Mauricio-Saravia

La desigualdad nuestra de cada día

"Un esfuerzo singular por muchas razones, pero la principal es que nos permite comprender una coyuntura que representa bastante bien lo estructural que tienen nuestros problemas como sociedad."

Llegan las Fiestas Patrias. 201 años de país soberano o de remedo de este. Probablemente una palabra sirva para resumir este tiempo y es desigualdad. Sobre ello tratarán estas líneas.

Durante la semana que pasó, se presentó la I Encuesta Nacional de Percepción de Desigualdades – ENADES 2022, realizada por el IEP y OXFAM[1]. Un esfuerzo singular por muchas razones, pero la principal es que nos permite comprender una coyuntura que representa bastante bien lo estructural que tienen nuestros problemas como sociedad. Vale la pena dar una mirada a los datos, porque hay información que no se encontrará en otro lado.

El éxito es personal

Esta semana fue particular para el deporte peruano. Por un lado, Kimberly García ganó dos medallas de oro en un mundial de atletismo, sin precedente alguno en el deporte nacional (no precisamente acostumbrado a la élite) y por el otro la selección femenina de fútbol regresó de una Copa América muy adversa. Con derrotas y cero goles a favor.

En ambos casos, con un apoyo estatal cercano a cero. Con condiciones para el desarrollo competitivo mediocres, en cuyo caso, cada uno se las tiene que buscar para poder rendir. Entonces, vale la pena preguntarse por qué en el país los deportes en los que mejor nos fue, exceptuando la generación de oro del vóley nacional, siempre fueron individuales y no colectivos.

Por ello, un primer elemento que llama la atención de la encuesta es la fuerza con la que el argumento del esfuerzo personal como motor de progreso está presente en el discurso. 6 de cada 10 creen que quien trabaja duro puede volverse rico y 40% que el pobre lo es porque desaprovecha oportunidades.

 

En contraposición a ello, se le reclama al Estado que se encargue de reducir la brecha de desigualdad. Casi una paradoja que se le pida al Estado la solución a un problema que el esfuerzo individual podría resolver.

Mi sensación es que estamos frente a una sociedad que sólo deja lo individual como recurso para enfrentar los problemas. Hace unas semanas se presentó el reporte de Lapop donde los niveles de confianza interpersonal en el Perú eran para llorar. Además la confianza en instituciones, por el suelo

Sólo confiamos en nosotros y en nuestra familia. Eso hemos aprendido bien en todo este tiempo. Por eso la clave para el progreso está en cada uno de nosotros. Pero no dejamos de entender que el Estado está en debe. Las paradojas del “modelo”.

La tolerancia a la desigualdad es muy desigual

El otro tema sobre el que vale la pena reflexionar es el contraste en los NSE cuando analizan las distintas variables de la desigualdad. Como vemos en el cuadro el NSE DE, el más bajo, percibe nítidamente que la desigualdad tiene menor impacto que los NSE altos

Por ejemplo, el 33% del NSE DE piensa que la desigualdad en el país es aceptable. Los que peor la pasan, los que sienten en carne propia la falta de oportunidad son los que menos inconformes se muestran. ¿Las razones? Habrá que hilar fino.

Pero otra vez, la percepción de que la individualidad es el camino para el progreso puede contribuir a generar esta visión de que, en el fondo, no es tanto una lógica contextual, sino de “decisión”. Pero es una suposición. La evidencia está. Hay que entenderla mejor.

La movilidad como clave

El tercer punto que creo es clave en este gran trabajo es el de la movilidad. Desde allí la conclusión es que tanto en movilidad educativa como social, nuestra velocidad es lentísima. Quienes tienen educación superior, en gran medida provienen de hogares que la tenían. Quienes no tienen educación, provienen de hogares similares.

En movilidad social, usando una categorización muy interesante, se nota también que la clase dominante proviene de sí misma y algo de la clase intermedia. Pero la clase trabajadora, básicamente de la misma clase trabajadora.

Es decir que reproducimos más de lo que es esperable ver nuestro origen. Otro elemento que justifica el hecho de que los NSE más bajos consideren que existe un menor nivel de desigualdad. Si nada se mueve y no hay cambio, sólo queda lo individual como respuesta.

Un optimismo que contiene

Además, hay una perspectiva optimista de toda esta movilización. Se cree que sí se da y que sí dará en mayor medida con las siguientes generaciones. El 59% de entrevistados señala que su situación económica es mejor que la de sus padres y además el 81% sostiene que la de sus hijos será mejor que la propia. Muy interesante conclusión que no parece soportarse tanto en datos objetivos como en una lógica de esperanza o de apuesta futura. Esa es una apuesta que también puede justificar que sigamos donde estamos. En el fondo no hay una sensación de que al final del camino hay un precipicio, sino más bien una escalera.

Una escalera que se soporta en la promesa de la educación. 85% considera que la clave para tener una buena posición económica en el país es tener una buena educación. Por eso, cuando existen fuerzas que atentan contra ello, cabe preguntarse qué es lo que está detrás y cómo ello no genera una reflexión mayor que la que hemos observado.

También hay un dato que no puede pasar desapercibido y es la percepción de que para el 52% de peruanos el ingreso del hogar alcanza. Es decir, para la mitad de los peruanos no hay aún una situación crítica en cuanto a su economía. ¿Por qué es relevante? Porque nos lleva a explicarnos por qué no terminamos de estallar sin necesidad de un meteorito.

Hay miles de datos más que cada uno sabrá aprovechar. Yo solo comparto lo que me ha llamado la atención de manera particular: la visión del progreso individual, la justificación de la desigualdad de los sectores más pobres, la falta de movilidad y la ausencia de crisis.

[1] https://iep.org.pe/wp-content/uploads/2022/07/I-Encuesta-nacional-de-percepcion-de-desigualdades-ENADES-2022-v2.pdf

Tags:

Análisis de datos, Cultura, Últimas encuestas

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