Nuevo Perú

 

La frase que le da título a este artículo es la recomposición de una frase muy famosa de la película Star Wars Episodio 3: La venganza de los Sith, que narra el momento en el cual Ben Kenobi le dice a Anakin Skywalker, después de dejarlo muy malherido en el planeta Mustafar, que él era el elegido por la profecía para salvar al mundo, para recomponer la fuerza. 

Esta frase tiene lugar en el Perú ahora porque durante la última semana y más precisamente en los últimos días hemos asistido a una profundización de la desconfianza y del deterioro de la imagen del presidente Castillo ya no ante la derecha sino ante sectores moderados de la izquierda que lo empiezan a ver de manera diferente. Incluso sus aliados en el gobierno han salido con comunicados bastante elocuentes con respecto a la acción política del presidente.

tweet Verónika Mendoza
El punto de inicio de este nuevo conflicto que afronta el presidente Castillo tiene que ver con la renuncia del ministro del Interior Avelino Guillén en circunstancias en las cuales lo que el ministro saliente solicitaba era la autorización presidencial para la remoción del Comandante General de la Policía Nacional, que colisionaba con una gestión transparente del ministro. 

La indecisión del presidente ha sido considerada como ponerse de costado frente a la evidencia de la corrupción dentro de la Policía Nacional y eso ha generado que incluso sectores que habían manifestado un apoyo notorio al presidente hoy estén cuestionando al mismo y estén presionando para que desde el Gobierno se genere una corriente o de ruptura o de cambio profundo en la composición de los principales cuadros del Poder Ejecutivo.

Por fin ayer en la noche el presidente tomó una decisión y parece “salomónica”: aparta tanto al ministro como al director general de la policía. Sin embargo genera algunas interrogantes y algunos problemas que trataremos de resolver en los siguientes días pero no es ese el objetivo central de este artículo. 

Lo que vamos a tratar de considerar esta semana es cuál es el rol que juega la otra izquierda dentro del Gobierno de Perú libre y el presidente Castillo, cuál es el rol que desde el Movimiento Nuevo Perú y desde otros actores de la izquierda se está cumpliendo; si se trata de un rol que está llegando a su fin o si es que se tiene más músculo para continuar acompañando al Gobierno actual.

Aparentemente la primera ministra Vasquez, quien avalaba a Guillén, se ha conformado con la decisión presidencial, estando presente en la reunión del domingo por la noche que determinó la decisión final presidencial. Y ayer los ministros Durán y Francke acompañaron a Castillo en su recorrido por las provincias del oriente, mostrando incluso selfies alegres en sus redes sociales. Lo que daría por sentado que desde los aliados del gobierno se trata de un impase que como otros (la crisis Barranzuela, la crisis Pacheco, por citar solo dos, pero van varias) se da por superado. 

Como en otras ocasiones vamos a tratar de hacer un artículo colaborativo con la participación de algunos que tuvieron la gentileza de colaborar con un mensaje que se colocó ayer en el Twitter. Desde luego la mirada que le damos se sujeta a lo que este autor considera qué es el norte del tema, pero respetando la pluralidad de opiniones que se plantean.

Alonso Gurmendi, conocido abogado e hiper estrella del Twitter nacional, considera que este problema no nace acá y que más bien la izquierda no ha logrado plantear desde un inicio una toma de posición más principista. Lo que Gurmendi plantea es por qué recién ahora la izquierda se preocupa de tener principios con respecto a la corrupción y antes no levantó la mano frente a temas de homofobia, misoginia y otros que desde el inicio del gobierno se dejaron ver: por qué desde la izquierda moderada recién ahora hace cuestión de Estado por el tema Guillén, pero se permite la compañía en un gobierno que en otras líneas se mostró contrario a sus propias banderas fundamentales. 

Es un buen punto de partida: si se está cómodo con A por qué no está cómodo con B. Sin embargo, consideramos desde este espacio que son momentos diferentes para evaluar la acción desde los socios del gobierno, pues al inicio de este periodo se podía considerar que había una curva de aprendizaje y de correlación que hacía ser posible pensar en cambios desde adentro y que por eso la toma de posición podía irse dando en los hechos. 

De hecho, Gurmendi no considera que con respecto por ejemplo a la composición paritaria del gabinete sí hubo cambios. La llegada de Mirtha Vásquez generó varios cambios al interior del mismo gabinete y que se ha ido avanzando -con el Ministerio de la Mujer sobre todo- en el desarrollo de una política bastante más inclusiva. Estamos lejos todavía de pensar que estamos en una plataforma de izquierda, pero que hubo avances, los ha habido. 

Laura Arroyo, por su parte, comunicadora e intelectual, señala más bien que ese pedido de coherencia suele ser siempre orientado a las izquierdas y nunca a las derechas. Pero, además, considera que se trata de un proceso no lineal, que genera contradicciones y que lo importante es dar la pelea desde adentro y que ese espacio es el que Nuevo Perú y la Premier están dando.

Con ese punto de partida la pregunta seguía abierta: qué es aquello que todavía mantiene el vínculo entre sectores más institucionales de la izquierda como el Movimiento Nuevo Perú y el gobierno del presidente Castillo. La hipótesis optimista que plantean algunos comentaristas es que el vínculo se mantiene por la necesidad que se tiene de asegurar la viabilidad de algunas conquistas que se pueden hacer desde el gobierno. El mantener carteras claves de apoyo social y del manejo de la economía mantienen el optimismo de poder hacer una gestión adecuada y tratar de ir conquistando otros cambios desde adentro. 

El otro aspecto optimista es que en realidad se trataría de un sacrificio de la dirigencia y militancia de estos sectores de la izquierda, que con su presencia hacen que el gabinete mantenga una composición progresista y así se evita la llegada de determinadas corrientes que puedan ser dañinas para el desarrollo del ejercicio del gobierno: concretamente que se tome un rumbo más radical o que por el contrario se alíe explícitamente con Acuña, Acción Popular o incluso el fujimorismo. 


Otra posición es la del pragmatismo. Esta posición -señalada por varios de los analistas que han comentado la pregunta inicial- lo que sostiene es que un sector de la izquierda ve en los sectores que manejan la oportunidad de mantener una cuota de poder, de desarrollar líneas de trabajo que puedan servir de plataforma a posteriori y de poder ratificar su influencia dentro del Poder Ejecutivo. Es decir: se plantea la posibilidad de que la comodidad de permanecer en el gabinete se explique por la posibilidad de obtener beneficios adicionales posteriores. Se trataría de un cálculo hacia adelante más que de una apuesta por el presente.  

Particularmente creo que esto es una visión poco ubicada en la realidad: a los ojos de la opinión pública es poco probable que se pueda separar la paja del trigo en una gestión vista como polémica y la verdad es que es poco lo que se pueda considerar como ganancia a futuro en términos de imagen si es que los indicadores generales del Gobierno no mejoran a ojos de la opinión pública.

Finalmente, la mirada de “interés” que nunca falta: de mantienen ahí porque son parásitos, por el sueldo, porque solo les interesa le poder, etc. Incluso el excongresista Arce tiene palabras duras para sus ex correligionarios:

En concreto, no existe una forma de entender cuál es el juego que desde los aliados del gobierno están desempeñando. Lo que sí parece claro es que su presencia genera una mejor imagen a favor de Castillo y aseguraría cierta racionalidad en sectores relevantes. No sabemos si sea un tema que a la interna de los movimientos de la izquierda se esté discutiendo o si vayan a existir más renuncias luego de esto. Pero lo que es claro es que el presidente no da para muchos más traspiés. 

Por cierto, en la película, si bien Kenobi derrota a Skywalker, este es acogido por el lado oscuro y reconstruido como Darth Vader, implacable y malvado general del imperio. Kenobi se ve forzado a exiliarse en el desierto de Tatooine donde décadas después conocerá a Luke. Pero eso es otra parte de la historia.

 

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Desde la caída del muro de Berlín y desde el Congreso de Huampaní, si hay algo que ha caracterizado a la izquierda peruana, o mejor dicho a la izquierda limeña, es hacer política en torno a caudillos de cualquier tendencia política y no a instituciones perdurables en el tiempo. Allí tenemos el apoyo a diversos personajes polémicos como: Alejandro Toledo, Ollanta Humala, Susana Villarán, Pedro Pablo Kuczynski, Martin Vizcarra y, ahora, a Pedro Castillo y no a construir partido que sostenga un proyecto político. Algo que les ha costado, y les sigue costando.

En teoría política se afirma que el grado de institucionalidad de una organización pasa no negar la existencia de tendencias al interno. Si las tendencias se convierten en facciones pues el partido político se debilita, generándose una ruptura. ¿Cómo surge Nuevo Perú? Dicha organización surge después de la ruptura del Frente Amplio, mejor dicho, surge después de las disputas entorno a Verónika Mendoza y el padre Marco Arana, que pudieron canalizar sus diferencias pero no lo hicieron, entorno a su desempeño como bancada en el Congreso de la República el año 2016 (año en el que obtuvieron 20 congresistas). 

No los unía ideas, los unía cuotas de poder. Efectivamente, eso podemos ver también en su actual alianza con Pedro Castillo. Desde la asunción al gobierno, el entorno de Pedro Castillo no ha estado exento de denuncias públicas (léase denuncias por vínculos con Movadef, brazo político de Sendero luminoso; denuncias por vínculos con el narcotráfico y por tráfico de influencias, entre otros). A pesar de ello, los miembros de Nuevo Perú en el gabinete ministerial no han mostrado disidencia alguna; por el contrario, han mostrado un apoyo reiterado, haciéndonos notar públicamente que importa más el sueldo y el cargo que las ideas que persiguen. 

Así, Nuevo Perú y Verónika Mendoza se alejan de toda proyección que generaban hasta entonces: la de ser moderados, la de haber aprendido de sus errores estatistas y la de querer construir institucionalidad. Con el apoyo a Pedro Castillo, dada la situación en la que se encuentra producto de corruptelas a su alrededor, Nuevo Perú pierde la oportunidad de lograr una llegada a la presidencia por un buen y largo tiempo. 

La trágica historia de finales de siglo XX se vuelve a repetir, por no lograr aprender de ella y avanzar hacia una socialdemocracia como lo hicieron partidos que tuvieron su mismo origen, no han logrado y no logran proyectar una imagen de modernidad. 

 

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Ojalá Richard Arce, excongresista del Frente Amplio (era parte entonces de Nuevo Perú), se consolide como una opción político-electoral en el futuro. Es el único líder que, desde la izquierda, viene mostrando una actitud digna y crítica de los desmanes del gobierno de Pedro Castillo.

Es más, coherente con sus posturas de izquierda, y sin transar con ellas, alberga un sentido de modernidad al entender que no hay proyecto de izquierda viable que se despliegue contra la inversión privada (incluyendo a la inversión minera, tan satanizada por sus colegas de bando ideológico).

El resto de las izquierdas, que conforman la coalición que nos malgobierna, está inmerso en una espiral de desprestigio absoluto, no tanto por pertenecer a un gobierno mediocre -que, al final de cuentas, de ello es principal responsable el propio Presidente de la República- sino por guardar silencio sepulcral respecto de las tropelías que se cometen en diversas instancias del poder, sin alzar una voz crítica o siquiera lanzar una tímida alerta a propósito de ello.

Lo que hemos visto en estos primeros 120 días de gobierno excede los términos normales de solvencia administrativa del Estado y adquiere ribetes de escarnio gestor, sin considerar, inclusive, los visos de corrupción encubierta que muchos de los actos desplegados en ese lapso, revelan o sugieren.

Se hubiera esperado, sobre todo de la izquierda considerada moderna, y que durante la propia campaña fustigaba a Castillo acusándolo de primitivo y rupestre, una actitud vigilante -como ella misma anunció- y que ejerciese presión para enderezar el rumbo equívoco que este gobierno ha tomado desde el inicio, aparentemente sin remedio. Y eso no ha ocurrido.

Por supuesto, lo que está ocurriendo es una gran noticia para la centroderecha, o la derecha monda y lironda, ya que lo más probable es que las próximas elecciones ambas cosechen del enorme desprestigio en el que se está sumiendo casi toda la izquierda, pero no es una buena noticia para la democracia peruana que la izquierda involucione a cuenta de prebendas del poder, y se aleje de los criterios de modernidad que en otros países la izquierda muestra y que permiten una saludable rotación democrática sin que el país estalle o la sociedad se vea sumergida en el atraso, como hoy está sucediendo.

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Por Cristian Rebosio

Durante la campaña para la segunda vuelta, Verónika Mendoza y su partido respaldaron la candidatura de Pedro Castillo, ¿por qué ahora vemos un quiebre y constantes cuestionamientos a la presencia de personas como Pedro Francke en el gobierno?

Existe una dinámica de control de puestos y lugares dentro del gobierno. Se nos ha fustigado permanentemente, se nos ha buscado incluir en este apelativo de “caviares” como una manera de agredirnos. Nosotros, en cambio, hemos buscado ser más responsables, respetuosos, cautelosos y poner al servicio del gobierno lo mejor que podamos. Esto es visto por un sector de Perú Libre como una amenaza que de fondo no tiene un asunto programático, sino un celo de poder.

¿Un sector de Perú Libre se deja llevar por la ambición?

No es solo un problema de ambición, sino de perspectiva. No hay una consciencia de lo que está en juego y, efectivamente, se han cometido serios errores, como la pérdida de la Mesa Directiva, justificada en una supuesta inutilidad [de tener el control] del Congreso, hasta cometer otro tipo de errores que nos han llevado a esta situación. Por eso es importante volver a convocar para retomar el camino unitario, fortalecer, apuntalar al gobierno y plantear una agenda desde el pueblo que sea la base de una movilización de amplios sectores de la ciudadanía que deben ser convocados y no solamente de un partido. 

¿Perú Libre no ha valorado los aportes de su partido al gobierno de Pedro Castillo?

Hay una pugna relacionada con espacios de poder y eso impide que se vean los aportes que se están dando al gobierno. En vez de vernos como aliados, nos ven más como enemigos a nosotros que a los sectores conservadores.

¿Cómo toma la postura cerrada de Perú Libre para vincularse con otras agrupaciones de izquierda?

Perú Libre es el llamado a encabezar una coalición y garantizar que el proceso de cambio sea una realidad, pero lamentablemente la actitud sectaria de un sector nos ha llevado a un escenario en el cual, en vez de ayudar a que se consolide el proceso unitario, lo han ido desgastando. Es irresponsable, en muchos sentidos, no entender que están en juego las posibilidades de cambiar el país y que se termine vulnerando la voluntad popular.

Uno de los principales opositores a la unión de estos grupos de izquierda ha sido Vladimir Cerrón, ¿el presidente Pedro Castillo debería alejarse del secretario general de su partido si se mantiene esta postura de no integrar personas de otras agrupaciones políticas al gobierno?

Nosotros siempre hemos tratado que la unidad se mantenga. Nos parece importante y saludable que se mantenga y sea la base del gobierno. Además de esta actitud de Cerrón, hay una voluntad de los grupos de poder económico y ultraderecha que han aprovechado estos errores y se plantearon el objetivo de separar a Perú Libre del gobierno. No sé qué tipo de democracia alentamos donde no se reconoce a los partidos y que estamos en el juego democrático donde se tienen que dirimir las diferencias y no emplear otros métodos que no contribuyen a la institucionalidad de la que siempre hablamos.

Desde Nuevo Perú se han promovido manifestaciones en apoyo al gobierno de Pedro Castillo y contra el Congreso, ¿considera que este último ha tomado una postura obstruccionista?

No solo es obstruccionista sino golpista. Para empezar, han modificado inconstitucionalmente el equilibrio de poderes. Es una señal más de que se avanza en una lógica de obstruir al gobierno y generar caos para sustentar un pedido de vacancia.

La posibilidad de una vacancia presidencial es mencionada desde antes del 28 de julio, ¿observa un interés real en impedir que Pedro Castillo llegue a 2026 o solo es una forma de amedrentar al gobierno para que no impulse propuestas de izquierda?

No quieren que llegue a 2026. Incluso con un gobierno más popular, como el de Martín Vizcarra, se atrevieron a vacarlo e intentaron un golpe de Estado. No tendrían razón para no hacerlo nuevamente. Han intentado deslegitimar desde un inicio el triunfo del presidente Pedro Castillo y van por más, van por la vacancia del presidente. Eso lo hacen sobre la base de un eje que es el de la Constitución, la lucha contra el comunismo y el terrorismo. Esos son los ejes que han escogido para generar polarización en la sociedad peruana.

Esta semana, el gobierno autorizó que las Fuerzas Armadas apoyen el trabajo de la Policía, ¿preocupa que un gobierno de izquierda considere esta alternativa?

Es un error. Definitivamente los antecedentes de la presencia de los militares en el resguardo de la seguridad interna no son buenos. No están preparados para este tipo de tareas y no soluciona nada. El problema es la corrupción y la debilidad en los aparatos de inteligencia que deberían estar trabajando de forma más eficiente y no solo con la fuerza. También es fundamental una reforma de la propia Policía. La salida a la calle de los militares no es lo mejor incluso en términos de derechos humanos. No auguramos buenos resultados. Es una medida efectista muchas veces promovida por la ultraderecha. 

¿La reforma tributaria propuesta por Pedro Francke cumple con las expectativas de su partido?

Nosotros consideramos fundamental esta reforma. Los sectores más pudientes terminan generando un pánico ante reformas necesarias que permiten ampliar la recaudación para atender las demandas sociales. Es importante que los sectores sociales entiendan que no es posible mejorar las condiciones de las mayorías si no hacemos una redistribución de la riqueza. Además, suele ocurrir que estos sectores más pudientes evaden impuestos.

Quienes se oponen, sostienen que el Estado no ha demostrado ser eficiente como para querer recaudar más. ¿Ve un Estado capaz de mejorar considerablemente con esta reforma?

Lo que hace ineficiente al Estado es que tenemos un Estado escuálido. No tiene la presencia y fuerza suficiente para regular, controlar y garantizar el acceso a derechos. Se ha dejado en manos de privados la posibilidad de ejercer derechos. Hemos visto lo que ha ocurrido con el tema de la salud. Se socializan las pérdidas, es decir, el Estado termina contribuyendo de manera sustantiva al éxito de las inversiones privadas que luego se llevan las ganancias. Necesitamos un Estado más presente. Se están levantando fantasmas y cualquier cambio que se proponga van a ser planteados como un atentado contra la inversión privada. No podemos caer más en estos chantajes.

¿Cree que el gobierno manejó de forma adecuada los recientes conflictos mineros?

Hay algunas dificultades en el gobierno para atender los conflictos mineros. También es necesario plantearse una nueva minería. Lo que hemos ido notando es que algunos sectores están complotando contra el gobierno y se generan muchas desconfianzas. Pero con todo se ha ido manejando bien estos conflictos. Sin embargo, se requieren medidas que se han ido postergando en estos años. Necesitamos cambiar el sistema de concesiones, los términos de captar la renta y el reordenamiento del territorio. No podemos estar en una dinámica únicamente extractiva que nos hace terminar con pueblos más pobres y contaminados. 

Nuevo Perú emitió un pronunciamiento respaldando una reforma educativa integral, ¿esta debe incluir las evaluaciones a docentes que algunos parlamentarios han cuestionado?

Necesitamos evaluar a los docentes, pero con las evaluaciones no se han resuelto los problemas de calidad educativa y cobertura. Por el contrario, se ha ido precarizando a los propios maestros. Ahí hay un problema que no podemos dejar de abordar, pero sería un error dejar de lado el tema de las evaluaciones. Necesitamos revisar la manera en que se promueven a los docentes que trabajan en condiciones que no les aseguran mejorar su labor.

¿Este es el momento para una Asamblea Constituyente?

No existe un momento ideal. Tiene que expresarse una voluntad y sería democrático que se permita que se exprese. No entiendo por qué tanto temor a que la gente decida si quiere una Asamblea Constituyente. No puedo comprender que sea democrático impedir que la gente debata y decida sobre un determinado tema. Es evidente que muchos de los problemas que estamos teniendo ahora tienen que ver con un país que se organizó sobre la base de una Constitución que surgió de una dictadura. Nosotros necesitamos un Estado que garantice que los derechos se ejerzan de manera plena. Es importante entender que no vamos a poder tener cambios reales si no se avanza a un nuevo pacto. 

¿Qué encontró la izquierda de Pedro Castillo y Perú Libre que no pudo conseguirlo la alternativa liderada por Verónika Mendoza?

El voto es afectivo. Los ciudadanos han estado buscando protestar. Es probable que Verónika Mendoza y nuestra opción haya sido identificada como una que era parte de la dinámica política. Hay un voto de protestas y un malestar que se expresa al votar por opciones fuera de lo que se considera lo conocido y también está la búsqueda de representación que Pedro Castillo logró generar. En medio de la gran fragmentación política, dos opciones que buscaron polarizar llegaron a la segunda vuelta.

¿Qué planean hacer en Nuevo Perú para desmarcarse de esa imagen de partido que es parte de la dinámica política?

Lo que hemos tratado de hacer es, manteniendo nuestra idea de cambios de fondo que necesitamos, ser responsables y eso no necesariamente trae réditos, sobre todo en un país con gran desconfianza donde se ha satanizado la política. En nuestra relación con el actual gobierno, hemos buscado ser responsables y nos la hemos jugado para que ocurra lo mejor posible para el país incluso cuando eso signifique un desgaste.

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En los tiempos convulsos que estamos viviendo se han tergiversado, adulterado y hasta perdido la significación de ciertos conceptos sobre los que valdría la pena volver para tener una comprensión más clara de lo que se está discutiendo hoy en el país. Se está haciendo una costumbre etiquetar como de izquierda o de derecha a posturas que muy poco tienen que ver con lo que estos términos refieren.

La derecha no es el remedo que vemos en varios políticos que se ufanan de etiquetarse en un espectro que seguramente no llegan a comprender. En el Perú la derecha se ha identificado, lamentablemente, con un conservadurismo obtuso y un mercantilismo aprovechador. Carecemos de una muy necesaria derecha liberal que defienda en lo político y en lo económico los principios del liberalismo. Nos estamos acostumbrando a aceptar y repetir una narrativa que identifica derecha con autoritarismo. El problema aquí se debe a la pobreza ideológica y de pensamiento de quienes sólo saben defender sus intereses y privilegios.

Por su parte, la izquierda tampoco se salva de este descalabro. En los múltiples espectros de ésta se pueden identificar a una izquierda conservadora, patriarcal, que niega las libertades económicas y sociales que piensa en un sistema político planificado queriendo repetir modelos que ya han mostrado su absoluto fracaso. Congelados en el tiempo aún creen en las leyes objetivas de la historia, en la burda contraposición entre materialismo e idealismo, en la agudización de las contradicciones y en una seria de rezagos o, mejor dicho, retazos de los manuales con los que la URSS inundo el planeta.

Estos representan los extremos que se chocan y se repelen. Olvidan que el objetivo principal de liberales y socialistas ha sido siempre la lucha contra la opresión, la libertad y la reducción del estado. Lo que los han separado siempre ha sido la estrategia, pero cuando Engels habla del paso del socialismo utópico al moderno reconoce explícitamente que la lucha del socialismo moderno es por alcanzar la plena autonomía del individuo que se encuentra atrapado por y sometido por las condiciones de clase a los que lo ha llevado el capitalismo. Es en el fondo el mismo principio el que une a liberales y socialistas: lograr la autonomía de los individuos.

En ese sentido y desde esa perspectiva. Si se quiere ser liberal y progresista en el Perú es un deber moral ser de izquierda. Pero no de una izquierda trasnochada sino de aquella que defienda tanto los derechos de las minorías, las libertades en todas sus manifestaciones, así como la que le haga la lucha al mercantilismo para lograr una suerte de capitalismo popular que le entregue el poder real a los ciudadanos. Esa otra izquierda moderna es la que está naciendo y encarnando en el programa político del Nuevo Perú.

Un Nuevo Perú es también la posibilidad de una nueva izquierda. En medio del torbellino político que vivimos, en medio de las acusaciones de terroristas y fascistas se cierra toda posibilidad de diálogo y la política enmudece para dejar abierta la puerta a la violencia. Ese peligro es el que la nueva izquierda está llamada a conjurar, el peligro de la inestabilidad a la que nos pueden arrojar posturas extremas, irreconciliables y sordas ante lo que el pueblo realmente quiere.

Es cierto que los peruanos mayoritariamente hemos apostado por un cambio, por un gobierno popular y por la posibilidad de un nuevo pacto social. Pero también es cierto que mantenerse en una guerra permanente cuando la muerte asecha es un despropósito. Por ello, es un deber la izquierda más sensata sentar las bases para una discusión sobre nuestro destino como país y empezar el arduo y trabajoso camino de la reconciliación. Lo que está en juego es no sólo la estabilidad y la viabilidad del país sino la posibilidad misma de nuestras propias vidas. Es un espectáculo realmente grotesco ver, en medio de la muerte y la miseria, cómo los políticos de uno y otro bando se pelean por las migajas de lo que quedará cuando la pandemia haya arrasado con lo poco que quede.

El Nuevo Perú tiene la posibilidad de seguir contribuyendo firme en el afianzamiento y transformaciones que se pueden realizar desde un gobierno progresista y del pueblo, pero a la vez, le corresponde ir generando la narrativa de que nos merecemos un mejor país y una mejor política que el progresismo liberal es la manera más ética de actuar en política en el Perú que estamos empeñados en construir.

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La llaman “afiliada de última hora”, la acusan de haber “copado las listas congresales” con sus amigos y dicen, además, que Nuevo Perú -el movimiento que la lideresa no ha podido inscribir hasta ahora- ha impuesto el plan de gobierno sin la aprobación del Comité Ejecutivo del partido que la aloja. En la recta final de la carrera electoral, una facción de Juntos por el Perú (JP) ha hecho públicos sus desencuentros con Verónika Mendoza y en un nuevo comunicado, que será publicado en las próximas horas, hacen oficial su apoyo a la candidatura de Pedro Castillo.

Los calificativos provienen de antiguos militantes del Partido Humanista, la organización política que el año 2017 -y luego de haber entablado una alianza con Patria Roja, el Partido Comunista y el Movimiento por el Socialismo- cambió de nombre a Juntos por el Perú. Ese año, se había realizado un congreso entre estos movimientos donde se apostaba por “la unidad de las izquierdas”. Luego se sumaría el Nuevo Perú. Algunos militantes han empezado a romper con ese pacto.

El punto de quiebre fue el “alejamiento” del partido de Yehude Simon, uno de los fundadores del Partido Humanista el 2001. Simon fue relegado a fines de 2019 por las acusaciones en su contra por el caso Odebrecht. Según Roberto Sánchez, presidente del partido, Simon está suspendido. “Yehude Simon solicitó la suspensión de sus derechos de militante y cargos porque eso correspondía. En nuestra acta fundacional dice que ninguno de nosotros debe estar en curso en un proceso de corrupción. Desde octubre de 2019, él no forma parte de ninguna decisión de JP hacia adelante”, explica Sánchez a Sudaca.

Según fuentes del partido que ahora se oponen a la candidatura de Verónika Mendoza, Sánchez tomó la posta de JP con la venia de Simon, pero luego le habría dado la espalda. Para estas mismas personas el actual presidente del partido viene midiendo sus decisiones para preservar el poder. “Sánchez no sabe cuál es realmente su poder y si las bases lo apoyarían. En Lima, él manda, pero tiene miedo de que vengan otros delegados y pierda el poder. Por ejemplo, en algún momento se quiso cambiar el logo de JP, pero Sánchez no quiso porque pensó que iba a ser problemático”, dice una fuente del partido.

Entrevistado para este informe, Leonel Falcón, secretario nacional de Relaciones Internacionales de JP, no tiene reparos en decir que Sánchez es una persona que “se alinea” con el poder del momento e, incluso, lo llama “traidor”. Sánchez replica y califica las palabras del dirigente como “lloriqueos de quienes han sido derrotados en las elecciones internas del partido de noviembre del año pasado, donde se presentaron las precandidaturas, y que apelan a ataques de carácter político, mas no se dedican a ganar con propuestas”.

Por su lado, desde su prisión domiciliaria, Simon ha mostrado un claro apoyo a la candidatura de otras fuerzas de la izquierda, como la que lidera Pedro Castillo con Perú Libre. “Simon dice que va a apoyar a Castillo, pero ya no está en JP. ¿Qué daño hacen? Son manotazos insignificantes respecto a lo que hacemos”, asegura Sánchez. Para el dirigente de JP, estos líos dentro del partido no son trascendentes y afirma que no se quebrará la unión entre ellos.

Según fuentes del partido que apoyan a Mendoza, los miembros ‘rebeldes’ son los que siguen simpatizando con Simon. Pero Falcón evita que se le ponga esa etiqueta. “Simon se ha equivocado 50 mil veces y yo se lo he dicho. No representamos a Simon, sino a las bases regionales a nivel nacional que no estamos de acuerdo en cómo se están llevando las cosas actualmente”, dice este dirigente.

El pasado 29 de marzo, Leonel Falcón y Rosario Peralta, secretaria nacional de Vocalía Orgánica, firmaron un primer comunicado público manifestando su oposición. En este se dice, por ejemplo, que el Comité Ejecutivo Nacional al que ambos pertenecen está en crisis y que ha habido renuncias de dirigentes. Todo eso ha conllevado a que no se reúnan desde el 20 de noviembre del año pasado. Por lo tanto, apuntan, ninguno de los lineamientos políticos establecidos por Mendoza y su equipo cuenta con su aprobación.

“Con relación a las declaraciones políticas-orgánicas y propuestas programáticas en su condición de candidata formulada por la Sra. Mendoza, son de su entera responsabilidad personal, no expresan nuestra propuesta programática fundacional (…) No refleja nuestros principios e ideario fundacional, respecto a la autodeterminación de los pueblos y la no injerencia externa. Por oportunismo electorero, se ha negado nuestro humanismo sin fronteras y la solidaridad con los pueblos hermanos de Cuba, Venezuela, Nicaragua y por los que luchan por vida digna, justicia y democracia”, se lee en el escrito.

Falcón y Peralta también lanzan su artillería contra la figura de Verónika Mendoza y afirman que no tiene ningún cargo de responsabilidad política al interior de JP. De hecho, Mendoza se afilió al partido el 28 de setiembre del 2020, poco antes de iniciar la campaña. “Solo para ser candidata”, anotaron en el escrito.

Quienes defienden la candidatura de Mendoza afirman, sin embargo, que esta facción no representa una base importante al interior de la coalición. Algunos militantes ven este asunto como una pelea justamente dentro del grupo que proviene del Partido Humanista.

Falcón sostiene que él representa a las bases a través del comité regional de Ica, mientras que Rosario Peralta, por Cusco. “Somos los únicos representantes orgánicos de regiones”, asegura el dirigente. En las próximas horas, esta facción sacará un nuevo pronunciamiento donde, según Falcón, se adherirán más de 100 militantes, de los cuales el 90% provienen del Partido Humanista. En el escrito oficializarán su voto a favor del candidato Pedro Castillo.

Más allá de hasta dónde lleguen los escollos internos, lo que preocupa es la mirada a futuro. Algunas fuentes del partido afirman que están más unidos que nunca, pero no saben si eso continuará luego del 11 de abril. Hay un factor que será determinante para medir si la alianza tendrá la solidez de un acero templado o la de un papel mojado: la formación de Nuevo Perú como partido y, con ello, la búsqueda del financiamiento público en el futuro.

Nuevo Perú presentó el pasado 15 de enero la solicitud para ser inscritos como partido político. Los requisitos exigen tener al menos 66 comités en 20 regiones, así como cerca de 24 mil fichas de afiliación de militantes, a diferencia de la anterior normativa que exigía tener más de 700 mil firmas para la inscripción de un partido. A pesar de haberse bajado la valla, aún no han podido lograr su inscripción.

Según Ruth Luque, militante de Nuevo Perú y personera nacional de JP, presentaron casi 25 mil fichas y 66 comités en 22 regiones, pero por ahora andan subsanando observaciones. “No creo que este año se cuente con la resolución (de inscripción), porque se está dando el proceso de verificación y fiscalización, que no son inmediatos. Subsanar es algo normal porque así es este proceso”, cuenta.

Leonel Falcón está convencido de que el escenario más probable es que Nuevo Perú, cuando consiga su inscripción, busque hacer campaña por su lado para las elecciones regionales y municipales. Luque asegura que estos escenarios ya han sido contemplados, pero evita referirse más allá de un acuerdo. “Sería terrible que no se implemente la base programática. Por el momento no lo veo así (que JP se divida tras las elecciones). Más adelante podrían generarse algunas diferencias. Somos conscientes de lo que pasó con el Frente Amplio y, si se genera una tensión, espero que se dialogue y se pueda arreglar con consenso”, dice Luque. Se refiere a la división de la bancada del Frente Amplio en el Congreso electo el 2016, cuando, en menos de un año, los 20 congresistas que llegaron se dividieron en dos bloques con el alejamiento de la bancada, precisamente, de Nuevo Perú.

Actualmente, se han sumado a la coalición alrededor de 25 organizaciones políticas, principalmente movimientos regionales. La lógica dicta que es el peor momento para peleas. JP está cerca  de conseguir una representación congresal e incluso pelean por llegar a segunda vuelta. Según un reciente simulacro de votación con cédula de CPI, el partido obtendría 12 curules. Según el mismo estudio, Verónika Mendoza ocupa el cuarto lugar con 7.3% de votos, detrás de Yonhy Lescano (11.1%), Hernando De Soto (7.9%) y Keiko Fujimori (7.9%).

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