Partidos políticos

Hay dos formas de administrar la identidad.

Por un lado, que se define inmutable: endiosa, rinde culto y agudiza la diferencia. En primer lugar entre los de adentro y los de afuera. Nosotros y los otros no tenemos nada en común: comemos, amamos, enterramos, creemos, en fin, vivimos, de manera radicalmente y esencialmente distinta. Somos la versión definitiva de lo humano. Además, hay una sola manera de ser nosotros. Si alguien no la abraza, pues, o se convierte en otros o, muchas veces, en peor que ellos. Es una identidad que se sustenta erigiendo barreras y acumulando tabúes.

Por otro lado, está la que se reconoce como una expresión de la variedad de lo humano, define lo que la diferencia de manera orgullosa e interactúa con otras identidades sin complejos, admitiendo que la propia es fluida y dinámica. Quienes la asumen no exigen ni buscan la pureza. Nosotros somos diferentes de los otros, pero nos unen no pocas cosas. Muchos son nosotros a su manera y eso no los convierte en otros.

Dos formas que han producido, ambas, resultados notables, convivencias productivas y tragedias sin nombre.

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Partidos políticos, psicología

Año tras año, como lo indican las encuestas, la desconfianza entre los ciudadanos aumenta. ¿No son acaso el uso irregular de los recursos públicos, los escándalos de corrupción, la ineficiencia en la prestación de servicios públicos, entre otros hechos, los que provocan que la confianza en el Estado y en las instituciones disminuya? ¿A los que detentan el poder les preocupa que su desempeño sea valorado de manera positiva? ¿Qué las instituciones, bajo su responsabilidad, sean percibidas por los ciudadanos como justas y transparentes en la prestación de servicios públicos y por eso mismo confiables? ¿Se dan cuenta que la desconfianza política impacta la confianza interpersonal? ¿Sería mucho solicitarles que evalúen los efectos de la creciente desconfianza política e implementen las acciones necesarias para contrarrestarla? Tal vez sea mucho pedir en las actuales circunstancias.

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confianza, corrupción, Partidos políticos

Insisto, asimismo, en que los partidos políticos deben tener una narrativa que trascienda la plaza pública. Para ello, es imprescindible su participación mediática a través de programas que conecten el internet con la televisión. En estos tiempos, política y medios no pueden ir por separado o que estos últimos sean sustitutos partidarios.

Así, entre otras medidas, se puede reconstruir la legitimidad y confianza de las instituciones políticas en nuestra joven democracia.

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confianza, Democracia, impolítica, Partidos políticos

Lo que está sucediendo en este momento es que los candidatos que postulan son los que, no teniendo mayores méritos, ganan más en un cargo público que en el sector privado o los que no teniendo mayores méritos buscan obtener ingresos ilegales a través del cargo.

Por otro lado, los que si tienen méritos, pueden ganar mucho más en el sector privado y sin asumir ninguno de los costos y riesgos de un cargo público, razones por las cuales deciden no involucrarse en la política.

Con una compensación lo suficientemente elevada, la gente capaz y honrada se vería atraída a la cuestión pública.

Estamos aplicando una regla económica elemental, si quieres conseguir a alguien talentoso y honesto tienes que pagarle acorde a sus habilidades y a los riesgos inherentes del cargo. Y lo que se paga actualmente en los cargos públicos es insuficiente.

Es posible que muchos se escandalicen si se aprueban compensaciones muy elevadas para presidente, congresistas, alcaldes, ministros y gobernadores, pero si se toman en el contexto del presupuesto que manejan se darán cuenta que esta representa un porcentaje minúsculo y que lo que se pierde por corrupción y negligencia es muchísimo mayor.

Por ejemplo, si al presidente se le paga un millón de dólares anuales, equivaldrían a menos del 0.001% del presupuesto nacional.

¿Qué país tendríamos si logramos atraer a gente capaz y honesta a la política?

Uno mucho mejor sin duda.

Twitter: @rafaelletts

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Gobierno, Partidos políticos, política peruana

No cabe duda que la calidad de la democracia depende en mucho de los liderazgos democráticos y de los partidos políticos que los sustentan. A partir de las experiencias políticas pasadas se puede esbozar las características de los mismos. Un líder democrático asume plenamente y sin ambages los valores democráticos. Asimismo, su quehacer es guiado, entre otros, por la ética pública. Aspira a gobernar para servir a los ciudadanos y no servirse de ellos. De igual modo, suma, articula y da coherencia a las demandas y expectativas de distintos sectores de la sociedad. Es capaz de arribar a acuerdos mediante el diálogo público. Por último, cuando llegan al poder, de manera democrática, lo dejan cuando corresponde en estricto cumplimiento de las normas establecidas. ¿Con cuántos de estos liderazgos contamos? Pocos, muy pocos.

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Partidos políticos, Política

Los modelos caudillistas del presente, su elasticidad (que en algunos casos los lleva a ser vientres de alquiler) no son un síntoma de degradación que haya que enmendar, sino un signo de los nuevos tiempos políticos a los que debemos acostumbrarnos, sin tratar de amoldar la realidad mediante leyes inaparentes.

Las crisis políticas que vivimos los últimos tiempos no son producto de que tengamos esa clase de partidos, sino resultado de mediocres decisiones de los elegidos o inquilinos accidentales en Palacio (la bronca Keiko-PPK, la gestión de Vizcarra, el despropósito de Merino o el incompetente de Castillo).

La precariedad de ese modelo tradicional tiene su mejor botón de muestra en la trayectoria del partido Morado, que se pasó años formando comités, bases, asambleas, inaugurando locales, haciendo elecciones, etc., y hoy está reducido a nada por su desventura electoral. Cumplir con los ritos partidarios tradicionales no asegura un buen porvenir y no debe ser por ello el requisito necesario para proceder a resolver la crisis vigente.

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Partidos políticos

El siglo XX no fue el siglo de los partidos políticos porque fue el siglo de las dictaduras militares Jorge, las pro-oligárquicas, las antioligárquicas y la de Fujimori; por eso aquí nunca se fundó una democracia formal de partidos gobernando y alternándose el poder. Lo único que hemos tenido en doscientos años de política peruana republicana ha sido, en el siglo XIX, caudillos con Congreso, en el siglo XX dictadores militares, y en el siglo XXI, de nuevo caudillos con Congreso. Nos estamos reencontrando con una vieja historia, aquí nadie está inventando la pólvora. 

El telón de fondo de 200 años de república sin democracia -a ver quién desata el nudo de este oxímoron- es la execrable corrupción de casi todo aquel que se acerca al Estado. Desde Francisco Pizarro, Jorge, ese siempre fue el rol del Estado en el Perú.  Los tratados y leviatanes son para otras latitudes. Aquí nada ha cambiado, Jorge, aquí al joven Haya no lo dejaron hacer su revolución y después ya no quiso hacerla; cuando Mariátegui se nos fue no se había decidido a realizarla, y la de Velasco demostró cuanto sabe nuestra sociedad eso de transformarse mucho para no cambiar nada. ¿Por eso la anomia? ¿ha triunfado finalmente el roba pero hace obra

En cada lectura de El Quijote, en la misma página, nuestro romántico caballero la emprende contra los molinos de viento y es derrotado, pero vendrán nuevas y nuevas lecturas de la misma novela, Jorge. 

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Partidos políticos

Hasta un 20% de la totalidad de los candidatos al Congreso puede ser designado sin pasar por elecciones primarias/internas, tanto entre afiliados como no afiliados. Esta opción permitiría el ingreso de invitados, aunque es común que esta opción se utilice para evitar que los dirigentes que deseen ser candidatos tengan que pasar por elecciones primarias/internas.

Los partidos políticos que presenten candidatos deben entregar al JNE su respectivo plan de gobierno de acuerdo con el nivel de elección que corresponda. 

Solo los partidos con representación en el Congreso podrán recibir financiamiento público directo. Los partidos no pueden recibir aportes de instituciones estatales, organizaciones religiosas o personas jurídicas con fines de lucro. Podrán recibir aportes de personas naturales o jurídicas sin fines de lucro cuando los aportes sean dedicados a formación, capacitación e investigación.

En conclusión, parece que la tarea de inscribir un partido es factible. Lo que parece más complicado es encontrar a las personas capaces y honestas que estén dispuestas a ocuparse del liderazgo, organización y propuesta que se necesitan para obtener buenos resultados. Lo cual es difícil dado que la actividad política implica mucho sacrificio.

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Elecciones, Gobierno, Partidos políticos
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