Crisis política

Hay masa crítica propicia para mensajes de centro y de derecha. Inclusive, en regiones tradicionalmente afines a la izquierda. Un centro y una derecha radicalmente antiestablishment entrarían a la cancha con ventaja apreciable respecto de una izquierda que va a ser capturada por el discurso extremo de Antauro Humala, que la alejará de toda posibilidad de cosechar votos centristas.

Pero el esfuerzo político de coordinación y generación de consensos, y ajustes programáticos, debe empezar ya, no esperar a un año antes del proceso electoral, más aún si se tiene en cuenta que sigue siendo una posibilidad abierta que el presidente Castillo no culmine su mandato y se produzcan elecciones adelantadas. Si esa circunstancia coge al centro y la derecha en su actual situación, el camino de la derrota es más que seguro.

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Crisis política

El camino parece ser el siguiente. Vacado Castillo entre setiembre y octubre de este año, asumiría la presidencia Dina Boluarte, que, aunque tiene también serios cuestionamientos, pareciera contar con el blindaje de al menos 44 congresistas y también con una parte de la clase política y medios de comunicación, en la medida que sea solamente la presidente de transición.

Faltaría entonces la reforma constitucional y sus disposiciones transitorias, que con el voto de 87 congresistas en dos legislaturas ordinarias consecutivas (la actual de 2022 y la primera del 2023 que habría que adelantarla para enero), permitiría elecciones generales con primera vuelta a fines de mayo y la segunda a fines de junio. Dentro de las reformas constitucionales para este efecto, es imprescindible permitir la reelección de congresistas, así como un acuerdo político sobre los plazos y para tener nuevas autoridades en el JNE y la ONPE para que no haya dudas de la transparencia de este nuevo proceso electoral.

Esta propuesta no va a contentar a todos, pero toma diversas inquietudes de la ciudadanía que la clase política y los medios deben asimilar para buscar los consensos que nos lleven a una transición democrática. De no hacerlo, será el fin del estado de derecho, la continuidad de la corrupción que solo traerá más miseria y nuestras libertades serán, solamente, un nostálgico recuerdo o una triste canción.

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Alan García, Crisis política, Gobierno

Debe salir de Palacio lo antes posible. La oposición de derecha y de centro tienen una oportunidad dorada si logran convencer a los disidentes cerronistas de que Castillo no asegura ni siquiera la aplicación de un renglón del plan de gobierno original de Perú Libre. ¿Qué sentido político tiene que el exgobernador de Junín siga prestándole sus 16 votos al inquilino precario palaciego?

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Crisis política, Gobierno, Pedro Castillo

4.-Automatiza tus tarjetas: La tecnología permite mecanizar los cargos y/o pagos, no solo de préstamos y depósitos, sino también servicios públicos, colegios, universidades, clubes, etc. Asimismo, la banca digital permite efectuar operaciones financieras de todo tipo en tiempo real, sin tener que hacerlas presencialmente en una agencia. Dicho proceso es efectivo debido a que así no se te olvidará pagar tus obligaciones y se evitarán cargos extras, como, por ejemplo, intereses moratorios y penalidades.

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Crisis política, crisis social, Dólar

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Congreso de la República, Crisis política, política peruana

Esta semana ha revelado una total falta de institucionalidad y respeto mínimo a las reglas y normas que deberían imperar en un Estado de Derecho. El gobierno parece no darle tregua a cualquier mínimo intento de estabilidad. Tras la tensión desatada entre el presidente y su premier por el mantenimiento del defenestrado e impresentable ministro Barranzuela, le siguió la publicación de los audios del ministro de transportes cediendo la reforma del mismo a la improvisación de las kombis que tantas muertes han traído. Pero, por si no fuera suficiente, hoy nos la vemos con una seria denuncia, que involucra a las esferas más altas del gobierno, en el intento de manipulación en los ascensos de generales en las fuerzas armadas. Como se aprecia, estamos ante un panorama desolador en el que la ley parece no tener ningún valor.

El establecimiento y mantenimiento de un Estado de derecho ha sido una conquista muy dura en la historia. Llegar a establecer como un sentido compartido que la mejor manera de convivir es mediante el imperio de la ley, como contenedora de los impulsos autoritarios, es el mayor logro de la civilización occidental. Por ello, a las mentalidades y sociedades pre-modernas les cuesta tanto hacer el tránsito, pues siguen considerando al Estado como su botín en el que pueden hacer lo que mejor les parezca con tal de mantenerse en el poder.

Lo peor de la situación política que vivimos es que la profunda inestabilidad no es producto de un programa de gobierno transformador que esté removiendo las bases mismas de una sociedad excluyente y oligárquica. Lo que vivimos no es producto de una serie de reformas profundas que se hayan impulsado en estos cien días. Por el contrario, la inestabilidad es producto, por un lado, del rosario de desaciertos del gobierno principalmente en el nombramiento de ministros y altos funcionarios y, por el otro, una derecha obsesionada con la vacancia del presidente que no ha dado un minuto de sosiego. 

En ambos casos el factor común es la manipulación de las instituciones y de la legalidad para sus fines subalternos. El bien común ha desaparecido del horizonte y del discurso político peruano. Todas suenan a palabras vacías cuando tras ellas sólo se esconden intereses de grupos disputándose el poder. Esta situación tendrá un desenlace impredecible cuando los ciudadanos, especialmente aquellos que votaron por una transformación, sientan sus expectativas totalmente embalsadas e incumplidas. El peligro que nos acecha es que el hartazgo de las personas se traduzca en salidas autoritarias que terminen desbordando el cauce institucional.

La obstinación del presidente por perseverar continuamente en el error lo pueden llevar a una ruptura con su premier. Si eso se llegara a suceder sumergiría a su ya endeble gobierno en una vorágine de la que tal vez no haya una salida institucional. Estamos al borde de un precipicio y los políticos juegan por ver quién empuja a quién sin percatarse que todos juntos terminaremos cayendo por su irresponsabilidad y banalidad. Perder a una premier que le ha dado un respiro y oxígeno al gobierno sería un despropósito, menos aún si lo hace para mantener a un ministro tan cuestionado y que seguramente igual será censurado por el parlamento. 

Visto está que el principal problema del gobierno no es con sus propuestas de cambios estructurales, porque hasta ahora no ha iniciado ninguno. Su problema central está con los funcionarios que designa, se torna entonces en un problema de personas que no de políticas gubernamentales. Está gastando tiempo y esfuerzo en defender personas, muchas de ellas indefendibles, en ligar de dedicarlo a lo que los ciudadanos esperan y para lo que lo eligieron. Aún es tiempo de volver al rumbo de la apuesta por el cambio dentro de la institucionalidad donde la ley no sólo se acate sino también se cumpla.

 

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Crisis política, Mirtha Vasquez, política peruana, Presidente Castillo

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Crisis política, crisis social, Democracia, Presidente Castillo, Vacancia

Algunas de las virtudes que toda democracia debe exhibir son las de la tolerancia y la paciencia concomitante respecto de los decires y haceres del adversario. Pero Castillo juega al límite de los niveles propios de una democracia que se precie de tal.

La sumatoria de errores groseros, gazapos, declaraciones insensatas y procedimientos irregulares que este gobierno ha cometido en apenas cien días de gestión, rompen los récords históricos de gobiernos aún tan inexpertos como éste (Alejandro Toledo y Ollanta Humala no tenían ninguna experiencia de gobierno cuando llegaron al poder y no mostraron el rosario de barbaridades que esta administración derrocha).

Castillo juega aún con el viento a favor, con niveles de aprobación si bien decrecientes, todavía importantes (alrededor del 40% de la ciudadanía lo respalda), pero se avecina un año horroroso, donde se van a juntar todas las piezas del rompecabezas del descrédito: crisis sanitaria con la tercera ola, crisis económica con el bajonazo de las inversiones privadas, producto de las desastrosas declaraciones ideológicas del Presidente, crisis política con mayores fricciones entre el Ejecutivo y el Congreso, y crisis social, con conflictos desatados por su inercia natural, a los que se sumarán aquellos originados por las expectativas frustradas de un régimen que prometía un cambio que no se aprecia ni se va a apreciar.

Va a llegarse a un “momento destituyente”, donde la vacancia va a estar a flor de piel de la oposición congresal. Y si en esas circunstancias, por ejemplo, ocurriese algo semejante a lo que acaba de acontecer con los ascensos militares y la destitución irregular y caprichosa de los comandantes generales del Ejecito y de la Fuerza Aérea, lo más probable es que la ola vacadora sea indetenible (el caso se ha agravado con -hasta el momento de escribir esta columna- la permanencia insostenible de Walter Ayala, como titular de Defensa).

La vacancia no es una opción deseable. Lo correcto, en términos políticos y sociales, es que Castillo dure los cinco años. Va a ser, inevitablemente, un gobierno mediocre, sin mayores logros, y que llegará exhausto al final de su mandato, pero el pueblo lo eligió, se equivocó garrafalmente, y es bueno que el país aprenda democráticamente lo que implica votar por la izquierda. Sería una gran lección histórica que una vacancia descartaría y nos asomaría, más bien, al riesgo de que en el futuro vuelva a aparecer triunfal una opción de este perfil.

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