Cine

 

West Side Story ha recibido siete nominaciones al Oscar, incluido Mejor Película y Director. Spielberg es el primer director en ser nominado al Oscar en seis décadas diferentes, y once de sus películas han sido nominadas al máximo premio.

Pero, como ha sucedido muchas veces, los Oscar no son sinónimo de calidad.  

La obra West Side Story es una historia de romance imposible a lo Romeo y Julieta. Él se encuentra con ella, se conquistan y llegan a amarse aunque pertenezcan a mundos opuestos y enfrentados. Se basa en la idea del amor sublime cuando excede a las banalidades de la sociedad. Una historia así solo funciona si se transmite de manera creíble y con firme convicción. 

Con esa hipotesis en mano, nada menos que Steven Spielberg levanta el telón de un clásico de Broadway y de Hollywood. Estamos en el Nueva York de mitad de siglo, sesenta años atrás. Lincoln Center aún no ha sido construido, viejos townhouses van a ser demolidos para dar terreno a futuros rascacielos y los autos aún no han copado todo con su mundanal ruido. 

Al ritmo conocido del chasquido de dedos, Spielberg nos presenta al primero de los dos mundos en conflicto, el de los hijos de migrantes europeos. Entre ellos está Riff, un joven mujeriego, vehemente y con ganas de defender su territorio en las calles. En el otro lado están los hijos de migrantes latinos. El líder es Bernardo, apasionado luchador, con ganas de hacerse respetar a puñetazos. 

Riff y Bernardo pelean durante toda la película por ver quien es el dueño del territorio habitado por ambos. Pelean por América. Y el protagonismo de ellos me hizo pensar por momentos que al guionista Tony Kushner se la había ocurrido hacer un West Side Story gay. Menudo giro plausible hubiera sido. Pero no. Tarde y desapercibido, hacen su aparición en escena María y Tony. 

A María su hermano Bernardo la quiere emparejar con su amigo Chino, por eso van a un baile. Y a Tony su hermano Riff lo quiere de vuelta en la batalla contra esos latinos mugrosos, por eso irán a arruinar el mismo baile. Pero María y Tony, quienes nunca antes se habían cruzado, apenas y se miran mientras todos bailan, y en dos minutos se aman y se besan. Es el amor fugaz inmediato sin necesidad de conquista, sin ningún esfuerzo. Es como una cita por Tinder o Bumble. Ni se han podido conocer bien entre ellos ni menos los conoce el público, pero ya se aman.

El West Side Story de Spielberg da por sentado el amor, único ingrediente vital para el éxito de su trama. Toda esa idea de Romeo y Julieta se cae pedazos cuando la bandera principal de la película no se trata de desarrollar el vínculo creíble e intenso entre María y Tony. No me creo sus motivaciones para estar juntos, la defensa de su supuesto amor, ni siquiera sus ganas de escapar para poder ser una pareja. 

Ella no es la mujer soñadora y aspiracional en búsqueda de un gran amor, sino parece una chica confundida y frustrada a la espera de una mejor vida para sí misma. Él no es menos egoista. Anhela para sí mismo para la salvación de su pasado y superar sus demonios personales. No es el chico inocente e idealista cuya habilidad para derretir corazones es suficiente pretexto para enamorarse de él. En el frenético juego de cámaras de Spielberg, no hay tiempo para entender su amor de una manera sublime, idealista y existencial. 

Lo empeora todo el error de casting de Rachel Zegler y Ansel Elgort. Hay una innecesaria diferencia de tamaños entre ambos. Ni siquiera se tocan hasta el final de la película y comparten poca pantalla. Ella tiene una mirada muy dura, parece preocupada siempre por algo, como si avisara todos los problemas. Nunca está feliz. Cómo se enamora uno sin alegría, siempre consternado por el siguiente paso desde el primer encuentro. Él tiene una mirada suspicaz y misteriosa, como un galán de película de mafiosos. Y entre los dos, no se construye química alguna. 

Descartada la construcción del amor, el guión se centra en los conflictos sociales. Intenta abanderar todas las causas del presente, aún cuando no se relaciona en nada a la trama. También hay un exceso de interés y pantalla en los personajes secundarios. El protagonismo de Bernardo, Riff, Anita, Valentina, Chino e incluso los policías es exagerado. Con ello, la atención del público se dispersa demasiado. 

Es admirable el tiempo y dedicación puesto a producir esta película. La factura técnica y la calidad de la producción son impecables. Cada detalle ha sido estudiado al milímetro. Y es precisamente ahí donde se identifica la falta de habilidad del director para rodar un musical. Las coreografías son excesivas y exageradas. Son cuerpos arrojados sin delicadeza a bailar en escenografías y planos hermosos, e impide a los personajes presentarse con naturalidad. 

Aplaudo la elección de los diálogos en español, aunque solo sirva para resaltar más el lío social. Pero han hecho algo con el montaje de sonido para exagerar las voces y no parecen salir de la boca de los actores. Sumado a la grandilocuencia de los diálogos, pegoteados sin cuidado de la obra original a pesar de estar a sesenta años de su debut en cines, es como asistir a una función atrapada en el tiempo.

Las películas de Spielberg siempre presentaron hombres ordinarios capaces de superar grandes retos. Y qué si esta versión del famoso musical hubiera dado más énfasis a Tony, su lucha interna por reformarse y la gesta imposible por conquistar el amor de María. Y que a ella también le cueste enamorarlo. Pero después de cuarenta años de carrera, donde el amor es totalmente ajeno al cine de este director, era de esperarse.

Spielberg ha estrellado un clásico al extirparle su esencia y alma. Con su ambición técnica le ha dado rigidez a su propuesta. Y decepciona al ser el cineasta más innovador del siglo pasado. No sorprende tampoco el fracaso en taquilla. Esta película errática no pudo competir jamás con el rezago de la pandemia, Spider-Man y Matrix. Pero tal vez sí, cómo no, ganar unos cuántos Oscar técnicos. Será la película enana de las salas vacías.

 

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La Luna va a estrellarse con la Tierra. El único satélite natural del planeta va a causar su inevitable colapso. Y con ello, claro, la extinción de la especie humana. La Luna va a caerse, o más precisamente, va a salirse de órbita. Y ese argumento es solo el pretexto de un carnaval de desastres. Tsunamis, terremotos, cataclismos, edificios derrumbándose, lo que fuera. 

Roland Emmerich mete treinta años de carrera haciendo películas de desastres en Hollywood en una misma película. Eso es Moonfall. Están todos los tipos de catástrofe vistos en The Day After Tomorrow o 2012, y también algunas dosis de mundo extraterrestre similar a Independence Day o Stargate. El resultado no termina de definirse por ninguno. Es en efecto un carnaval de lo todo.

La película empieza con un innecesario discurso científico. Pues, qué más da por qué la Luna se está cayendo. No importa si se trata de una coherente razón astronómica, o si son más bien teorías conspirativas, políticos estafadores o información clasificada. Igual se va a caer. Y poco importan las razones cuando hemos venido a presenciar su destrucción en pantalla grande. 

Entonces Emmerich demora en llegar al punto focal de la historia. Hay demasiada marea informativa nublando el rollo principal. Si salimos con vida de esos somníferos cuarenta minutos, la historia presenta un simple duo protagonista entre los astronautas Brian y Jo, dos antiguos colegas cuya gran duda es si serán el equipo capaz de salvar al mundo. A la pareja se suma el conspiracionista K.C. que está destinado a ser el gordo bufón subvalorado de la trama.

Mientras ellos tres se preparan interminablemente, en la Tierra quedan un sinnumero de personajes secundarios innecesarios. Los ex esposos de Brian y Jo, sus respectivos hijos (llegué a contar al menos cuatro niños), el hijo mayor de Brian recién salido de prisión, el nuevo esposo de la ex esposa de Brian, una joven mujer asiática que acompaña al grupo sin ningún motivo y unos aleatorios adolescentes merodeadores que han conquistado el mundo pre-apocalíptico. 

Y entonces al cumplirse una hora de película, Moonfall es un maremoto de datos y argumentos cruzados sin importancia. De hecho, todo parece muy estúpido. Hay una civilización mundial rendida a la catástrofe sin ningún liderazgo más que de tres renegados desconocidos. En todas las películas previas de Emmerich había cuando menos una figura política mundial para darle legitimidad.

De hecho, la misión central de la película queda reservada para el final. Antes de ello tendremos un enredo de imágenes extrañas donde se ha confundido la geografía norteamericana con Asia o el Polo Norte, una NASA sin ninguna infraestructura ni poder casi en absoluto que debe sacar naves espaciales de museos tomados por la delincuencia juvenil, y una explicación al argumento final futurista bastante original para ser honestos, pero arrojada al espectador sin ningún aviso previo para intentar ser creíble o verosimil.  

Si tan solo Emmerich se hubiera librado un poco de toda esa densidad de personajes, argumentos y variables informativas para entregarnos lo que vinimos a buscar. Eso que ha sido su inspiración personal y musa durante toda su carrera. Ese momento épico donde el planeta se acaba, o pende de un hilo, y entonces estamos satisfechos a pesar de uno que otro bochorno en el camino.

Pero no. Moonfall solo cuenta con algunos atisbos muy lejanos de genuina emoción. Vale la pena si extrañas grandes producciones fastuosas de catástrofes, estás bien descansado y quieres verla en pantalla grande. De lo contrario, The Day After Tomorrow es aún una mejor propuesta, incluso veinte años después. Y si no, pues, cualquier otra.

 

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Cine, Películas, Roland Emmerich

 

Jane Campion ha regresado para presentarnos otra obra maestra. Lo hizo ya en 1993 con El Piano. Esta vez, su film, El poder del perro, es otro de los favoritos a llevarse el Oscar el próximo 27 de marzo y convertirse en la primera producción de Netflix en ganar el Oscar a mejor película. A pesar que aún no se han anunciado a los nominados.

Jane Campion llevaba pantalones, una blusa blanca y un enorme saco negro cuando recibió el Oscar el 94. Sin tacos y con un peinado sencillo, como años después Chloe Zhao lo haría también, usando un par de zapatillas y con dos sencillas trenzas al convertirse en la primera mujer asiática en recibir el galardón por Nomadland. Quizás y luego de 28 años, la directora neozelandesa realice el mismo recorrido, gracias a su film: El poder del perro.

Si hoy, la obra de diversas directoras de cine, ha tomado mayor atención, es también gracias al camino que Jane Campion inició en los 90s. Ella, que le dio voz en la pantalla, a una mujer muda, en El Piano, con un guión original, que entre varias otras cosas, se llevó tres premios Oscar, tres premios Bafta y la Palma de Oro en Cannes. Por esto último, se convirtió en la primera mujer en la historia del cine en obtenerlo.

El poder del perro podría considerarse un western. Sin embargo, ahonda tanto en las masculinidades establecidas que más bien, convierte este género en una inversión total de su esencia. Como en algún momento lo hizo Ang Lee con su cinta Secreto en la montaña. Pretendiendo dejar de lado los estereotipos que normalmente ha tenido el género de los vaqueros.

La historia, inspirada en el libro de Thomas Savage bajo el mismo nombre, nos presenta a dos hermanos, contrarios entre sí, que ven cambiadas sus vidas cuando uno de ellos, George, decide casarse. Al compartir la misma casa y actividades con Phill, el hermano hostil, no dejará de manifestar su desagrado por la presencia de su nueva cuñada y el hijo de ésta.

El film tiene una serie de estímulos visuales que sobrepasan la propia estética y que más bien son elementos que hacia el final de la historia darán sentido al desenlace. Campion aprovechó los paisajes de su natal Nueva Zelanda para filmar como si fuera Montana en 1925. Otra mujer, Ari Wegner, que no ha dejado de ganar premios desde que empezó su carrera, es la encargada de la dirección de fotografía.

Algo que se puede apreciar además en todas las entrevistas realizadas al reparto, es la satisfacción de los actores por la dirección de Jane Campion. El resultado del encuentro de Kirsten Dunst, Benedict Cumberbatch y Kodi Smit-McPhee con la directora, simplemente, es magistral. Tomando en cuenta que a esta cineasta siempre le han interesado los personajes complejos y con más de un secreto que se va develando conforme avanza la narrativa.

Kirsten Dunst en el mejor momento de su carrera, lejos de los gritos que el obcecado Sam Raimi le propuso para Spider Man el 2002, demuestra una madurez que le permite transitar emocionalmente en pantalla con una profundidad que ni siquiera en Melancolía de Lars Von Trier habíamos visto. La decisión de la actriz, de no hablar durante la filmación y solo hacerlo en escenas, tuvo que ver con este resultado.
Por su parte, Benedict Cumberbatch, además de no dirigirle la palabra a su compañera, se internó previamente en diversos ranchos para experimentar la vida de un vaquero. Incluyendo prácticas como la castración de animales. A pesar de que para la directora no fue la primera opción, su desempeño, según sus propias palabras, desbordó sus expectativas.

Por último y no en orden de importancia, está el joven Kodi Smit-McPhee. Recordado por su papel en El Último camino cuando era niño, a lado del actor Viggo Mortensen. Como también por su incursión en los X-Men con el personaje de Kurt Wagner. Un salto de garrocha para su carrera que le ha valido ya cuatro premios importantes, con tan solo 25 años. Mejor actuación de reparto para el Círculo de Críticos de Nueva York, Globo de Oro, y dos AACTA, por reparto y mejor actor joven.

Jonny Greenwood está a cargo de la banda sonora. El guitarrista de la banda inglesa Radiohead se ha venido perfilando como uno de los mejores compositores musicales cinematográficos de la época. Además de haber sido nominado por su trabajo para la película El Hilo Fantasma el 2017. En esta ocasión presenta un trabajo potente de constante tensión, acentuando en el aislamiento e incomprensión de sus personajes y que compagina con los demás elementos del film.

Hace tres años la BBC de Londres realizó una encuesta sobre las mejores películas de todos los tiempos dirigidas por una mujer. La ganadora fue El Piano de Jane Campion. Ella forma parte de las 7 únicas mujeres que a través de la historia del cine han sido nominadas al Oscar como directoras. Empezó su carrera con el cortometraje Peel en el 82 y se llevó La Palma de Oro en Cannes. Jane Campion es una grande, no deja de sonreír y confía en sus instintos. Lo racional, señala ella, no tiene espacio en una filmación, el instinto gobierna allí.

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Cine, Jane Campion

Luego de estar cerradas por 16 meses, el 12 de julio las salas de cine volvieron a funcionar. Primero lo hicieron los Multicines Cinestar y Movietime y luego de varias negociaciones las demás cadenas como Cinemark y Cineplanet el 5 de agosto. 

Las pérdidas que el sector cinematográfico ha tenido como producto de la pandemia, superan los US $300 millones. Hoy con la reactivación económica, la producción cinematográfica también ha regresado y así como las salas de cine, esperan alimentar mejores cifras para su continuidad. 

La pandemia también afectó el estreno del film nacional Canción sin nombre. Cinta que venía cosechando múltiples premios en festivales alrededor del mundo y que no pudo llegar a las salas. Situación que la empujó a ser la primera película peruana en ser estrenada en Netflix. Su presentación el 15 de enero en la plataforma de streaming recogió aún más críticas favorables por su realización. Una historia desgarradora que en medio de una época de conflictos sociales como fueron los años 80,revela la vulnerabilidad de una mujer del campo al denunciar el robo de su hija. 

Algo similar sucedió con la película Contactado de Marité Ugaz y producida por Mariana Rondón, que decidió por una exhibición alternativa y se mostró de manera itinerante, así que tampoco llegó a las salas comerciales. Todos los estrenos previstos para el 2020, pasaron para este 2021 y otros en el camino decidieron por las plataformas de streaming. Pero aquellos que llegaron a las salas comerciales, se enfrentaron al problema de la escasa asistencia, quizás por temor al contagio. Sin embargo, los blockbuster como Eternals, permitieron que el público pierda el miedo de regresar al cine. 

Una película de Tondero fue la encargada de abrir el calendario nacional de estrenos: Raúl con Soledad. Dirigida por Bruno Ascenso y grabada con equipo mínimo dentro de la pandemia. Otra de Tondero vendría después: Doble embarazada. Apostando ambas por la comedia ligera. En octubre llegó a las salas también La Cantera del director arequipeño Miguel Barreda. Actualmente también ha sido incorporada a la plataforma de Netflix. 

El 28 de octubre se estrenó Ainbo. El proyecto de animación más grande de la historia del cine nacional. Los hermanos Zelada, a través de su empresa El Tunche, lograron importantes contratos de distribución en todo el mundo que también se vieron perjudicados por la escasa asistencia del público a las salas, debido a la pandemia. 

Las mejores familias de Javier Fuentes-León, luego de su paso por el Festival de Cine de Lima, llegó a las salas de cine comerciales el 04 de noviembre. Un retrato social de nuestra Lima clasista y prejuiciosa de impecable manufactura, pero con grandes contradicciones en su desenlace. Sobrevivió 3 semanas en cartelera. 

El 11 de noviembre se estrenó Un mundo para Julius de la directora Rossana Díaz Costa. La obra de Alfredo Brice Echenique llevada a la pantalla con total libertad en su adaptación supera ya el mes en cartelera, con más de 40,000 espectadores. Importante cifra para un film nacional, en medio de cintas americanas de gran taquilla internacional. El retrato también de desigualdad social, tiene un componente especial en esta adaptación que es importante destacar. No lo hace desde el sentido irónico sino más bien dramático. Lo que no solo es válido, sino también permite una mirada más femenina a esta historia. Un film peruano de exportación.   

Medias hermanas, comedia de Tondero otra vez, alcanzó los 19,000 espectadores en su primer fin de semana. Su apuesta por figuras conocidas como Gianella Neyra y Magdyel Ugaz le ha dado buenos resultados a la empresa de cine más importante del país. Se estrenó el 19 de noviembre. 

El camino que Palito Ortega y Oscar Catacora abrieron para el cine regional ha empezado a dar sus frutos con películas como La Cantera, pero también con El viaje macho del huancaíno Luis Basurto. Un road movie desarrollado en el ande peruano, en el llamado “tren macho” y que llegó a las salas el 25 de noviembre. 

Manco Cápac fue el último estreno nacional del año a cargo del director puneño Henry Vallejo. Cinta seleccionada para los premios Oscar, que no terminó de pasar los filtros que la llevarían a una nominación. La historia de la llegada del joven Elisban a la ciudad de Puno, enfrentando la hostilidad que la pobreza provoca en una sociedad mercantil, también ha recibido las mejores críticas nacionales e internacionales. Esta es sin duda una de las propuestas más particulares y honestas que se han presentado. Se exhibe en las salas comerciales desde el 09 de diciembre.

Mientras la taquilla mundial, le sonríe a producciones hollywoodense como Spider-Man:No way home, en el Perú por primera vez, la producción independiente ha tenido más exposición y presencia en la cartelera local. Aún tenemos que descentralizar la exhibición, para que al hablar de cine regional, no solo nos referiremos al que llega a las salas limeñas, sino al cine que se realice en cualquier lugar del país y se vea en todos los rincones. 

El 2021 que se va, fue el año en que se reabrieron las salas, a pesar de continuar en la pandemia. Con nuevas medidas sanitarias y nuevas normalidades, volvimos a hacer colas para ver una película en pantalla gigante. La apuesta por este tipo de proyección, es todavía, la elección principal del expectador. 

salas de cine 2021

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Cine, cine peruano, Covid-19, Pandemia, salas de cine

Han sido publicadas las películas preseleccionadas para candidatear por los premios Oscar. La lista nos excluye nuevamente de la competencia, a pesar de habernos presentado con una película de la pericia de Manco Capac. 

15 son las cintas anunciadas, de las que finalmente quedarán 5 nominadas a mejor película extranjera. 

En esta ocasión, además de haber quedado rezagados en el camino, ninguna otra película de esta parte del mundo ha sido seleccionada. Recordemos que el año pasado el film chileno El agente topo llegó con grandes expectativas a la alfombra roja, gracias a su nominación como mejor documental. 

Ha quedado también fuera de competencia un film argentino que venía con grandes expectativas. El prófugo dirigido por Natalia Meta y que cuenta en el reparto con la reconocida Cecilia Roth. Es un thriller psicológico que ha representado a la Argentina en el Festival de Berlín y que ha obtenido excelentes críticas. 

Dentro de los films preseleccionados al Óscar de habla extranjera, figuran tres hispanos. 

La mexicana Noche de fuego, dirigida por Tatiana Huezo, ha recibido una mención especial en el Festival de Cannes y un premio en el Festival de San Sebastián. 

Plaza catedral es la representante de Panamá, dirigida por Abner Benain y cuyo protagonista Xavier de Casta fue asesinado antes de recibir el premio por su actuación en el Festival de Guadalajara, cuando tenía 14 años. 

Por último, la española El buen patrón de Fernando León de Aranoa, estelarizada por Javier Bardem y Almudena Amor. Viene con 20 nominaciones a los premios Goya y con buenos resultados a nivel de taquilla en España. 

La crítica internacional apuesta por Drive my car de Japón. El círculo de críticos de Nueva York la ha calificado como la mejor película del 2021, no solo de habla extranjera. Selección poco habitual para este grupo selecto de analistas cinematográficos, al reconocer una cinta de no habla inglesa. 

Otra favorita es la italiana, Fue la mano de Dios. Dirigida por Paolo Sorrentino, quien tiene un Oscar en su haber a mejor película extranjera el año 2013 por  La gran belleza. Fue la mano de Dios está considerado como el film más personal y dramático del director. Viene además de ganar el Festival de Venecia con el Gran Premio del Jurado. La cinta se encuentra en Netflix. 

Esta lista de preseleccionados continua con films de Irán: A Hero, triunfadora en el Festival de Cannes con El Gran Premio. Great Freedom de Austria, Playground de Belgica, Lunana: A Yak in the Classroom de Bhutan, Flee de Dinamarca, Compartment No. 6 de Finlandia, I’m Your Man de Alemania, Lamb de Islandia, Hive de Kosovo y The Worst Person in the World de Noruega. 

La lista final se dará a conocer el 8 de febrero. Mientras la ceremonia de los premios de la Academia se llevará a cabo el domingo 27 de marzo.

El año pasado nos presentamos con el film nacional Canción sin nombre que tampoco pasó los filtros necesarios para llegar al Oscar.  Sin embargo, actualmente ha sido nominada para los premios Goya. Importante reconocimiento en el viejo continente que tendrá su desenlace el próximo 12 de febrero. Donde compite con  La cordillera de los sueños de Patricia Guzmán representando a Chile, Las siamesas de Paula Hernández  por Argentina  y Los lobos de Samuel Kishi de México.

Independientemente de ganar un Oscar, las películas peruanas seleccionadas para representarnos en los últimos años en la Academia, como Canción sin nombre y Manco Cápac seguirán cosechando reconocimientos alrededor del mundo. La apuesta por un cine que construye identidad y que se desprende de estereotipos impuesto por una cultura hegemónica debería seguir siendo la tendencia que encontremos en nuestras salas de exhibición. 

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Con 84 abriles, el director Ridley Scott se ha dado el lujo de estrenar este año dos largometrajes. El primero, The last duel y el segundo, The House of Gucci, film que aún se encuentra en cartelera. Como acostumbra el director, ambas producciones destacan por la producción escénica y de época. Sin embargo, en los dos casos, la crítica y taquilla no les ha sonreído y no precisamente por las mismas razones. 

Ridley Scott lleva más de 30 largometrajes en su haber. Su carrera empezó en los 60,s, se consolidó en los 70,s y ha producido sin interrupciones por más de 40 años. Imposible mencionar todas sus obras, pero entre sus cintas más populares figuran títulos como: Alien, el octavo pasajero, Blade Runner, Thelma & Louise, Gladiator, Hannibal, La caida del halcón negro, American Gangster, Red de mentiras, Robin Hood, Prometeo, Exodus y The Martian

El estreno de «The Last Duel» coincidió con la reapertura de las salas de cine en el mundo. Aunque el director inglés considere que la baja taquilla se debió al poco interés que la nueva generación tiene por conocer hechos históricos. Lo concreto es que para la fecha de estreno, aún la asistencia del público a las salas de cine, era muy escasa. 

Con The Last Duel, el cineasta regresa al cine épico. Aquel que evoca una época para representar un drama que puede tener paralelos en el mundo actual. La historia narra la denuncia de violación que Marguerite de Carrouges (Jodie Comer) realiza contra Jacques Le Gris (Adam Driver), lo que ocasiona un duelo entre este caballero y el esposo de ella, Jean de Carrouges (Matt Damon). 

El guión adaptado del libro de Eric Jager, fue el trabajo conjunto de Nicole Holofcener, Matt Damon y Ben Affleck. Los dos últimos conocidos por tener una amistad desde la infancia y por escribir en 1997 Good Will Hunting, cinta con la que se abrieron camino en Hollywood y con la que también ganaron un Oscar a mejor guión. 

The Last Duel es el regreso de Scott al cine que crea atmósferas densas y salvajes. Ese cine que busca trascender, provocar indignación y encontrar un héroe en pantalla. Como fue el caso del film Gladiador. Pero, en esta ocasión el cineasta asume otra bandera. La bandera de género y deja a ese héroe masculino, por una mujer medieval que retrata el total sometimiento patriarcal que las mujeres han sufrido por siglos. 

La estructura narrativa incluso permite dos puntos de vista de una misma historia, la del agresor y la de la víctima. Acompañada además de un  contexto que retrata ese poder hegemónico de manera potente. El personaje del mismo Ben Affleck, quien encarna al Conde Pierre de Alencon, es una muestra de esta masculinidad que además ejerce el control político y social. 

Mientras que The Last Duel tuvo el infortunio de ser estrenada en un mal momento, The House of Gucci en cambio, contó con la promoción adecuada y se presentó en un momento en que el público asiste a las salas de cine sin tanto miedo. Lamentablemente, la crítica no ha sido favorable con esta última cinta. 

La historia también está basada en un libro. En esta caso, escrito por Sara Gay Foden, sobre el asesinato del heredero de los Gucci. Cuenta en los papeles protagónicos con Lady Gaga como Patrizia Reggiani y Adam Driver en el rol de Maurizio Gucci. Complementan el reparto Jaret Leto como Paolo Gucci, Al Pacino de Aldo Gucci, Jeremy Irons es Rodolfo Gucci y Salma Hayek de Giuseppina Auriemma. 

Ridley Scott se puede dar el lujo de convocar el casting que desee. Su gran prestigio le ha permitido barajar diversos nombres para este film, como Angelina Jilie o Penelope Cruz, hasta llegar al definitivo. Las observaciones no recaen en el casting. The House of Gucci carece más bien de una narrativa que sostenga una historia de la que ya se conoce el desenlace. 

La clara intención del cineasta por exponer una historia de codicia y traiciones familiares se va desinflando por no dar algunos matices a la narrativa y a los personajes que la componen. Lo que pudo convertirse en una de sus grandes obras modernas, no ha tenido el impacto de la taquilla, ni de la crítica internacional, aunque nuevamente el diseño de producción y la propuesta visual sean destacadas. 

No es la primera vez que el director de Alien decide poner a heroínas en la pantalla. No es la única vez que ha mostrado la hostilidad hacia la mujer en un mundo diseñado para los hombres. En un principio pretendió que su film Thelma & Louise tuviera algunos tintes de comicidad para ser tomado más en cuenta. Su intención en 1991 con esa película, fue mostrar mujeres siendo lastimadas. 

Ridley Scott ganó en el Festival de Cannes cuando tenía 40 años, como mejor ópera prima por su primer largometraje: Los duelistas. Se llevó una estatuilla del Oscar a casa por el Gladiador. Ha recibido un premio especial por la mejor contribución del cine britanico y otro a la realización de toda una vida. Además de las diversas nominaciones que su filmografía ha logrado. 

Luego de tantos honores y al mejor estilo de Clint Eastwood, este 2021 ha estrenado estas dos cintas que difieren en contenido y quizás en efectividad, pero que lo consolidan como uno de los realizadores más productivos y vigentes del cine mundial, aún a sus 84 años. 

Ridley Scott

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Cine, Ridley Scott

La prensa internacional concentrada en el exterior del Palazzo del Cinema de Venecia olvidó por un momento a los que desfilaban por la alfombra roja. Los lentes giraron para captar al que descendió de un automovil blanco, llevando un discreto traje negro de Armani y el mismo corte de cabello de las anteriores galas. 

Bong Joon-ho ya no es una figura anónima y sus películas pasaron a ser populares fuera de su natal Coreo del Sur. Ha presidido el jurado en el reciente Festival de Cine de Venecia, que culminó el 11 de septiembre y posó para los flashes del brazo de la también oscarizada Chloe Zhao directora de Nomadland. Siendo de los más fotografiados después de Jennifer Lopez y Ben Affleck. 

Hace más de un año, el director de Parasite desfiló también en otra alfombra roja, la de los premios Oscar, con el elenco de su película. En ese entonces, declaró que cuando escribió el guión, nunca imaginó lo grande que sería el proyecto y que el punto cumbre de todo ello, era recibir las nominaciones. 

Sin embargo, el punto cumbre llegó esa misma noche, cuando se alzó con el Oscar a mejor película. Marcando un precedente al ser el primer film extrangero en obtener el galardón y además logrando las estatuillas a mejor director, mejor guión original y mejor película extranjera. Bong Joon-ho es uno de los más taquilleros en su país. Se ha convertido en un profeta en su tierra y fuera de ella. 

En Venecia ha declarado: «El cine no está muerto y difícilmente el COVID-19 podría destruirlo. Mirando al pasado, parece que esto fue una prueba que mostró la fuerza del cine. Como director, no creo que la historia del cine y el cine por sí mismo puedan ser destruidos tan fácilmente. Entonces, el COVID se irá y el cine continuará“, dijo el realizador que también ha escrito los guiones de todas sus películas. 

La industria cinematográfica se ha visto paralizada y afectada debido a la pandemia. Los grandes estrenos hollywoodenses han tenido que esperar y pasar en gran parte a las plataformas de streaming. Incluso premiaciones como el Oscar han modificado este año el proceso de selección para las películas nominadas. El mensaje de Bong Joon-ho da un aliento de esperanza, en un contexto de incertidumbres.

Al director asiatico se le conoce por el éxito alcanzado con su película Parasite. Palma de Oro en Cannes, Globo de Oro, Bafta, Cesar, Sindicato de Actores, 4 premios Oscar y muchos otros más. Pero su carrera empezó en 1997 como guionista. El primer largometraje que realizó en modo de director y guionista fue Barking Dogs Never Bite y él evita hablar sobre este film. Del que sí le gusta comentar es de Memorias de un asesino, su segundo largometraje.

La historia de un asesino en serie que escuchó en su adolescencia sirvió de inspiración para este largometraje que le abrió las puertas del mundo, pero también lo consagró en su tierra. Obtuvo la Concha de Plata en el Festival de San Sebastián e inició el camino junto a su actor favorito Song Kang-ho . 

Luego vino The Host también con la actuación de Song Kang-ho en el rol protagónico. Película que se convirtió en la más taquillera de la historia de Corea del Sur. Sobre un monstruo en las profundidades del río Han, generado por las decisiones irresponsables de un científico americano y que propaga un virus, además de comerse a las personas. 

Song Kang-ho se convirtió en detective en Memorias de un asesino, fue un padre descuidado en The Host, un brillante cerrajero en Snowpiercer y el chofer de los Park en Parasite. El primero nunca encontró al asesino de su historia, el segundo no recuperó a su hija y aunque Snowpiercer tiene un final distinto a lo acostumbrado; Parasite tampoco tiene un final feliz. 

El cine de Bong Joon-ho tiene una estética definida y un contenido reiterado en todas sus películas. La exploración de los espacios oscuros, la predilección por la noche. La lluvia como marco en casi todos sus historias. Una lluvia que nunca clarifica algún escenario, sino más bien acompaña su fatalidad. 

Sus personajes descienden literalmente a los infiernos para enfrentar a sus enemigos o para buscar un espacio de protección. Las formas son diversas, un monstruo creado en un laboratorio o el asesino bajo la sombra. Aunque al final sus protagonistas, tan humanos y torpes, siempre terminan fracasando. 

Para Bong Joon-ho no hay finales felices, porque el mundo parece que apesta. El capitalismo apesta, las clases sociales apestan. La contaminación apesta y son esas verdades incómodas las que proyecta en sus películas. Bong se siente fascinado por los monstruos, por los túneles, agujeros y subterráneos y es desde esa perspectiva que satiriza a las clases sociales y a los personajes inútiles construidos por la sociedad. 

El 14 de septiembre, el cineasta cumplió 51 años. Prepara un proyecto de animación, para dar un giro importante a su carrera. En más de medio siglo de vida lo ha logrado todo. Incluso estar con un Oscar en la mano frente a Martin Scorsese y dedicarle su premio. Además ha respaldado su postura, al decir que el cine de superhéroes hecho por Marvel es estúpido.  

Bong Joon-ho. Director de cine.

Bong-Joon-ho

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Bong Joon-ho, Cine, cineasta, Director

Hace algunas décadas, un niño de 10 años filmaba sus cortometrajes con la cámara que le regalaron sus padres. En su barrio de Los Ángeles, uno de sus vecinos realizaba su segundo largometraje. Cuando salía rumbo a la escuela, habitualmente observaba al director de cine en las mañanas recoger su periódico. Ese niño era David Fincher, director de Seven y Fight Club y su vecino George Lucas. 

Lucas marcó a toda una generación con la saga de Star Wars y se convirtió en el fundador de una compañía líder en efectos especiales. Aquel niño que llevaba en sus manos una cámara 8mm, hoy ya cumplió 59 años, lleva 29 de ellos dirigiendo films sin que alguno siquiera haya pasado desapercibido y es, además, uno de los grandes referentes del cine mundial. 

David Fincher dejó su pequeña cámara para iniciar una carrera con la animación y publicidad, aunque todos lo conozcan por las películas que vinieron después como Seven, The Game, Fight Club, La habitación del pánico, Zodiac, El curioso caso de Benjamin Button, Facebook, La chica con el dragón tatuado, Pérdida y Mank. Films, que en su mayoría han sido reconocidos por la crítica internacional. 

“Mucha gente odia Alien 3, pero nadie más que yo”. El cineasta juró nunca más dirigir una película después de esta experiencia. La intervención de los productores hollywoodenses la convirtió en una pesadilla. Si hubiera cumplido su palabra, su ópera prima se hubiera convertido en la última y nos hubiéramos quedado sin ver Seven. En 1995, Fincher se hizo de un nombre por llevar a la pantalla la historia de dos detectives tras los pasos de un asesino en serie guiado por los 7 pecados capitales. Brad Pitt y Morgan Freeman fueron los protagonistas del primer film de culto del director. 

Seven se convirtió en un enorme éxito de taquilla y recaudó 327,3 millones de dólares. Los siete pecados capitales fue filmado cuando Fincher tenía la edad de Cristo. Dos años después presentó The Game con Michael Douglas y Sean Penn, que también logró un éxito considerable en taquilla y que quizás es de las películas que menos se menciona del director, pero no por alguna deficiencia en su calidad. Sin embargo, la obra que vino después ha marcado un antes y después no solo en la vida del cineasta, sino en la de toda una generación: Fight Club.  

La adaptación cinematográfica del libro de Chuck Palahniuk convocó nuevamente a Brad Pitt, esta vez acompañado de Helena Bonham Carter y Edward Norton, quien venía de mover mucho polvo con el film American History X. Hace 22 años se estrenó Fight Club. Nunca tuvo en su momento el éxito de taquilla que obtuvieron Seven y The Game, pero las reproducciones que vinieron en los siguientes años lo convirtieron en el símbolo de toda una generación relacionada con la cultura grunge y el desencanto que un sistema social consumista, había empezado a despertar. 

Fincher ha logrado que en la memoria colectiva prevalezcan frases como: 

“La primera regla del club de la pelea es: nadie habla sobre el club de la pelea. 

La segunda regla del club de la pelea es: ningún miembro habla sobre el club de la pelea”.

Como también: 

«Me conociste en un momento muy extraño de mi vida».

El inicio del siglo XXI vino de la mano de un referente cinematográfico de la cultura pop como lo es Fight Club. Mucho se ha hablado si es una apología a la violencia o no, el director ha declarado que mientras más se detalle el dolor, más horrible debe parecer al espectador, aunque, “nunca se sabe lo que la gente hará con los personajes”.

Una pequeña Kristen Stewart de la mano de Jodie Foster personifican el único film en donde las mujeres adquieren un real protagonismo fuera de los estereotipos femeninos: La habitación del pánico. Para el año 2002 ya todos querían grabar con el cineasta. De aquí en adelante todas las cintas de Fincher han sido nominadas, aplaudidas por la crítica y reconocidas en el mundo. 

A pesar de todo, La Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas no concede hasta la fecha ningún Oscar al director americano dentro de las principales categorías. Esta conflictiva relación se traduce en nominaciones, tras nominaciones. Facebook y El curioso caso de Benjamin Button en cambio con tres estatuillas cada una, son a las que mejor les ha ido con la Academia. 

El último 28 de agosto Fincher celebró un año más de vida. Este año además, estrenó por primera vez en Netflix y logró 10 nominaciones a los premios Oscar con su última película: Mank. Historia del guionista del film Ciudadano Kane de Orson Welles, realizado en blanco y negro, con las actuaciones de Gary OIdman y Amanda Seyfried. Se llevó dos estatuillas  a casa, más de lo que consiguió El Ciudadano Kane en su momento. Pero el Oscar a mejor director sigue siendo aún esquivo. 

Lucas no solo fue una inspiración, también intervino directamente en su carrera al colocarlo como asistente de cámara en El Retorno del Jedi en 1983. Pero la ciencia ficción nunca lo cautivó, ya que años después rechazó la propuesta para continuar con la saga de Star Wars como director. 

Aquel pequeño que soñaba estrenar una película como lo hacía su vecino George Lucas en Hollywood, se dispuso a trabajar en todas las áreas que comprenden la realización cinematográfica. Dirigió videoclips para figuras como Madonna y Michael Jackson. Fue capaz de realizar 17 repeticiones por toma y 200 horas de grabación por hora editada. Su cine caracterizado por sombras, contrastes de colores y personajes desquiciados se complementa con una obsesión por el detalle y su deseo por capturar la atención del espectador. 

Hoy, David Fincher prepara su próximo film The Killer que llegará por la plataforma de Netflix y también contará la historia de un asesino. Seguirá buscando impactar a su audiencia como a él lo impactó Tiburón cuando decidió no volver a entrar al mar. Buscará contar historias como las que escuchó de pequeño a su madre, que era enfermera en un hospital psiquiátrico.

 

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