éxito

Un día Lucía fue a visitar a Pancho a su casa. Cuando llegó se dio cuenta que, en la entrada, había un perro que se quejaba y se quejaba y se quejaba. Entonces Lucía preguntó qué le sucedía. Pancho, sonriendo, le contó: “lo que pasa es que está echado encima de una madera que tiene un clavo que sobresale”. Entonces Lucía le insistió: “¿Y por qué no se mueve? ¿Por qué sigue estando en un sitio donde le duele, dónde está incómodo, en donde de una u otra manera, no está feliz? A lo cual Pancho le contestó: “lo que pasa es que no le duele lo suficiente, como para que se pare y se mueva del sitio”.

Muchas veces, eso es lo que nos sucede en nuestra vida. Por más que haya cosas que nos molestan, que nos incomodan, que nos duelen, que nos fastidian, no nos movemos porque es más cómodo, es más sencillo, es más fácil, requiere menos esfuerzo el quedarnos tal y como estamos. A ese estado o situación es a lo que se le llama zona de confort, que de una u otra manera, es un espacio en el que nos quedamos atrapados. Y puede ser física, emocional, o mental. No nos movemos porque estamos más cómodos, “más seguros”, “más tranquilos”, no hay riesgo, no hay absolutamente nada que nos incomode. Sin embargo, lo que sucede en esa zona de confort es que no podemos crecer, no podemos desarrollarnos, y obviamente, nuestros sueños y metas, no los vamos a alcanzar si permanecemos ahí.

Algo que debe estar claro es que, si quieres lograr algo, que hasta este momento no has podido, lo más probable es que te tocará salir de tu zona de confort, aprender nuevos conocimientos, desarrollar nuevas habilidades. Porque si sigues haciendo las cosas de la manera en que las has hecho hasta el día de hoy, lo que va a suceder, es que siempre obtendrás lo mismo. Podemos verlo con un ejemplo súper sencillo: si todos los días cocinas un huevo frito de la misma manera, todos los días tendrá el mismo sabor. Si quieres que el huevo frito tenga un sabor distinto, tendrás que cocinarlo de una manera diferente. Así que, si quieres que tu vida tenga un sabor distinto, debes cocinarla/vivirla de una manera distinta. Simple.

Nuestra zona de confort no es algo nuevo. De hecho, existe desde que la humanidad existe. Sin embargo, hay una gran diferencia entre la zona de confort o zona cómoda que hoy experimentamos, comparada con la necesidad de estar “cómodos/seguros” cuando vivíamos en una caverna, donde estar dentro de la caverna era sobrevivir y estar fuera de la caverna representaba el riesgo de morir. En donde lo conocido era seguro y lo desconocido peligroso. En ese momento, nuestra zona de confort o zona cómoda era más un estado o espacio físico. Este instinto nos permitía sobrevivir. Desde ese momento, nuestra mente, nuestra cabeza es donde nos quiere poner, porque estamos seguros, porque estamos cómodos, porque es más sencillo, porque no tenemos peligro, porque de una u otra manera, es sobrevivencia. Sin embargo, hoy por hoy, nuestra mente ya no sólo nos mantiene “a salvo” de los peligros físicos, sino también de los emocionales y mentales. Nuestra mente nos dice que no hagamos algo que nos ponga en peligro “social” (¿qué dirán de mí?), o quizás mental (“¿y si fallo…?”) y muchas otras más.

Entonces la invitación es: si tú quieres lograr las metas que hasta ahora no has logrado, debes estar dispuesto a salir de tu zona de confort.

Lo más importante que debes tener en cuenta es reconocer que estás en una zona de confort y darte cuenta cuál es esa zona dónde te mantienes, cuál es ese espacio en el que te mantienes, cuáles son las acciones, cuáles son las decisiones, que no estás tomando, y que requieren tomar, para poder alcanzar esas metas y sueños que hasta este momento no has alcanzado.

Salir de tu zona de confort, quizás inicialmente requiere que estés incómodo, sin embargo, con la práctica, con las constantes decisiones, el retarse constantemente a hacer las cosas que quizás, te has resistido y buscando la forma de lograrlo, te vas a dar cuenta que, a medida que pase el tiempo, cada vez será más sencillo, cada vez será más fácil y cada vez más vas a poder encontrar, vas a poder lograr que tus metas y sueños se alcancen.

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cómodo, Creciendo entre amigos, éxito, Germán Diaz

Soy un fiel creyente que “El éxito es predecible e inevitable”, frase que he repetido cual mantra desde hace ya muchos años. Pensando de la misma manera, si existe un Ganar-Perder el fracaso también es predecible e inevitable. ¡Piénsalo!

Si en una pareja hay un Ganar-Perder… La ruptura, quiebre, peleas y discusiones se vuelven parte de la relación siendo la dolorosa antesala de una separación.

Si en una relación de amistad existe un Ganar-Perder, en la que uno de los amigos se aprovecha del otro, ya sea emocionalmente o de cualquier otra forma, llegará un momento en que una de las partes, lisa y llanamente se alejará.

Si en el contexto político económico de un país, en el que en las más altas esferas del poder, los pseudo líderes se apropian del poder político, económico, judicial y legislativo en su directo beneficio y en desmedro de la calidad de vida de todos los habitantes del país, estableciendo un profundo Ganar-Perder, el destino de dicho país es, definitivamente y como diría Gabriel García Márquez: “Crónica de una muerte anunciada” y más temprano que tarde una revolución – con sus muertes, división de familias y un sinnúmero de efectos colaterales, que por experiencia y propia historia, durarán varias generaciones – brotará desde lo más profunda de las entrañas de aquel pueblo sometido.

La “Marsellesa” es el himno nacional de Francia y una profunda narración de la rebelión de aquellos que lo habían perdido todo, incluyendo alimentos, techo, libertad, esperanza, futuro y dignidad. ¡Todo! ¡Hasta la vida de sus esposas e hijos! Es por eso que ante un escenario final de tragedia y desamparo, los valientes campesinos se entregan por completo a la verdadera y más profunda revolución. ¡Si ya han perdido todo, qué más da perder la vida!

Es por eso que hoy advierto a aquellos que ostentan el poder. ¡Atención! ¡No se equivoquen subestimando al ser humano! Nada es más poderoso que los movimientos que nacen producto del socavo del más poderoso instinto humano… la sobrevivencia.

Todas aquellas empresas que establezcan políticas comerciales que perjudiquen a sus clientes, así como interrelaciones Ganar-Perder para con proveedores, personal interno, entidades de control, etc., todas ellas estarán condenadas al fracaso y dado el actual contexto de hiper conexión en función del desarrollo tecnológico y de las redes sociales puesto a disposición de líderes, provocará la caída más estruendosa, inminente e impensada de gigantescos imperios.

Es más, hasta en una pequeña sociedad de negocios compuesta normalmente por amigos que lo único que desean es construir un futuro de prosperidad y abundancia, si existe un Ganar-Perder, más temprano que tarde habrá un quiebre, una ruptura y una profunda sensación de fracaso provocando una lamentable separación que echa por tierra el extraordinario potencial de los talentos que en conjunto pudieran tener trascendencia mundial… Y esa también es parte de mi historia.

Es que el ego y la pleonexia o ambición enfermiza, son el cementerio de ideas extraordinarias y proyectos incomparables.

La clave es elevar el nivel de consciencia y decidir jugar un juego Ganar-Ganar. Desarrollar la habilidad de analizar cada situación desde diferentes ángulos y puntos de vista, procurando establecer para todos y cada uno de los “actores” un verdadero beneficio, reconociendo el talento, compromiso, energía y dedicación. Finalmente, la fórmula del verdadero éxito es crear relaciones de largo plazo, asegurando un Ganar-Ganar para todas y cada una de las partes.

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éxito, La cuenta regresiva de tu vida no se detiene, Sergio Pinto

Un día soleado, Camilo caminaba cerca de un río y, mientras paseaba, miles de ideas cruzaban por su mente. Mientras estaba absorto en sus pensamientos, algo lo desconcentró y llamó su atención. A lo lejos se veía a una persona pescando al borde del río. Esto quizás no parezca algo que pueda llamar la atención, pero había algo extraño en el comportamiento de este personaje. El pescador tiraba el sedal hacia el río, esperaba pacientemente hasta que algún pez picara y entonces, recogía rápidamente el sedal, para ver qué es lo que había picado. Hasta ahí todo “normal”. Pero lo que llamó la atención de Camilo, fue que el pescador, cuando sacaba los peces, los medía muy meticulosamente, y devolvía los más grandes y conservaba los pequeños. Esto llamó tanto la atención de Camilo, que no podía quedarse con la duda, con la curiosidad, porque para él, hacer esto no tenía sentido alguno. Su lógica le decía que debía ser, al contrario. Que debería quedarse con los más grandes y devolver los pequeños. Así que, no se podía quedar con la duda y caminó hacia donde se encontraba este pescador para preguntarle sobre esto.

Cuando se acerca al pescador, este lo saluda, Camilo se presenta y le pregunta extrañado, porque devolvía los peces grandes y conservaba los pequeños. El pescador, con una gran sonrisa, le dice que le espere unos momentos. Entra a su carpa y saca una sartén pequeña, que tenía guardada. Entonces el pescador le dice: “mire la sartén que tengo, es muy pequeña, no puedo quedarme con los peces grandes, porque no tengo cómo cocinarlos. Con una sartén como la que tengo, sólo puedo conservar los pequeños que sí entran. No estoy preparado para los grandes”.

La pregunta más importante que en este momento te quieres hacer es: Y tú ¿estás preparado para los peces grandes?, ¿estás preparado para las grandes oportunidades que tiene reservada la vida para ti? Y en este punto hay varias cosas que debes tomar en cuenta. En artículos anteriores, te he compartido sobre actitudes, formas de pensar, maneras de actuar que en algunos casos no nos suman, y que, por el contrario, nos restan o disminuyen nuestras posibilidades de lograr nuestras metas y sueños. Una que debes tomar en cuenta es la que compartí en el artículo “Sólo vemos lo que conocemos”, donde te explico que muchas veces no “vemos” algunas cosas porque no creemos que existan.

En este caso en particular, puede ser que las oportunidades están frente a ti, pero tú no las “ves” porque no crees que existan, porque no crees que te las mereces, o quizás por alguna u otra razón, pero finalmente el punto es que no las “ves”. Hay personas que dicen constantemente: “a mí no se me presentan oportunidades”, y esa termina siendo su realidad. Aunque la oportunidad esté al frente, “no la ven”.

También hay otros factores, que debemos tomar en cuenta, como, por ejemplo: “nuestras palabras crean nuestra realidad”. Es decir, si constantemente estás diciendo que no hay oportunidades, ten por seguro que esa va a ser tu experiencia, que no necesariamente es lo mismo que la “realidad”. De esto también he compartido en el artículo “El poder de las palabras”. En este artículo puedes leer, de qué manera, nuestras palabras tienen la capacidad de “crear” pero al mismo tiempo de “destruir”. ¿Qué te dice sobre ti, tus posibilidades, tus capacidades, tus oportunidades? ¿Qué realidad estás creando para ti? ¿Cuáles son las palabras cuando describes tu vida, tu experiencia, cómo te describes tú?

“Las palabras crean imágenes en nuestra mente”, Zig Ziglar

Entonces te pregunto nuevamente: ¿estás preparado para los peces grandes?, ¿estás preparado para las grandes oportunidades?, ¿estás creciendo personal, mental, profesionalmente para que puedas aprovechar los peces grandes?, ¿estás haciendo que tu sartén sea más grande o te estás conformando con una sartén pequeña y sólo dispuesto a quedarte con los peces pequeños?

Hace algunos años, en un entrenamiento al que asistí, aprendí una manera de no perder oportunidades, de generar resultados extraordinarios, sin embargo, para que te funcione, debes estar dispuesto a salir de tu zona de confort sí o sí, no hay otra opción (en artículos posteriores hablaremos de “nuestra zona de confort”).

A partir de este momento corres un gran peligro. Si sigues leyendo este artículo, el peligro es que alcances tus metas y tus sueños. Y aunque no lo creas, para muchos alcanzar sus metas y sueños, es un peligro, porque hay muchas personas que le tienen más miedo al éxito que al fracaso.

El método es sencillo. Cuando una oportunidad se presente, debes hacer lo siguiente:

–          Di sí, acepto. Vamos con todo. ¡yes!

–          Cuéntaselo al mundo, que muchas personas sepan que lo vas a hacer.

–          Encuentra la manera, descubre el camino.

Y si, cada vez que hagas esto, tu experiencia será retadora. Vas a necesitar salir de tu zona de confort, pero al mismo tiempo vas a ampliar, a expandir tus posibilidades. Esto a la larga va a generar que te veas en la capacidad de lograr cada vez, cosas más retadoras. Retos más grandes y “verás” oportunidades más y más grandes para ti.

Entonces, te invito a “hacer más grande” tu sartén, a salir de tu zona de confort e ir por los peces grandes, dejar de conformarte “con lo que te toca” y aprovechar las oportunidades grandes para ti.

 

Si quieres conocer más sobre estos temas, puedes seguir a Germán Díaz a través de sus redes sociales en Facebook, Instagram, Youtube y Spotify.

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Creciendo entre amigos, éxito, Germán Diaz

Según la Encuesta Nacional de Hogares (Enaho), al tercer trimestre del 2020, el 70.3% de la población de Perú ya contaba con acceso a Internet. Además, la población de Lima Metropolitana con acceso a Internet ya alcanzaba el 83.4% en septiembre del año pasado. Definitivamente los medios digitales representan una gran oportunidad para el posicionamiento de nuestra marca y potenciar las ventas.

Expertos en marketing de HubSpot brindan algunas recomendaciones para elaborar un plan de medios eficiente:

Ten un objetivo claro y realista

Para determinarlo puedes hacerte unas cuantas preguntas, como a dónde quieres llegar, cuál es tu alcance, qué cambios quieres lograr en tu mercado y cuál es el valor diferencial que tienes respecto de tu competencia. Tu plan de medios puede centrarse en ampliar tu público, lograr que tu audiencia aumente su cantidad de compras o reforzar la relación que tienes con tu público.

Identifica el recorrido de tus consumidores

Lo positivo de las campañas digitales, es que todo es medible y rastreable. Pensar en el recorrido de tu comprador ayuda a tener una mejor comprensión de lo que quieren tus clientes. Esto puede lograrse mediante el rastreo digital que los usuarios van dejando a lo largo de sus búsquedas en Internet y los temas, productos, servicios o sitios en los que se interesan. Este concepto es también conocido como customer journey.

Estructura el plan de medios digitales

Desarrolla una ruta de acción en donde incluyas los siguientes puntos:

  • Descripción de tu producto o servicio.
  • Posición actual en el mercado.
  • Lista de tus competidores directos e indirectos.
  • Definición del objetivo de campaña.
  • Periodo, alcance y amplitud de tu estrategia.
  • Inversión disponible.
  • Descripción de tus potenciales clientes.
  • Define la estrategia de la campaña

Define la vía que utilizarás para llegar a tu público. Ten en cuenta tu tipo de audiencia y el objetivo que planteaste desde el inicio, ya que de esta manera podrás saber cuál es la mejor estrategia para exponer tu mensaje. Estas son algunas de esas vías:

Estrategia de redes sociales: Elige las redes según tu público y objetivo. Por ejemplo, si deseas impactar a un usuario más joven las tendencias de marketing en Instagram apuntan al video. Los consumidores cada vez más tienen mayor apreciación por los contenidos en este formato, en lugar del escrito, ya sea a través del feed, stories, Reels o IGTV.

Estrategia SEO: Para que los usuarios te encuentren por medio de un buscador tienes que contar con un sitio web optimizado con palabras clave que te ayuden a posicionarte. Cuanto más específicas sean, segmentarás mejor a tu público objetivo.

Estrategia de email marketing: Las campañas de correo electrónico ofrecen el mejor retorno de inversión que cualquier canal de marketing. Considera que tus correos siempre deberán estar optimizados para todo tipo de dispositivos. Procura ser agradable y dirígete al lector usando un tono que le resulte familiar. Usa un lenguaje atractivo, práctico y personalizado.

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éxito, medios digitales, Plan de medios

Las personas que pasan demasiado tiempo comparándose con otras personas suelen tener un mayor grado de inseguridad en sí mismas, indica el psicólogo Andrés Carrillo. El experto explica que compararse puede servir para aprender y tomar ciertos aspectos positivos de otros, pero esto empieza a convertirse en un hábito tóxico cuando nos comparamos de manera obsesiva.

¿Qué podemos hacer para evitar caer en este mal hábito? Aquí algunas claves para enfrentarlo:

Reconoce que te comparas con los demás

Parece algo sencillo, pero cuando existe un hábito, puede ser complicado darse cuenta rápidamente que estamos cayendo nuevamente en compararnos. Una vez que tomas conciencia en pleno momento puedes empezar a tomar acciones al respecto. En ese momento intenta concentrarte en las cosas positivas que tú puedes aportar a las personas alrededor tuyo.

Concéntrate en lo que tienes y eres

Piensa en la manera en que puedes contribuir a la vida de los demás. Esfuérzate en hacer cosas positivas que te hagan sentir bien contigo mismo, para empezar a fortalecer tu seguridad múltiples aspectos de tu vida.

Sé consciente del daño que te causas

Compararte con alguien te causa dolor, y este es generado por ti mismo. La persona con la que te comparas está dirigiendo su vida a su manera e ignora que constantemente te estás comparando con ella.

Enfócate en aprender y no en competir

Sentirte mal al compararte con los demás es signo de que no estás aceptando que puedes aprender de alguien más. Procura ver a las otras personas desde una perspectiva de aprendizaje. Utiliza la comparación para inspirarte. Si sientes malestar al compararte es probable que te enfoques en competir y no en aprender.

Limita tu tiempo en redes sociales

Muchas veces lo que vemos en redes es el mejor ángulo de la vida de las personas. Podríamos tener la impresión de que estas personas no tienen problemas ni dificultades. Sin embargo esto es falso, pues fuera de lo que mostramos al mundo, todos tenemos dificultades, defectos y frustraciones. Limita tu tiempo en las redes sociales pues te expones a ver situaciones que no son reales y pueden debilitarte.

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compararse, éxito, Fracaso

Según el boletín sobre la Demografía Empresarial en el Perú, elaborado por el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), más de 45,000 empresas dejaron de operar en Perú durante el 2020. A primera vista uno podría pensar que todas estas empresas fracasaron, cuando en realidad estos cierres se debieron a la crisis provocada por la pandemia por Covid-19.

Muchas veces nos enfrentamos a obstáculos en nuestro camino del emprendimiento, pero estos no deben representar un fracaso o abandono de nuestros sueños. El psicólogo organizacional Juan Armando Corbin explica que aquello que determina nuestro éxito es cómo afrontamos esos obstáculos. La perseverancia y levantarse a pesar de las caídas es lo que va a permitirnos lograr los objetivos planteados mediante la resiliencia.

Algunas claves que el experto recomienda para recuperarse de los fracasos son:

Aceptación

Es necesario aceptar que los fracasos son parte de la vida y que le ocurren a todas las personas en el mundo del emprendimiento. También es importante que en este proceso no seamos duros con nosotros mismos cuando las cosas no salen como las esperábamos.

Busca los errores

Una vez que se ha aceptado el fracaso, es necesario buscar los errores o factores que hicieron que llegáramos a dicha situación. Es probable que haya sido la mala planificación o el resultado se debe a causas ajenas a uno mismo.

Ten un plan de acción

Al detectar los errores, debes tener claro que si se trata de un factor externo, no hay mayor motivo para cambiar. Si la responsabilidad fue tuya, es momento de planificar una nueva estrategia que te permita llegar al objetivo deseado. Esto te hará tener una visión más clara de los pasos a seguir.

Actúa en lugar de quejarte

El experto explica que para tener una mentalidad positiva es necesario no asumir el rol de víctima. Si no pasas a la acción, difícilmente conseguirás levantarte. Cuando cuentes con un plan de acción listo, el siguiente paso es ponerlo en marcha y fijarse objetivos concretos.

Desafía las creencias limitantes

Cuando fracasamos, es fácil pensar que superar estos momentos difíciles no está a nuestro alcance. Debes entender que estas palabras que te dices a ti mismo son creencias limitantes, que no te dejan avanzar en el camino hacia el éxito. Sustituye estas frases por creencias potenciadoras y afirmaciones positivas.

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éxito, Fracaso, Motivación

Evita compararte con la imagen que otras personas puedan proyectar en redes sociales.

El psicólogo Arturo Torres explica que la inseguridad tiene múltiples causas, aunque varias son comunes. Se trata de una visión distorsionada sobre las propias capacidades, desde un punto de vista pesimista. El hecho de tener expectativas muy bajas acerca de lo que uno mismo es capaz de hacer, hace que no se tengan gran iniciativas. Con el paso del tiempo, esta percepción refuerza otras inseguridades y mantiene el autoestima baja.

Para superar esto, Pilar Jericó, doctora en Organización de Empresas explica que si aprovechamos esa inseguridad, podemos convertirla en una aliada. Para que eso ocurra, el primer paso es la aceptación de esta inseguridad. Si revisamos nuestros pequeños o grandes éxitos, veremos que muchos de ellos comenzaron por un deseo de mejora de nuestra vida personal y profesional.

“La inseguridad que nos motiva a la acción de mejora es un buen aliado. Aquella que nos lleva a lamentarnos, que nos deja lamiéndonos las heridas y repitiendo lo desafortunados que somos, es paralizante”, indica la experta. “Necesitamos ponernos manos a la obra y aceptar que vamos a convivir con ella, como con el miedo, nuestra personalidad o nuestros gustos. Aceptarnos en todas nuestras dimensiones, incluyendo las que no nos gustan tanto, es un buen camino para la serenidad y la felicidad”, finaliza.

Superar la inseguridad

Anota tus fortalezas e inseguridades: Todas las personas, incluso las más inseguras, son capaces de reconocer ciertas cosas que se les dan bien. Por eso, un gran punto de partida es anotar una lista de debilidades y otra de fortalezas personales. Es importante que evites compararte con otras personas en este proceso. Destacar tus fortalezas te ayudará a centrarte más en lo bueno que tienes.

Revisa las tendencias a la paranoia: Muchas personas basan su inseguridad en pensamientos casi paranoicos, pensando en las supuestas intenciones de herirnos o de burlarse por parte de otros que se esconden tras una apariencia de normalidad. Por eso, es positivo dedicar unos cinco minutos, al final del día, a ver en retrospectiva si hemos caído en ese tipo de pensamientos de forma injustificada.

No te compares con personas desconocidas: Con el auge de las redes sociales, es fácil dar una imagen falsa. Esto es algo que facilita la aparición de inseguridades. Cada vez que te asalte un pensamiento de inferioridad frente a lo visto mediante Facebook, Instagram o similares, recuerda que se trata de un espejismo. No hay ningún motivo para pensar que esa persona sea perfecta.

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éxito, inseguridad, Trabajo

“¡Marta, pásame el destornillador!” y Marta le alcanza el martillo…

Bastante molesto e irritado José le reclama a Marta: “¿Es que tú no sabes escuchar? Yo te pedí el destornillador”. Y ella contestará: “¡No, José!, tú me pediste el martillo. ¡Clarito escuche cuando dijiste martillo!”.

“¡Qué no! Te pedí el destornillador”, insistirá José.

Entonces, la discusión se pondrá peor. Cuando cada uno, por defender su posición, traiga temas que nada tienen que ver con la situación.

¿Será posible un desenlace distinto? ¿Será posible lograr un resultado diferente? Veamos la misma historia con una actitud y enfoque nuevo. Uno en el que nuestro foco se oriente a conseguir el resultado y no en ver quién está equivocado o quién tiene la razón.

“¡Marta me pasas el destornillador!”. Y Marta trae el martillo.  Aquí es donde todo puede ser distinto.

José puede decidir tener la razón. Él dijo lo que dijo y nunca se equivoca.  Es decir, la del problema es Marta porque no escucha, porque siempre piensa en cualquier cosa y quién sabe qué más podría inventarse. Por este camino, ya sabemos el resultado y el destino.  O puede estar realmente comprometido con el resultado y la relación, de tal manera que esos objetivos sean más importantes que “tener la razón” y abrir posibilidades a obtener el resultado que se desea: Que Marta traiga el destornillador.

Entonces la situación puede ser la siguiente:

“¡Gracias Marta! Es posible que no me haya dejado entender, o me haya equivocado o quizás no lo haya dicho claramente. Pero lo que necesito es el destornillador para colocar el tornillo ¿Me podrías traer uno?”. Simple y sencillo.

Solo se necesita abrirnos a la posibilidad de que lo sucedido pudo haber sido nuestra responsabilidad.

Si depende de mí que Marta entienda, puedo volver a probar, generar claridad y lograr mi resultado. Pero si la otra persona es “el problema”, ya no tenemos posibilidades porque depende de ella o él y no podemos hacer nada al respecto. En ese caso mis resultados están supeditados a otra persona y esto en muchos casos agrava la situación porque nos genera frustración.

Cuantas veces en nuestro día a día nuestro compromiso es mayor con “tener la razón” que con los resultados que queremos (sin estar consientes).

Esto está basado en nuestras creencias o paradigmas. Muchos de los cuales ni siquiera son nuestros, porque en muchos casos, son aprendidos durante nuestro crecimiento o son asignados por la cultura o sociedad, adoptándolos como propios.

Decimos querer lograr “A” pero logramos “B”, y preferimos encontrar todas las evidencias, excusas y problemas externos por lo que no logramos “A”, en vez de enfocarnos en seguir buscando la manera de lograr “A”. Y lo más importante, no queremos hacernos cargo o aceptar que si dices querer “A” pero constantemente obtienes “B”, la realidad es que inconscientemente tu compromiso realmente es “B”. Por eso muchas veces no vemos o encontramos otras posibilidades.

Imagínate ir a algún lugar y por ‘X’ razón no se puede transitar por el camino habitual.  En ese caso, podemos molestarnos, gritar, pensar en toda la genealogía del alcalde de turno. Y sí, es cierto, tenemos todo el derecho a estar molestos, que es injusto, que pagamos nuestros impuestos, etc. Y sí, tenemos razón. Pero queremos estar claros que todo eso no hará que lleguemos a tiempo.  Que distinto sería si la actitud y el pensamiento estuviesen comprometidos con llegar a tiempo más que con tener la razón; de que eso no debería estar sucediendo, que es injusto, etc.  Simplemente buscaríamos otro camino. Porque en el fondo, no importa cuánto gritemos, nos molestemos o irritemos, la situación no va a cambiar.

Otra forma en la que muchas veces preferimos tener la razón versus tener éxito es cuando decimos: “Es que yo soy así”. En realidad, no lo eres. Actúas de una u otra manera, pero no lo eres. Es una conducta aprendida. Puedes revisar un artículo que escribí -hace una semana- que se llama “El poder de las palabras”, donde hablo un poco más profundo del tema; y próximamente publicaré un artículo en donde veremos con mayor profundidad la diferencia entre “ser” y “actuar”.

Debemos cambiar el foco de tener la razón y actuar como una “víctima” de la situación o de una persona, para pasar a verme como el autor y creador de mis resultados. Comprometerme con ellos de tal manera que lo que tenga presente es cómo los puedo obtener y no las excusas, pretextos o inventos de por qué “yo no puedo”.

¿Qué resultados podrías obtener en tú vida si momento a momento te comprometes a enfocarte en los caminos hacia tus resultados, y no en las razones por las que no los puedes tener?

Disfruta el camino al éxito.

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Empresa, éxito, Liderazgo