El Perú es uno de los países que aún no se recupera del golpe económico y anímico que la pandemia del Covid-19 ocasionó dejando a miles de familias en duelo y a una economía en recesión, ahora con algunos visos de recuperación, pero insuficientes para crear empleo y bienestar.

Dentro de los sectores más afectados se encuentra el sector turismo. De 4.5 millones de turistas extranjeros se llegó a unos 2.5 millones en el 2023 y según la última cifra dada por la flamante ministra del Mincetur, Elizabeth Galdo, el objetivo del 2024 es sobrepasar los 3 millones. Cifra aún lejos del 2019 y más lejos aún si nos comparamos con países del continente latinoamericano.

Los hechos violentos de finales del 2021 y principios del 2022, la crecida de la extorsión y el sicariato y últimamente, paros en el Cusco por el tema de la venta de entradas online de Machu Picchu, han dificultado una efectiva promoción de los atractivos turísticos del país en detrimento de un sector caracterizado por su dinamismo y que da empleo directo e indirecto a cientos de miles de compatriotas.

A estos hechos, debemos también hacer referencia a que se percibe que no siempre están alineadas las instituciones que están directamente involucradas en las políticas públicas que repercuten en el turismo, como son el Ministerio de Cultura, a través de su Vice Ministerio de Patrimonio Cultural e Industrias Culturales y el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo, a través de su Vice Ministerio de Turismo.

Vimos años atrás, cuando asombrados y apenados observábamos el derrumbe de un sector de la fortaleza de Kuélap, que, en vez de tomar al toro por las astas y establecer inmediatamente un grupo de especialistas para su nueva puesta en valor en conjunto con mayores elementos de prevención de nuevos desastres, estas dos instituciones parecían estar en una cancha de pingpong pasándose la pelota.

Siempre hemos comentado la poca transversalidad del Estado peruano y que a veces las instituciones miran a sus propios pies sin considerar que una acción suya, puede afectar a otro sector. 

Sino miremos lo que ha pasado estos días, cuando nuestra Cancillería, por una reciprocidad diplomática anticuada y poco práctica, decide imponer visas para los turistas mexicanos sin ninguna consideración por el sector turismo ya que México es el cuarto país no fronterizo emisor de turistas hacia nuestro país. Felizmente, y ante la presión de los gremios y seguramente del mismo Mincetur, se revocó rápidamente esta equivocada decisión.

Pero regresando al tema específico de turismo y patrimonio cultural, y sin ahondar en las voces que hace años piden a gritos una fusión ministerial que integre a ambos sectores, es imprescindible que ambos trabajen alineados bajo algunos conceptos que deben estar claros de los dos lados : protección y fomento de nuestro patrimonio cultural ( material e inmaterial ), su puesta en valor y la promoción tanto en el exterior como en el todo el Perú.

A trabajar más unidos y viendo siempre el impacto en el bienestar de los ciudadanos cuando se hace gestión pública. Bien dice el lema de la OCDE : “Mejores políticas para una vida mejor”.

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En los últimos años, hemos sido espectadores de innumerables actos de corrupción realizados por funcionarios públicos en todos los niveles e instituciones del sector público, incluyendo el Ejecutivo, Poder Judicial, Congreso, gobiernos regionales y locales, y en todo el resto del aparato estatal.

La Contraloría General de la República, es la institución que tiene el encargo de, y cito : “Supervisamos y verificamos la correcta aplicación de las políticas públicas y el uso de los recursos y bienes del Estado, a través de nuestras gerencias regionales de control, los Órganos de Control Institucional (OCI) y las Sociedades de Auditorías (SOA).”

Lo que hemos visto de la Contraloría, en la voz del Contralor General Nelson Shack, son anuncios de cuánta plata se han robado en el 2023 (más de 24,000 millones de soles), cuánto se gasta en consultorías y que han encontrado unos 9,000 funcionarios incurriendo en faltas de todo tipo.

Pero siempre es lo mismo. Se siguen robando la misma cantidad de soles cada año, seguimos observando, impávidos, contrataciones de “amiguitas” y dinero público, nuestro, de nuestros impuestos, gastado en inútiles consultorías y sabe Dios, en qué otras barbaridades, porque si Dios no lo sabe, menos la Contraloría.

Ya estamos cansados de estos anuncios inútiles que hace el Contralor Shack. En vez de ello debería exponer cuáles han sido las mejoras en los procesos que los Órganos de Control Institucional (OCI) que funciones dentro de las instituciones públicas, han propuesto, implementado y cuáles han sido los resultados.

Si en el 2023 se robaron más de 24,000 millones de soles, ¿Cuál es la meta que la Contraloría se pone para el 2024? ¿Cuánto menos dinero se va ir en corrupción gracias al trabajo que hace la Contraloría y sus gerencias regionales de control, los Órganos de Control Institucional (OCI) y las Sociedades de Auditorías (SOA)?

Todos los funcionarios públicos trabajan con metas e indicadores que miden su gestión. ¿Cuál es la meta de dinero gastado en corrupción Sr. Contralor? Si en el 2023 se gastaron 19,300 millones en contrataciones “a dedo” porque los montos no sobrepasan las 8 UIT (41,200 soles), ¿Cuál ha sido la propuesta de la Contraloría para limitar este tipo de gasto discrecional sin concurso ni licitación?

Ya es hora que se ajuste a la Contraloría, para que trabajen con objetivos claros y que todos los peruanos sepamos las actividades, mejoras en los procedimientos e iniciativas legislativas que se han implementado y las que están en curso, así como sus respectivos impactos en la lucha contra la corrupción.

Pero en la práctica, ¿Quién controla al Contralor?

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Luego de la aplicación del indulto otorgado por PPK a Alberto Fujimori ordenada por el Tribunal Constitucional, no quedaba dudas que, por un lado, la izquierda iba a tratar de regresarlo a la cárcel, y que, por el otro, su presencia en libertad iba a influir, de algún modo, en la política local.

Fujimori, al principio cauto, se dio varios baños de popularidad en sus visitas a la Reniec y a la Sunat para hacer trámites personales, los cuales empezaron a alimentar ese bichito político que estuvo dormido durante su encierro, pero que comenzó a despertar al sentir los vientos de la libertad y el cariño de compatriotas de todas las edades.

Hace pocos días, Fujimori, entrevistado de paso por un periodista, comenzó a enmarcar la posición de lo que él llamo “fujimorismo”, haciendo una sutil diferencia con el partido Fuerza Popular, en la cual fija, cual jefe, la visión de llegar al 2026, que sugiere un apoyo tácito de gobernabilidad al régimen de la presidenta Dina Boluarte.

La jalada de pelos y gritos de la izquierda ante la supuesta evidencia de un cogobierno de Fuerza Popular y Dina Boluarte no solamente fueron exagerados, sino que otorgan, además, un poder sobre natural a ese partido que cuenta con 24 congresistas de los 130, es decir, menos del 19% y lejos de incluso, una mayoría simple.

Lo que sí es evidente es que la mayoría del congreso está pensando en la gobernabilidad de corto plazo para poder llegar a las elecciones sin una nueva vacancia o renuncia presidencial que acelerarían este proceso sin haberse realizado ninguna de las reformas políticas necesarias, como la bicameralidad, la eliminación del voto de confianza a los nuevos gabinetes, la acotación de la vacancia presidencial y de los causales de cierre del congreso, entre los más destacados.

La nueva incursión de Alberto Fujimori a la política plantea un escenario distinto hacia las elecciones del 2026.

De lo visto en sus apariciones, mantiene su carisma y empatía con buena parte de la población, lo cual puede ayudar a su hija Keiko, que digamos, no es Miss Simpatía.

Las teorías de cómo Alberto puede participar en el 2026 van desde una ilusa candidatura presidencial con Keiko de vicepresidente para dejarle el poder a los pocos meses, postular a un eventual Senado o, lo que suena más razonable, participar activamente en la campaña de Fuerza Popular para trasladar esa empatía a la muy probable candidata Keiko Fujimori. 

Claro que habrá que ver en cualquier escenario, si un hombre de edad avanzada como él y con condiciones de salud delicadas, podrá llegar al 2026 en condiciones de involucrarse de lleno a una campaña electoral.

Pero imaginemos que llega relativamente bien de salud y que apoya decididamente a Keiko en su campaña presidencial. A la fecha, tenemos 25 partidos políticos inscritos y con los que están pendientes, fácilmente podremos tener 35 en el partidor de abril 2026.

Si a esta realidad le sumamos los cacicazgos de nuestros líderes políticos que prefieren pasar a segunda vuelta con 7% antes que formar alianzas electorales, es altamente probable que Keiko Fujimori, pase al balotaje.

Keiko perdió las 2 últimas elecciones por 40,000 votos. Ante el desastre del gobierno comunista de Castillo y el apoyo carismático de Alberto Fujimori, es posible deducir que esa diferencia podría ser fácilmente revertida, sobre todo si enfrenta a un candidato de izquierda radical como Antauro Humala.

Se le haría más difícil a Keiko si compitiera en el balotaje contra una alianza “caviar” de centro-izquierda o una liberal de centro-derecha, pero a la fecha, la mayoría de nuestros caciques políticos no toman la iniciativa de las alianzas, aunque a lo lejos, se puede vislumbrar a Nieto con Marisol Perez-Tello, Daniel Olivares y ex morados en los esbozos de una futura unión, mientras que de la centro-derecha, salvo conversaciones entre bambalinas, no se ve humo blanco en el horizonte todavía.

El efecto de un Alberto Fujimori con buena salud, jugará, sin duda, un rol importante en la campaña electoral 2026 que ya comenzó. Sólo quedan 25 meses para la primera vuelta (abril 2026) y ya es tiempo que los líderes políticos implementen alianzas y comiencen a reclutar profesionales competentes y probos para formar alternativas de gobierno cuyo objetivo sea el bienestar de los peruanos, en especial, el de los más necesitados.

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El pasado 6 de febrero nos sorprendió la noticia que el helicóptero que conducía el expresidente de Chile, Sebastián Piñera, acompañado de tres personas, se había estrellado en el Lago Ranco en el sur de ese país.

Al pasar de las horas, se confirmó que Piñera se hundió con el helicóptero pero que sus tres pasajeros pudieron salir a tiempo sobreviviendo al fatal accidente.

Salvo algún periodista mala leche, las expresiones de consternación, sorpresa y tristeza por la súbita desaparición del ex mandatario no se hicieron esperar. Desde todos los rincones del mundo, aquellos que tuvieron el privilegio de conocer y compartir con Piñera tanto parte de su vida política como personal, inundaron las redes con un sentimiento de respeto y admiración.

Uno de los más importantes legados que Piñera deja no solamente a los chilenos sino también, a los latinoamericanos, es que más que las palabras y el verso florido, son las acciones las que determinan a las personas. 

Un hombre sencillo y familiar, que supo balancear su espíritu emprendedor, su carrera política y el amor incondicional por su familia. Su visión de un Chile unido, fraterno y sin violencia lo llevó a enfrentar con decisión y firmeza no solamente la reconstrucción del terremoto que devastó su país en el 2010 sino también, el rescate de los 33 mineros cuyo complejo salvataje fue liderado por Piñera mismo. 

En su segundo mandato, las protestas violentas de la ultra izquierda quemando estaciones del metro e iglesias pudo desencadenar una reacción violenta y legal del Estado chileno, pero Piñera, un convencido de la no violencia, prefirió ceder a la posibilidad de tener una nueva constitución, apaciguando los ánimos y evitando muertes de las que las familias nunca se recuperan.

Al terminar su segundo mandato, entrega el poder al rival de esas mismas protestas, el joven presidente Gabriel Boric, demostrando que la nación y la paz son más importantes que cualquier diferencia política.

Tanto así, que en el discurso fúnebre de Estado que Boric ofreció, lo llenó de elogios e incluso contó, que varias veces conversó con Piñera en busca de consejos lo que demuestra, en ambos y en la clase política chilena, que el interés supremo son los ciudadanos.

Ver el féretro de Sebastián Piñera rodeado de los ex presidentes Eduardo Frei y Michelle Bachelet, junto al mandatario Gabriel Boric y el presidente del Senado, Juan Antonio Coloma, haciendo la última guardia de honor, es la imagen que simboliza un país. 

Chile podrá haber pasado por momentos muy difíciles, como la dictadura de Pinochet o este último intento fallido de llevar a Chile hacia el comunismo a través de procesos constituyentes, pero nos demuestra que las instituciones funcionan y que existe respeto entre sus ciudadanos.

Estos dos ejemplos, el del Sebastián Piñera como líder y estadista, y el de Chile como ciudadanía y respeto a la democracia, deben guiar, principalmente a los políticos peruanos, a desprenderse de egos malignos y cacicazgos que solo nos llevarán a más violencia y pobreza.

Más que un Bukele o un Milei, debemos encontrar un Piñera. Nunca es tarde para enmendar rumbos y ahora es cuando.

Desde hace varios lustros, hemos sido espectadores de una corriente ideológica autodenominada progresista que por paradójica que suene, ha sumido en la pobreza a los pueblos que han tenido el infortunio de sufrir este tipo de gobiernos.

Según la Real Academia de la Lengua Española (RAE), progresista es un adjetivo “Dicho de una persona o de una colectividad: De ideas y actitudes avanzadas”. Así, la misma RAE define a la palabra progreso con sinónimos positivos como prosperidad, mejora, mejoría, avance, adelanto, bonanza, crecimiento, desarrollo, entre otros.

De manera sagaz, hipócrita y pretenciosa, la izquierda socialista ha cambiado su etiqueta de socialismo por la de progresismo, que como vemos, tiene connotaciones muy positivas, alejadas de aquellas que relacionan al socialismo con dictadura, pérdida de libertades, pobreza, presos políticos y delincuencia de Estado.

Así, con la nueva etiqueta de progresistas, los mismos políticos socialistas salen a vender el mismo discurso de siempre, prometiendo reducir brechas cuando en realidad las incrementan, alardeando de mayor inclusión cuando fomentan la discriminación al que no sigue su discurso único, y ofreciendo una repartición de la riqueza más justa cuando la verdad es que solo reparten más pobreza.

Es una pena que tan bella palabra haya sido apropiada por el discurso de izquierda y que ya no pueda ser usada por la derecha, porque también, del otro lado, existe la intransigencia de excluir como de derecha, todo aquel que se haga llamar de derecha progresista. No eres de derecha si no eres conservador, apuntan.

La lucha de las ideas y del posicionamiento político efectivo van a tener que ser muy finas hacia las próximas elecciones presidenciales del 2026. 

La izquierda seguirá presentándose como progresista aún con candidatos radicales, de allí la importancia de encontrar una contra narrativa que cale en la población, por ejemplo, llamándolos por lo que realmente son, pobresistas, porque lo único que causan es más pobreza y enfrentamiento entre los ciudadanos. 

Pero esto no es suficiente. Se requiere también buscar con inteligencia, aquella que está en nuestros cerebros pero que también se encuentra en los estudios de mercado, un discurso firme y efectivo de la derecha liberal, que pueda trasmitir conceptos simples pero positivos como bienestar, respeto, iniciativa, paz, seguridad y a la vez desligarse de la connotación negativa que la izquierda aprovecha muy bien, de tildar de neoliberal a todo aquel que se diga de derecha.

Tareas nada simples si además contemplamos, con desolación, la enorme cantidad de posible oferta presidencial de candidatos que están en esa línea, que más que pensar en una coalición liberal, prefieren al cacicazgo de mini partidos con la esperanza que un 8% los lleve a segunda vuelta. Así, más cerca estaremos de una disyuntiva Antauro Humala versus Carlos Alvarez, que de alternativas democráticas de centro-izquierda o de centro-derecha.

Aunque aún hay tiempo, nos quedan menos de 27 meses para las elecciones, construir una alternativa conjunta y democrática del centro a la derecha liberal, va a costar desprendimientos de los egos presidenciales y mirar nuestros actos como una suma de individuos que compartimos principios en la búsqueda de un mejor bienestar para nuestra gente, y en especial, de los que más lo necesitan.

 

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[AGENDA PAÍS]  El Perú es un país bendecido por su diversidad natural, su gente y por una rica historia que permanece viva a través de nuestras culturas y vestigios arqueológicos. Pocos países en el mundo pueden brindar a un turista tantas experiencias en un solo viaje; desde enrumbarse en las rutas de la selva, caminar por senderos en la montaña, disfrutar de playas paradisíacas, contemplar la historia a través de monumentos arqueológicos que van desde 5,000 años de antigüedad (como Caral) hasta la reciente era republicana y disfrutar de nuestra exquisita gastronomía siempre acompañada con un buen pisco.

En el extranjero, para un potencial turista, el Perú es sinónimo de Machu Picchu. Y aunque tanto Promperú, los operadores turísticos, como nuestras misiones diplomáticas y consejeros económicos comerciales que nos representan en el exterior, se empeñan, y con mucha razón, en mostrar otros atractivos, los turistas en su gran mayoría, incluyen a nuestra maravilla cusqueña en su itinerario como prioridad.

Es por ello que las idas y venidas sobre cómo se comercializan las entradas para nuestro primer destino turístico afecta no solamente al Cusco, sino a todo el Perú.

Los turistas extranjeros, sobre todo aquellos que vienen desde lejos como los Estados Unidos de América, Europa y Asia, planifican con varios meses de anticipación sus viajes a destinos como el Perú. No estamos hablando de un par de meses, las ferias internacionales de turismo orientadas a operadores turísticos, que también contienen una porción de público en general, arrancan en setiembre y continúan hasta marzo (estas últimas ya completamente orientadas a potenciales turistas) para los viajes que se inician en junio.

La incertidumbre de viajar 6, 12 o incluso 24 horas para llegar al Perú y no saber si se va a poder visitar Machu Picchu, desalienta al potencial turista y nos impide recibir divisas (unos $1,600 dólares por cada turista de países desarrollados) que tanto necesitamos.

La venta por internet de entradas para monumentos y museos es ya una práctica común en todo el mundo y permite, no solamente organizar con mayor fluidez las visitas de los turistas, sino también, asegurar que esos turistas puedan reservar sus boletos con anticipación así el Perú los “captura” antes de que nuestra competencia, como México, Colombia o Chile (por citar a algunos), se nos adelante.

Es altamente positivo que el Ministerio de Cultura (MINCUL), con el apoyo incondicional del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (MINCETUR) y los gremios turísticos, hayan lanzado la plataforma para la venta de entradas a la Llaqta de Machu Picchu (https://reservas.machupicchu.gob.pe/inicio).

Sin embargo, la presión de organizaciones locales como la Unidad de Gestión del Santuario Histórico de Machu Picchu (UGM) y la Cámara de Comercio del Cusco, entre otros, ha ocasionado que la venta online no haya sido continua, perjudicando la planificación de aquellos turistas que tienen en su mente visitar el Perú y su emblema arqueológico.

Incluso, se está permitiendo la venta de 1,000 entradas de manera presencial en el pueblo de Machu Picchu, lo cual, además, es un exceso considerando que a la Llaqta entran entre 4.500 a 5.600 visitantes dependiendo de la fecha. La venta presencial debería ser mínima, en realidad solo las entradas que no han sido vendidas online deberían venderse de manera local. Pero, aun así, si uno llegara al pueblo de Machu Picchu sin entrada, se podría comprar una en su celular o en algún tablero electrónico con energía solar que podrían estar ubicados en lugares estratégicos de la Llaqta.

Se entiende que el pueblo de Machu Picchu quiere que los turistas pernocten al menos una noche para generar más ingresos, sin embargo, forzar la compra presencial de boletos es contraproducente.

Lo que sí se puede hacer, es que el pueblo de Machu Picchu sea más atractivo para que la gente se quede, empezando por un mejor terminal de tren, mayor orden en la circulación y con un calendario anual de actividades como festivales musicales (jazz, rock, criollo, vernacular), semanas culinarias, domingos de folklore, aprender a tejer telares incas, clases de cocina cusqueña, baños termales, spas y otras tantas iniciativas que harían del pueblo, un atractivo turístico en sí mismo.

Para ello se pueden destinar fondos concursables no reembolsables, tanto de MINCUL como de MINCETUR para proyectos de este tipo en la zona y articular con COPESCO y el gobierno regional del Cusco para que se financien las obras que se necesiten para apoyar estas iniciativas.

En el 2019 llegaron cerca de 4.5 millones de turistas y en el 2023 poco más de 2.5 millones. Está en nuestras manos tener una visión común que tenga como objetivo atraer más turistas de manera consistente y ordenada, respetando nuestra naturaleza, ciudades y arqueología, para que todo el mundo nos identifique siempre como Perú, Turismo Sostenible.

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[AGENDA PAÍS]  En los últimos años, los peruanos nos hemos enfrentado políticamente, y de manera feroz, sin poder establecer un derrotero en común que (lejos de las pasiones ideológicas) permita a la ciudadanía ver una luz de bienestar y paz.

Las confrontaciones están dejando de lado prioridades elementales como la seguridad, la alimentación, la salud y la educación. Ahora el gobierno tiene el plan de construir un Puerto Espacial en Talara que costaría a todos los peruanos la friolera suma de $1,000 millones de dólares. Perdidos en el espacio.

La guerra por el control político del Ministerio Público tiene para rato y salvo revelaciones extraordinarias, las próximas elecciones presidenciales serán, lo más probable, en el 2026, con más de 30 candidatos para escoger.

Esta tormenta perfecta no deja de crecer y sus principales fuentes, como las aguas cálidas que incrementan la intensidad de los huracanes, son las falacias ad hominem, que la alimentan y polarizan hasta el punto de que nos impiden encontrar elementos en común.

Un ejemplo clásico es la sentencia por la cual se le condenó a Alberto Fujimori. Una parte de la clase política y de periodistas continúan diciendo, con contundencia, que el expresidente fue condenado por delitos de lesa humanidad, argumento por el cual, no cabría un indulto. Esta falacia ya ha sido desmentida por el mismo juez que dictó la sentencia, el juez San Martín, quien en una entrevista televisiva aclaró que la mención a lesa humanidad fue meramente de carácter declarativo porque a Fujimori no se le extraditó ni se le condenó por ese delito. La realidad es que a Fujimori se le condenó por autoría mediata en los crímenes de La Cantuta y Barrios Altos, pero no por lesa humanidad.

Otra falacia ad hominem es aquella que trata de limpiar al expresidente Pedro Castillo del golpe de estado que un 7 de diciembre de 2022, en un mensaje televisado a toda la nación, claramente expuso. Siendo presidente y jefe supremo de las Fuerzas Armadas, Castillo dio la orden de cerrar el congreso y otras instituciones, violando la constitución en frente de toda la ciudadanía. Castillo dio un golpe de estado que no prosperó porque nuestras instituciones se inclinaron por mantener el orden constitucional y apoyar una sucesión hacia la vicepresidenta Dina Boluarte. Esa es la realidad.

La pelea en el Ministerio Público parece más que evidente. La izquierda apoya la salida de Patricia Benavides para retomar el control de la fiscalía, como lo acaba de confirmar Glatzer Tuesta en una entrevista en Epicentro. Por el lado de la derecha, más bien se apoya a la suspendida fiscal; entonces, siendo tan claras las vertientes políticas que sostienen a uno y otro grupo de fiscales, la realidad nos indica que, efectivamente, lo que se busca, es el control con fines políticos sin importar las graves consecuencias de politizar a la fiscalía, que podría, entonces, perseguir a rivales políticos dañando su imagen y sus aspiraciones.

Así estamos, sin ponernos de acuerdo en cuestiones básicas, que están allí, en esa realidad que el vendaje ideológico no deja ver.

Un verdadero liderazgo, aquel que esperamos de los futuros aspirantes al sillón presidencial, se ejerce primero con valores universales, no con valores a mi manera, con pragmatismo para reconocer la realidad y con la amplitud política de poder convocar a los mejores para de una vez, enfocarnos en el bienestar de los ciudadanos en vez de priorizar intereses mercantilistas e incluso personales.

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[AGENDA PAÍS]  Si estuviéramos a fines de los 90’s, 2024 podría ser el título de un libro o de una película de ciencia ficción anunciando la aparición de extraterrestres, la llegada de un cometa que acabará con la humanidad o una nueva era de hielo donde solamente sobrevivirán los que puedan llegar a refugios subterráneos construidos para que la especie humana subsista en la tierra.

Hoy, la llegada del 2024 está a unos pocos días y para los peruanos, es otro año que tiene más de incertidumbres que de esperanzas.

Los peruanos estamos viviendo tiempos marcados por escándalos políticos que vienen desde todos los poderes del Estado, ya no se sabe quién es el bueno o quién es el malo, hasta nos preguntamos si todavía hay buenos en este laberinto.

El congreso, cuna por excelencia del clientelismo y de la impunidad, brilla por sus desatinos, leyes a última hora, photoshops para justificar la semana de representación y una última lavada de manos, propia de los tiempos navideños, en la que el presidente del Congreso decidió aplazar hasta marzo de 2024 el pleno, para ver la suspensión de los miembros de la Junta Nacional de Justicia (JNJ).

El manejo económico del gobierno no ha dado frutos y seguir justificando que el PBI no va a crecer por las manifestaciones de principio de año y por el Yaku, ya parece una muestra de no saber qué hacer. El mismo ministro Contreras, desafiando las reglas fiscales, se enfrenta al mismo Consejo Fiscal, organismo puramente técnico que alerta y recomienda, más no dicta.

Por eso y muchas cosas más, como dice la canción navideña, el ministro Contreras tiene como regalo una moción de interpelación conseguida con esfuerzo por el congresista Carlos Anderson, pero al haber terminado la legislatura, también será vista en marzo del 2024, como si el pueblo con hambre, pudiera esperar 3 meses.

Impávidos, los peruanos observamos una pelea sin cuartel por el control de la Fiscalía, atacada sistemáticamente por un sector político y sus aliados mediáticos, mientras que, por el otro, la Fiscal Benavides, suspendida de sus funciones, busca defenderse también con sus propios aliados políticos y mediáticos. Guerra de Tronos.

Secuestros, robos, violaciones, asesinatos, delincuentes liberados por jueces, algunos inescrupulosos otros por estar atados de manos ante plazos que se vencen, y nosotros, los ciudadanos, saliendo a la calle con miedo, como cuando fuimos atacados en nuestras calles por Sendero Luminoso a fines de los 80’s y principios de los 90’s. ¿Y ahora quién podrá defendernos?

¡Yo! Gritan más de 30 precandidatos presidenciales que aspiran a tener un 10% en las próximas elecciones y así acceder a la segunda vuelta presidencial. No habrá depuración previa de partidos políticos en las primarias (otro regalito navideño de nuestros congresistas) por lo que los votantes tendremos que enfrentarnos a una sábana llamada también cédula de sufragio, que en el caso de Lima tendría no solamente a 30 candidatos presidenciales sino, a 990 candidatos al congreso para escoger. De tin marín de do pingüé

El panorama del 2024 es oscuro. La presidenta Boluarte debe darse cuenta que su gobierno tiene que dar un shock de confianza interno, refrescando su gabinete con profesionales cuya trayectoria pueda generar confianza inmediatamente en el empresariado. Si ya hay una interpelación al ministro Contreras, seriamente cuestionado por el resultado económico, ¿por qué esperar la interpelación y posible censura en vez de agradecerle por sus servicios y poner una cara nueva, quizá algún exministro exitoso que nos devuelva la esperanza?

No sabemos si en el 2024 nos llegará un cataclismo, la nueva era del hielo o un encuentro cercano de tercer tipo, pero si nada cambiamos, nos podemos enfrentar, nuevamente, a una insurgencia ciudadana de consecuencias impredecibles.

 

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2024, Cambios Urgentes, Crisis política, desafíos, Escándalos

[AGENDA PAÍS] Hoy, 7 de diciembre de 2023, celebramos, sí, celebramos, le gesta ciudadana que impidió que el entonces presidente Pedro Castillo, ejecute el golpe de estado anunciado en su mensaje a la nación. Esa emocionante y espontánea proeza impidió que el golpista y su familia se asilen en la Embajada de México, lugar al cual se dirigía la hasta entonces, comitiva presidencial; acción que finalmente llevó a su destitución y apresamiento.

Si bien la vicepresidenta Dina Boluarte formaba la plancha presidencial con Pedro Castillo, esta asunción constitucional al poder de la flamante presidenta Dina Boluarte fue tomada como una nueva luz en el oscuro horizonte que el país divisaba.

Pero pronto, las fuerzas radicales azuzadas por mensajes de subversión del círculo más cercano de Castillo y otros que se adelantaron a este acontecimiento, como Aníbal Torres y su ya famoso “correrán ríos de sangre” ante una eventual destitución presidencial, condujeron a violentas protestas ciudadanas que terminaron con un trágico saldo de más de 60 compatriotas muertos incluyendo miembros de las fuerzas del orden.

Así empezaba el gobierno de Boluarte, con un gabinete integrado por profesionales de calidad, pero con una mochila pesada de llevar.

Los primeros meses transcurrieron en relativa calma, poco a poco se vio a la presidenta Boluarte con más seguridad y aplomo, sin embargo (en paralelo) un aire de desconfianza, no solamente al gobierno, sino a las instituciones en general, comenzaba a germinar.

Actualmente la inversión privada está en sus niveles más bajos, el PBI alrededor del 0% cuando países vecinos están entre 2% y 3%, y todo esto aunado a un deterioro de las principales instituciones del estado como el Congreso (8% de aprobación), un Poder Judicial siempre cuestionado por corrupción, la JNJ y su eterno conflicto de interés y ahora, el último eslabón que sostenía la cadena de la institucionalidad, el Ministerio Público.

Los peruanos nos estamos autodestruyendo. No estamos viendo el bien común sino los intereses particulares de grupos afines (económicos o políticos) e incluso intereses individuales en detrimento de la población.

Así, enfrentados los unos a los otros, en lo que más parece una guerra entre mafias, ¿Es posible tener una visión de país?

La situación que vive el Perú es tan enredada, que muchos congresistas consideran que no tienen legitimidad para hacer reformas y así llegar a las comicios del 2026 con reglas que nos permitan una mejor elección de nuestras autoridades como por ejemplo: bicameralidad, distritos uninominales en la cámara de diputados, renovación por tercios de congresistas, implementar las PASO o algún sistema que filtre el número de partidos políticos en las elecciones generales y que resguarde a la ciudadanía de candidaturas de delincuentes, etc.

En estos tiempos se vuelve a tocar la alarma del adelanto de elecciones, ya sea por iniciativa del Congreso o por una desprendida renuncia de la presidenta. Pero esto, en vez de arreglar el problema, lo agrava, porque seguimos con los mismos vicios de siempre y peor aún, con una reforma política obtusa que desincentiva las candidaturas congresales al proponer listas rígidas, olvidar los distritos uninominales y fomentar la discriminación al forzar la paridad en vez de privilegiar el voto popular.

Este congreso es el que todos hemos elegido, nos guste o no. Le corresponde hacer las reformas políticas necesarias para llegar al 2026 con una mejor base que nos permita una elección decorosa y representantes no solamente con capacidades, sino también, con probidad.

Es momento de que los distintos movimientos ciudadanos democráticos insistamos en las reformas políticas necesarias para que esta nación en formación llamada Perú no sucumba ante la tentación de liderazgos populistas, de izquierda o de derecha, que nos hundirían aún más en el caos y la desesperanza.

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