Creciendo entre amigos

Solo vemos lo que conocemos

“María, ¿dónde están mis medias negras?”, grita Lucho, quien ya tenía buen rato buscando las famosas medias en el cajón, donde él las guardaba habitualmente. María responde: “Lucho, están en el cajón de siempre”. Lucho más molesto le contesta: “que no están, que ya he buscado por todo el cajón y no hay nada”. “Lucho, aprende a buscar. Las medias están ahí, yo misma las dejé en ese cajón ayer”, le responde María. “Me quieres decir que yo no sé buscar, que soy un inútil”, le contestó Lucho, ya bastante molesto. Finalmente, María se acerca donde Lucho, coloca su mano sobre el cajón, y con un aire de superioridad, sin dejar de mirarlo a los ojos, dejándole claro con esa actitud y en esa mirada que no sabe buscar, que es medio inútil y muchas otras cosas más, estira la mano, toma las medias negras y se las entrega. A lo que Lucho medio balbuceando le dice: “es que ese no es su sitio, es que ahí no se colocan, es que, es que… etc, etc”. ¿Alguna vez te ha pasado o te parece conocida la escena?

Si te parece conocida esta escena, si te ha pasado a ti, personalmente, que no “encuentras” algo que está frente a ti, te invito a que sigas leyendo. Más aún si crees que de lo que te quiero hablar es de que los hombres no sabemos buscar. Con mayor razón quieres leer este artículo, porque no tiene nada que ver con eso. Realmente lo que tiene que ver es con algo que nos sucede muchas veces en diversas áreas de nuestra vida: sólo vemos lo que conocemos.

Solo vemos las cosas como nosotros sabemos que son. Solo vemos las cosas, de la manera que creemos que son o, solo vemos las cosas que creemos que existen. Y no solo se trata de las cosas materiales que no vemos, se trata de cualquier cosa que no creemos que puede ser, que no creemos que es real, o que no creemos que existe. Incluso puede tratarse de la experiencia que estamos percibiendo de nuestra vida o las cosas que están sucediendo en ella.  A esto se le llama sesgo de confirmación, que básicamente es una propensión para dar más importancia y credibilidad a los datos que encajan con nuestras creencias que a aquellos que las contradicen. En pocas palabras queremos confirmar lo que ya sabemos.

Por ejemplo, con Lucho y María. No necesariamente es que Lucho no sepa buscar, puede que sí, puede que no. Realmente, lo que sucede en este caso en particular, es que él estaba “buscando donde se supone” deben estar. Es decir, él en realidad no estaba buscando las medias en todo el cajón, lo que estaba haciendo era buscarlas solamente en el lugar donde se supone deben estar.

Su cabeza le decía: las medias están en el lado izquierdo del cajón, porque allí es donde él las deja. Entonces, lo que estaba sucediendo es que él solo miraba allí, en el lado izquierdo, no en otro lado. Y aquí viene lo importante e interesante: no es que sus ojos físicamente no veían las medias, es que su cabeza le decía que la medias “tenían” que estar en el lado izquierdo, y no en otro lado. Y esto podría pasar con otras situaciones. Como, por ejemplo, cuando tienes un problema. Si tú dices que el problema no tiene solución, lo que le estás diciendo a tu cabeza, a tu mente, es que no se puede resolver y por lo tanto tu cabeza no va a encontrar una solución, porque tú no crees que la haya. Y lo contrario también sucede. Si tú crees que existe una solución, tu mente buscará y encontrará una, porque tú estás diciendo que existe.

Vamos a ver otra forma que nuestra mente “no nos deja ver”.  Digamos que tenemos un amigo que nosotros creemos que actúa de manera “A”, “B” y “C”. Lo que nosotros creemos de esta persona es eso, ni siquiera somos conscientes de que en realidad sólo actúa de esas maneras, que es sólo un comportamiento, lo que sucede es que nosotros creemos que él es así, como una verdad absoluta. (Te recomiendo que leas el artículo Tener éxito o tener la razón de esta columna, donde hablamos de la diferencia entre ser y actuar).  Entonces, puede ser que, en algún momento, por alguna razón, esta persona decida cambiar y comience a actuar de manera “X”, “Y” y “Z”. Lo más probable es que no lo notemos, o que no nos demos cuenta, porque nuestra mente está esperando que actúe de la manera que yo ya sé (A – B – C) y no es capaz de darse cuenta de los cambios, que en algunos casos podrían ser muy grandes. Nuestra mente no quiere lo desconocido, nuestra mente quiere encajar las conductas en las conductas conocidas. Lo desconocido lo desecha.

En los siguientes artículos profundizaremos más sobre porque nuestra mente quiere apegarse a lo conocido, y desechar lo desconocido. Por ahora te dejo con esta frase:

“Tanto si piensas que puedes, como si piensas que no puedes, estás en lo cierto”,

Henry Ford.

Para desarrollar todo tu potencial, debes comenzar a creer que lo tienes. Todo se crea dos veces: primero en la mente, y luego en la realidad. Así que te invito a que definas como quieres que sea tu vida y comiences a verte en tu mente de esa manera, te aseguro que cada vez estarás más cerca de “ver’” y “vivir” esa realidad.

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