BCR

El crédito de las sociedades creadoras de depósitos al sector privado fue de S/309,323 millones, un 5% más respecto de 2020, informó el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP). De ese monto total se desprenden diversos productos financieros, como el de la banca múltiple que otorgó créditos a grandes, medianas, pequeñas y microempresas  por S/238,351 millones a diciembre de 2021, un 7.3% más respecto de 2020, informó la Sociedad de Comercio Exterior del Perú (Comex Perú).

Por otro lado, los créditos hipotecarios para vivienda registraron un valor total de S/56,086 millones hasta diciembre del año anterior, un 8.9% más con relación al mismo periodo de 2020. Además, los créditos de consumo registraron un valor total de S/55,564 millones a agosto de 2021, cifra importante, pues este tipo de créditos acumuló una caída durante los ocho primeros meses del año.

Respecto de las tarjetas de crédito de la banca múltiple, Comex Perú reveló que hasta diciembre último se registraron 6 millones de unidades. Al igual que los créditos de consumo, el número de tarjetas de crédito en la banca múltiple venía acumulando una reducción respecto del año anterior. Sobre la morosidad bancaria, esta fue del 3.8% en diciembre del último año.

También explicó que respecto a las tasas de interés promedio de las empresas bancarias, la tasa activa en moneda nacional, en diciembre de 2021, fue del 10.99%, valor menor a lo registrado en 2020 (12.10%). Además, entre enero y diciembre de 2021, muestra una ligera tendencia decreciente y es, en promedio, inferior a lo registrado en 2020.

Financiamiento informal

Comex Perú explica que el acceso al crédito es una herramienta que permite un mayor dinamismo de la economía, pues impulsa la inversión y el crecimiento. Cuando las personas no tienen acceso al sistema financiero formal tienen dos alternativas: olvidar sus planes de empezar o expandir su negocio; o ingresar al mercado informal, donde los prestamistas informales cobran altas tasas de interés, con métodos de cobranza peligrosos.

Esto sería el resultado de una poca o nula educación financiera, ya que los usuarios no comprenden los riesgos que implica el mercado de préstamos informales. “Por ello, fomentar la educación financiera es fundamental, a su vez que se debe garantizar el acceso al crédito, lo que permitirá mayor inversión y desarrollo económico”, indica Comex Perú.

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BCR, Bcrp, COMEX, Créditos

Durante el 2021, según el Banco Central de Reserva (BCR), se produjo una fuga de capitales equivalente a 7.4% del Producto Bruto Interno (PBI). Este monto de alrededor de 15 mil millones de dólares salió del país, principalmente, en el primer semestre del año.

Si bien en el último lunes del año el dólar bajó hasta cerrar en S/ 3.974, su menor nivel en tres meses, durante el año acumuló un alza de 9.81% frente al sol. En las casas de cambio digitales esta situación generó una demanda inusual y para Javier Pineda, gerente general de Billex, representa un pico en la demanda, que difícilmente se repetirá en el 2022. De ahora en adelante, estima que la compra de dólares estará motivada por una función de reserva.

“La gran mayoría de personas que tenían la idea de llevar sus dólares fuera del país ya lo han hecho. Va continuar una demanda de dólares sí, definitivamente que sí, porque va a haber otras personas que van a comprar dólares para tenerlos como reserva. El dólar es considerado como una moneda dura entonces es mucho más estable que el sol y, por lo tanto, siempre va haber una demanda, pero la demanda fuerte, el pico fuerte ya se dio este 2021”, refirió.

Proyecciones y experiencias

Pineda consideró que, durante este año, todos los agentes económicos, tanto las personas naturales como los inversionistas se vieron en la necesidad de proteger sus fondos de la incertidumbre política, y la mejor forma de hacerlo fue subiéndose al dólar.

“Mientras exista esta incertidumbre política que no vemos que se vaya a solucionar en corto plazo, el tipo de cambio se va a mantener por encima de S/4 aún. Esperemos que la situación para el país mejore y el Gobierno tome medidas correctivas que generen mayor confianza en el mercado en general”, comentó.

Precisó que, al cierre del mes de noviembre, en la plataforma de Billex, que atiende a personas naturales y empresas, se incrementaron un 300% las operaciones de compra y venta de dólares vía trasferencias interbancarias, respecto al 2020.

“Hemos tenido casos de clientes que han comprado montos importantes. Por ejemplo, en un caso superaron los 350 mil dólares de forma individual para justamente una operación de remesas al exterior a raíz del tema político. Entonces lo que ha pasado con las casas de cambio digitales es que han tenido una demanda inusual y se han generado muchas compras de dólares, mucha demanda de dólares por parte de personas naturales”, aseguró.

Por lo tanto, estimó que, durante los próximos meses, el dólar podría mantenerse por encima de los S/ 4 y que pueda subir quizás un poco más, alineado a la actualidad política.

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BCR, Casa de cambio digitales, Dólar, Tipo de cambio

Todos los días de lunes a viernes «Si el Río suena» con Patricia del Río, entrevistas exclusivas. Este es nuestro episodio número 52.

Desde la bancada de Somos Perú el congresista Wilmar Elera aseguró que los candidatos propuestos por el Congreso para el directorio del BCR cuentan con buenas credenciales y experiencia para asumir el cargo. También recalcó que, en el caso de Diego Macera, haber capacitado a miembros de un partido no necesariamente lo vinculan con sus ideales políticos.

También conversamos con la politóloga Katherine Zegarra, quien señaló que los cambios en el gabinete de ministros demuestran que el Presidente Castillo se está quedando cada vez más solo.

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BCR, Congreso de la República, Diego Macera, Katherine Zegarra, Presidente Castillo, Wilmar Elera

Durante la primera fecha del CADE Ejecutivos 2021, el presidente del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), Julio Velarde, comentó que la inversión privada podría tener un mejor desempeño del que habían estimado en el mes de setiembre de 0% en el 2022.

“Cuando revisemos la inversión para el próximo año puede que, en vez de cero, que era nuestra proyección, con la minería creciendo 8% y la inversión no minera cayendo, sea ligeramente positiva, pues las expectativas han mejorado ligeramente”, explicó.

Esto se suma a un incremento en las proyecciones de crecimiento de la economía. En el mes de setiembre, el BCRP había estimado que el PBI crecería 11.9%, y hace algunos días elevó esta proyección a 13.2% a fines de este año.

En ese sentido, Velarde consideró que el crecimiento económico de este año también podría incidir en el primer y segundo trimestre del 2022, pero que, a la larga, la inversión va a retroceder si es que no se dan señales a los inversionistas de que se mantendrá la estabilidad económica y jurídica.

Además, aseguró que la inflación es un proceso transitorio que se está dando en todo el mundo y que continuará en altos niveles hasta el primer y el segundo trimestre de 2022.

Preocupación por la institucionalidad

Como parte de la sesión “Instituciones económicas, cimiento indispensable para el desarrollo”, Velarde también comentó que la mejor forma en que el Congreso puede apoyar el trabajo del BCRP es eligiendo a personas capacitadas para completar el directorio de esta institución.

Respecto a cuestionados nombramientos en instituciones, mencionó que sí debería de existir un servicio civil que incluya a los gobiernos locales y subnacionales. “Sin mencionar una institución en particular, sí creo que no debe responder a caprichos de quienes están en el poder la designación de funcionarios, en segundo lugar, deben ser básicamente meritocráticos. No necesariamente (instituciones) autónomas, pero que tengan claro que los funcionarios no pueden ser removidos simplemente por el capricho de alguien”, aseguró.

Por su parte, Rosario Bazán, presidenta de CADE Ejecutivos 2021, resaltó durante la inauguración del evento la importancia de que la economía social de mercado funcione correctamente, que se mejoren los servicios públicos y se refuerce la institucionalidad.

“Es imperante que el Estado garantice la institucionalidad, la gobernabilidad y la estabilidad política, macroeconómica, social y jurídica y establezca agendas claras y condiciones habilitantes para garantizar la inversión privada responsable, que genere empleo formal y digno”, aseguró.

La edición Bicentenario de este foro empresarial, que se realiza bajo el lema “Diversas voces, un solo Perú”, se llevará a cabo de forma virtual hasta el jueves 18 de noviembre, cuando se tiene prevista la participación del Presidente de la República, Pedro Castillo.

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2022, BCR, CADE Ejecutivos, Julio Velarde

No sorprende que el BCR admita y hasta colabore, por medio de las declaraciones de su presidente,  con el chantaje cambiario del que somos víctimas. Como todos los bancos centrales del liberalismo económico contemporáneo, el actual BCR fue creado para garantizar el contexto macro-económico que más conviene a los grandes conglomerados empresariales.

 

Obviamente, el BCR no hace su trabajo por medio de la fuerza o la ilegalidad, pues para eso hay otros. Lo lleva a cabo aprovechando (y reforzando) un sentido común mayoritario que lo ve como una institución técnica que toma decisiones utilizando fórmulas indiscutibles y superiores, y como un actor neutral sin voluntad política ni intereses. Ambas cosas son falsas, y más en una ciencia social que estudia complejidades. Si la realidad fuera una máquina o un objeto, entonces sí bastarían los técnicos que la entiendan, modelen y controlen para que se haga lo correcto. Está a la vista que no es así, y en consecuencia la política es una disputa de sentidos comunes fundamentalmente económicos, donde toda propuesta defiende una subjetividad, protege a los propios y combate opositores. Sin embargo, el absurdo pasa por cierto gracias a un esfuerzo ideológico, mediático y académico de dimensiones globales, impulsado por el gran capital. Es claro que no se trata de un programa explícito u oficial, sino más bien de una cultura corporativa intergeneracional – previa incluso al capitalismo decimonónico – que privilegia la acumulación oligopólica sin límites, y soslaya el abuso, el crimen y la corrupción. Algunos de ellos – los más poderosos – son conscientes de la estrategia desleal, y el resto mayoritario se cree el cuento liberal. Todos, sin distinción, repiten las fábulas del modelo.

 

Como no existe la neutralidad técnica, el BCR es por fuerza un proyecto con carga política, más si recordamos sus orígenes. Nuestra banco central es un proyecto del liberalismo mundialmente triunfante y predatorio de los noventa, y del gobierno  ladrón y criminal de Alberto Fujimori. La ley orgánica que crea el BCR fue aprobada el 29 de diciembre de 1992, en pleno auto-golpe. La norma no pasó por el congreso, y empezó a funcionar el 1 de enero de 1993. Luego fue adoptada por la pobre y liberaloide constitución vigente. No fue lo único que aseguraron en la ilegalidad política: inventaron las AFP e Indecopi, y “reorganizaron” las instituciones judiciales, el tribunal constitucional y la contraloría. Puede parecer forzado hasta aquí – porque no he dicho casi nada todavía -, pero es un clásico de la derecha mundial aprovechar las depresiones graves para arremeter con sus recetas económicas, préstamos chantajistas y mecánicas de influencia. La mega-crisis del gobierno aprista ayudó mucho a que no hubiera resistencia frente a todo lo que sonara a liberal y moderno desde 1990, y el empresariado nacional – con el gran capital extranjero a la sombra – aprovechó la ausencia de controles para asegurar una institucionalidad funcional a sus intereses, que empezara a enraizar el nuevo liberalismo económico peruano. Nada destacable, en términos de desarrollo y progreso sostenible, nos ha traído este embuste que lleva treinta años.

 

Dentro del modelo, el BCR cumple dos grandes funciones: formalmente, diseña y ejecuta la política monetaria conveniente al gran capital, aplicando la teoría económica convencional. E informalmente, utiliza su inmerecido prestigio de independencia política y neutralidad técnica para promover los mitos del liberalismo económico, con ánimo de gurú y explicaciones poco comprensibles incluso para las élites más informadas. No entender las políticas monetarias, gracias a la incapacidad didáctica de la academia económica, es la razón por la que casi nadie nota que la función de los bancos centrales de la ortodoxia noventera incluye una acción política e ideológica permanente, en favor del modelo y sus mayores beneficiarios. Comprendiendo lo monetario, la denuncia que parece conspiranoide se vuelve lógica y explícita.

 

La política monetaria de un país tiene como objetivo definir la cantidad de dinero (efectivos, activos financieros, billetes bancarios) que hay en su economía. Este volumen de numerario debe corresponder a la capacidad productiva real (bienes y servicios) de los agentes económicos. Si hay una cantidad de dinero cuya suma es superior a todo lo que se puede producir, los consumidores querrán comprar más de lo que es capaz de ofrecerles el empresariado. Y cuando los productos son muy pedidos, y hay pocos de ellos en venta, suben de precio. Se trata de una situación escasez debido a un exceso de demanda. Una inflación y del tipo más temido, porque si permanece el exceso de dinero que la origina, crece cada vez más rápido la tendencia alcista y se termina en descalabros inflacionarios. Pero ésta es sólo la mitad de la dinámica monetaria. Cuando en una economía el dinero es insuficiente para pagar todas las posibles transacciones (compras, salarios, inversiones, otros), hay capacidad productiva ociosa en ese mercado, por tanto se está produciendo menos de lo que se puede, lo que implica más desempleo, o menos empleo del posible. Los periodos en los que hay capacidad instalada ociosa son llamados corto plazo, y aquellos en los que se ha agotado dicha capacidad, se les denomina de largo plazo. En este último, sólo se crece más con aumentos de productividad, que es resultado de la competencia relativamente libre y meritocrática entre los agentes económicos, y de su educación profesional. Intentar crecer con intervención estatal (monetaria o fiscal) en el largo plazo, incluso controlando la inflación, desincentiva y dificulta que los agentes económicos se expandan todo lo posible.

 

Ni el corto plazo ni el largo plazo son tiempos cronológicos, sino situaciones mutuamente excluyentes dentro de un sistema. Determinar cuándo se acaba el corto plazo no es sencillo, porque es imposible saber con precisión cuál es la mayor capacidad productiva posible de una economía. Lo que se hace – en los bancos centrales – es un mega-cálculo aproximado, una proyección en base a indicadores actuales, al que la teoría llama PBI potencial. Cuando la producción (el PBI) no llega al PBI potencial, el banco central puede aumentar la masa monetaria sin peligro de inflación, porque hay capacidad productiva ociosa pasible de ser dinamizada. Cuando la producción se acerca al PBI potencial, y da la impresión de que lo va a pasar, la cantidad de dinero debe disminuirse, porque se está acabando el corto plazo y hay peligro de inflación. ¿Como quita o aumenta dinero un banco central? La herramienta principal es la tasa de interés bancaria. Si sube la tasa de interés, la gente mete el dinero a los bancos para aprovechar los retornos ofrecidos, y por tanto hay menos billetes y monedas en la calle. Si baja la tasa de interés, el efecto es contrario, porque conviene más invertir en bienes y servicios, lo que dinamiza la economía y el empleo. Hay otras herramientas, pero están en la misma lógica de decidir si queremos meter o retirar dinero del mercado.

 

El esquema descrito junta dos grandes escuelas económicas. El largo plazo liberal, con su postura de no intervención en lo monetario, que viene desde Hume. Y el corto plazo de Keynes, quien cavilando sobre cómo superar la gran depresión de 1929, postula – en 1936 – que en el corto plazo puede haber intervención (monetaria y también fiscal) sin peligro de inflación. Keynes fue un genio heterodoxo, de amplia y flexible sistémica, al que la ortodoxia de los noventa (con Estados Unidos a la cabeza) desterró de las políticas económicas, incluidas las monetarias. Filtraron la idea de que el exceso de gasto e intervención, en los estados de bienestar desarrollados, había ocasionado la crisis mundial de los setenta, la famosa crisis del petróleo. Nada de eso había, el cambio tecnológico y las caídas cíclicas del capitalismo auto-destructivo (la respuesta estaba en Marx) fue la razón de fondo. Los argumentos de la academia neoclásica también fueron débiles. Uno, muy intrigante, fue decir que es más beneficioso, en términos de crecimiento acumulado, trabajar para el largo plazo que reactivar el corto plazo. No concluyeron que nunca más habría expansión monetaria en el corto plazo – porque eso no tiene defensa frente a lectores universitarios exigentes – simplemente investigaron y confirmaron tesis que parecen decir lo que ellos quieren, y las envolvieron para dárselas a políticos liberales desinformados. Otro argumento débil fue que todo nivel de inflación es un peligro apocalíptico, porque en cualquier momento al asunto se vuelve incontrolable y termina en dramáticos ajustes económicos. Tampoco es verdad. Es largo el tema y quizá sea presentado en otra columna, pero la inflación se controla con la sola decisión política. No se asegura dejando en la miseria a la gente (mano de obra barata para los grandes empresarios), sino con credibilidad de gobierno para modificar expectativas económicas. Los economistas pueden encontrar esta verdad en las explicaciones anexas de varios de los manuales académicos con que aprenden sus modelos en el bachillerato. Lo que buscaban y buscan los liberales monetaristas, al desterrar a Keynes y su corto plazo, es que nada interrumpa el crecimiento del bendito largo plazo, porque ahí está la riqueza de los grandes empresarios, que invierten millones para instalarse en un país por décadas. Un estado activo, en el corto plazo, provoca un tiempo en el que aumenta la calidad de vida, pero no ofrece tanta velocidad económica de largo plazo. Por ello los grandes millonarios del mundo, sus políticos, y una economía provinciana en su occidentalismo y su matematización, decidieron que no existía más el corto plazo.

 

Como si el largo plazo, el crecimiento sin fricción, fuera la panacea. ¿Qué pasa si al mismo tiempo que se crece se genera concentración y exclusión, que es la historia del capitalismo y más en el subdesarrollo? ¿Qué pasa si dada su brecha histórica el país en cuestión no tiene condiciones para llegar a un mínimo de desarrollo inclusivo y sostenible en el “largo plazo”, como ocurre con la mayoría de naciones? ¿No sería razonable tratar ese largo plazo de otra manera, digamos menos liberal y más proactiva desde el Estado? ¿No sería racional aceptar un poco menos de crecimiento para favorecer a todos? ¿Es mejor crecimiento masivamente precario que la sostenibilidad austera con calidad de vida en aumento? La ortodoxia neoliberal siempre prefiere el crecimiento, por las razones ya dichas, y sólo admite una política monetaria expansiva, en el corto plazo, cuando está frente a colapsos de tal profundidad que incluso quiebran la mínima capacidad de compra de los consumidores, lo que no les conviene y puede traer violencia caótica en las calles. Recién entonces Keynes deja de ser un innombrable. Si ese extremo no llega, y por lo tanto ellos no se ven perdiendo, puede aumentar la pobreza, elevarse el desempleo y haber más precariedad sin que se inmuten en lo más, porque “el largo plazo es lo más beneficioso”, para sus bolsillos, claro está.

 

Es ese el BCR que trajo el fujimorismo con el auto-golpe, el del consenso de Washington, el ortodoxo neoliberal que desterró a Keynes, el que juega sin pudor para los grandes capitales, el que asegura las políticas monetarias de largo plazo, con la autonomía (en realidad protección política) que las leyes del modelo le dan a su directorio. Es casi imposible vacar al presidente, o a un director del BCR, durante los cincos años de su gestión. Ni el presidente de la república ni el MEF, ni nadie, les puede pedir la renuncia. Menos los opinantes organizados, porque no los entienden, dado que no saben ni quieren explicar sus decisiones con claridad. Son los dueños absolutos de la política monetaria nacional. Hoy, por supuesto, el BCR sí hace política monetaria expansiva de corto plazo, porque el descalabro pandémico es tan letal que ha puesto en peligro al modelo mismo, lo que no les conviene. Como en casi todo el mundo, este BCR  trajo crecimiento desde los noventa, a un costo altísimo en términos sociales: el shock, las quiebras inducidas de la industria nacional, la mano de obra barata al alcance, las leyes pro-empresariales, y muchos otros, fueron los regalos perversos del gobierno a los empresarios. Las grandes inversiones extranjeras no podían tener mejor escenario a su favor. El BCR dirá que todos estos costos los decidió el MEF y otros ministerios, porque no son asuntos de política monetaria. Y es cierto, salvo que todo es parte de un mismo paquete económico conservador, y que nunca se les ha escuchado preocupación o postura frente a estos terribles males propios del modelo ortodoxo neoliberal, y que su política monetaria apuntala y refuerza. Sí levantan la voz, por supuesto, cuando un presidente soberano manifiesta querer cambiar las cosas que históricamente no funcionan.

 

El punto es que el esquema monetario que impusieron les resultó eficaz hasta los primeros años del siglo XXI. El velo capitalista es un enemigo sigiloso y retrechero, que utiliza el consumo masivo barato y sus medios de comunicación para distraernos y hacernos olvidar las miserias colectivas. El crecimiento de largo plazo, además, es una política económica fácil, porque es un “dejar hacer, dejar pasar que el mundo camina solo”. Es decir: dejemos a la jungla que muera y se mate, siempre que trabajen y consuman. En realidad, lo difícil y meritorio, en términos de política económica, está en construir desarrollo, algo que contados países del mundo conocen, y no por su liberalismo económico, sino por su capitalismo internacionalmente predatorio, construido a partir de una ventaja colonial de siglos, que supieron usufructuar los más audaces y prepotentes.

 

Sin embargo, esta fiesta macabra fue mucho más corta de lo que esperaban, porque la globalización y sus tecnologías también eran parte del proyecto que empezó en los noventa, y por tanto todas las economías del mundo se hicieron mucho más interdependientes: las distancias geográficas se estaban pulverizaron con la ingeniería informática y sus inventos de comunicación interpersonal, y el mercado mundial se consolidó. Desde el cinismo liberal del cambio de siglo, ésta era una oportunidad de emprendimiento masivo; desde la realidad económica y geopolítica, significó un aumento de las asimetrías entre personas y países. Nada nuevo bajo el sol del darwinismo liberal, salvo el pequeño detalle de que ahora cualquier crisis de una economía grande afecta al mundo entero, y de que hay varios gigantes queriendo hacer caer el orden actual, diseñado por y para Estados Unidos. De ello, influyen deliberadamente – antes y durante las emergencias – para que éstas perjudiquen más de lo debido. Como esto ocurre con cada vez mayor frecuencia, y a veces por razones no económicas – como la pandemia -, no hay largo plazo en la práctica, sino recuperaciones, despegues y caídas, lo que impide el crecimiento desmedido e irracional que buscan, y los obliga a apelar a las recetas keynesianas que rechazan compulsivamente. Ni el liberalismo económico clásico ni ninguna de las corrientes de su academia contemporánea tienen una política monetaria con capacidad de predecir estos escenarios y cortar las fuerzas de su arribo, que es lo que hacían con la inflación, por medio de la disminución de la masa monetaria. No exagero en lo más mínimo, pueden preguntarlo: no hay un sólo economista mínimamente enterado que niegue que la economía actual se ha vuelto altamente vulnerable, de manera incontrolable hasta este momento. Desde luego, las economías subdesarrolladas lo padecen mucho, pues están cada vez más subordinadas y disminuidas en el orden global, y por tanto no sólo sufren con las caídas de los gigantes, sino que son chantajeadas con la dictadura de los capitales financieros golondrinos, que ante el menor signo de que algún presidente quiere pensar distinto, se van apretando un botón, y trastornan bruscamente el tipo de cambio. Con este golpe, ponen rápidamente en vereda al atrevido. Sus razones nunca santas son irrelevantes, el problema es la posibilidad de boicot sistémico que tienen a la mano, contra nosotros los peruanos.

 

Cuál es la estrategia del BCR de Julio Velarde. En este momento, las herramientas tradicionales (operaciones en el mercado financiero para paliar la brusquedad del cambio), son infértiles frente al chantaje cambiario, porque nuestras voluminosas y subdesarrolladas reservas jamás van a poder contrarrestar todos los retiros que son capaces de hacer los capitales golondrinos. Por ello, el BCR ha concluido que lo mejor es ser el más aplicado de los vasallos: la más baja inflación del continente, el mayor PBI de las economías emergentes, la mayor reserva de las región, el menor déficit fiscal de tales o cuales años, la mayor capacidad de ahorro entre los descalabrados, y así. Esos logros dudosos y fáciles de conseguir, implican costos para la mayoría, como se ha indicado arriba. Pero no les importa, porque el objetivo mediocre y servil es ahorrar todo lo posible para resistir mejor las terribles crisis e inevitables, y sobre todo tener los mejores indicadores previos al colapso, para que los préstamos e inversiones – que siempre nos condicionan – lleguen rápido. Con eso, y muchas oraciones para que las grandes economías se recuperen, se saldría del bache. Y luego, con las próximas crisis que de todas maneras se vienen, se irá viendo.

 

Pero como se dijo al inicio de este texto inevitablemente largo. Hay otra función que el BCR cumple diligentemente, y que se ha visto con claridad en estos días en los que por elegir de presidente a Pedro Castillo, discutir sobre una nueva constitución y plantear la renegociación del Gas de Camisea, hemos sido víctimas de una fuga chantajista de capitales que ha elevado el tipo de cambio. Una salida de inversiones financieras tan subordinante, que apenas se hace lo que esperan los empresarios los capitales retornan al país y logran que el dólar valga menos. En ese trayecto, Julio Velarde no sólo ha persistido en sus convicciones ortodoxas de política monetaria, las que pasea en todas sus entrevistas y presentaciones, sino que ha operado políticamente, cumpliendo su función velada. No en vano es un tecnócrata experimentado y prestigioso, y un hábil político de instituciones doradas e inimputables. Primero, aprovechó la vulnerabilidad del momento – y el apoyo de los empresarios y sus medios que sembraban terror – para venderse como indispensable por sus conocimientos, cuando en todo caso lo es por sus contactos y perfil: el banquero más acomedido de la región, frente a los ojos de los verdaderos jefes que reparten la torta del salvataje. En segundo lugar, ha criticado al presidente Castillo antes y después de que éste confirme su nombramiento. Lo culpó de la subida del dólar, pidió explícitamente que el gobierno deje más claro que no perseguía el cambio de constitución, y acaba de decir que la reciente decisión presidencial de retomar la renegociación de Camisea afectará las expectativas empresariales (o sea, vuelve el chantaje). Por supuesto, exigió un directorio del BCR con convicciones ortodoxas, aunque se trate de economistas algo más propensos al keynesianismo monetario. Es decir, cedió políticamente en lo que consideró poco relevante (la tasa de interés ya está en el piso), y aseguró que lo esencial su estrategia sea respetada: ser los más cumplidos y disciplinados de la región. ¿Qué protege Velarde, y qué defiende con tanta vehemencia? ¿Su estrategia servil que no soluciona nada y nos sigue haciendo vulnerables? ¿Está aplicando modelos y cumpliendo sus funciones con neutralidad política?¿Hay algo de técnico en su acción pública reciente? Claro que no, en lo más mínimo. Está presionando al gobierno para que éste no se salga de las recetas fracasadas del modelo, y no sólo en lo monetario. Quiere impedir que el presidente busque una renegociación con una mega-empresa que nos debería rendir mucho más en cuanto a desarrollo. Velarde es aliado y representante político del capitalismo nacional e internacional, no cabe duda. Y en este entorno de poder se cuecen habas, inevitablemente como nos lo muestra la historia.

 

Para terminar, no se vaya a creer que no hay salida frente al colonialismo financiero que impone el modelo muy eficazmente. Claro que la hay, cómo no. Es cosa de cortar con decisión lo que produce el problema, que en este caso específico es la tiranía del dólar, consecuencia de depender de las importaciones, debido a que Fujimori quebró la industria nacional que había empezado a crecer desde mediados del siglo XX. Debemos consumir producto local – sobre todo alimentos – para no estar sujetos al dólar. Hay que apostar por la manufactura local, lo que demanda reintroducir el cooperativismo, el fomento y la intervención estatal, porque las brechas a superar son enormes y sólo pueden enfrentarse juntando esfuerzos. Hay que hacer una revolución pacífica, lo que tarde o temprano termina en un cambio de constitución por convicción mayoritaria. Es claro que éste no es un camino fácil y que el actual gobierno no puede plantearlo, porque carece de liderazgo proactivo en su primera jefatura, y de mayorías en el congreso. Pero sí puede insistir con lo que anunciado hasta hoy, que es apenas un poco de atención a las mayorías siempre olvidadas – que son los campesinos y los micro-empresarios que viven al límite de precariedad -, y buscar obtener mayores beneficios de las empresas extractivas extranjeras, sobre todo de las que este año ganarán muchísimo. Sumado a ello, se debe invertir en salidas concretas para la gente, no sólo en bonos, sino también en fomentos y facilidades para cambiar hábitos de consumo, privilegiando lo nacional y la seguridad alimentaria, lo que se ha anunciado. Por hacer sólo aquello, nada grave o insuperable nos va a pasar, y empezaremos a empujar el coche de la patria en la dirección correcta. Lo que sí es indispensable, y de una buena vez, es que demos cara al abuso, y evidenciemos con diplomacia la dictadura de los capitales financieros internacionales. Así, al menos, no seremos hijos de la indignidad y la sumisión, y estaremos trabajando lealmente para nuestro propio bienestar y desarrollo.

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BCR, Julio Velarde, Pedro Castillo

Dentro de pocos días, Pedro Castillo cumplirá cien días en el poder como presidente de la República. Durante todo este proceso de desarrollo de las bases de su gobierno hemos visto al político sindicalista, al profesor de las marchas y reclamos, al candidato en campaña, dispuesto a enfrentarse a todo y a todos; pero no hemos visto al político y presidente de un país.

El gobierno de Castillo nació desorganizado, sin cuadros, sin rumbo, sin metas claras sobre cómo enfrentar la realidad adversa en la que vivimos y cómo ha demostrado total incompetencia para retos gigantes como el conducir un país. Primero delegó la responsabilidad y el poder que le dimos con nuestro voto a los fanáticos del partido que lo llevó al poder. Y como esto no funcionó ni funcionará jamás, decidió traicionarlos para, en está segunda oportunidad, ceder el poder a la izquierda «posera» de este país.

Esta izquierda, con lo mejor que tiene en la caja de personajes y políticos, se ha sometido al Congreso de la República para solicitar- seamos claros en esto-, y no exigir, el voto de confianza. Es decir, presentar la política general del gobierno y lograr convencer a los congresistas de las distintas bancadas y con distintos valores políticos, que el gobierno del profesor Pedro Castillo tiene «claro el horizonte» y que la confrontación no es una opción.

La primera ministra Mirtha Vasquez lo hizo bien, con un discurso centrado en dar soluciones, propuestas realistas; y con un discurso con cero confrontación. Sin embargo, soslayamos un importante y determinante aspecto que afecta directamente la decisión del Congreso: el presidente es impertinente cuando habla, dice lo primero que tiene en la cabeza y lo dice mal. No ayuda a la ministra, no ayuda a su gobierno, no se ayuda a él mismo, y lo que hace no suma al país. Ahora entendemos el por qué en tres meses no ha dado una entrevista a profundidad sobre las políticas de su gobierno. Con el pobre nivel de argumentación que tiene, haría que una gran parte del país considere que una vacancia es una posibilidad.

El presidente Pedro Castillo no entiende que el camino para el voto de confianza no se inicia con la presentación de la ministra en el Congreso. El camino se inició desde que la ministra fue nombrada en el cargo. Cada acción, declaración, gesto o presentación influye en la decisión de las bancadas, y la política sindical no sirve para manejar un país. La confrontación innecesaria, las declaraciones populistas cargadas de ataques sólo para mantener a tu público saltando y arengando no sirven para manejar un país. ¿Podrían los asesores presidenciales decirle eso a Pedro Castillo?

En pocos días, el presidente Castillo cumplirá cien días en el poder, y hasta el momento ha permanecido escondido en palacio, sin decirle a los peruanos qué es lo que está haciendo por el país. Esa responsabilidad se la ha delegado a la izquierda «posera» con la que se ha aliado. Deje de boicotear a sus nuevos aliados, presidente. Recuerde la famosa frase de René Descartes: «pienso, luego existo». Piense antes de hablar, presidente.

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BCR, Dólar, Pedro Castillo

Nuestro mercado cambiario fue considerado por años como uno de los más estables y predecibles de la región. Por años, mientras que en otras economías se experimentaban significativas volatilidades en Perú la estabilidad relativa respondía al respeto a los fundamentos económicos y a la estrategia de administración de sus posibles volatilidades extremas por parte del BCR.

En la medida que no se puso en tela de juicio la libertad en la determinación de precios, la apertura de nuestro mercado y el rol subsidiario del sector público, las cosas anduvieron bastante bien.

En la medida que el proceso electoral nos aproximaba a un plan de gobierno que amenazaba abrir las puertas al control de precios, cierre de mercados y potenciales nacionalizaciones, se fueron afectando desde la dinámica de inversión, hasta la posibilidad de recuperación de nuestra actividad productiva. El tipo de cambio no pudo mantenerse ajeno a ese nuevo entorno político. A partir de la desconfianza y duda insertas en los agentes económicos, poco se pudo hacer a través de la mediatización de las medidas anunciadas en el marco de la segunda vuelta electoral.

La desconfianza e incertidumbre crecientes llevaron a una salida de capitales de tal magnitud que no pudo ser compensada por el impacto positivo de la creciente balanza comercial superavitaria en el marco del alza del precio de los commodities. Es más, experimentamos lo anecdótico de una creciente desvalorización del sol cuando más alto estaba en la historia el precio internacional del cobre, nuestro principal producto de exportación. Si a todo esto se le agrega las expectativas de una creciente depreciación cambiaria, dispondremos de una razonable explicación del por qué nuestro signo monetario se depreció, hasta hace pocos días, en 15% en lo que va del año.

Esta última semana de octubre las cosas han empezado a cambiar. Cambió el primer ministro, cambió parte importante del gabinete, cambió la relación de dependencia del Presidente con el partido Perú Libre. Al modificarse las señales de agresividad contra el sector privado y dar paso a la esperanza de un reacomodo del frente político, los factores que explicaban el alza del tipo de cambio se alejaron parcialmente. Sólo bastó ello para que nuestro signo monetario, contra lo que venía ocurriendo, se aprecie alrededor de 5% estos últimos días. Algo lógico.

Se han vertido hipótesis erradas sobre el reciente comportamiento cambiario.

La primera asume que el alza experimentada hasta algo más de una semana atrás, no fue adecuadamente contrarrestada por el BCR debido a que debió ser más agresivo con la venta de dólares para amortiguarla. La verdad es que esta crítica no tiene ningún sustento técnico ya que la intervención del BCR ha sido similar a la que se tuvo que ejecutar en otros momentos de inestabilidad, como en el 2009 en el marco del tremendo impacto que sufrió nuestra economía durante la crisis financiera internacional.

La segunda, que la reciente baja del tipo de cambio sería una suerte de demostración que su alza previa fue intencionalmente manipulada por ciertas fuerzas del mercado con el propósito de, supuestamente, dañar la imagen del actual gobierno. Eso también es falso.  Si se observa el reciente desempeño de la tasa de interés de los bonos del tesoro en el mercado internacional y, además, se observa la evolución del costo de aseguramiento del servicio de la deuda externa mediante CDS, se podrá concluir, fácilmente, que los últimos días ambas han mostrado tendencias claras a la baja. En la misma dirección que el tipo de cambio.

Justamente cuando cambió parte de nuestro entorno político adverso, las cosas mejoran incluso en la cotización y valoración de nuestra deuda en el frente internacional. Si hubiera habido un complot interno contra el gobierno, la modulación del tipo de cambio no se hubiera mostrado en la misma dirección de nuestros indicadores de costo y riesgo de deuda.

De otro lado, ¿sería lícito esperar que el tipo de cambio baje hasta niveles cercanos al 3.6 por dólar. La verdad, poco probable. El tipo de cambio también depende de factores externos. Todas las monedas se han depreciado algo con respecto al dólar en un entorno de posible alza de las tasas de interés norteamericana y de reducción de las compras de bonos del tesoro por parte de la FED. El sol siempre se hubiera depreciado algo con respecto al dólar, pero nunca a tasas del 15%. Ello nos lleva a concluir que el tipo de cambio podría estar en alrededor del 3.80 como máxima expresión de normalización de nuestro mercado cambiario.

Finalmente, lo que pase en el futuro con nuestro mercado cambiario dependerá de las señales de respeto a los fundamentos alcanzados por nuestra economía. Dependerá de que el frente político no genere más ruido e incertidumbre. Dependerá que no se ponga en tela de juicio el rol de la inversión privada. Tan simple como eso.

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Con la juramentación de un nuevo Gabinete de ministros y la ratificación del presidente del Banco Central de Reserva, Julio Velarde, el dólar empezó a descender y llegó a estar por debajo de los S/ 4, niveles que no se tenían desde julio.

Para Patricia Lengua, profesora e investigadora de la Facultad de Economía de la UPC, este retroceso en el tipo de cambio representa, en primer lugar, que la incertidumbre que generaba el Gobierno era la principal causa de la volatilidad cambiaria. “Esto demuestra que un factor importante para explicar este aumento en el tipo de cambio en los últimos meses ha sido la incertidumbre generada por cómo ha estado actuando el Gobierno”, precisó.

Explicó que la tendencia que hizo que se traspase la barrera de los S/ 4, responde a la actualización del informe trimestral «Perspectivas de la economía mundial» (WEO) del Fondo Monetario Internacional (FMI), donde se menciona que hay un fenómeno generalizado del crecimiento de la inflación, con varias economías afectadas.

“La mayoría de las economías a nivel mundial, incluido el Perú, están comenzando con el retiro gradual del estímulo que dieron por la pandemia. Todo esto, más la crisis energética en los países europeos, está haciendo que el dólar pierda valor. Esta nueva información con estos factores externos, ha hecho que la tendencia se refuerce a la baja”, indicó.

Entre los factores locales que considera que podrían aportar a la incertidumbre menciona; la posibilidad de que se convoque a una Asamblea Constituyente, la renegociación del gas de Camisea, el nombramiento de funcionarios afines al partido político del Gobierno sin méritos técnicos, entre otros puntos.

Panorama para decisiones financieras

La especialista destacó que, a nivel local, el Banco Central de Reserva (BCR) también está interviniendo para evitar cambios bruscos y hacer que la inflación retorne al rango meta que manejan, y lo ha hecho mediante dos incrementos en su tasa de interés referencial.

“La tasa de referencia ha subido, en el último mes, en 50 puntos básicos. Esto el Banco Central lo ha hecho porque la inflación está por encima del rango meta, pero eso va a tener también efectos sobre el tipo de cambio. Probablemente ayude a que las presiones hacia el alza se moderen un poco. Igual, parece poco probable que el Gobierno genere una confianza suficiente que haga que se reduzca la incertidumbre”, señaló.

Respecto de si es un buen momento para comprar dólares o no, consideró que se trata de una decisión financiera que depende mucho de cada situación.

Por ejemplo, recordó que algunas empresas mineras aprovecharon el tipo de cambio elevado para cancelar deudas que tenían en soles, por lo que, recomendó ser cautos y esperar los siguientes mensajes. Agregó que, especialmente, en el caso de los inversionistas más adversos al riesgo, es mejor esperar.

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La política monetaria es una parte de la política económica, que es responsabilidad del Banco Central de Reserva (BCRP), entidad autónoma e independiente del gobierno central.

Existen diversas formas y objetivos de política monetaria. En el caso peruano, tiene como finalidad única la estabilidad monetaria, definida como el logro de una meta anual de inflación definida por el BCR. Desde 2007 es 2% con un margen de error de 1%, es decir, el rango meta se ubica entre 1% y 3%. Dicho de otro modo, el BCR anuncia la meta de inflación y con ello, ancla las expectativas de los agentes económicos (empresas y familias). El Perú adoptó el esquema en 2002, con una meta de 2.5% +/-1%, que luego redujo a 2% +/-1% en 2007.

El enfoque de política monetaria descrito, que consiste en un compromiso explícito y público de mantener la estabilidad monetaria a través del uso de metas de inflación fue implementado por primera vez en Nueva Zelanda en 1990, para luego extenderse a más de treinta países. El nombre es Metas Explícitas de Inflación, o en inglés, inflation targeting; algunos países que lo tienen son Canadá, Reino Unido, Suecia, Australia, Israel, Polonia, Brasil, Chile, Colombia, Sudáfrica, México y Turquía, entre otros y cada uno puede tener rangos meta distintos.

La herramienta principal de política monetaria es la Tasa de Referencia Interbancaria (TIRI), definida como la tasa de interés que los bancos comerciales se cobran entre sí para préstamos de muy corto plazo. Veamos esto con detalle. Los bancos comerciales se prestan dinero entre sí de manera rutinaria, es decir, aquellos bancos con exceso de liquidez les prestan voluntariamente a aquellos que necesitan liquidez, por ejemplo, para otorgar un préstamo; la TIRI es el costo de ese préstamo y el BCR induce su cambio en función de la meta de inflación.

¿Cómo así? Supongamos que el BCR observa presiones inflacionarias que harían peligrar el logro de la meta.  La inflación enero – agosto 2021 ha sido de 4.20%, fuera del rango y con varios meses por delante. Entonces, induce el aumento de la TIRI. Al hacer, logra que los préstamos entre los bancos sean más caros. Luego, los bancos comerciales que reciben el préstamo, trasladan ese mayor costo a la tasa de interés que le cobran a los clientes (consumidores e inversionistas) cuando acuden a pedir un préstamo. La mayor tasa de interés desincentiva los pedidos de préstamos y, al bajar el consumo y la inversión, disminuye la demanda interna y se atenúan las presiones inflacionarias. Eso es lo que ha hecho al subir la TIRI de 0.25% a 1.00%.

En paralelo, el BCR también tiene otra herramienta que es la tasa de encaje, definida como el porcentaje de los depósitos que el banco comercial no puede prestar. Cuando sube la tasa de encaje, los bancos pueden prestar menos y con eso, se reduce la liquidez y por ende la inflación.

Varias conclusiones: primero, existe una meta inflacionaria; segundo, no existe una meta cambiaria, pero el BCR interviene para evitar fluctuaciones bruscas. En lo que va de 2021, ha vendido 11,100 millones de dólares: tercero, las tasas de interés que pagamos por los préstamos se determinan en el libre mercado, aunque el BCR induce su movimiento a partir de cambios en la TIRI.

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