Hacia una peruanidad post-covid

"No hace falta izar banderas ni marchar al compás de las bandas militares. Lo patriota es ponerse la mascarilla. (Pero si es blanquirroja, mucho mejor). Amemos al Perú de la boca para adentro."

Hace mucho tiempo dejé de vivir en el Perú, pero en toda mi trayectoria en el exterior me he topado con peruanos A1. Yo creo que es lo mejor que el Perú exporta.

Vivir en el extranjero y ser parte de la diáspora peruana (somos más de tres millones) es siempre un poco desalentador, pero deja de serlo si esto viene acompañado de venir de uno de los países que pese a todas sus taras políticas, siempre contribuye o da un toque exquisito cuando se trata de su arte, de la cultura, de la literatura, o hasta de otros logros como son el deporte y la gastronomía.

Esta última semana conmemorativa de las Fiestas Patrias, en más de 180 consulados que tiene el Perú en el exterior se celebró el 201 aniversario de la independencia.  En la ciudad de Aurora, en Colorado, el cónsul peruano Roland Denegri ofreció un mensaje motivador y muy cálido sobre la presencia peruana en los distintos rubros de esta urbe aledaña a la capital de Denver. Asimismo, presenciamos bailes típicos y música criolla, además de degustar algunas muestras de la comida típica peruana ofrecida por el restaurante Los Cabos Kero Peruvian.

¿Pero qué se siente ser peruano en el extranjero? Realmente, es una experiencia muy interesante porque, aunque uno viva en el exterior, siempre se lleva una sensibilidad patriótica. Por medio de la música, de las letras, la cultura y la comida, se puede compartir lo que uno es, y cómo nos definimos. Somos eclécticos, polifacéticos; hacemos de todo: cocinamos, bailamos, ayudamos, somos buenos en todo y, si no, lo aprendemos. Vivir el Perú desde lejos es engrandecerlo con el ímpetu de que todos conozcan lo grande que es nuestra tierra. Lo orgullosos que nos sentimos de los incas, de las civilizaciones más antiguas, que poco a poco se conocen más y más, del esplendor mochica y de las líneas de Nazca. Y de nuestros pueblos originarios que todavía luchan por su supervivencia y cuidan del medio ambiente.

Desde grandes cocineros a gente emprendedora que se ha iniciado en el rubro culinario gracias al boom gastronómico, nuestra comida es una fusión de sabores, de cultura cuyos ingredientes identifican cada región de donde proviene. En cuanto a los deportes, desde el fútbol, tenis, golf, natación o surf, el Perú está representado y muy bien identificado.

El Perú lo vivimos a diario, desde sus grandes acciones hasta los grandes errores cometidos por muchos de sus propios ciudadanos. Esta semana de aniversario ha servido para difundir una manera diferente de celebrar el Perú, siendo mejores ciudadanos.

El fin de semana pasado estuve en un evento familiar y al final resulté contagiada con Covid por confiarme entre baile y baile. No bajemos la guardia, tratemos de seguir con los protocolos. Pensé que después de haberme vacunado y tener refuerzos, no me iba a pasar nada. Mi hija y yo caímos enfermas y ahora enfrentamos la cuarentena con harto líquido, sopitas y frutas.

Tanto en el extranjero como en el Perú la plaga continúa. Yo cometí un error. Se me chispoteó la prudencia y ahora pago las consecuencias. Espero no haber contagiado a nadie más. Pero pienso que si todos nos cuidáramos un poquito más, ayudaríamos un poquito a mejorar el país.

No hace falta izar banderas ni marchar al compás de las bandas militares. Lo patriota es ponerse la mascarilla. (Pero si es blanquirroja, mucho mejor). Amemos al Perú de la boca para adentro.

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