Mauricio-Saravia

Dos años después

Cuando la pandemia se presentó en el Perú y el gobierno del presidente Vizcarra decretó la cuarentena rígida, muchas cosas cambiaron en el país y en su gente. En ese momento, tratando de anticipar lo que se venía contactamos 32 personas y las entrevistamos. Quisimos saber lo que se venía. Hombres y mujeres jóvenes y mayores, de todos los NSE. Lo que previmos pasaría está en estas líneas. ¿Pasó? Pues veamos.

En una de esas conversaciones que se tienen pensando en que el mundo se va a salvar por la fuerza de nuestras ideas, me hicieron una pregunta que fue bien difícil de responder. Textualmente fue: “¿qué va a pasar cuando todo esto acabe?”. Aunque era una pregunta casual, de la que no tenía la mínima idea cómo responder, me dejó pensando cuál sería la respuesta y provocó este trabajo.

Jason Feifer, editor en jefe de Entrepreneur, señalaba que una crisis como la generada por el Covid-19 genera tres oportunidades enormes que no deben dejarse pasar: aprovechar que nuestras burbujas explotan y podemos cuestionar la forma en la que venimos haciendo las cosas; aparición de nuevas necesidades que precisarán de soluciones; y el cambio en las reglas generales de convivencia que tendrán consecuencias siempre positivas.[1]  Más allá de la sobresimplificación de la emergencia, esta mirada dialoga bien con aspectos que ciudadanos de Lima están reconociendo que pasan y pasarán.

La metáfora de Freddy Krueger: ¿Cómo se percibía el Coronavirus?

Freddy, el monstruo de Elm Street, amenazaba con matarte si te quedabas dormido. Eso es exactamente lo que hará el Coronavirus, para los entrevistados. Aunque resulte obvio igual es necesario decir que los términos con que describen el virus son negativos: crisis, muerte, peligro. El elemento letal del virus es lo que llama la atención y lo que más preocupación genera. A su vez, esta enfermedad se piensa como un fantasma mortal. Un ente furtivo que no se ve pero que está ahí al acecho, esperando atacar. Por eso es parecido al famoso Freddy.

Pero también hay una mirada menos negativa de este virus, de cara al futuro que nos va a dejar porque se asocia con oportunidad y cambio, con la posibilidad de enfrentarnos a algo diferente de lo que vamos a salir fortalecidos. También por la oportunidad de aprender de todo esto y generar cambio de hábitos considerados negativos. Se genera una reflexión potente que cuestiona el orden actual de las cosas. Persiste una mirada muy crítica de los hábitos de consumo y de comportamiento, pero muy positiva de fortalecimiento de los vínculos cercanos y la familia y amigos, que se validan como referentes principales de cohesión para soportar esta situación.

En este nuevo escenario, la desconfianza será un signo de los tiempos. Será quizá el sexto sentido que acompañará nuestra cotidianeidad: desconfiaremos de las otras personas en tanto no sabemos de sus hábitos ni su manera de pensar; desconfiaremos de todo lo que entran en nuestras vidas; desconfiaremos de las noticias, de los datos, de las cifras; desconfiaremos de los parques, del aire, de todo. El problema es cómo superaremos este permanente estado de alerta que consume nuestros recursos personales a niveles muy altos.

El elemento más positivo en toda esta crisis es el aspecto familiar. Esta coyuntura ha generado espacios y momentos que no se tenían o no se habían intentado construir previamente. Se reconoce que la cohesión familiar por prácticas y conversaciones comunes ha sido enriquecedora y el principal aporte positivo de este tiempo.

Uno de los elementos que genera más reflexión es el hecho de no poder disponer de libertad para hacer lo que se quiera. Es algo relevante pues si bien muchos consideran que quizás no variarían mucho su propio estado de las cosas, el no poder decidir ellos mismos, hace la situación compleja. De alguna manera es: tener la libertad de elegir no hacer porque no quiero, no porque alguien me lo impone.

Hasta cuando me alcance la plata o la importancia de la certidumbre

La mayoría de entrevistados no tiene claridad sobre las condiciones económicas en las que esta emergencia los dejará. Los independientes y los dueños de negocios propios tienen un umbral de angustia mucho mayor. Las consecuencias de esta incertidumbre pasan casi siempre por destacar las habilidades personales que se tendrán para salir de una situación de crisis.

La idea de “volver a empezar”, no es ajena, especialmente en los NSE más bajos, dispuestos incluso a cambiar de actividad si de eso depende su futuro. El reto estará en volver a ser productivo lo antes posible y recuperar capacidad adquisitiva que es lo que se desea mantener. Es también destacable el encuentro de estrategias diversas para tratar de paliar las potenciales crisis que se presenten post cuarentena.

Los ahorros han cumplido un rol clave en esta crisis. La certeza o posibilidad grande de quedarse sin ingresos solo se ha podido enfrentar tomando los recursos que estaban destinados a emergencias o a proyectos familiares que tendrán que esperar más. La importancia del ahorro, evidenciada en la experiencia de los entrevistados, solo se equipara en términos económicos con la conciencia del gasto que el C-19 y la cuarentena han impreso en las personas. Hay una pregunta flotante que es “¿necesito todo esto?” Existe un cuestionamiento a la organización del gasto y la gestión de compras que se habría estado teniendo hasta antes de la cuarentena.

 

La Telesociedad

El teletrabajo, entre quienes lo tienen, reta, confunde y exige. No es un estado ideal. Si al inicio de la emergencia salieron mucho los consejos de cómo afrontarlo y cómo limitarlo, lo cierto es que el teletrabajo -entre quienes no lo practicaban- ha generado una sobrecarga inmensa de actividad de la que no hay conciencia clara de cómo regular. Se percibe que hay miradas diferentes del empleador de lo que significa trabajar desde casa, con lo que realmente es hacerlo. Pero si se regula y se convierte en un espacio manejable, el teletrabajo se quedará.

Pero supone muchos retos que no se han considerado antes y que hay que pensar abiertamente. El teletrabajo usa recursos privados para la producción para terceros. Muchas veces hay que consumir recursos como el Internet de casa, la PC o laptop personal, la energía eléctrica. Y eso no estaba en el contrato. El teletrabajo asume un horario que no respeta dinámicas de alimentación o consideraciones propias de la emergencia. Pero son exigencias que aparentemente se dejan pasar al ponerse en una balanza y comparar ello con estar en casa, ver a la familia, evitar el tráfico del desplazamiento y decidir el espacio de trabajo que se quiere. Aparentemente, el teletrabajo es un escenario preferido pese a todo.

Pero el “tele” no es solo laboral, también es educativo. Niños y jóvenes han visto interrumpida su jornada educativa habitual y han tenido que refugiarse en estrategias de educación a distancia. Con todos los matices del caso: hay quienes reciben clases y tareas por WhatsApp, hay clases en línea, videoconferencias, clases por Youtube, los programas del Estado por TV. Este probablemente sea el tema en el que después de más de 50 días la adaptación tarda más en darse. Hay confusión en todos los ámbitos, en función a qué pasará después, cómo se aprende realmente, cómo se evalúa. El acompañamiento de los padres además es relevante y consume tiempo: hay que estar ahí, revisar el WhatsApp, ver que hagan la tarea, tomar fotos, enviar a profesores, etc.

Pero no hay resistencia sino más bien percepción de necesidad. La sensación de que los hijos no deben estar sin estudiar es muy evidente en todos los niveles, pero con mucho más énfasis en los bajos. La preocupación por la calidad de lo que los niños y jóvenes reciben es también más evidente en estos niveles. En los altos se da por asumida una educación de nivel y se considera más ordenada y preparada la propuesta de los centros educativos.

Pero pareciera que el aprendizaje virtual no tuviera los mismos beneficios que el presencial y el debate público sobre las pensiones se traslada a las preocupaciones de los padres de familia, que esperarían que se vean reducidas e incluso anuladas. Se piensa que la teleducación es la última alternativa y aún no se reconocen los beneficios que se pueden recibir con dicha modalidad. Por otro lado, la insuficiencia de ancho de banda adecuado en los hogares es una limitante para el aprovechamiento adecuado de la educación virtual. Es un tema en el que se debe trabajar con fuerza si es que la teleducación llegó para quedarse.

Entonces, vimos una parte de las cosas que pudimos predecir en ese momento, hace ya dos largos años, que han parecido veinte en realidad. La mayoría tuvo sustento. La pregunta que siempre quedará en el aire es: ¿habremos aprendido? ¿tendremos la capacidad de ser mejores?

 

[1] Feifer, Jason (2020): 3 Major Opportunities That Will Come From This Pandemic. En: https://www.entrepreneur.com/article/350215

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Covid-19, Cuarentena, Gobierno

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