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[EN EL PUNTO DE LA MIRA] Por eso, cada diez años, es importante saber cuántos peruanos somos en el Perú y cuáles son las necesidades que aún faltan cubrir, para poder tener un Estado que –a través del tiempo- cubra dichas demandas. Pero detengámonos en las lecciones que nos deja el censo del año 2017.

Una de ellas es el convenio que realizó el INEI con las universidades privadas César Vallejo –de César Acuña– y Telesup –del excongresista José Luna–. Aunque el INEI se haya amparado en la ley para sostener que la realización del censo garantiza la confidencialidad individual, es políticamente incorrecto establecer convenios con universidades que tienen fines más allá de lo educativo. ¿Dónde quedaron –por ejemplo– las universidades nacionales como San Marcos, Federico Villarreal y la UNI?, ¿se los convocó? Al respecto, no dijeron nada.

Otro punto –y muy importante– es la agresión que sufrió una joven empadronadora en Breña y la violación sexual que sufrió otra joven empadronadora en Villa El Salvador. Esta situación muy grave nos hace pensar en qué tipo de sociedad se ha ido formando, durante décadas, en el Perú. Sé que es importante la autoidentificación étnica para poder visibilizar como sujetos de derecho a las comunidades afro, nikei, entre otras, pero dónde queda el tema de la sexualidad relacionado a la salud mental. Por ejemplo: ¿el Estado –a través del Ministerio de Salud y otros ministerios– hizo algún tipo de campaña, al que haya asistido el ciudadano, sobre salud mental vinculado al respeto a la mujer? No hubo una pregunta sobre el tema.

Con respecto a su desarrollo. No hubo una coordinación adecuada para su realización. En algunos distritos, varios ciudadanos no fueron censados o los pasaron olímpicamente, pero con un sello de “casa censada”. Encima, el ciudadano no empadronado tiene que llamar para poder ser atendido, quien sabe cuándo. Antes del censo, para cualquier tipo de duda, los teléfonos no tenían servicio.

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Autoidentificación Étnica, Censo 2017, Coordinación, seguridad

El Congreso debería negarle las facultades legislativas solicitadas por el Ejecutivo en materia de seguridad. Son un mamarracho de normas inconducentes, apuradamente llamadas “Plan Boluarte”, que no van a resolver el terrible problema de seguridad que afrontamos -el peor de nuestra historia republicana- el que, el gobierno, sin necesidad de normas especiales, podría y debería enfrentar.

¿Va a ser servir una ley para resolver el inamovible problema del VRAEM, donde han muerto ya centenares de soldados y policías sin que se avance un metro en la expulsión de los narcosenderistas? ¿Va a detener al Tren de Aragua, banda venezolana que avanza imparable extorsionando desde pequeños comerciantes hasta microbuseros, sin que la policía mueva un dedo para contenerlos? ¿Necesita acaso una norma para ello? ¿Va a refrenar al Comando Vermelho, mafia del narcotráfico brasileña que ya se apoderó de enormes territorios para su causa delictiva? ¿Por qué necesitaría un paquete de normas para facilitar que la policía actúe?

¿El paquete de facultades va a refrenar la inmensa corrupción que reina en los institutos policiales y en las fuerzas armadas? ¿Va a mejorar la formación de mayor cantidad de efectivos policiales, hoy escasos y con subformación? Por supuesto que no. No sirven para nada las normas cuya facultad legislativa se ha solicitado.

Lo que se necesita, por el contrario, es un Congreso que le pare los machos a un Ejecutivo inoperante y mediocre, que no ata ni desata, y no hace absolutamente ninguna reforma importante. Vemos en el titular de Gestión de hoy que hay 38 proyectos mineros sin fecha de construcción. ¿Acaso el titular del Minem anda desvelado por ello? Si esos proyectos se destrabaran y entraran en funcionamiento, otras serían las cifras del PBI. Pero en este caso, como en el de la seguridad, la consigna parece ser no hacer nada para durar el mayor tiempo posible.

Volviendo al tema de la seguridad, lo que, en el mejor de los casos, correspondería, es que el Congreso le pida los proyectos al gobierno y los vaya discutiendo uno por uno, sin que ello sea óbice de tener sentado al ministro del Interior y eventualmente al Premier, con recurrencia, para que nos den una explicación cabal de por qué la delincuencia se ha apoderado del país sano que quiere prosperar en paz.

 

 

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Comando Vermelho, delincuencia, Plan Boluarte, seguridad, VRAEM

[CASITA DE CARTÓN] Esta Casita de Cartón abre sus puertas con un caso que ha conmocionado a la población argentina. Como saben mis lectores, me encuentro en la tierra del tango y la pasión, pero no por eso ausente de la realidad que acontece en nuestro país. Por eso haré de esto cierto paralelismo, pues no estamos para nada exento del narcotráfico, motivo (según los indicios) de tal macabro asesinato que ha horrorizado a la población ‘gaucha’. Hablo sobre el caso del influencer y empresario, Fernando Pérez Algaba de 41 años, más conocido como ‘Lechuga’, que fue encontrado día atrás descuartizado en un arroyo de Ingeniero Budge, por unos niños que jugaban a la pelota. Todo hace indicar que se encontraba entre las  turbulentas y sucias mareas del narcotráfico, así como de la estafa, los Bitcoin, y que su muerte ha sido un ‘mensaje’, más allá de un ajuste de cuentas. Aún la investigación se encuentra en curso, hay mucha tela por cortar, donde está involucrado un barrabrava de Boca de la primera línea, una persona trans como distintas amenazas por estafas, sobre todo en la venta de autos, que había recibido el perecido.

Pero de lo sustancial de este hecho, podemos extrapolarlo al terreno local, donde la lucha contra el narcotráfico está lejos de ser real, por los menos las pruebas empíricas así lo demuestran. Las autoridades se hacen de la vista gorda, que en vez de lucharlo frontalmente parecieran mantener una tregua. El narcotráfico es desde hace mucho tiempo el caudal de dinero más fuerte que se mueve entre las sombras de nuestro país. O como alguna vez un estudioso del tema dijera sobre los países de la región: ‘es el sostén de nuestras economías’. Como menciona el notable escritor italiano, Roberto Saviano, custodiado 24/7 hace más de una década después de denunciar con su obra ‘Gomorra’ a la temida mafia de la Camorra italiana, al tener un precio su cabeza: ‘Los talibanes, junto a los sudamericanos, son los narcotraficantes más poderosos del mundo’. Y es que llevándolo a nuestro día a día, esa lucha que tanto se ventila pareciera ser más mito que realidad. Que tiene más de romanticismo, como una novela o cuento de Fitzgerald o como unos versos encandiladores de trovadores, ya que con los militares que tenemos y el equipamiento militar que en este último desfile hicieron gala, ¿cómo no pueden contra 50 narcos en el Vraem? De qué sirve tanta suntuosidad si es inútil. Asimismo, ir contra los residuos de sendero  y contra la temida camarada Vilma. Ese juego sediento, el maniqueísmo cansino, tiene poco o nada de soporte ante la razón. No se puede entender como un país sin carteles como el nuestro sea el mayor o de los mayores exportadores de cocaína en el mundo. Esa ‘ayuda’ del país del norte, con la DEA, es totalmente ineficiente y hasta irrisoria. Es que esto es la vida real, no una miniserie televisiva con trama extraída de Hollywood donde los buenos siempre son los mismos, los ‘defensores de la humanidad o la libertad’, cuando ya esa narrativa está muy malgastada. Esta no una película de los Vengadores; y si lo son, son de los fracasados.

Ahora tenemos que lidiar con el tren de Aragua como distintas mafias extranjeras que han hecho de Lima su ‘patio’ para sus negocios siniestros, desde el narcotráfico, la trata de personas, la extorsión, el sicariato… Los antiguas mafias peruanos están siendo desalojadas de sus zonas o sino, en acto de sobrevivencia, se unen a esos grupos delictivos. Si continuamos en este derrotero ya no seremos de los primeros países del mundo exportando cocaína sin cárteles, sino que tendremos cárteles regados por todas partes, si es que realmente no se va contra las cabezas y no con los pececillos para las cámaras, aunque pareciera una utopía. Qué se puede esperar realmente si estos mismos financian candidatos con millonarias sumas de dinero, no solo en distintas localidades sino hasta presidenciales, y del que el Poder Judicial se encarga religiosamente en archivar. Hay tanto por descreer como nación, sociedad, deconstruir, tanto por cambiar… Esta Casita de Cartón cierra sus puertas asqueado de la realidad política, pero más aún, de la hipocresía social. De todas las jerarquías, pero sobre todo de las que llevan las riendas del país. Los que bailan sobre las tumbas.

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Si el gobierno comete este 19 de julio la bestialidad de reeditar la represión asesina de diciembre y enero, habrá puesto el primer peldaño para su inminente caída. Hasta ahora esperamos una disculpa auténtica, sanción política a los responsables y su respectivo procesamiento penal, y esa ausencia explica, entre otras varias razones, la alta desaprobación del régimen, sobre todo en las regiones donde la represión se desató inmisericorde.

Lo que corresponde en una democracia y en un Estado de Derecho es que las protestas y las marchas se respeten y cautelen. Y si se produjera algún desborde violento, pues proceder a la inmediata captura y detención del vándalo, su pase a la fiscalía y su procesamiento penal respectivo.

No hay pena de muerte por protestar, ni siquiera por bloquear una carretera, cerrar un puente o intentar tomar un aeropuerto. La policía o la fuerza armada solo puede hacer uso de sus armas letales en caso peligre su integridad vital o la de otros ciudadanos.

El problema de fondo es que si el terruqueo ya es moralmente deleznable en la sociedad civil o la clase política, resulta altamente riesgoso si lo asumen los hombres de uniforme, que creen, en muchos casos, que en este tipo de protestas están enfrentando a terroristas encubiertos (lo vimos en declaraciones grabadas a policías durante la incursión en la San Marcos).

Con esta actitud, el gobierno, en lugar de despertar temor en la ciudadanía, la alienta a salir a protestar, porque hay evidente molestia en el país por una gestión mediocre y por un Congreso corrupto y deleznable. La gente está harta y por más que haya una agenda izquierdista que quiera reciclarse con esta marcha, se entiende que a ella se sumen porciones ciudadanas independientes y sin agenda ideologizada.

El Ejecutivo tiene que saber leer la realidad. Y ésta le exige un cambio radical de gestión, no solo política sino también económica e institucional. El país no llega indemne al 2026 si las cosas siguen como están. Fuera de la agenda politizada de los convocantes oficiales de la marcha, la demanda ciudadana de fondo no puede ser soslayada y muchos menos reprimida abusivamente.

 

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cambio radical, demandas ciudadanas, Democracia, represión en protestas, respeto, seguridad

Elementos tan esenciales en la vida moderna como correos electrónicos, cuentas bancarias y celulares tienen un elemento en común: requieren de una contraseña para ser utilizados. Las contraseñas son la primera línea de defensa que protege nuestra información y debemos cuidarlas al máximo para no quedar expuestos a un crimen. Según cifras oficiales, desde octubre del 2013 hasta julio del 2020, el Ministerio Público registró 21,687 denuncias por delitos informáticos.

Teniendo claro que muchos usuarios rara vez o nunca cambian sus claves, o bien, usan la misma para todas las plataformas, los ciberdelincuentes logran traspasar esta barrera de seguridad. En el Día Internacional del Cambio de Contraseña, Kaspersky, compañía dedicada a la seguridad informática, ayuda a saber si es hora de hacer un cambio de contraseña. Revisa si alguna señal se aplica a tus contraseñas:

Repetir la contraseña en varias cuentas: Esta práctica deja vulnerables todas las cuentas o plataformas en las que se use la misma clave, pues de sufrir un hackeo en alguna de ellas, es más fácil que todas se vean comprometidas. Los expertos de Kaspersky recomiendan utilizar una contraseña única para cada plataforma; lo ideal es no “reciclarlas”, es decir, no emplear, por ejemplo, “paris1”, “paris2”, “paris3” en tres sitios distintos.

Olvidar la última vez que se cambió de contraseña: Es ideal cambiar las contraseñas cada 90 días. Por ello es que muchas empresas establecen esta práctica como una obligación para los trabajadores pues así se reducen los riesgos de seguridad. Si has pasado gran parte de la pandemia ingresando a Netflix, Spotify, banca en línea y redes sociales con la misma contraseña, es hora de hacer un cambio.

Contraseñas fáciles o con información personal: Si utilizas palabras que puedan ser encontradas en el diccionario o que sean fácilmente relacionables a ti, como fechas de cumpleaños, nombre de tu mascota o equipo de fútbol favorito, es mejor cambiar la contraseña.

Cuenta en una plataforma vulnerada: Diversas compañías han sufrido hackeos que han derivado en problemas de seguridad para sus usuarios como ocurrió con Facebook cuando un error en sus servidores provocó que millones de contraseñas quedaran expuestas. Cuando alguna de las plataformas en donde tengas una cuenta sufra este tipo de problemas, debes cambiar tu contraseña de inmediato.

¿Cómo generar contraseñas seguras?

Usar letras, números y caracteres: Kaspersky recomienda que sean de por lo menos 15 caracteres. Es importante que estas contengan números, símbolos especiales, así como letras mayúsculas y minúsculas.

Utilizar una “cadena estática”: Puedes adoptar una frase que signifique algo para ti. Usa la primera letra de cada palabra y sustituye el resto por un caracter especial y un número. Piensa siempre en frases o letras de canciones que puedas recordar con facilidad para evitar escribir tus contraseñas en notas adhesivas que dejarás pegadas en tu laptop.

Usar un gestor de contraseñas: Para que no tengas que recordar todas tus claves utiliza un gestor de contraseñas, que almacena la información de tus cuentas en un lugar seguro. Recuerda una contraseña maestra y el servicio se encarga del resto.

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Cambio de contraseña, Contraseñas, delitos informáticos, seguridad

Entre enero y julio de este año se registraron 15.701 notificaciones de accidentes de trabajo, de las cuales 129 fueron mortales, según el Ministerio de Trabajo. Es por eso que cuando dirigimos un negocio, debemos asegurarnos de cumplir con todas las normas y requisitos para hacer del espacio laboral, lo más seguro posible para nuestro equipo y para nosotros mismos.

Un informe de ISOTools Excellence, consultora de optimización de modelos y sistemas de gestión, explica que la Ley 29783 de Seguridad y Salud en el Trabajo, implica una serie de requisitos orientados a fomentar una cultura de prevención de riesgos laborales.

El cumplimiento de esta ley es exigible en todas las empresas que operan en nuestro país, sin perjuicio de la exigencia agregada por parte de algunos sectores como construcción, hidrocarburos o minería.

Entre los principales requisitos exigidos para un negocio se encuentran:

-Contar con reglamento interno de Seguridad y Salud en el Trabajo (SST).

-Conformar un Comité paritario de SST con reuniones periódicas.

-Realizar auditorías periódicas.

-Realizar al menos cuatro capacitaciones al año para todos los trabajadores, con contenido de Seguridad y Salud laboral.

-Contar con los Registros de accidentes, incidentes, enfermedades y muertes de manera actualizada.

Esta ley y sus requerimientos permiten confiar en que las empresas peruanas obtengan resultados en seguridad y salud en el trabajo a niveles internacionales, pues diversos aspectos de la Ley 29783 y su Reglamento mantienen similitud con los estándares de normas empleadas por diversas instituciones.

Esto exige a los empleadores y líderes del negocio, un nivel de organización detallado en su sistema de gestión, lo cual le permitirá mantener un cercano control sobre los riesgos y así rápidamente tomar las acciones necesarias para prevenirlos. Este proceso debe darse de la mano con el equipo y todos los trabajadores, pues son los más interesados en que se cumplan normas establecidas para cuidar de sus vidas, y así de sus familias.

Recuerda que la Ley 29783 anexa la sanción penal a los empleadores que infrinjan las normas del SST, sobre todo porque son ellos quienes deben liderar y asegurar que todas estas sean cumplidas.

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