Juan Carlos Tafur

El suicidio de la izquierda “moderna”

“La hondura del ridículo llegó cuando Anahí Durand renuncia nada menos que a la presidencia de Nuevo Perú a cambio de fungir de asesora de la PCM”

La sola expresión de apoyo de la entonces izquierda predominante en términos ideológicos (expresada en Verónika Mendoza), a la candidatura de un personaje homofóbico, conservador, cercano al filosenderismo magisterial, como Pedro Castillo, y a la dupla conformada con alguien aún peor, como Vladimir Cerrón, bastó para achicharrar a esa izquierda.

Luego del triunfo de Castillo, el desplome se agravó con su participación en el gobierno, sin dignidad y siendo recipiente de maltratos políticos evidentes.  Finalmente, expulsada a la mala del régimen, sigue apoyando ciegamente todos los despropósitos del oficialismo sin importar su gravedad.

La hondura del ridículo llegó cuando Anahí Durand renuncia nada menos que a la presidencia de Nuevo Perú a cambio de fungir de asesora de la PCM y cabe preguntarse, de paso, qué hace Diana Miloslavic, bien sentada en el despacho del ministerio de la Mujer, mientras el Ejecutivo promulga la ley que elimina la educación sexual integral del currículo educativo nacional.

Esta izquierda, que supuestamente estaba en proceso de maduración y evolución ideológica (así como en los 80 aceptó la democracia como forma política esencial y abandonó las tesis de la lucha armada, empezaba a germinar una postura promercado que la conducía a ser una izquierda moderna), ha terminado por involucionar por un banal cuoteo de poder o alguna expectativa de que le vuelvan a ofrecer dichas cuotas en algún momento.

La izquierda, en el futuro inmediato, va a ser dominada por el radicalismo. El colapso de las políticas públicas hará que la ciudadanía busque en los próximos comicios un candidato antisistema, no una agrupación acomodaticia como la que Verónika Mendoza o alguien similar podría querer representar.

No es una buena noticia, sin duda, para la democracia peruana, que una eventual izquierda moderna colapse, pero en este caso hablamos de un suicidio político, desplegado por intereses menudos, errores estratégicos, cálculos torpes y la proverbial indefinición de su lideresa.

La izquierda moderna murió en el Perú por acción propia. No fue resultado de una campaña de demolición de la derecha, de los medios, de los grupos empresariales, de la CIA o de algún sabotaje internacional. Fue obra y gracia de su cúpula cortoplacista, miope y dominada por intereses menudos de poder a cualquier precio, sin importar los principios y sin medir las consecuencias.

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Diana Miloslavic, pcm, Presidente Castillo, Verónika Mendoza

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