Cancillería

¿Cuáles deberían ser las prioridades de la política exterior peruana en este momento?

Podría mencionar una agenda progresista en política exterior, cosas que creo que se deberían hacer, pero el momento no es el adecuado. Considerando las circunstancias, creo que el Perú debe impulsar una agenda de cooperación regional. Vimos lo de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) hace dos semanas, pero me pareció más discursivo que real.

¿Es realista proponer –como hizo el presidente Castillo– que Chile y Venezuela se integren a la CAN?

No es real. Y tampoco lo es creer que con eso se fortalecería la CAN, porque sus problemas son más profundos. Por ejemplo, algo que escuché en las sesiones que se dieron en esos días era que se repetía mucho la idea de hacer “reingeniería” de la CAN. Eso ya lo escuché en 2019 –cuando se reunieron por los 50 años–, en 2014, y varias veces más. Los problemas de fondo de CAN, ni se mencionaron: el mercado común fallido, los problemas institucionales. 

Yo creo que el Perú debería impulsar la integración regional. Claro, somos un país pequeño, no tenemos grandes liderazgos y hay dificultades internas. Tienes un gobierno tan cuestionado internamente, con debilidades, cuestionado a nivel judicial, con procesos de vacancia, con un presidente al que ni siquiera dejan salir del país… vamos a ver si el Congreso le da autorización para que asista a la asamblea general de Naciones Unidas. ¿Qué puedes hacer de política exterior en una situación así? Es muy difícil. Pero tendríamos de alguna manera que aprovechar el ‘cuarto de hora’ que tenemos, con una Alianza del Pacífico en la que tenemos cuatro gobiernos “de izquierda”, afines. También podríamos aprovechar el ‘cuarto de hora’ de la CAN.

¿La Alianza del Pacífico sigue siendo útil?

Yo creo que sí, desde que implica una red comercial entre los cuatro países [Perú, Chile, Colombia, México] y vinculación con el Asia-Pacífico. Y la Alianza del Pacífico, pese a que en los últimos años no ha tenido muchos avances, tiene cierto nombre y reconocimiento internacional. Habría que aprovechar este momento para ir más allá y pensar en lo que la Alianza del Pacífico se planteó en un inicio: la integración profunda. 

El Perú asumirá la presidencia pro-témpore de la Alianza del Pacífico el próximo año, por lo que coincidirá con la presidencia pro-témpore que acabamos de asumir en la CAN. Sería un buen momento para que Cancillería desarrolle un impulso en estos espacios, que son vitales para nuestros intereses.

¿Qué imagen está proyectando actualmente el Perú en cuanto a política exterior?

Una imagen bastante confusa, de una política exterior poco coherente, poco predecible. Estoy seguro que se ve con mucha preocupación a un gobierno que dice “estoy a favor de firmar el acuerdo de Escazú” y luego a su canciller diciendo “estoy en contra de Escazú”. 

¿Cómo se entiende que Rodríguez Mackay esté de acuerdo con “ceder soberanía” en el caso de Convemar y no esté de acuerdo con lo mismo en el caso de Escazú? 

Lo que pasa es que la discusión se ha planteado en esos términos, y no debería. En Convemar no se cede soberanía, porque la tesis de las 200 millas [de mar territorial] ya no existe, era parte del antiguo derecho del mar, y no del nuevo. Nadie más lo reconoce. Y tampoco en el caso de Escazú se estaría cediendo soberanía. Es nefasto plantear el debate en esos términos. 

Lo de Escazú es lamentable: en el transcurso de dos semanas tanto el ministerio de Justicia como el Minam prácticamente desdijeron al canciller. Y este se cerró, e insistió en que su posición representaba al Estado peruano. ¿Y el presidente Castillo? ¿Dónde estaba? En un momento pareció que se había comprometido con Escazú.

¿En situaciones como esta, qué papel debería jugar el Congreso?

En el Perú, los congresos no han tenido históricamente un papel muy fuerte en política exterior. El Congreso participa poco en el diseño de las políticas. Pero en estas circunstancias, estamos viendo como desde el parlamento se están utilizando todas sus herramientas, empezando por la comisión de relaciones exteriores, para cuestionar al gobierno.

Al inicio de este gobierno se temía un acercamiento a Venezuela, pero este no se ha dado, a pesar de que Maduro le ha tirado algunas flores a Pedro Castillo. ¿Le ha sorprendido eso?

El gobierno ha intentado mantener relaciones con todos los frentes. Ha tratado de quitarse el sello de marxista y chavista. Se ha reunido con todos: con Estados Unidos, con México, con Bolsonaro en Brasil, con Guillermo Lasso. Puntualmente, el Perú trató de mantener un papel activo en la crisis venezolana. Incluso se propuso como sede alterna a México para las negociaciones entre el gobierno venezolano y la oposición. Se mostró muy interesado en tener un papel en ese escenario de negociación. Pero todo eso se ha detenido, para bien y para mal. Para bien en el sentido de que no hemos tenido una relación muy cercana con Venezuela; y para mal porque el Perú dijo que quería tener una política más activa al respecto, quizás recuperar el liderazgo en su momento, en el grupo de Lima.

¿El grupo de Lima todavía existe?

Ahora mismo no tiene ninguna relevancia, casi podría decirse que no existe. En la medida de que se trata de un foro informal, no institucional, si los participantes no se reúnen, no existe. Y hace tiempo que no hay reuniones. Eso no es solo culpa del Perú, aunque sí se puede decir que quizás nos faltó hacer más pedagogía. Incluso desde Estados Unidos ha habido críticas muy severas al Grupo de Lima. No ha cumplido su labor, y al final terminó perdiendo legitimidad y fracturándose.

Otro tema sensible es la protección de los peruanos en el extranjero. ¿Cómo calificas la actuación del Ministerio de Relaciones Exteriores en caso de Rodrigo, el connacional que fue detenido en Indonesia y terminó muerto?

Fue muy mala. Quedó evidenciado en el primer comunicado que sacaron: poco empático, frío y prácticamente no hacía referencia a la muerte de un connacional en circunstancias muy extrañas. Además, asumió por completo la versión oficial de las autoridades indonesias. No hubo intento de investigación, de ver qué hubo detrás, y eso denota grandes vacíos y falencias a nivel consular. Luego se intentó corregir, pero no dudo de que haya sido una de las razones, una de las tantas rayas al tigre que derivaron en la salida del canciller. 

El viraje hacia la izquierda que se está dando en los gobiernos de toda la región, y que posiblemente se dé también en Brasil [con un eventual triunfo de Lula]… ¿Cómo crees que va a influir en la región y su manera de relacionarse con el resto del mundo?

Cuando se habla de este ‘viraje’, que creo que efectivamente se está dando, se le compara con el viraje que se dio a inicios de este ciclo, la ‘ola rosada’. Este, además, parece que va a ser más profundo, porque se está abarcando más países, como Chile e incluso el Perú. Pero ahora las circunstancias del mundo y de la región son distintas. La ‘ola rosada’ de hace 20 años se dio a partir de un boom del precio de los commodities y de la demanda de China por nuestros productos. Los gobiernos de izquierda de entonces se subieron a una ola de bonanza económica que les permitió aplicar políticas redistributivas, presencia del Estado y mucha inversión pública. Ahora será distinto.

Ahora, tendremos una izquierda sin plata.

Así es, y por eso los resultados que estamos viendo, por ejemplo, en Chile, donde Gabriel Boric rápidamente se está desinflando. En pocos meses estamos viendo ya protestas allí, y un gobierno cuya popularidad está cayendo. Probablemente pase algo parecido con Petro en Colombia. Le va resultar difícil a estos gobiernos satisfacer las demandas que explican su llegada al poder, demandas que nacieron en la calle y en protestas que tomaron años. Y ahora estamos saliendo de una pandemia horrible, con economía que no van a levantar, con crisis logística, energética, alimentaria… Yo creo que las demandas del corto plazo van a terminar agobiando a estos gobiernos que buscan reformas estructurales.

¿Qué piensa que sería lo mejor que le puede pasar al Ministerio de Relaciones Exteriores, luego de la salida de Rodríguez Mackay?

No sería mala idea que alguien de la casa asuma el liderazgo, para bajar el sinsabor que ha dejado este lapsus, que duró un mes. Creo que hay buenos cuadros, jóvenes, que han cumplido papeles importantes en los últimos años. Eso daría cierto respiro. Cancillería no es un ministerio al que le guste estar en el centro del escarnio público. Y ahí han estado estas semanas. O, en todo caso, si se nombra a una persona ajena a Cancillería, que trate de seguir con lo que se ha venido haciendo. Que conozca el funcionamiento del ministerio y que sepa como funciona la política exterior. Uno no puede mandarse a hablar de Convemar así nomás, por más que estés de acuerdo. Una cosa es lo que piensas como académico y otra lo que tienes que hacer como político. Se debe conocer un poco más las artes de la política exterior.

**Fotoportada por Darlen Leonardo

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En la Cancillería las aguas están movidas. Tres diplomáticos sancionados por vacunarse en secreto con dos dosis de Sinopharm han sido colocados en embajadas con peso estratégico: el Vaticano, Tokio e Irlanda. Se trata de Jorge Lazo Escalante, Manuel Gonzales Chávez y Óscar Suárez Peña. Ellos irán a dichas sedes el próximo año, de acuerdo al plan de traslados y rotaciones de Torre Tagle para el 2022. Lo harán como ministros,  la segunda categoría más importante en el mundo diplomático.

La decisión ha causado malestar en un grupo de diplomáticos que no fueron considerados para cubrir las cien plazas vacantes en las representaciones diplomáticas en el exterior. Esto, porque consideran que ellos sí tienen una hoja de vida intachable, según pudo conocer Sudaca.

Propuesta
Lista del cuadro anual de traslados y rotaciones de los diplomáticos para el 2022. Los ministros Manuel Gonzales Chávez, Óscar Suárez Peña y Jorge Lazo Escalante, quienes se vacunaron en secreto, figuran en los puestos 37,42 y 56.

LAS MOVIDAS

Suárez Peña, Gonzales Chávez y Lazo Escalante serán enviados a Irlanda, Japón y el Vaticano, respectivamente. En febrero de este año, los tres fueron retirados de sus cargos y sometidos a un proceso disciplinario por un pedido expreso del entonces canciller Allan Wagner, tras destaparse el escándalo del ‘Vacunagate’.  Una tormenta política luego de que 487 personas se inmunizaran en secreto con dos dosis de Sinopharm, en el marco de un ensayo clínico. La revelación embarró al expresidente Martín Vizcarra, quien se vacunó en secreto antes que los médicos y con la pandemia del coronavirus en su peor momento. Y también provocó la caída de la entonces canciller Elizabeth Astete, otra de las privilegiadas.

Elizabeth Astete
Elizabeth Astete Rodríguez renunció al cargo de canciller, en febrero de este año, tras admitir que se vacunó en secreto, en medio del escándalo del “Vacunagate”. Foto:Congreso.

El diplomático Suárez Peña pasó la situación más comprometedora. Al momento del escándalo estaba destacado en la Presidencia del Consejo de Ministros y participaba en una comisión creada por Relaciones Exteriores para negociar la compra de vacunas, según un informe de Contraloría. Suárez se aplicó la vacuna en secreto el 27 de octubre y el 17 de noviembre del 2020.

Durante la investigación de control, Suárez dijo que él mismo le pidió la vacuna a Arturo Jarama, cabeza de las negociaciones para la adquisición de antídotos en Cancillería. “Ante mi comentario espontáneo [su pedido para vacunarse] al embajador Jarama, recibí de él el ofrecimiento para participar en dicho ensayo. Mi entendimiento inicial fue que el ofrecimiento era para participar en los ensayos clínicos de la fase 3 del proyecto de la vacuna del laboratorio Sinopharm, en las mismas condiciones que los otros 6.000 voluntarios y que, probablemente, mi inclusión se debía a que algunos de los convocados, inicialmente, habían declinado”, aseguró Suárez, quien fue el segundo funcionario de Cancillería en vacunarse. El primero fue Jarama, que salió de Torre Tagle en medio del escándalo.

En febrero de este año, la Cancillería cesó a Suárez de su cargo de representante de esa cartera en la PCM y como cónsul general en la ciudad de Vancouver, en Canadá. Casi de inmediato la Oficina General de Recursos Humanos y una comisión disciplinaria le abrieron proceso a Suárez. Lo sancionaron con seis meses de suspensión, sin goce de haber. 

Cumplido el castigo, la Comisión de Personal de Torre Tagle, presidida por el vicecanciller Luis Chávez Basagoitia, decidió en un informe del 22 de noviembre proponer a Suárez como ministro -un alto cargo en la diplomacia que funge de asesor principal de un embajador- en la legación de Irlanda. El viaje fue programado para julio del próximo año. Fuentes del Ministerio de Relaciones Exteriores alegan que “al cumplir la sanción, el diplomático queda apto para seguir la carrera”. 

Vice Canciller
Viceministro de Relaciones Exteriores, Luis Enrique Chávez Basagoitia, presidió la Comisión de Personal de Cancillería y recomendó el traslado de diplomáticos que se vacunaron en secreto a embajadas estratégicas. Foto: Emmanuel Berrod.

El asunto es que, en la interna de Torre Tagle, un grupo de diplomáticos considera que se afecta la meritocracia y la imagen de Cancillería, de acuerdo a una fuente de Relaciones Exteriores que le manifestó su preocupación a Sudaca. Esto al ver que, tan pronto cumplen su sanción, los involucrados en el ‘Vacunagate’ son nombrados en embajadas consideradas importantes.

“Si ellos han estado castigados, no han debido salir del Perú en un tiempo regular, al menos cinco años. No sé cuál es el criterio que ha utilizado la Cancillería. Ellos han faltado a una norma. Se vacunaron, aprovechando su posición”, dice a Sudaca el exembajador Juan Velit Granda. Y añade: “Muchas veces, por acercamientos políticos o por varas, alguien tiene mejores destinos que otros”. 

Otros opinan distinto. El experto en derecho internacional Fabian Novak dice que, al cumplirse el castigo, “no se puede seguir pidiendo que la sanción se prolongue”.

Sudaca envió un correo al diplomático Suárez Peña, pero al cierre de esta edición no hubo respuesta.

OLVIDO Y PERDÓN 

Otro caso es el del diplomático Manuel Gonzales Chávez, quien en julio del próximo año será enviado a la embajada de Tokio, Japón,  para ejercer como ministro. “Japón es un país asiático fundamental para el Perú, aunque China es una plaza de mayor trascendencia”, dice Fabian Novak. 

Gonzales Chávez se vacunó, el 14 de enero y el 4 de febrero del 2021,  cuando ejercía el cargo de jefe del despacho viceministerial de Relaciones Exteriores. “Deseo subrayar que no me animó un interés egoísta. No antepuse mi interés personal sobre el público. Mi deseo fue contribuir a garantizar la consecución óptima de las funciones que venía desempeñando de manera presencial”, declaró Gonzales Chávez en la investigación de la Contraloría, que recomendó sanciones administrativas. 

El látigo para el castigo lo tenía Torre Tagle.  En una investigación interna, Gonzales fue sancionado con tres meses de suspensión sin goce de haber. El diplomático tampoco atendió nuestras consultas al cierre de esta edición. 

Finalmente, el diplomático Jorge Lazo Escalante, otro de los vacunados, recalará, en enero, en una plaza considerada codiciada por los expertos consultados, el Vaticano. El puesto: ministro. 

“El Vaticano es un buen destino y podría considerarse como un premio. Se vive una vida muy apacible, muy tranquila”, dice el exembajador Velit. 

Lazo se desempeñaba como director de la Dirección General de Protocolo de Cancillería, cuando cayó en la tentación de vacunarse  el 15 de enero y el 5 de febrero del 2021. “En el mes de diciembre del 2020 me enteré que el jefe del gabinete del Ministerio había sido vacunado contra la Covid- 19. Entendía por ello que, al menos, estaba autorizada la vacunación para el personal de la Alta Dirección y para aquel personal considerado indispensable para la continuidad operativa del Ministerio de Relaciones Exteriores, y que se encontraba altamente expuesto al contagio por ir diariamente a trabajar de manera presencial”, declaró Lazo a la Contraloría. 

Torre Tagle lo sancionó -como en los otros dos casos, en abril- con dos meses de suspensión sin goce de haber. “La Cancillería encontró responsabilidad por un error de apreciación. Yo considero que fue injusto. Era un funcionario por demás expuesto al contagio, viajando a provincias, estando en plazas públicas, haciendo veinte mil ceremonias y teniendo contacto físico con mucha gente”, dice Lazo a Sudaca.

Al ser consultado sobre si está arrepentido, responde: “No es que me arrepienta o no me arrepienta. Por supuesto que estoy apenado por todo lo que se ha generado. Nosotros hemos sido inducidos al error por otros funcionarios. En mi caso, hice todas las consultas sobre si podría ser vacunado. Por esa razón me vacuné, entendiendo que estaba autorizado”. 

“Me afectó moral y económicamente la sanción. Y me afectó la carrera porque tenía una foja de servicio intachable, con pura felicitación. Me dolió que en mi foja aparezca una sanción disciplinaria por algo en lo cual no actué nunca con dolo. Ni siquiera con culpa. Simplemente cometí un error, de seguir lo que pensaba eran instrucciones”, añade Lazo, sin decir quién lo indujo a vacunarse. Ahora va a la Santa Sede, como ministro. 

Al cierre del año, los movimientos de personal en la Cancillería de Óscar Maúrtua han alborotado la interna.

*Fotoportada: Darlen Leonardo

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La novela del nuevo gabinete ministerial está en su momento más incierto. Luego de que se anunciara que el día de ayer se conocerían los nombres de los ministros del Bicentenario, la ceremonia se postergó al 30 de julio, dejando al país, dos días más, en zozobra.

A horas de la mañana, Sudaca fue el primero en informar por redes sociales que la juramentación de los ministros fue cancelada la noche de antes de ayer, de acuerdo a fuentes que estaban encargadas de organizar el evento y de Cancillería.


La ceremonia, que recién se empezó a gestionar el pasado lunes 26 por la noche, iba a albergar a 150 personas. Sin embargo, antes de las ocho de la mañana de ayer los organizadores recibieron la orden de que el evento no iba más. El anuncio interno lo dio José Corbera, jefe de la Oficina General de Administración de la Cancillería. 

Una hora después de la información que lanzó este medio, Presidencia emitió un comunicado donde señalaba que la juramentación del primer ministro se haría el día de mañana en Ayacucho y que la ceremonia de juramentación del gabinete se llevará a cabo el 30 de julio en el Centro de Convenciones de Lima y no en Palacio de Gobierno, como se suele hacer.

La razón radica en que aún no está terminada la lista de los ministros que estarán a cargo. Más allá de los nombres que han circulado, varios indicios demuestran las indecisiones del presidente Pedro Castillo, y las presiones que está recibiendo.

El confeccionista Dante Grados -a quien tradicionalmente los gobiernos de turno le han pedido la elaboración de las bandas ministeriales y presidenciales-, aseguró a Sudaca que hasta las seis de la tarde del martes se habían entregado solo 12 fajines, de los cuales diez son para hombres y dos para mujeres.


Al ser 19 los ministerios aún vigentes extraña que para entonces no se hayan mandado a hacer más. Adicionalmente, este medio pudo conocer que Julián Palacín, integrante del equipo técnico de Perú Libre, le compró al confeccionista uno de los fajines para un ministro. Contactado, el abogado negó que sea para él o su hijo. Pero no quiso dar más detalles.

Asimismo, a las cinco de la tarde del mismo día, 27 de julio, llegó al taller una camioneta de la cual bajó una mujer para comprarle un fajín adicional a Grados. Sudaca pudo comprobar mediante la placa que el vehículo es propiedad de la PCM. 

Hasta la noche del martes, Róger Nájar permanecía como la principal carta para ser primer ministro. Fuentes aliadas de Castillo -y otras cercanas al partido con las que pudo hablar Sudaca-, sin embargo, señalaron que hasta ayer existían serias dudas sobre su nombramiento, basadas principalmente en que tuvo una hija con una adolescente de 14 años cuando él tenía 30, como informó el diario La República. Es por ello que todavía no se termina de definir al 100% si es que asumiría el premierato, y Nájar venía perdiendo peso a la interna. 

A eso se le suma que ayer por la noche un grupo de cerca de 20 congresistas mujeres de distintas bancadas del nuevo Parlamento firmaron una misiva donde se exhorta a Castillo a que «no incluya en su gabinete ministerial a personas involucradas en actos de violencia contra las mujeres, niñas y niños peruanos». Era una clara alusión a Nájar. Entre las firmantes están la fujimorista Ronsagella Barbarán, Norma Yarrow por Renovación Popular, la acciopopulista Marleny Portero, Rosio Torres por Alianza Para el Progreso, Rosselli Amuruz de Avanza País, entre otras. 

Lo más concreto es que Hernando Cevallos asumiría la cartera de Salud; Pedro Francke, el MEF; y la vicepresidenta Dina Boluarte, el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social. Otro voceado para ocupar es Héctor Béjar en Cancillería. Fuentes de esta cartera confirman que se trata del nombre que tiene mayor peso para ocupar dicho ministerio. Ayer llamó la atención su presencia en una de las primeras reuniones bilaterales lideradas por Castillo con el presidente de Ecuador, Guillermo Lasso.

Castillo, Béjar, el rey de España Felipe VI y Lasso almorzaron ayer en Torre Tagle. El electo presidente cerró con un brindis y la frase “seco y sin gota, al estilo de Chota”, lo que causó risas en los presentes.

Sudaca también conoció que el Frente Magisterial, organización de la cual ha sido activo integrante Castillo, propuso una terna para la cartera de Educación: los profesores Mario Guanilo de La Libertad, Segundo Vásquez de Cajamarca y Roger Apolinar de Lima Provincias. Sin embargo, el principal voceado para dicho ministerio sigue siendo Juan Cadillo, según ha trascendido.

Además, el presidente de la Confederación Nacional de Rondas Campesinas, Urbanas y Nativas (Conarc), Víctor Vallejos, fue propuesto por esta organización a Pedro Castillo para ocupar el ministerio del Interior. Vallejos no es visto con simpatía por otras organizaciones de rondas, como la Central Única Nacional de Rondas Campesinas del Perú (Cunarc-P) 

Pero no todos se acercan a Castillo a proponer. Cerca de las siete de la noche del 26 de julio pasado, dos días antes de la fecha pactada para la presentación de los ministros, unos 50 militantes de Perú Libre llegaron a la base de Breña donde despacha Pedro Castillo. Querían presionar para que ningún “caviar” llegue al gobierno y exigir que, si hacía falta algún profesional para estar en el Ejecutivo, los elegidos debían estar entre quienes apoyaron la causa perulibrista desde el inicio.

“Castillo y Cerrón, un solo corazón” o “(George) Forsyth y (Daniel) Salaverry, la misma porquería”, coreaban luego de que terminase la visita de Vladimir Cerrón, líder del partido, a la base de Breña. Además, exigían a Roger Nájar como primer ministro. Los militantes también cantaban: “si Pedro se equivoca, el pueblo lo corrige”. 

Emerson López, secretario de profesionales del Comité Ejecutivo Regional de Lima, y vocero de dicho incidente,  sin embargo, no ha visto que el reclamo haya sido fructífero.  En comunicación con Sudaca, indica que todavía no les han comentado quiénes serán los que finalmente asumirán los ministerios y que recién el lunes sostendrán una reunión con el presidente Castillo.

Para la abogada constitucionalista Ana Neyra, al no contar con ministros, formalmente, ningún acto del presidente tiene validez ya que no tiene refrendo alguno, de acuerdo al artículo 120 de la Constitución. “Cualquier acto que suscriba, como un proyecto de ley, no podría hacerlo, aunque también es cierto que en los días 28 y 29 no se hacen muchas cosas”, explica.

“Esperemos que por lo menos haya un primer ministro, porque es esta persona quien propone el gabinete al presidente. Me parece que algo así nunca ha sucedido, los cambios de gobierno siempre empiezan con el cambio de ministros”, agrega la exministra de Justicia.

Por ahora, habrá dos días en los cuales el país no tendrá ministros, hecho sin precedentes en la historia reciente del país. A 200 años de la independencia del país, la incertidumbre política sigue siendo nuestro sello distintivo. 

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