Perú

Este martes 18 de enero vuelve a cumplirse un doble aniversario que en buena medida resume la historia del Perú.

Por un lado, Lima, nuestra querida y a la vez odiada capital, llega a sus 487 años, como una viejita remozada que en nada se parece a esa Lima de 1535, cuando Francisco Pizarro enarboló sus estandartes en el valle del Rímac para fundar una nueva sede administrativa para su gobernación y a la vez tener una cercanía al mar que le permitiera acceder a un puerto exportador de tesoros y escapar en caso de una rebelión indígena. Fue, sobre todo, una jugada estratégica, de fines militares y comerciales. 

El otro aniversario son los 111 años de José María Arguedas, que representa una cara muy distinta del Perú. Nacido en Andahuaylas, departamento de Apurímac, en 1911, Arguedas vivió su infancia y primera adolescencia en la serranía aprendiendo quechua e interactuando con los comuneros indígenas que le enseñaron la verdadera naturaleza del cariño. De hecho, puede decirse que el quechua fue su lengua materna (todo parece indicar, además, que su madre biológica fue una mujer indígena, según recientes investigaciones de Ghislaine Delaune-Gazeau en la revista Lienzo, n. 42).

Lima y Arguedas en sus inicios encarnaban polos opuestos. El mismo nombre original de la urbe –la Ciudad de los Reyes– exhalaba aristocracia y santidad, acero y naftalina al mismo tiempo. Sus símbolos eran importados, europeos. Su función no solo era la de enclave para facilitar la sujeción del inmenso territorio del Tahuantinsuyo, sino que el valle mismo del Rímac estaba poblado de agricultores. Los especialistas oscilan en definir una población nativa entre 30 mil y 120 mil habitantes dedicados al cultivo de plantas para la alimentación, el comercio y el manejo de canales y edificios de barro que servían de vivienda a los caciques y de templos ceremoniales. Además, el valle era fértil y verde y estaba muy cerca del gran santuario de Pachacamac, centro de peregrinaje. Hoy quedan más de 300 restos arqueológicos en el radio urbano de Lima como testimonio de que el valle nunca estuvo realmente desierto.

Arguedas llegó a la costa (primero a Ica) en su adolescencia, a esos “arenales candentes y extraños, entre gente que no quiero, que no comprendo”, como dice su personaje Ernesto en el enternecedor cuento “Warma Kuyay”, de 1935. Ya en Lima, para asistir a la universidad, entró en la vorágine de las contradicciones que en el siglo XX alimentaba una migración cada vez más creciente de provincianos hacia la capital. Con el tiempo, como sabemos, esa migración ha convertido a Lima no solo en una ciudad principalmente habitada por provincianos o sus descendientes, sino también en la ciudad quechuahablante más grande del mundo. 

A la vez, el interior del país es cada vez más penetrado por la avanzada occidental, mermando las culturas locales, amestizándolas, en el mejor de los casos, cuando no desapareciéndolas, pero nunca dejando de afectarlas. Y con ellas la naturaleza, cada vez más depredada.

Muchos dirán que se trata de la expansión de un mestizaje triunfante, de la forja de una verdadera identidad peruana. Lima se vuelve más quechua; el interior se castellaniza cada vez más. Pero a la larga, los modelos culturales y la función del estado siguen siendo los occidentales, como si los procesos de evangelización de la colonia se hubieran transformado ahora en la creencia igualmente fanática en el «progreso» capitalista y como si las modernidades alternativas no fueran posibles. 

¿Qué Perú nos encontramos este 18 de enero? Difícilmente un Perú homogéneo, pese a los esfuerzos de las élites financieras y criollas que quieren ajustarlo a su lecho de Procusto. Había algo de esperanza de que las cosas cambiaran con la subida de Pedro Castillo al poder el pasado 28 de julio. Pero, atenazado por una ultraderecha golpista y la angurria de una izquierda burguesa, el profesor -silenciado y silencioso-  no ha podido hacer gran cosa. 

Lima y su aniversario y Arguedas con el suyo siguen siendo dos heridas que no logran cerrarse.

 

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Nací en el año 89, lo que quiere decir que soy de esa generación a la cual le tocó vivir los mejores años en términos económicos para el Perú, y que creció escuchando que aquí había oportunidades para los jóvenes. Recuerdo con emoción un discurso de graduación en mi universidad de Gastón Acurio que cerraba diciendo: “Quisiera decirles, en realidad pedirles, que no se vayan del Perú: ustedes son sus hijos más afortunados, sus hijos más preparados. Si salen a estudiar una maestría, regresen. No se vayan: es aquí donde están las oportunidades, es aquí donde está la riqueza, es aquí donde la vida encuentra un sentido. No se vayan porque su pueblo los necesita; el Perú los necesita; la historia los necesita”.

Qué difícil se volvió en los últimos años mantener el optimismo y abrazar las palabras de nuestro querido chef. En un escenario de crisis política, económica y social, que no parece tener cuando acabar, ¿vale la pena mantener la fe en el Perú? ¿Debemos considerar que es nuestro rol como jóvenes luchar y cambiar nuestro país para mejor, o después de estos últimos años es mejor tirar la toalla e irnos?

Es una pregunta difícil, y de seguro la respuesta es personal, y no existe una sola, ni correcta. Argumentos a favor y en contra de quedarse en el Perú deben pasar por la cabeza de miles de jóvenes en este momento.

Por un lado, a pesar de las voces de izquierda que celebran que la economía creció en el 2021, y que este gobierno no ha resultado ser “comunista” o “chavista” (sino solo incompetente), la realidad es que la cosa no viene bien. Para el 2022, la economía crecerá solo 1.9%, la menor tasa en los últimos 13 años*. Este bajo porcentaje se debe principalmente al deterioro de la confianza empresarial, y una inversión privada que proyecta -9%. Evidentemente esto entierra consigo la posibilidad de recuperar los empleos formales perdidos durante la pandemia. 

Para cualquier joven, este es un momento difícil tanto para buscar trabajo como para emprender un negocio. A esto se le suma un gobierno que demuestra día a día incapacidad de mejorar, o de implementar si quiera algunas de las banderas tradicionales de la izquierda, como la mejorar de los servicios públicos. Durante el 2021, la inversión pública no llegó a un % de ejecución mayor a 45% en ninguna región*, y las cuestionables designaciones a todo nivel de gobierno no auguran una situación mucho mejor para el 2022.  Ante este escenario, muchos jóvenes talentosos consideran que podrán encontrar mejor calidad de vida para ellos y sus familias en otros países, y han migrado, o están buscando hacerlo, con justa razón. 

Por otro lado, estamos los necios optimistas. Quienes pensamos que los países que hoy se consideran desarrollados, lo son en parte porque en algún momento de su historia, sus ciudadanos lucharon y trabajaron para que así sea. Alemania y Japón son ejemplos de países que lograron reconstruirse luego de situaciones muy duras de guerra. Los países bálticos, por ejemplo, pasaron de ser comunistas y extremadamente pobres durante la existencia de la Unión Soviética, a ser las economías más prometedoras de Europa, gracias a sus políticas anticorrupción y de libertad económica. Pero ningún país (u otro tipo de organización) se construye, o reconstruye solo. Se necesitan personas dispuestas a trabajar en ello. Y las preguntas pertinentes son las mismas que surgen cada vez de que nos enfrentamos a una situación que quisiéramos que cambie: si no soy yo, ¿quién? Si no es ahora, ¿cuándo? *, ¿quién va a trabajar por este país si no son sus propios ciudadanos? ¿alguien lo va a hacer por nosotros? El Perú, como bien dijo nuestro maestro cocinero hace más de 10 años, necesita más que nunca que no le perdamos la fe. 

*Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden no coincidir con las de las organizaciones a las cuales pertenece.

** Fuente: IPE

*** Tomado del discurso de Emma Watson en la ONU, 2014. 

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crecimiento económico, Desarrollo, Perú, Reflexiones para el desarrollo

Crecer significa producir más, tanto de bienes como de servicios y se mide a través del aumento en el Producto Bruto Interno (PBI). En el Perú, la economía cayó 11.1% en 2020 comparado contra 2019 y en 2021, aunque todavía no hay cifras cerradas, se espera crezca entre 11% y 13%. Ahora, aunque parezca un trabalenguas, en la cifra de 2021 solo implica un crecimiento de 0.5% comparado con 2019.

Más allá de ello, ¿por qué es importante crecer? Primero, crecer no es igual a aumentar el bienestar, aunque pueden estar relacionados. Segundo, si se produce más, puede intuirse que se generará más empleo. Eso es parcialmente cierto al menos por dos razones: por un lado, las empresas para producir más no siempre contratan más personas, sino que pueden invertir en tecnología, pues baja costos. Esto significa que se produce más porque se usan más máquinas. Por otro, ¿existen siempre disponibles ciudadanos que tengan la educación y capacitación que las empresas necesitan? Pese a ello, el crecimiento suele venir acompañado de un aumento del empleo.

Segundo, otra razón por la que es importante producir más es porque se eleva la recaudación tributaria, a pesar de la informalidad existente (78.2% de los trabajadores). Los años de mayor crecimiento coinciden con aquellos en los que el Estado ha recaudado más. Y con ese dinero, el Estado, en sus tres niveles (central, regional y municipal o local) tiene los recursos para gastar, en especial en aquellos aspectos relacionados con el bienestar de los ciudadanos, como educación, salud, seguridad ciudadana, etc. Con las necesidades que tiene el país, es lógico preguntarnos cómo puede ser que los ministerios, gobiernos regionales y municipales, entre otras entidades públicas, no gasten todo el dinero que tienen. La falta de capacidad de gestión y la corrupción son características y no anomalías.

Note, estimado lector, que no es un problema de falta de dinero, sino que simplemente no se usa. Queda claro entonces que la economía puede crecer, pero si no se crean los empleos adecuados y/o no se usa todo el dinero disponible, entonces no se sienten los beneficios del crecimiento.

Tercero, otro tema que está empíricamente probado es que para reducir la pobreza y la desigualdad, asumiendo que se gaste bien, se necesita crecer a tasas de 5% o más cada año de manera sostenida. Y ese es el reto. Lograr esos ritmos de crecimiento solo es posible con mayor inversión y/o aumentos en la productividad, definida como la eficiencia con la que una economía combina sus recursos de producción. Además, como siempre en la vida, se requiere algo de suerte, reflejada en este caso en un entorno económico externo favorable.

Por lo tanto, las preguntas a nuestros gobernantes pueden plantearse así: ¿qué van a hacer para que la inversión, pequeña, mediana y grande, aumente? ¿Qué medidas van a tomar para elevar la productividad de toda la economía? Las respuestas a estas preguntas serán el punto de partida para las que sigues: ¿cómo piensan hacerlo? ¿Tenemos el marco institucional adecuado? Preguntas concretas para las que requerimos respuestas. Me queda claro que se trata de una tarea compleja, pero para eso, al menos quiero creer, es que un candidato se presenta a una elección, gana y asume la presidencia. ¿Cuál es la agenda para 2022?

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David Tuesta, Ex ministro de economía, Perú, política peruana, recursos naturales

Para el turismo, el sector económico que se ha visto más afectado con la pandemia, había una expectativa de recuperación hacia el 2022, pero las medidas tomadas por algunos países para contener la nueva variante del coronavirus, ómicron, hace que el panorama sea impredecible.

Sin embargo, la Organización Mundial del Turismo (OMT) aún espera que el turismo tenga una recuperación lenta en el 2022. «La crisis del sector turístico es histórica, pero el turismo tiene la posibilidad de recuperarse rápidamente», dijo el secretario general de la OMT, Zurab Pololikashvili, esperanzado de que el 2022 sea mucho mejor año que 2021.

Lo que es cierto es que el turismo va a continuar el próximo año enfocándose en las nuevas formas de hacer turismo, con el objetivo de satisfacer las expectativas y deseos del viajero. Esta transformación trae consigo tendencias recopiladas por Ostelea Tourism Management School:

Turismo sostenible. Pasa por preocuparse y ocuparse de la protección de los sitios turísticos que se visitan, el respeto por las comunidades y el patrimonio cultural y natural del destino.

Turismo de naturaleza. Su actividad está bastante diversificada y gira en torno al contacto con la naturaleza y su preservación. Este turismo ha sentado las bases para el desarrollo de otros tipos, entre los que se encuentran:

  1. El agroturismo. Donde los turistas tienen oportunidad de visitar viñedos, granjas y otras plantas de producción y procesamiento de alimentos.
  2. El ecoturismo. Donde los turistas visitan áreas preservadas como parques nacionales o reservas. Este tipo de turismo promueve las estadías con un menor impacto medioambiental y la realización de actividades destinadas a proteger espacios naturales.
  3. Turismo salvaje.El atractivo es entrar en contacto con animales en su hábitat natural.
  4. El turismo de aventura. Por definición incluye la realización de actividades físicas como montañismo, senderismo, escalada, entre otros.

Turismo deportivo. Puede vivirse de dos maneras, siendo fanático o siendo atleta. La principal razón que mueve a este tipo de turista es la celebración de eventos deportivos: mundiales de futbol, ligas mayores de baseball o basquetbol y las olimpiadas. De este tipo de eventos, por lo general, surge infraestructura que contribuye al turismo local y atrae a más turistas.

Turismo de negocios y eventos. Este turismo también conocido como turismo MICE (Meetings, Incentives, Conventions and Exhibitions) ha sufrido cambios por la pandemia y han aparecido nuevas formas de organización como eventos híbridos y online. No obstante, volverán los eventos presenciales.

Turismo gastronómico. Degustación de platillos, bebidas y actividades culinarias ligadas a ellas. De igual forma, muchos destinos tienen rutas gastronómicas o festivales culinarios en distintas épocas del año. La experiencia gastronómica puede comprender desde visitas a restaurantes hasta clases de cocina impartidas por la población local.

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Canatur, Perú, Turismo

Existen cuatro tipos de emprendedores: los empeñosos apasionados, los competentes, los cazadores de oportunidades y los sobrevivientes, según el estudio Perfil del emprendedor peruano del bicentenario que realizó IPSOS por encargo del BCP. María Alejandra Chirinos, Subgerente de Responsabilidad Social de dicha entidad financiera y Líder del Programa Contigo Emprendedor explica las características que los emprendedores peruanos forjaron a raíz de la pandemia, y la necesidad de la digitalización en los negocios.

En el 2020 se registraron 3.1 millones de Mypes, que fue un 48% menos que en el 2019. El impacto de la pandemia ha sido evidentemente fuerte para los emprendedores. ¿Cómo han percibido esta caída de las Mypes?

Creo que somos un país totalmente emprendedor, con el impulso de una resiliencia que no para. Pero sí es cierto que cuando empezó la pandemia tuvimos una gran caída de los emprendimientos porque las personas perdieron su empleo. Entonces no tienes consumidores, los emprendimientos caen, pero la verdad es que esto duró la primera parte de la pandemia y ahora hay un crecimiento de los emprendimientos. La pandemia generó nuevas oportunidades y se resaltó en el estudio que hicimos con Ipsos a inicios de este año, y es cómo veía el emprendedor el futuro que tenía en la pandemia. Lo veía con temor por cómo tenía que adaptarse a las nuevas reglas de vida, pero con mucho empeño, pudo fortalecerse.

Tras esta etapa de resiliencia, ¿cuál es el perfil del emprendedor de hoy?

Mediante este estudio, y dentro del perfil macro de los emprendedores resilientes y de actitud positiva, sacamos cuatro perfiles. El 30% de emprendedores son “empeñoso apasionado”, es el que va a donde sea por su empresa y es mucho más empírico. Quizá no es tan ordenado, pero tiene muchas ideas y es bastante creativo.

Luego están los “competentes”, que son el 40% de los emprendedores, la masa más grande. Son emprendedores que se sienten muy capaces de manejar su negocio. Son emprendedores que ya tienen una trayectoria un poco más grande, que ya tienen aproximadamente más de cinco años con un negocio, y se han transformado en la pandemia.

emprendedor peruano
30% de emprendedores son “empeñosos”, es mucho más empírico

Luego está otro 20% de “cazadores de oportunidades”. Son los creativos, mucho más empeñosos, siempre están buscando nuevas oportunidades, pero esos emprendimientos quizá tengan algunas caídas, por las decisiones que van tomando.

Por último, están los “sobrevivientes”, que son aproximadamente un 11%. Son emprendedores que han abierto su emprendimiento por necesidad, es decir, vino la pandemia, perdieron el empleo y optaron por emprender. Entonces, si los sobrevivientes consiguen trabajo nuevamente, dejarían el emprendimiento.

Estamos en una era digital y con ello van cambiando los sistemas de pago. ¿Cómo se han ido modernizando los emprendedores peruanos?

Cuando empezó la pandemia, por necesidad, los emprendedores tuvieron que migrar a lo digital, pagos digitales y venta digital. Esto último son las ventas por WhatsApp, Instagram, Facebook, más relacionamiento con clientes. Cuando hablamos de pago digital nos referimos a Yape  y otras formas de pago digitales. Desde la llegada del Covid hubo un crecimiento de más del 30% de esta masa de emprendedores y nos dimos cuenta de que no existía una cultura digital para los emprendedores en el país. No sabían sacarles el jugo porque no sabían que podían sacar métricas o que podían perfilar a sus a sus compradores. Entonces el emprendedor tuvo que darle seguridad al cliente a través de plataformas virtuales y pagos digitales, mostrando que su proceso de pago era confiable. A los emprendedores les costó moverse por ese lado. Aún a nivel nacional estamos hablando de un 40% que todavía tiene que ir más por los canales digitales, pero yo creo que fuera de la pandemia y así la vida vuelva a ser presencial, lo digital llegó para quedarse.

¿Cuál consideran que es el mayor problema de las mypes? ¿Por qué la mayoría no logra superar los dos años de vida?

Hay un tema del que no se habla mucho y es la educación financiera. Uno de los principales problemas que tienen las Mypes es que no son tan conscientes de cómo manejar sus finanzas en el negocio. ¿Por qué las Mypes se quedan tan chiquitas? Una de las principales cosas que vimos es que los emprendedores no pueden separar las finanzas personales de las finanzas de negocio. Hemos tenido emprendedores que en los talleres nos decían que cobraban cinco soles por un producto porque les costó tres y necesitaban ganar dos. No tenían una real conciencia de que están cobrando por su tiempo, su mano de obra, porque le pagaron a un proveedor para que les lleve el producto. La educación financiera realmente es uno de los principales stopper de las pequeñas empresas, porque si no ordenas tus finanzas no tienes una base sólida para seguir creciendo en el tiempo, no tienes ahorros para poder invertir en el negocio y crecer.

María Alejandra Chirinos, Líder del Programa Contigo Emprendedor.
María Alejandra Chirinos, Líder del Programa Contigo Emprendedor.

¿Cuál es la proyección a futuro que tienen ustedes para las Mypes en el Perú?

El programa emprendedor de 2019 ha ido capacitando año a año a miles de emprendedores. Este año estamos cerrando con más de 38,000 emprendedores capacitados en temas de educación financiera, digitalización, seguridad y liderazgo, y esto nos ha permitido levantar encuestas para sondear cómo ven el próximo año, cómo sienten que van a encontrarse. Las principales respuestas es que lo ven con mucho positivismo. Creen bastante que la vida está tomando un tema híbrido. Están teniendo también contactos presenciales sin dejar lo digital. Ven que la economía se está estabilizando y que podemos seguir creciendo el próximo año. Creo que la capacitación es lo básico, si es que tú quieres realmente sacar adelante tu negocio y seguir creciendo. Tenemos que prepararnos para un año que puede tener mucha presencialidad, pero no soltamos lo virtual y creemos que puede haber un fortalecimiento de las empresas. Ya lo hemos visto en emprendedores este año.

Ustedes recientemente han entregado el premio Contigo Emprendedor BCP 2021. ¿Cómo es que empezaron estos emprendedores y cómo están ahora que son ganadores?

El programa tiene distintas formas de capacitar. Una de las más grandes es este programa con Emprendedor BCP que ha hecho su segunda edición. Hemos capacitado aproximadamente a 7,000 emprendedores en talleres virtuales que eran cada sábado. Podías asistir a uno y ya tenías la oportunidad de ser uno de los elegidos para entrar a la segunda etapa del premio, que eran las mentorías virtuales. Los talleres son mucho más masivos, con más de 800 personas conectadas, pero en salones pequeños de aproximadamente 150. Ahí los capacitan voluntarios del banco. Luego en las mentorías pasan aproximadamente 500. Ellos sí tienen un contacto mucho más directo con el voluntario. Esos emprendedores tuvieron la oportunidad de presentar sus proyectos y el jurado decidió entre los 10 finalistas. Tuvimos dos premios de S/25,000. El programa no solamente se ve en Lima, sino a nivel nacional.

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Bicenenario, Emprendedor, Perfil del emprendedor Peruano, Perú

A pocos días de las fiestas de fin de año, la empresa estadounidense Better.com despidió al 9% de su fuerza laboral y lo hizo mediante una sesión de zoom donde más de 900 empleados recibieron la noticia. “Si estás en esta llamada, estás en el grupo desafortunado que va a ser despedido”, fue el mensaje por el que después tuvieron que disculparse.

Según Silvana Cárdenas, Latam Right Management Practice Leader de ManpowerGroup Perú, aunque nos encontremos trabajando en un entorno de virtualidad, siempre debe haber espacio para tener una comunicación cálida y transparente.

“Lo mejor es comunicar transparentemente, ser honestos en la comunicación, decir que se está cerrando una planta, se están reduciendo las operaciones o que hay posiciones que van a desaparecer, siempre es mejor ser transparentes. Esto le da mucha tranquilidad a la persona que está siendo desvinculada, les da claridad y les ayuda a adaptarse a este proceso”, indica.

Proceso de acuerdo al caso

En entrevista con Sudaca.pe, también explica que cada vez más empresas están ofreciendo a sus trabajadores la oportunidad de participar en un programa de ‘outplacement’ o recolocación laboral para las personas que terminen siendo desvinculadas de la empresa.

“Además de la experiencia del candidato que está saliendo, es algo que impacta en la marca empleadora, así que son dos ejes los que tenemos que cuidar cada vez que hacemos una desvinculación”, agrega.

Cárdenas también precisa que, durante la pandemia, algunos sectores se han visto más afectados que otros, por lo que, la recolocación en el mismo rubro será más compleja. Dependiendo de la edad de la persona desvinculada, las opciones que se le presentan también son variadas.

“Hoy en día se explora mucho los emprendimientos, tenemos ‘coaches’ de emprendimiento, como una nueva etapa de vida porque algunos quieren jubilarse, hacer algunas inversiones, porque entienden que están en un momento de sus vidas en que no quieren cambiar de rumbo y brindarles nosotros las opciones para que puedan organizar los siguientes pasos”, asegura.

En su opinión, antes de ponerse a buscar nuevas opciones de empleo es importante reunirse con el coach para que pueda acompañar a la persona en la búsqueda de su oportunidad laboral, mostrando lo mejor de uno mismo. “Vamos a clarificar la información, trabajar un poco en nosotros mismos e ir con un speach más preparado”, apunta.

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Despido, Desvinculación Laboral, Perú
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