[EL CORAZON DE LAS TINIEBLAS]  A propósito de un post en el que Pablo Iglesias compara a maría Corina Machado con Adolfo Hitler

María Corina Machado, flamante premio Nobel de la Paz, es una trumpista, qué duda cabe. Le acaba de agradecer al inefable mandamás norteamericano la condecoración. Es obvio que no me gustan ni Donald Trump ni sus aliados, como me resultó obvio, cuando lo de Venezuela, que el único líder izquierdista de América Latina que se atrevió a condenar abiertamente el descarado fraude, la brutal represión y la sistemática violación de los derechos humanos en el país de las arepas fue Gabriel Boric, el tenaz presidente de Chile

Sobre el fraude de Nicolás Maduro, Claudia Sheinbaum declaró: “sin comentarios, son temas internos de otro país”, y  ha dicho exactamente lo mismo, sobre el Nobel a Machado y utilizando las mismas palabras: “sin comentarios”. Ni que hablar de los dubitativos Gustavo Petro e Ignacio Lula da Silva.

Una sola pregunta para tanto súbito crítico a María Corina Machado ¿qué aliado tendría que buscar un disidente venezolano para devolverle la democracia a su país cuando a los gobernantes izquierdistas de la región, aunque democráticos, les tiemblan las piernas para condenar a Nicolás Maduro? ¿A Claudia Sheinbaum? ¿a Gustavo Petro? Luego, ¿por qué se quejan entonces si Machado acude al deplorable Donald Trump?

En cuanto a mí, pierdan cuidado. No soy un “facho”, con las comillas bien puestas pues no me gustan los epítetos. Yo siempre condené la obscena dictadura de Augusto Pinochet, a mí no me sedujeron los cantos de sirena de sus resultados económicos, siempre deploré a José Rafael Videla y compañía. Lloré con La Historia Oficial, pero más con Contar Hasta Diez, la mejor de todas las cintas sobre la represión argentina y que sin embargo pasó desapercibida, me conmovió la chilena Machuca, no pude soportar Missing con el gran Jack Lemmon y su papel de decepcionado «american citizen», quebrado en sus valores democráticos, vibré con Kamchatka de Ricardo Darín, me conmocioné con Romero y la actuación de Raúl Juliá, para el caso de El Salvador. 1

Yo me crié en la convicción de que los derechos humanos, que son y seguirán siendo universales, estaban por encima de todo, que eran lo primero a defender, que estaban por encima de las ideologías, que las dictaduras eran la perversión de la democracia y que por ello tampoco hacía falta mayor postura ideológica para defender a esta última como consenso general. Por eso también me enardecí cuando vi a Pablo Iglesias y su séquito cuasi religioso de seguidores  defender los atentados y la represión contra el derecho a la vida y la abyecta agresión de las libertades individuales y a los derechos humanos en Venezuela, tal y como lo hacen en Cuba.

En otras palabras. he defendido la democracia, las garantías constitucionales, los derechos universales, cuya universalidad preconizo de aquellos que pretenden pasarlos por una trituradora de papel, para convertirlos en una infinidad de pequeños derechos que separara a los seres humanos y que nunca permitirán que nos entendamos entre nosotros.

En fin mucha charla. Me queda claro, que de estar en mí la decisión, hubiese elegido a alguien más prístino para el premio Nobel de la paz, tanto como que, de ser María Corina Machado, no hubiese recurrido a Pablo Iglesias para proponerle unírseme a la lucha por la recuperación de la democracia en Venezuela.

1La noche de los lápices. Desgarradora. “Te encontraré una mañana, dentro de mi habitación, y prepararás la cama, para dos” Canción para mi muerte, Sui Generis

[EL CORAZON DE LAS TINIEBLAS] Una victoria, una sola, logró la Flotilla Global Sumud: todo el mundo vio lo que pasó, todo el mundo siguió su travesía, tanto como siguió a la flota soviética dirigirse a Cuba cargada de misiles nucleares en 1962. Al igual que hace 63 años, la tensión aumentaba conforme los navíos se acercaban al cerco trazado por John F. Kennedy. Entonces, porque los esperaba un bloqueo militar norteamericano listo para disparar si los rusos intentaban sobrepasarlo, lo que hubiese iniciado la Tercera Guerra Mundial. Ahora, porque, buena parte del trayecto, la flotilla, cargada esta vez de víveres y ayuda humanitaria, estuvo acompañada por buques de guerra italianos, españoles y turcos, y se presumía un resultado similar: la escalada de una guerra internacional.

Lo último no sucedió, Trump, ofreció, a última hora, un plan de paz en algunos de sus pasajes bastante razonable pero con un problema fundamental: primero desaparece Hamas, primero Hamas se rinde y entrega sus armas, segundo una fuerza internacional, supervisada por Estados Unidos se encarga de la seguridad de la zona y tercero: solo si se dan las condiciones, podría hablarse de un Estado Palestino soberano.

El problema está en los tiempos, todo lo señalado debe producirse en simultaneo: me rindo, entrego mis armas y tú proclamas la soberanía de Palestina sobre Gaza y para el mundo. Después comenzamos el proceso de reconstrucción, finalmente lo prometiste de buena fe ¿verdad?

La cuestión parece simple pero la propuesta viene del enemigo. En todo caso, casi todo el mundo entiende que Benjamín Netanyahu persigue la desaparición completa de la franja. A decir por el 90% de la destrucción de su infraestructura de vivienda, salud y otras ¿Ud. le creería en la intención de reconstruirla por completo, como propone Trump, para entregarla limpiamente a los palestinos? ¿los palestinos lo creerán? Es un tema de confianza, pues bien, la confianza cumple un rol fundamental en las relaciones internacionales y en los acuerdos que llevan a la paz o en los desacuerdos que llevan a la guerra.

Lo demás que quiero decir podrían parecer perogrulladas, pero es importante recordarlas justo ahora, tenerlas claras para aquellos que no las tienen claras, los análisis más detallados se los dejo a los analistas, a los internacionalistas. El pueblo de Israel fue expulsado de su Tierra Santa tras sucesivas guerras contra el Imperio Romano en los siglos I y II d.C. La del siglo I concluyó con la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C.

Pero mi idea no es perderme en la historia. Si se tratase de eso, podría remontarme milenios atrás, cuando Moisés llevó a los judíos a su Tierra Santa librándolos de la esclavitud egipcia, o a cómo, por esos mismos tiempos, en las costas aledañas de esas tierras, se asentaban los llamados “pueblos del mar”, precisamente en las zonas de Gaza y Cisjordania, de donde provienen los palestinos.

Y si forzamos más las cosas, tendríamos que citar a quienes pretenden reducir la cuestión a la genética -me recuerda a ese hombre taimado y diminuto de los bigotitos- y buscan establecer cuánta relación existe en el ADN de aquellos antiguos pobladores con sus descendientes actuales. La verdad, me importa muy poco. Tal ha sido el movimiento de los pueblos en la humanidad, nuestra historia es la historia del mestizaje. Pretender similitudes biológicas con seres humanos de hace milenios es un camino tan peligroso que hace 80 años les costó la vida a 60 millones de seres humanos.

Lo que sí me queda claro es que dichos “pueblos del mar” también tuvieron sus enfrentamientos con los romanos, pero ya sea porque fueron sometidos más fácilmente o por la razón que se quiera lograron permanecer allí. Después, desde los siglos VII y VIII llegaron los musulmanes con las predicas de Mahoma con lo cual los palestinos se islamizaron y hasta el día de hoy, y ese ha sido su hogar.

Judíos quedaron muy pocos, la mayoría se desplazó a la Europa central y oriental, extramuros de lo que fueron los confines del viejo y ya fenecido Imperio Romano de Occidente. ¿Hubo judíos en Occidente a pesar de esto?, claro que los hubo: impedidos de poseer tierras por el emperador de Bizancio Justiniano (siglo VI), se dedicaron a diversas actividades, entre ellas el intercambio de monedas entre los señoríos feudales de Europa. Tan remoto como ese es el origen de la exitosa actividad que los judíos desempeñan hasta el día de hoy en las finanzas mundiales.

Vamos al punto

El siglo XIX fue el siglo del nacionalismo. Como nos lo señala Benedict Anderson, el nacionalismo no es natural. En el siglo XVI no se era francés, se era súbdito del rey de Francia, no es lo mismo. El amor por la tierra, la idea de dar la vida, dar la sangre, de “defender hasta el último centímetro del territorio” o de “quemar el último cartucho” es un producto ideológico del siglo XIX y es bien burgués. Porque las burguesías de entonces lo necesitaban para unificar a los masivos proletariados que sustentaban sus proyectos políticos y sus imponentes maquinarias económicas. El nacionalismo, en el nivel retórico, fue aggiornado con sublimes influencias como la del romanticismo literario, dar la vida por la dama amada, por el honor mancillado, o por la patria asediada, terminó formando parte del mismo repertorio poético.

Los judíos no estuvieron al margen de esta corriente ideológica y se formó el movimiento sionista, denominación que hoy se utiliza peyorativamente para designar a aquellos israelís que defienden posturas expansionistas o represivas maximalistas contra el pueblo palestino. Pero en su origen se trató de la iniciativa de dotar a Israel de un hogar nacional y esa es la base de todo nacionalismo: poseer un Estado soberano en donde la nación y sus hijos  puedan convertir en realidad su propia utopía.

Por supuesto, no eligieron nada mejor que la Tierra Santa de Moisés de hace 5 mil años bajo argumentos religiosos solo válidos para ellos. El problema: allí estaban los palestinos, y no solo eso. Allí estaba, alrededor de los palestinos, todo el mundo árabe ya bastante indispuesto con Occidente por las constantes invasiones que se produjeron como parte del neocolonialismo del último cuatro del siglo XIX en adelante. Entre tanto despropósito,  Palestina fue convertida en protectorado británico.

Barco nombrado Éxodo 1947 tripulado con refugiados judíos de la Europa de la post 2da Guerra Mundial llega a Gaza. El cartel señala lo siguiente: “Los alemanes destruyeron nuestras casas y hogares: no destruyan nuestra esperanza”

Y entonces los judíos comenzaron a migrar a Palestina de manera paulatina. A veces fueron bien recibidos y otras veces hubo roces con la población local. Tras la Segunda Guerra Mundial llegaron masivamente, desplazados de Europa y rogando ser aceptados por la sociedad de acogida, es decir, los palestinos. Pero muy poquito después, y adelantándose a la decisión de la ONU, Israel, en 1948, fundó su Estado con apoyo de Estados Unidos e Inglaterra y a los palestinos, que entonces eran el 90% de la población, los dejaron absolutamente sin nada. Y de allí en adelante comenzaron a agredirlos y reducirlos con la finalidad de que ese fuese exclusivamente un Estado judío y nunca han estado más cerca de concluir con tan poco edificante trabajo. Luego, es positivamente cierto que, desde entonces, los palestinos se han defendido y, a veces, con los peores de los métodos imaginables.

Estados Unidos, Inglaterra e Israel se mueven en función de intereses, la política es -también y principalmente- intereses. Eso puedo entenderlo porque no soy ingenuo. Resulta que leí Maquiavelo y, tras él, a muchos otros más. Pero Europa sí que me genera indignación, ver a los barcos italianos, españoles y turcos dar media vuelta y dejar desprotegida a una flota de civiles que portaba ayuda humanitaria a otros civiles que, al ver distraída a la armada Israelí, se dieron maña para pescar unos cuantos peces del mar y llevarse algo qué comer a la boca, eso sí que me conmocionó en medio de tanto sufrimiento humano.

Où es-tu, Europe ? Où es-tu, vieille France des droits de l’homme ?

Este relato parece incompleto. Está incompleto, lo que más me aterra son los finales que me imagino.

[EL CORAZON DE LAS TINIEBLAS] Tuve la suerte de llevar clases con Franklin Pease en la facultad de Historia de la PUCP. Comprendo que fue una suerte y un honor ahora que han pasado 30 años y que puedo entender muchas cosas que antes no. Franklin no era fácil, podía molestarse con facilidad. Si te acercabas a pregúntale o solicitarle algo te arriesgabas a una respuesta a voz en cuello, intimidaba.

Pero era Franklin, era maestro, y del maestro debes recoger su fruto, cada maestro tiene uno en particular y él lo tenía, y no era en absoluto baladí: con Franklin constatabas que te estabas haciendo historiador. Lo tuve en primer ciclo de facultad y apenas le entendía. Eso me desmoralizó, citaba autores como quien menciona ciudades en un juego de charadas, y yo pensaba que nunca iba a alcanzar un nivel igual o parecido. Luego me matriculé a otro curso con él, ya al final de mi carrera, y entonces sí le entendía todo, me sentí muy cómodo, me di cuenta de que ese historiador talentoso y consagrado tenía sentado en un pupitre de su aula a otro historiador, uno muy joven y por graduarse, lleno de ganas de seguir su camino, o, más aún, el suyo propio.

Franklin era conservador, era conservador con la historia, con la disciplina histórica y creo que eso estaba bien. La cuidaba, defendía sus fueros como un castillo medieval asediado. No gustaba mucho de la transdisciplinariedad, es verdad, consideraba que nuestra disciplina tenía métodos y teoría propios, los que eran suficientes para volcarnos a la aventura de traer el pasado al presente, a través de la intervención del historiador.

Esta nota no persigue la intención de discutir las posturas del maestro Franklin que nos dejó temprano, en 1999, cuando tenía todavía mucho por ofrecernos. Dejó sin embargo, como legado, decenas de obras escritas y miles de historiadores formados.

Pero junto al merecido homenaje al Maestro, esta nota trae consigo una inquietud y que atañe una cuestión que siempre ha ocupado y preocupado a los historiadores: la invasión del pasado por el presente. Ahora estamos en la ola MAGA “Has Estados Unidos Grande Otra Vez”, slogan que se remonta a los tiempos de Ronald Reagan pero que ha cobrado inusitada actualidad en la primera y, aún más, en la segunda administración de Donald Trump.

De hecho, bajo una mirada de rescate de los valores tradicionales americanos, el inefable mandatario ha sometido a revisión los contenidos de 8 salas del Instituto Smithsonian de Washington por considerar que difunde una historia de los Estados Unidos demasiado crítica con la institución de la esclavitud, con la suerte de los sectores menos favorecidos y que niega los logros y la excepcionalidad del país. Independientemente de la postura de Trump, atendible como todas, queda claro la intrusión de la política en asuntos que atañen la historia y la cultura.

En realidad, está cuestión es tan antigua como la civilización misma. Los jeroglifos egipcios narran una historia oficial de la gestión de los faraones desde la perspectiva del poder, pero también debería estar claro que corren tiempos en los que la historia y la cultura constituyen áreas del conocimiento que responden a desarrollos científicos que deberían ofrecer alguna autonomía frente a gobiernos y políticos que buscan trasladar al pasado batallas ideológicas que bajo ningún concepto deberían abandonar el tiempo presente y la proyección hacia el futuro.

En todo caso, otro tiempo los políticos acudían al pasado bajo la fórmula historia magistra vitae -maestra de vida- es decir, para extraer ejemplos de lo que debe y no debe hacerle. A un historiador la fórmula no le sonará muy científica pero a nadie le molestó ni le molesta mucho ese conocimiento de sentido común que no es solo de los políticos, es cotidiano.

Lo de hoy es diferente y MAGA tiene un precedente. En una publicación que hice en mis redes sobre el tema encontré comentarios inspiradores: woke del presente vs woke del pasado; presentismo woke vs pasadismo maga. Las cosas van por ahí.

En octubre de 2021 una estatua del libertador de Estados Unidos Thomas Jefferson fue retirada del ayuntamiento de New York por haber sido propietario de esclavos. Definitivamente, el desarrollo del movimiento Black Lives Matter, tras el infausto asesinato del ciudadano afroamericano George Floyd en Minneapolis, a manos de un agente policial blanco radicalizó la lucha por los derechos de los afrodescendientes. De esta manera,  fueron señalados personajes históricos -otrora prohombres de la patria- por haber poseído esclavos en tiempos en que dicha práctica se encontraba plenamente vigente y normalizada -no por ello era justa ni buena- al punto que solo se abolió tras la Guerra de Secesión en 1865, casi un siglo después de obtenida la independencia de las Trece Colonias de la Corona Británica del Rey Jorge III.

Según CNN, a noviembre de 2022, al menos 60 estatuas de Cristóbal Colón habían sido vandalizadas por quienes, siguiendo la teoría decolonial y otros desarrollos teóricos provenientes del progresismo radical, convirtieron al descubridor de América en símbolo de la expoliación, explotación y despojo de los pueblos originarios. La política fue más allá y llegó al nivel de los gobiernos. Hace poco tiempo AMLO y después Claudia Sheinbaum exigían y no con las mejores formas a la Corona Española disculparse con los pueblos originarios de México por el daño que les fue infligido en tiempos de la colonización. La Corona respondió con arrogancia colonialista: habría que estar agradecido con la civilización legada, ¡Vive Dios!, fin de la discusión.

Y bueno, me queda el debate latinoamericano: los conservas al ataque. Y no me refiero a los que quieren conservar la historia como un preciado bien, tal y como lo hacia el maestro Pease, sino a los conservadores de ahora, a los “MAGA” latinoamericanos alineados con Trump, con Milei y que han decidido iniciar la disputa del pasado en este hemisferio.

En México se han ido por el argumento, bastante básico, de que no hay que quejarse de la conquista española, porque los grupos étnicos precolombinos también se conquistaban entre sí, tan básica es la cosa que no me molestaré en responderla. En el Perú, un joven ingeniero remonta la peruanidad hasta antes de sus orígenes. Sustentándose en curiosas genealogías, sostiene que Río de la Plata y la Nueva Granada no se independizaron de España sino del Perú y de los peruanos, como si el virreinato peruano no le perteneciese entonces a España, como si dicho virreinato no hubiese estado liderado por el españolísimo y absolutamente eficaz virrey Don Fernando de Abascal. Entiende, dicho ingeniero, que los peruanos de entonces eran como los de ahora y que nos la pasábamos igual de entretenidos con el campeonato mundial del pan con Chicharrón toda vez que no iremos a la Copa del Mundo de Estados Unidos 2026.

Pero qué largo preámbulo. ¿Qué podemos sacar en concreto de todo esto? Lo primero: la batalla cultura es una pésima gestora del pasado y de la historia, y es una peor gestora de los bienes cultural y de su proyección hacia la sociedad.

Lo segundo, tenemos que recuperar el conservadurismo bien entendido del maestro Franklin Pease, que alguna vez, en una de sus brillantes sesiones, retrató a la historia como una abuelita muy delicada a la que había que tratar con mucho cuidado y no atropellarla con una guerra ideológica, por lo demás burda y obscena, como la que enfrenta a los presentistas wokes con los pasadistas magas.

Algunos sostienen la crisis del wokismo debido a la ola trumpista. La verdad, la premisa no me parece alentadora, como no me lo parece reemplazar un extremo por otro.

La semana pasada hablé de la socialdemocracia popular. Hasta ahora no es más que una idea, un camino de retorno a los valores democráticos del siglo XX pero por la ruta del siglo XXI. Nuestra sociedad amerita apreciar su historia y no sumirla en unos combates que representan la distorsión más abyecta de aquellos que una vez plantease el maestro Lucien Febvre.

Además, nuestra sociedad merece relacionarse con su legado cultural, patrimonial e histórico sin conflictuarse: comprendiendo, analizando y problematizando el daño, el dolor generado por  situaciones del pasado que no deben regresar, pero sabedora de que han terminado. Por su parte, las autoridades del presente deben preocuparse por que concluyan y terminen de aposentarse en el pretérito, si acaso no lo hubiesen hecho todavía.

Al maestro Franklin Pease García-Yrigoyen

p.d. Imagen: Estatua a Thomas Jefferson retirada del consistorio de New York por su pasado esclavista

[EL CORAZON DE LAS TINIEBLAS] Recién participé con una conferencia en la IV Jornadas Históricas: Tacna y Arica después de la Guerra del Pacífico, proyecto que encabeza la destacada narradora peruana Giovanna Pollaloro y que auspician el Instituto Riva Agüero de la PUCP, el Departamento Académico de Humanidades de la misma cada de estudios y la Universidad de Tarapacá. El evento abordó diferentes aspectos de la relación binacional con énfasis en la cuestión fronteriza, su historia, los periodos difíciles de asimilar en la memoria histórica, como el de la ocupación chilena, y con la perspectiva de forjar un futuro mejor y compartido. De esta manera, lo que se busca es la integración entre los pobladores de dos ciudades que son hermanas desde tiempos inmemoriales y cuya interdependencia constituye el principal motor de su desarrollo sin por ello renunciar, ni pasar por alto, el pasado doloroso. Se trata de trabajarlo juntos, resignificarlo juntos.

Como ya es habitual, me tocó reflexionar acerca de la posibilidad de llevar a cabo un proceso de reconciliación peruano-chilena, tema al que he dedicado buena parte de mi trayectoria académica y de mi producción intelectual. Al respecto, y tras el tiempo transcurrido, debo partir del escepticismo: el Estado chileno, su clase política, responde a una narrativa oficial muy bien estructurada, nacionalista sin duda, y que no está dispuesta a dar mayores pasos en lo que entiende podría significar un revisionismo histórico y, luego, alguna reivindicación de la contraparte.

Del lado peruano las cosas no pintan mejor. Nosotros no poseemos una narrativa tan estructurada como la chilena, pero sí participamos de un nacionalismo muy primario que, o considera casi una afrenta patriótica cualquier atisbo de reconciliación, o, aún con más énfasis, no tiene ni idea de lo que trata un proceso de este tipo. Es el Estado empírico del que hablaba Jorge Basadre, tan simple como eso.

Aterrizando a la cuestión de la escuela y de la enseñanza de la historia, mi diagnóstico es parecido aunque no igual al que presenté en mis libros Lo que dicen de nosotros (2010) y Lo que decimos de ellos (2019). Para el caso peruano, el otro, es decir Chile, es representado como un enemigo, y lo es más porque la historia escolar no narra otro evento entre nuestros dos países sino la Guerra del Pacífico. En tal sentido, las alusiones a la participación chilena en el proceso de la Independencia del Perú o en la guerra de la cuádruple alianza contra España, 1864-1866, son tan periféricas en la narrativa que no desplazan de su posición central a la gran conflagración que nos desangró entre 1879-1883. Y si de allí indagamos la narrativa del maestro en el aula, solo podremos colegir que seguimos formando generaciones en una rivalidad secular, debido al abandono y a la poca importancia asignada a una historia que pide a gritos ser resignificada porque sí cumple una función en el presente, sí forja las conciencias colectiva y nacional.

En Chile es y siempre fue el silencio, no el olvido, el silencio. Y sus manuales escolares más recientes (Santillana 2023) sencillamente omiten a peruanos y bolivianos de la Guerra del Pacífico. Esta es presentada prácticamente como el proceso natural de expansión del Estado que, en el camino, se topó con pueblos originarios aimaras que fueron integrados exitosamente al proyecto nacional chileno: Perú y Bolivia no están, nunca estuvieron.

De suerte que la deriva se mueve entre la enemistad y la invisibilidad, y ninguna de ambas parece ofrecer un camino para que la historia, integrada a nuestra conciencia, no le duela tanto al presente al punto de interferir en el relacionamiento entre peruanos y chilenos, menos aún en la zona de frontera.

Luego vendrán las réplicas modernizantes. ¿De qué habla este historiador? Las relaciones peruano-chilenas están en su mejor momento, sino veamos la balanza comercial, las inversiones bilaterales, el número de visitas de un país al otro, la magnífica posición de la migración peruana en Santiago. Y todo es verdad. Lo que pasa es que tendemos a comprender la realidad dicotómicamente, más aún en tiempos de tanta polarización ideológica.

Yo no, yo veo a la realidad llena de dimensiones: al mismo tiempo peruanos y chilenos somos buenos socios comerciales -¿o en realidad competimos?- y en simultáneo queda ese magma espeso de malos recuerdos de la Guerra del Pacífico que se experimentan como si acabase de suceder -Cornelius Castoriadis dixit- y desde luego que podemos vivir eternamente inmersos en una tóxica bipolaridad. La pregunta es si no sería mejor resignificar el pasado para madurar con él, y, sobre él, construir un mejor presente, más ciudadano, integrador y solidario.

 

 

[OPINIÓN] El mayor yerro de la historiografía que ha estudiado la polémica Haya-Mariátegui es establecer su análisis siguiendo la pauta establecida por el “Amauta” para  romper con Haya de la Torre y con el APRA. Las cuestiones partido-frente, denominar socialista al movimiento, o lo relativo a las simpatías de Haya por el Kuomintang  fueron los tópicos elegidos por el fundador del socialismo peruano para atacar a la novel organización fundada por su contemporáneo trujillano pero no constituyen las cuestiones de fondo que explican el enfrentamiento.

Nosotros planteamos, y lo hemos señalado en nuestro artículo LIMA NO RESPONDÍA (Parodi 2022), así como en una reciente conferencia en la Universidad del Pacífico y otros textos más, que tanto Haya como Mariátegui fueron marxistas, ambos creían en la revolución, la lucha de clases y la instauración del socialismo al final del camino. La cuestión que los separó al punto de la más abrupta colisión fue la hoja de ruta a seguir para llegar hasta él, o, en un primer momento, a la captura del poder para, paso seguido, construir el socialismo.

La formación marxista de Haya de la Torre recibe influencia directa y prioritaria de Vladimir Lenin. El líder de la revolución rusa creó un partido de cuadros y de células perfectamente coordinadas y conformadas por militantes de la más alta formación y preparación para, al presentarse el momento crítico, asaltar el poder e iniciar la construcción del socialismo. Fue precisamente lo que hizo Ulianov a partir de octubre de 1917 en la tierra de los soviets.

Víctor Raúl adaptó las ideas de Lenin a las realidades peruana y latinoamericana. A través del Esquema del Plan de México, urdió una estrategia para que, en virtud del levantamiento simultáneo de un ejército obrero que debía formarse en la norteña ciudad de Talara y de ocho células apristas desperdigadas por el país que debían insurreccionarse en simultáneo se derrocase al dictador Augusto B. Leguía y se capturase el poder.

El marxismo de Mariátegui se formó en Europa. Es sintomático que, a diferencia de Haya, el “Amauta” no llegase a la URSS. Esa puede ser la explicación de la fuerte influencia que recibió de marxistas revisionistas europeos como Antonio Gramsci, George Sorel, Antonio Labriola, entre otros. A diferencia de posturas como las de Bernstein y Masaryk, que planteaban el socialismo sin marxismo y sin revolución -ideario desde el que se construye por entonces la socialdemocracia europea- Mariátegui, como Labriola antes, sí reivindica la revolución, pero la dota de una espiritualidad que Lenin rechazó rotundamente.

Influenciado también por Gramsci y su concepto de hegemonía cultural, José Carlos llega a la conclusión de que antes de la revolución el proletariado debe elevarse a la conciencia de sí mismo y de su rol en la historia. Solo cumplida esta premisa, y  dotado de una mística cuasi religiosa, a la que aporta Sorel desde sus mitos -más específicamente el mito de la huelga general- podrá el proletariado alzarse en revolución y tomar el poder.

Un elemento adicional, pero fundamental a tomarse en cuenta, es la intervención de la Internacional Comunista en el enfrentamiento entre nuestros dos personajes. Haya había roto con ella en 1927, seguidamente los soviéticos contactaron a Mariátegui quien pasa a integrar su atmósfera al menos dos años antes de que sus postulados colisionasen con los de Victorio Codovilla -Jefe del Secretariado Sudamericano de la IC- en junio de 1929.

El resultado de los caminos y circunstancias aquí descritas fue el rechazo rupturista de Mariátegui al Plan revolucionario de Haya -Esquema del Plan de México- en epístola del primero fechada 16 de abril de 1928, en la que, inclusive, acusa de fascista a Víctor Raúl. Nosotros sostenemos que debido a la concepción marxista original del “Amauta”, este no hubiese aceptado sumarse a la revolución aprista en ciernes en 1928. Sin embargo, su cercanía con la Comintern lo llevó a adoptar posturas que fueron más allá de una polémica, discrepancia o intercambio de ideas. La consigna cominteriana era destruir al APRA y disputarle el espacio en el Perú, Mariátegui actuó en consecuencia y triunfó parcialmente en el empeño: dividió a prácticamente todas las células apristas existentes y bloqueó la insurgencia que Haya planeaba levantar en el Perú.

La <<polémica Haya-Mariátegui>>, en su manifestación historiográfica, presenta dos problemas de fondo: el primero es haberse desarrollado a partir de las acusaciones que Mariátegui levantó en contra de Haya, sin inquirir que estas podrían ubicarse en la superficie de motivaciones mucho mayores. La segunda es caer en el maniqueísmo de destacar el marxismo de uno y vilipendiar el del otro, o, lo que es más grave, romantizar la imagen de uno y, en simultáneo, denostar la del otro. De esta manera, la intencionalidad política suplantó el análisis desde las ciencias humanas y sociales.

Dentro de los límites de este artículo, nosotros proponemos que tanto Víctor Raúl Haya de la Torre -durante la fase internacional del APRA 1924-1930- y José Carlos Mariátegui, hasta su partida el 16 de abril de 1930, fueron dos marxistas brillantes que adaptaron, cada cual a su modo, las tesis marxistas soviéticas y europeas a las realidades peruana y latinoamericana. Colisionaron porque cada uno manejaba un tiempo de la revolución distinto. Pensamos que en tanto que marxistas latinoamericanos deben ser materia de estudio riguroso, así como de enseñanza y  recordación pues constituyen puntales del pensamiento político peruano y continental.

Sobre el mismo tema ver la siguiente conferencia pronunciada en la Universidad del Pacífico para el grupo de diálogo Visionarios.

https://www.youtube.com/watch?v=U4VEpPNJGok&t=79s

[OPINIÓN] Algunos políticos y analistas han señalado bien los últimos meses que las próximas elecciones, más que enfrentar derechas e izquierdas, enfrentarán a buenos contra malos. Planteada así, la proposición parece absolutamente maniquea pero contiene elementos de verdad, al menos para quienes nos encontramos del lado de los que piensan que el Estado peruano está básicamente tomado por la corrupción, o por diferentes redes de corrupción que responden a diversos lobbies como la minería ilegal, el narcotráfico y, sin tener que pasar necesariamente la frontera de la delictividad, por grandes grupos económicos.

Desde esta premisa, lo deseable es arrebatarle el control del ejecutivo y el legislativo a dichos intereses vedados y adversos al bien común. Esto es poblarlos por fuerzas políticas al menos medianamente comprometidas por la ya inaplazable profilaxis institucional que requiere el Estado. Este es el primer paso necesario para cualquier reforma política que pretenda ofrecer ribetes de seriedad y viabilidad.

Digámoslo en sencillo: mientras nuestros gobernantes respondan a lobbies ilegales no será posible poner al Estado al servicio de la población, alcanzar una oferta educativa pública competitiva, ni servicios de salud que se constituyan en la primera forma de igualdad y de justicia social en el país. Menos aún podremos pensar en grandes inversiones en infraestructura para el desarrollo que respondan a un plan nacional, que  conecten a las regiones con el mundo, y que nos haga soñar con exportar algo más que minerales y algunos vegetales procesados como nuestro máximo valor agregado.

Luego, el poder instalado en el Congreso ha hecho bien su trabajo. La idea: mantenerse y mantenerse en el poder hasta terminar de copar todas las instituciones del Estado; vamos, las pocas que aún mantienen cierta independencia. Y las elecciones generales de 2026 constituyen el siguiente paso.

De los 44 partidos inscritos, 11 han decidido aliarse al cierre de la pre-inscripción de alianzas electorales que se produjo ayer. Esto reduce las candidaturas a 39, un récord histórico, sin duda. Luego, de las 39 candidaturas, 34 responden a partidos y 5 a alianzas electorales, las primeras deben pasar una valla de 5% para obtener representación congresal, además, deben colocar 7 diputados (de 130) y 3 senadores (de 60). En el caso de las alianzas la valla a superar es de 6% y el número de parlamentarios exigido como mínimo para ingresar al Congreso es el mismo.

Aquí es donde comienza la purga, por eso Fernando Tuesta ha señalado bien, en entrevista para RPP, que el próximo congreso probablemente no cuente con más de 5 o 6 partidos representados y que muchos de estos resulten de entre los mismos que actualmente tienen bancadas en el hemiciclo. La afirmación podría parecer contradictoria. ¿Por qué una serie de partidos que no goza de la aprobación ciudadana de acuerdo con las encuestas y con la opinión pública podría favorecerse de este modo?

Las respuestas son varias, sus partidos son marcas conocidas, sus parlamentarios también, sus candidatos cuentan con recursos para financiar campañas millonarias. A esto debe sumársele el clientelismo político que los dota de un electorado fiel. Relativo a Fuerza Popular, no olvidemos al denominado “núcleo duro” del fujimorismo albertista. A FP se le hace difícil superar por mucho el 10% de las preferencias en 1era vuelta, pero también se le hace muy difícil obtener menos del 10% de dichas preferencias.

Las Alianzas electorales

Luego están las alianzas que cuentan con el empujón de haber comprendido que había que sumar fuerzas para enfrentar los duros requisitos electorales impuestos por la actual representación parlamentaria. Por el lado de la derecha, el tradicional Partido Popular Cristiano se ha unido con Unidad y Paz del congresista, y ex Comandante General del Ejército Roberto Chiabra, quien encabezará la lista desde una postura radical de derecha nacionalista. Así planteada, nos parece que esta alianza tendrá poco de distinguible con las otras derechas representadas en el Parlamento que también participarán de las justas electorales.

Por el lado de las izquierdas, llama la atención la alianza entre Nuevo Perú por el Buen Vivir, de Verónica Mendoza y Vicente Alanoca, y Voces del Pueblo de Guillermo Bermejo. Parece que la izquierda de agenda más progresista y cultural ha decidido estrechar alianza con una rama de la izquierda marxista radical que optó por no coludirse con la mayoría parlamentaria. Dentro de todo, encontramos cierta coherencia en la decisión y veremos hasta qué punto el electorado puede identificarse con una propuesta de este tipo y con Alanoca quien, aparentemente, encabezará la plancha presidencial.

Finalmente, está el caso de la alianza electoral Ahora Nación, compuesta por Ahora Nación y Salvemos al Perú, aunque recién ha sido impugnada por un sector disidente de Salvemos. Creo que es una verdad de Perogrullo que en esta alianza el socio grande es Ahora Nación, partido de centro izquierda socialdemócrata. Su proceso interno para cerrar esta alianza no fue nada fácil pues participaban de la mesa de la negociación otras agrupaciones políticas que contaban entre sus filas con militantes que cargaban con ciertos pasivos.

Las bases ahoranacionistas se opusieron a estas posibles postulaciones y, en un sano ejercicio de consulta a las bases y de democracia interna, el líder Alfonso López Chau, así como  dirigentes nacionales, provinciales y distritales se reunieron en reiteradas sesiones y acordaron que la alianza se realice solo con Salvemos al Perú. Tal vez un paso hacia atrás pero para dar dos pasos hacia adelante.

De esta manera, la dirigencia se legitima ante la militancia que se siente incluida y respaldada, y el partido se legitima hacia el electorado nacional al optar por mantener la imagen prístina que motivó su fundación en medio de las protestas de 2023. Habrá que ver si Ahora Nación puede crecer lo suficiente no solo para ingresar al Congreso sino para lograr el contrapeso necesario para comenzar la reforma política y del Estado que hemos planteado al iniciar estas líneas.

En fin, el panorama parece sombrío a estas alturas y no podemos negarlo. Sin embargo, las tendencias electorales cambian. Un mayor número de candidaturas no implica necesariamente una mayor dispersión del voto. Talvez la conciencia cívica de que se requiere un cambio logre el milagro, también cívico, de agrupar la mayoría de las preferencias en aquellas fuerzas que aspirar a colocar al Estado al servicio de la ciudadanía y del bien común. Esto es lo que todos esperamos.

Fuente de la imagen: Diario La República, edición del 3/8/2025

 

[OPINIÓN] Detesto la hipocresía, hace no mucho Nadine Heredia fugó a Brasil apañada por Lula da Silva, tras el sacrificio sumiso y voluntario de su esposo Ollanta Humala quien distrajo a la policía entregándose mientras su avispada esposa escapaba y la progresía celebraba. Si el caso hubiese sido al contrario, dicha progresía hubiese pegado el grito al cielo, pero no lo fue. El tema no termina ahí, Nadine es una sentenciada por corrupción, el propio Lula financió ilegalmente la segunda campaña hacia Palacio de Pizarro de la llamada pareja presidencial pero a nadie pareció importarle.

El tema empeora porque cuando Alan García, pesquisado por corrupción, pidió asilo a la embajada de Uruguay, levantaron la voz los indignados: el expresidente aprista no era un perseguido político, era un investigado por delitos comunes, no procedía el asilo. Tabaré Vásquez no lo concedió. Esa vez también celebraron, igual que las damas del edificio donde vivieron y murieron Mariel y el capitán1, los mismos que festejaron la fuga de Nadine Heredia.

Vámonos al año 2004, yo regresaba de hacer mi maestría en Europa y comenzaba a dictar historia del Perú. Cuando hablaba sobre Alberto Fujimori, no dictaba clases, vomitaba bilis. Todo estaba muy fresco, particularmente no me dio el cinismo para tragarme las groseras arbitrariedades que se cometieron desde 1996 en adelante, comenzado por la Ley de Interpretación Auténtica para reelegir como sea a Fujimori por tercera vez. Yo me cansé y mucho de su gobierno, de su cara, de su voz.

Pero paulatinamente comenzaron a hablar mis alumnos, y me di cuenta de que en mis secciones siempre había estudiantes provenientes de la familia militar o policial. Una vez un joven me contó que durante la época del  terrorismo en su casa contaban los días para la vuelta del padre destacado en la zona de emergencia y temían, por supuesto, que cayese en acción. ¿Qué tenía que hacer yo? ¿tenía que decirle que todos o casi todos los militares destacados en Ayacucho eran unos criminales despiadados?

Una vez invité a un colega historiador a hablarles de este tema a mis alumnos. Todo iba muy bien hasta que dijo que, para reconciliar al Perú, los militares que pelearon durante el conflicto armado o época del terrorismo tenían que hablar con los ex senderistas. A mi siempre me pareció que la reconciliación debía darse entre los militares y la sociedad. No soy negacionista, los crímenes cometidos por el Estado en los tiempos del terror desgraciadamente no fueron hechos aislados, hubo sistematismo. Pero esta narrativa debe venir acompañada con la que reconoce que las fuerzas armadas y policiales defendieron al Estado  y la sociedad de los terroristas y los vencieron, esto es, pacificaron al país. Los dos discursos, aunque aparentemente contradictorios, se produjeron en simultáneo y ambos son reales.

Volvamos a Fujimori, yo vomitaba fuego, después separé lo político de lo económico y lo separé bien. No justifico la dictadura por la lucha contra el terrorismo. Si se trata de no falsear la historia entonces no la falseemos. Desde 1989, el gobierno de Alan García, con Agustín Mantilla como ministro del Interior, cosa que es tan real como políticamente incorrecta decirla, se cambió la estrategia antisubversiva. Se creó el GEIN de Benedicto Jiménez que capturó a Abimael y la cúpula de Sendero Luminoso, y se dejó que las rondas campesinas y los comités de autodefensa encabecen la lucha antisubversiva en el campo. Ambas estrategias funcionaron. Cuando Fujimori llegó al poder era cuestión de tiempo desbaratar a Sendero Luminoso, la democracia, buena, mala o regular, no tenía que pagar el precio.

Luego, en democracia, y con Mario Vargas Llosa al frente, se hubiese aplicado, y posiblemente mejor, la exitosa política económica neoliberal de Alberto Fujimori, la única que cabía en esos momentos de quiebra del Estado peruano, incluido acabar con los subsidios y deshacerse de tanta empresa pública inservible. El tema es que Fujimori lo hizo y resultó. Y la base que sembró para el desarrollo del Perú, incluida la intangibilidad de las reservas acumuladas en el BCRP vía Constitución de 1993, hasta el día de hoy nos dotan de una macroeconomía sólida. Otra cosa es que la clase política que le siguió no haya sido capaz de cosechar los frutos y potenciar los servicios y la infraestructura del Estado a nivel nacional para promover el desarrollo y que este alcance a todos los peruanos. Difícil en el reino del latrocinio, la informalidad y la desinstitucionalización.

Bien, lo dejamos aquí de momento. Mucho se ha hablado de la diferencia entre el criterio del historiador frente al del juez, el historiador explica, interpreta; el juez emite sentencias, condena, exculpa. Creo que a esta comparación debemos añadirle la diferencia entre el análisis del historiador y el del político, del primero ya sabemos, el segundo toma partido, defiende una posición. Tan importante es saber que Alberto Fujimori fue un dictador, entre tantos del siglo XX, que impidió la maduración de nuestras instituciones democráticas, como que fue un presidente cuya política económica estabilizó los números del país y nos permitió superar una crisis fiscal de más de dos décadas. Tan importante es reconocer que las fuerzas armadas atentaron contra los derechos humanos en la lucha contra los terroristas como que los derrotaron y nos devolvieron la paz a todos los peruanos.

En tiempos de gran polarización política, resulta que en la historia resaltan los matices y el análisis antes que las posturas hegemonistas.

[EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS] La crisis moral de nuestra clase dirigente en tres episodios

Estos comentarios son fragmentos editados de los posts que dediqué en redes sociales a la trágica muerte de José Miguel Castro, a la triste partida de Joselo García Belaúnde y al lamentable comportamiento de Intercorp con los deudos y damnificados por la caída del techo del Real Plaza de Trujillo. Los encontré lo suficientemente sugerentes como para editarlos debidamente y convertirlos en un artículo, que, desde el análisis de tres casos bien diferentes, llega a la misma conclusión: la profunda crisis moral de nuestra clase dirigente.

No maten al mensajero, sobre Romy Chang, Intercorp y las víctimas del Real Plaza de Trujillo

Romy Chang, a quien en estas líneas no pretendo defender, no es más que la punta del iceberg o el “organismo ejecutor” en el chantaje y maltrato de Intercorp a los deudos y damnificados de la caída del techo de Real Plaza Trujillo hace unos meses. El Iceberg completo de esta indignante situación es el propio Intercorp que no hace más que confirmar el rol tradicional e histórico de nuestra gran burguesía que ha consistido en enriquecerse de los peruanos y de las riquezas del país, sin ninguna vocación a favor del desarrollo conjunto de la sociedad.

Para demostrarlo basta retrotraerse a los tiempos del guano, o recordar el triste papel que desempeñaron los llamados “12 apóstoles” -principales empresarios del país- en la quiebra absoluta de la economía peruana durante el primer gobierno de Alan García, cuya primera responsabilidad en el tema no se niega aquí. Pero nuestro gran empresariado a través del dólar MUC generó una fuga de divisas provenientes de nuestras reservas nacionales cuando lo que se esperaba de él era que reinvirtiese sus ganancias en el Perú para así procurar la reactivación de nuestra economía: sucedió todo lo contrario.

Más cerca en el tiempo, basta una pasada somera por el programa Reactiva aplicado en 2020 para favorecer a la pequeña y mediana empresas peruanas -mypes- en tiempos del confinamiento adoptado como prevención ante la pandemia del Covid-19. Al final, hicieron cola por gusto, las grandes corporaciones se quedaron con la parte del león de esos fondos.

Cierro, los muchos millones que estas corporaciones le deben a la SUNAT, es decir, al país, mientras que los contribuyentes de a pie hacemos esfuerzos por cumplir con nuestras obligaciones.

El maltrato y desdén a los ciudadanos de Trujillo víctimas del derrumbe del techo de Real Plaza de la localidad, no debe quedar impune. Ojalá un estudio de abogados importante, con conciencia social, tome su caso pro bono. A ver si, esta vez, hacemos aunque sea un poquito de justicia en este país donde no se conoce, siquiera, la definición del concepto.

La yapa, mientras el Club Liverpool le pagará a la viuda de Diogo Jota -joven futbolista trágicamente fallecido en un accidente automovilístico junto a su hermano- también futbolista,  el total de los 2 años que le quedaban de contrato y la educación de sus hijos hasta que culminen la universidad, Intercorp quiere callar con “un sencillo” a las víctimas y deudos del derrumbe del Real Plaza de Trujillo. Por eso Inglaterra es Inglaterra y el Perú es el Perú.

Joselo García Belaúnde, QEPD y que lo dejen descansar en paz

Han saltado los “políticamente correctos” a cuestionar a nuestro recientemente desaparecido embajador, el entrañable José Antonio García Belaúnde por haber sido canciller de Alan García. ¿Habría que cuestionar al embajador Manuel Rodríguez Cuadros por haber sido canciller de Alejandro Toledo? Yo creo que no, ambos embajadores obtuvieron logros muy importantes que condujeron a la victoria de la Haya, el reconocimiento de la controversia por parte de Chile el primero, la política de las “cuerdas separadas” el segundo.

A su turno, el expresidente Alan García  Pérez hizo bien en demandar a Chile en 2008, en firmar los límites marítimos con Ecuador en 2011 -por eso Ecuador no intervino en el litigio- y en tener a Joselo, con su política de las «cuerdas separadas», al frente de Torre Tagle mientras duró su gobierno. La crítica general de una  gestión no puede anular el reconocimiento de políticas exitosas específicas. Para algo somos historiadores y no activistas políticos.

Sobre García Belaúnde, este no solo dirigió los hilos del litigio de La Haya con solvencia, buen talante y mucha clase sino que, por ello mismo, obligó a la contraparte a imitarlo. Entonces el presidente chileno Sebastián Piñera nombró Canciller a Alfredo Moreno con la expresa finalidad de que baje el tono confrontacional de su cancillería para hacerlo compatible con el de Torre Tagle, siempre afinado y atildado. Fue así como pudimos implementar la referida política de las «cuerdas separadas» para llevar la controversia marítima al margen del resto de la relación bilateral. Con ella obtuvimos la victoria en la CIJ, pero también obtuvimos la paz y fortalecimos la relación bilateral con Chile.

QEPD José Miguel Castro y esperemos la verdad

Es infame que haya personas que por motivos políticos hayan intentado imponer la narrativa de que José Miguel Castro se suicidó, solo conjeturando y sin siquiera saber nada del estado de su salud mental. El suicidio es el drama humano más doloroso, debería tratarse con más respeto y humanidad. Se trata de dejar que la Fiscalía de la Nación haga su trabajo pericial para establecer las causas de su deceso.

Nos falta un mínimo, no sé, de sentido común y amor al prójimo, por decir lo menos. En este muro hicimos un llamado a ser más cautos y respetuosos con la posibilidad del suicidio de José Miguel Castro, drama humano que debe tratarse con moderación. Sin embargo, reiteramos, hubo quienes defendieron a capa y espada la hipótesis del suicidio  como si se tratase de un lobby o agenda política antes que como una postura personal ante estos dolorosos acontecimientos.

Hoy que la hipótesis del homicidio cobra fuerza, ha quedado expuesto el sector que se mostró demasiado interesado en imponer la otra posibilidad. Pensamos que no es tan difícil, por un mínimo de ética, esperar a conocer más el tema, esperar el resultado de las investigaciones,  nosotros lo seguimos esperando.

En resumidas cuentas, respecto de la trágica muerte de José Miguel Castro, me ha dado vergüenza ajena ver cómo los dos bandos que podrían resultar directa o indirectamente involucrados por esta triste situación se jalonean defendiendo la hipótesis del suicidio o la del homicidio, pues también hubo políticos que manifestaron notable interés en esta última opción para salir a responsabilizar, sin más, a otros políticos por el supuesto crimen. Con este morboso contrapunto, lo único que logramos fue restarle moral a lo poco que le queda de moral a la política peruana.

Pareciese que a nadie le interesase descubrir la verdad, cada uno defiende sus intereses y no nos centramos en este drama humano que ha estremecido al país.  Y estos son los bandos de nuestra política que aspiran a gobernarnos. El Perú merece más, Dios nos coja confesados.

 

[EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS]  Señalar que en el Perú nunca existió una democracia es una perogrullada que pocos se atreven a enunciar. El concepto de crisis funge de comodín, de circunstancia atenuante. Entonces hablamos de la crisis de la democracia, de la crisis de los partidos políticos, de la crisis de la institucionalidad, pero no decimos que algo como la democracia nunca existió en el Perú y la verdad es que no pretendo ser crítico, ni dramático con este enunciado. Más bien, intento constatar una realidad para intentar coincidir en un punto de partida.

EL Perú nació militarizado y militarista. Sus primeros presidentes fueron los generales San Martín y Bolívar, después vinieron nuestros generales: Orbegoso, La Mar, Gamarra, San Román etc. Después el general de los generales, es decir, Ramón Castilla, manumisor de los esclavos, quien acabó con el tributo indígena, organizó el Estado y le dio forma al clientelismo más abyecto. Entonces los generales comenzaron a ser vivados. En realidad, la costumbre es antigua. ¡Viva el general! ¿cuál general? El que está en Palacio de Gobierno, quién más podría ser.

Y así construimos nuestra tradición política, nuestras instituciones y nuestra precaria división de los poderes del Estado. No es que en el siglo XIX la división de los poderes del Estado no existiese en absoluto. Existía a medias o inexistía a medias, fusionada con tradiciones más antiguas y arraigadas: el patrimonialismo, el corporativismo, el cuartelazo, la bayoneta, y un largo etc.

Pedro Planas se animó a decir lo que Alberto Flores Galindo no: la República Aristocrática, con todo lo que tuvo de aristocrática, fue el primer intento serio de instaurar en el país algo parecido a la democracia, solo que en versión minimalista (Planas dixit). Augusto B. Leguía canceló el proyecto y le impidió evolucionar.  “El Oncenio” nos trajo la dictadura que tantos aman en el fondo, que tantos esperan ver regresar en los confines más oscuros de su conciencia, que tantos sueñan angustiosamente como al recuerdo del padre represor.

Y la dictadura vino a quedarse, por lo menos en lo que le restaba de siglo al siglo XX. Sánchez Cerro, Benavides, Prado, Odría, Velasco, Morales Bermúdez, Fujimori. El Perú de la pasada centuria no fue un país con intervalos autoritarios, como Chile, fue un país con intervalos democráticos, que observamos muy lejos de la posibilidad de echar raíces, de establecer alguna tradición.

El siglo XXI es astuto en el país de “Pepe el vivo”. Como me lo dijo un día el director de un colegio muy bueno pero muy conservador: “al final de cuentas, lo que importa es el billete”. Las formas de la democracia podrían resultar en un mecanismo aún más plausible del robo más descarado en agravio del Estado, y de la promoción de las actividades ilícitas más infames y creativas. Entonces tuvimos la democracia de cartón, o mejor de papel para no malograrle el descanso a Martín Adán. La democracia le es funcional a las mafias que gobiernan, la democracia no es el sistema, es el cascarón en el que ha anidado otro sistema, otro organismo que siempre estuvo presente en el Perú, pero que desde 2016 en adelante ha experimentado una vertiginosa y espeluznante metástasis.

Es difícil describir este organismo, más difícil es darle forma, es imposible decir lo que es, pero es la bestia con la que tenemos que acabar si queremos que en esta tierra de tantas noches oscuras, como decía Jorge Basadre, un rayo de esperanza democrático e institucional alumbre el próximo amanecer.

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