Cultura

Es cierto que la mente humana necesita cambio y variedad. La ausencia de ello enferma, literalmente enloquece. Pero también requiere estabilidad y predictibilidad. Sin ellas no se desarrolla la confianza básica en que el mundo es vivible. Creo que la  novedad se convirtió en una obsesión y se dejó de lado las maneras de sobrellevar cooperando y compartiendo, usando la tradición, turbulencias que no tienen nada que ver con el emprendedurismo.

¿Qué encuentran la guerra, la pandemia, la catástrofe natural, esas realidades que nadie quiso discutir en colegios y escuelas de negocios, que relegamos a películas de zombies, sectas de supervivientalistas o pájaros de mal agüero que no aceptaban ni entendían el progreso?

Pues jóvenes que se sienten engañados, que no quieren ser incomodados, sumamente recelosos, cuando no abiertamente rabiosos, frente a autoridades de todo tipo —científicos, servidores públicos, representantes políticos, expertos y especialistas—, que buscan protección antes que experimentación, que quieren explicaciones sencillas y totales, que prefieren conductores recios e inescrupulosos.

Claro, es una tendencia, quizá pasajera, pero suficientemente marcada como para  recalibrar nuestros mensajes con respecto a lo constante y lo variable, sin ensalzar ni despreciar ninguna de esas dos dimensiones que dan sentido a todo.

 

 

 

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Cultura, sociedad

Martina Portocarrero nació en Ica, pero dedicó su vida al canto andino y específicamente ayacuchano, no solo interpretándolo sino también investigando sus raíces, significados y relevancias para la sensibilidad de las poblaciones apartadas del teje y maneje político. Como suele ocurrir con esta clase de artistas nacionales, no contamos con un registro formal y detallado de sus producciones musicales. Sus inicios se produjeron en la legendaria agrupación de música latinoamericana Tiempo Nuevo, en una de sus tantas e indeterminadas alineaciones, para luego comenzar su camino en solitario. 

Dicen que en total grabó cinco álbumes: Canto a la vida (1982), Martina en vivo (1987), Maíz (1993), El canto de las palomas (2001) y Carita de manzana (2012), todos con su propio emprendimiento discográfico, Discos Retama. En mis tiempos de vendedor de discos compactos, circulaban dos o tres CD en ediciones muy magras de sus recitales en el Teatro Municipal de Lima o recopilaciones salpicadas de aquellas canciones con las que se hizo conocida en el submundo del folklore: Maíz, Llanto por llanto, El hombre (del poeta ayacuchano Ranulfo Fuentes), Mamacha de las Mercedes (composición suya dedicada a José Valdivia Domínguez “Jovaldo”, el poeta presuntamente afiliado a Sendero Luminoso que falleció a los 31 años en la masacre de El Frontón, de 1986) y, por supuesto, Flor de retama, títulos por los cuales fue siempre asociada al pensamiento radical y violentista de aquel maldito movimiento terrorista, lo cual no le restó popularidad entre los conocedores y amantes del folklore andino peruano.

Portocarrero grabó por primera vez Flor de retama para un LP llamado Huaynos bien pegaditos (Discos Cosmos, 1971), como integrante del grupo Los Heraldos del Perú, dirigido por el músico e investigador huaracino Luis Espinoza Mejía, muchos años antes de que las asesinas huestes de Abimael Guzmán trataran de adueñarse de la dolorida canción. Algún agente desinformador repitió lo que Leyva dijo en su programa y, desde entonces, los ignorantes que pugnaban por hacer llegar a Keiko Fujimori al poder se lo creyeron y amplificaron la cantaleta cada vez que pudieron. Así, cantante y canción se convirtieron en “emblemas senderistas” y su sola mención volvió a encender las alarmas, las sospechas, las acusaciones, los memes.

Martina Portocarrero, como cantante, representa la continuidad del huayno tradicional cantado por mujeres, siguiendo el camino de sus antecesoras Pastorita Huaracina, Princesita de Yungay, Flor Pucarina, Bertha Barbarán, entre otras; y como parte de la siguiente generación de cultoras de la música popular andina como sus coetáneas Amanda Portales, Nelly Munguía, Doly Príncipe; pero siempre desde un punto de vista más político y social: “Los temas de la música andina se reducen al amor: que si me fui o te fuiste, que te amo, que se me fue la palomita. Esos textos son más de una balada que de un huayno…” solía decir. Así, la cantautora se apartó de las nuevas tendencias del huayno “moderno” representado por fenómenos masivos como Dina Páucar o Sonia Morales y, por ende, desapareció completamente del radar de las modas para unirse a esa larga lista de intérpretes que el poder prefiere mantener en silencio para que nada cambie, para que nada se cuestione, para que la fiesta no pare.

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Cultura, Martina Portocarrero, Música

En esencia, es una película que ha sido artesanalmente hilvanada y no producida. La calidad del detalle estético es estremecedora. Pero la violencia está acompañada de momentos de dulzura, y en algunos tramos hacen recordar a historias de amor sutiles a pesar de la crudeza de su relato. Me viene a la mente Corazón Valiente de los 90 y ese cine épico y apasionado que producía un espectáculo visual y narrativo perfecto para las salas de cine. Lo que promueve al héroe en su cruzadas es ese desenfreno agresivo producto del amor. 

Roger Eggers logra solidez en una propuesta cercana a lo teatral. No hay otra forma de rodar esta historia. Es como una larga tarima de actuaciones memorables y diálogos sentidos. Logra el espectáculo en esta pregunta clásica de la narrativa de qué tanto están dispuestos a sacrificar por amor o revancha. También atrapa al público con múltiples giros narrativos y el jugar con el elemento de los límites del destino. 

Parece muy fácil hablar mal del estado actual del cine en el mundo y en Estados Unidos en particular. La carencia de una personalidad en su estilo o guión es indiscutible en líneas generales, para muestra cualquier producción regular de Netflix o Amazon. Y entonces uno se cruza con estas películas y merecen tener un valor a partir de sus agallas de propuesta original, ruidosa y compleja. Entonces, existe un halo de esperanza hacia el futuro.

Eggers nos recuerda que aún podemos tener películas audaces y hermosas con altos presupuestos y actores de taquilla. También el cine puede transportarnos a mundos inexplorados, y hay cineastas corajudos capaces de poner todo ello en salas comerciales, aún cuando abiertamente se quejan del exceso de supervisión editorial sobre los guiones y las propuestas artísticas. Al final del día, como todo, el cine es en principio un negocio.

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Cine, Cultura, Películas

Sin embargo, el Inca Garcilaso, ya en España y muchos años más tarde, declara que se llena la boca con el nombre de mestizo «y me honro con él», con lo cual afirma su raigambre quechua (era hablante de esa lengua antes que del castellano) y se identifica con los discriminados.

Ese es realmente el Día del Idioma que se debe celebrar: el de todas las lenguas (incluyendo el castellano, por supuesto), el de nuestra riqueza y diversidad cultural. Lo demás solo huele a naftalina.

(* Este jueves 28 de abril se presenta en Madrid la mejor novela sobre el Inca, ¡Kutimuy, Garcilaso!, de Eduardo González Viaña, nada menos en el Instituto Cervantes en su sede central. Mejor prueba de que el Inca sigue vivo no podría haber).

Encuentro en torno a la novela ¡Kutimuy, Garcilaso!

 

 

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Cultura, Día del idioma, sociedad

Esta decisión de Stanley y Simmons, los indiscutibles dueños del negocio, dividió a los fans de Kiss. Por un lado, estaban quienes lo veían como un agravio, una usurpación de identidad, una actuación que además impedía reconocer cuáles eran los aportes de Thayer y Singer, como individuos y músicos, más allá de replicar los movimientos, vestimentas y personalidades de Frehley y Criss. Y, por otro lado, había quienes veían a los nuevos Spaceman y Catman como una continuidad del concepto Kiss y un homenaje a ambos. En cuanto a Thayer y Singer, ambos tienen muy claro su rol y no dan importancia a las críticas. El guitarrista siente que su legado es “el de un tipo que llegó, trabajó duro y mantuvo unida a la banda”. Por su parte, el baterista considera que los fans exageran en sus apasionamientos. “Entiendo el sentir de los seguidores pero, francamente, no hay que darle muchas vueltas a este asunto. Solo somos una banda de rock”.

Polémicas aparte, lo cierto es que con esta nueva alineación Kiss retomó el camino de toda la parafernalia que los hizo famosos y conquistó a una nueva generación de seguidores, interpretando sus llamaradas de catártico y liberador rock and roll, parafraseando al guitarrista de Rage Against The Machine, Tom Morello, quien hizo una emocionada semblanza de la banda en la ceremonia de inducción en el criticado salón de la fama. Si bien es cierto solo han producido dos álbumes con material nuevo -Sonic boom (2008) y Monster (2012)-, Stanley, Simmons, Thayer y Singer han realizado presentaciones espectaculares en todo el mundo. Fue este cuarteto el que visitó Lima la primera vez, en el año 2009, que remeció el Estadio Nacional e hizo vibrar a más de 35,000 personas, con canciones como Deuce, Black Diamond o Rock and roll all nite, que seguro volveremos a ver y escuchar este 4 de mayo, trece años después de aquella histórica visita.

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Cultura, Música

Tengo una idea para Rowling. Quizás sea el momento de conectar todo esto con Tom Riddle. Al mismo estilo de Star Wars con Darth Vader. El fascismo de Grindelwald puede ser de alguna forma piedra angular de la creación del villano Voldemort. Y todo este enredo de líneas narrativas sin sentido puede caer directo en las guerras de los Mortífagos contra la Órden del Fénix, los papás de Harry, Snape, Sirius y personajes más interesantes.

Pero realmente no parece haber salvación para esta saga secundaria. Ni siquiera la historia de amor entre Dumbledore y Grindelwald pudo atrapar mi atención. La salida del closet es demasiado tímida y tiene tan poca previa que resulta inverosimil. Es demasiado sutil. Incluso no sirve de nada para normalizar la homosexualidad, pues haría falta algo más evidente. 

Aún con todo lo dicho, lo que más me molesta es tener un villano tan pasivo. Grindelwald es un gentleman. No hay nada sanguinario o violento en él. No parece ser realmente una amenaza para nadie. Ha matado a personajes representativos, pero ya nadie se acuerda de ellos. Es un político, desea ser un dictador del mundo mágico, pero la narración no permite que sea temeroso.

Al final, Dumbledore no parece tener ningún secreto poderoso. Antes de ello, Grindelwald no cometió grandes crímenes sobrecogedores. Y aún previo a ello, los animales no son tan fantásticos, más bien son tiernos y caricaturescos. Todo en esta saga es y sigue y seguro seguirá siendo plano, predecible y olvidable. Haría muy bien apostar por otro director y cambiar la fórmula. Por favor.

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Cine, Cultura, Harry Potter

Cuando la anticipación de estados negativos se hace colectiva y se pierde la esperanza de que las cosas mal que bien van a mejorar, los seres humanos se dejan llevar por las turbulencias de sus emociones y pierden capacidad de autocontrol, flexibilidad, paciencia. En el mundo de la política, sus actores pierden la palabra o la convierten en arma. Al final lo que se impone es el gobierno de las emociones descarriladas, una suerte de viscerocracia. 

 

 

 

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Cultura, Humanidad, sociedad

Esta fecundidad mariateguiana en el plano político latinoamericano se complementa con los logros conseguidos por los estudios literarios peruanos de las últimas décadas. El gran aporte que significó el sétimo de sus 7 ensayos, «El proceso de la literatura», dejó escuela cuando fue retomado por el gran crítico Antonio Cornejo Polar, que pudo esbozar gracias a él su teoría de la heterogeneidad cultural. Cornejo desarrolla la propuesta de Mariátegui de que el Perú no es una sociedad «orgánicamente nacional» y, por lo tanto, tiene más de un eje de gravitación cultural. La convivencia asimétrica de tiempos, modos de producción, lenguas e identidades históricas determina formas de expresión culturales extrañas entre sí. Su fusión o mestizaje feliz resulta imposible mientras se prolonguen las tremendas injusticias en nuestro país. Eso significa que es mejor aceptar sus peculiaridades y reconocer que en el Perú existen distintos sistemas literarios. Que un cogollito limeño solo exalte un tipo de literatura no quiere decir que las demás literaturas peruanas no existan ni dejen de merecer nuestra atención y estudio. Al contrario; a ellas debemos dedicar nuestros mejores esfuerzos.

Mariátegui, pues, no ha muerto. Sigue inspirando luchas y debates. Que la Semana Santa mantenga vivos sus ideales de justicia e igualdad.

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Cultura, José Carlos Mariategui, sociedad
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