Cultura

Alberto Fernández, presidente de Argentina de 62 años, acompañó el regalo a Gabriel Boric, presidente de Chile, de 36, con una carta escrita a mano con frases de Spinetta, y declaró su complacencia por «compartir ese fanatismo». Para muchos puede resultar banal y poco importante pero es, de alguna forma, una demostración de sensibilidad artística comúnmente ajena a los políticos. Puede ser, desde luego, que nos estén engañando pero, en todo caso, me inspira más confianza un político admirador de un músico elevado y poco popular que uno asociado a representantes de la farándula escandalosa para «empatizar con las mayorías».

Que un disco de rock de los años setenta sea, en la actualidad, un producto cultural representativo de Argentina, evidencia el orgullo que genera, en el corazón del establishment de ese país, la figura y trayectoria de un músico como Luis Alberto Spinetta, capaz de trascender épocas e ideologías como lo hicieron Carlos Gardel, Atahualpa Yupanqui o Facundo Cabral. Y, como bien apuntó el politólogo Carlos León Moya, en su programa de YouTube Voto Irresponsable, es una muestra más de cuánto nos superan los gauchos en cuestiones de iconos rockeros: “¿Qué podría ofrecer el Perú que sea equivalente, un disco de Líbido?”

Por todo esto, es relevante y, en cierto modo, hasta esperanzador, que una pieza de arte sonoro, etérea e indescifrable, contracultural y volátil, se convierta en el nexo entre dos individuos de diferentes generaciones que, más allá de ser, después de todo, un par de políticos -terrenales, ambiciosos de poder, corruptos en potencia- muestren un aspecto inesperado de su personalidad. Ocurrió con Václav Havel (1936-2011), último presidente de Checoslovaquia y primero de la República Checa tras la disolución en 1992, quien fue amigo de rockeros, escritores y actores de cine -él mismo era un hombre de teatro y literatura-, una figura refrescante en el entramado político de esa zona del mundo. El arte y la política no suelen estar del mismo lado. Y cuando pasa, es necesario prestar atención antes de dilucidar si se trata de una feliz coincidencia -que no garantiza, en sí misma, una mejora en sus respectivos gobiernos- o si solo es un caso más de utilización política de prestigios ajenos.

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Cultura, Música, sociedad

Concluida la gira del álbum Tim, en 1986, Bob Stinson fue despedido por sus problemas con el alcohol y las drogas, que lo llevaron a una prematura muerte, en 1995, a los 35 años. Como trío, The Replacements editó Pleased to meet me (1987) y para la siguiente gira se les unió el guitarrista Bob “Slim” Dunlap, quien los acompañó hasta la separación definitiva, que llegó luego de dos álbumes más, Don’t tell a soul (1989) y All shook down (1990), con un sonido totalmente distinto, con sonoridades más cercanas a R.E.M. y U2, añadiendo teclados y secciones de vientos. Aunque de buena factura, esos discos finales carecen de la fuerza arrolladora de sus primeros años y también de la diversidad de su período medular, que se sostuvo más o menos hasta Pleased to meet me, donde encontramos canciones como I don’t know o Alex Chilton, otro tema-tributo, esta vez al líder de Big Star quien, además, colabora con ellos en Can’t hardly wait, en guitarra y coros.

Paul Westerberg desarrolló una interesante carrera en solitario, en la que exploró sus aristas más sensibles como letrista y un sonido mucho más accesible, en la línea del rock norteamericano confesional y carretero que representaban nombres como Jackson Browne o Tom Petty, aunque sin mayores pretensiones comerciales. Títulos como 14 songs (Reprise Records, 1993), Suicaine gratifaction (1999), 49:00… of your time/life (2008, disponible solo en formato digital) o Wild stab (2016), a dúo con la joven guitarrista Julianne Hatfield, bajo el nombre The I don’t cares, recibieron muy buenas críticas. En el 2002 participó del soundtrack de I am Sam, la excelente película protagonizada por Sean Penn, con un noctámbulo cover del himno beatlesco Nowhere man.

Por su parte, Tommy Stinson se reinventó a sí mismo como bajista en Guns ‘N Roses, reemplazando a Duff McKagan entre 1998 y 2014. Aparte de W. Axl Rose, Stinson fue el único músico estable en las grabaciones del accidentado álbum Chinese democracy (2008), cuyo lanzamiento tardó más de una década. En cuanto a Chris Mars, decidió dedicarse a su otra pasión, el diseño gráfico y las artes plásticas. El año 2013, Paul Westerberg y Tommy Stinson rearmaron The Replacements, con el baterista John Freese (ex Guns ‘N Roses) y el guitarrista Dave Minehan para una gira de casi dos años, que incluyó una participación estelar en la edición 2014 del Festival de Coachella, en la que estuvieron apoyados por el cantante y guitarrista de Green Day, Billie Joe Armstrong, quien declaró “haber cumplido un sueño al compartir escenario con una de sus bandas favoritas”.

The Replacements dejaron una huella profunda en el pop-rock no comercial de Norteamérica, en una década luminosa como fue la de los ochenta. Marginales y autodestructivos, influyeron en las siguientes generaciones por su autenticidad y esa actitud que parecía contener la receta de lo que debía ser una banda de rock, siempre al borde de la cornisa, divirtiéndose y evitando caerse mientras van cambiándole la vida a otros, sin siquiera darse cuenta, como registró el documentalista Gorman Bechard en Color me obssessed (2011), una ronda de entrevistas con personas cercanas a la banda, desde colegas músicos hasta fieles seguidores de su trayectoria.

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Cultura, Música, sociedad

Uno de los elementos destacados del universo gótico, es que los enemigos del superhéroe terminan siempre capturando al espectador, incluso más que el propio Batman. Como en la entrega de Burton con el Joker de Jack Nicholson. Esta última, no ha corrido igual suerte. Cada personaje tiene una consistencia tan sólida que difícilmente se diluye frente a la complejidad del otro,sorprendiendo además constantemente con sus revelaciones.

Mención aparte para Colin Farell y el Pingüino que nos presenta con la virtuosidad además de sus excelentes maquilladores. Porque si hay un personaje más siniestro que todos, es él. A pesar de que los Estudios le negaron la posibilidad de que este Pingüino pueda fumar, Farell se ha paseado como ha querido, en los misterios del villano con cada gesto, mirada e inflexión corporal que lo ha convertido en la propia esencia del film. Violento, sinuoso, despiadado y oportunista.

Acompañan a este poderoso elenco Jeffrey Wright como Gordon, Andy Serkins como Alfred y el gran John Turturro como Falcone.

La cinta ya está en cartelera, dura tres oportunas horas, que no desgastan su narrativa en ningún momento y es el producto de una combinación de elementos importantes, como la misma historieta, el guión a cargo de Matt Reeves y Peter Craig, un reparto elegido con cuidado, una producción artística que empodera aún más a la misma ciudad. Esta propuesta no solo muestra a un Batman más joven, sino que se atreve más que nunca a profundizar y desmitificar el origen familiar del mismo protagonista. Convirtiendo al superhéroe que ya conocíamos, en uno, con mayores cuestionamientos y por primera vez, incluso de tipo social.

 

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Cine, Cultura, pelicula

Son 437 páginas que se recorren con avidez, con curiosidad, con fascinación. El aspecto más polémico de esta recopilación es sin duda la demostración definitiva de la filiación de Mariátegui, que no era hijo del señor Mariátegui, sino de otro señor. ¿Tendría que ser polémica la verdad? Se trata de un dato importante y que reviste interés  pero, en términos del análisis crítico de las ideas, el pensamiento y la obra de Mariátegui, es un asunto bastante lateral. Lectura más que recomendada.

Servais Thissen. Mariátegui, nuevos aportes. Lima: Argos Productos Editoriales, 2021.

 

Mariategui - Servais Thissen

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Cultura, Libros, Literatura

 

Una pesadilla: un robo en la calle y usted parece culpable; al comienzo colabora, pero el policía le habla en Shipibo, idioma del que no entiende nada. Viendo que eso no va a funcionar, logra escaparse, corre, pero se resbala y cae, se golpea la cabeza y queda inconsciente.

Cuando despierta, un médico insiste en preguntarle sus síntomas en Quechua de Lamas, que reconoce porque lo ha escuchado alguna vez, pero no entiende; Finalmente, luego de hacerse entender por señas, termina en la comisaría. Está tratando de ordenar sus ideas, pero estornuda. Entonces, amablemente, uno de los policías le dice “Gesundheit”, usted lo mira, empieza a sonar el tema de la serie Black Mirror, y despierta, sudando.

 

Lengua Materna

 

Los derechos lingüísticos están orientados a garantizar que las personas puedan elegir los idiomas en los cuales comunicarse sin discriminación de ningún tipo. Esto cubre los procesos legales, administrativos y judiciales, la educación y los medios de comunicación. El 21 de Febrero de cada año se celebra el Día Internacional de la Lengua Materna con el fin de promover la diversidad lingüística y cultural y la preservación y protección de todos los lenguajes usados por la gente de este planeta. El lunes de esta semana, esta disposición de la Naciones Unidas cumplió dos décadas, pero, como veremos a continuación,  hasta ahora ha tenido poca repercusión en esta región del globo terráqueo.

 

Kay Pacha

En el Perú hay 3,8 millones de personas que tienen el Quechua como lengua materna, medio millón de hablantes en Aymara y cerca de 150 mil personas que emplean para comunicarse alguna lengua amazónica originaria; en este último caso hablamos de alrededor de 50 lenguas con universos de hablantes muy diversos y dispersos.

Probablemente no hay peruano de la tercera edad que no recuerde el Tawa Canal, Limamanta Pacha con que saludaba a su audiencia el canal 4 (tawa en quechua) bajo el impulso del gobierno militar de los años 70, que convirtió ese idioma en lengua oficial. Sin embargo, a pesar del valor simbólico de este y otros eventos, lo cierto es que no hemos tenido un gran desarrollo de políticas sobre el tema de derechos lingüísticos. Las buenas intenciones y algunos excelentes cuadros profesionales de los 70 en adelante chocaron con la restricción crónica de recursos de nuestro Estado y solo a partir de la década pasada se intensificó la tarea de elaboración de alfabetos para las lenguas originarias y, en el ámbito escolar, alcanzó masa crítica la Educación Intercultural Bilingüe (EIB). Eso nos pone aún a años luz de que el Estado garantice los servicios de salud, seguridad, justicia, etc. de quienes no tienen el castellano como lengua materna. Nunca se pensó cómo facilitar la atención cara a cara de hablantes no castellanos en los otros servicios del Estado.

 

Alternativas tecnológicas

En ese sentido, sin quitar mérito a los avances que pueda haber en Educación, ¿no será necesario atacar algunos problemas concretos de la interfaz estado-servicio público-ciudadanos? ¿Y no podría algún otro sector liderar esta alternativa?

Por ejemplo, explorar opciones tecnológicas:  en nuestros días quien tiene un smartphone puede, simplemente empleando una app, comunicarse con los hablantes de casi cualquier lengua que Google o Microsoft hayan incluido en sus traductores y convertir en texto todo el intercambio entre los interlocutores. No será algo perfecto en todos los casos, pero es un salto gigante en la comunicación humana. Nuestras lenguas originarias están actualmente fuera de ese canal, y, por tanto, bloqueadas en su acceso a la modernidad. Es cierto que tienen algunas características específicas (su oralidad, pueden tener alfabetos, pero no una literatura que soporte sus procesos de traducción; esto crea dificultades informáticas) que hacen más difícil emplearlas en un traductor.

Sin embargo, ha habido algunos avances en la “traducción” de lenguas originarias, especialmente el Quechua. Hace ya 20 años, la ONPE concibió usar alternativas de voz en lenguas originarias en la modalidad de voto electrónico; en nuestros días el profesor Walter Velásquez ha desarrollado un robot que puede procesar instrucciones en quechua hablado, y un equipo de profesionales quechua-hablantes que tuvo financiamiento de CONCYTEC y fue liderado por el ingeniero Luis Camacho, ha desarrollado un sistema de captura de voz a texto también en Quechua.

Atender a la ciudadanía mediante estos productos, mejorados, permitiría elaborar más fácilmente historias clínicas, denuncias policiales, diagnósticos médicos, sentencias judiciales y otros documentos bilingües de uso público, y, por encima de ello, restituir al menos parte de sus derechos a las personas que, por uno u otro motivo, hablan preferentemente un idioma distinto del Castellano.

 

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Cultura, Idioma, Lengua

El principal problema del ministro Ciro Gálvez es que no conoce el fenómeno cultural, y en consecuencia no tiene un punto de vista sobre qué debe hacer el MINCUL. Podría asesorarse, aunque a estas alturas es obvio que no se lleva bien con buena parte del sector que encabeza, y que es un hombre impetuoso. Todavía puede buscar asesoría internacional, mejor si es algo diversa, para comparar. Hoy con el hábito del zoom, es cosa de días concretar el apoyo. Pero antes debe tomar plena conciencia de sus debilidades, y actuar considerándolas.

Creo que todas las políticas de Estado, a nivel ministerial, deben contribuir al proyecto nacional de escapar del subdesarrollo. No tengo dudas de que este último responde a una división internacional del trabajo que nos perjudica, y que persistimos en el modelo degenerativo porque un velo occidentalista y colonial que nos lleva a hacerlo. En este orden concentrador de riqueza, sólo un público reducido de la población – usualmente el de mayores ingresos – ejerce su derecho a la cultura, en parte porque en la lógica occidental ésta no es gratuita (sino más bien cara), y en parte porque la concepción de producto cultural que prima lo impide. Por ello, la función central del MINCUL debe ser la de empujar la universalización del acceso a la experiencia de producir y consumir cultura. Cuál otra podría ser, me pregunto. La institucionalización definitiva y la guardianía de la pluriculturalidad peruana, por ejemplo, debería estar en manos de la PCM, porque es una política pública interministerial y multinivel que demanda mucha experiencia de gobierno y poder político, y que a menudo colisiona con grandes intereses privados. Un ministerio nuevo, muy precario y con poco peso ante la opinión pública facilita la labor de los depredadores empresariales, y hasta hoy siempre ha sido rápidamente silenciado por el presidente de turno cuando ha habido conflictividad social de procedencia intercultural. 

La promoción de valores ciudadanos es otra tarea asumida como trabajo primordial del MINCUL, sobre todo entre nuestros gestores culturales. No tiene por qué ser una mala idea, pero está imposibilitada de ser función central del ministerio, porque no tenemos un consenso valorativo al respecto, y por tanto los contenidos del proyecto estarían siempre sujetos a cambios quinquenales, o a ser superficiales para poder sobrevivir. Tampoco la identidad nacional es misión del sector Cultura, como se ha pretendido algunas veces. En general, los contenidos  cohesivos de Estado son responsabilidad del presidente y todo el ejecutivo. El MINCUL puede ser muy estratégico en este cometido, pero no lo lidera. Su gran función pública está  vinculada a la universalización de la experiencia cultura, cuyo ejercicio libre – sea uno emisor o receptor – nos enriquece en la toma de conciencia frente a la realidad, y en muchos otros sentidos. Seríamos otro pueblo si todos estuviéramos más familiarizados con estas prácticas.

Pero delimitada la función, vayamos al dilema: cómo hacer accesible y masiva la experiencia cultural en el Perú. Es claro que aquí se está entendiendo cultura como el conjunto de eventos representativos de la realidad, que se diseñan y presentan – o registran y distribuyen – para el disfrute de otros, y no cultura en su concepción antropológica. Al punto: lo primero es mirar y entender nuestra oferta de cultura, pues sobre ella tiene gobierno y capacidad de fomento el MINCUL. Dicha oferta tiene dos grandes componentes: las bellas artes y sus géneros contemporáneos (por ejemplo la pintura, la danza o las expresiones conceptuales callejeras) y las industrias culturales, que demandan tecnología de producción masiva, y por tanto mucho más inversión en la producción (el ejemplo típico es el cine). De hecho, hay muchos productos que pertenecen a ambos dominios, como la música de estudio o la literatura impresa,  porque los límites conceptuales entre ambas categorías son difusos, pero de todas formas, son estos dos terrenos los que delimitan, hasta hoy, la oferta cultural peruana. El problema de este esquema es que está muy lejos de permitir el masificación de la experiencia cultural libre, pues su institucionalidad y sus fuentes de financiamiento se contraponen, tarde o temprano, a la universalización del acceso, a la libertad de contenidos o a ambos.

En el caso de las bellas artes y sus formatos contemporáneos, está en su génesis la tendencia a complejizar el disfrute y la producción del acto cultural, lo que trae como consecuencia la inevitable elitización del circuito. Son siempre ofertas y demandas muy pequeñas las del mercado de la “alta cultura”, y el esfuerzo de hacerlas masivas, de intentar acercarlas al gusto mayoritario, violenta lo que más valoran sus agentes creativos: la no interferencia de terceros en el contenido de la manifestación vivencial, explícita u oculta. De modo que, aunque se contara con los grandes montos públicos que requiere consolidar una oferta de bellas artes (y afines) competitiva en volumen y calidad, ésta nunca sería masiva, muchos menos en un país subdesarrollado donde las prioridades de gasto familiar siempre son otras. Suele haber libertad de contenidos en este componente de la oferta cultural, pues casi siempre sus productos están financiados por quien los inventa, pero esta independencia se restringe cuando – ocasionalmente – se ayuda con el apoyo material del Estado (premios o infraestructura de exhibición), pues en general los gobiernos valoran mucho más la estabilidad política que el derecho a la crítica revulsiva.

Las industrias culturales, por su parte, sí están vinculadas a los grandes públicos, pero no a partir de sus contenidos más progresistas – que suelen ser de culto – sino, en general, por medio de sus creaciones más banales y elusivas. Y dado que los soportes masivos tienden a ser caros, el empresario o dependencia pública que los financia no suele hacerlo “por amor al arte”, sino por objetivos concretos (no siempre visibles), que en el conflicto de intereses se impondrán a la libertad de contenidos. Obviamente, hay matices en toda realidad, pero es difícil discutir que la industria cultural está muy lejos de poder garantizarnos al acceso masivo a la experiencia cultural libre.

Nada de lo anterior significa que la acción cultural vigente no tenga relevancia política. Claro que la tiene, y por eso es necesaria. Además es una matriz instalada en la realidad social y en nuestras mentes, por tanto es legítima. Pero no está llamada protagonizar la universalización de la experiencia cultural en el Perú. La oferta cultural contemporánea, tal como está concebida, tiene muchísimo que aportarle a las élites informadas y activas del país. Es indiscutible que la creación y el consumo del arte amplía la inteligencia de las personas, y que hay obras geniales que provocan profundas movilizaciones internas. Vaya que les sería útil este hábito cultural a nuestros grandes tomadores de decisión en el país – públicos o privados – y a nuestros mejores especialistas. Asimismo, el prestigio internacional de una corriente creativa o de una sensibilidad nacional es fortaleza geopolítica – poder sutil -, como bien lo han sabido los países desarrollados del mundo, que han posicionado a su gremio artístico por medio de buenas y malas lides. El MINCUL debe manejar con equilibrios inteligentes las tensiones propias de nuestro mercado cultural y – aunque estemos a décadas de una situación mínimamente comparable a la que se busca – apuntar al crecimiento y la mejora sistemática de nuestra oferta creativa artística.

Pero el MINCUL también debe tener claro que, para optimizar su gran objetivo de universalizar el derecho a la cultura en el subdesarrollo peruano, debe abrirse a lógicas y contextos distintos a los que hasta hoy han ocupado su principal atención. Espacios donde el mercado, la vocación distintiva (humana, por cierto), y el Estado mismo, tengan mucha menos posibilidad de intervención. Hay que promover, revalorar y hacer costumbre la expresión cultural en la vida cotidiana de la gente, sobre todo en el mundo popular. Pablo Macera, preciso y sistémico como ninguno, decía en 1975 que todo hombre puede y debe hacer cine, pero que antes había que democratizar sus tecnologías, abaratarlas. Fue muy visionario: hoy cualquiera produce videos con su celular, y un poco que cada uno de nosotros va haciendo, en las redes, la película de su vida día tras día. Debemos divulgar la idea de que la expresión cultural representativa es un derecho y una necesidad de todos, y que debemos ejercerla – para beneficio propio – en nuestra vida familiar y nuestros entornos vecinales. Siempre habrá público dispuesto. Todos estamos formados y definidos, en gran parte, por experiencias culturales de representación, porque son propias de la condición humana. Sin esos recuerdos, usualmente familiares, escolares o de barrio, seríamos otros. 

Los peruanos somos, además y desde siempre, un pueblo de músicos y danzantes, porque nuestros antepasados pre-hispánicos, y luego la comunidad afro-peruana, vivían entre cantos y bailes. Esto, como muchas herencias profundas, sigue felizmente en nuestros genes. Miren el futbol y el vóley de nuestras selecciones en sus mejores momentos, con ánimo contemplativo. Seguramente encontrarán música y danza muy particulares, distintos a los que ofrece el rival. Son manifestaciones humanas (insisto en que muy culturales), donde se ve expresada nuestra sensibilidad colectiva, en este caso nacional. Cuando nos conectamos con estos eventos, nos hacemos mejores. Es interesante notar que, bajo esta mirada, el límite entre expresión cultural y deporte es casi inexistente, siempre que éste sea vivido con amplitud mental, orgullo local y ánimo amateur.

Sin duda la propuesta que describo está muy intersecada con los movimientos peruanos y latinoamericanos de cultura viva comunitaria, aunque se concentra más en la democratización de la acción cultural misma que en la divulgación de la filosofía del bien común. No dudo que al final, inevitablemente, se trata de la misma lucha. También es cierto que estamos hablando de un territorio donde lo oral, actoral y lo audiovisual son lo más propicio, pero eso no significa que lo escrito va a dejar de existir en este entorno. Es imposible, encontrará sus causes expresivos y formatos. Muchos dirán que la mayoría de productos culturales de este circuito no tendrán gran sofisticación técnica y acabado. Es cierto, pero eso no significa que estén impedidos de adquirir la pericia básica necesaria para transmitir vivencias y conmover, o que no puedan inventar formatos más manejables. Al final lo más importante es si se transmite – y cuánto – los sentimientos y estados de ánimo.  Piensen en la música, cuya práctica puede complejizarse mucho, pero que también puede ser ejercida por cualquiera. Cantar es memorizar una melodía y una letra, e interpretarla con nuestra experiencia y voz. Percutar está en nuestra naturaleza. Hacer seguido ambas cosas nos puede dar muchas satisfacciones, y si se nos dan algunos secretos basales del oficio, podemos pasar por la experiencia cultural libre en nuestros entornos cercanos, todas las veces que queramos. Tema tras tema hacen repertorio todos los músicos del mundo. Nadie niega que hay instrumentos complicados, pero hoy existen tecnologías que los reemplazan. El asunto es quitarle la alta exigencia técnica al acto cultural, y privilegiar su potencial expresivo y movilizador para poder masificarlo. 

Consolidar un nuevo sentido común cultural y su institucionalidad no es sencillo ni se hace de un día para otro, muchos menos en nuestros países. La primera, y quizá la única gestión de Estado que se ha tomado en serio esta posibilidad, es la de Susana Villarán, que formalizó la política publica de promoción de culturas vivas comunitarias por medio de una normativa consensuada con los interesados  y un presupuesto de volumen significativo. Hay que retomar y reforzar este esfuerzo. Se trata de construir una nueva red de prácticas sociales, lo que se hace con objetivos lógicos, contenidos claros y divulgables, capacidad de desconcentración administrativa, tecnologías e instalaciones adecuadas. Lo último es lo más carente, porque demanda espacios públicos en la ciudad y eso  depende más de la gestión urbana que de la cultural, pero de ningún modo  impide el proyecto. Las tecnologías de transmisión masiva hoy son mucho menos problemáticas, aunque es verdad que la posibilidad digital todavía está lejos de ser universal en el Perú. Pero está el espectro electromagnético de propiedad pública, de donde el MINCUL debería obtener una señal televisiva y radial – bajo un esquema de financiamiento adecuado – para fortalecer su trabajo de gestión de culturas vivas comunitarias, y todo su plan sectorial. 

Debe quedar claro que el MINCUL, y cualquier entidad pública, no tiene por sí sola los brazos necesarios para llegar a la vida cotidiana de la gente, a todos los espacios locales del país. Por eso, además de las direcciones regionales de cultura – que deben ser fortalecidas – sus socios naturales, para este esfuerzo, son los gobiernos locales y los colectivos culturales, porque conviven de la dinámica de los barrios distritales. Otro canal muy importante es la escuela. El MINCUL debe buscar que se modifiquen los contenidos de la actual currícula escolar, en el área denominada Arte y Cultura, cuyas competencias a desarrollar entre los estudiantes son “apreciar de manera crítica las manifestaciones artístico-culturales” y “crear proyectos desde los lenguajes artísticos”. Es obvio que esto está pensado bajo los parámetros de la oferta cultural vigente, para incentivar a eventuales críticos o profesionales del arte, o para asegurar que los futuros ciudadanos entiendan los códigos de la alta cultura y los aprovechen. El área debe llamarse Expresión Cultural o algo así, y su objetivo debe ser equipar a los alumnos, emotiva, racional y físicamente, para ejercer su derecho a la cultura expresando sus vivencias en sus entornos cercarnos. El espíritu de este espacio docente, incluso su metodología, deben ser definidos por el MINCUL, aunque debe quedar muy claro que cualquier profesor promedio, sin importar su especialidad, puede enseñar muy bien estas materias, si comprende su definición  de acto cultural y le entusiasma el nuevo camino.

Queda por verse nuestro territorio rural, pues es evidente que lo hasta aquí comentado es sólo urbano. En el mundo pre-hispánico, la producción cultural era generalmente funcional, y se daba durante el trabajo agrícola y en ceremonias espirituales, para fines energéticos y de comunicación con la naturaleza. También hubo una tradición de acción cultural cotidiana entre los antiguos peruanos. Según María Rostworowski, abundaban los músicos y los instrumentos de fabricación casera en el incanato, y se solían hacer reuniones en las plazas públicas – entre familias amigas – para rememorar los antepasados con música y chicha de jora. El MINCUL debe ser parte estratégica de una política nacional de regeneración del territorio andino – tema discutido aquí en anteriores columnas -, y debe ser el responsable de recuperar y fortalecer la manera cultural pre-hispánica. Es un objetivo que no sólo agradecerá la patria, sino la especie entera, que busca  urgida las respuestas que el orden capitalista occidental ya no le ofrece.

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Cultura, MINCUL

Durante el pico de la segunda ola, a donde trabajo, el Hospital de Tingo María, llegaron varios pacientes desde otras provincias, tanto del mismo Huánuco como de otros departamentos. La mayoría de ellos eran casos muy graves, por lo que lamentablemente, fallecían a los días o tras varias semanas en UCI. 

Cuando un paciente fallece teniendo una prueba positiva para la infección por SARS-CoV-2 o se encuentra catalogado como caso sospechoso de la misma, se aplica el protocolo de manejo de cadáveres contemplado en la DS 087-2020 DIGESA/MINSA, donde se indica que el difunto no puede ser velado ni ser trasladado fuera de la provincia en donde falleció. 

Esto último fue muy difícil de asimilar para los familiares de aquellos fallecidos. Nunca imaginaron que intentar salvar la vida de su ser querido tuviese un costo tan alto. “No voy a abandonar a mi madre aquí”, “cómo van a crecer mis hijos chiquitos tan lejos de su padre”, “yo me lo llevo a mi tierra así sea lo último que haga”; son algunas de las frases que los deudos me decían entre lágrimas cuando venían a buscarme implorando que les dé una autorización de traslado (algo que me hubiese gustado hacer, pero que escapaba de mis manos).

Es por ellos que siento importante que esta directiva sanitaria ya debería ser dejada sin efecto, pero también existen razones objetivas por las cuales creo que hace mucho que debió ser modificada. Comenzaré por lo más claro para todos: La evidencia científica. Ya se ha demostrado que el contagio es a través de gotículas y que el riesgo de hacerlo al entrar en contacto con superficies contaminadas es ínfimo; por ende, una persona fallecida no va a contagiar a nadie. Esto hace que a día de hoy, carezca de sentido continuar con la prohibición de velar y trasladar a los difuntos. 

Si bien esa es la razón principal por la que esta directiva ha quedado obsoleta, me gustaría retratar las razones por las cuales creo que la prohibición del traslado no fue bien pensada, porque es importante aprender de los errores y porque esta mala planificación ha generado que se atropellen derechos de los deudos injustificadamente. Para ello, mencionaré datos de casos que se registraron durante esta segunda ola. 

Dada nuestra distribución geopolítica y la existencia de cementerios en varios centros poblados, a veces respetar el límite entre una provincia y otra tomaba un carácter absurdo. Nosotros siempre procuramos que el cementerio elegido para la inhumación, sea el más cercano posible al que deseaba la familia. En una de esas coordinaciones se dio el caso de unos deudos que habían llegado desde el centro poblado de Ramal, que pertenece a Tocache, la provincia de San Martín que colinda con Leoncio Prado (la provincia en la que queda Tingo María). El cementerio más cercano a ellos dentro de nuestra jurisdicción era el del centro poblado de Milano. ¿La distancia entre este y el de Ramal? 5 minutos, solo que, a pesar de estar tan cerca, cruzar la frontera está prohibido. 

Al menos para ellos, hubo un cementerio cerca a su hogar. Desafortunadamente, esa no fue la suerte de todos. Recuerdo el caso de un paciente a quien aprecié mucho. Él era policía y se encontraba de servicio aquí cuando se enfermó, sin embargo, toda su familia vivía en Piura. Los hijos quisieron ver la posibilidad de que se le incinerara para así llevar sus cenizas a casa. El único crematorio de Huánuco queda en la capital pero, a pesar de estar a 2 horas y media de Tingo María, es otra provincia, por lo que al final él tuvo que ser inhumado en el cementerio de nuestra ciudad. Se fue portando su traje de policía, con los honores que correspondía.  

Viendo esta problemática, como coordinadora he tenido que ser más estricta con las referencias. Antes de aceptar que se trasladara a cualquier paciente, había que estar muy seguros de que realmente íbamos a poder ayudarlo acá, porque de fallecer, dejar a su familiar aquí iba a ser aún más doloroso para la familia. Incluso así, llegaron varios con pronóstico muy malo a corto plazo. La situación más extrema que recuerdo es la de un paciente que fue traído en ambulancia desde Tocache y que falleció a su llegada a triaje. Nuestra intervención fue mínima, pero aun así se tuvo que sepultar aquí. 

Esta normativa también afectó a aquellos pacientes que tras varias semanas en UCI, fallecían. Lógicamente, ellos ya habían pasado la etapa en la que eran contagiosos y por lo general, la causa de su fallecimiento solía ser alguna complicación. El caso más frustrante fue el de un paciente que ya se encontraba en hospitalización con solo 0.5 litros de oxígeno, próximo al alta; pero que se complicó con lo que llamamos un TEP masivo (cuando un coágulo ocluye un vaso principal) y falleció. No pudo ser llevado a su ciudad porque al haber ingresado por neumonía COVID-19, debía ser manejado bajo el protocolo que dicta la directiva sanitaria. 

Quisiera terminar allí, sin embargo, debo mencionar también lo sucedido con los pacientes que el año pasado fueron internados en área COVID-19 por tener prueba de anticuerpos positiva, pero que ingresaban por cuadros no relacionados a la infección. Siempre andábamos pendientes de si ya habían salido los resultados de PCR de los más delicados, para así poder cambiar sus estados a “caso descartado” y, de esa forma, queden exentos del protocolo en caso de fallecimiento. Lastimosamente hubo resultados negativos que llegaron luego de que ya todo había sido aplicado. 

Por último, quiero comentar también acerca de los velorios. Se me hace un tanto discriminatorio que no sea permitido en caso de que el fallecido tenga una prueba positiva; pero sí si este ha fallecido por otra causa. Reitero, el difunto no va a contagiar a nadie, además, las medidas de cuidado deben ser las mismas siempre, porque al velorio de un paciente no COVID, también puede asistir alguien infectado y contagiar al resto de asistentes. He tenido pacientes que se han contagiado en los velorios, no lo negaré, y es por eso mismo creo que estos deben ser permitidos para todos, para así poder establecer ambientes y protocolos que se puedan controlar. 

Los que no lograron superar la enfermedad no son solo parte de las estadísticas. Tienen una familia detrás que también importa, porque para nuestra cultura, el poder velar y enterrar a nuestros seres queridos es muy valioso. Quitar la oportunidad de cumplir con nuestras tradiciones por protocolos que ya no tienen sentido, es generar un daño innecesario; es por esto, que es urgente actualizarlos, antes de que la tercera ola pegue más fuerte en las regiones fuera de Lima.

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Covid-19, Creencias, Cultura, Muertos, UCI

Las empresas y profesionales de los sectores entretenimiento, cultura y música se encuentran entre los más afectados por la emergencia sanitaria. Sin embargo, la pandemia del Covid – 19 también ha impulsado la reinvención forzosa de estas industrias.

Alex López, gerente general de Exposound, feria musical que cuenta con dos ediciones presenciales, brinda 4 recomendaciones para gestionar un emprendimiento cultural exitoso y no claudicar ante la pandemia.

1.- Rediseñar la estrategia de acuerdo con el protocolo Covid actual

Ningún negocio debería ponerse en marcha sin una estrategia debidamente implementada y en el caso de una crisis, con mayor razón, se deben evaluar cuidadosamente las modificaciones que permitirán la sobrevivencia del negocio.

“No es momento de aplicar soluciones paliativas o de intentar nuevos caminos de forma intuitiva, sino todo lo contrario. Antes de invertir más dinero en modificaciones, se debe invertir tiempo en investigación y diseñar nuevamente la estrategia de negocio para evitar más pérdidas. Nuestras decisiones deben apoyarse en datos como data estadística segmentada por región, edad, género, sector socioeconómico, etc. y también noticias actuales del sector, siempre pensando en mantener la calidad del producto o servicio y con proyecciones que indiquen que cada paso que damos garantizará la sostenibilidad del negocio”, explicó López.

2.- Evalúa dar el salto virtual

Si tu emprendimiento cultural no es nativo digital, es importante que evalúes adaptarlo a canales digitales. “Internet elimina las limitaciones horarias y espaciales, permitiendo llegar a mayor cantidad de público. La enseñanza de instrumentos musicales, por ejemplo, ha logrado adaptarse perfectamente a estos entornos y ahora es posible tener un profesor de piano de provincia mientras se estudia desde Lima. La virtualidad brinda múltiples ventajas, pero se debe analizar su potencial de acuerdo con cada tipo de negocio”, acotó el gerente de Exposound y agregó que el espacio online también abre puertas para realizar sociedades con otras empresas del sector.

3.-Organiza una base de clientes, prospectos y aliados

Se debe realizar un listado de clientes y posibles clientes con la finalidad de hacer un acercamiento planificado y estratégico que permita cerrar negocios. Con estas listas también podrás analizar si hay suficiente potencial para que el negocio sea sustentable y esta debe depurarse y alimentarse regularmente, permitiendo hacer evaluaciones posteriores.

También es importante investigar con qué instituciones culturales puedes establecer alianzas a nivel de imagen o auspicios. Entidades como el Ministerio de Cultura realizan convocatorias para subvencionar proyectos y emprendimientos y es necesario tener esas oportunidades en el radar. Las universidades, centros culturales y grandes centros comerciales suelen respaldar eventos y espectáculos culturales, muchos de los cuales ahora son virtuales.

4.-Permanece alerta frente a las innovaciones

La pandemia ha generado la aparición de los eventos híbridos que se realizan con aforo presencial reducido y público online, pero además hay muchas otras opciones por explorar como eventos VR/3D con avatares personalizados que recreen situaciones realistas.

El experto afirma que este es el mejor momento para que el sector se prepare para brindar nuevas experiencias al público cuando se incremente el aforo, como elementos de realidad aumentada, hologramas interactivos, entre otros.

Dato:

Alex López señaló que Exposound Bicentenario, la feria de los músicos, se realizará del 2 al 8 de noviembre, para acercar a los emprendedores musicales con su público objetivo. Para más detalles pueden entrar a https://exposoundperu.pe.

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Cultura, Emprendimiento

Cada organización cuenta con su propia cultura, lineamientos y demás aspectos que permite a los trabajadores de la empresa tener claras las dinámicas y objetivos a los que deben apuntar. Hoy en día, con las tensiones debido al teletrabajo impulsado por la crisis sanitaria y la constante inestabilidad política, son diversas las empresas que han cuestionado su propia cultura y están interesadas en mejorarla para potenciar a cada uno de los que compone la organización.

José Antonio Espinoza, docente en los programas MBA de Centrum de la Pontificia Universidad Católica del Perú, explica que para la formación de una cultura saludable, es necesario un liderazgo que se sustente en la persuasión. Esto significa basarse en el convencimiento genuino para que el grupo siga ese liderazgo y lograr la visión prometida. Los resultados que se obtengan en ese proceso irán a su vez moldeando la cultura. Moldear la cultura significa que todos compartan, se respeten y vivan un conjunto de valores comunes, visibles y auditables.

En ese sentido, Espinoza indica que para persuadir hacia esos comportamientos en tu organización se debe de incorporar tres conceptos claves:

Racionalidad: Se trata de practicar un pensamiento crítico. Es necesario saber presentar argumentos lógicos, reconocer los inevitables sesgos cognitivos, cuidarse de las falacias. Esto se hará tangible en las formas de encarar un problema, en la toma de decisiones y hasta en la anhelada “transformación digital”.

Emocionalidad: Se deben reconocer y gestionar las emociones, o más ampliamente, los eventos afectivos. Se puede empezar con la “labor emocional”, es decir, el esfuerzo que tenemos que hacer al ejecutar un servicio para mostrar al cliente una expresión amable, a contener posibles reacciones de fastidio o de justa contrariedad. También la emocionalidad está presente al buscar el bienestar y la felicidad. En la actualidad, el manejo de la afectividad, de emociones, sentimientos y estados de ánimo es crucial en todos los aspectos de nuestras vidas.

Moralidad: Es importante seguir los valores escogidos, y su correlato, los principios, y así tener presente la moral y la ética. En general son las creencias que ponemos en acción al considerar lo que es correcto o incorrecto. La moralidad expuesta y vivida, a su vez fundamenta, la confianza de los liderados hacia quién pretende dirigirlos.

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Cultura, Empresa, saludable
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