Constitución

Todos los días, de lunes a viernes, Alexandra Ames, David Rivera y Paolo Benza discuten los temas más importantes del día por Debate. En nuestro episodio número 219: Constitución aprobó suspender las primarias, entre otros golpes a la reforma política. La Carrera Pública Magisterial bajo ataque. ¿Dólar en S/3,7 sin incertidumbre? Y los insultos a Guillén.

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Lima – Perú

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Carrera pública magisterial, Constitución, reforma política

Esta será la primera vez en la historia del Perú en que la izquierda popular llegue al gobierno por la vía de los votos. El pueblo le ha otorgado la confianza de conducir el gobierno por los próximos cinco años a un programa popular que no ha tenido que hacer concesiones para poder ser elegido. Eso, sin embargo, no supone el sectarismo, que ya sabemos no conduce a nada bueno, sino la capacidad de realizar las transformaciones que el país necesita y reclama dentro de los cauces democráticos.

Con una historia que siempre la colocó en la oposición, hoy la izquierda tiene el deber de ser gobierno, tomar las decisiones, construir los consensos y asegurar que las expectativas populares no sean traicionadas por una mala gestión. Los dirigentes del nuevo gobierno deben comprender que ahora toca la enorme responsabilidad de ser un gobierno para todos.

El sectarismo siempre es una tentación en la izquierda. Su elección se ha realizado en circunstancias muy especiales y casi la mitad del país no ha votado por esa opción. Por ello, sin renunciar a sus principios, ofertas, ni su vocación transformadora, su principal misión será la de convencer a aquellos que no creen en un proyecto popular de igualdad y justicia social. Eso no se hará sembrando temor, ni mediante amenazas, sino explicando una y otra vez que un gobierno de izquierda no tiene que ser autoritario y empobrecedor.

Se puede lograr un gobierno de unidad a partir de hacer entender que el Perú requiere de un nuevo pacto social que legitime lo que queremos ser como nación. Por eso, la necesidad de debatir una nueva Constitución. Lo verdaderamente democrático es no temer al soberano en las decisiones que toma. La nueva Constitución es la puerta a nuevos consensos sobre la base de dotarnos a nosotros mismos de nuestro destino.

Las Constituciones son el reflejo de las necesidades sociales de una época. Y si algo nos ha mostrado esta pandemia es que el tiempo del neoliberalismo, que en nuestro país nunca pasó de ser un neomercantilismo, se ha agotado. Las enormes desigualdades y la precariedad que este modelo privatizador, autoritario y corrupto han abierto paso a la necesidad de un cambio.

La propuesta electoral ganadora en esta elección es la que tuvo como principal bandera un cambio de Constitución. Eso significa que el soberano se ha manifestado a favor de ello y, por tanto, el primer deber del nuevo gobierno será el de cumplir con su promesa de una nueva Constitución. Los que se oponen a una nueva Constitución deben entender que no se trata de un capricho del señor Castillo, sino de un mandato expreso que se le ha dado en las urnas.

No hacerlo sería traicionar la voluntad popular. El gran problema que siempre ha impedido a la derecha comprender nuestro país, es que nunca se ha dado la molestia de escuchar las necesidades de los sectores populares. El crecimiento macroeconómico ya no es suficiente ahora el pueblo exige también justicia e igualdad. Esa es la gran discusión nacional que nos toca como país llevar adelante, cómo logramos sacar de la postergación, la marginación y la exclusión a las grandes mayorías mediante un nuevo pacto social donde ellas también se sientan representadas, escuchadas y sobre todo, donde puedan tomas sus propias decisiones sobre qué tipo de país quieren.

No hay que tener miedo de lo que el pueblo quiera. La campaña infame contra Pedro Castillo y su partido para que no llegue al gobierno, aduciendo un fraude inexistente, sólo atisba los ánimos de un país dividido que necesita sanar sus heridas, curar sus fracturas y buscar en una nueva Constitución la oportunidad de empezar a construir una sociedad donde nadie, nunca más, sea prescindible.

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Constitución, Izquierda, sectarismo

Keiko Fujimori y Pedro Castillo acaban de firmar un papel sin valor llamado «Proclama ciudadana: juramento por la democracia», que contiene una serie de «exigencias» —repito: sin valor— para el que vaya a ganar la elección este 6 de junio. Lo han firmado en un acto muy pomposo y «solemne» como dice el obispo promotor de este papel fútil, Pedro Barreto. Pero las líneas de esta proclama carecen de fundamento jurídico, abundan en imprecisiones y, sobre todo, humillan a nuestra constitución.

Como si jurar ante el Congreso no fuera suficiente, ahora resulta que el próximo presidente tiene que verse en la obligación de hacerlo —y previamente— ante un texto redactado por cualquier persona o grupo de «notables».  Nada más vergonzoso y revelador de que vivimos todavía en un país donde aquellos notables ven a nuestras instituciones como adornos. Esos que se inventan proclamas no tienen ningún respeto por nuestras normas, en el fondo no las reconocen.

Dice, en una de las exigencias de esta «proclama», que el ganador de la presidencia «jura dejar el poder después del 28 de julio del 2026». ¿Acaso la propia constitución no es clara en que el periodo de gobierno es de cinco años?, ¿acaso la constitución no tiene candados para limitar los actos de un eventual dictador? O, vayamos al caso extremo de que nos encontremos con un próximo dictador: ¿acaso este tirano se pondrá a pensar, en el momento de tomar la decisión de perpetuarse, en que alguna vez firmó un papelito ante la cara de un cura y dos personas más y que por eso desistirá de sus deseos absolutistas? En ninguno de los dos casos, ese papel vacío firmado será tomado en cuenta. No seamos ingenuos. Así que esto es todo un show para que las ONG y los señorones moralistas que han escrito ese pseudodocumento se crean importantes.

«No buscar ni intentar ningún mecanismo de reelección», también manda el papel que lleva los sellos de la Conferencia Episcopal Peruana y de tres ONG que jamás protestaron contra la tiranía del vacado e inhabilitado Martín Vizcarra cuando ocupó Palacio de Gobierno. Como si el límite lo pusiera una hoja con membrete de entidades privadas y no nuestra ley. O como si un dictador pensara primero en ir a las urnas para recién extender su mandato. No, un dictador se queda si quiere, ya lo ha dicho el virtual congresista electo de Perú libre, Guillermo Bermejo: «Si tomamos el poder, no lo vamos a dejar. Con todo el respeto que se merecen ustedes y sus pelotudeces democráticas, preferimos quedarnos». ¡Qué tal!

Incluso la proclama de las ONG vendría a ser como un mandato al Congreso, ¿no es cierto? Al decir que el que resulte presidente no puede buscar ni intentar la reelección es ordenar a los parlamentarios a no legislar en los próximos cinco años una reforma que permita la reelección presidencial. ¿Por qué? porque lo dice la «proclama». Muy gracioso. Tan gracioso que hasta Gregorio Santos se ha burlado: «No existe marco jurídico que ampare esta «proclama». Si los respetables sacerdotes, pastores y funcionarios de ONG aspiran a participar en política, que formen partido, presenten candidato y programa de gobierno. Buscan con la proclama echar soga y lazo, luego aplicar garrote». Aunque con Santos discrepo siempre, con esta expresión suya coincido plenamente.

Hoy estamos en un escenario de segunda vuelta. Se supone que ya conocemos a los candidatos finalistas. Quienes han votado por Pedro Castillo sabrán que sus promesas son desactivar instituciones autónomas del Estado, prohibir las importaciones y que su ideología es comunista. Quienes dieron el voto a Keiko Fujimori saben que su plan de gobierno es totalmente opuesto al ideario de Cerrón-Castillo. Y en esos planes de gobierno debemos confiar, así como están, sin ediciones de última hora, o ¿acaso esos programas presentados ante el Jurado Nacional de Elecciones al inicio de la campaña no son los verdaderos juramentos que ya hicieron Fuerza Popular y Perú Libre ante la ciudadanía? A estas alturas, ningún otro papel es garantía de nada.

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Constitución, Elecciones 2021, Perú