Jorge Luis Tineo Rendón

Música en 1972: Álbumes que cumplieron 50 años

"Que todos estos álbumes, lanzados hace cincuenta años, suenen más interesantes que las toneladas de canciones desechables que actualmente son éxitos de ventas, es solo una muestra más de esa degradación que caracteriza también otros aspectos de la vida moderna…"

Cumplir cincuenta suele asociarse con el inicio del fin, una cúspide desde la cual solo queda bajar. Sin embargo, como ocurre con muy pocas personas -entre ellas una a la que conozco y quiero más que a mi propia vida- hay obras musicales que no solo suenan frescas y vigentes sino que mejoran y se embellecen aun más al llegar a las cinco décadas de existencia. Para muchos entendidos, la década de los años ochenta es considerada como la más abierta e interesante en cuanto a propuestas musicales. No solo por la aparición de géneros nuevos que rompieron con la inercia de lo anterior, con alternativas frescas y coloridas -new wave, heavy metal, electropop, rap, fusiones y crossovers de toda clase- sino por la madurez alcanzada por una pléyade de artistas que habían iniciado sus trayectorias en los años previos, consolidando un panorama sonoro en el que la diversidad y la capacidad de sorpresa reaparecieron con un fulgor nunca visto.

Sin embargo, podemos decir lo mismo de cada década con respecto de la que le precedió -salvo todo lo que viene ocurriendo en este siglo 21, en que más bien se consolidaron la degradación y la homogeneización de producciones, gustos y preferencias, sin importar el idioma, el género o la orientación de los artistas -masivamente comerciales, de media tabla o de culto-, con las siempre existentes excepciones a la regla, que pueden llegar tanto de nombres largamente establecidos como de apariciones realmente novedosas que conforman una minoría selecta pero siempre imperceptible frente a las muchedumbres que convocan las estrellas mediáticas del establishment musical moderno, sin mencionar a los siempre interesantes ámbitos del jazz, el folklore global y la música clásica, menos contaminados que los estilos de consumo popular. Aun cuando soy plenamente consciente del sustrato subjetivo de esta afirmación, las pruebas que aporta la realidad a mi opinión, personal y discutible por cierto, son muchas y muy contundentes.

Entre enero y diciembre de 1972 sonaban, como novedades en las radios limeñas, canciones de Silvana di Lorenzo (Palabras, palabras) y Rolando La Serie (Hola Soledad), de Willie Colón/Héctor Lavoe (Aguanilé) y Roberto Carlos (El gato que está triste y azul), de Lucha Reyes (Corazón, del gran compositor Lorenzo Humberto Sotomayor), la banda española de latin-rock Barrabás (Wild safari) y artistas italianos cantando en español como Nicola di Bari (El corazón es un gitano) o I Pooh (Debes comprenderme). O aquel inspirador poema de autoayuda, Desiderata, escrito originalmente por el norteamericano Max Ehrmann, parte de un LP titulado Y la canción hablada, en que el recordado actor mexicano Jorge Lavat recitaba, con profunda voz de bajo, canciones de Joan Manuel Serrat, Domenico Modugno, Sandro, entre otros. Y, aun cuando nos encontrábamos en pleno gobierno militar y sus fallidos intentos de censura a todo lo “extranjerizante”, emisoras de la FM acariciaban los oídos de la época con temas como You are the sunshine of my life (Stevie Wonder), Me and Mrs. Jones (Billy Paul), Duncan (del disco debut de Paul Simon como solista, con el acompañamiento del grupo argentino-chileno Los Incas, los mismos que popularizaron con él If I could, su versión de nuestro Cóndor pasa) o The guitar man, del epónimo quinto álbum de los californianos Bread.

¿Cómo creer que hace cincuenta años aparecieron The rise and fall of Ziggy Stardust and The Spiders from Mars y Transformer? El trabajo sofisticado de David Bowie, el músico inglés más popular después de los Beatles, para inventar a su famoso alter-ego, un andrógino semi-Dios rockero llegado del espacio; o las truculentas historias de un neoyorquino, Lou Reed, que ya había establecido su nombre como líder de The Velvet Underground a fines de los sesenta, contadas con un lenguaje que tiene de Bukowski y de Dylan, de Morrison y de sí mismo, son dos obras maestras del rock, actualmente estudiadas por sus implicancias culturales, sociales y hasta literarias.

Canciones como Moonage daydream -título del alucinante documental sobre Bowie editado este año-, Starman o Ziggy Stardust; o Perfect day, Satellite of love o Walk on the wild side -melodía que incluso hoy es usada en un comercial de Johnnie Walker; son rebeldes y preciosistas a la vez, capaces de convertir en piezas de arte hasta los temas más sórdidos que uno se pueda imaginar. Los arreglos para cuerdas en ambos discos fueron escritos por Mick Ronson. Que este dato no sea masivamente conocido es una muestra más de lo injusta que a veces es la historiografía del rock con algunos personajes, como ocurre con el rubio guitarrista de la banda de Bowie. Ese mismo año, el Duque Blanco compuso un emotivo himno del rock británico, All the young dudes, que fue grabado por Mott The Hoople, la banda de su amigo Ian Hunter.

Exile on Main St. fue otro de los lanzamientos importantes de 1972. Este álbum doble permitió a Jagger y Richards explorar aun más su creatividad, ampliando el lenguaje estilístico de los Rolling Stones. Asimismo, Neil Young grabó Harvest, un hermoso disco que contiene clásicos de su repertorio como Heart of gold, Old man y The needle and the damage done. Por su lado, el ex Beatle John Lennon también lanzó un doble, Sometime in New York City, que causó una conocida polémica con Frank Zappa (ver historia completa aquí) quien, a su vez, publicó tres discos: Just another band from L.A., y sus dos aclamados experimentos con big-band, Waka/Jawaka y The grand wazoo, a pesar de estar en una silla de ruedas, recuperándose del ataque que sufrió en diciembre de 1971.

Deep Purple sacudió al ambiente musical con su sexto álbum Machine head, con vertiginosas composiciones como Highway star, Lazy y, especialmente, Smoke on the water, uno de los temas más emblemáticos de la historia del rock. Black Sabbath lanzó su Vol. 4, poderoso tour-de-force a través de la oscuridad del cuarteto liderado por Ozzy Osbourne y la críptica guitarra de Tony Iommi. Y los Uriah Heep lanzaron dos extraordinarios discos en seis meses, Demons and wizards y The magician’s birthday -del primero se extrajo el single Easy livin’-; y el cuarteto Slade armó la fiesta con su disco Slade Alive!, un derroche de garganta desgarrada y energía guitarrera.

1972 fue también espectacular para el rock progresivo. Ese año se editaron Trilogy de Emerson Lake & Palmer, con su cinemática musical que, además, aportó un megaéxito de inclusión obligada en cualquier programa actual de recuerdos –From the beginning; Close to the edge de Yes, tres canciones de pura destreza y vuelo instrumental, entre ellas la volátil suite And you and I. Por su parte Genesis lanzó Foxtrot, con Supper’s ready como plato fuerte y Watcher of the skies, una de las más creativas piezas de esta etapa; Jethro Tull dio un salto estilístico con Thick as a brick, su primer opus conceptual; y Pink Floyd trabajó Obscured by clouds, un disco de sonido psicodélico y beatlesco que sirvió de banda sonora para una lisérgica película francesa llamada La vallée. Y cómo no incluir el fascinante sonido de Phantasmagoria, tercer y último disco de la formación original de Curved Air, con la encantadora voz de Sonja Kristina. Solo para conocedores.

En otros países europeos, el prog-rock estuvo también muy activo ese año, con producciones como Per un amico y Storia di un minuto de los italianos Premiata Forneria Marconi; el apocalíptico 666 del cuarteto griego Aphrodite’s Child, casa matriz de Demis Roussos y Vangelis; o títulos fundamentales del krautrock alemán, como el tercer disco de Can, Ege Bamyası -nombre de la conserva turca que aparece en la carátula-; So far, del colectivo experimental Faust; o Schwingungen, de Ash Ra Tempel cuyo guitarrista y líder, Manuel Göttsching, falleciera hace unos días a los 70 años. No podemos dejar de mencionar aquí al álbum debut de Neu!, el dúo de Düsseldorf que elaboró uno de los sonidos más influyentes para géneros tan opuestos como el punk y la movida ambient, a partir del genio innovador de su tercer integrante, el productor Konrad “Conny” Plank.

Bandas como Steely Dan, Roxy Music e Eagles debutaron aquel 1972. ¿Se imaginan encender la radio y escuchar, como estreno, canciones de superlativa calidad como Reelin’ in the years, Virginia plain o Take it easy? ¿O que, entre los anaqueles de las antiguas tiendas de discos, en la sección Novedades, se encontrara uno con joyas como el álbum doble Something/Anything? de Todd Rundgren; el primer disco como solista de Michael Jackson, Got to be there, grabado cuando apenas tenía 14 años; o esa maravilla de jazz-rock y fusión latina que fue el cuarto LP de Santana, Caravanserai?

Mientras todo eso pasaba en el mundo del rock, Paramount Records lanzaba la banda sonora de El Padrino, compuesta por el italiano Nino Rota; mientras el compositor y guitarrista Curtis Mayfield pergeñaba una elegante suite de soul y funk para musicalizar las escenas de Super Fly, film fundamental del blaxpoitation, subgénero que dio protagonismo a las problemáticas de la comunidad afroamericana. Ni qué decir de lanzamientos que generaron canciones eternas como Chicago V, con los éxitos Dialogue y Saturday in the park; el primer álbum de los escoceses Stealers Wheel (Stuck in the middle with you); el segundo disco de los Doobie Brothers, Toulouse Street, con hits como Listen to the music o Jesus is just alright; o Summer breeze, cuarta producción del dúo de multi-instrumentistas norteamericanos Seals & Crofts, en que destaca, por supuesto, el tema del mismo nombre. Una maravilla tras otra.

La música en español también tuvo sus propios momentos de gloria, en 1972. Por ejemplo, ese fue el año de la aparición de Sui Generis, con su entrañable LP Vida, en medio de otros lanzamientos importantes del rock gaucho como Desatormentándonos, primer disco de Pescado Rabioso, con Luis Alberto Spinetta al frente; y los debuts de Color Humano y Aquelarre, bandas de los otros ex miembros de Almendra. Desde España, Camilo Sesto lanzó sus dos primeros discos, con éxitos como Algo de mí y Fresa salvaje; Nino Bravo publicó dos LP antes de su prematuro fallecimiento, Un beso y una flor -incluyendo, además del tema-título, las espectaculares Noelia y Cartas amarillas– y Mi tierra -con Libre como principal single-. Y el trovador catalán Joan Manuel Serrat regaló a la humanidad su tributo a Miguel Hernández, musicalizando diez poemas de uno de los principales exponentes de la Generación del ‘27.

La salsa dura, por su parte, tuvo su propio Woodstock con la película y banda sonora Our latin thing (Nuestra cosa), en que brillaron los pioneros del género latino como Ray Barretto, Ismael Miranda, Larry Harlow, Willie Colón y Héctor Lavoe, además de sus propios lanzamientos individuales y otra aparición en conjunto, como Fania All Stars, que ese año salió al mercado con un poderoso álbum en vivo, Live at the Cheetah Vol. 1. Por su parte, El Gran Combo y Justo Betancourt triunfaron sus singles Julia y Pa´ bravo yo, respectivamente, clásicos que hasta ahora están vigentes para conocedores y bailadores del mundo entero.

En cuanto a la producción nacional, dos frentes tuvieron mucha actividad. Por un lado, lanzamientos importantes para la historia del rock local, del sello MAG, como el primer álbum de We All Together que incluyó el clásico cover de Carry on till tomorrow, tema original del cuarteto galés Badfinger. También debutaron las bandas limeñas de hard-rock Tarkus, con su famoso LP de carátula negra; y Pax, con un ambicioso disco cantado en inglés, May God and your will land you and your soul miles away from evil, con influencias de la psicodelia de Iron Butterfly y Vanilla Fudge. Mientras tanto, el colectivo de fusión El Polen compuso la banda sonora de Cholo, película dedicada al futbolista Hugo Sotil, que editaron como su primer disco. Y, por el otro, opciones de música popular como la cumbia de los sellos Infopesa, Dinsa y Odeón del Perú, con lanzamientos de singles de Los Mirlos, Manzanita y su Conjunto, Los Pakines, Juaneco y su Combo, entre otros. Y en el ámbito del folklore, destacaron los álbumes de estrellas criollas como Carlos Hayre (La marinera limeña), Las Limeñitas (Graciela y Noemí, un solo corazón), y del canto andino como El Jilguero del Huascarán, Pastorita Huaracina, entre muchos otros. Mención aparte para el retorno, en clave de rock psicodélico, de Yma Súmac, con su disco Miracles, grabado en EE.UU. y lanzado por London Records, el último de la diva de la música exótica.

Otros lanzamientos importantes que cumplieron cincuenta años este 2012: A song for you de los Carpenters, con los éxitos Hurting each other y Goodbye to love; Acabou chorare de Os Novos Baianos, uno de los más trascendentales grupos de pop-rock con sabor brasileño; el debut discográfico de Les Luthiers y su extraordinaria Cantata Laxatón; los debuts como solistas de Jerry García y Bob Weir, líderes de The Grateful Dead. En el jazz, la primera aventura de Chick Corea al frente de Return To Forever y Expectations, del pianista Keith Jarrett, uno de sus primeros lanzamientos con el sello Sony Records, tras su trabajo con Miles Davis, que ese año editó el alucinante On the corner.

Que todos estos álbumes, lanzados hace cincuenta años y que, en muchos casos, tomaron meses enteros para su creación, grabación y edición, suenen más interesantes, como construcciones musicales y líricas, que las toneladas de canciones desechables que actualmente se producen en cuestión de días y son éxitos de ventas y reproducciones en Spotify, YouTube y demás hierbas tecnológicas, es solo una muestra más de esa degradación que caracteriza también otros aspectos de la vida moderna, desde la calidad del aire que respiramos y los alimentos que consumimos hasta el pobre nivel de desarrollo personal, psíquico y emocional que encontramos en un gran porcentaje de individuos y colectivos sociales y políticos, cada vez más superficiales, insensibles y corruptos.

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1972-2022, Cultura, Éxitos del pasado, Música

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