Juan Carlos Tafur

¿Fujimorismo-antifujimorismo divide el país?

“No es verdad que el país se fracture en el eje fujimorismo-antifujimorismo y carece de sentido, en esa medida, creer que el indulto a Alberto Fujimori acabará con esa fractura”

A propósito del irregular indulto a Fujimori aprobado por el Tribunal Constitucional, diversos analistas han señalado que es hora de que acabe la dicotomía fujimorismo versus antifujimorismo, que habría dominado la escena política peruana los últimos 22 años hasta la fecha.

No me parece un argumento sólido. Es cierto que existe aún el fujimorismo, pero sumamente acotado. Keiko apenas sacó poco más del 13% del electorado apelando al albertismo más desembozado. La fragmentación electoral acontecida hizo que ello le bastara para disputar la segunda vuelta, pero ya el fujimorismo no representa un aluvión popular ni es, por ende, un actor político determinante de la sociedad peruana (como puede serlo el peronismo en Argentina).

¿El antifujimorismo existe? Claro que sí, pero tampoco es tan poderoso como se cree. Las encuestas revelaban que la mayor parte del votante castillista era antiestablishment, no antifujimorista. El antifujimorismo debe representar, también, no más del 15% del electorado peruano.

Y así como hay antifujimorismo, hay anticomunismo (me parece más potente que el antifujimorismo), el creciente anticaviarismo, los antiDBA (que también están creciendo en número y activismo), etc. No es verdad que el país se fracture en el eje fujimorismo-antifujimorismo y carece de sentido, en esa medida, creer que el indulto a Alberto Fujimori acabará con esa fractura y remediará el supuesto gran problema político del país.

Lo que ha mostrado una vitalidad enorme, activa y protagónica, es el sentimiento antiestablishment, que ha tenido en Castillo a su símbolo en la elección del año pasado y volverá a aparecer en las próximas elecciones si no se remedia la ausencia de un Estado ecualizador del mercado, eficiente y justo, que brinde buenos servicios, en salud y educación públicas, seguridad, justicia y construcción de infraestructura básica (agua, desague, luz, etc.).

Ese es el principal problema político del país, no la variable fujimorismo-antifujimorismo. Y la vigencia de baja intensidad de esta dicotomía se mantendrá en el tiempo, mientras el fujimorismo o Fuerza Popular exista y pretenda tomar el poder vía elecciones, pero no será determinante. Del mismo modo, se mantendrá con vida el anticaviarismo cada vez que Verónika Mendoza o algún símil quiera hacer lo propio, el anticomunismo cada vez que un radical asome el rostro, o el antiDBA si alguien como López Aliaga pretende llegar a las ligas presidenciales.

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Alberto Fujimori, Fujimorismo

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