Covid-19

No estamos en marzo de 2020. Conocemos mucho más al virus, tenemos vacunas y ya hay algunos tratamientos. Sin embargo, no podemos abandonar el desarrollo de nuevas tecnologías sanitarias que nos ayuden a luchar contra la pandemia. Tampoco podemos dejar de desplegar políticas públicas que se adapten al contexto vigente realizando los cambios necesarios para prevenir los nuevos escenarios emergentes. ¿Cuál es la estrategia del Minsa al respecto?

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Covid-19, Janice Seinfeld, Minsa, Nuevas olas

 

La Telesociedad

El teletrabajo, entre quienes lo tienen, reta, confunde y exige. No es un estado ideal. Si al inicio de la emergencia salieron mucho los consejos de cómo afrontarlo y cómo limitarlo, lo cierto es que el teletrabajo -entre quienes no lo practicaban- ha generado una sobrecarga inmensa de actividad de la que no hay conciencia clara de cómo regular. Se percibe que hay miradas diferentes del empleador de lo que significa trabajar desde casa, con lo que realmente es hacerlo. Pero si se regula y se convierte en un espacio manejable, el teletrabajo se quedará.

Pero supone muchos retos que no se han considerado antes y que hay que pensar abiertamente. El teletrabajo usa recursos privados para la producción para terceros. Muchas veces hay que consumir recursos como el Internet de casa, la PC o laptop personal, la energía eléctrica. Y eso no estaba en el contrato. El teletrabajo asume un horario que no respeta dinámicas de alimentación o consideraciones propias de la emergencia. Pero son exigencias que aparentemente se dejan pasar al ponerse en una balanza y comparar ello con estar en casa, ver a la familia, evitar el tráfico del desplazamiento y decidir el espacio de trabajo que se quiere. Aparentemente, el teletrabajo es un escenario preferido pese a todo.

Pero el “tele” no es solo laboral, también es educativo. Niños y jóvenes han visto interrumpida su jornada educativa habitual y han tenido que refugiarse en estrategias de educación a distancia. Con todos los matices del caso: hay quienes reciben clases y tareas por WhatsApp, hay clases en línea, videoconferencias, clases por Youtube, los programas del Estado por TV. Este probablemente sea el tema en el que después de más de 50 días la adaptación tarda más en darse. Hay confusión en todos los ámbitos, en función a qué pasará después, cómo se aprende realmente, cómo se evalúa. El acompañamiento de los padres además es relevante y consume tiempo: hay que estar ahí, revisar el WhatsApp, ver que hagan la tarea, tomar fotos, enviar a profesores, etc.

Pero no hay resistencia sino más bien percepción de necesidad. La sensación de que los hijos no deben estar sin estudiar es muy evidente en todos los niveles, pero con mucho más énfasis en los bajos. La preocupación por la calidad de lo que los niños y jóvenes reciben es también más evidente en estos niveles. En los altos se da por asumida una educación de nivel y se considera más ordenada y preparada la propuesta de los centros educativos.

Pero pareciera que el aprendizaje virtual no tuviera los mismos beneficios que el presencial y el debate público sobre las pensiones se traslada a las preocupaciones de los padres de familia, que esperarían que se vean reducidas e incluso anuladas. Se piensa que la teleducación es la última alternativa y aún no se reconocen los beneficios que se pueden recibir con dicha modalidad. Por otro lado, la insuficiencia de ancho de banda adecuado en los hogares es una limitante para el aprovechamiento adecuado de la educación virtual. Es un tema en el que se debe trabajar con fuerza si es que la teleducación llegó para quedarse.

Entonces, vimos una parte de las cosas que pudimos predecir en ese momento, hace ya dos largos años, que han parecido veinte en realidad. La mayoría tuvo sustento. La pregunta que siempre quedará en el aire es: ¿habremos aprendido? ¿tendremos la capacidad de ser mejores?

 

[1] Feifer, Jason (2020): 3 Major Opportunities That Will Come From This Pandemic. En: https://www.entrepreneur.com/article/350215

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Covid-19, Cuarentena, Gobierno

¿Qué nos ayudaría a evitar esta situación que proyecta el estudio?

Planteamos la recuperación transformadora. Es un concepto creado por la Comisión Económica para América Latina, e implica la recuperación por el tema de hacer frente a la pandemia, por el lado de lo económico, lo sanitario y lo social, pero transformadora, en términos de que debemos tener claro que ya teníamos retos gigantes y que no hemos hecho nada. Hay que actuar sobre eso. Tenemos que reducir la elevada desigualdad. Alguien va a decir que eso es progresismo, comunismo, pero no. Hay que leer los documentos del Foro Económico Mundial de 2020, donde se habla del gran reinicio. El gran reinicio implica lograr un nuevo consenso social mediante el cual los ricos y los súper ricos deben entender que deben aportar más a los ingresos públicos para atender las necesidades que tenemos hacia adelante y que son gigantes.

Yo creo que hay que pensar en una recuperación transformadora, hay que crear las condiciones para ir cambiando nuestra base legal, que también tiene problemas. Hay problemas en las concesiones, hay problemas en los tratados bilaterales de inversión, hay posibilidades de mejora en los Tratados de Libre Comercio. Hay mil frentes por ir trabajando de manera ordenada, realizando los acuerdos sociales y políticos para llevar a cabo esas transformaciones, pero parece que aquí nos vamos de un extremo a otro en esa idea de hacer política con P mayúscula. Ojalá la hagamos. Todavía tenemos la oportunidad para hacerlo.

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20220-2030, Covid-19, Desempleo, Desigualdad, Germán Alarco

Con la llegada de la pandemia, miles de negocios tuvieron que reformular sus procesos de entrega, políticas de atención al cliente, entre otros. Además de este factor coyuntural, fue importante la aparición de un perfil de consumidor responsable, que ya existía previo a la COVID-19.

Con el paso de los años, los consumidores han tomado mayor conciencia ambiental. Un estudio realizado por Kantar Perú (Who Cares, Who Does, 2020) revela que el 48% de peruanos afirma que buscan marcas que usen envases reciclables, el 45% ha dejado de comprar, ocasionalmente, productos por su impacto ambiental y el 33% señala que, de haber un producto sustentable, empezaría a usarlo.

Luis Fernando Terry, director de la carrera de Marketing y Gestión Comercial de la Universidad Le Cordon Bleu, señala que “Sin lugar a duda, la elección de alternativas eco-amigables se ha vuelto relevante para la decisión final de un perfil de consumidor responsable. Antes se tenía la percepción de que las acciones eco amigables generaban sobre costos para las organizaciones. Gracias a la tecnología e industria, han surgido nuevas alternativas que permiten a las empresas acercarse a una gestión amigable con el medioambiente mediante campañas de reciclaje, uso de bioplásticos, empaques de celulosa, desarrollo de subproductos, entre otros”.

En nuestro país, aproximadamente un 35% de los consumidores ya se preocupan por la gestión eco-amigable de las organizaciones y toman acción sobre ello. “Claramente el valor agregado que le añade una gestión de marketing sostenible y eco-amigable a la organización se verá reflejada en el nivel de consumo de los peruanos más sensibles con el impacto de nuestras acciones en el medio ambiente”.

Transitar a lo eco-amigable no es difícil, Luis Fernando Terry, nos menciona 4 acciones que podemos implementar en nuestro negocio:

-Identifica a tu público objetivo: plantea sus valores, sus propósitos, miedos, temores y las necesidades que lo llevan a adquirir tus productos.

-Reconoce su toma de decisiones: Identifica cuáles son los atributos determinantes que lo ayudan a decidir su compra. Identifica su ruta de compra (customer journey map), su ruta de consumo (consumer journey map), y genera ideas sobre cómo podrías reducir su estrés y fortalecer su conciencia.

-Rediseña tus procesos: Revisa tus procesos de negocio, evaluando cómo podrías incorporar en tus actividades los principios de economía circular. Busca diferenciarte no sólo como el mejor producto, sino también como la mejor opción para el planeta.

-Asegúrate de cumplir: El consumidor estará atento a que tu compromiso sea real, y no sólo sea una estrategia comercial. Busca asesoría, para que puedas ingresar al mundo de la gestión sostenible, que genere valor para el emprendedor, pero también a la sociedad y al entorno que te provee de energía y recursos.

En estos últimos años la manera de pensar, sentir y construir de un emprendedor ha cambiado. Un estudio de Ipsos Perú revela que un 72% de ellos cambió la forma de ofrecer sus productos por efectos de la pandemia. En ese sentido la nueva generación de empresas busca trascender con un propósito más allá del éxito comercial, su apuesta va por generar un valor a las nuevas generaciones.

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Covid-19, marca ecoamigable, Marketing sostenible

 

Todos los días, de lunes a viernes, Alexandra Ames, David Rivera y Paolo Benza discuten los temas más importantes del día por Debate. Hoy nuestro episodio número 330.

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Covid-19, Mascarillas

 

¿Cuanto dura una semana? ¿Pregunta estúpida? En fin de cuentas nos estamos refiriendo a una unidad de medida natural, ¿no? Una que marca de manera indeleble nuestras existencias. ¡Nada que ver! El día, un latido del corazón —vivimos 27540 del primero y alrededor de 4 mil millones del segundo—, son naturales. La semana no.

En la historia de la creación, previa a la naturaleza, se introduce la semana. Día 1, día 2 y así hasta que el CEO del universo termina el negocio y pone un nombre a aquello que es ocio, cuya raíz en hebreo es la misma que la palabra huelga, un paro para que no todo sea igual.

La semana, a pesar de aparecer en el génesis está íntimamente ligada al trabajo tal como lo hemos terminado concibiendo a partir de la revolución industrial y la urbanización: una actividad que se realiza en una secuencia cotidiana y luego se interrumpe. Los seres humanos tenemos una identidad multidimensional, que integra distintos aspectos, pero organizada alrededor del trabajo, que nos permite, no importa nuestro apellido, género, en función de nuestras capacidades y aprendizajes, situarnos en la sociedad, procrear, criar hijos, ser ciudadanos, practicar religiones, tener pasatiempos, perseguir sueños. La semana también define lo público frente a lo privado, desmarca lo interno de lo externo. Todo lo anterior, sometido a cambios, modas, cuestionamientos, era el marco dentro del que se desenvolvían nuestras vidas. Hasta que llegó la pandemia.

Ahora, repito la pregunta, ¿cuánto dura una semana?

Si hay algo que mi actividad profesional —la psicoterapia, el coaching, la intervención en crisis, los seminarios y conferencias— me permite es acercarme a las estrategias que emplean los seres humanos para torear las dificultades de la existencias, los hitos del ciclo vital, los retos de las estaciones que debemos recorrer, las tareas que encaramos en nuestras distintas condiciones y los papeles que protagonizamos en la obra que media entre nuestro nacimiento y el fin de juego que significa nuestra muerte.

Y si hay algo que viene resonando en mis oídos desde marzo de 2020 hasta este momento, es la perplejidad frente a la sucesión de los días que no parece tener pausa que no sea el colapso de las fuerzas y la pataleta que hace nuestra mente cuando ya no da más. Todas las unidades temporales se estiran y encogen, nos apachurran o muestran términos huidizos que nos dejan permanentemente en offside.

¿Cuándo el negocio se convierte en ocio y viceversa?, ¿el ocaso o el amanecer quieren decir algo al respecto?, ¿cuán distintos son jueves y sábado? La cosa ya venía poniéndose entreverada y borrosa antes del Covid: exceso de reuniones situadas en cualquier momento del día, revisión de correos cada 6 minutos, para no hablar de redes sociales activas sin parar. Todo eso ha aumentado con la pandemia. Si en 2004 podíamos mantener nuestra atención focalizada durante dos minutos y medio, hoy no nos da para más de 47 segundos.

Ahora que se habla de regreso a los lugares de trabajo, por lo menos a una manera de laborar que, nos dicen, será híbrida —término que también apunta a contrahechos ejemplares producto de especies distintas—, ¿volverá el tiempo a discurrir por sus cauces habituales?

La verdad, nadie lo sabe. Una cosa es el trabajo remoto en casa como parte de una estrategia sanitaria y otra alternar días de presencialidad con jornadas virtuales como parte de nuevos arreglos laborales. Es más, la hibridez podría terminar de matar la semana como metrónomo de las actividades que, para volver al Génesis, hacen sudar nuestra frente.

 

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Covid-19, Empresa

 

En todas las sociedades, más allá de diferencias culturales y matices políticos, mucho se hace en nombre de los niños. La pandemia cuyas presas se encuentran en el otro extremo del ciclo vital pareció cambiar las prioridades. Muchos se quejaron de que se estaba hipotecando la vida de los menores en nombre de evitar la muerte de los viejos. 

Una de las desgracias indiscutibles del COVID es que ha prácticamente desescolarizado a por lo menos un billón de alumnos en el mundo. La factura se anuncia monumental, tanto en salud mental como en déficit educativo y menoscabo de habilidades sociales. 

En los países de ingreso medio y bajo las cifras son espeluznantes: se calcula que alrededor de 70% de niños de 10 años no pueden comprender textos sencillos, muchos han adquirido la tercera parte de conocimientos matemáticos para su nivel de edad y, en general, se ha triplicado la probabilidad de salir del sistema educativo y no volver más a él. Aún en países desarrollados una cuarentena de dos meses equivale a la pérdida de un quinto del año escolar.   

Escuelas vacías no solo impactan en el conocimiento. Todos esos alumnos huérfanos de aulas, recreos y profesores de carne y hueso, significan, sin duda, menores ansiosos, tristes, desmotivados, con marcadas dificultades para sostener esfuerzos y una atención saltarina que prefiere las redes sociales y los videojuegos antes que cualquier actividad académica remota. 

Pero la escuela no es solo un espacio donde se aprende y se socializa. En muchos países es un canal que hace llegar alimentos y procedimientos médicos que gran cantidad de hogares no pueden ofrecer. Los programas asistenciales funcionan, tienen un impacto indudable tanto en lo físico como lo educativo. Por ejemplo, durante el primer año de la pandemia alrededor de 400 millones de niños dejaron de recibir una comida al día. 

Otro factor que muchas veces se deja de lado es que niños fuera de la escuela deben quedarse en casa donde se evidencia de manera grosera y dolorosa las desigualdades respecto de los recursos tecnológicos que hacen posible la educación remota. 

En muchos países antes de la pandemia ya casi toda su población estaba en línea. Las cuarentenas encontraron a alumnos y maestros conectados. Sus gobiernos socorrieron a los menos privilegiados potenciando sus infraestructuras caseras y apoyaron a los profesores menos duchos en los menesteres virtuales. 

Los peruanos tenemos muy presente las sesiones televisivas que eran pálidos sucedáneos de las clases escolares y los esforzados estudiantes que escalaban cerros armados de sus teléfonos celulares para encontrar el acceso a la señal educativa. Nunca fueron tan evidentes las distancias y diferencias entre quienes poseen las bondades de la modernidad y quienes recogen sus migajas. 

Pocos días nos separan de la vuelta a la educación presencial. En medio de un contexto político que enerva la concreción eficiente de políticas públicas, nos preguntamos si el regreso a clases será una vuelta a la experiencia educativa que la epidemia pasmó. ¿Que pasará si hay muchos contagios entre alumnos y profesores, cuántas familias habrán perdido fe en la escolaridad o esta se habrá hecho incompatible con la necesidad de trabajar, podrán niños cuyos músculos mentales han perdido fuerza y agilidad seguir las demandas de programas que no han cambiado demasiado?

Ojalá nuestros indudables éxitos vacunatorios pudieran replicarse en el campo de la escuela. Es poco probable. Nunca, señor ministro de educación, la educación ha sido tan mortal. 

 

 

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Covid-19, Cuarentena

Mientras los casos por COVID–19 van en aumento, pero su mortalidad baja considerablemente debido a las vacunas, el Ministerio de Salud (MINSA) publicó la Resolución Ministerial N° 10-2022 que redujo el tiempo de aislamiento y cuarentena en Lima Metropolitana y el Callao. En ese contexto, es necesario recordar ciertas disposiciones que deben tener en consideración los empleadores respecto a la prestación de servicios de sus trabajadores.

Martin Ruggiero, laboralista del estudio Payet, Rey, Cauvi, Pérez, analiza algunas de las principales medidas a observar:

¿El empleador puede requerir a su colaborador someterse a una prueba molecular para acortar el plazo de la cuarentena?

Sí, en virtud de su facultad de dirección y en atención al Principio de Prevención en materia de Seguridad y Salud en el Trabajo. “En esta línea, cabe recordar que las pruebas de tamizaje requeridas al personal no deben generar un costo o retención salarial de ningún tipo, conforme a lo dispuesto en la Ley N° 29783, Ley de Seguridad y Salud en el Trabajo”, comenta Ruggiero.

¿El trabajador en aislamiento tiene derecho a recibir descanso médico o un certificado de incapacidad temporal?

Sí. “Ante un caso sospechoso y probable de COVID-19, el establecimiento de salud o el empleador procede a otorgar el certificado médico o certificado de incapacidad temporal, por el tiempo considerado para el aislamiento, para proteger y resguardar la salud e integridad del trabajador”, señala el laboralista.

¿Qué acciones debe realizar el empleador para implementar el regreso progresivo de sus trabajadores al trabajo presencial?

El responsable del servicio de seguridad y salud en el trabajo de cada empleador debe identificar los puestos de trabajo con asistencia presencial imprescindible, acondicionar la infraestructura, garantizar distanciamiento seguro en los puestos de trabajo, implementar medidas de protección colectiva, establecer controles de riesgo, distanciamiento y ventilación, y garantizar y proveer de Equipos de Protección Personal (EPP). Además debe realizarse una vigilancia permanente de la salud de los trabajadores, monitorear los factores de riesgo psicosocial, y evaluar la necesidad del retorno de los trabajadores de grupos de riesgo, según el nivel de alerta.

¿El personal que no cuenta con esquema completo de vacunación puede prestar servicios de forma presencial?

No. Toda persona que realice actividad laboral presencial deberá acreditar su esquema completo de vacunación contra la COVID-19, siendo válidas las vacunas administradas tanto en el Perú como en el extranjero.

“En el caso de los prestadores de servicios de la actividad privada que no cuenten con el esquema completo de vacunación, deberán prestar servicios a través de la modalidad de trabajo remoto”, manifiesta el experto. Cuando la naturaleza de las labores no sea compatible con el trabajo remoto, se entenderá producido el supuesto de suspensión del contrato de trabajo, sin goce de haberes, salvo que las partes acuerden la suspensión imperfecta del vínculo laboral.

Finalmente, se debe tener en cuenta que en Lima Metropolitana y el Callao, se restringe el desplazamiento fuera de su vivienda a la persona expuesta a un caso sospechoso, probable o confirmado de COVID-19 por un lapso de 10 días contados a partir del último día de exposición con el caso. Sin embargo, el plazo podría acortarse a 7 días si hay una prueba molecular negativa, realizada a partir del día 5 posterior al último día de contacto.

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