de la oposición lograr esa unidad en algún momento. Hay razones más que suficientes para limar diferencias partidarias o ideológicas y lograr dicha concordancia en el futuro.

Es preciso que el Congreso opositor logre agrupar 87 votos. Ello implica la suma de todos los partidos menos Perú Libre, Juntos por el Perú y el congresista Valer, que llegan a 43 votos. ¿Por qué esa cifra? Porque con ella pende como una espada de Damocles para el Ejecutivo la eventualidad de ser vacado si se aparta de los márgenes constitucionales previstos en la Carta Magna. Dadas las circunstancias, es saludable que exista esa posibilidad.

Frente a la reiterada insistencia del presidente electo en transitar el camino del referéndum para convocar a una Asamblea Constituyente, llegará un momento en que habrá una colisión de poderes porque el texto constitucional es muy claro: “toda” reforma constitucional requiere del Congreso. Si Castillo insiste en convocar a un referéndum en base a la sola recolección de firmas -tarea en la que ingenuamente un sector de la derecha lo acompaña-, tendrá que ser el Legislativo el que le pare el macho.

Posdata: ha quedado en evidencia la clamorosa impericia del oficialismo, incapaz de organizar una lista bien constituida, motivo por el que fue retirada de la contienda, dejándole el camino servido al centro y a la derecha. Ojalá no sea un heraldo de la forma en que se van a conducir en el gobierno.

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Asamblea Constituyente, Pedro Castillo, Perú Libre

El IEP es contundente en su última encuesta: 85% pide que Cerrón (es decir, el ala radical) no participe en el nuevo gobierno; 58% aprueba algunos cambios constitucionales y solo el 23% quiere una nueva Carta Magna; 61% pide mantener el modelo económico y apenas el 23% pide un cambio total.

Lo mismo sucede con la última medición de Datum. Sobre las prioridades que debe tener el gobierno de Castillo, el 44% estima que debe ser la reactivación económica, 41% mejorar el sistema de salud, 35% mejorar la calidad de la educación, 35% luchar contra la corrupción, 21% luchar contra la delincuencia, y un reducidísimo 9% convocar a una Asamblea Constituyente.

Por si fuera poco, un 72% considera que el gobierno debería seguir un modelo de libre empresa, solo 12% el plan de Francke y un misérrimo 4% el programa de Cerrón.

Asimismo, Pedro Castillo empieza su gobierno con una actitud desfavorable del 19% y muy desfavorable de 16% de la opinión pública. En general, positiva de 40% y negativa de 35%. No va a tener luna de miel por parte de la ciudadanía.

Finalmente, respecto de la conformación de la Mesa Directiva del Congreso un 52% considera que debe serlo por alguien que no pertenezca a Perú Libre y solo un 35% que la debe ocupar algún adscrito al partido de Cerrón.

A buen entendedor, pocas palabras. Parece difícil que Castillo renuncie de facto a su pretensión constituyente y todo hace suponer que aprovechará su mensaje de Fiestas Patrias para anunciarlo, pero pronto deberá recalar en que socialmente es indeseable y políticamente es inviable (ni siquiera la bancada más izquierdista del centro, como es la de Acción Popular, le ha dado apoyo en ese tema).

Los arrestos radicales deberían quedar como un saludo a la bandera, un intento que de antemano se sabe inocuo, al que Castillo quizás se sienta obligado para cumplir con una parte de sus electores, pero con la conciencia clara de que va a abortar prontamente. Claramente, el país no acompaña a Castillo en ese proyecto y felizmente el Congreso parece que tampoco lo hará en lo que claramente es un dislate político.

Castillo debe entender ello no como una traición a sus postulados sino como un necesario giro al centro que la realidad le impone. Es de buenos políticos entender que la ideología no puede estar por encima de los hechos.

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Asamblea Constituyente, Congreso, Pedro Castillo

Si la necedad de algunos líderes parlamentarios de Fuerza Popular o Renovación Popular, en el afán de presidir sí o sí la próxima Mesa Directiva del Congreso, hace que naufraguen las negociaciones con las bancadas del centro y éstas terminen acercándose a Perú Libre, la ausencia de contrapesos al Ejecutivo será directa responsabilidad de la derecha peruana.

En la práctica, luego de la deserción del congresista Héctor Valer, la izquierda tiene 43 parlamentarios, el centro 44 y la derecha 43. Las negociaciones, tal cual se han planteado hasta el momento, incluyen la pretensión de Perú Libre de presidir el Congreso y lo propio por parte de la derecha, pero ha surgido la intención de los congresistas del centro (Acción Popular, Alianza para el Progreso, Podemos, Somos Perú y morados), de unirse y aspirar a lo propio.

Lo sensato por parte de la derecha es ceder en sus pretensiones maximalistas y entender que lo más importante en estos momentos es consolidar un grupo parlamentario de centroderecha que sume 87 votos, una cifra políticamente significativa, porque basta ese número de parlamentarios para elegir magistrados del Tribunal Constitucional, directores del BCR… y para vacar al presidente Castillo.

Ese mensaje es potente si el presidente electo se pretende zurrar en la Constitución para llevar a cabo el malhadado intento de convocar a una Asamblea Constituyente por fuera de los cánones que la propia Constitución establece. Y además sería muy importante que la mayoría del país encuentre cabal representación en la primera Mesa Directiva (todas las encuestas muestran con claridad que las tesis radicales de Perú Libre son aprobadas por una minoría).

Castillo debe entender que la moderación de sus propuestas económicas y su acotamiento de una Asamblea Constituyente son la piedra de toque básica para poder gobernar sin sobresaltos. Si el Congreso soberanamente le da el mensaje de contrapeso necesario con una Mesa Directiva no oficialista habremos empezado ese camino posible en mejor término que si la terquedad de algunos congresistas de la derecha termina entregándole el triunfo al lápiz.

Se vienen tiempos difíciles. El gobierno entrante está demasiado cargado ideológicamente y alberga un sector radical que pretende imponerse al resto. Si desde adentro Castillo no sabe cómo resolver ese problema, pues desde fuera deberá recibir un mensaje político claro y contundente que por ese sendero no se llega si no a punto muerto de gobernabilidad.

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Asamblea Constituyente, Hector Valer, Pedro Castillo

El último mensaje de Keiko Fujimori es políticamente equívoco. Si bien reconoce el triunfo de Castillo luego de la proclamación del Jurado Nacional de Elecciones, lo considera a la vez ilegítimo ya que nacería de un presunto fraude en el que la excandidata no deja de insistir con terquedad digna de mejor causa.

A nadie le quedan dudas de que si Castillo se ensoberbece y cree que haber ganado con las justas le otorga el derecho de refundar la República en base a una cuestionable Asamblea Constituyente y además desoye los mandatos de moderación económica, ameritará una dura y férrea oposición democrática desde el Congreso y desde las calles movilizadas, ya que la inmensa mayoría del pueblo peruano no está de acuerdo con la deriva chavista ni nada que se le parezca.

Pero si Castillo se modera efectivamente y además recula en el tema de la Constituyente y la acota a lo que decida el Congreso o a algunas reformas constitucionales puntuales, lo que merece es libertad política para poder trabajar y desplegar un programa económico de centroizquierda dentro de los márgenes de lo viable. Y para ello va a necesitar de cierto respaldo congresal que en principio debería incluir también a la derecha parlamentaria donde recala el keikismo.

Pero Keiko no anuncia eso. Ella anuncia guerra anticipada a un gobernante que considera espúreo. Una vez más no reconoce su derrota, creyendo quizás, equivocadamente, que con ello no va a irritar a las huestes ultras que la han acompañado, sin percatarse de que ese esfuerzo es inútil (ya de inmediato, luego de su reconocimiento bamba a Castillo, han salido voceros extremistas a considerarla una rendida y tibia).

Comete un grosero error político Keiko Fujimori prestándole oídos a la ultraderecha peruana, que por más bulliciosa que sea, es minoritaria y lo seguirá siendo. Es más, fue por haber conservadurizado en extremo al fujimorismo, luego del 2016, que Keiko casi destruyó el partido. Solo una buena campaña de marketing en primera vuelta, sumada al acierto político de reconducirse al centro, le volvieron a dar vida en esta última elección. Debería aprender de su reciente historia si quiere seguir teniendo vigencia política en el Perú.

Lo que corresponde es una oposición keikista firme y hasta recia, pero leal. Y eso pasa, en principio, por considerar su derrota legal y legítima, sin cortapisas ni argucias verbales. A diferencia de algunos politólogos, no creo que Keiko sea ya un cadáver político, pero los pasos que está dando la conducen a pie firme al cementerio.

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Asamblea Constituyente, Keiko Fujimori, Pedro Castillo

Tras quinientos años de resistencia parece que un nuevo tiempo se abre en nuestro continente. Si atendemos a los procesos transformadores que se van suscitando en la región, podemos advertir la puesta en marcha de un movimiento de reivindicación donde el pueblo se empieza a saber dueño de su propio destino. Así lo indica el franco proceso constituyente que se está dando en Chile y que empieza abrirse camino en el Perú.

Que en el Perú, que siempre fue considerado el nudo del imperio, un profesor rural representante de un partido de izquierda llegue por primera vez en la historia a ocupar la presidencia de la república en elecciones limpias y democráticas, que otra profesora, esta vez Mapuche (una de las culturas que más embates ha recibido y que mejor ha sabido resistir al colonialismo) presida la asamblea constituyente en Chile, que en Bolivia haya vuelto a ganar democráticamente el gobierno el partido de izquierda de Evo Morales; que en Argentina nuevamente la izquierda haya llegado al gobierno, que el pueblo colombiano haya despertado de un largo letargo y haya tomado las calles para dar inicio a un nuevo movimiento de generación de poder popular. Todos esos son signos que un nuevo tiempo se abre ante nosotros.

Un nuevo proceso de giro a la izquierda se ha inaugurado en nuestro continente. Uno que reclama un nuevo pacto social que termine de derrumbar las viejas estructuras de dominación (mercantilismo, corrupción, desigualdad, injusticia, etc.). Se abre paso un tiempo constituyente donde el pueblo, consciente por primera vez de su real poder y decidido a ser el dueño de su destino, pugna por nueva renovar las constituciones, muchas de ellas hijas de la dictadura, que se impusieron a fuego y sangre.

Las fuerzas conservadoras y reaccionarias de una oligarquía que sólo sabe cuidar sus propios intereses prefieren cerrar los ojos ante esta marea incontenible de cambio. No soportan haber perdido el control de un pueblo insumiso que se sabe el protagonista de la nueva hora que vivimos. Hoy como ayer es presa del temor de perder sus privilegios porque son incapaces de aceptar la igualdad entre los individuos y ciudadanos. Cuando hace doscientos años construyeron una república a su medida, montada sobre la base de la sociedad colonial, no imaginaron que sus herederos dos siglos más tarde siguieran manteniéndose tan ciegos como ellos. Creyeron que las cifras macroeconómicas, esas que ocultaban el dolor, el espanto y la indignidad de la pobreza, eran suficientes para seguir ejerciendo su poder. La pandemia saco a luz la fragilidad de una sociedad construida a base de intereses privados y en soslayo del pueblo. Nunca fuimos capaces de construir ciudadanía.

Hoy toda esa fuerza embalsamada por siglos se ha desbordado. La única manera de encausarla es a través de un proceso constituyente. Existe entre nosotros la necesidad histórica de darnos la chance de decidir sobre nuestro propio destino, de que todas las voces, especialmente las postergadas, puedan ser escuchadas y sus decisiones acatadas. Nunca en la historia del Perú los pueblos indígenas y nativos pudieron participar de una asamblea constituyente. Por eso, seguimos siendo el país excluyente, racista y conservador de siempre.

En el Perú, darle paso al proceso constituyente no sólo significa estar a tono con los nuevos procesos sociales y populares que se van dando en la región, sino que significa también acatar la voluntad popular que votó masiva y mayoritariamente por la opción que trajo como propuesta una nueva constitución. Ahora quienes perdieron las elecciones quieren seguir gobernando y cerrando las puertas a la decisión popular de una nueva constitución, para continuar manteniendo sus privilegios. Se trata de respetar una decisión democrática y abrir el paso a una discusión donde todos podamos participar en condición de igualdad.

Con el nuevo gobierno del profesor Pedro Castillo, se abre la posibilidad real de que el proceso constituyente que ya vivimos encuentre su expresión una asamblea que sea fruto de la voluntad popular y vayamos en el camino de decidir nuestro propio destino. Querrán frenar este proceso aduciendo formalidades legales, pero la discusión en este plano no es sólo legal y jurídica, sino política y social. Más que abogados, que siempre defienden intereses, es momento de escuchar lo que los ciudadanos ya han expresado con la voz y la fuerza de sus votos. Por ello, se torna ineludible arribar a un nuevo pacto donde todos podamos participar y tomar las riendas de nuestro destino.

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Asamblea Constituyente, Pedro Castillo

En lugar de estar perdiendo el tiempo en conspiraciones golpistas o violentistas, la derecha haría bien en empezar a pensar cómo conforma una mayoría parlamentaria capaz de contener los arrestos constituyentes del presidente electo, Pedro Castillo, quien parece no entender que no es el momento, que no tiene la fuerza política para hacerlo y que además arruinará su aparente opción de moderación económica.

La derecha tiene 43 votos y el centro 44 (o 45 si Héctor Valer, expulsado por López Aliaga de Renovación Popular, se adhiere a este sector). Suman 88 votos, número suficiente para, inclusive, vacar a Castillo si éste decide romper los cánones constitucionales para emprender el camino constituyente, es decir, convoca a un referéndum de facto de inmediato o luego de recoger firmas (ni aunque recolecte diez millones puede saltarse el camino previo de la aprobación congresal).

Lo natural es que Fuerza Popular, Renovación Popular y Avanza País conformen un bloque de centro derecha democrático junto con Acción Popular, Alianza para el Progreso, Podemos, Somos Perú y los morados. Juntos tienen el poder de disuasión suficiente para hacerle entender a Castillo que debe discurrir dentro de los márgenes constitucionales.

Podrá haber votación diferenciada en lo que se refiere, por ejemplo, a aprobar el paquete tributario que Pedro Francke ha anunciado respecto del sector minero o eventualmente apoyar alguna reforma constitucional puntual, pero en lo que debe haber una sólida y pétrea unidad es en impedir que Castillo apruebe la reforma del artículo 206 para conducirnos a una Asamblea Constituyente o, lo que sería más grave, que pretenda hacerlo sin seguir los preceptos constitucionales (si así lo hace, lo que corresponde de inmediato es que se procese su vacancia).

Lo más probable es que este acuerdo pase por la renuncia de Fuerza Popular y de Renovación Popular a presidir la Mesa Directiva. Sería lo más adecuado. Ambos partidos son polarizantes y será más fácil convencer al centro de sumarse a este acuerdo multipartidario si se antepone la vocación de renuncia al protagonismo.

Embarcada en teorías conspirativas absurdas, llamamientos golpistas y miradas de soslayo a actitudes violentas, la derecha se ha olvidado de hacer política y eso pasa en estos momentos por asegurar un Congreso de contención opositora.

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Asamblea Constituyente, Pedro Castillo, Pedro Francke

En medio de la batahola generada por su proclamación, con clara realidad en contra de la opinión pública respecto del tema y con una situación fáctica congresal adversa, Pedro Castillo lanza ayer un tuit insistiendo en la necesidad de una nueva Constitución.

Esperemos que solo sea un afán de insistir en una propuesta de campaña, pensada para aquietar las expectativas de algunos de sus votantes (los más ideologizados de izquierda), pero que pronto se soslayará por la sola fuerza de los hechos.

En el Congreso, ya se sabe que desde el centro, ni Acción Popular ni Alianza para el Progreso (los grupos mayoritarios fuera de la derecha) le darán sus votos para que pueda conseguir siquiera los 66 que le permitan dar inicio a la reforma del artículo 206 que a su vez le permita al Ejecutivo convocar a un referéndum que plantee la Constituyente.

Es una iniciativa que nace muerta. A lo más que podría aspirar Castillo, sin violentar la Constitución, es a aprobar algunas reformas puntuales, pero para ello tendría que lograr cierto consenso con el centro. Si no, no hay forma, a menos que se atreva a saltarse a la garrocha el orden constitucional y que se exponga a las consecuencias legales y fácticas se semejante dislate (lo que va desde una vacancia hasta un golpe militar restaurador del orden constitucional).

Tiene tanto por hacer en materia de reformas de políticas públicas y de hacerlo desde una perspectiva de izquierda, más allá del libre mercado, en salud y educación pública, en seguridad interna para los más pobres, inclusión digital de los sectores populares, en políticas tributarias, etc., que gastar energías en impulsar un cambio constitucional suena irracional y autodestructivo. Es un homenaje fallido a un fetiche de la izquierda.

Esperemos que Castillo entienda pronto la magnitud del desafío de lograr cambios cualitativos en las materias señaladas, el mismo que excede largamente lo que anteriores gobiernos han hecho en materia de reformas, para que abandone la terca insistencia en un proceso político que tirará por la borda su gobierno.

El día que la izquierda arrase en las elecciones presidenciales, obtenga además una mayoría congresal y encuentre al país comprometido con un momento constituyente, pues nadie le podrá negar el derecho de hacerlo. Pero ese día, claramente, no ha llegado con el triunfo ajustado de Castillo, con minoría en el Parlamento y con la ciudadanía más preocupada de la urgencia pandémica y la reactivación económica.

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