Verónika Mendoza

Supuestamente había en el Perú una izquierda que había evolucionado a favor de la defensa de la democracia, los derechos civiles y, en alguna medida, criterios económicos responsables, disidentes del statu quo liberal, pero enmarcados en una lógica racional de mercado.

Esta izquierda sufrió un severo traspiés moral cuando miró de soslayó y rehuyó definiciones acerca de las dictaduras de Cuba y Venezuela, y no supo marcar diferencias y, por tanto, despejar dudas respecto de que si accedía al poder no hubiera desplegado esquemas de gobierno igual de autoritarios y populistas.

Costó sangre, sudor y lágrimas que paulatinamente algunos políticos o intelectuales de izquierda aceptasen que ambos regímenes eran indigeribles, democráticamente hablando, y que merecían, por tanto, severa condena.

Pero puesta sobre el test de realidad que hoy significa el gobierno de Castillo, esa izquierda ya no ha cometido un mero traspiés sino un descalabro moral. Estamos ante un gobierno inepto, imbuido de lógicas políticas dictadas por el leninismo anacrónico de Vladimir Cerrón y el filosenderismo del ala castillista. No hay forma de que una izquierda moderada se pueda tragar semejante sapo si no es previa claudicación política, moral e ideológica.

Parece que el puro afán de poder es el que mantiene a los ministros de esa izquierda en sus respectivos cargos. Un gobierno mediocre, un Presidente patológicamente dubitativo y un régimen ideológicamente esquizoide es la receta segura al fracaso más estrepitoso.

¿Quiere incinerarse la izquierda “moderna” en ese incendio seguro? La campeona del yerro, Verónika Mendoza, ya jugó sus cartas a favor de
Vladimir Cerrón. Hace pocos años rompió un proyecto político porque estaba el exgobernador de Junín presente. Hoy, se olvidó de sus aprehensiones morales y no solo lo acompaña sino que lo apuntala.

¿Pero y el resto de la izquierda? ¿Va a seguir el juego frívolo o perverso de Mendoza o va a ser capaz de denunciar las prematuras tropelías que este gobierno está perpetrando? ¿Va a tolerar el radicalismo autoritario de Cerrón? ¿Va a mirar de soslayo la presencia evidente de Sendero Luminoso en el seno de Palacio? ¿Va a pasar por agua tibia la misoginia rampante de, nada menos, el Premier?

Si la izquierda moderna y moderada -que existe en la política, en la prensa y en la academia- guarda silencio “estratégico” frente a lo que ya claramente es una tragedia política, será cómplice y corresponsable -si acaso ya no lo es- de un régimen destinado al abismo más hondo.

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Si bien hubo partidos que apoyaron las movilizaciones de noviembre, o políticos que participaron en ellas, estos no fueron los organizadores de las marchas. No existió nunca un estrado donde personajes políticos aparecieran a dar discursos, e incluso cuando Verónika Mendoza intentó participar de la marcha en la plaza de armas del Cusco, la población la obligó a retirarse, exigiendo que no tratara de capitalizar una protesta que no era política, sino ciudadana (pueden encontrar el video en YouTube).

¿Podría pasar algo similar ahora? Todo parece indicar que sí. Según la última encuesta del IEP, el 85% de peruanos está en desacuerdo con que el sentenciado por corrupción, Vladimir Cerrón, participe en el gobierno de Pedro Castillo. La designación del gabinete liderado por Guido Bellido ha generado rechazo tanto en los sectores de centro que apostaron por Castillo como el mal menor, como incluso en algunos sectores congruentes de la izquierda progresista.

¿Qué se necesita entonces para que las marchas en favor de la democracia sean, esta vez, también multitudinarias? En mi opinión, la clave está en despolitizarlas. Hoy probablemente tengamos a muchos ciudadanos de derecha conservadora, liberal, centro e incluso izquierda, que estarían dispuestos a marchar por un objetivo en común: la caída de este gabinete de izquierda conservadora, y más adelante, para hacerle frente a un atentado contra la democracia. Sin embargo, mientras estas marchas estén lideradas por políticos de un solo lado del espectro ideológico, no serán masivas. Los ciudadanos perciben que participar en estas implica dar su apoyo a algún partido político, o que atrás de las marchas hay personajes buscando capitalizarlas.

Quienes hoy organizan las marchas, parecen no darse cuenta de que, al insistir con la narrativa del fraude, incluir elementos racistas, clasistas, o atacar a otros sectores del espectro ideológico, podrían terminar teniendo un resultado contrario al deseado. Los ciudadanos podrían percibir que si bien lo que ocurre hoy en palacio es muy malo, la opción en calles es aún peor, y se vuelvan más resistentes a apoyar a algún tipo de oposición.

Todo parece apuntar a que se vienen tiempos difíciles para la democracia peruana. A todos los que creemos en ella, nos conviene tener un frente ciudadano de oposición sólido y transversal a las preferencias políticas. El único requisito debería ser querer defender la democracia.

Se buscan, urgentemente: líderes apolíticos que lideren un frente ciudadano para proteger la democracia.

*Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden no coincidir con las de las organizaciones a las cuales pertenece.

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En los cuentos para niños cuando un gigante entra en estado de rabieta y golpea el piso con manos y pies éste retumba pudiendo causar muy graves daños a su alrededor. Se trata de un proceder irracional que no mide las consecuencias de que no se haga lo que su mera voluntad le mande. Hoy vemos que ese gigante que es la derecha bruta y achorada, al haber perdido las elecciones, ha entrado en un estado de pataleta que se está llevando consigo la poca institucionalidad que hemos podido construir en todos estos años de democracia.

Con una insensata y muy poca creíble campaña de fraude, el fujimorismo aupado en esa derecha obtusa, racista y corrupta, ha llegado al extremo de la sedición haciendo un llamado al golpe de estado con tal de no permitir que la voluntad de la mayoría se concrete y Pedro Castillo sea, por fin, proclamado como presidente la república.

Los mismos generales de ninguna batalla que sólo usaron su poder y su rango para ponerse de rodillas ante el criminal y traidor de Vladimiro Montesinos, hoy como ayer, vuelven a firmar un acta de sujeción al autoritarismo corrupto al que siempre sirvieron. No les interesa ni la democracia, ni protegerla, lo único de lo que son capaces es de seguir sirviendo de guachimanes con galones a los señores de siempre que se niegan a dejar el poder que durante doscientos años mantuvieron a sangre y bala.

Las cosas ahora han cambiado y no sólo tenemos instituciones sino una ciudadanía vigilante y poco dispuesta a dejar que el triunfo contra la corrupción le sea arrebatado. La pataleta de la señora Fujimori fue la principal causante de estos cinco años perdidos por la inestabilidad política a la que nos sometió, regresándonos al siglo XIX donde hemos contado cuatro presidentes en cinco años. Hoy amenaza con más de lo mismo. Saben bien ella y la derecha que representa que han sido legítimamente derrotadas en las urnas, pero seguirán haciendo lo que esté en sus manos para no aceptar los resultados.

La persona acusada de liderar una organización criminal no ha tenido escrúpulos en rodearse de sus co-investigados desobedeciendo las reglas de un tribunal timorato que ahora es incapaz de hacerlas cumplir. Lo cierto es que eso sólo muestra el desprecio atávico del fujimorismo por las instituciones, la ley y las buenas maneras. Han tenido que sacar de su sarcófago a personajes como Lourdes Flores para que haga lo que mejor sabe, defender lo indefendible, lo han hecho porque ningún jurista ni político que se respete se prestaría a un juego tan nefando como el propuesto por el fujimorismo de patear el tablero si no se hace lo que ellos quieren.

Lo cierto es que sólo cabe esperar que el Jurado Nacional de Elecciones sea capaz de hacer cumplir sus propias normas y resuelva de una manera justa y oportuna la maraña de leguleyadas planteadas para torcer la ley. Es su deber con la ciudadanía y la democracia no ceder al poder, el chantaje y hacer cumplir la voluntad de un pueblo que ya eligió su destino votando mayoritariamente por la opción popular que representa Pedro Castillo.

Ahora lo importante para el nuevo gobierno de Castillo es asegurar la estabilidad y gobernabilidad que necesitará para llevar a cabo las reformas que planteó en el Plan Bicentenario. Para ello, es necesario que se aleje de los enloquecidos furores de ese ideario, que es una loa a la desmesura hasta cierto punto entendible, de un pueblo históricamente excluido y empobrecido. Los votantes de Castillo en la segunda vuelta, aquellos que le dieron el triunfo, votaron por el Plan Bicentenario y para que la corrupción no se hiciera otra vez del poder. Para gobernar el Perú hace falta llegar a consensos mínimos que pasan por escuchar a todos. A partir del 28 de julio Castillo será el presidente de todos y tendrá que gobernar para todos, en especial para aquellos que no votaron por él y representan casi la mitad de los electores. No puede, por tanto, pretender gobernar de manera sectaria y de espaldas a la realidad.

En este contexto tan complejo le cabe un papel crucial y hasta histórico a Verónika Mendoza. Ella y el equipo de Nuevo Perú son los únicos que le pueden dar estabilidad al régimen que está por nacer. No se trata de copar ni de captar, se trata de tener sentido de la oportunidad y ser la garantía de un gobierno que de tranquilidad a tirios y troyanos. Este triunfo tiene un sentido histórico muy importante, significa la primera vez en nuestra historia republicana que la izquierda llega al poder por haber ganado unas elecciones. El principal objetivo de la derecha será el fracaso de este intento del pueblo por dirigir su propio destino. Es mucho lo que está en juego, por eso se necesita de la unión de todas las fuerzas progresistas. No es tiempo para cálculos personales y oportunistas. Por ello, desde las filas de Perú Libre deberían aceptar que para gobernar el Perú se necesita del concurso de sus aliados.

Por otro lado, Mendoza debe asumir el destino que la historia le ha deparado y ponerse al servicio de la patria. A los grandes políticos se los conoce no por los cargos que ocupan sino por aquellos a los que están dispuestos a renunciar cuando las circunstancias lo requieren. Lo hicieron Haya de la Torre y Barrantes en su momento.  Pedro Castillo tiene hoy la enorme responsabilidad de darle viabilidad a lo que será su gobierno, le toca ordenar la casa y definir claramente con quienes gobernará. El Perú no está para más esperas y titubeos cuando la muerte asecha nuestros hogares y cuando el fantasma del golpe de estado vuelve a rondarnos.

Que Castillo vaya organizando lo que será su gobierno mientras Fujimori siga con su pataleta. A él le toca conjurar a los fantasmas del golpe y del comunismo. Mientras los extremos se enfrentan a él le toca hacer lo que haría todo estadista, pensar y ver más allá de la coyuntura. En la gigantomaquia griega, los dioses necesitaron de un simple mortal para vencer a los gigantes. Hoy los peruanos necesitamos que el sencillo profesor rural empiece a trabajar para levantar juntos al país de los escombros en los que se encuentra.

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“Ya deben haber volado”, le dice un cambista de Jirón Ocoña a otro mientras se ríen. “Nosotros le decimos así. Cuando las personas compran dólares [a un valor] alto, y al día siguiente amanece bajo, ya volaron”, explica uno de ellos. Ocoña es uno de los jirones que desembocan en la Plaza San Martín y también el punto de referencia del dólar paralelo en Lima, aquel que no se transa a través de entidades financieras.

Ambos cambistas coinciden en que han sido las encuestas las que han marcado la pauta. Según su lectura, los días en que el dólar trepó hasta casi los S/ 3.80 coincidieron con que Verónika Mendoza disputaba el segundo puesto en las encuestas. Es miércoles 7 de abril y hoy perciben un panorama muy distinto. “Los tres últimos días la gente ha venido como loca a vender [deshacerse] sus dólares. Hay mucho psicosocial”, sostiene el mayor de ambos, que suma 30 años como cambista en Ocoña. Víctor, su colega, cuenta que empezó el mismo oficio a los 16 años y que ya lleva 15 en el tradicional jirón del centro histórico de Lima.

Cambistas
Cambistas y casas de cambios en Jirón Ocoña, 5.30 de la tarde del miércoles 7 de abril. Foto: Luisa García.

“Hoy el dólar está afectado por las elecciones. No importa mucho qué es lo que pase fuera”, sostiene Carlos Rojas, especialista en mercados de capitales y gerente general de la administradora de fondos de inversión Capia SAFI. “En el muy corto plazo lo clave es qué tanto miedo tiene la gente. (…) ¿Miedo a qué? A la incertidumbre. No sé qué va a pasar, entonces me agarro a la moneda fuerte que es el dólar. Si tienes mucho miedo, vas a salir a comprar dólares”, afirma en conversación con Sudaca.

“Si es que el lunes sale Pedro Castillo y Verónika Mendoza, el tipo de cambio se va a 3.75, porque [los electores] piensan: un candidato de izquierda le va a hacer daño a la economía, mejor compro mis dólares antes de que esto se vuelva “Venezuela” como dicen, el extremo. Es muy emocional. Y si salen, por ejemplo, Hernando de Soto y George Forsyth, dos candidatos que son de centro derecha, (…) que la gente siente que van a mantener las cosas, el tipo de cambio se va de 3.63 a 3.55. Entonces depende de tu visión”, agrega.

El dólar es la variable financiera que más rápido se mueve, afectado por eventos económicos y políticos. Al arranque de 2020 el tipo de cambio interbancario que publica el Banco Central de Reserva estaba en 3.300, sin embargo, aun tomando en cuenta algunos descensos, desde entonces no ha regresado a ese nivel.

Las últimas dos semanas el tipo de cambio subió hasta los 3.77 soles por dólar, pero le siguió una baja que lo hizo llegar hasta los 3.60. Al menos en los últimos 15 años el precio del dólar no había alcanzado un punto más alto que los 3.77 del 30 de marzo, de acuerdo a data del BCR.

Evolución

La semana pasada, en los días de mayor alza del dólar, más compradores aparecieron y por montos relevantes: 30 mil, 40 mil o 50 mil dólares, coinciden tres cambistas de Ocoña. Quizás se trataba de gente que quería tener una inversión o que necesitaba comprar mercancía o insumos en dólares. “¿Qué pensarían? ¿Quizá que luego subiría más?”, se pregunta Víctor, el único cambista que se atreve a brindar su nombre, pues la falta de seguridad (robos e incluso asesinatos años atrás) en esa cuadra los ha hecho ser reservados y desconfiados.

—Ocoña es como el centro de todo el sistema cambiario en Lima. Acá vienen los cambistas de otros distritos a ‘stockearse’. Pero nosotros no sabemos qué puede pasar [con el tipo de cambio] — dice Víctor.

Diferentes actores económicos consultados por Sudaca, hablan de un fenómeno electoral sumado a la crisis económica generada por la pandemia como dos factores determinantes. Los cambistas de Ocoña repiten algo que viven a diario: el precio del dólar se define por la oferta y la demanda. Una regla que vale para el popular jirón como para los mercados de capitales. Mientras menos dólares haya en el mercado, el precio de este se encarece. Siguiendo la lógica de Rojas, sería el efecto del miedo y la elección de comprar, en la que la subjetividad juega un rol evidente.

Entre 2018 y 2019, Isabel Gonzales se endeudó en dólares para poder costear sus estudios de postgrado en el extranjero. Comenzó a pagar de regreso el préstamo en el mes de noviembre previo a la pandemia, con cuotas de entre $1,000 y $2,000 mensuales. Hoy solo le falta amortizar dos cuotas de $1,500, pero siente que la pandemia ha marcado el peor escenario para su deuda y que el vaivén de las últimas semanas solo lo ha empeorado.

Evolución

Con el avance de 2020, encontrar en Santiago de Surco, el distrito en el que vive, una casa de cambio con stock de dólares se fue haciendo cada mes más difícil. Aprendió, entonces, a coordinar con anticipación con un cambista de su zona para no pasar apuros. Gana un sueldo en soles y con ello ha sufrido cada alza del dólar en los últimos meses, así como las crisis políticas locales. Aunque debe cancelar su próxima cuota a fin de mes, ha decidido arriesgarse hoy y comprar los 1.500 dólares antes de que los resultados de las elecciones puedan quizás encarecer su compra.

Como ella, hay otros que sufren los efectos del alza del dólar: los consumidores finales de productos importados. Por ejemplo, si necesitas instalar o reparar el motor de una cochera levadiza, te requerirán el pago en dólares. Un motor de ese tipo llega vía importación de una empresa mayorista. Zengo SAC es una de ellas. Su gerente general Felipe Muñoz explica a Sudaca que su empresa no se ha visto perjudicada por el vaivén del dólar gracias a que los talleres que les compran los motores también les pagan en dólares, y estos a su vez también cobran a los usuarios finales en dólares.

Pero una de sus potenciales clientes, Maritza Martínez, ha decidido esperar a que pase la primera vuelta para ir a comprar los 350 dólares que le piden por el motor y la instalación que necesita para reparar su cochera.

“Si el Perú no hubiera tenido todo este ruido político, el tipo de cambio hoy estaría ahora en 3.30 o 3.20”, sostiene Carlos Rojas. Se refiere principalmente al proceso de vacancia de noviembre último. Para el gerente general de Capia SAFI, a diferencia de la vacancia de Pedro Pablo Kuczynski y el cierre del Congreso en 2019, la salida de Martín Vizcarra era algo que se tornaba menos comprensible en un contexto de pandemia ante los ojos de los inversionistas. Fue “catalizador en nuestro cambio de tendencia”, sostiene en alusión a un alza del dólar aun más marcada.

Una tendencia que ha tenido a sus principales perjudicados entre aquellos con deudas en dólares y los consumidores finales de productos importados, así como aquellos microempresarios que importan insumos para sus negocios.

Los grandes importadores suelen negociar y fijar el tipo cambiario en los contratos mismos, por lo que estos vaivenes no les perjudicarían sustancialmente al comprar insumos de afuera. Así lo explica Rafael Zanich, gerente de Estudios Económicos de ComexPerú, gremio de importadores, exportadores y empresas vinculadas a la cadena económica del comercio exterior. Sin embargo, el caso de los microempresarios sería diferente.

“Si tienes un pequeño negocio, vendes productos que traes de afuera y los ofreces aquí en soles, sí te vas a ver afectado. Vas a cobrar lo mismo por algo que te costó más caro”, expone Zacnich, que a su vez resalta el rol del BCR para suavizar los cambios bruscos en el precio del dólar con medidas estratégicas.

Evolución

Lo cierto es que el dólar paralelo apenas ha revertido un poco su caída de esta semana. “La semana previa a elecciones siempre hay mucho movimiento, el tipo de cambio se eleva por la incertidumbre”, apunta el especialista de Comex, quien se enfoca entonces en analizar la bajada.

“Por el efecto externo, el tipo de cambio tendería [ahora] al alza en base a una mayor fortaleza de Estados Unidos que ya se está produciendo, pero no ha sido así”, reflexiona Zacnich. “La caída tan marcada que ha sufrido el dólar esta semana está asociada al escenario político”, agrega y sostiene que la razón sería el que Verónika Mendoza se haya alejado aparentemente de los primeros lugares.

“Eso es lo bonito y riesgoso de la economía: tomar decisiones sobre algo que aún no ha pasado”, concluye. En palabras de Víctor, cambista en Ocoña: “Sea que suba o baje [el precio del dólar], la gente siempre se alborota”.

La fotocomposición y los gráficos de esta nota fueron elaborados por Leyla López.

 

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La llaman “afiliada de última hora”, la acusan de haber “copado las listas congresales” con sus amigos y dicen, además, que Nuevo Perú -el movimiento que la lideresa no ha podido inscribir hasta ahora- ha impuesto el plan de gobierno sin la aprobación del Comité Ejecutivo del partido que la aloja. En la recta final de la carrera electoral, una facción de Juntos por el Perú (JP) ha hecho públicos sus desencuentros con Verónika Mendoza y en un nuevo comunicado, que será publicado en las próximas horas, hacen oficial su apoyo a la candidatura de Pedro Castillo.

 

Los calificativos provienen de antiguos militantes del Partido Humanista, la organización política que el año 2017 -y luego de haber entablado una alianza con Patria Roja, el Partido Comunista y el Movimiento por el Socialismo- cambió de nombre a Juntos por el Perú. Ese año, se había realizado un congreso entre estos movimientos donde se apostaba por “la unidad de las izquierdas”. Luego se sumaría el Nuevo Perú. Algunos militantes han empezado a romper con ese pacto.

 

El punto de quiebre fue el “alejamiento” del partido de Yehude Simon, uno de los fundadores del Partido Humanista el 2001. Simon fue relegado a fines de 2019 por las acusaciones en su contra por el caso Odebrecht. Según Roberto Sánchez, presidente del partido, Simon está suspendido. “Yehude Simon solicitó la suspensión de sus derechos de militante y cargos porque eso correspondía. En nuestra acta fundacional dice que ninguno de nosotros debe estar en curso en un proceso de corrupción. Desde octubre de 2019, él no forma parte de ninguna decisión de JP hacia adelante”, explica Sánchez a Sudaca.

 

Según fuentes del partido que ahora se oponen a la candidatura de Verónika Mendoza, Sánchez tomó la posta de JP con la venia de Simon, pero luego le habría dado la espalda. Para estas mismas personas el actual presidente del partido viene midiendo sus decisiones para preservar el poder. “Sánchez no sabe cuál es realmente su poder y si las bases lo apoyarían. En Lima, él manda, pero tiene miedo de que vengan otros delegados y pierda el poder. Por ejemplo, en algún momento se quiso cambiar el logo de JP, pero Sánchez no quiso porque pensó que iba a ser problemático”, dice una fuente del partido.

 

Entrevistado para este informe, Leonel Falcón, secretario nacional de Relaciones Internacionales de JP, no tiene reparos en decir que Sánchez es una persona que “se alinea” con el poder del momento e, incluso, lo llama “traidor”. Sánchez replica y califica las palabras del dirigente como “lloriqueos de quienes han sido derrotados en las elecciones internas del partido de noviembre del año pasado, donde se presentaron las precandidaturas, y que apelan a ataques de carácter político, mas no se dedican a ganar con propuestas”.

 

Por su lado, desde su prisión domiciliaria, Simon ha mostrado un claro apoyo a la candidatura de otras fuerzas de la izquierda, como la que lidera Pedro Castillo con Perú Libre. “Simon dice que va a apoyar a Castillo, pero ya no está en JP. ¿Qué daño hacen? Son manotazos insignificantes respecto a lo que hacemos”, asegura Sánchez. Para el dirigente de JP, estos líos dentro del partido no son trascendentes y afirma que no se quebrará la unión entre ellos.

 

Según fuentes del partido que apoyan a Mendoza, los miembros ‘rebeldes’ son los que siguen simpatizando con Simon. Pero Falcón evita que se le ponga esa etiqueta. “Simon se ha equivocado 50 mil veces y yo se lo he dicho. No representamos a Simon, sino a las bases regionales a nivel nacional que no estamos de acuerdo en cómo se están llevando las cosas actualmente”, dice este dirigente.

 

El pasado 29 de marzo, Leonel Falcón y Rosario Peralta, secretaria nacional de Vocalía Orgánica, firmaron un primer comunicado público manifestando su oposición. En este se dice, por ejemplo, que el Comité Ejecutivo Nacional al que ambos pertenecen está en crisis y que ha habido renuncias de dirigentes. Todo eso ha conllevado a que no se reúnan desde el 20 de noviembre del año pasado. Por lo tanto, apuntan, ninguno de los lineamientos políticos establecidos por Mendoza y su equipo cuenta con su aprobación.

 

“Con relación a las declaraciones políticas-orgánicas y propuestas programáticas en su condición de candidata formulada por la Sra. Mendoza, son de su entera responsabilidad personal, no expresan nuestra propuesta programática fundacional (…) No refleja nuestros principios e ideario fundacional, respecto a la autodeterminación de los pueblos y la no injerencia externa. Por oportunismo electorero, se ha negado nuestro humanismo sin fronteras y la solidaridad con los pueblos hermanos de Cuba, Venezuela, Nicaragua y por los que luchan por vida digna, justicia y democracia”, se lee en el escrito.

 

Falcón y Peralta también lanzan su artillería contra la figura de Verónika Mendoza y afirman que no tiene ningún cargo de responsabilidad política al interior de JP. De hecho, Mendoza se afilió al partido el 28 de setiembre del 2020, poco antes de iniciar la campaña. “Solo para ser candidata”, anotaron en el escrito.

 

Quienes defienden la candidatura de Mendoza afirman, sin embargo, que esta facción no representa una base importante al interior de la coalición. Algunos militantes ven este asunto como una pelea justamente dentro del grupo que proviene del Partido Humanista.

 

Falcón sostiene que él representa a las bases a través del comité regional de Ica, mientras que Rosario Peralta, por Cusco. “Somos los únicos representantes orgánicos de regiones”, asegura el dirigente. En las próximas horas, esta facción sacará un nuevo pronunciamiento donde, según Falcón, se adherirán más de 100 militantes, de los cuales el 90% provienen del Partido Humanista. En el escrito oficializarán su voto a favor del candidato Pedro Castillo.

 

Más allá de hasta dónde lleguen los escollos internos, lo que preocupa es la mirada a futuro. Algunas fuentes del partido afirman que están más unidos que nunca, pero no saben si eso continuará luego del 11 de abril. Hay un factor que será determinante para medir si la alianza tendrá la solidez de un acero templado o la de un papel mojado: la formación de Nuevo Perú como partido y, con ello, la búsqueda del financiamiento público en el futuro.

 

Nuevo Perú presentó el pasado 15 de enero la solicitud para ser inscritos como partido político. Los requisitos exigen tener al menos 66 comités en 20 regiones, así como cerca de 24 mil fichas de afiliación de militantes, a diferencia de la anterior normativa que exigía tener más de 700 mil firmas para la inscripción de un partido. A pesar de haberse bajado la valla, aún no han podido lograr su inscripción.

 

Según Ruth Luque, militante de Nuevo Perú y personera nacional de JP, presentaron casi 25 mil fichas y 66 comités en 22 regiones, pero por ahora andan subsanando observaciones. “No creo que este año se cuente con la resolución (de inscripción), porque se está dando el proceso de verificación y fiscalización, que no son inmediatos. Subsanar es algo normal porque así es este proceso”, cuenta.

 

Leonel Falcón está convencido de que el escenario más probable es que Nuevo Perú, cuando consiga su inscripción, busque hacer campaña por su lado para las elecciones regionales y municipales. Luque asegura que estos escenarios ya han sido contemplados, pero evita referirse más allá de un acuerdo. “Sería terrible que no se implemente la base programática. Por el momento no lo veo así (que JP se divida tras las elecciones). Más adelante podrían generarse algunas diferencias. Somos conscientes de lo que pasó con el Frente Amplio y, si se genera una tensión, espero que se dialogue y se pueda arreglar con consenso”, dice Luque. Se refiere a la división de la bancada del Frente Amplio en el Congreso electo el 2016, cuando, en menos de un año, los 20 congresistas que llegaron se dividieron en dos bloques con el alejamiento de la bancada, precisamente, de Nuevo Perú.

 

Actualmente, se han sumado a la coalición alrededor de 25 organizaciones políticas, principalmente movimientos regionales. La lógica dicta que es el peor momento para peleas. JP está cerca  de conseguir una representación congresal e incluso pelean por llegar a segunda vuelta. Según un reciente simulacro de votación con cédula de CPI, el partido obtendría 12 curules. Según el mismo estudio, Verónika Mendoza ocupa el cuarto lugar con 7.3% de votos, detrás de Yonhy Lescano (11.1%), Hernando De Soto (7.9%) y Keiko Fujimori (7.9%).

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Yonhy Lescano parece ser el favorito para ocupar el sillón presidencial, ¿qué nos esperaría de un candidato que no tiene un plan de gobierno claro, que solo tiene “lineamientos”, como él mismo confesó en RPP?

Llama la atención que el candidato que está primero en las encuestas sea un candidato que no ha desarrollado tantas propuestas en el plan de gobierno. Recordemos que en el caso de Acción Popular hubo unas elecciones primarias. Seguramente esperaron a tener los resultados de quién iba a ser el candidato presidencial para ponerse a trabajar en el plan de gobierno, lo que refleja poca organización institucional, sin embargo creo que es importante que el partido reconozca que el plan de gobierno que presentó al JNE no es el completo y que se encuentran trabajando en ello. Lo ideal hubiese sido que lo presentaran en el momento correcto, según el cronograma electoral.

 

En ese caso, ¿es un partido improvisado?

Claro. Lo que pasa es que esta situación refleja el poco fortalecimiento institucional que tienen los partidos políticos en general. En este caso particular, pese a que es el partido más antiguo, es interesante ver que el tiempo de vida del partido no importa, sino la solidez institucional que puedan tener.

 

Solidez que parecen no tener. Hoy Acción Popular tiene una bancada con agenda propia y cuyo rostro más visible es Manuel Merino, con quien Lescano ha deslindado en público. ¿Podemos tener un presidente a quien su bancada le dé la espalda en los próximos cinco años?

Sí. Es complicado si es que Lescano es elegido presidente porque, por un lado, es muy probable que no gobierne con mayoría en el Congreso y, además, tenemos que identificar que existen ciertos problemas internos en el partido de Acción Popular. Esto podría generar que algunos candidatos actuales al congreso no necesariamente avalen o apoyen a Lescano de ser elegido presidente.

 

Acción Popular tiene las preferencias congresales, ¿por qué cree que la crisis política de la que fueron protagonistas no los ha afectado?

Pese a que acabo de decir que es un partido que no tiene solidez institucional, lo cierto es que sí están bien organizados en regiones. Esto hace que la ciudadanía los identifique, con el tiempo, como un partido serio. La gente todavía recuerda las acciones de Belaúnde. La marca de Acción Popular está muy presente a nivel nacional, por eso es que suele tener una intención de voto mayor.

 

Pasemos a otro candidato. Según las últimas encuestas, las posibilidades de que Rafael López Aliaga pase a segunda vuelta aumentan. ¿Qué cosas considera usted que se ponen en riesgo con esta candidatura?

Su discurso ha estado ligado a un electorado bastante conservador. Se ha visto públicamente cómo algunas de sus candidatas han denigrado a la mujer o al rol que la mujer debe tener en la sociedad, lo cual preocupa porque estamos en un tiempo donde justamente lo que se trata es de cerrar las desigualdades entre hombres y mujeres. A esto se le suman algunas actitudes que no respetan la libertad de las personas pese a que ellos mismos se autodenominan como un partido liberal. Al final, Renovación Popular termina siendo bastante conservador y se contradice con los principios liberales que ellos sostienen.

 

De llegar a ser presidente, ¿el retorno a la edad media sería inminente o qué fuerzas se esperaría que pudiesen detenerlo?

No sé si estoy siendo optimista, pero no creo que vayamos a regresar a la edad media -como quizás alguna vez yo misma lo comenté en el podcast “Debate” de Sudaca- porque tenemos una ciudadanía cada vez más organizada que tiene una mayor incidencia pública. Sí creo que va a haber un retroceso en políticas vinculadas a la identidad de género y al acceso a salud sexual y reproductiva, pero también creo que va a haber un posicionamiento de las organizaciones sociales, quienes van a tener un rol bastante protagónico para contrarrestar estos vacíos en la agenda pública en un eventual gobierno de López Aliaga.

 

Últimamente se le ha cuestionado aspectos de su vida privada, ¿esto podría aumentar sus votaciones entre el sector más conservador o, por el contrario, podría hacerlo caer en las encuestas?

Estos temas privados que ha comentado, como el castigo al cuerpo que realiza para controlar ciertos deseos sexuales, lejos de indignar al electorado, creo que más bien lo que hacen es ponerlo como…

 

¿Como un santo?

Sí. López Aliaga identifica quién es su público objetivo y lo que hace es fortalecer la conexión con ellos. Al sostener que es una persona que castiga su cuerpo y su decisión de ser célibe se posiciona como una persona santa desde la perspectiva conservadora. Algo propio de lo que hicieron muchos santos en la edad media y en la edad moderna. Esto podría identificarlo falsamente como una persona honesta, íntegra, cuando en realidad la fe no tiene nada que ver con la capacidad de ser corrupto o no.

 

Un candidato que ha sorprendido es George Forsyth, quien parece haber detenido su caída en las encuestas, ¿a qué se debe esto?

El freno de su caída podría indicar que cierto electorado ubicado más al centro, centro derecha, estaría optando por este candidato, en vez de otros que estarían representando esa misma posición política. Es el gran espectro centro, centro derecha, como Julio Guzmán, Keiko Fujimori o Hernando de Soto.

 

¿El freno de su caída tiene que ver con su cambio de estrategia? Antes optaba por no dar entrevistas y ahora se ha vuelto más confrontacional…

No creo que sea por eso, porque yo siempre lo he visto en medios. Creo que simplemente los electores lo están empezando a ver como una opción porque la campaña se prende recién. En realidad, la campaña suele empezar un mes antes de las elecciones, recién estamos empezando a ver datos que podrían darnos ciertas luces.

 

A pesar de ser el rostro más visible de la izquierda, Mendoza parece que va en picada. ¿La considera una candidata radical? 

Verónika no ha sido consciente de la situación en la que estamos. Ella ha insistido mucho en una agenda que pegó muchísimo en la época de las marchas de noviembre cuando se pedía una nueva Constitución, pero luego esto se ha ido bajando y las demandas ahora son otras. Debería conectar con esas demandas actuales que tiene la ciudadanía y tratar, sobre todo, de concertar con ciertos aliados. Creo que su partido ha golpeado muchísimo a otros partidos políticos que, en un escenario de segunda vuelta, la podrían apoyar. Ha buscado mucha confrontación, ha tratado de ser radical en muchas cosas, pero no ha escogido estratégicamente a sus enemigos.

 

Hablando de sus enemigos, el que asoma en las encuestas es Pedro Castillo, un ala de la izquierda que ve con recelo la figura de Verónika. ¿Cómo podría ella convencer al bolsón de electores que están apoyando a Castillo? 

Mendoza no debería mirar para ese lado porque es un bolsón de electores bastante radical que hoy estaría disputándose con Yonhy Lescano. Creo que más bien debería apostar por conquistar, por ejemplo, a aquellas personas que estaban con Julio Guzmán y que, al ver que hoy está con una baja intención de voto, buscan otra elección. Tiene que conquistar también a ese gran bolsón de casi 30% de electores que no sabe por quién votar y que aún no han definido su voto.

 

Al que parece habérsele apagado la llama es a Julio Guzmán, quien baja cada vez más en las encuestas hasta casi desaparecer. ¿Le parece una buena estrategia que haya desplegado su artillería contra Rafael López Aliaga?

Es importante que se le vea más activo y que con un mayor ímpetu que antes. Antes parecía ser un candidato que quería caer bien a todos pero que no terminaba de cuajar con nadie. Al enfrentarse a López Aliaga y señalar las discrepancias que tiene con él, ya tenemos a un Julio Guzmán que está empezando a marcar posición, que es lo que le gusta más a los electores: un candidato que marque postura, que no es lo mismo que un candidato radical.

 

¿Cree que Guzmán tenga chance de llegar a segunda vuelta o el Partido Morado debería ir pensando en el 2026?

Si nos limitamos en las proyecciones estadísticas, creo que Guzmán no tiene posibilidad. Sin embargo, el análisis político no necesariamente va de la mano con una probabilidad estadística, sino que hay otras variables que, en un plazo de dos semanas o inclusive una semana antes de las elecciones, harán que el escenario cambie de manera radical. Recordemos a Lourdes Flores Nano con su frase de “métanse la alcaldia al poto”, lo que hizo que bajara muchísimo en las encuestas en el último tramo. O a un Jorge Muñoz que en las últimas semanas no pasaba del 5% de la intención de voto y que después del debate empezó a crecer. Estamos en el país donde cualquier cosa puede pasar.

 

Por último, ¿qué nos espera los próximos cinco años? ¿La esperanza o la resignación?

Creo que lo último que debemos perder los peruanos es la esperanza, y en realidad es lo último que perdemos. Sin embargo, a veces tenemos un exceso de esperanza y eso hace que terminemos confiando demasiado en los políticos que ponemos en el cargo. Hoy más que nunca debemos tener cuidado con quienes elegimos, no solo como presidente, sino también dentro de los sillones congresales. Debemos de tomar en cuenta que estas personas que tienen una linda sonrisa o hacen un baile simpático en Tik Tok, deben tener, primero, propuestas serias y, segundo, que sean personas que no estén vinculadas a algún “anticucho”.

 

*Créditos de la foto: Perú21

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“En el caso de Mendoza, lo que de ella asusta a la alta burguesía limeña es lo que le gusta a su electorado de a pie”.

Verónika Mendoza ha decidido romper con sus consejeros que le recomendaban migrar al centro y tratar de conquistar ese electorado mayoritario, pero indefinido que identifica a la ciudadanía peruana. Así, ha propuesto recientemente, por ejemplo, la nacionalización (estatización) del gas o la toma de posesión de todas las plantas de oxígeno privadas para atender la emergencia, etc.

 

Para quienes aspiramos a que en el Perú se construya una opción de izquierda creyente en el libre mercado, no es una buena noticia que la lideresa mayor de la izquierda peruana se radicalice, claro está, pero, sin duda, es su mejor estrategia electoral. En el caso de Mendoza, lo que de ella asusta a la alta burguesía limeña es lo que le gusta a su electorado de a pie.

 

Mendoza tiene un doble desafío por delante: arrebatarle votos a Yonhy Lescano, quien sin ser propiamente de izquierda, le ha quitado un caudal significativo de electores. Si Acción Popular lanzaba a Alfredo Barnechea o a Raúl Diez Canseco probablemente hoy estaría debajo de la valla electoral. Con Lescano la achuntaron. Ese bolsón de votos tiene que ser recuperado por Mendoza. Ese debería ser su objetivo estratégico (increíblemente vemos a sus huestes enfervorizadas haciendo campaña contra un zombie, como es el partido Morado)

 

Y para ello necesita propuestas concretas, audaces, como las referidas líneas arriba, no engolosinarse tontamente en abstracciones como el cambio de la Constitución, que además la mayoría del país apoya, pero porque quiere una Carta Magna más conservadora y autoritaria, no como aquella con la que sueña la candidata de Juntos por el Perú.

 

Y de otro lado, Mendoza no puede permitir que Pedro Castillo le quite los votos radicales del sur. Según la última encuesta del IEP, el candidato de Perú Libre tiene 8% de intención de voto en el sur y 3.5% a nivel nacional. Si Mendoza sumase esos votos estaría segunda en las encuestas.

 

Verónika Mendoza está congelada desde hace meses. Habrá que ver en el transcurso de los días, y con la siguiente encuesta en mano, si le funcionó la estrategia de radicalización. Anticipo que sí, que la gente está esperando formatos confrontacionales, sean de derecha o izquierda, y no las de un malaguoso centro. La crisis simultánea de salud, economía, social y política nos ha conducido a eso y quienes lo han entendido están cosechando fructíferamente.

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