El filósofo australiano Neil Levy publicó en el 2005 un artículo llamado “Downshifting and Meaning in Life” en el que analiza una tendencia social conocida como “Downshifting” o “Desaceleración” como una forma de búsqueda de sentido en la vida y la compara con su propia propuesta al respecto.

Es un artículo que permite seguir profundizando y comprendiendo aspectos de la búsqueda de sentido en la vida, por lo cual quiero compartir con ustedes el resumen en español que he producido.

Muchas personas están reorientando sus vidas, lejos de la búsqueda de la riqueza y hacia la búsqueda de significado. Están reduciendo el número de horas que trabajan, cambiando de trabajo, trabajando desde casa o renunciando al trabajo por completo. En cada caso, están intercambiando ingresos por tiempo para buscar bienes que consideran valiosos. Este movimiento, de desaceleración, está ganando fuerza día a día.

En este documento, intentaré comenzar a abordar la cuestión del significado de la vida, en lo que respecta a las preocupaciones prácticas de los seguidores de la desaceleración. Argumentaré a favor de una propuesta de la estructura que deben tener las actividades centrales en nuestras vidas, si quieren ser idealmente significativas. 

Considero que los desaceleradores tienen la razón a medias. Están buscando más significado en sus vidas y con frecuencia lo encuentran. Pero en la medida de que busquen un significado superlativo, el tipo de significado más elevado al que podemos tener acceso, están buscando en el lugar equivocado. 

El significado superlativo no se puede comprar, y por lo tanto no se alcanza a través de la búsqueda de la riqueza, se logra paradigmáticamente a través del trabajo: no cualquier tipo de trabajo, sino trabajo con la estructura requerida.

Richard Taylor sugiere que Sísifo, condenado por los dioses a una eternidad de trabajo, representa la vida arquetípicamente sin sentido. La tarea de Sísifo es cargar una enorme roca hasta la cima de una colina, para que después esta ruede hacia abajo y tenga que repetir la tarea una y otra vez indefinidamente. Su vida es el epítome del sinsentido porque es inútil; Sísifo no logra nada, no cambia nada, no tiene nada que mostrar por sus interminables labores. Debido a que su vida carece de objetivo, no tiene sentido.

Es muy plausible pensar que este es el núcleo de la cuestión del significado de la vida: cuando las personas se preguntan por el significado de la vida, preguntan por su objetivo. 

Pero la vida no adquiere sentido en el caso de que se logren metas. Permitamos que Sísifo logre su objetivo y deposite la roca en la cima de la colina: su vida no adquiere así sentido. Un Sísifo condenado a apilar roca tras roca, en la cima de una montaña de rocas en constante crecimiento, difícilmente sería menos lamentable.

Como sugiere David Wiggins, la vida del agricultor que cultiva más maíz para alimentar a más cerdos para comprar más tierra para cultivar más maíz para alimentar a más cerdos no es menos inútil por haber logrado resultados concretos. 

De hecho, este parece ser precisamente el tipo de intuición que motiva a muchos de los desaceleradores. Pueden ser personas con grandes logros, trabajos prestigiosos y riqueza, sin embargo, sienten que sus vidas carecen de sentido, del tipo requerido. ¿Qué tipo de sentido deben tener las vidas para calificar como significativas?

Una vida tiene sentido cuando se orienta hacia metas que trascienden los límites del individuo, metas que son más valiosas que las preocupaciones subjetivas de cualquier persona. Es un sentido, de este tipo, que falta en la vida de Sísifo, el granjero de Wiggins, y en la vida del rico ejecutivo cuya vida parece vacía de importancia.

Por lo tanto, podríamos sugerir que una vida es significativa en caso de que se dedique a (o esté unificada por) la búsqueda de bienes que trasciendan las limitaciones de los individuos. 

Para John Kekes, por ejemplo, una vida significativa es una vida dedicada a la búsqueda de proyectos con los que el agente se identifica y que no son inútiles o triviales. 

Para Robert Nozick, el significado de la vida radica en trascender los límites del yo: una vida significativa se conecta con valores más allá del yo. 

Susan Wolf lo resume sucintamente: “las vidas significativas son vidas de participación activa en proyectos de valor”.

De hecho, parece ser esta definición de significado la que explica mejor las quejas de los desaceleradores respecto a que sus vidas no tenían sentido. Se dedicaban a actividades que tenían un sentido – acumulaban bienes y hacían una diferencia en el mundo – pero este sentido no era suficiente para conferir significado. Sus actividades eran esencialmente, como diría Wiggins, “regresivas y circulares”: no tenían un punto más allá de sí mismas. Los desaceleradores cambian sus vidas para obtener significado: lo hacen precisamente comprometiéndose con bienes más allá de ellos mismos.

Una vida significativa es, por lo tanto, aquella dedicada a (la promoción de) bienes más allá de uno mismo. Esta definición está respaldada por el hecho de que ofrece una explicación convincente de por qué es que las personas a menudo afirman encontrar significado dentro de ciertas actividades, y no en otras.

El significado se encuentra en la actividad científica y en el arte, en la familia y la comunidad, en el activismo político y la filosofía, el deporte y la religión. En cada caso, nos comprometemos con algo que nos trasciende a nosotros mismos, con bienes que no son meramente subjetivos, sino (al menos) intersubjetivos.

Sin embargo, muchas personas no encuentran esta propuesta del significado de la vida plenamente satisfactoria. Anhelan algo más.

¿Por qué? Creo que hay dos razones. La primera es que la solución se puede ver, desde una cierta perspectiva, como una reproducción del problema inicial. Como vimos, una forma en que las vidas pueden dejar de ser significativas es si se centran en actividades que son, en la frase de Wiggins, “regresivas y circulares”. 

Se suponía que conectarse con bienes más allá del yo nos proporcionan una forma de romper el círculo. Pero esta propuesta de significado parece simplemente sustituir un círculo más grande por uno más pequeño. Por un lado, está el agricultor, que cultiva más maíz para alimentar a más cerdos para cultivar más maíz, y por otro el padre que adquiere significado en la crianza de los hijos que adquirirán significado al convertirse en padres a su vez. ¿Por qué este tipo de círculo debería ser más significativo que el primero?

Para Taylor la única diferencia entre nosotros y Sísifo es que mientras él mismo vuelve a bajar la colina para poner su hombro en la roca una vez más, nosotros dejamos esta tarea a nuestros hijos. Una vida circular, una vida que no tiene sentido más allá de la vida misma, es una vida sin sentido, no importa cuán grande sea el círculo de esta vida.

Los comentarios de Taylor sobre Sísifo sugieren una segunda razón para la insatisfacción con la propuesta. Imagínate que a Sísifo se le permitiera comprometerse con bienes más allá de sí mismo. Como vimos, el simple hecho de permitirle apilar roca sobre roca no es suficiente para darle sentido a su vida, ya que no le permitiría comprometerse con un bien real. Pero si se permite que Sísifo use las rocas que reúne para construir “un templo hermoso y duradero” su vida adquiere significado. 

La construcción de templos es plausible pensar, es una actividad valiosa, una con un valor que trasciende nuestras vidas individuales. Ya sea que lo valoremos por su significado religioso, o por su afirmación simbólica del esfuerzo humano en un universo impío, o por su belleza arquitectónica, está claro que participar en esta actividad es paradigmáticamente significativo. Sísifo, el constructor de templos, persigue un proyecto valioso y, por lo tanto, se trasciende a sí mismo.

Sin embargo, hay un serio problema con esta solución. Tal vez, mientras Sísifo se dedique a la construcción de su templo, su vida parece significativa. Pero ahora imaginemos el templo terminado. ¿Ahora que, se pregunta Taylor? ¿Qué imagen se presenta ahora en nuestras mentes? ¡Es precisamente la imagen del aburrimiento infinito! Por lo tanto, lograr nuestros objetivos no puede, de hecho, conferir significado a nuestras vidas. Pero ¿de qué sirve la búsqueda de una meta, con la esperanza de alcanzar así un significado, si reconocemos que su logro no tiene significado?

Algunas personas podrían verse tentadas a argumentar que este es precisamente el caso; que el significado de la vida se encuentra en la actividad, y no en el logro. Por un lado, como varios filósofos han señalado, el significado está relacionado con los resultados. Si no avanzamos o no podemos avanzar en la consecución de nuestros proyectos, estos no darán sentido a nuestras vidas. Por lo tanto, si el logro de nuestros objetivos amenazaría el significado de nuestros proyectos, entonces estamos atrapados en una posición curiosa: al mismo tiempo necesitamos avanzar y sin embargo estamos conscientes de que nada fallará tanto como lograr el éxito.

La conciencia de que necesitamos fracasar en nuestros proyectos más significativos amenaza su valor. Piense en los objetivos más nobles y significativos que podemos perseguir, como la lucha contra la pobreza y la opresión. ¿Debemos decir que somos afortunados porque no lograremos estos objetivos? La reflexión sobre la idea de que nuestras vidas son significativas sólo porque, y mientras que, nuestros objetivos más importantes estén fuera de alcance parece despojarlos de significado.

Consideremos, en este contexto, una famosa crisis de significado: la experimentada por John Stuart Mill. Mill había dedicado su vida, como nos dice, a la búsqueda de buenas obras, y durante un tiempo recibió suficiente satisfacción de estas actividades. Sin embargo, en un estado de depresión, se hizo la fatídica pregunta con la que hemos estado lidiando:

Se me ocurrió hacerme la pregunta directamente a mí mismo: “Supongamos que todos tus objetivos en la vida se realizaron; que todos los cambios en instituciones y opiniones que estabas buscando podrían llevarse a cabo por completo en este mismo instante: ¿sería esto una gran alegría y felicidad para ti?” Mi autoconciencia incontenible respondió claramente: ‘¡No!’ Mi corazón se hundió dentro de mí: toda la fundación sobre la cual estaba construida mi vida se derrumbó. Toda mi felicidad se encontraba en la búsqueda continua de este fin. El fin había dejado de atraerme, y ¿cómo podría volver a haber algún interés en los medios para lograrlo? Parecía que no me quedaba nada por que vivir.

Mill observo que su crisis personal tenía un significado más allá de el mismo. Era, pensaba, un “defecto en la vida misma”: si el significado de la vida requiere privación, entonces los pesimistas sobre el significado de la vida tienen razón. La vida tiene una estructura trágica, en la que la infelicidad de muchos es requerida para la felicidad completa de algunos. 

Llamemos a esto la prueba de Mill. Una actividad no pasa la prueba de Mill si podemos (a) imaginar completarla, y (b) completarla despojaría de significado a una vida dedicada a ella.

Por lo tanto, la propuesta de significado que hemos esbozado es vulnerable en dos aspectos. 

En primer lugar, muchas de las actividades a través de las cuales se afirma (correctamente) que permiten obtener significado son apenas menos circulares que actividades paradigmáticamente insignificantes. 

En segundo lugar, ubica el significado en la búsqueda de fines que, si se alcanzan, dejan de proporcionar significado a nuestras vidas. 

Estas dos fallas amenazan con ser suficientes para viciar todos nuestros proyectos: si un proyecto no va a fracasar debido a la circularidad, debe tener un fin fuera de sí mismo. Pero si tiene un fin fuera de sí mismo, y ese fin es alcanzable (en sí mismo una condición para que pueda conferir significado), entonces corremos el riesgo de caer en el segundo dilema.

¿Podemos hacerlo mejor? ¿Estamos condenados a encontrar sentido sólo a expensas de inhabilitar nuestras facultades críticas? 

Si queremos localizar una fuente de significado que satisfaga a Taylor, y poner fin a las dudas de Mill, deberá tener las siguientes características: (1) no debe ser circular, en el sentido de que debe tener un punto más allá de sí misma. Pero (2), aunque debemos ser capaces de lograr un progreso significativo en el logro de su fin, debe ser tal que (a) lograrla no la despoje de significado, o (b) si bien es concebible un progreso constante en su búsqueda, no lo es su cumplimiento total.

Hay, sugeriré, actividades valiosas que son intrínsecamente ilimitadas, no porque apunten a un objetivo que no se puede lograr, sino porque el objetivo que persiguen no se fija antes de la actividad en sí. En lugar de eso, el objetivo se define gradualmente y se especifica con mayor precisión en el curso de su búsqueda. 

El tipo de actividad que tengo en mente, a la cual llamaré un proyecto – es análoga a lo que Alasdair MacIntyre llama una práctica. 

Las prácticas no son proyectos, en parte porque los bienes perseguidos a través de muchas de las prácticas de MacIntyre no son lo suficientemente importantes. La agricultura y los deportes son prácticas para MacIntyre, pero, aunque estas son (al menos discutiblemente) actividades plenas, no son actividades superlativamente significativas. 

Sin embargo, algunas actividades significativas con la estructura de una práctica califican como proyectos: los proyectos son prácticas en las que están en juego bienes sumamente valiosos.

Consideremos, por ejemplo, la actividad filosófica o, más ampliamente, la búsqueda de la verdad en cualquier área de investigación. Esta es, huelga decirlo, una actividad paradigmáticamente valiosa, en la medida en que la verdad es, como la justicia y el bien, uno de los valores más elevados que podemos concebir. Ni siquiera es concebible que pueda fallar la prueba de Mill. La idea de un sistema de conocimiento finalizado y completamente verdadero es literalmente inconcebible de antemano, de una manera en la que un templo no lo es. 

Podemos tener una idea clara de cómo sería un templo terminado, pero no podemos imaginar lo que podría ser un sistema completo de conocimiento. Ciertamente, podemos imaginar una gran enciclopedia, pero su contenido sigue siendo oscuro. 

Desarrollamos las herramientas para comprender el conocimiento que podríamos alcanzar, a medida que perseguimos ese conocimiento, de tal manera que las direcciones futuras que nuestra comprensión podría tomar son, en principio, incomprensibles por nosotros y en el mejor de los casos solo un esquema borroso.  

Dado que no podemos saber cómo podría ser el objetivo final, no podemos imaginar completar nuestro proyecto y, por lo tanto, no podemos ser afectados por la imagen de su finalización.

Sin embargo, podría objetarse que el conocimiento sea un caso especial. Muchos otros bienes sumamente valiosos, como la justicia y el bien, son concebibles antes de tiempo. Sabemos (aproximadamente, al menos) cómo sería una sociedad perfectamente justa y, por lo tanto, el proyecto de buscar justicia no pasaría la prueba de Mill. 

Mi respuesta es simplemente negar que tengamos una idea clara de cómo sería una sociedad idealmente justa. Aunque ciertamente podemos ver que grandes injusticias de nuestro mundo podrían ser eliminadas, no podemos ver cómo tendríamos que proceder a partir de ahí. Por ejemplo, no podemos ver, de antemano, cómo deben conciliarse las diferencias culturales y la igualdad: no en detalle, en cualquier caso. 

Una vez más, la dificultad es una cuestión de principios: tendremos que forjar las herramientas que nos permitan comprender la noción de justicia en sus detalles y como se aplicarían a estas cuestiones, sólo cuando realmente las enfrentemos.  La búsqueda de la justicia es una práctica, en el sentido de MacIntyre:  a medida que vayamos avanzando se hará más claro a que le estamos apuntando.

Del mismo modo, muchos otros bienes supremamente valiosos son inherentemente ilimitados. La práctica de la creatividad artística, cuando se lleva a cabo al más alto nivel, es paradigmáticamente ilimitada.  Basta pensar en cómo los movimientos de vanguardia del siglo XX habrían sido percibidos por generaciones anteriores de artistas para ver cómo evolucionan los objetivos del arte junto con las actividades que pretenden alcanzarlos. Al igual que la búsqueda del bien y lo correcto, y la búsqueda de la verdad, la actividad artística es inherentemente ilimitada en la medida en que sus fines están en juego dentro de la actividad misma. 

Los fines de las actividades superlativamente significativas no se pueden lograr, porque a medida que las actividades evolucionan, los fines a los que apuntan se alteran y se refinan. 

El conocimiento no es un caso especial, perseguir cualquiera de nuestros objetivos más significativos es, entre otras cosas, una actividad cognitiva: una que requiere el descubrimiento o la invención de nuevas herramientas conceptuales y nuevas y mejores teorías. Debido a que las actividades de significado superlativo son ilimitadas de esta manera, no pueden fallar la prueba de Mill. Podemos avanzar hacia estos fines, seguros de que este progreso no amenaza el significado de nuestros proyectos.

Por otro lado, es característico de los proyectos que estos sean difíciles: requieren de un esfuerzo concertado, intelectual y físico. A menudo también requieren de gran coraje. Participar en un proyecto es trabajo, en un sentido claro de la palabra. 

Por eso los desaceleradores tienen solo la razón a medias. El significado en la vida se puede perseguir de la manera que han sugerido. Al reducir las horas de trabajo y, por lo tanto, dejar más tiempo para la familia, para los amigos, para las alegrías simples de una vida que sea menos estresante y más en contacto con la belleza y la naturaleza, realmente podemos hacer que nuestras vidas sean más satisfactorias. 

Pero no podremos lograr un significado superlativo de esta manera. Este significado, el significado que puede ser visto directamente a la cara, sin miedo, ni inmutarse, solo se encuentra en el trabajo. El cual podría no ser trabajo remunerado.   

Podría objetarse, que el hecho mismo de que las actividades que tienen significado superlativo sean tan difíciles las descalifica como significativas. Personalmente, tomo el hecho de que las actividades que confieren significado son difíciles y arriesgadas como un argumento a favor de mi propuesta. 

Es un lugar común, pero no menos cierto por eso, que las tareas valiosas suelen ser, tal vez siempre son, difíciles de llevar a cabo. 

Una vida significativa es una vida de esfuerzo y dedicación, dirigida hacia fines sólo parcialmente bajo nuestro control. La realización que podemos alcanzar a través de nuestros éxitos parciales en estas tareas es mucho mayor porque somos muy conscientes de que podríamos haber fracasado absolutamente.

Preocupa que la propuesta que he presentado sea poco igualitaria. He afirmado que, aunque el sentido ordinario está disponible para casi todos, a través de la participación en los temas familiares y la apreciación del arte, a través de la amistad y la interacción con la naturaleza, el significado superlativo requiere mucho más: el compromiso activo con proyectos. 

Pero la participación en un proyecto, a un nivel que pueda asegurar logros suficientes como para conferir un significado superlativo, está disponible solo para unos pocos. 

Solo pocos podemos participar (en lugar de ser espectadores interesados) en el proyecto de búsqueda de conocimiento (que, huelga decirlo, debe ser mucho más que la acumulación aleatoria de hechos si se quiere constituir en proyecto). 

Sin embargo, si bien parece ser cierto que la proporción de cualquier población que puede participar en este proyecto es necesariamente restringida, porque la participación requiere (entre otras cosas) habilidades cognitivas sofisticadas, no parece haber tal límite, en principio, a la participación en otro tipo de proyectos. 

En particular, casi todos podrían participar activamente en el proyecto de búsqueda de la justicia, al menos si la sociedad estuviera organizada de manera que se tuviera el tiempo, la educación y los demás requisitos necesarios para poder participar. 

Aunque parece ser el caso que una enorme proporción de la población mundial está aislada de los proyectos que podrían asegurar un significado superlativo, esto no parece ser una limitación incorporada en la naturaleza de las cosas. 

En un mundo más justo, en el que los recursos, materiales e intelectuales, estén distribuidos de manera más equitativa, muchas más personas podrían participar en proyectos que les permitan asegurar un significado superlativo.

El significado, como reconocen los desaceleradores, se encuentra en muchos aspectos de la vida humana. La estrategia de desaceleración, dejando trabajos estresantes y sin significado en busca de mayor tiempo para dedicar a la familia, los amigos y el desarrollo personal, a menudo tendrá éxito en asegurar lo que podríamos llamar significado ordinario. 

Pero el significado superlativo no se encuentra alejándose del mundo del trabajo, aquí concebido como un compromiso esforzado en prácticas difíciles. 

Por el contrario, sólo en el trabajo, del tipo correcto y con la estructura correcta, se encuentra el significado superlativo. 

En nuestro mundo, uno de los proyectos más significativos en los que podemos participar es la búsqueda de la justicia, que es también la búsqueda de las condiciones bajo las cuales el significado superlativo puede ponerse a disposición de todos.

Centro para Filosofía Aplicada y Ética Pública – Universidad de Melbourne

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sentido de la vida

Sabemos de los inmensos retos que tiene el Perú: necesita proveer servicios públicos de calidad, construir infraestructura de transporte, salud y educación, luchar exitosamente contra la corrupción, reducir sustancialmente la pobreza, generar oportunidades económicas para la población, entre otros.

En la constitución actual se consignan los servicios de salud y educación como derechos básicos, sin embargo estos continúan siendo escasos y de mala calidad debido a la incapacidad de gestión del Estado.

Corregir la incapacidad de gestión es una tarea difícil y lenta, que requiere liderazgo, capacidad y experiencia, un equipo de trabajo seleccionado meritocraticamente, planificación,  presupuesto, disciplina, así como estar dispuesto a luchar contra intereses enquistados y autoridades corruptas. 

Sin embargo, algunos políticos en el poder pretenden que la verdadera solución está en modificar la constitución o en nacionalizar el gas.

Sabemos que el Estado es propietario de los recursos que están en el subsuelo y que lo que otorga son concesiones extractivas a privados. ¿Si se plantea nacionalizar el gas porque no se usa esa misma lógica para nacionalizar todos los recursos mineros del país? ¿Por qué no nacionalizamos también todas las minas y usamos esos recursos para beneficio del pueblo? 

Si nacionalizamos estos recursos, ¿Quién los va a administrar? ¿El Estado que sabemos es ineficiente y corrupto? ¿Qué mensaje se da a los privados que invirtieron y asumieron riesgos en largos y complicados proyectos, dentro de una normativa establecida por el Estado para rentabilizar estos recursos? ¿De dónde van a salir los cuantiosos fondos que se necesitan para invertir en exploración y desarrollo minero?

Se habla de nacionalizar el gas pero la frase correcta sería comprar las empresas extractivas de gas, porque no va a ser gratis, el Estado peruano tendría que pagar 8 mil millones de dólares (según algunos estimados), y si no los quiere pagar se lo van a cobrar a través de un arbitraje internacional. 

¿Tendría sentido gastar esa cantidad de dinero en apropiarse de la infraestructura de gas en vez de invertirla en hospitales, colegios, carreteras y aeropuertos? ¿Y esto después de haber gastado 5 mil millones de dólares en una refinería de dudosa utilidad?

Finalmente es solo una distracción que oculta la incapacidad de los gobernantes para abordar los temas de gestión que son el problema principal del país. El Estado tiene fondos, lo que no sabe es administrarlos. 

Hace cinco décadas, en el contexto de una sociedad peruana muy distinta a la actual, muchos políticos de izquierda hablaban de la necesidad de una revolución en el Perú. En ese contexto se dio la reforma agraria y se otorgó el voto a los analfabetos. En el 2021 vivimos una situación muy distinta, en la cuál los peruanos tuvieron la libertad de elegir a un presidente de izquierda, maestro rural, serrano, hijo de familia humilde. Lo hicieron porque quieren cambios que mejoren su calidad de vida, no quieren perder el tiempo en quimeras. Si bien la izquierda puede tener muy buenas intenciones y puede realmente desear ayudar a las mayorías, sus propuestas de solución son pésimas. 

En el Perú de hoy, ser revolucionario es hacer los cambios que necesita el país:

Revolucionario sería tener un sistema meritocrático de contratación y remuneración de funcionarios en ministerios, organismos, municipalidades, gobiernos regionales y demás instituciones del Estado.

Revolucionario sería reorganizar el sistema de descentralización de manera que el rol de los gobiernos regionales sea supervisor mientras que el gobierno central sea ejecutor de los servicios públicos en todo el país. 

Revolucionario sería reorganizar el sistema municipal de manera que los alcaldes no sean elegidos democráticamente sino que sean contratados a través de un concurso público meritocrático entre candidatos profesionales con capacidad y experiencia, que sean remunerados con sueldos equivalentes al del sector privado e incentivos por cumplimiento de metas. En paralelo se podría elegir democráticamente un concejo municipal que supervise la administración del alcalde contratado. 

Revolucionario sería expropiar los terrenos que faltan para terminar obras que tienen más de una década sin concluir (como es el caso de la conexión entre la autopista Ramiro Priale y la carretera central en Lima)

Revolucionario sería ordenar el transporte público de manera que los ómnibus y combis paren solo en los paraderos, que un chofer con papeletas no pueda conducir, que un vehículo con papeletas impagas o que no tenga luces vaya al depósito, que se haga una campaña en todos los medios de respeto a las normas viales.

Revolucionario sería que las regalías mineras sean administradas por el gobierno central y no por municipalidades y gobiernos regionales corruptos, y que se dediquen a obras construidas con el sistema de gobierno a gobierno de manera que estas se ejecuten eficientemente y signifiquen real desarrollo para las regiones mineras.

Revolucionario sería negociar acuerdos con las comunidades de zonas mineras para que nuevos proyectos mineros, respetuosos de las normas ambientales, se activen y generen ingresos que beneficien a estas poblaciones y a todo el país.

Revolucionario sería asegurarse que nuestras pistas sean hechas por contratistas que cumplan las normas de calidad y no se deterioren al poco tiempo de construidas.

Revolucionario sería construir aeropuertos en ciudades intermedias de provincia para facilitar el transporte aéreo.

Revolucionario sería instalar internet en todos los pueblos del país.

Todas estas actividades y muchas otras más serían revolucionarias, pero mucho más fácil es distraer a la población con cuentos populistas.

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Gestión del estado, revolución

La filósofa norteamericana Susan Wolf publicó en el 2010 un artículo llamado “Meaningfulness: A Third Dimension of the Good Life” en el que hace una propuesta acerca del sentido de la vida. Tuve acceso a este artículo recientemente a través de un curso de filosofía y me llamó la atención su propuesta por la manera clara y didáctica en la que explica un tema muy relevante. Por esto decidí que valía la pena producir un resumen en español que espero disfruten tanto como yo.

Introducción

Los modelos filosóficos de motivación humana tienden a caer en dos categorías. Por un lado, existen modelos egoístas, que conciben a los seres humanos como movidos y guiados exclusivamente por lo que consideran su propio interés. 

Por otro lado, hay modelos dualistas, que sostienen que las personas son capaces de moverse no solo por el interés propio, sino también por algo “superior”.  

Estos modelos de motivación, sin embargo, dejan fuera muchos de los motivos y razones que dan forma a nuestras vidas, los cuales no son periféricos ni excéntricos.

Específicamente, sugiero que estas razones están conectadas con la posibilidad de que vivamos vidas con significado, entendiendo el significado como un atributo no reducible bajo los criterios de felicidad o moralidad.  

La conciencia de que el significado representa una categoría de valor conceptualmente distinta a la felicidad y al interés propio, por un lado, y la moralidad, por otro, debería afectar la forma en que pensamos sobre estas otras categorías más familiares.  

Los ejemplos más obvios de esta nueva categoría son aquellos en los que actuamos por amor. No actúo por interés propio ni por deber ni cualquier otro tipo de razón imparcial, actúo por amor. 

Así como los modelos egoístas y dualistas dejan fuera estas “razones de amor”, me parece también dejan fuera muchas de las razones que nos mueven a perseguir intereses que nos apasionan, como por ejemplo escribir filosofía, practicar un instrumento musical o cuidar el jardín, los cuales pueden exigir más tiempo del razonable desde el punto de vista de nuestro propio bienestar.

No es forzado pretender que los sujetos de estos ejemplos amen la filosofía, la música o las flores, y que su amor por estas cosas pueda no solo explicar sino justificar sus decisiones y comportamiento más que el amor por sí mismos o un imperativo moral.

En el caso de actuar en favor de un ser querido, es el bien de esta otra persona el que nos proporciona las razones para actuar, lo que nos atrae es un valor percibido que se encuentra fuera de uno mismo. 

Mi afirmación entonces es que las razones de amor – ya sea a personas, ideales u otro tipo de objetos – tienen un papel distintivo e importante en nuestras vidas y no deben ser asimiladas como razones de interés propio o de moralidad.  

Sin embargo, no todas las acciones motivadas por razones de amor están justificadas ni son buenas razones. Lo que deseo defender es la justificación e importancia de un subconjunto de esas acciones y decisiones que se guían por razones de amor. 

Quiero defender la importancia de las acciones y patrones de acción que se involucran positivamente con objetos dignos de amor, de una manera que sea independiente de si estas acciones promueven el máximo bienestar de la persona en cuestión o el bienestar del mundo en general.  

Ser propensos a ser movidos y guiados por razones de amor, cuando los objetos de amor son dignos, es, creo, el núcleo de nuestra habilidad para vivir vidas con significado.

De acuerdo con el concepto de significado que propongo, este surge de amar objetos dignos de amor y comprometerse con ellos de una manera positiva. 

La relación entre el sujeto y el objeto de su atracción debe ser activa. El mero reconocimiento pasivo y una actitud positiva hacia el valor de un objeto o actividad no es suficiente para una vida significativa. 

Lo que quizás sea más distintivo de esta concepción de significado, es que implica elementos subjetivos y objetivos, inextricablemente vinculados.

Este punto de vista podría verse como la combinación de dos puntos de vista populares. 

El primero, también llamado Enfoque de Plenitud,es la visión de que no importa lo que hagas con tu vida, siempre y cuando sea algo que amas. Encuentra tu pasión. Averigua lo que te enciende y búscalo. 

El segundo, también llamado Enfoque Más grande que uno mismo, dice que para vivir una vida verdaderamente satisfactoria, uno debe ser capaz de ser parte de algo “más grande que uno mismo”. Esto con el objetivo de contribuir a algo cuyo valor es independiente de uno mismo.  

Entendida de esta manera, la primera visión, puede entenderse como una forma de abogar por el elemento subjetivo, mientras que la segunda visión, nos insta a satisfacer la condición objetiva.   

Cuando se piensa en la propia vida, por ejemplo, la preocupación de una persona respecto a que su vida carece de significado suele ser una expresión de insatisfacción con la calidad subjetiva de su vida.  

Por otro lado, cuando consideramos las vidas de los demás, nuestra tendencia es a caracterizarlas como significativas, o no, basados en nuestra evaluación del valor objetivo de estas.

El Enfoque de Plenitud

El Enfoque de Plenitud nos insta a “encontrar nuestra pasión e ir a por ella”, porque hacerlo nos dará un tipo particular de sentimientos positivos, llamémoslos de plenitud, opuestos a sentimientos de aburrimiento y alienación. 

Aunque los sentimientos de plenitud son indudablemente buenos, hay muchos otros que podrían ser clasificados como placeres, que no tienen nada que ver con la plenitud. 

Para alguien que trata de decidir qué carrera seguir o cómo estructurar su vida, este enfoque aconseja no centrarse demasiado en los objetivos superficiales de la facilidad, el prestigio y la riqueza material.  

No obstante, el Enfoque de Plenitud, tal como lo he interpretado, es una forma de hedonismo, en el sentido de que su prescripción para la mejor vida posible se basa exclusivamente en la cuestión de cómo una vida puede alcanzar el mejor carácter cualitativo. Desde este punto de vista, la experiencia positiva es lo único que importa.

Si, como sugiere el Enfoque de Plenitud, lo único que importa es la calidad subjetiva de la vida, entonces no debería importar qué actividades dan lugar a esa calidad. Imagínese, en particular, una persona cuya vida está dominada por actividades que la mayoría de nosotros estaríamos tentados a llamar sin valor, pero que sin embargo le dan satisfacción, como por ejemplo resolver crucigramas o ver telenovelas. 

En la variación que el filósofo Richard Taylor hace del mito de Sísifo (los dioses inyectan a Sísifo una sustancia que lo hace apasionarse por rodar piedras), la tarea de Sísifo ya no es aburrida para él. Pero sigue siendo una tarea inútil. Algo deseable parece faltar en su vida a pesar de su experiencia de plenitud. Dado que lo que falta no es una cuestión subjetiva –la vida de Sísifo es la mejor posible desde su punto de vista–, debemos buscar una característica objetiva que defina lo que falta. 

El Enfoque Más grande que uno mismo 

Este segundo enfoque nos dice que el mejor tipo de vida es aquella que contribuye a algo “más grande que uno mismo”. Podríamos entender este enfoque como uno que recomienda la participación en algo más importante que nosotros mismos, algo, en otras palabras, que es más grande que nosotros mismos no en tamaño, sino en valor. 

¿Es la filosofía o la poesía o el baloncesto algo “más grande que uno mismo” en valor?  Es difícil saber lo que significan estas preguntas. Una interpretación más prometedora de este enfoque es recomendar que uno se involucre con algo que no sea uno mismo, es decir, con algo cuyo valor es independiente y tiene su fuente fuera de uno mismo.  

El Enfoque Bipartito o de Plenitud Adecuada

La combinación del Enfoque Mas grande que uno mismo y el Enfoque de Plenitud, producen el Enfoque Bipartito, una mejor concepción del significado que cualquiera de los dos enfoques tomados por sí solos.  

En esta visión bipartita, para que una vida sea significativa, se debe cumplir una condición objetiva y subjetiva. Lo que recomienda este enfoque es que uno se involucre activa y amorosamente en proyectos que den lugar al sentimiento de plenitud, pero siempre que estos tengan un cierto tipo de valor objetivo.  

Al vivir de una manera que está parcialmente ocupada y dirigida hacia la preservación o promoción o creación de algo independientemente valioso, uno hace algo que puede ser entendido, admirado y apreciado desde el punto de vista de los demás, incluyendo el punto de vista imaginario de un observador imparcial.

La contemplación de la propia mortalidad, de la insignificancia cósmica y la indiferencia del universo puede hacer que algunos se estremezcan o entren en desesperación. El vivir de una manera activa y comprometida en proyectos de valor independiente puede poner fin a estos sentimientos.  

Si estamos comprometidos en proyectos de valor independiente –luchando contra la injusticia, preservando un edificio histórico, escribiendo un poema–, entonces presumiblemente otros también serán capaces de apreciar lo que estamos haciendo. Esto nos hace al menos teóricamente parte de una comunidad, compartiendo valores y un punto de vista.  

El hecho de que el interés por una vida con significado no aflore hasta que se satisfagan las necesidades más básicas no es razón para perder de vista su importancia. El hecho de que una persona no articule conscientemente un interés en garantizar que algunos de los proyectos o cosas con los que está ligada su vida puedan ser juzgados independientemente como valiosos no es suficiente para justificar la opinión de que su valor sea irrelevante para él.  

La búsqueda de significado a través de un compromiso activo y amoroso en proyectos de valor es una característica distinta de la felicidad y la moralidad y merece ser incluida en una concepción de vida humana plenamente exitosa.  

Nuestro interés en vivir una vida significativa no es un interés en que nuestra vida se sienta de cierta manera – es un interés en que sea de cierta manera, específicamente, que sea una que pueda ser apreciada apropiadamente, admirada o valorada por otros al menos en principio; que sea una vida que contribuya o se conecte de una manera positiva con un valor independiente.

Para tener una vida que no sólo parece significativa, sino que es significativa, el aspecto objetivo es tan importante como el subjetivo. 

Me parece que hay dos tipos de preocupaciones que tienden a alimentar las dudas sobre la objetividad de los valores. 

La primera es de tipo moral y está relacionada con la pregunta “¿Quién puede decir que proyectos son o no valiosos?”, a la cuál respondo “Nadie en particular”. 

Estas son preguntas abiertas, nuestros juicios de valor siempre serán tentativos y supongo que las responderemos mejor si compartimos nuestra información, experiencia y pensamientos. 

Sin embargo, la ausencia de una autoridad final sobre la cuestión de qué cosas tienen valor no pone en duda la legitimidad o coherencia de la búsqueda de una respuesta más o menos razonable, aunque también parcial, provisional, impermanente. 

El segundo tipo de preocupación es más intelectual y pone en duda el hecho de que pueda existir un estándar objetivo de valor. Algunos podrán juzgar una actividad como inútil mientras que otros la podrán ver como valiosa. 

Con respecto a los juicios de valor, entonces, uno puede estar equivocado. En mi opinión, encontrar una explicación adecuada de la objetividad de los valores es un problema sin resolver en filosofía, o quizás mejor, un grupo de problemas sin resolver.  

La ausencia de un cálculo adecuado de la objetividad en los valores nos da mayor razón para ser tentativos en nuestros juicios sobre qué tipo de proyecto merece ser incluido en la clase de actividades que puede contribuir al sentido de la vida.  

Debemos admitir la razonabilidad de la controversia no sólo sobre el valor de actividades particulares, como hacer bailes de tiktok, jugar frisbi o estudiar filosofía, sino también sobre categorías enteras de actividad, como la autorrealización o la comunión con la naturaleza. 

Mi propia inclinación es ser generosa en mis juicios tentativos acerca de lo que es valioso. ¿Cuál es el punto de insistir en que existe tal cosa como una vida significativa, podrían preguntarse, si no se puede dar ningún tipo de orientación sobre cómo vivir una?  

Parte de la respuesta es que reconocer al significado como una categoría distinta de la felicidad y la moralidad nos ayuda a entendernos a nosotros mismos y a nuestros valores, y nos hace menos propensos a distorsionar el carácter y la importancia que algunos de nuestros intereses más profundos tienen para nosotros. 

Una segunda parte es que el reconocimiento del significado como una tercera dimensión de la buena vida debe cambiar la forma en que pensamos en las otras dos dimensiones de la felicidad y la moralidad.  

Uno puede considerar la pregunta “¿Qué tiene valor objetivo?” como inteligible e importante sin dejar de ser apropiadamente humilde sobre la limitada capacidad para descubrir la respuesta y ser debidamente cauteloso sobre el uso que se le puede dar a la respuesta parcial y tentativa que se obtenga.  

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Susan Wolf

Sinceramente pienso que Guillermo Bermejo es una persona bien intencionada que dedica su energía a intentar cambiar al Perú para beneficio de los más pobres y necesitados. Es cierto que en el Perú hay mucha pobreza, que los servicios públicos son de pésima calidad, que sufrimos una plaga de corrupción a todo nivel, que la infraestructura es deficiente y que tenemos muchas cosas por corregir. Está claro que nuestro objetivo debe ser corregir estos problemas, pero la pregunta es: ¿Cómo hacerlo? 

Sin embargo, si Bermejo quiere eliminar la corrupción en el Perú, ¿cómo puede tener de socio político a Vladimir Cerrón?, que ha sido sentenciado por corrupción y ahora aparece vinculado al caso “Los Dinámicos del Centro”. Si Bermejo es una persona correcta, como creo que es, tendría que haberse alejado de Cerrón hace rato. Sin embargo, son socios políticos cercanos. ¿Bermejo está siendo políticamente pragmático y se hace de la vista gorda porque romper con Cerrón no ayuda a sus objetivos políticos? Si este es el caso creo que Bermejo pierde mucha legitimidad al mantener esta sociedad vigente. ¿Con que cara puede uno tratar de cambiar al Perú si es aliado de alguien sentenciado por corrupción?

Si Bermejo quiere mejorar la economía peruana ¿porque no critica la política económica chavista que ha empobrecido tremendamente al pueblo venezolano? Puedo entender que Bermejo tenga simpatía por el gobierno venezolano dado que lo ayudaron cuando él lo necesitaba, sin embargo, su lealtad principal es con el Perú y esto implica ser honesto con la realidad. No criticar la economía chavista me hace dudar respecto al criterio de Bermejo.

Bermejo escribió recientemente un tweet en el que indica que en Berlín recientemente los ciudadanos votaron a favor de expropiar 240 mil departamentos para resolver sus problemas de vivienda y que este hecho no afecto a los indicadores de la economía alemana, de lo cual deduce que la subida del dólar en el Perú, despues de la amenaza de expropiación de Bellido, es producto de un boicot maquinado por especuladores locales.

¿Como explicar la lógica de Bermejo en este tweet? Para empezar Bermejo debería saber que ese referéndum fue no vinculante por ende solo registra el deseo de los participantes, no implica que la medida se vaya a tomar. 

También debería saber que esa medida le costaría a Alemania USD 40 mil millones, es decir el 1% del PBI alemán, lo cual no es mucho para la cuarta economía del mundo, mientras que si el Perú expropiase Camisea (un costo de USD 30 mil millones según algunos) implicaría alrededor del 10% del PBI peruano, un golpe durísimo para la economía peruana.

Por otro lado, si Camisea se expropia tendría que ser administrado por el Estado peruano, sabiendo que este es tremendamente ineficiente y corrupto, el resultado obvio es que esa gestión sería desastrosa. 

Finalmente, el mensaje que el gobierno envía al sector privado con una expropiación es el de un gobierno estatista que no respeta los acuerdos pactados lo cual reduce aún más la confianza de los inversionistas en el gobierno. 

Por todas estas razones se entiende fácilmente que la subida del dólar es fruto de la inepta propuesta del primer ministro y no resultado de los esfuerzos de un grupo de especuladores maquiavélicos. 

¿Bermejo en su percepción ideologizada creerá que expropiando empresas que rentabilizan los recursos del Perú se contribuye a reducir la pobreza y corregir los diversos problemas del país? ¿Puede ser posible que Bermejo tenga tal nivel de desconocimiento de cómo funciona la economía de un país?

Que maravilloso seria que toda la energía y buenas intenciones de Bermejo estuvieran acompañadas de una adecuada comprensión del funcionamiento de la economía y de las verdaderas soluciones que requieren los problemas de gestión de nuestro país.

 

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Camisea, Guillermo Bermejo, Vladimir Cerrón