Alberto Fujimori

De aprobarse esta decisión, el documento pasaría al pleno del TC para el debate final y definitivo. “Calculamos que la vista de causa para ver el asunto de fondo [en el pleno del tribunal] se debe dar en un mes”, dice Marco Palomino Valencia, procurador del Poder Judicial, una de las partes en el proceso en el TC.

Actualmente, el tribunal tiene seis miembros, luego de la repentina muerte del magistrado Carlos Ramos. “Sardón, Ferrero y Ernesto Blume se pueden poner de acuerdo en darle libertad a Fujimori. Ellos forman un bloque sólido y, en caso de empate, dirime el voto del presidente Augusto Ferrero. La celeridad o no del tema depende del doctor Ferrero”, dice la fuente del TC. 

El premier Aníbal Torres ha dicho que el gobierno evaluará el traslado de Fujimori a un penal común apenas se recupere. Ante ello, el reo aguarda con expectativa el desenlace en el Tribunal Constitucional. Mientras tanto, permanece en una habitación del cuarto piso de la clínica Centenario, al cuidado de María Cordero y esperando que se dilucide la incertidumbre sobre su futuro.

 

Fotoportada: Darlen Leonardo

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Alberto Fujimori, Fujimorismo, TC

EL PODCAST DIARIO DE OPINIÓN DE JUAN CARLOS TAFUR.

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Alberto Fujimori, centro político, El Comercio, Felipe Ortiz de Zevallos

Tiene razón Felipe Ortiz de Zevallos cuando, en entrevista dominical en El Comercio, reclama la existencia de un centro político, como manera de fortalecer la democracia y su viabilidad, y de darle, al país, un eje de acción.

El desafío planteado comienza, sin embargo, cuando se trata de configurar ideológicamente ese centro. Porque claramente, no se trata de instituir una constelación promedial, sin controversia ni zanjamiento en cuestiones cruciales. Se busca un centro, no un punto medio aguachento.

Y eso pasa, claro está, por una postura alejada de los extremismos revolucionarios de la izquierda y los pasadismos conservadores de la derecha. Ni la dinamitación del statu quo ni su cimentación eterna.

En esa perspectiva, la única manera de que el centro no sea tan solo un polo inercial, carente de sentido reformista, es que se imbuya de una ideología liberal, capaz de plantear reformas estructurales importantes para la profundización del capitalismo competitivo (no el mercantilista que nos define) y, a la vez, para la institucionalización operativa de la democracia (no el sistema político electoral vacío de representación eficaz que hoy nos caracteriza).

Porque si el centro no se imbuye de liberalismo, será más de lo mismo que hemos tenido durante la transición post Fujimori y que explica, en gran medida, por qué el país terminó pateando el tablero y optando por un candidato disruptivo, a pesar de los indudables beneficios socioeconómicos que conllevó el proceso de semimercado desplegado (si hubiera habido política promercado en estos últimos 25 años, el Perú ya sería un país cercano a los indicadores de desarrollo primermundista).

Ese centro liberal bien puede albergar un ala de derecha y otra de izquierda, dependiendo de cuánto papel se le quiera otorgar al Estado en determinados aspectos (salud y educación pública, políticas sociales, derechos ciudadanos, etc.), pero adquirirá consistencia si pasa por una clara definición promercado y prodemocracia, por encima de cualquier circunstancia y sin ningún atenuante.

Ese centro se necesita en el Perú, capaz de ser, además, un polo de atracción creciente de filiaciones izquierdistas y derechistas que vayan migrando de posturas disidentes o reaccionarias, hacia fórmulas de cambios importantes, pero dentro de la gradualidad que exige la democracia.

Este centro, como tarea pendiente, por cierto, es algo muy lejano de lo que hoy, por un descarte topográfico (lo que no es, por un lado, Perú Libre o Juntos por el Perú, y no es, por el otro lado, Fuerza Popular, Renovación Popular y Avanza País), llamamos así, generosa e injustamente. Un centro republicano y liberal, a fondo, es lo que el Perú requiere para recuperar la utopía bicentenaria.

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Alberto Fujimori, centro político, El Comercio, Felipe Ortiz de Zevallos

El fanatismo es cuna de la intolerancia. Ahora bien, sumemos a ese fanatismo un elemento altamente tóxico que, en la historia de nuestro país, ha significado violaciones de los derechos humanos, delitos de homicidio, secuestro agravado, desapariciones, el uso de las fuerzas armadas para amedrentar a los enemigos políticos. Este elemento se llama «fujimorismo». Tras más de 20 años de su caída como régimen dictatorial y corrupto, hay quienes son capaces de demostrar con insultos, agresiones y difamaciones su frustración naranja de no estar en el poder.

La cobarde agresión de parte de un fanático fujimorista contra Avelino Guillén, que ha sido identificado por el portal Epicentro TV como Gianpiero Silva Montejo, gerente de Infinite Communications SAC, empresa contratista de la Policía Nacional del Perú.

Este personaje persiguió por el estacionamiento de un supermercado e insultó al ex fiscal supremo Avelino Guillén, quien denunció y logró encarcelar al dictador Fujimori, es el botón más representativo del pensamiento, agresividad y deseos escondidos que los herederos de Fujimori y Montesinos tienen contra sus enemigos. Para los fujimoristas, no existen adversarios políticos: ellos solo tienen enemigos y su praxis es destruir a ese enemigo. Pero contra Avelino Guillén nunca pudieron ni podrán.

Tengo una curiosidad: ¿han visto a algún fujimorista o aliado indirecto de dicho partido condenar la agresión contra Avelino Guillén? No, jamás, eso no pasará. ¿Y saben por qué? Porque el fujimorismo disfruta por dentro esas agresiones. Se revuelcan en el lodo de la herencia de violencia que ha dejado el padre. Encuentran un bálsamo rejuvenecedor cuando sus fascistas agreden al adversario que no piensa como ellos. Aplauden por dentro, porque por fuera no pueden hacerlo. Tienen que seguir fingiendo que creen en el respeto a las diferentes posiciones, para ver si así logran limpiar su rostro autoritario.

El fujimorismo maneja un doble juego: por un lado difunden en sus medios aliados el mensaje de «tolerancia», «respeto» y «disposición al diálogo»; por otro, sin embargo, son los ideólogos de grupos como La Resistencia, radicales que hostigan y agreden a periodistas y políticos de izquierda. Sus integrantes son descritos como fanáticos fascistas que buscan protagonismo en el escenario político bajo la ridícula estrategia de gritos, insultos y amedrentamientos, como si el Perú no estuviese harto de esa forma de hacer política. ¿En realidad creen que lograrán algo rentable?

Este grupo de choque es la más grande imagen escondida que el fujimorismo no puede mostrar en público, pero que reunidos en su cuarto de guerra, es decir, ese grupo que genera las acciones y maneja la estructura del partido, sí pueden manifestarse. En su momento de mayor resentimiento, el desaforado por su propia bancada, Kenji Fujimori, reveló una de las conocidas estrategias del fujimorismo: «A todo aquel que no piense como ellos, lo terruquean».

Esa es la esencia del fujimorismo sin cámaras de televisión, sin periodistas que armen un show con firmitas absurdas de «compromisos» con la democracia. La base del fujimorismo nunca fue la democracia ni la tolerancia de posiciones. La herencia de violencia que dejó Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos sigue viva en la superficie del partido fujimorista. Es un arma de amedrentamiento para ellos, pero que por estrategia la reprimen para lavarse el rostro. Para el fujimorismo, la democracia está sobrevalorada.

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Alberto Fujimori, Avelino Guillén, Fujimorismo, Vladimiro Montesinos

UNO

“Montesinos puede parecer un monstruo, pero es nuestro monstruo” – Luis Jochamowitz

Una escena los delata. Enfundado en un traje Dior, pañuelo en el bolsillo del saco, cuidadosamente peinado y maletín, en mano, entra al juzgado. Ahí se encuentran ambos: cara a cara. Fujimori con campera de color oscuro y corbata, lo mira expectante. Vladimiro inclina la cabeza, en señal de reverencia, y le regala una sonrisa, cómplice, levantando las cejas; el otro guiña un ojo.

Moviendo impertérrito un dedo, gesticula mientras mira desafiante a un fiscal, anonadado, ante la retórica del sociópata. Dominaba la escena, como siempre lo hacía en el SIN, ante todos.

¿Usted tiene un parentesco con el Gral. Torres Aciego?

“En absoluto…. somos colombroños para su conocimiento” musitó Vladi

“¿Y eso qué significa?” pregunta intrigado el fiscal.

“Personas que tenemos el mismo apellido, pero no tenemos parentesco. Eso se llama Co-lom-bro-ño” silabea burlonamente; mientras en el rostro de su socio-amigo se dibuja una sonrisa sardónica.

Estaba dejando en ridículo al fiscal de turno.

En el Mega Juicio tenía los mismos gestos que AF. Una concordancia perfecta. Cuando 2 personas hacen clic, se sincronizan los cuerpos. Es así. Delata la cercanía perfecta que tuvieron.

Da respuestas buscando la aprobación del ex-presidente. Se muestra extasiado ante las cámaras. Es el circo mediático. Más tarde, por consejo de su abogada da por terminada su alocución.

DOS

Dícese que era esmirriado de adolescente. Una pintura típica del microcosmo adolescente: los patas del barrio, sentados en la clásica esquina ocupados, haciendo nada. De repente, uno de ellos, sin razón alguna, agarra de punto al que tiene pinta de boludo o de sabihondo.

  • ¿Oye cojudazo porque me miras?
  • No miro huevadas, por si acaso, respondió el aludido.
  • ¿Qué dijiste huevón?
  • Escuchaste bien, cojudo.

Se miraron, entre ellos, asombrados, se levantaron y le dieron un correctivo al contestón. Vladi entonces erosionó. Investigó y reveló a los padres de los abusivos, sus travesuras y pecadillos. Logró así su venganza y respiró aliviado. Había encontrado una forma de sobrevivir.

Había crecido en un hogar carenciado. Su padre era un tiro al aire. Había pertenecido a una familia de alcurnia; quienes le dieron la espalda al contraer nupcias con una proletaria.

Todo eso lo afectó, profundamente.

Tuvo una relación de amor-odio con don Pancho Montesinos. Quien acorralado por problemas financieros, se suicida.

Jochamowitz lo relata en su libro.

“A un amigo en común, lo llevó a un edificio, abrió la puerta de uno de los departamentos, y le mostró el cuerpo de su padre, que se acababa de suicidar, espetándole una pregunta.

¿Tú crees que la muerte de este hijo de puta, va a afectar mi carrera?”

TRES

“Nunca seas pobre”

Francisco Montesinos

Visualizó que el Ejército era una institución netamente vertical. Llena de formas y símbolos. Donde uno se podía acoplar y lograr ascender rápidamente, si usaba la incriminación y  lisonja (in extremis) ante las personas correctas.

Hubo un quiebre.

En 1976 entregó una lista de armamento a funcionarios de inteligencia de los EE.UU. Tras un viaje clandestino a ese pais, fue detenido y procesado en el fuero militar. El Gobierno Militar había comprado armamento a URSS, ante la posibilidad de un conflicto militar con Chile. No fue acusado de traición (para no incriminar a su jefe), fue dado de baja, por deserción y puesto en prisión.

Hombre pragmático, al salir de prisión se graduó de abogado. Tenía labia, pero lo más importante: sabia crear redes de servicios integrales (incluía policías y jueces corruptos).

Entonces se dedicó a defender a narcotraficantes. Por ende, se hizo de billete.

En los lejanos ochentas, la Hacienda Nápoles lo tuvo como visitante. Pablo Escobar, Todopoderoso, lo miró fijamente y supo de inmediato que era uno de los suyos.

En aquellos años aciagos, se hizo asesor de un inepto, pero con ganas de sacar rédito al cargo: el Fiscal General.

Llevó información personal de los desaparecidos por Sendero Luminoso.

En ese ínterin, le solicitaron que asesore a un ignoto candidato: Alberto Fujimori.

……..

Luego de los audios que presentó Popi Olivera la semana pasada, alguien duda que el 2026 (cuando salga libre), ¿le queden cartas por jugar?

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Alberto Fujimori, Vladimiro Montesinos

Estimado Mario, desde que Alberto Fujimori (tu adversario en las elecciones de 1990) dio el autogolpe de 1992 y tomó por asalto todos los poderes del Estado (con la anuencia del 90% de los Peruanos) e instauró un narco estado corrupto junto a Vladimiro Montesinos, tú defendiste la democracia peruana desde tu obligado auto exilio en España y desde entonces recibiste los ataques de una parte importante de la población peruana que veía envidia o rencor, en donde había en realidad un genuino interés por preservar los valores democráticos de nuestro país. Por lo menos, así lo vi yo, siempre.

Por esa misma razón, te opusiste férreamente a las dos primeras postulaciones de Keiko Fujimori a la presidencia de la República en el 2011 y el 2016, denunciando su candidatura como expresión de los peores valores de la política nacional.

Sin embargo, en la segunda vuelta electoral peruana de este año, frente a la candidatura de Pedro Castillo que representaba a primera vista una amenaza a la democracia que siempre defendiste, no tuviste más opción que apoyar abiertamente la postulación de la señora Fujimori, apretando los dientes y dejando de lado 29 años de abierta y franca oposición al fujimorismo.

Pero las elecciones se realizaron y la ONPE dio como ganador al candidato de Perú Libre por más de 44,000 votos.

Tú sabes muy bien que los observadores de la OEA, el Departamento de Estado de los Estados Unidos de Norteamérica, Canadá, Inglaterra, la mayoría de medios internacionales como CNN, así como la Defensoría del Pueblo, Transparencia Perú e IPSOS han calificado el proceso electoral peruano de justo y democrático, no habiendo encontrado ninguna señal de fraude.

A pesar de ello, te has apresurado en apoyar las peligrosas insinuaciones de “fraude en mesa” de la candidata perdedora, sin tener ningún elemento de convicción, ya que como debes saber, todas las impugnaciones presentadas por la señora Fujimori han sido rechazadas o descartadas por los Jurados Electorales Especiales, por carecer de sustento.

Ahora que el Jurado Nacional de Elecciones empieza a ver las reclamaciones del fujimorismo, ha comenzado una campaña de demolición con el claro e inocultable propósito de impedir la proclamación del ganador de estas elecciones. En ese sentido, importantes medios de comunicación del mundo han reconocido en Fuerza Popular la misma estrategia de negación de las elecciones de Donald Trump en los EEUU.

A estas alturas y con todos los contactos con que cuentas en el mundo, que te pueden confirmar directamente lo que estoy apenas reseñando, me pregunto si vas a seguir manteniendo tu apoyo a una causa perdida, que no solo no defiende la democracia por la que tanto has luchado, sino que la amenaza y la pone en grave peligro, al pretender desconocer los resultados electorales que el mundo civilizado reconoce. Más allá de que nos guste o no el resultado electoral y de que tengamos justificado recelo sobre un posible gobierno de Perú Libre.

¿Quieres ser recordado como el hombre que nunca claudicó en su lucha por los valores democráticos de su patria, o como el escritor que prefirió plegarse al final de sus días a un grupo que representa lo más rancio del racismo, clasismo y fascismo en el Perú?

Estás a tiempo.

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Alberto Fujimori, Keiko Fujimori, Mario Vargas Llosa, Pedro Castillo

Un domingo como hoy, hace 31 años, a las 4 de la tarde, las empresas encuestadoras anunciaron por televisión lo que ya se avizoraba semanas atrás: el outsider de origen japonés, Alberto Fujimori, un ilustre desconocido, derrotó cómodamente al célebre escritor Mario Vargas Llosa, representante de la derecha neoliberal, quien contaba con el respaldo del poder económico y había sido ungido como “salvador del Perú” en circunstancias en las que el país atravesaba por la peor crisis económica y política de su historia republicana.

Muchos hemos reparado en las similitudes entre aquella segunda vuelta y la que transcurre el día de hoy. También esta vez, hemos visto enfrentarse a una candidata que cuenta con el respaldo de los poderes fácticos a otro salido de la nada; también está vez, la estrategia de dichos poderes ha sido la demolición política del adversario y el país se ha dividido, en el imaginario y en la realidad, de la misma manera como lo separaron, hace siglos, los virreyes peninsulares: una república para los españoles y otra para los indios.

Existen, además, algunas paradojas notables entre ambos procesos. La principal es cómo el apellido Fujimori ha modifica su rol, desde el sorprendente outsider, protagonizado por papá Alberto en 1990, una suerte de candidato de los desvalidos, hasta la implacable candidata de los poderosos que hoy personifica su hija Keiko. También es paradójico ver a Mario Vargas Llosa sumido en el limbo de la ambigüedad y apoyar al fujimorismo que siempre deploró por corrupto y autoritario, so pretexto de combatir el comunismo. El novelista, 31 años después, parece situarse en la misma posición ideológica ¿lo está realmente?

Luego llaman la atención ciertas diferencias entre una circunstancia y la otra. En 1990 no hubo cuco comunista y el racismo antijaponés, chino y anti todo lo que no sea blanco fue mucho más explícito -31 años después algo se le disimula, después de todo- como si los defensores de Vargas Llosa desconociesen las reglas matemáticas más sencillas. Esta vez se instauró el terruqueo general, no solo en contra del provincianísimo candidato de un partido de izquierda radical, sino en contra de todo aquel al que se le ocurriese anunciar en sus redes que eventualmente votará blanco o nulo el día de hoy.

Una diferencia fundamental, entre ambos procesos, es que hace 31 años no era tan malo ser de izquierda; al contrario, fue por eso que la victoria de Alberto Fujimori estuvo cantada desde el 8 de abril de 1990, tras conocerse los resultados de la primera vuelta. El APRA y las dos izquierdas de entonces, juntos, habían obtenido 30% de los votos, los que se endosaron completos al outsider japonés para evitar que triunfe el proyecto neoliberal de Vargas Llosa. Fue la última trinchera victoriosa de la izquierda -cuando el PAP todavía se situaba dentro de su espectro y el muro de Berlín mantenía de pie buena parte de su trazo- pero fue inútil, días después de asumir la presidencia, Fujimori adoptó el modelo del vaquero Reagan, George Bush padre y la Dama de Hierro Thatcher.

Al anochecer del 10 de junio de 1990, hace 31 años, con el gesto afligido, Vargas Llosa se dirigió a las masas frenéticas en Miraflores. Como nunca las clases acomodadas se habían movilizado políticamente y habían convertido a “Mario” en un líder casi mesiánico, lloraban, gritaban y clamaban por un golpe de estado. Pero “Mario”, al fin y al cabo, era un demócrata cabal y adhería a las libertades políticas tanto como a las económicas. Entonces hizo un llamado a la calma, al civismo, al respeto de la voluntad popular expresada en las urnas e instó a las miles de personas congregadas en el frontis del local del Fredemo a volver a casa, en orden y tranquilidad, así lo hicieron.

En pocas horas tendremos resultados y un ganador o ganadora; por eso es fundamental que los actores políticos de hoy actúen, al momento de saberse los resultados, como lo hicieron sus pares de 1990. La voluntad popular se está expresando en estos momentos. No solo debemos respetarla, también debemos otorgarle al candidato o candidata triunfador/a la oportunidad de superar todos los miedos que nos han infundido en una campaña para el olvido y ejercer el periodo de gracia que todo gobierno requiere para organizarse y merece en virtud de nuestro contrato social. Solo después debe activarse la vigilancia ciudadana para continuar defendiendo y construyendo una democracia como la nuestra, que nos cuesta la calle, en largas jornadas de lucha y resistencia civil.

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Alberto Fujimori, Elecciones 2021, Mario Vargas Llosa
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