protestas

TRES

No te santifiques que los hechos demuestran que eres una terruca lover. Viviste con un terrorista, tuviste una hija con él, presentaste el libro de un terrorista y abogaste para que un terrorista sea cambiado de prisión. No es campaña de terruqueo, esto es información. 

Milagros Leiva

Días atrás, la irritante periodista de WIllax fue condenada por su infamia a Anahí Durant.

La ex Ministra de la Mujer expresó.

  • La sentencia sienta un precedente importante y debe servir para que los periodistas sepan que terruquear es delito y tiene consecuencias.

El gobierno de Dina a terruqueado –sin dudas– a todos los manifestantes. Ídem, la prensa adicta. Lo que parece increíble es que la misma Derecha –recalcitrante– que llenó de epítetos a la propia Dina, antes del fallido golpe, sea ahora su defensor principal. 

  • Insólito, ¿no?

Lo que más me jode es que la gente común hace lo mismo. Sin atisbo de duda. Ya sea Lima o cualquier otra provincia. Y no solo las clases acomodadas. Como si fueran sinónimos, en las redes sociales, se tuitean por miles.

  • Terruco y resentido.
  • ¿A eso hemos llegado?

No entienden la protesta. La misma –lógicamente – ralentiza o paraliza la economía. Sin embargo, mientras unos han logrado cierta estabilidad o progreso (en años de la bonanza neo liberal); olvidan que hay un gran sector que han sido totalmente ignorados o relegados a un rincón.

  • ¿Es justo? 

Muchos políticos o mesocratas – incluso los supuestos cristianos–  vociferan a los cuatro vientos.

  • El que es pobre, lo es porque quiere.

Solamente un ignaro que desconoce el Perú (por ende, sus contradicciones) puede emitir la expresión lapidaria.

La periodista Patricia del Rio emitió una inquietante elocución, en La Mula TV.

  • Si hay gente que aún cree que la tierra es plana. El sesgo de necesitar que te digan lo que quieres escuchar, va a ser mayor. No importa lo que le pongas delante. Va a seguir pensando igual. Que ese joven que murió baleado, mientras estaba atendiendo a un herido, seguro había tirado una piedra hacia media hora. No les importa en absoluto.
  • Entonces estamos en el riesgo que el exceso de información pueda reforzar la dureza del negacionismo, que intenta ocultarla, acotó Cesar Azabache.

En más de medio siglo de vida, creo que nunca habíamos vivido tal nivel de maniqueísmo a ultranza.

  • ¿Acaso nos estamos deshumanizando?

*Fotografía perteneciente a tercero

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Dina Boluarte, protestas, Víctor Santisteban Yacsavilca

Al volver por el sentido contrario, buscando a los otros miembros del grupo, como uno que sufre de ceguedad, encontraría con la cabeza rota e inconsciente, alrededor de un charco de sangre desparramado a otra persona en plena esquina. Pedimos a la policía que deje de tirar gases y reprimir. Pero siguieron. Para entonces estaba tan ahogado y pasmado, que comencé a vomitar. Yo tengo problemas de salud en relación a la respiración. Pero de alguna forma tenía que vivir todo esto en carne propia para poder escribir y así dar la mayor objetividad posible a los que me leen. Estos son los gajes del oficio. Pero, a decir verdad, nunca imaginé que algo así pudiera desencadenarse. Me sentí como en las crónicas que leía muy joven de Hemingway en la guerra civil española. Y el solo hecho de pensar que pude haber sido yo o cualquiera de los del grupo alguna de las víctimas muertas o heridas, me aterra. En eso, entre los mareos y llantos, me detuve agitado y vi una pancarta en los suelos inscrito con las siguientes palabras: “Mamá, estoy aquí. ¡Volveré, te lo prometo!”. Pero muchos no volvieron como pasaría días atrás en el interior del país, y como esa noche tampoco volvería a ver más a su familia, Víctor Santisteban Yacsavilca.

Acompañé a la gente que lo llevaba al hospital EsSalud de Grau en una camilla. Del que entraría una familiar o esa era la intención, puesto que entró una chica que de la impresión ni podía esgrimir ninguna palabra. Dentro, había un tipo haciendo mimos burlescos, riéndose asquerosamente de lo que veía. Y que lastimosamente representa cierto sector fascistoide que ya no solo lo piensan sino que abiertamente dicen: “deben matarlos a todos”. Muchos de los presentes estuvimos allí, en espera y vigilia. Luego, como se ven en videos, la policía una vez más actuó de manera desproporcionada y sacó a la gente de la puerta de emergencia a golpes.

Esa noche otra vez Lima fue manchada de sangre. La única ciudad en donde si pareciera importar los fenecidos de nuestro país. Al escribir esto, sigo absorto y con la perplejidad en la mirada ante estos hechos que nunca pensé vivir y como del cual dudo mucho poder olvidar. Y ya al terminar, agradezco entrañablemente a las personas que me acompañaron el jueves después del accidente, como el abogado Arturo Morales, mi hermana, quien es mi mejor amiga, y una de mis compañeras de vida, Grecia. ¿Cuánto más seguirá todo esto como cuánto más podremos aguantar? Cuántas sangres más tendremos que ver derramadas para decir “ya basta”. Ahora hay un canto al cielo y me pregunto con una tristeza tan grande depositada en los ojos, a dónde irán sus esperanzas y sueños de todos nuestros hermanos peruanos fallecidos estas últimas semanas. A dónde…


Fotografía: Pua Nozi

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protestas, Víctor Santisteban Yacsavilca

Sería muy útil que las fuerzas del orden sepan distinguir entre los azuzadores intelectuales y perpetradores materiales de la protesta sangrienta, de aquellos que actúan sin violencia, y que son la mayoría, pero que son tratados bajo el mismo rasero (véase los resultados de la torpe intervención en San Marcos: todos liberados por la Fiscalía) y con una intensidad represiva propia de una guerra interna.

Al pueblo legítimamente indignado, contención insertada en el respeto a los derechos humanos; a los violentistas, detención y carcelería, a ver si de una vez por todas nos libramos de los remanentes senderistas que siguen creyendo que la violencia, así sea camufladamente, es la partera de la historia.

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política peruana, protestas, San Marcos

El gobierno sale fortalecido de la asonada, no hecho flecos, como pretendía la izquierda. Se va viendo cada vez más claro que lo más probable es que Dina Boluarte dure hasta julio del 2024, quizás con focos de resistencia en Puno y algunas regiones aledañas, pero con el resto del país funcionando, y, sobre todo, con la transición democrático constitucional incólume.

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Dina Boluarte, gabinete Dina Boluarte, Lima, paro nacional, protestas

Todos han llegado a la conclusión — los que no han decidido desconectarse de lo que va más allá de sus afanes inmediatos— que los actores en el escenario de lo social y político no tienen nada que ver con el bienestar común y el funcionamiento colectivo: solo buscan promover intereses subterráneos y trasladar sus culpas a otros, dentro de su propio equipo o a quienes se encuentran en el que, supuestamente, combaten. Son mercaderes de la duda: lo único que podemos comprarles son sospechas. Preferencias, no hay.    

Todos están confundidos. “Muere héroe o vive lo suficiente para convertirte en villano”, le dijo Harvey Dent a Bruce Wayne. Viniendo de un fiscal que alguna vez persiguió el delito y buscó la justicia, no deja de ser irónico en las actuales circunstancias. Pero lo cierto es que vivimos un festival en el que todos pretenden ser héroes y a la vuelta de una semana se gradúan de villanos. Ciudadanos y líderes, no hay.

Todos están aburridos. Tienen la sensación de estar condenados a asistir a un partido cuyo resultado tendrá consecuencias importantes. Los jugadores son malos, no hay árbitro, se agotó la banca de suplentes, se acabaron los alargues y ahora se está en una definición por penales que no tiene cuando acabar. Y ni siquiera se puede salir del estadio. Rabia, sí hay.   

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Marchas, movilizaciones, protestas

La pobreza en el Perú no deja de crecer, sobre todo aquella que llamamos pobreza extrema, lo que demuestra una indiferencia inhumana del presidente hacia los más necesitados. La falta de confianza que genera este gobierno, con políticas erráticas y populistas, y con discursos de odio azuzando la lucha de clase entre los peruanos, está impactando negativamente en la inversión privada, con fuga de capitales y de talentos, haciendo cada vez más difícil que nuestros compatriotas tengan un empleo digno y una luz de esperanza en el horizonte.

Los peruanos tenemos entonces a la Constitución como nuestro escudo y al derecho a la insurgencia como estandarte, el cual cada día que pasa se convierte más en un deber patriótico para salvar a nuestro país de las garras de la corrupción, de la ineptitud y de la indiferencia.

La ciudadanía tiene que mostrarle el camino a la clase política y a los medios de comunicación para que de una vez apoyen, sin dudar, un levantamiento masivo y nacional que presione, constitucionalmente, a una salida democrática. La doble vacancia de Castillo-Boluarte sería el medio para que una nueva mesa directiva del congreso elija a un (o una) presidente de consenso que nos lleve a elecciones generales en pocos meses.

Si a Merino la ciudadanía lo sacó en cinco días, habiendo sido constitucionalmente investido como presidente y sin haber podido efectuar ni siquiera la presentación de su gabinete al Congreso, tenemos muchísimas razones más para levantarnos y protestar bajo el amparo del artículo 46° de la Constitución política del Perú, y con la pasión y con la convicción de que solamente así, podremos soñar en un mañana mejor.

 

 

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Marchas, protestas

¿Su temor, entonces, es que en esa mesa se tomen decisiones que afecten a Pomalca?

Esta mesa está siendo manipulada por intereses policos. Nosotros, repito, no vamos a renunciar a nuestra estabilidad. Sería una locura. Esto afectaría directamente a 2,300 trabajadores y unas 10 mil familias. Y, en un contexto de crisis alimentaria, también podría terminar afectando el suministro de un producto de primera necesidad.

¿Hace cuánto tiempo solicitaron ser incorporados a la mesa de diálogo?

Presentamos la documentación hace un mes y medio. Seguimos esperando que nos convoquen. Otros representantes de las azucareras sí participan, pero nosotros estamos luchando para que se escuche a todos los trabajadores activos, no solo de Pomalca, sino de todas las empresas. Nos quedaremos aquí [en Lima] y seguiremos protestando hasta que nos incorporen.

 

 

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Gobierno, Pomalca, protestas

EL DÍA D

El sábado 2, el Ejecutivo finalmente se puso las pilas. O al menos eso parecía, pues anunciaron la tardía mesa de diálogo con los dirigentes para llegar a acuerdos y una tregua. Sin embargo, fueron llegando los ministros, pero el presidente ese día no apareció, lo que exacerbó el ánimo de los protestantes. Ellos pedían que Castillo se disculpara por tildarlos de vendidos.

La reunión con los ministros se llevó a cabo en el Coliseo Wanka. Sin embargo, cuando los manifestantes se dieron cuenta de que el presidente no llegaría, la protesta volvió a estallar. “[Estoy] totalmente indignado, el señor presidente debería estar acá, debe dar la cara acá, ¿por qué se esconde? No queremos a sus ministros, no queremos esa porquería”, dijo un manifestante a los periodistas de Canal N. Producto del conflicto, casi 30 personas resultaron heridas, algunos más graves que otros, de acuerdo a medios locales.

Kenyi Huaripata Yauri (23) es estudiante de ingeniería mecánica de la Universidad Nacional del Centro de Perú. Ese sábado tenía clases, pero cuando vio a un grupo de agricultores −la mayoría, adultos mayores− que pasaban caminando mientras reclaman sus derechos, decidió ir a marchar con ellos. “Mi familia se dedica a la agricultura en Huancavelica, sé cómo es la labor, bastante sacrificada, por eso es que tomé la decisión de acompañarlos”, sostiene.

Cuando los disturbios comenzaron, cuenta, la Policía empezó a tirar bombas lacrimógenas a los manifestantes. En ese momento, él se retiró para evitar que lo lastimen. Sin embargo, para volver a casa se vio obligado a pasar por donde estaban los agentes. “Vi que estaban usando perdigones y bombas […] también cuando me estaba retirando, vi a un compañero en medio del humo tirado en el suelo, sin poder moverse debido al efecto de los gases lacrimógenos”, recuerda Kenyi.

Kenyi Huaripata paro transportistas junin
Kenyi Huaripata salió a marchar junto con un grupo de agricultores. Lo que empezó como una protesta pacífica, terminó en casi una treintena de heridos. A Kenyi le lanzaron una bomba lacrimógena en la ingle y tuvo que ser operado de emergencia.

De acuerdo a su testimonio, al darse cuenta de que eran pocas personas, la Policía empezó a lanzar más bombas para dispersarlos. Y es ahí donde uno de estos artefactos le cayó en la ingle. “El dolor era tan intenso, que ya no pude irme a mi casa como lo tenía pensado, a pesar de estar muy muy cerca”, cuenta. 

Como pudo, se acercó a una unidad de primeros auxilios de su universidad y les pidió ayuda. Fue llevado al hospital Daniel Alcides Carrión. Luego de tenerlo dos horas haciendo papeleos, una prima llegó a ayudarlo y lo trasladó a una clínica para ser operado de emergencia. “Si mis papás no hubiesen hecho un esfuerzo para ayudarme a pagar la clínica, seguramente no me habrían operado y ahora estaría mal”, apunta el estudiante. 

Otro de los que resultó herido de gravedad fue Frayan Toribio Yaranga (27), que se encontraba como brigadista de primeros auxilios en la protesta. “Voy a apoyar el paro de los transportistas porque ya mucho se abusa del pueblo y las cosas suben: el petróleo, los víveres. Ya no nos alcanza”, le dijo a su padre Félix Toribio, según recuerda este a Sudaca.

Pero en medio de la batalla campal que se armó en las afueras del Coliseo Wanka, a Frayan le cayó un perdigón en el ojo derecho. Su familia se enteró de que estaba herido cuando vieron una foto de él en redes sociales. Cuando fueron a buscarlo, lo encontraron tirado en una camilla y sin atención médica. Tuvieron que trasladarlo de emergencia hasta el Hospital Nacional Guillermo Almenara, en Lima. Fue operado, pero perdió la visión del ojo derecho. Ahora corre el riesgo de perder el otro ojo debido a la gravedad de las heridas y a la atención tardía, según le informaron los médicos a su padre.

Frayan Toribio
A Frayan Toribio le tiraron un perdigón en el ojo derecho. Aunque lo operaron, perdió la visión en ese ojo. Ahora se encuentra en peligro su ojo izquierdo.

“Mi hijo trabaja en Arequipa, en la mina, gana su plata con el sudor de su frente. No es un delincuente. No entiendo por qué le hicieron esto. Muy mal la policía, ¿cómo va a disparar de frente a las personas como si fuesen animales? Queremos justicia, nos sentimos indignados”, reclama Toribio.

Ahora Frayan se encuentra deprimido, por lo que su familia pide que los ayuden con un psicólogo para su hijo. “Mi hijo está llorando, está desesperado. Ahora yo le pido a Castillo o a los congresistas que me ayuden con un psicólogo que le hable a mi hijo”, pide su padre.

Daniel Zacarias Tejeda (28) también resultó herido. Él fue golpeado por los efectivos policiales en varias partes del cuerpo. “Cuando ya me estaba retirando, nos empezaron a tirar bombas y luego entre varios nos golpeaban, nos maltrataban. Tuve que ir a sacarme ecografías y rayos X para descartar cualquier fractura”, recuerda. 

Daniel Zacarias
Daniel Zacarias también resultó herido en las manifestaciones: fue golpeado por los efectivos policiales en los exteriores del Coliseo Wanka.

Zacarias, quien se dedica a la construcción, tuvo que dejar de trabajar por los golpes recibidos. Cuando fue a la clínica, había 20 personas más que también estaban heridas. Ahora solo espera ver a Castillo dando la cara hoy en Huancayo. “Mi familia está muy molesta por lo que me hicieron. Y ese es el sentir general”, advierte. 

Al cierre de esta edición, el presidente de la República acababa de llegar, entre pifias, al Coliseo Wanka para clausurar el Consejo de Ministros. Cuatro horas después que sus ministros. Tarde y mal para los juninenses y sus muertos. 

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Huancayo, Junín, Pedro Castillo, protestas
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