Juan Carlos Tafur

El Atila de Chota

“Nos esperan meses en los que el único optimismo recalará en que desde el Congreso encuentren una fórmula viable para sacar a Castillo de Palacio”

La última encuesta de Ipsos, que muestra el desplome de la percepción de que estamos avanzando (apenas 3% del país lo considera así) versus el 67% que estima que vamos para atrás, es el peor indicador subjetivo-económico desde los 90 (cuando aún Fujimori no había derrotado a la hiperinflación ni al terrorismo).

Es un cabal indicador de la inmensa desconfianza que este gobierno ha despertado en la ciudadanía y que más allá de los hechos objetivos (al final del día, Castillo no ha seguido un modelo chavista, no ha expropiado nada, no ha impulsado una Constituyente, no ha intervenido en los mercados, etc.), se debe a la pauperización del Estado que nombramientos indebidos ha generado.

El Estado peruano es, por cierto, el gran obstáculo que el país tiene para el desarrollo de un capitalismo competitivo. O estorba, o corrompe, o interviene mercantilistamente. No es un Estado promercado ni mucho menos y era a esa tarea a la que debería haber dedicado sus esfuerzos la clase política que nos gobernó después del 2000 y que no hizo en absoluto, generando las condiciones propicias para que un disruptivo improvisado e incapaz como Pedro Castillo llegue al poder, dejando de lado una opción menos mala, como era la de Keiko Fujimori.

Pero mal que bien, algunas mejoras se apreciaban, se tecnificaban algunos estamentos burocráticos o se generaba experiencia en algunos sectores que facilitaban la relación con el sector privado.

Eso es lo que ha volado en mil pedazos con la gestión de Castillo. No hay una sola entidad o política pública que haya mejorado en este casi primer año de gestión del presidente que llegó de la mano con Perú Libre. Todo ha empeorado y en algunos casos de manera dramática (particularmente donde Cerrón ha metido la mano, el tema ha sido más desgraciado).

Ello explica el resultado de la encuesta que referimos. En ella sobresale el dato de que la percepción negativa respecto de la propia situación económica es peor, inclusive, comparada con la de los tiempos de la pandemia en su fase más intensa, cuando estábamos encerrados, la actividad económica paralizada y el panorama era terriblemente sombrío.

El Atila de Chota ha destruido las esperanzas de los peruanos. Su cuasi delictiva manera de gobernar ha desbaratado la confianza en el futuro, el principal activo psicológico que las economías requieren para prosperar. Mientras siga en Palacio el actual gobernante, lamentablemente ello no va a cambiar. Nos esperan meses en los que el único optimismo recalará en que desde el Congreso encuentren una fórmula viable para sacar al sujeto de marras de Palacio.

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Alberto Fujimori, Chota, Pedro Castillo, Presidente Castillo

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